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hienas cobran pensión honorífica


Con el honor metido en el bolsillo. Los represores procesados que cobran una pensión honorífica por Malvinas. Uno está prófugo y once, procesados por crímenes de lesa humanidad. Todos reciben aún la pensión de los ex combatientes de Malvinas. Uno por uno, su historial.
[Diego Martínez] Argentina. Un militar prófugo de la Justicia y al menos otros once procesados por crímenes de lesa humanidad cobran la pensión ‘honorífica’ que el gobierno nacional paga a ex combatientes de Malvinas. Seis meses atrás, a partir de la denuncia de organismos de derechos humanos, la Anses suspendió preventivamente el beneficio a ocho represores, incluido el marino Jorge Acosta, jefe de inteligencia de la ESMA. En teoría, la Anses y el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos iban a controlar cada mes el padrón de beneficiarios para que los nuevos procesados dejaran de cobrar y sólo volvieran a hacerlo si eran absueltos. En la práctica, pese a la insistencia de Página 12, fue imposible conocer oficialmente si los controles derivaron en nuevas exclusiones, pero sí fue posible confirmar que al menos una docena de retirados de dudosa honorabilidad cobra su pensión.
El caso más insólito es el del coronel retirado Norberto Ricardo Villegas, con pedido de captura de la Justicia federal de Tucumán desde febrero de 2006 por el caso Vargas Aignasse y por la desaparición y el robo de la casa de Marta y Rolando Coronel en 1977. Según el sitio web de la Anses, Villegas puede retirar su pensión a partir del 22 de septiembre en la sucursal Luis María Campos del Banco Nación. El riesgo de quedar detenido es ínfimo: la Unidad Especial de búsqueda de prófugos, creada por una ley del Congreso que la presidenta Cristina Fernández promulgó en mayo, se resiste a existir. El 9 de agosto, Aníbal Fernández adjudicó la demora a que la Jefatura de Gabinete no le transfirió los fondos y anticipó que la creación se concretaría esa misma semana. No volvió a dar señales de vida.

La Zanahoria
La pensión para los colimbas que pelearon en Malvinas fue impulsada por los Centros de Ex Combatientes durante los ’80 y se concretó por ley 23.848 a fines de 1990. El pago equivalía al modesto sueldo de un cabo del Ejército. Carlos Menem la extendió a militares en situación de retiro o baja voluntaria. En 2004, por decreto 1357, Néstor Kirchner traspasó la administración del beneficio de la órbita del Ministerio de Desarrollo Social a la Anses, la transformó en pensión ‘honorífica’, aumentó el monto hasta el equivalente a tres jubilaciones mínimas (poco menos de dos mil pesos) e igualó a sobrevivientes con derechohabientes de los caídos.
La zanahoria se volvió sabrosa y la Comisión Nacional de Ex Combatientes, dependiente del entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández, comenzó a presionar para que el pago se extendiera a los militares, que desde 1994 cobran un plus salarial como ex combatientes. Lo logró en 2005: por decreto 886 pasaron a cobrar todos los miembros de las Fuerzas Armadas "que hubieran estado destinados en el Teatro de Operaciones Malvinas", incluidos marinos mercantes y miles de oficiales y suboficiales que no se movieron de las bases continentales.
Los primeros en cuestionarlo fueron los ex conscriptos, obligados tras la derrota a firmar en Campo de Mayo un compromiso de silenciar estaqueamientos, desnutrición y torturas que padecieron de sus superiores. "Los militares fueron a la guerra por vocación, cobrando un sueldo, cumpliendo su deber, y al volver siguieron cobrando. A los soldados se les dio de baja y cada uno se las arregló como pudo", explica Ernesto Alonso, presidente del Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas (Cecim) de La Plata. "Reconocer a los militares con una pensión honorífica es un acto que coloca bajo el manto del olvido el reclamo de verdad, justicia y memoria que los soldados sostenemos desde hace 25 años", agrega.
Los abusos contra colimbas, que el cineasta Tristán Bauer instaló en centro de la escena en ‘Iluminados por el fuego’, derivaron en 2007 en una denuncia ante la Justicia federal de Río Grande, Tierra del Fuego, presentada por el entonces subsecretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel, actual secretario del Consejo de la Magistratura. La presentación detalla 73 hechos que podrían ser considerados delitos de lesa humanidad e identifica a 62 imputados, varios de ellos aún en actividad. La instrucción está a cargo de la jueza Lilian Herraez y del fiscal Mario Rapoport. Aún hoy resta que declaren más de sesenta personas, entre víctimas y testigos. Cuando lo hagan, la jueza comenzará a citar a indagatoria y se producirán las primeras detenciones.

El Decreto
El problema es que ni una imputación por estaquear a un soldado hasta convertirlo en hielo ni un procesamiento por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura impiden cobrar la pensión ‘honorífica’. El decreto 886/05 de Kirchner excluyó a condenados por violaciones a los derechos humanos, traición a la Patria, delitos contra el orden constitucional, la vida democrática, o sedición, pero no sentó ningún criterio sobre los procesados, situación jurídica que exige un considerable cuadro probatorio, pero no es sinónimo de culpabilidad: somos todos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Según los registros del programa Lucha contra la Impunidad del Terrorismo de Estado del CELS, al día de hoy existen 421 procesados, 42 prófugos y más de trescientos denunciados por secuestros, torturas y asesinatos, contra apenas 32 condenados, los únicos excluidos del cuadro de honor.
En marzo, ante el reclamo de organismos de derechos humanos, el entonces director ejecutivo de la Anses, Claudio Moroni, ordenó suspender el pago a los represores procesados, "teniendo en consideración el especial espíritu que ilustra, motiva y conlleva el reconocimiento". Fueron excluidos entonces los marinos Jorge Acosta, Antonio Pernías, Juan Carlos Rolón, Ricardo Corbetta, Hugo Enrique Damario y Juan José Lombardo, el general Osvaldo Jorge García y el suboficial del Ejército, Juan Carlos Camicha.
Moroni también convino con el Ministerio de Justicia un control mensual para que dejaran de cobrar y sólo volvieran a hacerlo en caso de ser absueltos. Desde hace dos semanas Página 12 intenta infructuosamente que la Anses, que dirige Amado Boudou, informe si el control existe y si hubo nuevos excluidos. El ministro Fernández informó por medio de su vocero que cada mes el Registro de Reincidencia actualiza el padrón de procesados, aunque ignora si hubo nuevos excluidos. En los recuadros que acompañan esta nota se enumeran once casos de militares procesados por secuestros, torturas y homicidios que ponen en duda su honorabilidad y que aún cobran la pensión. A ellos debe agregarse el prófugo Villegas y también ex carapintadas que no llegaron a ser condenados sólo porque se fugaron del país a tiempo, como el mayor médico Pablo Santiago Llanos.

15 de septiembre de 2008
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plá, el preso


Capitán, huidizo y fusilador.
Argentina. El capitán Carlos Esteban Plá, ex subjefe de policía en San Luis, está sindicado como el autor material del asesinato de la estudiante Graciela Fiochetti. El ex chofer del servicio de inteligencia de la policía Jorge Velázquez declaró que Fiochetti fue torturada y violada. Le hicieron firmar un acta de liberación, pero al día siguiente volvió a verla en un centro clandestino. Dos noches después la llevaron junto a otro secuestrado a un descampado. Plá los obligó a arrodillarse. "¿Van a hablar o no van a hablar?", gritó. Ante el silencio, les disparó a la nuca. Plá fue detenido el 26 de septiembre de 2007, después de dos años prófugo.

- El teniente coronel José Tadeo Luis Bettoli, oficial de inteligencia y presidente del Instituto Sanmartiniano de Formosa, está procesado por torturas y desapariciones en la Brigada de Investigaciones de Resistencia, Chaco (causa ‘Caballero’). También está imputado por la masacre de Margarita Belén.

- El coronel César Amadeo Fragni está procesado en la megacausa Campo de Mayo y será juzgado junto a otros cuatro militares por el secuestro y asesinato de Floreal Avellaneda, de 14 años, cuyo cadáver torturado y atado de pies y manos apareció en la costa uruguaya. El 15 de abril de 1976 el oficial de infantería Fragni estampó su firma en la constancia de detención de Iris Pereyra, en el mismo operativo que su hijo Floreal. Está detenido en el Instituto Penal de Campo de Mayo.

- El coronel Osvaldo César Quiroga está procesado por los homicidios de Miguel Vaca Narvaja, Arnaldo Toranzo y Gustavo De Breuil. El 12 de agosto de 1976, como miembro del Regimiento de Infantería Aerotransportada II, los retiró de la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba con una orden firmada por el general Juan Bautista Sasiaiñ. Luego los fusilaron en presencia de un hermano de De Breuil, también secuestrado, en inmediaciones del estadio Chateau Carreras.

- El teniente coronel Luis Alberto López está procesado como cómplice del asesinato de José Ángel Pucheta, Carlos Sgandurra y José Villada, el 28 de mayo de 1976. Como miembro del mismo regimiento que Quiroga y también por orden de Sasiaiñ, los retiró de la cárcel de Córdoba amordazados y encapuchados. Los tres fueron fusilados por un grupo de militares y miembros del célebre Departamento II de la policía provincial. Familiares de Quiroga y de López cobran en la sucursal Belgrano del Banco Nación.

- El teniente coronel Ernesto Hugo Kishimoto cobró su pensión en la sucursal Abasto del Banco Nación durante el año y medio que permaneció prófugo. Fue detenido el 4 de junio, cuando entregó su DNI para el check in en el aeropuerto de Posadas. Fue procesado por delitos cometidos en el Regimiento de Infantería de Monte 29, pero está excarcelado.

15 de septiembre de 2008
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el tirador binotti


De la guerra a la picana.
Argentina. El capitán de fragata Julio César Binotti fue durante 1976 y 1977 jefe de la sección ‘tiradores’ del Batallón de Infantería de Marina 2, en Baterías, donde funcionó un centro clandestino que la Justicia federal de Bahía Blanca aún no investigó. En 1982 integró la única unidad naval que combatió cuerpo a cuerpo con los ingleses, el Batallón de Infantería de Marina 5, que tras la derrota se replegó en orden y con sus oficiales a la cabeza. El Centro de Ex Combatientes de Corrientes denunció que Binotti ordenó estaquear a un soldado chaqueño, de apellido Ferreyra, por un supuesto acto de indisciplina. "Lo ataron al suelo por los pies y las manos y le tiraron encima una lona, que no lo dejaba ver qué podían hacerle. Lo tuvieron así desde la mañana hasta la media tarde, durante siete horas", relató el soldado Orlando Pascua. Tras la derrota, Binotti se integró al Grupo de Operaciones Especiales de la ESMA, con los alias ‘Fernando’ o ‘Ciscardo’. El sobreviviente Víctor Basterra, que lo fotografió disfrazado de policía, contó en el Juicio a las Juntas que Binotti participó de secuestros, torturas y traslados, entre otros el de René Haidar. "¿Ustedes ahora terminan?", le preguntó Basterra. "Este gobierno termina. Los grupos de tareas de la Armada nunca terminan", respondió hace un cuarto de siglo el marino, ahora preso en Marcos Paz.
Al caso de Binotti se suman otros como beneficiarios de la pensión honorífica:

- El capitán de navío Carlos Eduardo Daviou compartió el primer ‘vuelo de la muerte’ que el marino Adolfo Scilingo relató ante el juez español Baltasar Garzón, quien solicitó su extradición en 1997. A diferencia de otras celebridades de la ESMA, Daviou fue un tapado que hizo carrera: llegó a ser segundo jefe de Inteligencia de la Armada, se retiró a fines de 1999 y fue detenido y procesado por el juez federal Sergio Torres recién en marzo pasado. En la ESMA utilizaba el alias ‘Justo’. Está preso en Marcos Paz.

- El capitán de navío Francisco Lucio Rioja, alias ‘Fibra’ o ‘Jirafa’. Fue jefe del Servicio de Inteligencia Naval desde junio de 1976 hasta fines de 1977. Luego fue trasladado a Mar del Plata. Está procesado desde junio de 2006 por secuestros y torturas en la ESMA y en la Casa del SIN. También está imputado por extorsionar a secuestrados para robarles sus propiedades. Está preso en Marcos Paz.

- El capitán de navío Hugo Enrique Damario, alias ‘Jirafa’. Fue oficial de operaciones del GT 3.3.2 entre 1977 y 1978, cuando fue designado en el área de prensa de la Cancillería, donde eran obligadas a trabajar varias mujeres secuestradas en la ESMA. En marzo, la Anses informó que lo excluyó del beneficio, pero en su sitio consta que cobra. Está preso en Marcos Paz.

- El almirante Edgardo Aroldo Otero, alias ‘Honda’, fue director de la ESMA y comandante del grupo de tareas 3.3.2 desde enero hasta diciembre de 1980. Fue detenido recién en marzo pasado y goza de arresto domiciliario.

15 de septiembre de 2008
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abuelas recuperan a dos nietos


Dos jóvenes apropiados durante la dictadura conocieron su identidad. Se trata de Laura Catalina De Sanctis Ovando, que habría nacido en el Hospital Militar de Campo de Mayo a mediados de 1977, y de Federico Cagnola Pereyra, que nació en la ESMA en febrero de 1978.
[Diego Martínez] Argentina. Otros dos hijos de militantes políticos secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura militar recuperaron ayer su identidad. Se trata de Laura Catalina De Sanctis Ovando, que habría nacido en el Hospital Militar de Campo de Mayo a mediados de 1977, y de Federico Cagnola Pereyra, que nació en la ESMA en febrero de 1978. Son dos jóvenes que después de treinta años tienen la posibilidad de conocer su verdadero nombre y su verdadera historia. En el caso de Federico, fue gracias a una investigación de la agrupación HIJOS. La noticia se anunciará formalmente hoy a las 12 en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, Virrey Cevallos 592.
Laura es hija de Myriam ‘Tita’ Ovando, nacida el 17 de enero de 1956 en Rosario, donde estudió psicología, y de Raúl René De Sanctis, que nació el 21 de julio de 1954 en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Ambos militaban en Montoneros. Myriam fue secuestrada el 1º de abril de 1977 en Virreyes, cerca de su domicilio, en el norte del Gran Buenos Aires. Estaba embarazada de seis meses. Se sabe que estuvo secuestrada en una casa de militantes montoneros, en Escobar, que luego el Ejército utilizó como centro de detención. Desde allí fue trasladada a Campo de Mayo.
En cautiverio, Myriam logró escribir una carta para sus padres. Allí les contó que había dado a luz a una niña a la que llamó Laura Catalina. La carta sugería su certeza de que la niña había sido entregada por los militares a sus abuelos. Pero nunca la recibieron. De Sanctis cayó en mayo de 1977 en la estación de trenes de Campana, provincia de Buenos Aires, y fue visto en el centro clandestino que funcionó en la Comisaría 5ª de La Plata, punto neurálgico del circuito Camps. Ambos están desaparecidos.
Federico es hijo de Liliana Carmen Pereyra, nacida en La Plata el 1º de septiembre de 1956, y de Eduardo Alberto Cagnola, en Chacabuco, 12 de diciembre de 1954, también militantes de Montoneros. Fueron secuestrados el 5 de octubre de 1977 en una pensión de Mar del Plata, en calle Catamarca 2254. Lali, de 21 años, estaba embarazada de cinco meses. Ambos fueron trasladados a la Base Naval local, que encabezaba el vicealmirante Juan José Lombardo (procesado con arresto domiciliario), donde fueron torturados brutalmente. En diciembre de 1977, Liliana fue trasladada para parir en la ESMA, donde funcionaba la maternidad clandestina de la Armada, junto con otra embarazada, Elizabet Marcuzo. Durante más de dos meses estuvo alojada en la "sala de embarazadas", en el tercer piso del Casino de Oficiales, pegado a ‘Capucha’. En febrero de 1978 dio a luz a un varón, a quien llamó Federico. La asistió en el parto el médico y capitán de navío retirado Jorge Luis Magnacco, que aún goza de prisión domiciliaria. Los abogados de Abuelas solicitaron que se le revoque el privilegio y se lo envíe a una cárcel común, ya que los últimos exámenes médicos muestran una recuperación del cáncer que padece. Aún esperan respuesta por parte de los jueces federales María Romilda Servini de Cubría y Sergio Torres.
Después de dar a luz, Liliana Pereyra fue retirada de la ESMA, sin su hijo, por los mismos marinos de Mar del Plata que la habían llevado. Federico estuvo al menos un día más en la ESMA, donde quedó en manos de Héctor Febres, el prefecto que murió envenenado pero en silencio en diciembre pasado. Liliana fue asesinada el 15 de julio de 1978. En marzo de 1985 el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó e identificó su cuerpo, que había sido enterrado como NN en el cementerio de Mar del Plata. Cagnola permanece desaparecido. Liliana es hija de Jorgelina Azzarri de Pereyra, ‘Coqui’, referente de Abuelas de Plaza de Mayo en La Plata, que después de treinta años de espera ayer conoció a su nieto.
Con las dos nuevas restituciones llega a 94 la cifra de hombres y mujeres recuperados por Abuelas. En las dos identificaciones anteriores, confirmadas a fines de julio, las investigaciones fueron impulsadas por los hermanos de los jóvenes apropiados. Ahora se trata de una investigación de los equipos de Abuelas, en el caso de Laura, y de la comisión ‘Hermanos’ de la agrupación HIJOS en el de Federico.

10 de septiembre de 2008
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dónde está lópez 28


Entrevista al juez federal de la plata, Arnaldo Corazza. A días de cumplirse dos años de la desaparición de Julio López, el juez Corazza admite que no hay líneas de investigación fuertes, pero no pierde las esperanzas: "Alguien se va a quebrar". Cree que lo mataron porque no quiso desdecirse.
[Adriana Meyer] Argentina. Llega puntual y pide un cortado. A casi dos años de la desaparición de Jorge Julio López, el juez federal Arnaldo Corazza acepta conversar con Página 12, aunque aclara que no le gusta dar entrevistas. "No estamos preparados para casos especiales como el de López", confiesa respecto de la magnitud de la investigación sobre el testigo que contribuyó a la condena del represor Miguel Etchecolatz y del que se perdió todo rastro el 18 de septiembre de 2006, justo antes de la sentencia. El magistrado cree que a López lo habrían matado porque se negó a desdecirse de su acusación contra el ex comisario. Corazza admite que es el caso más complejo de su vida, pero asegura que no perdió la esperanza de resolverlo porque "no existe el crimen perfecto, alguien se va a quebrar". Sin embargo, del repaso de la causa surge que no hay "ninguna pista nueva ni sólida", y que los casi 30 cuerpos del expediente resumen 24 meses de inoperantes esfuerzos que no condujeron a nada, de pistas falsas y absurdas para distraer y líneas auténticas arruinadas por las propias fuerzas de seguridad.


Últimas Horas de la Víctima
"Después de tanto tiempo puedo pensar que está muerto –dice sobre las declaraciones del ex ministro de Seguridad bonaerense León Arslanian al respecto–, pero a los efectos de la causa tengo que tener un cadáver y hacer un ADN, mientras tanto sigo buscando." Al momento de reconstruir lo sucedido aquella mañana en Los Hornos, el juez cuenta que "no pudimos seguir la ruta de López, desde la casa hasta un local de Edelap, porque en un momento dado desaparece. Nadie vio nada y si vio no habla por temor. Sólo tres testigos declararon, entre ellos una mujer que habló con él y dijo que lo conocía de toda la vida. No estaba yendo al juicio porque el sobrino lo pasaba a buscar a las 9 y a las 10 y pico él estaba caminando, vestido con ropa diferente a la que llevaba a las audiencias. Había declarado espontáneamente, en mi juzgado y en el juicio oral, ¿por qué ese día no iba a ir?" En este punto el juez abona la hipótesis de que se dirigía a una reunión, a la que lo habría convocado un conocido, con la intención de hacerle cambiar su testimonio en el juicio. Este misterio se suma a las llaves que aparecieron tiempo después en su jardín, el cuchillo que faltaba en la casa, las aberturas sin señales de haber sido violentadas. "Hay que tener en cuenta también que López vivía en un barrio de policías, con los que tenía un trato de vecinos", apunta.
¿Qué pasó con el cadáver calcinado aparecido en Punta Lara, a pocas horas de la desaparición de López? "Sigue sin identificar, estaba totalmente quemado y no podíamos establecer el ADN sin saber con qué compararlo. Es raro el episodio, pero luego fueron apareciendo más de veinte cuerpos, nunca pensé que hubiera tanta gente muerta que nadie reclama", dice Corazza. En ese momento, se acuerda de la pista aportada por un periodista alemán, que le sigue pareciendo la versión más verosímil de lo que le pudo haber ocurrido al albañil de 77 años. "Es la hipótesis de que (ex policías bonaerenses) lo mataron porque se negó a desdecirse de sus dichos en el juicio, algo similar me dijeron que ocurrió en Mar del Plata, y genera un descrédito a la causa, es un hecho político de mucha importancia", enfatiza. Sin embargo, el juez dice que no pudo verificar la versión porque el periodista aportó referencias muy vagas y se amparó en el secreto a no revelar su fuente. Corazza recuerda que ese día Etchecolatz pedía la suspensión de los alegatos, como para que tuviera lugar la pretendida desmentida de López. "Muy loco no es pensar esto", opina. Según declaró Jan Ronneburger, de la agencia DPA, una funcionaria nacional confirmó a sus informantes que el testigo estaba muerto.

La Culpa Fue de Kintin
Puesto a repasar las viejas pistas, el juez destaca que sólo cerraron la que había alertado sobre el cruce de López a Paraguay y la derivada del operativo en Atalaya. Cuando hacía una semana que el testigo había desaparecido, los perros adiestrados de la Policía Bonaerense detectaron su olor en esa localidad. Pero la búsqueda fue interrumpida sin justificación, careció de actas y la SIDE sospechó que el rastro había sido plantado. En ese momento no se investigó, pero hoy Corazza es terminante. "Fue una pista montada", afirma. Recién este verano hizo la reconstrucción del procedimiento, pedida durante meses por la abogada de la querella Guadalupe Godoy, quien aún duda si esa pista fue armada o era buena y fue contaminada. "Hicimos una pericia muy seria que indicó que ese perro no puede seguir ningún rastro. Kintin no era apto", explica Corazza. Otro capítulo cerrado que no cierra, como otros del expediente.

¿Armado en el Pabellón de Lesa?
Etchecolatz, preso en Marcos Paz en el llamado pabellón de lesa humanidad tras su condena a prisión perpetua por delitos cometidos en el marco de un genocidio, aparece en varias partes del caso pero no hay nada concreto que lo sindique como el autor intelectual del secuestro del testigo que lo incriminó. Sin embargo, Corazza cree posible que haya sido planeado en esa cárcel. "No se puede descartar y, aunque no me quiero meter en la política carcelaria, no sé si es bárbaro que estén todos juntos (los represores), mantienen las jerarquías y están en elaboración permanente. Estuvieron con muchas libertades, por eso se produjo el allanamiento. Cuando fueron a ver las líneas telefónicas había plasmas, entraban bolsas llenas de mercadería, sin revisar. Tenían acceso al buffet que está adelante y de ahí supusimos que podían tener teléfonos celulares. Se encargó una investigación que hizo Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal (SPF) que no me resultó satisfactoria", describe. ¿Por eso hubo dos allanamientos?, pregunta este diario. El juez responde que el primer procedimiento lo hizo el Ministerio de Justicia, que conducía Alberto Iribarne. "Es muy fuerte ir a allanar un penal, pero hice el segundo operativo. Mi misión no es desestabilizar ministros, pero encontramos muchas cosas", explica. Esas "cosas" fueron líneas telefónicas nunca informadas por el SPF que utilizaban los represores, libros de guardia "plagados de falsedades y omisiones" que, según el fiscal Sergio Franco, frustraron pistas que hubieran sido esenciales para esclarecer el caso. Una docena de agentes penitenciarios ya fueron indagados por Corazza que, por ahora, les dictó la falta de mérito.

¿Durmiendo con el Enemigo?
Corazza dice estar conforme con la tarea de la Policía Federal y con la de Seguridad Aeroportuaria, que quedaron a cargo luego de que la Bonaerense fuera apartada. El expediente del caso López tiene 26 cuerpos, 70 anexos y 48 legajos en los que desfilaron desde videntes, pendulistas y hasta una "mujer-pájaro" que asegura que en uno de sus vuelos avistó a López. Pero también hay numerosos servicios de inteligencia y retirados de fuerzas de seguridad que lo vieron en La Pampa, que escucharon que lo tiraron en un arroyo (y allí iba la Justicia a vaciar el arroyo), o en un basural de Bahía Blanca, o que cruzó a Paraguay por Misiones. Como nada podía ser descartado, los investigadores invirtieron tiempo y dinero en decenas de procedimientos que sólo distrajeron.
"El mismo caso de Atalaya pudo haber sido para mostrar que estaban haciendo algo, es muy difícil para las autoridades provinciales decir no tengo nada. O mientras te ocupás de esto no te ocupás de otra cosa. Todas las semanas hubo llamados anónimos. Pero no puedo atribuir una intencionalidad si no lo compruebo", admite el juez.

–¿Pidió más recursos o una secretaría especial?
–Solicité un secretario volante al diputado Carlos Kunkel, del Consejo de la Magistratura, y al presidente de la Corte Suprema. Pero no pasó nada. Al menos tendríamos que salir de los turnos. Tengo 40 personas trabajando, pero para que las causas avancen se requeriría otro tipo de organización, una apoyatura para situaciones de emergencia.

Corazza lleva también la megacausa Camps y la mayoría de los procesos por delitos de lesa humanidad de su jurisdicción. Con todo, asegura que "la causa López está muy activa, el fiscal pidió medidas, lo que demuestra que da frutos tener a dos personas exclusivas". Sobre las líneas de investigación, Corazza asegura que "no hay pistas nuevas, trabajamos unas diez hipótesis que ya tenemos, pero no hay ninguna que sea más fuerte". Hasta ahora el expediente nunca tuvo un imputado, y a pesar de eso el juez dice que es una causa "imposible de cerrar". Y agrega: "Sigo sin creer que esto no se pueda esclarecer y espero ser yo el que lo haga. Algo se tiene que filtrar, es un hecho especial que va más allá del interés particular", afirma mientras toma su cortado.

9 de septiembre de 2008
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hay mayoría para despenalizar


En la corte ya hay cuatro votos en contra de criminalizar la tenencia de drogas. Cuatro jueces de la Corte Suprema ya se pronunciaron a favor de declarar inconstitucional la ley que penaliza la tenencia de drogas para consumo personal.
[Irina Hauser] Argentina. La Corte Suprema ya tiene mayoría para declarar la inconstitucionalidad de la ley que castiga la tenencia de drogas para consumo personal y motorizar, así, su despenalización. Sus Señorías volverían –aunque con algunos toques aggiornados– a la esencia de un fallo de 1986, conocido como "Bazterrica", que ubicaba la posesión de estupefacientes para uso propio entre "las acciones privadas de los hombres" resguardadas por la Constitución. Aquella doctrina defendía la "autonomía de conciencia", "la voluntad personal" y la "libre elección", pero quedó sepultada por la Corte de Carlos Menem con otra sentencia que proclamaba "valores morales" y hasta hablaba de una amenaza para la "subsistencia" de la "humanidad".
Según pudo confirmar Página 12 a través de funcionarios supremos, el expediente que circula en la Corte cuenta con cuatro votos para declarar la inconstitucionalidad del artículo 14 de la ley 23.737 (conocida como Ley de Estupefacientes), que es el que pena la tenencia para uso personal. Ya figuran las firmas de Raúl Zaffaroni, Enrique Petracchi, Carmen Argibay y Juan Carlos Maqueda. Aunque con estas voluntades alcanza para fallar, todo indicaría que el resto de los jueces quiere opinar tratándose de un tema de gran envergadura. El caso tiene ‘trámite acelerado’, como le dicen en la jerga cortesana. Esto no quiere decir que la resolución va a salir ya mismo, pero sí que tiene chances para antes de fin de año.
La movida de la Corte coincide con una similar que viene desde el Gobierno, alentada por el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, quien a lo largo de este año planteó en diversos ámbitos –incluso en Naciones Unidas– la necesidad de una reforma legal que deje de "criminalizar a los consumidores" y se ocupe "de los traficantes". Dentro de su ministerio, un Comité Científico –que integran la fiscal Mónica Cuñarro, los jueces Martín Vázquez Acuña, Roberto Falcone y Horacio Cattani, entre otros– está en plena elaboración de un proyecto de ley. La iniciativa enfrenta las clásicas resistencias conservadoras. Pero si el máximo tribunal fallara en breve volvería casi obligada la modificación de la norma, vigente desde 1989.
En la Corte, los debates suelen ser de lo más dinámicos, pero los ministros que ya expresaron su postura puertas adentro no parecerían inclinados a cambiarla, según pudo saber este diario. Incluso es casi cantado que se les sumará Carlos Fayt, que apoyó la despenalización en el caso "Bazterrica". Aquel fallo, basado en un voto de Petracchi, hacía eje en el artículo 19 de la Constitución que protege las libertades individuales. Definía que la tenencia para consumo pertenece al universo de "las acciones privadas de los hombres", ya que "no interfiere con las acciones legítimas de terceras personas" ni "daña a otros". Señalaba a la "autonomía de conciencia", la "libre elección" y la "voluntad personal" como fundamentos "de la democracia constitucional".
En diciembre de 1990, ya con nueve miembros, la Corte dio vuelta completamente el criterio y ubicó la posesión de estupefacientes para uso personal "entre las acciones que ofenden el orden, la moral y la salud pública". Advertía la necesidad de castigarla para proteger "los valores morales, de la familia, de la sociedad, de la juventud, de la niñez, y en última instancia de subsistencia misma de la Nación y hasta de la humanidad toda". Así fue como respaldó la ley que aún opera y que establece "prisión de uno a seis años" para "el que tuviere en su poder estupefacientes" y acota que "la pena será de un mes a dos años de prisión cuando, por su escasa cantidad y demás circunstancias, surgiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal". Qué significa "escasa cantidad" es algo librado a cada magistrado.
La validez de la ley está cuestionada en varios expedientes que tramitan en la Corte. Los jueces acordaron dictar sentencia en uno paradigmático: es el reclamo de Andrés Villacampa y César Mindurry, a quienes la policía encontró con un cigarrillo de marihuana cada uno. Les iniciaron una causa penal y terminaron condenados por un tribunal oral de Rosario. A uno le tocó un mes de prisión en suspenso y al otro dos meses. Apelaron y llegaron hasta la cúspide del Poder Judicial.
Los jueces de la Corte tendrán tela para cortar, ya que en las casi dos décadas de vigencia de la Ley de Drogas el problema se tornó cada vez más complejo: los tribunales se saturaron de causas contra pequeños consumidores, mientras que los narcotraficantes ocupan un lugar menor en el banquillo. Las estadísticas del Poder Judicial cantan que casi la mitad de las investigaciones penales que se abren en un año son por tenencia de droga para consumo personal. Con el tiempo, muchos jueces empezaron a desestimar casos aplicando criterios personales. Hubo fallos de distintas cámaras, incluso de Casación, tendientes a despenalizar, pero falta el eslabón supremo, que ahora no estaría tan lejos.

9 de septiembre de 2008
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los llevarán a cárceles comunes


La ministra de defensa prohíbe que los militares alojen y trasladen represores detenidos. Buscan poner fin al alojamiento de represores en cuarteles y al uso de oficiales como custodios y cadetes de militares con prisión domiciliaria. Ambas medidas, ordenadas por los jueces, son ilegales.
[Diego Martínez] Argentina. Por orden expresa de jueces federales de todo el país, militares y marinos en actividad ofician de remiseros, cadetes y custodios, y a la vez de policías y guardiacárceles, de camaradas retirados procesados por crímenes de lesa humanidad. Los mandados encomendados por Sus Señorías incluyen desde detenerlos y trasladarlos a tribunales o al Hospital Militar hasta apreciar durante dos horas las dotes de nadador del general Reynaldo Benito Bignone en la pileta del Círculo Militar, u observar al coronel Pascual Oscar Guerrieri durante sus caminatas en el Regimiento de Patricios, el mismo donde intentó refugiarse cuando un cronista lo descubrió raqueta en mano violando su arresto domiciliario. Como la Ley de Defensa Nacional prohíbe a las Fuerzas Armadas realizar las tareas de seguridad interior que paradójicamente ordenan jueces de la Nación, la ministra de Defensa, Nilda Garré, dispuso reiterar por tercera vez a los magistrados que revean el criterio de alojar represores en cuarteles y usar a los militares de che pibe, y, por primera vez, prohibió a los jefes de las tres fuerzas acatar sin su autorización expresa requerimientos de detenciones, traslados y alojamientos de criminales de lesa humanidad.

Abogados y habitués de tribunales ya no se sorprenden al ver llegar a viejos generales en autos oficiales, sin esposas, acompañados por señores de saco y corbata. Los recados suelen encomendarse directamente al coronel Edgardo Benjamín Carloni, jefe del departamento Asuntos Humanitarios, que no fue creado para servir a dinosaurios. Los privilegios que los jueces brindan a militares en desgracia son de vieja data. Antes de ser ministro de Seguridad de Mauricio Macri, el entonces juez Guillermo Montenegro ordenó al Ejército trasladar dos veces por semana a Antonio Domingo Bussi desde su casa en un country de Pilar hasta la chacra Victoria, en el kilómetro 79 de la Panamericana, para que "efectúe caminatas". Pese a ser ex liceísta e hijo de un capitán de fragata, Montenegro encomendó la custodia a una desconocida "División Castrense de la República Argentina". Luego el juez santiagueño Angel Jesús Toledo dio el visto bueno al ex gobernador tucumano para "permanecer y/o pernoctar" en la casa de su hija María Fernanda, en Figueroa Alcorta 3590, cada vez que desee ir al médico.

Rodolfo Canicoba Corral le ordenó al Ejército "proveer el medio de transporte y la seguridad del traslado" cada vez que el general de brigada Héctor Gamen y los coroneles Alberto Barda y Pedro Durán Sáenz "requieran visitas médicas". Otras dos veces por semana, autorizado por el juez Daniel Rafecas, Durán Sáenz concurre al psiquiatra del Hospital Militar. Es comprensible que el ex jefe de El Vesubio, acusado de violar a mujeres secuestradas, precise atención psiquiátrica. Lo cuestionable es que deba ser atendido por empleados públicos y trasladado por oficiales en actividad en móviles del Ejército.

Como juez federal interino Julián Ercolini solicitó al Ejército que martes y jueves traslade al hospital al coronel Rubén Héctor Visuara para que "realice caminatas dentro del predio de ese nosocomio castrense". También dos veces por semana el juez Ariel Lijo autorizó al coronel Pascual Guerrieri a caminar dentro del Regimiento de Patricios, el mismo donde el ex torturador de la Quinta de Funes intentó refugiarse cuando lo filmaron jugando al tenis. Lijo aclaró al menos que "deberá permanecer custodiado en forma permanente, evitando que tome contacto con personal militar". Tal vez sea hora de invertir en cintas para caminar en casa.

El juez federal de Posadas, Ramón Claudio Chávez, autorizó al coronel Carlos Humberto Caggiano Tedesco a concurrir al Hospital Militar con su esposa y su auto pero con custodia militar. Cuando terminó el tratamiento lo autorizó a "continuar su terapia física" en el cuartel de Villa Martelli. También Rafecas encomendó a Asuntos Humanitarios trasladar a Jorge Rafael Videla al Hospital Militar "las veces que sean necesarias" para aplicarse una inyección de Suprefact Depot. El camarista salteño Dardo Rafael Ossola ordenó a Asuntos Humanitarios que trasladara al coronel Miguel Raúl Gentil al Hospital Militar "cuando su salud lo requiera".

"Las veces que sea necesario", coincidió el juez federal Miguel Antonio Medina. "Cuando sea necesario" son tres palabras que se reiteran en la mayor parte de los escritos. Significa que cuando les plazca pueden llamar por teléfono al coronel Carloni para que les envíe coche y chofer. La jueza subrogante Gladis Graciela Comas ratificó el criterio de Medina y agregó: "procurando el retorno a su domicilio". Si vuelve, mejor.

El juez federal de San Martín, Alberto Suares Araujo, al menos le permite a Carloni organizar la agenda. Por orden de Su Señoría, martes y jueves de 9 a 11 Asuntos Humanitarios traslada al general Eugenio Guañabens Perelló al Hospital Militar para recibir su tratamiento de kinesiología. Lunes y viernes a la misma hora lo llevan a nadar a la pileta del Círculo Militar, frente a la plaza San Martín. Los miércoles el general prefiere dormir hasta el mediodía. Martes y jueves a las ocho el madrugador Bignone puede optar entre hospital o pileta. Tres veces por semana el general Eduardo Alfredo Espósito va al Hospital Militar "a fin de realizar actividad física". Martes y jueves a primera hora el general Santiago Riveros se cruza en los pasillos del hospital con los camaradas Bignone, Guañabens Perelló y Osvaldo Jorge García. Esta semana los abogados querellantes en la causa del mayor centro de exterminio del país presentarán un escrito a Suares Araujo para que la ex cúpula de Campo de Mayo sea trasladada con esposas y por el Servicio Penitenciario Federal.

También los ex oficiales de la ESMA con arresto domiciliario suelen ponerse de acuerdo para coincidir en el Hospital Naval, al que llegan con minutos de diferencia. En 2006 ex detenidos de la ESMA denunciaron que Alfredo Astiz se reunía con sus camaradas en una oficina del hospital. Igual que la mayor parte de los jueces que investigan a represores del Ejército, Sergio Torres encomienda a los marinos las detenciones de sus compañeros. El argumento, que sus colegas comparten, es que las Fuerzas Armadas están facultadas para citar a sus hombres en cualquier momento y a sancionarlos si no acatan la orden. No concurrir a una citación judicial también es una falta disciplinaria. El mes pasado, cuando fueron a Pilar a detener al suboficial primero Víctor Olivera, su mujer les dijo que no estaba pero que a la mañana siguiente se iba a entregar. Como no tenían orden de allanamiento no pudieron verificar si "Lindoro", como se llamaba en la ESMA, estaba en un ropero o tras los pasos del Laucha Corres. Por la mañana comprobaron que la mujer no había mentido, pero el susto de esa noche, que pudo haberles costado la carrera, no se lo olvidan. Ya son varios los capitanes de la Armada que se niegan a cumplir las órdenes de detención.

Oídos Sordos
El alojamiento de procesados con prisión preventiva en cuarteles, más de una vez los mismos donde cometieron los delitos, fue cuestionado por fiscales y organismos de derechos humanos desde las primeras detenciones posteriores a la reapertura de las causas, en 2003. En diciembre de 2005 la Cámara Federal porteña le ordenó al juez Torres que los represores de la ESMA dispersos en bases navales fueran custodiados por penitenciarios. Pero nada cambió. En abril de 2006 la ministra Garré solicitó por primera vez a los jueces federales de todo el país que reconsideraran la decisión de mantener genocidas en bases y regimientos. Ninguno acusó recibo.

Tres meses después el grueso de los marinos fue trasladado al Instituto Penal de las Fuerzas Armadas en Campo de Mayo, por entonces con custodia a cargo de Gendarmería. Fue necesaria la aparición del cadáver envenenado del prefecto Héctor Febres en su dúplex VIP de Prefectura para que la sociedad accediera a las imágenes del ex torturador montando a caballo o haciendo la plancha en la pileta de la base de Azul, y para que Sus Señorías se dignaran a rever privilegios y lujos.

En enero pasado, cuando la mayor parte de los represores que no gozan de arresto domiciliario ya estaban concentrados en Campo de Mayo, Defensa firmó un convenio con el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos para que la custodia quedara en manos del Servicio Penitenciario Federal. Pero 2008 deparaba otra lección amarga: la fuga del teniente coronel Julián Oscar Corres, el 26 de julio, de la delegación Bahía Blanca de la Policía Federal, donde lo alojó el juez federal Alcindo Alvarez Canale. Con el papelón consumado, el ministro Aníbal Fernández instruyó a todas las fuerzas de seguridad para que dejaran de alojar represores en sus dependencias, y ordenó al Servicio Penitenciario Federal que cumpliera en 48 horas todos los traslados pendientes (Corres debió ser trasladado a Campo de Mayo un mes antes de la fuga).

Si bien el ex torturador de La Escuelita bahiense no se había fugado de un cuartel militar, la ministra Garré reiteró a todos los magistrados, una vez más sin éxito, su solicitud de rever el criterio que obliga a soldados activos a oficiar de guardiacárceles. Por estos días hay aún 34 militares alojados en Campo de Mayo, más una docena en el cuartel La Unión del Cuerpo III en Córdoba, servidos por militares bajo responsabilidad de la jueza federal Cristina Garzón de Lascano, y otros tantos dispersos en cuarteles de Corrientes, Jujuy, Mendoza y Comodoro Rivadavia.

El más célebre, por muertos en el haber, acumulación de condenas y procesamientos, es el general Luciano Benjamín Menéndez, trasladado desde la cárcel modelo de Bouwer al ex arsenal tucumano Miguel de Azcuénaga a principios de agosto para afrontar el juicio que concluyó el jueves. De inmediato Defensa puso el grito en el cielo, reclamó al Tribunal Oral Federal de Tucumán que revea el criterio y resaltó una contradicción que los jueces no deberían ignorar: según la Ley de Personal Militar los retirados mantienen una relación jerárquica sobre los activos que deben custodiarlos, situación que enfrenta a los soldados con la contradicción de tener que controlar a sus superiores. La garantía constitucional de igualdad ante la ley "sólo puede ser corregida con el alojamiento en cárceles de la Nación en condiciones de igualdad con los demás detenidos", concluye el escrito.

El argumento de los jueces tucumanos para rechazar el pedido fue contundente: el ex centro de tortura y exterminio es "el lugar más apropiado y conveniente para asegurar la comparecencia a juicio".

El jueves, tras la condena, Garré reiteró el reclamo al presidente del tribunal, Carlos Jiménez Montilla. Menéndez aún sigue allí. El jueves se sabrá si Bussi cumplirá su pena en una cárcel común, como solicitó el fiscal Alfredo Terraf, o si continúa en su country de Yerba Buena.

A partir de mañana el resto de los jueces recibirá la misma nota que Jiménez Montilla. "Las Fuerzas Armadas no podrán ejecutar ninguna tarea propia del proceso penal salvo previa y expresa autorización de este ministerio, ni alojar en unidades militares a personas procesadas o condenadas penalmente", resolvió Defensa. La nota argumenta una vez más lo obvio: que la seguridad interior es una tarea vedada a las Fuerzas Armadas, que los cuarteles no están diseñados para servir de cárceles y que los soldados no están capacitados para oficiar de penitenciarios. Garré recuerda que la distinción de competencias entre fuerzas armadas y de seguridad es "una conquista democrática", explica que las órdenes de los jueces obligan a los militares a violar la Ley de Defensa Nacional, dificultan "el proceso de fortalecimiento institucional" que exige un Estado democrático de derecho y "el desafío de la profesionalización" dentro del cual ocupa un lugar central "el estricto apego a la legalidad". Concluye advirtiendo a los magistrados que "cuando circunstancias objetivas" los obliguen a requerir cooperación militar para realizar traslados o detenciones, designen primero a personal policial o de fuerzas de seguridad, únicos habilitados por la ley a ejecutar ambas tareas.

1 de septiembre de 2008
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el chacal de córdoba


El Chacal que comandó a la ESMA cordobesa. El prontuario de Luciano Menéndez.
[Adriana Meyer] Tucumán, Argentina. Alias ‘Cachorro’, alias ‘Chacal’, alias ‘Hiena’. El más bravo de los sicarios del Estado en dictadura, el que se animó a cuestionar a los jefes de la Junta Militar por blandos, uno de los represores con más imputaciones en procesos judiciales. El genocida Luciano Benjamín Menéndez, poderoso ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército entre 1975 y 1979, fue autoridad máxima en Córdoba durante los años del terror y estuvo a cargo de la represión en Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán.

Bajo su mando funcionó el destacamento de Inteligencia 141 General Iribarren, del que dependía el centro clandestino de detención La Perla, conocido como "la ESMA cordobesa", por donde pasaron 2500 hombres y mujeres. Menéndez solía visitar ese campo de exterminio y algunos recuerdan haberlo visto mientras presenciaba fusilamientos al borde de las fosas. Según testimonios de los pocos sobrevivientes, también aparecía durante los interrogatorios y las torturas.

Le adjudican ser ideólogo del ‘pacto de sangre’: hacía participar de los secuestros y fusilamientos a todos los oficiales para que en el futuro "no se dieran vuelta". Hombre de armas llevar, en agosto de 1984 sacó un cuchillo cuando militantes de la Juventud Comunista lo repudiaron al grito de "asesino" en la puerta de un canal de televisión, cuando salía del programa de Bernardo Neustadt y Mariano Grondona. En 2003 hubo un incidente similar en Córdoba, cuando amenazó con una sevillana a un grupo de estudiantes que lo reconoció en una playa de estacionamiento.

El ‘Cachorro’ participaba de algunos operativos en los que se reservaba el "botín". En la Justicia cordobesa hay un pedido de reapertura de la causa Mackentor, una empresa constructora que fue ocupada y saqueada por los militares en abril de 1977 por orden de Menéndez. Veinte empleados y los accionistas jerárquicos fueron secuestrados y llevados al centro clandestino La Ribera, mientras que el presidente Natalio Kejner y el síndico Gustavo Roca lograron salir del país.

Desde hace un mes, Menéndez duerme en la cárcel cordobesa de Bower, tras haber sido condenado por el secuestro, tortura y asesinato de Hilda Palacios, Humberto Brandalisis, Carlos Laja y Raúl Cardozo, militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Fue su primera sentencia de una larga lista de procesos por los que debería ser juzgado en varias provincias. Hasta ese momento había gozado del beneficio del arresto domiciliario en su casa de Bajo Palermo, en la capital cordobesa, con su rutina de caminatas y su apacible existencia de general de división retirado. Si bien tuvo menos exposición pública que un Videla o un Massera, ejerció la misma influencia en las decisiones políticas y represivas. Mantuvo algo de ese poder durante los años ’80 y ’90, cuando el Ejército lo seguía invitando a sus actos oficiales.

Fuera del amparo de la Ley de Obediencia Debida, en 1988 fue procesado por 48 homicidios, 76 tormentos y 4 sustracciones de menores. Pero en 1990, cuando estaba a punto de ser juzgado, el entonces presidente Carlos Menem lo incluyó en el indulto, a pesar de que nunca había sido condenado. Esa medida lo salvó, además, de otras 700 causas en las que se lo acusaba de homicidios calificados, tormentos seguidos de muerte, torturas, privaciones ilegales de la libertad y sustracción de menores (masacre de Palomitas, centro Arsenales, asesinato de Paco Urondo, torturas a Raúl Ernesto Morales, entre otros casos). En abril de 2000 pasó cinco días preso tras negarse a declarar en el proceso en el que se investigaban los 30 asesinatos de presos políticos en la Penitenciaría. Fue la primera vez que se encontró frente a dos hijos de sus víctimas.

Junto a Ramón Díaz Bessone, Santiago Riveros y Carlos Guillermo Suárez Mason integró el grupo de Los Duros y llegó a soñar con la política desde la organización Nueva Opción Republicana. Fue ferviente partidario de que Argentina entrara en guerra contra Chile en el conflicto del Beagle. "Si nos dejan atacar a los chilotes, los corremos hasta la isla de Pascua, el brindis de fin de año lo hacemos en el Palacio de La Moneda y después iremos a mear el champagne en el Pacífico", dijo entonces.

Menéndez nació hace 81 años en San Martín, entró al Colegio Militar en 1943 y ascendió a coronel en 1966. De familia militar, su abuelo también había querido iniciar la guerra contra Chile, su padre se sublevó en 1951 contra Juan Perón y su sobrino, Mario Benjamín Menéndez, se rindió en Malvinas.

Mientras otros genocidas callan, Menéndez usa el banquillo de los acusados como si continuara arengando a la tropa. En sus ardientes defensas del terrorismo de Estado (que le "ganó la batalla a la subversión marxista"), hay una aceptación implícita de los delitos que se le imputan. Como en sus ‘Instrucciones para actuar contra la subversión’, en las que instaba a los ciudadanos a la delación de sospechosos y de "cualquiera que esté alejado de sus padres, no crea en Dios y excite contra todo tipo de autoridad".

29 de agosto de 2008
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