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ex juez miret será juzgado


Por unanimidad, los siete integrantes del jury decidieron que Luis Miret dejara su cargo por "mal desempeño", al considerar probado que omitió investigar y denunciar torturas y vejaciones a personas detenidas durante 1975.
Argentina. El Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación destituyó de su cargo por el causal de mal desempeño a Luis Francisco Miret, miembro de la Cámara Federal de Mendoza desde la última dictadura hasta el año pasado. El tribunal consideró probado, con el voto unánime de sus siete miembros, que Miret omitió investigar y/o denunciar torturas y vejaciones a personas detenidas en el Departamento de Informaciones (D2) de la policía de Mendoza en agosto de 1975, delitos denunciados por las víctimas en cautiverio y constatados en persona por el entonces juez federal subrogante. El flamante ex magistrado, que no presenció la audiencia en el Consejo de la Magistratura, había renunciado a su cargo con la esperanza de evitar el juicio político, maniobra que frustró la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al rechazarle la dimisión. La investigación sobre la actuación de Miret durante el terrorismo de Estado continuará ahora en los estrados judiciales cuyanos, donde también está imputado Otilio Roque Romano, fiscal durante la dictadura y ex colega de Miret en la Cámara de Mendoza.
La causa que le costó la carrera a Miret comenzó a mediados de 1975 con detenciones en una manifestación de metalúrgicos. El sumario por infracción a la ley 20.840, de "seguridad nacional", que el entonces defensor oficial instruyó como juez federal subrogante, continuó con allanamientos de madrugada en autos particulares y sin testigos e interrogatorios de personas amordazadas y vendadas en el D2, que meses después se convertiría en el principal centro clandestino de detención de Mendoza, a doscientos metros de la Casa de Gobierno.

–¿Cómo se siente? –le preguntó Miret a Hugo Tomini en su calabozo, al día siguiente de ser torturado, con "un estado físico tan deplorable que no pude levantarme", según relató ante el Consejo.
–Dolorido –atinó a responder Tomini.

–Hay que aguantar –le aconsejó el magistrado.

Tomini no creyó que aquel hombre fuera juez, pensó que era "una patraña de la policía". Tres días después, trasladado a tribunales para prestar declaración indagatoria, se sorprendió al constatar que quien juzgaría su conducta era el hombre que le había sugerido resistir la tortura.
León Glogowski contó ante el tribunal que cuando recibió la visita de Miret en el D2 estaba shockeado por las torturas y con un labio roto por los golpes. A pesar de las amenazas "hice de tripas corazón", dijo, y denunció los padecimientos de los detenidos, incluidos los gritos de su novia de 17 años, encerrada en el calabozo vecino, quien pedía por favor que dejaran de violarla. Cuando Glogowski relató que además se ensañaban por su condición de judío, el juez le dijo: "¡También, con ese apellido!".
"Miret tuvo noticia verosímil y directa de los delitos cometidos contra detenidos a su disposición a manos de integrantes de un grupo de tareas de la policía mendocina, cuyo jefe era el vicecomodoro Julio Santuccione", concluyó el tribunal presidido por el juez Carlos María Bossi. En lugar de identificar a los responsables de vejaciones, torturas y robos, Miret "omitió toda diligencia", agregó, y rechazó que "la alegada excusa de postergar la actuación pueda servir para justificar" su pasividad.
El Jurado de Enjuiciamiento explicó en sus conclusiones que las denuncias recibidas por Miret en el D2 lo colocaron frente a "un profundo dilema", que no sólo incidiría sobre la situación de las víctimas, sino sobre "su carrera y probablemente la imagen de su persona". O bien tomaba los recaudos para garantizar la integridad de los denunciantes, o bien los desoía "por el solo hecho de provenir de imputados por delitos de subversión" y, "sin asumir mayores responsabilidades", los dejaba "librados a su suerte". Miret optó por la segunda actitud, decisión que para el Consejo "vicia su aptitud moral para ejercer la magistratura".
El tribunal minimizó que el Senado hubiera aprobado el pliego de Miret tras el retorno de la democracia, porque no se acreditó que los legisladores conocieran los hechos puntuales. Apuntó como agravante que "transcurridos más de treinta y cinco años y pasados varios gobiernos constitucionales, mientras el doctor Miret conservaba su investidura, nunca intentó remediar aquella grave falta, ya sea mediante su propia actuación jurisdiccional o denunciando aquellos hechos que había conocido sin hacer nada al respecto". "Nada permite afirmar que una próspera carrera judicial ni una brillante actuación académica como la que dice tener Miret pueda saldar la deuda que contrajo con las víctimas de aquellos delitos, que se han hecho presentes personalmente o representados por organizaciones de derechos humanos para reclamar que el acusado se responsabilice de aquellas faltas graves", concluyó.
El jurado que destituyó a Miret, presidido por Bossi, estuvo integrado por el juez Alejandro Tazza, los senadores Eric Calcagno y José Manuel Cano, los diputados Jorge Landau y Daniel Katz y la abogada Verónica Pedrotti. El arquitecto Katz fue el único consejero que votó en disidencia sobre la responsabilidad de Miret por no investigar la violación a una menor de 17 años y permitir que siguiera en cautiverio. El ex intendente de Mar del Plata sostuvo que como la violación es un delito de acción privada que la víctima no había denunciado, el relato de su novio en el calabozo vecino no era motivo suficiente para destituir al juez.
El tribunal desestimó dos de las acusaciones contra Miret, formuladas originalmente por el ex consejero Héctor Masquelet y ya en el jury por Hernán Ordiales, Carlos Moreno y Alejandro Fargosi. La primera era por no excusarse de intervenir en el Juicio por la Verdad de Mendoza pese a su íntima amistad con el general Juan Pablo Saa. El jury sostuvo que, por la particularidad del proceso (sin consecuencias penales), su actuación "no se encontraba prohibida" y agregó que tampoco se había acreditado "falta de imparcialidad". La segunda fue por archivar en 1987 un expediente en el que debía investigar el paradero de la hija de una pareja de desaparecidos. El jurado lo consideró "un error judicial fácilmente reversible". En ambos casos votaron en disidencia y a favor de la destitución el diputado Landau y el senador Calcagno.
12 de marzo de 2011
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murió david viñas


El escritor estaba internado por una neumonía. El escritor participó de la delegación argentina que integró la Feria Internacional de Frankfurt 2010.
Argentina. A pesar de los rumores que daban cuenta de su recuperación, el escritor argentino David Viñas falleció hoy a los 83 años, a raíz de una neumonía que derivó en una septicemia. Estaba internado en el Sanatorio Güemes desde el 22 de febrero.
Nacido en Buenos Aires, fue fundador y codirector de la revista Contorno, de gran influencia en medios universitarios e intelectuales.
En 1957 recibió el Premio Gerchunoff por su novela ‘Un Dios cotidiano’. Tres veces galadornado con el Premio Nacional de Literatura, también recibió el Premio Nacional de Teatro, y el Premio Nacional de la Crítica.
Entre 1973 y 1983, se desempeñó como profesor de Literatura en universidades de los Estados Unidos, Alemania y Dinamarca. Exiliado durante la última dictadura militar -que le arrebató a sus dos hijos-, volvió al país para ser titular de la Cátedra de Literatura argentina de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires. En 1991, Viñas rechazó la Beca Guggenheim en una decisión que consideró "un homenaje" a sus hijos, que aún hoy están desaparecidos.
Algunas de sus principales obras son ‘Tupac Amaru’, ‘Los dueños de la tierra’, ‘Cuerpo a cuerpo’, ‘Indios, ejército y frontera’, ‘Qué es el fascismo en Latinoamérica’, ‘Anarquistas en América Latina’, ‘Yrigoyen entre Borges y Arlt’, ‘Menemato y otros suburbios’ y ‘Tartabul’.
12 de marzo de 2011
10 de marzo de 2011
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juez destituido por colaboracionista


El juez Miret fue destituido por complicidad con la dictadura. Se lo acusó de inacción en causas de derechos humanos.
Argentina. El Consejo de la Magistratura destituyó hoy al camarista mendocino Luis Miret, al término de un jury de enjuiciamiento donde se lo encontró culpable de "mal desempeño" y posible comisión de delitos. Con esta decisión, Miret perdió su jubilación, sus prerrogativas como magistrado nacional y quedará ahora sujeto a la causa penal que se sigue en su contra en Mendoza por delitos relativos a presunto encubrimiento o falta de investigación de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.
El camarista había sido acusado de mal desempeño de sus funciones en cinco causas vinculadas con delitos de lesa humanidad. Los casos son previos al golpe de Estado y posteriores a 1983.
Se lo responsabilizó de inacción a la hora de investigar denuncias por tortura y vejaciones en la D2 mendocina, y de haber cerrado en 1987 una causa por robo de bebés de desaparecidos aplicando la ley de Punto Final, cuando la norma no amnistiaba ese delito. Y, además, de haber investigado en 2007 una denuncia contra el jefe de la VIII Brigada de Montaña de Mendoza, Juan Pablo Saá, de quien era amigo.
Miret estuvo suspendido desde septiembre y había pedido su renuncia al Poder Ejecutivo, quien había postergado su intervención por el jury iniciado por el Consejo de la Magistratura.
El jury entendió que Miret como juez subrogante tuvo "noticia verosímil y directa de delitos cometidos contra varios detenidos puestos a su disposición a manos de integrantes de grupos de tareas de la policía mendocina".
"Puede concluirse sin hesitación que el magistrado debió haber actuado conforme lo establecía la legislación vigente, identificar a los responsables de vejaciones, torturas y robos de los que tuvo conocimiento y sin embargo, omitió toda diligencia procesal en ese aspecto", afirmó el fallo.
La referencia es a un grupo de militantes y delegados sindicales detenidos por la policía mendocina en febrero de 1976 y llevados al D2 de Mendoza donde -según relataron en el jury- fueron sometidos a violaciones reiteradas, torturas y otros delitos, precisó la agencia DyN.
Miret debió, "ineludiblemente" como juez de instrucción, formar la correspondiente investigación y al no hacerlo mostró "una conducta incompatible con el ejercicio de la magistratura en un acto de mal desempeño y que podría eventualmente constituir la comisión de un delito", algo que es materia de investigación en la justicia federal de Mendoza.
El jury advirtió que si bien Miret era juez subrogante -su cargo efectivo era defensor oficial- tenía las mismas obligaciones que los magistrados designados en su cargo y tenía "que actuar de acuerdo a la normativa vigente y que establecía la obligación de investigar delitos de su competencia y denunciar aquellos de los que tomara conocimiento".
Miret "dejó librados a su suerte" a los detenidos imputados entonces por delitos de subversión "soslayando el drama del D2 y sin asumir mayores responsabilidades cuando era su deber ineludible hacerlo", consignó el veredicto del jury.
Por voto mayoritario y disidencia de dos consejeros, el senador Eric Calcagno y el diputado Jorge Landau, se descartaron los cargos que enfrentaba por cerrar una pesquisa relativa a una beba robada en la dictadura y que recuperó su identidad 30 años después y por lo ocurrido a Luz Faingold, detenida a los 17 años en febrero de 1976, violada y enviada luego a un instituto de menores por Miret.
El cuerpo estuvo presidido por el juez Carlos Bossi e integrado por su colega Alejandro Tazza, los senadores Eric Calcagno y José Manuel Cano, los diputados Jorge Landau y Daniel Katz y la abogada Verónica Pedrotti.
12 de marzo de 2011
11 de marzo de 2011
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desde las entrañas del terror


Miguel Ángel Calabozo, un sobreviviente de la ESMA que declaró por primera vez. Lo secuestraron en noviembre de 1978. Mataron a su compañera. Lo torturaron. Pasó por el staff y la Pecera. Declaró ayer por primera vez. Contó que a la ESMA también iban con frecuencia militares uruguayos.
[Alejandra Dandan] Argentina. Nuevamente la Escuela de Mecánica de la Armada en sus dimensiones más siniestras. A Miguel Ángel Calabozo lo secuestraron el 18 de noviembre de 1978, a la espera de un compañero en una pizzería de Pompeya. Militaba en Montoneros, le habían secuestrado un año antes a su compañera, embarazada de cuatro meses, a la que ejecutaron antes del parto, pasó dos Navidades en la ESMA, a una de las cuales la describió como una escena del "neorrealismo italiano", y a poco de llegar lo sometieron a trabajo esclavo en el staff. Ante el Tribunal Oral Federal 5, durante la audiencia de ayer, contó por primera vez el relato de ese infierno. Entre el público, no sólo estaban aquellos sobrevivientes que todavía no lograran escucharlo con tranquilidad, sino su hijo, a quien intentó hacerlo partícipe de lo que hasta ahora no había podido terminar de decirle.
Miguel Ángel no habló de corrido; no hizo gala de nada. Enumeró momentos, situaciones desordenadas, como puede hacerlo un detenido sobre lo que sucede en los tiempos monocordes de una prisión. Pese a las escenas delirantes, sus tonos no cambiaban. Habló de las visitas con un carcelero a un autocine; de un partido en la cancha de River; de las vueltas a su casa en colectivo, en salideras planeadas por los represores para extender –como dijo alguna vez uno de los fiscales– el sistema del terror fuera de las fronteras del centro clandestino. Y mencionó los nombres de aquellos que "cayeron" por él, al cantar una cita.
En su declaración, hubo datos novedosos para la causa pese al paso del tiempo y la extensa revisión de la ESMA. Mencionó a dos militares uruguayos en el centro clandestino y la idea de una cremación de Rodolfo Walsh. Hasta ahora no había hablado porque cuando lo intentó durante el Juicio a la Juntas se había desatado una revuelta y el fiscal Julio Strassera, dijo, le dijo que no hacía falta que declarase.

El Comienzo
Miguel Ángel se sentó alrededor de las diez de la mañana en la pizzería de Pompeya. En una mesa aparte, un grupo de marinos de civil lo vigilaba. Tenían unos walkie talkie, y Miguel Ángel los imaginó como un grupo de amigos que se organizaban para el fútbol. Con esa memoria entrenada por los prisioneros, ayer mencionó uno a uno los nombres de cada uno de los ocupantes de esa mesa: Alfredo Astiz, que poco después manejó el Fiat 128 naranja con el que se lo llevaron a la ESMA; Gerónimo (Adolfo Miguel Donda Tigel); Gerardo; Fafa (Claudio Orlando Pittana), que tiempo después se confesaba como parte de la Triple A, y Claudio, un suboficial de Prefectura (Juan Antonio Azic).
En el sótano de la ESMA recibió la primera paliza grave, dijo. Lo torturaron. "Se presentó el capitán Acosta llamándome por mi nombre de guerra, diciéndome que él era Dios, que tenía que cantar, que ellos tenían todo el tiempo del mundo y que yo era un pedazo de carne con dos ojos y que estaba a su disposición, cosa que evidentemente después se demostró que era cierto." El Tigre Acosta lo enfrentó con otro secuestrado. Escuchó además a Jorgelina Ramos, que había caído un año antes con su mujer, Mariel Silvia Ferrari, en la Iglesia de Pompeya. Mariel estaba embarazada. Tiempo después, él supo que no había sobrevivido: uno de sus compañeros le dijo que aparecía como "trasladada" en ciertos archivos y que alguien le había dicho que habían cometido un error, porque no se le notaba la panza.

El Staff
Después de los interrogatorios y picanas, entró al "staff". "Eso implicaba que el régimen fuera menos riguroso con relación a otros detenidos", explicó. Para el otoño, lo mandaron a la Pecera, un lugar de oficinas vidriadas que al fondo tenía un comedor en el cual comían y se reunían a hacer lo que llamó "informes políticos". Durante ese período, conoció a dos militares uruguayos, vestidos usualmente de civil que ingresaban periódicamente a la ESMA. No se acordó de los nombres, pero dijo que tanta era la familiaridad que en una ocasión le apostó a uno de ellos un paquete de cigarrillos: Miguel Ángel aseguraba que Somoza iba a perder en Nicaragua, el otro que iba a ganar. "Ellos venían a la ESMA y hablaban conmigo, me describieron con lujo de detalles métodos de tortura de ellos, hacían alarde de cómo torturaban a una madre arriba de su hija o a la hija arriba de la madre para torturar a las dos a la vez."
Adentro de la ESMA elevaba los informes con un alias, un número de identificación alusivo al GT 3.3.2. En el primer tiempo escribía a mano; para los informes de los diarios usaba una Olivetti eléctrica: la suya, la misma que usaba en su casa.

Las Salidas
Los militares pensaban que él y otros secuestrados estaban "en un proceso de recuperación entrecomillas", explicó. "No sé cómo surge eso, pero algunos nos dicen: ‘Ustedes son recuperables, van a realizar tareas’." A mediados del ’79, uno de sus compañeros se iba a Venezuela. En la ESMA se hizo una despedida en la que estuvo Emilio Massera: "Hizo un discurso diciendo que vamos a estar en el mismo lugar, juntos, y que podíamos compartir otras cosas, que eso que estábamos viviendo era nada más que una circunstancia".
En el alegato de la fiscalía de Alejandro Alagia, en el circuito integrado por los centros clandestinos del Banco-Atlético-Olimpo se encuadraron las visitas que muchos prisioneros hicieron a sus familiares como otra de las dimensiones del terror. Un modo de paralizar a las familias, alentar la falsa posibilidad del regreso, evitar las denuncias, someter a esos grupos de familiares al encierro.
"Al principio eran conversaciones telefónicas", explicó Miguel sobre sus propias visitas. "Primero cada quince días, después me llevaban una o dos horas; el primer día me lleva Ricardo Miguel Cavallo, que evidentemente queda a mi cargo", dijo pronunciando la doble elle con "y" como si buscara acentuar la idea del "cabayo".
En el ’79 se enteró de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. "Estábamos informados porque leíamos todos los diarios y revistas; fue un momento de gran conmoción porque no sabíamos cuál iba a ser la decisión sobre nosotros: una de las variables era que nos mataran."
Los marinos llevaron a un grupo de prisioneros a la isla El Silencio de el Tigre, que había sido de la Curia. En marzo de 1980 fue liberado. Ricardo Cavallo se lo dijo poco antes: "Mirá, mañana te vas de alta". Pero, dijo, "tuve que seguir teniendo llamadas y teniendo reuniones incluso una vez. Hasta que en un momento, al año y medio, me fui a vivir a Salta", dijo.

Walsh
Alguna vez dentro de la ESMA escuchó en el sótano un comentario como al paso: "Walsh, el escritor que tiramos a la parrilla". Evidentemente, explicó, querían decir que lo habían cremado, aunque nunca tuvo más datos. ¿Cavallo?, preguntó en un momento, ante una pregunta de uno de los integrantes del Tribunal. "Físicamente estaba mucho más flaco", dijo y cabeceó con la cabeza hacia delante. Ahí enfrente, estaba ese mismo hombre frió y duro, al que había descripto una y otra vez. "¿A quién se refiere con el gesto?", insistieron en el Tribunal. "Al señor que está entre los dos abogados, usaba bigotes y de vez en cuando también usaba anteojos".
11 de marzo de 2011
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violación en la cárcel


Tras la denuncia del desarmadero, en el penal de San Martín violaron a un preso. Después de publicada la información en Página/12 sobre las actividades ilegales en el penal, fue desplazado un oficial de poca relevancia. Los presos denunciantes están siendo derivados a otras cárceles. En el penal, no elevaron la denuncia del preso violado.
[Horacio Cecchi] Argentina. Una semana después de la denuncia de que en la Unidad Penal 48 los presos salían a robar autos, que había un desarmadero y venta de drogas, el Servicio Penitenciario Bonaerense desplazó a un oficial que aparece escrachado en fotos y denuncias de los presos. La medida fue tomada un día después de publicada la información en la tapa de Página/12. A su vez, a los denunciantes, presos universitarios a quienes el director del penal los conoce como "los retobados", comenzaron a apartarlos del pabellón de estudiantes, para derivarlos luego a otras unidades, donde serán recibidos no precisamente con las palmas. Pero en tanto, el lunes 7, a las 2 de la madrugada, dos internos violaron a otro después de que la guardia liberara el pabellón. El delito no fue denunciado ni por el médico que lo atendió ni por la guardia. Al día siguiente, otro preso fue internado en un hospital externo después de que le atravesaran un pulmón de un facazo.
El oficial se llama Eloy Guerra. Es el mismo que, según consta en el expediente judicial, aparece en fotos junto a un grupo de presos, todos vestidos con partes del uniforme del SPB y que fuera denunciado como proveedor de armas, marihuana, pasta base, cocaína y Rivotril, según informó en su nota el periodista Horacio Verbitsky.
Ocho días después de presentada la primera denuncia sobre el desarmadero penal y la banda de presos y carceleros, y horas después de que fuera pública la información, comenzó el castigo sobre los denunciantes, los internos estudiantes universitarios a quienes comenzaron a alojar en otros pabellones, para luego enviarlos a otros penales. A juzgar por los antecedentes, el castigo era previsible: según confió a este cronista un investigador del fuero judicial de San Martín, el director de la unidad, Raúl Galeano, suele decir que "el problema en el penal son los estudiantes, que siempre se me retoban".
Mientras tanto, pocas horas después de publicada la nota en este diario, dos internos violaron a un preso que fue arrojado a la celda luego de liberar el pabellón, es decir, abandono de la guardia. La víctima, de 28 años, de conducta ejemplar 10 en los últimos tres años, estaba alojado en el penal contiguo, la U46. Sin motivo valedero informado, el domingo a última hora fue trasladado a la U48. Lo enviaron al peor pabellón, según consignan presos, abogados y funcionarios judiciales: el Pabellón 12, de Tránsito. Hacinado al doble de su capacidad, al recién llegado lo entregaron en la celda 2, donde fue atacado por dos de los tres internos, le asestaron varios facazos –uno le provocó una herida importante en un brazo– y le robaron las zapatillas. Después de controlado, lo violaron.
Ayer, el Comité Contra la Tortura, de la Comisión Por la Memoria, presentó un hábeas corpus protectivo a favor de la víctima. En el texto cita la denuncia de uno de los testigos quien aseguró que "al momento del hecho se encontraba un oficial de apellido Lavallén, quien dejó actuar a los detenidos y según nos comenta le dijo: ‘Denunciame, total tu jueza ya me cagó la vida’, y se retiró del pabellón". El inspector de vigilancia adjutor Ezequiel Lavayén es quien recorría el 12 en ese momento. La jueza a la que se refiere en la denuncia es María del Carmen Rodríguez Melluso, del Juzgado de Ejecución 1.
Luego de la violación, la víctima fue trasladada a sanidad, donde lo primero que dijo al médico fue: "Fui violado y quiero denunciarlo". El médico le suturó el brazo, lo revisó y sacó la conclusión de que tenía algún rasponcito en el ano. Tampoco hizo la denuncia como corresponde por tratarse de un delito gravísimo. La reacción de la guardia fue de tarde de siesta de pueblo: levantaron el teléfono y llamaron a la fiscalía 3. "Si fue violado comuníquese a la 14", respondieron desde la fiscalía. La 14, donde se encuentra el fiscal Miguel Angel Vieira Miño, es la unidad de investigación de Delitos Sexuales. Los guardias cortaron pero no volvieron a llamar. El secretario de Ejecución Penal de la Defensoría, Juan Manuel Casolati, se enteró el martes 8 a las 22.30 por un llamado telefónico del familiar de un preso, poniéndolo en aviso de que en "la celda 2 del pabellón 12 hay un preso violado".
Casolati se presentó el miércoles por la mañana y recibió el testimonio de la víctima, hizo un acta, y constató que las actuaciones realizadas por la guardia no habían superado la prueba del primer llamado. Ayer, se presentó en la fiscalía 14 para realizar la denuncia por violación, dio testimonio y entregó el acta correspondiente. En su testimonio citó que "los internos denuncian que el Servicio entrega muchachos a los presos pesados".
Ayer se agregó el hábeas corpus presentado por los internos universitarios a la jueza Rodríguez Melluso. En él solicitan dejar de ser desplazados del pabellón universitario y trasladados a otros penales, pidieron mantener la posibilidad de continuar con sus estudios, reclamaron por la comida y el cese de los hostigamientos.
11 de marzo de 2011
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citación con rótulo equivocado


Críticas al tribunal de la causa ESMA porque convoca a testigos que deberían declarar como acusados. Juran decir la verdad, pero a la vez pueden evitar autoincriminarse. Mañana está convocado Rafael Carlos de Elía, quien ya está imputado en la causa.
[Alejandra Dandan] Argentina. Pese a la oposición de los organismos de derechos humanos que integran las querellas, pese a la denuncia de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación y al requerimiento de indagatoria de la fiscalía de Eduardo Taiano, el Tribunal Oral Federal 5 convocó a declarar –para mañana viernes– como testigo en el juicio oral por la ESMA al marino Rafael Carlos de Elía. De Elía fue subjefe de la Base Aeronaval Comandante Espora de 1977 a 1979, y jefe interino durante un período de cuatro meses. La base aeronaval, que estaba a una hora de vuelo de la ESMA, tenía el personal, los instrumentos técnicos y logísticos para los traslados de los cautivos del centro clandestino. De Elía, que es experto en hidrografía naval, está imputado en la megacausa ESMA porque bajo sus órdenes se hallaba el piloto Emir Sisul Hess, con procesamiento confirmado por la Cámara de Apelaciones, por su intervención en los vuelos de la muerte.

La Polémica
La citación a De Elía se produjo cuando las querellas están cuestionando la participación de varios marinos como testigos convocados por las defensas. Su caso es tal vez uno de los más paradigmáticos. Hace unas semanas, sin embargo, declaró Ramón Antonio Arosa, jefe de la Armada entre 1983 y 1989 y quien aunque fue jefe de la democracia escaló posiciones durante la represión. Durante su testimonio dijo aquello de que el operativo de inteligencia de Alfredo Astiz en la Iglesia de la Santa Cruz resultó "exitoso", pero que la Armada se equivocó al no esconderlo y enviarlo enseguida a París.
Pese a eso, el caso que disparó la polémica a comienzos de febrero fue el de De Elía, que debía presentarse en ese momento. Las querellas de los organismos de derechos humanos, que suelen mantener posiciones distintas frente estos testigos, en este caso aparecieron encolumnadas.
El problema es que una persona que se presenta a declarar en calidad de testigo está obligada a decir la verdad, bajo juramento. Al comienzo de la audiencia, debe escuchar al presidente del tribunal que le pregunta si tiene un interés específico con el resultado de la causa o su interés es que se haga justicia. En general, todo el mundo responde que el interés es el de la justicia. Pero por su vínculo con Hess, la respuesta de De Elía podría ser bastante más complicada: "En realidad, en la base de la convocatoria hay una contradicción –explicó Carolina Varsky, abogada del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)–, porque va a declarar sobre hechos por los que por otra parte está siendo imputado".
Todo testigo debe decir la verdad pero no puede autoincriminarse. Por esa razón, ante casos similares, el TOF 5 limita la batería de preguntas que podrían llevar a que el testigo deba decir algo contra sí mismo. Eso es lo que supuestamente sucederá mañana viernes con De Elía. Y una de las razones por las que la fiscalía de Pablo Ouviña –a cargo de la acusación– suele agarrarse la cabeza: en esas condiciones y con el poder de las preguntas cercenado, dicen, la presencia de un testigo no sirve o sólo avala la postura de los acusados.
Para salvar el problema, Ouviña planteó en algún momento evitar el juramento. Una situación compleja: rechazada por el TOF 5 y cuestionada por algunas de las querellas, no sólo por las garantías del testigo sino porque sin el juramento de verdad, la palabra del testigo no podría ser bien valorada como prueba. Pese a eso, y en situaciones similares, en otros juicios prosperaron pedidos del tipo. Uno de ellos fue el juicio oral por Mansión Seré, cuando se presentó a declarar como testigo Miguel Angel Ossés, comandante de operaciones aéreas entre 1976 y 1978. En ese caso Félix Crous dejó de hacer preguntas, y pidió relevarlo del juramento. La medida se aceptó y a la hora de la conclusión del juicio, la fiscalía elevó el testimonio para que se inicie una causa. Ossés hoy está procesado.
"Acá lo que hay que decir es que durante el terrorismo de Estado lo que hubo fue una asociación ilícita", dice Ana María Careaga, sobreviviente del circuito Atlético-Banco-Olimpo e hija de Esther Ballestrino de Careaga, una de las madres de la Plaza de Mayo secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz durante diciembre de 1977 y cuyo traslado es una de las acusaciones contra Hess. "Esa asociación fue diseñada y planificada para lograr el control social; hay que decir que se secuestró a miles de personas y que las Fuerzas Armadas, como estructura organizada, estuvieron encolumnadas en la represión. Por eso es asociación ilícita. Entonces, pensar que puede haber determinadas personas que por su responsabilidad en la estructura jerárquica no hayan tenido nada que ver, cuando estuvieron en distintos tramos claves de esa esta historia, es desconocer cómo estaba la estructura de la represión, y la verdad es increíble."
La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación denunció los antecedentes de De Elía a comienzos de febrero ante el juzgado federal de Sergio Torres, a cargo de la megacausa de la Escuela Mecánica de la Armada. En ese momento, Pablo Barbuto, del equipo jurídico de la Secretaría, ya le advertía al juzgado que De Elía había sido citado a declarar como testigo en el juicio oral de la ESMA. Torres pasó la denuncia a la fiscalía de Taiano, que evaluó el caso, los antecedentes y elevó el requerimiento para la indagatoria, un pedido que para los organismos de derechos humanos ya ubica a los acusados en situación de imputados. Nada de eso sin embargo detuvo al TOF 5, a cargo de Daniel Obligado, que igual decidió convocarlo.

Espora
Entre abril de 1977 y abril de 1979, De Elía se desempeñó como subjefe de la Base Aeronaval Espora de Bahía Blanca. Durante ese período mantuvo un interinato como jefe de cuatro meses. Luego pasó a Hidrografía Naval y luego revistó en el destructor Storni, en el Estado Mayor Conjunto de las FF.AA. y en la Dirección General de Personal. De acuerdo con los datos acumulados en la causa que se instruye en Bahía Blanca, investigados en la fiscalía de Abel Córdoba, el rol de la Base Espora en la lucha contra la subversión es claro: la base estaba contemplada en el Placintara, el Plan de Contrainsurgencia Terrorista de la Armada Argentina, que en 1975 contempló el lanzamiento de prisioneros vivos al mar. En la propia base, explicaron desde la fiscalía, había una dependencia de Inteligencia Naval ubicada en la cabecera de la pista de aterrizajes. Y contaban con los instrumentos logísticos y operativos para los traslados de los prisioneros de las distintas Fuerzas Armadas. Hess es uno de los vínculos entre la Base Espora y la ESMA, cuyos marinos encontraron ahí los medios necesarios para la ejecución de los vuelos y los traslados.
De Elía tuvo a cargo a Emir Sisul Hess, procesado por su participación en los llamados "vuelos de la muerte". De acuerdo con los datos de la megacausa ESMA, el hombre que se recicló como empresario de turismo y hacía alarde ante sus empleados de haber tirado a las víctimas desde el aire desde donde parecían "hormiguitas", realizó 145 vuelos en el año 1976 desde la Primera Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros que funcionó en la Base; y 173 vuelos en 1977. Hess que está procesado entre otros casos por los traslados de las víctimas de la Iglesia de la Santa Cruz, tiene en su legajo una sanción dispuesta por De Elía en noviembre de 1977. Esto es clave para evaluar el vínculo con el jefe.
"Esa facultad de sancionar a alguien es muy relevante", dijo el fiscal Córdoba en diálogo con Página/12. "De allí puede deducirse que tenía la supervisión concreta de las actividades de su subordinado, podía impartirle órdenes, corregir su actuación y directamente impartirle las ordenes que quisiera ejecutar, contando para eso con la incondicionalidad del ejecutor. Es central ese dato, nadie en una institución disciplinada como las Fuerzas Armadas tiene margen de libertad, salvo el que le permite el superior. Con lo cual, en el plan represivo la conducta del subordinado, involucra la del superior, por eso se habla de cadenas de mandos y no de estratos inferiores o superiores."
Esa línea es por la que se pidió la indagatoria de De Elía. Pero la idea de la cadena de mandos no sirve para exculpar a Hess: con la confirmación del procesamiento a través de la Cámara de Apelaciones, indica una de las abogadas de las querellas, quedó claro que su jefe sabía lo que hacia y dejaba de hacer.
10 de marzo de 2011
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interrogan a guerrieri


Pascual Guerrieri fue indagado por la desaparición de Rubén ‘Tito’ Messiez. Así se expresó el represor al recordar, con cinismo, la disciplina deportiva en la que competía. "No se quién era Messiez", dijo. La declaración de Guerrieri fue tomada en San Isidro, a donde viajaron funcionarios de la justicia federal local.
[José Maggi] [Argentina] El ex jefe de la inteligencia militar en Rosario durante la última dictadura militar, Pascual Guerrieri fue indagado el miércoles 2 de marzo por la desaparición de Rubén "Tito" Messiez, ocurrida en 1977. Con desapego por la causa en la que se lo imputa, Guerrieri mostró su costado más cínico en sus respuestas. "En el ’77 mi problema era el sable, no Messiez, no sé quién era", apuntó en referencia a la disciplina deportiva en la que competía, para arremeter luego con una crítica: "Creo que este es un juicio político a través de la justicia, y ustedes son unos soldados en primera línea", les dijo mirando de frente al juez federal Marcelo Bailaque y a la fiscal federal Mabel Colalongo, quienes frenaron de inmediato el ímpetu del septuagenario militar.
Sin embargo, a renglón seguido, Guerrieri volvió a sorprender, en este caso con un análisis político. "Quiero decir lo que dijo (Carlos) Reutemann ayer: ’luego de la muerte de Kirchner, se produjo un corrimiento de sus militantes a su izquierda’, es esto lo que vengo diciendo y concuerdo con ello", indicó el militar retirado blandiendo entre sus manos un recorte periodístico de esa misma semana con las consideraciones del ex piloto de Fórmula Uno. Para cerrar su atípica declaración, Guerrieri echó mano a una figura automovilística: "No se puede vivir toda la vida mirando por el espejo retrovisor, mirando para atrás porque a la larga vas a chocar. Hay que mirar para adelante".
Guerrieri era el Segundo Jefe del Destacamento de Inteligencia 121 dependiente del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército. El delito que se le imputa es la privación ilegítima de la libertad, mediando violencia y amenazas, torturas y posterior desaparición física del militante comunista, que fuera secuestrado el 22 de agosto de 1977 a las 11 en cercanías de la fotocopiadora La Manija ubicada entonces en Entre Ríos al 700, y trasladado luego al centro clandestino de detención conocido como La Calamita.
La declaración de Guerrieri fue tomada en San Isidro, hacia donde viajó una delegación de funcionarios de la justicia federal rosarina, que pudo escuchar frases más que simbólicas sobre el reconocimiento de la metodología aplicada en la represión: "Acá se habla de la famosa doctrina de la seguridad, cuando a mi nunca me llegó en la mano la doctrina de seguridad francesa ni norteamericana, acá las cosas se hacen a la argentina. Este no es el ejército suizo, acá se trabaja en la Argentina". Y después se justificó: "Conozco a muchos de los muchachos que estuvieron en la guerrilla, entiendo que tenían una idea pero no vinieron con los libros, vinieron con las armas a pelear y el Ejército cumplió su función", aunque a renglón seguido se defendió argumentando que "era un cuadro intermedio y recibía órdenes".
La comitiva también escuchó tramos desopilantes para una indagatoria judicial como el pedido que hiciera el especialista en inteligencia militar "para que los argentinos lleguemos a una comunión de perdones de ambos lados, lo que nos va llevar a iluminar nuestras mortajas que están negras, e iluminarlas con los colores de nuestra bandera".
Por momentos el ex militar se intentó erigir en juez de sus verdaderos jueces, con las frases ya descriptas, aunque intercalando actitudes de autocompasión y de victimización: "Soy católico apostólico romano, creo en la justicia divina, Jesús en vos confío, estoy muy mortificado, enfermo, preso con una pena perpetua que con 76 años es una pena de muerte. A veces pienso que me queda solo la pistola, que no la tengo porque la he entregado", balbuceó en su declaración.
Al cierre Guerrieri optó por usar su tiempo en un pedido personal: "Es un pedido médico, quiero que me autoricen a caminar dos veces por semana algunos metros porque sino me dijo el médico que voy a quedar rengo". Lo hizo en alusión a una dolencia que lo aquejaría y que lo obliga a deambular con un bastón, que también blandió en distintos momentos, provocando el nerviosismo de los presentes. Dolencia que en otras épocas no le impidió jugar rutinariamente al tenis, como cuando lo descubriera el periodista Daniel Tognetti de Caiga Quien Caiga.
10 de marzo de 2011
©rosario 12

murió martha ferro


Trotskista, alumna de Letras, amante de los beatniks a los que se fue a buscar a Nueva York, parte de las redacciones más emblemáticas de Policiales de las últimas décadas, Martha Ferro se volvió una cara conocida con el documental Tinta roja, de Carmen Guarini.
[María Moreno] Argentina. Pero para entonces ya llevaba décadas como la cronista más entrañable y popular del género: con una red de informantes informales en los barrios, conocedora de la calle y de la policía, atendía denuncias en la redacción, abría expedientes propios y se especializaba en lo que denominó "el policial tramontina". La semana pasada, Martha Ferro murió y Radar la despide recorriendo sus anécdotas, sus años de sangre y también los de poeta en Nueva York tras la pista de Ginsberg y Kerouac.

Martha Isolina Ferro murió a medianoche entre el día viernes 25 y el sábado 26 de febrero. La precisión del dato, que me acercó su amiga Adriana Carrasco, no es forense, aunque tratándose de la más entrañable cronista de policiales que quedaba, no desentona, sino porque a ella le hubiera gustado esa precisión: era astróloga.
Todo el mundo cree que Martha Ferro nació en Olavarría. Pero no, era porteña. Lo que pasa es que Olavarría era una ciudad que se le impuso desde que, cuando era chica, vio en medio de la plaza una rayuela que había dibujado la militante montonera Norma Arrostito, como ella, una muchacha de mala conducta.
Cuando estaba en Buenos Aires Martha nunca estuvo muy lejos de La Boca, adonde formó a por lo menos tres generaciones de titiriteros. Decía que era para sacar pibes de la pasta base o del cartón por peso: usaba los clásicos de papel maché, nada de goma eva.
Trabajó en La Voz, ¡Esto! y Crónica. Fue militante del PST –en donde dirigió la revista de género Todas–, activista gremial, maestra titiritera y protagonista del documental de Carmen Guarini ‘Tinta roja’. El honor mayor que reconoció haber recibido fue que se bautizara Martha Ferro a una biblioteca infantil y juvenil de la calle Necochea.
Hasta aquí la necro oficial. Ahora, Martha ¿podemos empezar la joda?
En su ficción autobiográfica no falta el tradicional mito de origen: "Yo ya de chica hacía notas denunciando al almacenero que vendía menos de lo que tenía que vender. Hicimos todo un operativo de inteligencia con mi hermana y otra piba. Publicamos una hoja en mimeógrafo. Y fue un problema porque el tipo fiaba".
No leía novela negra, vivía en novela negra.
En ¡Esto!, cuando la dirigía Pancho Loiácono, cubrió el caso Giubileo con la fotógrafa Cristina Fraire. "Que a la Giubileo Dios la tenga en la gloria pero que nunca aparezca el cuerpo, pensábamos, porque vivíamos de ella: acá compraba medialunas, acá se hizo el Papanicolau, hicimos chiquicientas notas", se jactaba.
Loiácono le enseñó a mirar la escena del crimen: como en las novelas negras, un pucho apagado o una boleta de la tintorería podían llevar hasta el criminal, mejor que los pesquisas de la Federal a los que ella llamaba las SS.
Martha inventó un estilo en la tradición de los grandes cronistas populares como el Eduardo Gutiérrez de ‘Hormiga Negra’ y los radioteatros de Juan Carlos Chiappe (alguna vez me contó que le hubiera encantado titular en verso como él: "Por las calles de Pompeya llora el tango y la Mireya". Sus poemas neoyorquinos eran el secreto de pocos (el que se publica hoy es una especie de ‘Aullido’ canyengue). Se explicaba: "Antes escribía los policiales tipo Agatha Christie, pero después volví a mis orígenes porque la gente dice cuando cuenta un crimen ‘no, no me mate, se lo pido de rodillas’, pero se murió parada porque no pudo hincarlas".
Como titulera de la revista ¡Esto! fue original: cuando se encontró con un pato que estaba parado en el féretro de un asesinado y no dejaba pasar a nadie sin que lo picara, tituló: ‘El pato gay’. El cuento de ella que más me gustaba era el de la travesti Carmelita Valenzuela: "Carmelo Valenzuela era un tipo que tenía su pareja pero su pareja era un taxi boy. La madre del taxi boy no sabía que Carmelita era Carmelo: entraba a la pieza y estaba chocha con la chica que había conseguido su hijo porque cocinaba, planchaba, baldeaba todo con lavandina. Carmelita había venido de Corrientes porque ahí no la soportaban. En Rosario no le fue bien y pidió trabajo en un frigorífico. Cuando llegó, todos se le cagaron de risa entonces ella dijo que iba a trabajar un mes gratis e iban a ver que podía. Le dijeron que sí y de paso los muchachos se divertían un poco. Carmelita levantaba la media res sobre un hombro y llegó a ser delegada. Iba a trabajar con tacos altos y era muy respetada en el gremio de la carne. Un día el taxi trae a una pareja homosexual para que hagan la fiestita. Entonces Carmelita lo mató. Adiós tacos y pollera con tajo. Cuando la llevaron en cana lo único que pedía era que la dejaran pintarse los labios antes de que la vieran de varón. A ese lo visité en Olmos, después lo perdí porque lo mandaron a Sierra Chica." Cuando escribió la nota Martha había titulado ‘El travesti cuchillero’, el guapo que a Borges le faltó conocer.
No era populista, era popular: en el diario "firme junto al pueblo" en donde podía hacerle la carta natal al chorro redimido, en La Boca en donde se metía con los barrabravas cuerpo a cuerpo, en el Nueva York de los hipsters latinos y de la droga arty pero también de la política que exige jugar al truco con una camiseta con la cara de Trotsky.
Su amiga Graciela Fernández dice que la conoció así: "Se materializó en los pasillos de la estación Grand Central con una capa y sombrero de mosquetero feliz. Se había mandado a NY impulsada por Allen Ginsberg y los long-plays de The Mamas and The Papas. Me acuerdo de su inglés del principio: apenas tenía el vocabulario absurdo de los libros de Molinelli Wells. Llegó, padeció una estadía en el Alton Hotel para desocupados donde algunos negros lumpen la acosaron. Disfrutó encuentros múltiples con Mary, Peggy, Betty, Julie, rubias de NY".
Una noche de hace cinco años, Graciela Fernández y yo le hicimos, en el casino flotante de Puerto Madero, la remake de ‘Rubias de Nueva York’ a ese Gardel beat y mina que era Martha. Había cobrado parte de la indemnización de Crónica y nos dio dos lucas a cada una con la recomendación: "No se guarden nada como perejilas y, si arrugan, no traigan vuelto. Si ganan, hablamos".
Yo perdí mil, guardé otros mil y los usé en algunos viáticos para un documental sobre los presos políticos de Coronda: arrugué pero seguí el estilo de la dadivosa que esa noche se tomó varios gin tonic, se enamoró de una florista del cementerio de Chacarita y ganó pero no se fue hasta que perdió y a las tres de la mañana aceptó un remise sin dejar de hablar de la florista. Al día siguiente se despertó enamorada de otra. Venía zafando del cáncer y, fuera del diario, conservaba el estilo de dandi fuyera, astróloga y zurda.
Graciela Fernández dice que dejó dicho que sus cenizas fueran esparcidas entre Buenos Aires, Olavarría y Nueva York: "Ahí por primera vez podía ser quien era, adherir al feminismo radicalizado sin perder su fidelidad a la cocina criolla: bocadillos de espinaca impecables y radioteatro que hacíamos en casa de un colombiano: diferentes versiones de Margarita Gauthier. Vivió en el ghetto de Connecticut trabajando a favor de la infancia puertorriqueña más desmadrada que los chicos negros protegidos por los Panthers, superstars del momento. Fue comandante de las Rent Strikes (huelgas de alquiler) de la calle 6 entre la Primera y la Segunda. Era la más solidaria, la que todos visitábamos, la que rescató a Héctor Libertella después de un asalto y fueron juntos a visitar la casa de Kerouac. Andaba vestida de Trotsky, a veces de Colón. Enviaba mescalina por correo a los amigos porteños y muchas veces nos lavaba los sweaters a todos".
Esa era Martha Isolina Ferro.
[Radar agradece a Ana María Fioravanti y Néstor Latrónico la ayuda brindada para esta producción.]
9 de marzo de 2011
8 de marzo de 2011
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