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hebe de bonafini en santiago


A 35 años del golpe de Estado en Argentina, las Madres de Plaza de Mayo parecen más politizadas que nunca. Aunque continúan marchando en el histórico lugar, ya dejaron de ir a los juicios para concentrarse en otras tareas: una radio, publicaciones, construcción de casas, una universidad. "Continuamos con la lucha de nuestros hijos".
[Felipe Ramírez Mallat] Santiago, Chile. "No ver nunca más un pibe en la esquina limpiando vidrios o haciendo malabares en los semáforos frente a los autos" es el gran anhelo de Hebe de Bonafini.

Fito Páez cantaba sobre ustedes a fines de los ’90: "de leer en la peluquería, a jamás volver a sentir alegría". ¿Cómo siente esa frase?
En aquel momento era así, no teníamos alegría. No éramos mujeres de llorar pero teníamos mucha bronca y pensábamos que nunca más íbamos a poder ser felices.
Pero ahora con todo lo que estamos haciendo y a todo lo que hemos llegado podemos decir que por momentos llegamos a ser felices. No siempre, pero por momentos se siente así.

¿Cómo se dio este cambio?
Es porque hay otros hombres y otras mujeres gobernando, lo que cambia todo para nosotros. Néstor (Kirchner) nos devolvió la patria. El día que dijo "proceda" e hizo que Bendini bajara el cuadro de Videla (en 2004, en la ex Escuela de Mecánica de la Armada, principal centro de detención y torturas de Buenos Aires) nos devolvió la patria. Nosotros no queríamos cantar el himno, no nos queríamos poner escarapela, no queríamos la bandera. Los militares nos robaron todo y nosotros no lo queríamos. Y empezamos a sentir otra cosa cuando a partir de eso comenzamos a cantar el himno, como si en cierta forma estuviéramos recuperando a nuestros hijos.

Pensando en eso, ¿cómo Madres enfrenta este 24 de marzo?
Tenemos una gran cantidad de actividades. Habrá un reconocimiento a Néstor, presentamos un libro, inauguramos una muestra de vitraux en el ECUNHI (Espacio Cultural Nuestros Hijos, que funciona en el predio de la ex ESMA), otra de fotos y cuadros en el mercado central, que es donde Cristina y Néstor siempre han cerrado los actos de campaña. También vamos a inaugurar la antena nueva de la radio de las Madres, un acto muy político donde la única música será el himno cantado por Teresa Parodi. Cuando en los actos hay muchos músicos al otro día la gente habla de los músicos y se olvida de qué estábamos recordando, entonces no vamos a poner música para que la gente se tenga que acordar de los que decimos.

Usted era muy cercana a Néstor Kirchner, ¿cómo han sido estos meses tras su muerte?
Yo hace años de años que no lloraba tanto, nunca pensé que me podría caer tan mal y ahora cada vez que hablo de él me pongo mal. Cuando hablo con Cristina ella me pregunta cómo me banqué todo lo que me pasó, cómo hacer para seguir adelante. Y la verdad es que no me lo banqué, me pasó, y no es que tienes un plazo y se te pasa. Yo perdí a mi marido, a mis hijos y mi único hermano en muy poco tiempo, y tuve que inventar una forma para acordarme de ellos, que era pensando y recordando los mejores momentos, no las cosas terribles que pasaron, si no, no hubiera podido vivir. Y eso es lo que le digo a Cristina que haga, que no piense en la muerte sino en la vida.

¿Cómo es la relación con los organismos de derechos humanos en la región, en Chile por ejemplo?
La verdad no hay mucha. Al principio tuvimos una muy buena relación con las mujeres de los fusilados y degollados. Esas chicas eran brutales, pensaban como nosotros, muy guerreras. Las madres no, siempre estuvieron muy cerca del Partido Comunista y dejaron de hacer muchas cosas, con una conducta muy individualista. Nosotros nunca cobramos reparación ni aceptamos los cadáveres, y socializamos la maternidad, todas somos madres de todos los hijos. No cobrar la reparación fue un algo importante, la vida de los jóvenes no puede tener precio. Sino al capitalismo le importa poco, te mata y después te paga, y eso no puede ser. Eso te da mucho valor en la lucha, mientras que en el resto de los países están muy quedados. En Paraguay, Uruguay, buscan todavía pero no hay movilización ni se le da importancia a la participación pública más allá de eso. Nosotras tenemos una radio, una editorial, sacamos una revista. Eso nos permite vivir el sentido de la lucha que tenían nuestros hijos y eso nos ha hecho crecer mucho. Lo que le pasó al resto de los organismos es que se quedaron en los juicios. En Chile se asumieron al primer gobierno y nosotros no, eso permitió que ahora se haya podido anular todo lo que se anuló. Si nosotros hubiéramos hecho eso, si no hubiéramos ido más a la plaza, nos hubiera pasado lo mismo.

Usted conoció a Sola Sierra, ¿qué pensaba de ella como luchadora de derechos humanos?
Un poco lo mismo, como muy individualista también. No era una mujer que hablaba de todos y que todos eran igual, ‘todos pero primero el mío’. Yo también hablo de mi hijo y en mi pañuelo llevo el nombre de mi hijo, pero luchamos por los 30 mil.

¿Cuál es hoy su principal anhelo?
No ver nunca más un pibe en la esquina limpiando vidrios o haciendo malabares en los semáforos frente a los autos. Ni uno. Mientras haya un pibe con hambre, ningún país puede decir que vive en democracia.

¿Entonces cuál es su principal lucha?
La de pueblos amplios comprometidos con un proyecto, no caer en eso comprar cuatro de cada cosa cuando se precisa de uno. Cuando un pueblo entra en esa conducta va por mal camino, ese derroche es muy malo, si uno tiene tanto debe pensar que otros tienen muy poco. ‘A mí no me pasó’, dicen cuando se recuerda la dictadura. ¿Pero cómo? La muerte, el secuestro, el miedo, eso nos pasó a todos. Acá, en Chile y en todos lados.
24 de marzo de 2011
23 de marzo de 2011
©la nación

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