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nueva guerra civil en españa


Atacan con todo al juez estrella español, Baltasar Garzón, después de que intentara investigar las muertes de la Guerra Civil española. Un editorial de Los Angeles Times.
Durante años, los conservadores en España se erizaban toda vez que su juez más famoso, Baltasar Garzón, empujaba los límites del derecho internacional contra el ex dictador chileno, general Augusto Pinochet, y contra violadores de los derechos humanos en otros países, pero eran incapaces de pararlo. Cuando el juez estrella español se interesó en las atrocidades de la Guerra Civil española, sin embargo, unieron fuerzas con sus numerosos enemigos y fueron a por él, acusándolo de abrir viejas heridas y de violar la ley de amnistía del país de 1977. La semana pasada, un juez del Tribunal Supremo decidió llevarlo a juicio, y el Consejo General del Poder Judicial votó en una sesión extraordinaria la suspensión de Garzón.
Desde el principio, la acusación contra Garzón parece motivada por venganzas personales y políticas, y la oportunidad de estas decisiones tampoco es una excepción. Antes en la semana, Garzón pidió a las autoridades españolas un permiso de siete meses para trabajar como asesor del Tribunal Penal Internacional en La Haya, presumiblemente en un intento de evitar la humillación de la suspensión. Pero el miércoles un juez instructor del Tribunal Supremo (y uno de los detractores de Garzón) ordenó repentinamente el enjuiciamiento de Garzón por prevaricación en casos relacionados con la Guerra Civil española, y la suspensión se decidió el viernes. Semejante prisa en un caso que viene resolviéndose en el poder judicial desde febrero tiene un aire de maldad: la decisión se tomó pese a que la fiscalía española todavía tenía preguntas que hacer sobre el caso. Si lo condenan, Garzón, 54, no será encarcelado, pero podría ser inhabilitado hasta por veinte años. Para todo propósito práctico, significaría el fin de su carrera en España.
Garzón es considerado héroe por muchos en la comunidad internacional de derechos humanos por su persecución de criminales y déspotas, independientemente de su color político, y por su dedicación al derecho internacional que dice que los crímenes contra la humanidad no pueden ser amnistiados ni prescribir. Pero los héroes son a menudo personajes imperfectos y Garzón no es una excepción. Su ego y su altanería, junto con sus posturas jurídicas, le ganaron enemigos. También está siendo investigado por cuestionables interceptaciones que ordenó en el marco de una investigación sobre un escándalo de corrupción que implica al partido conservador de oposición.
En el caso de la Guerra Civil española, Garzón trató de aplicar en casa los principios que había defendido en el extranjero. Trató de iniciar un proceso en nombre de los familiares de decenas de miles de españoles que murieron o desaparecieron en la guerra que terminó en la dictadura del general Francisco Franco en 1939, pese a la amnistía sobre los delitos relacionados con las muertes y desapariciones durante la guerra y después. La vehemencia con que fue rechazada la pesquisa de Garzón no es sorprendente dada la sangrienta historia del periodo, pero sí lo es la acción jurídica en su contra: una cosa es que sus superiores no estén de acuerdo con su decisión de iniciar un juicio o que determinen que se está extralimitando; pero otra muy diferente es acusarlo de violar la ley por ello. Pase lo que pase en la acusación contra Garzón, parece que España tendrá que investigar ese pasado y dar respuesta a las familias. Las divisiones políticas que marcaron ese siniestro capítulo de la historia española parecen estar todavía moviendo hilos.

17 de mayo de 2010
16 de mayo de 2010
©los angeles times 
cc traducción mQh
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