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terminó era de uribe


Uribe entrega al ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, un país mucho menos seguro. Pero ahora los retos son socioeconómicos.
[Chris Kraul] Bogotá, Colombia. En su inauguración hace ocho años, las guerrillas de izquierda trataron de matar al presidente Álvaro Uribe atacándolo con cohetes y morteros. El gobierno de Estados Unidos había elaborado planes de contingencia para el caso de que se formara un gobierno dirigido por los rebeldes y, por la noche, los ciudadanos se arrinconaban en sus casas, muertos de miedo.
Como saben los colombianos que vivieron esos oscuros días, el sábado Uribe entregará a su sucesor, el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, que fue elegido en junio con una aplastante victoria tras una campaña en la que prometió que proseguiría las políticas de Uribe.
Con miles de millones de dólares en ayuda estadounidense en el marco del Plan Colombia, Uribe, ultraconservador, asestó duros golpes a la organización guerrillera FARC, colocando al gobierno en ventaja en su lucha de cuatro décadas contra los revolucionarios. Las filas policiales incrementadas han reducido agudamente los crímenes violentos en las ciudades. Desde 2003 la inversión extranjera se ha triplicado, principalmente en minería, energía y turismo, y está nutriendo una economía cada vez más dinámica.
"Cuando asumió el cargo, nuestros problemas nos abrumaban", dice Mauricio Cárdenas, un economista colombiano de la Brookings Institution en Washington. "Ahora hemos recuperado la autoestima y, en lo fundamental, Colombia ha crecido un poco más como país".
Pero Uribe deja un inquietante legado de violaciones de los derechos humanos y abusos de poder. Bajo presión para aumentar el número de bajas del enemigo, los militares han asesinado a cientos de civiles para clasificarlos como guerrilleros caídos en combate. Funcionarios de inteligencia afirman que la oficina de Uribe autorizó decenas de interceptaciones ilegales para espiar a jueces, políticos de oposición y periodistas. Y pese a la masiva infusión de ayuda norteamericana, Colombia sigue siendo el más grande productor de cocaína del mundo.
"Lo que logró Uribe es realmente extraordinario. Pero los problemas son los daños colaterales en derechos humanos y cómo remediarlos", dice Jorge Castañeda, ex ministro de relaciones exteriores y candidato presidencial mexicano y hoy profesor en la Universidad de Nueva York.
Uribe, hijo de un acaudalado latifundista presuntamente asesinado por los rebeldes en 1983, impresionó fuertemente a los colombianos con su ética del trabajo, su estilo sencillo y su mesiánica confianza en sí mismo. Santos, vástago de una familia adinerada que posee parte del diario más poderoso de Colombia, es un tecnócrata que construye consensos.
Aunque promete continuar las duras políticas de seguridad de Uribe, Santos reconoce que sus retos más apremiantes son socioeconómicos. La taza de pobreza de Colombia -el 46 por ciento de la población- es una de las más altas de América Latina. La desigual distribución del ingreso empeoró con Uribe, y la economía informal -las personas que trabajan fuera del radar del estado- creció, según Francisco Thoumi, economista colombiano y ex profesor de estudios latinoamericanos de la Universidad de Texas.
El ministro de Finanzas, Juan Carlos Echeverry, dijo la semana pasada que entre las primeras medidas que adoptará Santos se encuentra una profunda reforma económica para regular el empleo y el empleo informal. Con una coalición que controla el ochenta por ciento del Parlamento, Santos tiene buenas posibilidades de éxito.
Pero Santos también está obligado a reducir los abusos de derechos humanos y la ilegalidad institucional que surgió durante los ocho años de gobierno de Uribe. Los constantes ataques contra jueces que cuestionaban o controlaban su poder terminaron por debilitar al poder judicial y el equilibrio de poderes en el país, dice el profesor de la Universidad de Miami, Bruce Bagley.
Además, Santos hereda tensas relaciones con la vecina Venezuela que podría terminar en conflicto. El mes pasado, ofreciendo videos y fotos como prueba, Uribe acusó al presidente venezolano Hugo Chávez de tolerar la presencia de mil quinientos combatientes de izquierda y varios líderes de la guerrilla en su territorio y lo retó a permitir la formación de una comisión internacional para verificar o desmentir su presencia. [Ayer 10 de agosto Venezuela y Colombia reanudaron las relaciones diplomáticas].
Aunque funcionarios colombianos han hecho estas acusaciones antes, de acuerdo a Castañeda, fue la primera vez que Uribe creó un ‘momento Stevenson’ -una referencia a Adlai Stevenson, en 1962 embajador estadounidense ante Naciones Unidas, que usó fotos de reconocimiento para demostrar la instalación de misiles rusos en Cuba.
Chávez respondió negando las acusaciones, rompiendo todos los lazos diplomáticos y reduciendo drásticamente el comercio con Colombia. Una cumbre especial de ministros regionales de relaciones exteriores la semana pasada no logró mitigar las tensiones. Si la situación continúa, Colombia no solo perderá millones de dólares en exportaciones a Venezuela, sino que Santos tendrá "ventajas mucho más limitadas" en términos de seguridad durante su gobierno, dijo Bagley.
"Es un gran trato. La estrategia militar del gobierno se basa en arrinconar a las FARC en las montañas y en las fronteras, donde se supone que sus vecinos les negaran el ingreso y actuarán como yunque sobre el que pueda caer el martillo de los militares colombianos", dijo Bagley. "Sin la cooperación de Venezuela, las FARC, fuertemente debilitadas por Uribe, pueden resistir durante un largo tiempo".
Se espera que Santos trate de mejorar las relaciones con el resto de América Latina, ya que el país ha sido aislado por Chávez y otros gobiernos progresistas en Ecuador, Bolivia y Argentina. Pero Castañeda observó que con los nuevos presidentes de centro-derecha en Chile y Panamá, su trabajo será más fácil.
"También, para los países latinoamericanos es más fácil ser amigos del presidente Obama, que ser amigos del presidente Bush", dijo Castañeda.
Sin embargo, Uribe sacó ventaja del hecho de que era amigo de Bush: definiendo su lucha contra las FARC como parte de la lucha contra el terrorismo, provocó una bonanza de la ayuda estadounidense para modernizar e incrementar las fuerzas armadas. Santos, por otro lado, hace frente a una significativa reducción de la ayuda norteamericana debido a las cambiantes prioridades de Washington.
Pese a los retos, Santos tiene la oportunidad de llevar a Colombia a la ‘segunda base’, en palabras del economista Thoumi, modernizando un país potencialmente rico cuyo desarrollo ha sido retrasado por décadas de guerra civil y violencia.
La campesina Eva Gordillo, de Bogotá, la capital, habla por muchos colombianos cuando dice que quisiera que el gobierno de Uribe no terminara nunca y que ella habría votado por él una tercera vez si la Corte Suprema no hubiese impedido la reelección en febrero pasado.
"Lloré cuando decidió no presentarse como candidato", dijo Gordillo. "Le debemos a él la seguridad que hay ahora en el país".
Jenny Carolina Gonzalez contribuyó a este reportaje.
11 de agosto de 2010
7 de agosto de 2010
©los angeles times
cc traducción mQh
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