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cárcel era cueva de alí babá


Presos que salen a robar y desarmaderos en las cárceles. Tres detenidos contaron a distintos magistrados que los sacan a robar entre la noche y el alba, con ropa y armas del Servicio, que los desarmaderos funcionan en las propias cárceles, donde también se venden estupefacientes.
[Horacio Verbitsky] Argentina. El martes 1º Daniel Scioli leyó un excelente discurso ante la Legislatura de Buenos Aires, en el que respaldó a su cuestionado ministro de Justicia y Seguridad, alcaide mayor del Servicio Penitenciario Bonaerense Ricardo Blas Casal. Scioli explicó que no hay contradicción entre seguridad y derechos humanos y ratificó su indeclinable compromiso con el combate al narcotráfico y la delincuencia organizada. A la misma hora, un detenido en la Unidad 48 del Servicio Penitenciario Bonaerense sorprendió al fiscal Germán Martínez al quitarse la zapatilla izquierda, donde escondía el chip de un teléfono celular. Allí había seis fotografías del detenido y de otras personas privadas de su libertad en la misma unidad. Todos lucían piezas de uniformes del Servicio Penitenciario Bonaerense, y un video en el que uno de los funcionarios de seguridad entrega un pequeño sobre a uno de los detenidos. El detenido, a quien aquí llamaremos Erre Jota, tiene 32 años y purga una condena por robo. Martínez es el titular de la Unidad Funcional de Instrucción 16 de San Martín, a cargo de estupefacientes.
La denuncia inicial la había hecho el 28 de febrero una tía de Erre Jota, quien contó que su sobrino le había dado el chip para que bajara las imágenes y le había pedido que se lo devolviera en la siguiente visita. Erre Jota contó que temía por su seguridad y la de su familia, ya que en 2008 se negó a matar a un hombre, como le exigían los penitenciarios, y su mujer recibió amenazas que se cumplieron cuando fue violada como advertencia para él. Desde entonces aceptó "realizar los trabajos que ellos me pedían, ya que mi familia se halla constantemente amenazada". Dijo que el director y el subdirector del penal y el jefe de complejo en ese momento, prefecto mayor Mario Aranda, prefecto Horacio Ruiz e inspector mayor Claudio Molina lo pusieron al frente de un grupo que ya integraban otros detenidos y les señalaron los modelos de autos que debían robar: Peugeot 307 y 405. La excepción fue un Clio 2, para reponer una parte rayada de la carrocería del vehículo del oficial Lavallén. El turno de robar para el Servicio iba de las 23 a las 6 del día siguiente, hora en que las personas decentes que claman por más seguridad se encierran en sus casas para protegerse de los delincuentes. Si no regresaban antes de esa hora se denunciaría la evasión. Para llegar a la salida del penal les suministraban partes de uniformes del Servicio Penitenciario Bonaerense, armas y teléfonos celulares. Una vez en la calle usaban esos teléfonos para llamar a conductores de remises que formaban parte de la combinación. El fiscal le mostró las fotos, impresas desde el CD que había entregado su tía, y Erre Jota reconoció en ellas al oficial penitenciario Guerra, a otros dos detenidos y a sí mismo, todos vestidos con piezas del uniforme oficial: una campera de camuflaje, una gorra, un chaleco antibalas y un escudo protector, con la sigla SPB. Dijo que Guerra les proveía armas, marihuana, pasta base, cocaína y pastillas de Ribotril. El fiscal también recibió el testimonio del detenido que aparecía en la foto con el penitenciario Guerra, a quien llamaremos Ge Be. Dijo que salía a robar para el SPB y que otro preso que se negó, al que llamaban Víctor Murgueño, fue asesinado. Mencionó al actual director, prefecto mayor Raúl Galeano, al jefe de penal Saravia, al de taller Bumarelli y al de contaduría Pozo, aunque no explicitó qué habría hecho cada uno.

¿Dónde iban a robar? –le preguntó el fiscal.
Por José León Suárez, Boulogne, San Isidro. Robamos autos modelo 307, 405 y 406.

¿Y qué hacen con ellos?
–Los llevamos al penal. Ahí hay un taller, donde un grupo de internos que saben de mecánica, manejados por el director y el jefe de penal, los desarman para la venta de autopartes.

Dijo que les pagaban 1000 o 1500 pesos, según los autos y les anotaban concepto favorable en los legajos, imprescindible para aspirar a la libertad anticipada. Contó que salieron cinco o seis veces en lo que va del año y mencionó algunos de los robos: un 405 a pocas cuadras de una panchería en José León Suárez, un Clío 2 cree que en la calle San Lorenzo, llegando a Tres de Febrero, donde hay una pollería. El oficial Lavallén, el jefe de requisa Marresi y el jefe de turno Nicolás Aquesta los llevaban a hablar con el director antes de salir, dijo. También Ge Be contó del turno de 23 a 6 y que les entregaban ropas del Servicio, armas y celulares. Dijo que con uno de ellos Erre Jota lo había filmado con el Oficial al que conoce sólo como Anteojito, quien le entregó drogas a cambio de sus zapatillas.

¿Es habitual que les entreguen drogas? –quiso saber el fiscal.
Sí, cualquier oficial se las da –contestó el hombre.

El acta judicial consigna que "como prueba de sus dichos extrae de su boca una bolsita transparente de polietileno. Dice que contiene una piedra de marihuana". El fiscal la agregó al expediente, debidamente ensobrada y firmada. Ge Be explicó que comenzaron a grabar con los celulares luego de que otro detenido matara al Murgueño, quien "no quería trabajar más para el Servicio". Contó el robo de un Renault Megane verde una madrugada de la primera quincena de enero, a cuatro cuadras de la Plaza Roca de Villa Ballester, apuntando al hombre que bajó del coche. Dijo que en la UP48 había de diez a quince autos con la patente cambiada, estacionados entre los del personal.
Un tercer detenido pidió hablar con el juez de ejecución que entiende en su legajo, Alejandro David. Dijo que en la primera semana de febrero los oficiales Lavallén, Mohame y Aquesta, le ofrecieron 1500 pesos para salir a robar. Aceptó y esa noche lo buscaron en su celda, lo vistieron con indumentaria del Servicio Penitenciario, lo sacaron del penal por la puerta trasera en un automóvil Fiat Palio de color plateado. Le señalaron una casa donde había un auto Renault Kangoo de color bordó, para que lo robara. Pero en cuanto intentó saltar el portón de entrada "se prendieron unas luces y tuvo que salir corriendo hasta el auto del personal del Servicio, que lo estaban esperando". De regreso al penal le sacaron el uniforme y lo devolvieron a su celda. Declaró que su familia tenía una foto suya con el atuendo del Servicio y que "los autos que se roban, entran al sector de Talleres de la Unidad, que funciona como desarmadero". Agregó que recibía los autos el jefe de talleres Edgardo Gumarelli, quien hace 15 días fue ascendido a Jefe del Penal. "Siempre se trabajó en connivencia con Galeano, el Director de la Unidad, y Ruiz, el Subdirector". Además, le solicitó al juez David que comprobara los golpes en la cabeza y en la espalda y los cortes en el abdomen, provocados por agentes penitenciarios debido a un no expresado "problema interno" del Servicio.

Los Universitarios
A fines de noviembre de 2010 el Secretario de Ejecución Penal de la Defensoría General de San Martín, Juan Manuel Casolati, presentó un hábeas corpus a favor de un grupo de detenidos en la misma Unidad 48 pero en el sector denominado de régimen abierto, donde se alojan los internos que estudian en la Universidad Nacional de San Martín, quienes habían sido agredidos a tiros por el subalcaide Walter Ontiveros, que estaba borracho. Otros oficiales disuadieron a Ontiveros pero luego amenazaron a los detenidos para que no denunciaran lo sucedido. Casolatti acompañó un escrito de las víctimas. Uno de ellos estaba llevando los residuos hacia los containers de basura cuando Ontiveros lo increpó:

–¡Eh Ñaca, sí, a vos, gato, te hablo, tomate el palo pa dentro negro de mierda, salí la concha de tu madre, te voy a meter un tiro, denunciero!

Era la noche del sábado 20 de noviembre. Según la denuncia, Ontiveros "desenfunda su pistola como puede, dado que se tambaleaba de un lado a otro (casi cayéndose debido a la borrachera), la carga subiendo la escalera del muro perimetral del régimen cerrado y una vez arriba comienza a disparar con su pistola reglamentaria 9mm contra Hache Ce". Otros estudiantes universitarios se tiraron al piso "ante los disparos que emanaban del arma de guerra del funcionario ebrio", mientras su blanco "huía corriendo por su vida hacia el sector de alojamiento". Minutos después Ontiveros se acercó junto a otros penitenciarios y llamó a los jóvenes: "¿Qué onda, queda todo acá o van a denunciar? Ustedes saben que si se denuncia esto tiene vuelto, digo, porque los universitarios acostumbran mandar en cana". Todos prometieron que no lo harían: en agosto había ocurrido otro ataque a balazos por parte de la misma guardia penitenciaria. Lo denunciaron y desde entonces fueron víctimas de amenazas y agresiones por parte de los funcionarios y de otros internos.

De Fiesta
Aquella vez el penitenciario ebrio que "efectuó disparos de fuego a mansalva" fue el guardia Javier Armando Ruiz. Luego el estudiante de sociología Eme Erre fue retirado a punta de escopeta de su celda por penitenciaros que lo intimaron a no denunciar lo sucedido. Los universitarios lo hicieron de todos modos. Uno de ellos, Abelardo Jesús Cabral, fue despertado por el oficial Lavallén, quien lo llevó a Control, "donde se encontraba la Comisión Directiva de la Unidad". Comenzaron a empujarlo y el subdirector Pantoja le ordenó a Lavallén que "me hincara con una cuchilla tipo carnicero". Mientras le colocaban la punta afilada en la pierna y el abdomen, el director Aranda y los subdirectores Pantoja y Ruiz le dijeron que parara con las denuncias. De regreso a su celda lo rodearon sus cuatro compañeros, que lo golpearon a puñetazos y con una varilla finita mientras le decían "denunciero y ortiba". Las heridas fueron filmadas por el secretario de ejecución penal Casolati, quien presentó un hábeas corpus por su vida. Cabral fue el testigo decisivo en la investigación del homicidio del matrimonio de Nancy Nolasco y Angel Marcos. El hombre trabajaba con el senador del PJ provincial José Manuel Molina y entre los condenados hubo policías. Uno de ellos, Hernán Ricardo Argüello, trabaja ahora en la U9 para el Servicio Penitenciario. Otra de las exigencias era que Cabral rectificara su testimonio para beneficiar a Argüello. La semana pasada fue amenazado una vez más, por el oficial Fantosi, quien le gatilló tres veces un arma descargada en la cabeza. Los detenidos en el régimen abierto también revelaron las "fiestas penitenciarias" que se realizan los fines de semana con abundante consumo de alcohol. "Concurren tanto personal masculino como femenino y grupos de prostitutas contratadas por la oficialidad superior del lugar, quienes mencionan que las mismas son procedentes de distintos prostíbulos de la zona y son traídas en las camionetas del SPB, marca Chevrolet, modelo LUV, patentes CYI-239 y ASF-630, que han sido observadas en la puerta del prostíbulo sito frente al Policlínico local".

La Negación
Ni la fiscalía ni el juzgado aceptaron informar sobre el resultado de estas actuaciones. El único que respondió a la consulta para este artículo fue el secretario general de la Fiscalía de Cámara, Alejandro Porthé. Su llamativa respuesta fue que sólo hay un video con una filmación muy precaria de un diálogo entre el detenido Erre Jota y un penitenciario de bajo rango, del que "se deduciría" que el agente le ofrece tres porros a cambio de una campera. La denuncia es remitida al fiscal Raúl Germán Martínez al juez Nicolás Schiavo, titular del Juzgado de Garantías N 5 de San Martín, quien ordenó un allanamiento en la unidad y otro en la casa del agente penitenciario, "de los cuales no surge ninguna prueba". Según Porthé no hay fotos ni se confirmó la versión que "en un principio llegó a la fiscalía de que aparecería el detenido con ropas del Servicio Penitenciario Bonaerense. Fue sólo una versión que no se desprende del material de prueba". Todo lo contrario: las fotos están entre las fojas 10 y 14 de la Investigación Penal Preparatoria 15-00-007158-11, y el CD del que provienen, en las fojas 7 y 8. Una fuente próxima a Schiavo dijo que el detenido denunció "un sin fin de delitos", pero que el juez se limitó a cumplir las medidas solicitadas por el fiscal Martínez en relación a ingreso de droga al penal, con allanamientos que dieron resultado negativo. Es decir que se ignoró la gravísima denuncia sobre el robo y desarmado de autos. El allanamiento se limitó a la UP 48 y no se extendió a las unidades 46 y 47, que forman parte del mismo complejo, en Camino del Buen Ayre y Camino De Benedetti, en José León Suárez. Fueron concebidas como alcaidías, se construyeron sobre el basural del CEAMSE por lo que el agua está contaminada y se inauguraron hace cuatro años. Schiavo es el juez que investiga los asesinatos de José León Suárez en la villa De la Cárcova, donde su desempeño hasta ahora ha sido correcto. En 2008 fue satanizado por haber concedido la prisión domiciliaria con control satelital a un detenido que salió de su casa y mató a cuatro personas, en Los Cardales. Aunque se demostró que su decisión era legítima y que la falla estuvo en el sistema de control porque el detenido se sacó la pulsera y el Departamento de Monitoreo Electrónico no lo informó, Casal promovió su juicio político, que no prosperó porque ni la Procuración General ni la Comisión Bicameral lo acusaron. Pero el caso fue utilizado para restringir la prisión domiciliaria y las excarcelaciones y también sirvió para ablandar al juez.
6 de marzo de 2011
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no estaba prófugo, no oyó el timbre


Scortechini fue localizado en su casa por el patronato de liberados. Los represores que están siendo juzgados no pueden ausentarse de sus domicilios por más de 2 horas sin dar aviso. El argumento que usó el ex policía de Feced es que no atendió porque se había cortado la luz. Y por eso se lo dio como prófugo.
Argentina. Luego de que desde la Fiscalía y los organismos se advirtiera que el represor José Antonio Scortechini había fugado, el ex policía del Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario fue localizado en su casa en la noche del jueves. El argumento que dio fue que no escuchó el timbre por un corte de luz cuando llegaron del Patronato de Liberados a constatar que estaba allí. La "ausencia" de "Archie", como era conocido entre los miembros de la patota de Feced, disparó las críticas de distintas organizaciones de derechos humanos.
Todo comenzó el jueves por la mañana cuando Scortechini no pudo ser ubicado en su domicilio al momento del control que dispuso el Tribunal Oral Nº 2 de Rosario. La justicia Federal, al conceder la libertad a los acusados, estableció reglas de conducta a las que los mismos deben someterse. Una de ellas consiste en no ausentarse de su domicilio por más de 2 horas sin dar aviso.
Por esta razón, al no haberse localizado al imputado en dos ocasiones en su domicilio por parte del Patronato de Liberados, el Ministerio de Justicia dio inmediato aviso a la Unidad Fiscal a cargo de Gonzalo Stara y Mario Gambacorta.
"La presentación se realizó a las 12 de la noche del jueves porque se confirmó que Scortechini no se encontraba en su domicilio al momento en que la justicia fue a realizar el control correspondiente a su libertad condicional. Ante este hecho, consideramos su calidad de prófugo y se solicitó al tribunal su inmediata detención", explicó Stara.
Una vez localizado en su domicilio, Scortechini, se excusó argumentando que durante las visitas de las personas encargadas de realizar los controles no escuchó el timbre, y agregó que en el primer control pudo ser por un corte de luz y en otro porque se encontraba en la parte trasera de su casa.
El fiscal Stara presentó además ante el Tribunal Federal, un pedido de revocación de libertad condicional para Scortechini, que está siendo juzgado por privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y asociación ilícita.
Scortechini como José Lofiego, Mario Marcote, Ramón Vergara y Ricardo Chomicki, están transitando el juicio en libertad, mientras que Ramón Genaro Díaz Bessone se encuentra en prisión domiciliaria.
El TOF 2 no se expidió aun con respecto al pedido realizado por el fiscal pero eso ocurriría en el transcurso de la jornada. "Es muy probable que se revoque la libertad condicional porque está registrado un incumplimiento por parte del imputado, y a raíz de este hecho también se solicitó la prisión preventiva para Marcote, Lofiego y Vergara" recordó Stara.
"Lo que ha sucedido habla a las claras de la inutilidad de los mecanismos de control dispuestos por el Tribunal. Compartimos el criterio sostenido en todo momento por la fiscalía en el sentido de que la única medida que garantiza la realización del juicio y la seguridad de los testigos y querellantes es la prisión efectiva", dijeron las abogadas de Familiares y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Gabriela Durruty y Leticia Faccendini.
"Esto es lo que ha afirmado la Corte Suprema de Justicia de la Nación en varios fallos con relación a los juicios donde se ventilan delitos de lesa humanidad y es el criterio que los tribunales inferiores deben acoger", agregaron.
5 de marzo de 2011
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niño rechaza apellido del padre


Autorizan a un niño a dejar de usar el apellido paterno. Fallo por el derecho a la identidad de David.
Argentina. Con sólo 10 años, David K. logró una sentencia judicial inédita para dejar de usar el apellido de su padre, que los maltrató a él y a su mamá, y luego los abandonó. La abogada de los demandantes, Mirna Segré, aseguró a Rosario/12 que el fallo "garantiza el derecho a la identidad". El niño "siempre deseó que así sea, porque no tiene recuerdos con su padre". Según detalló la profesional, "las situaciones de violencia comenzaron cuando la madre del chico estaba embarazada, y continuaron hasta que David tenía poco más de dos años". La abogada ahondó: "No cumplió nunca con la cuota alimentaria, pero hasta ahora la mamá del nene no ha presentado cargos sobre eso; sino que peleó por una cuestión sentimental del niño, que nunca usó el apellido del padre. Ahora la decisión del pequeño figurará en su Documento Nacional de Identidad".
La determinación del Tribunal Colegiado de Familia Nº 5, firmada por los doctores Ricardo Dutto y Marcelo Molina, que se dio a conocer el 25 de febrero pasado, selló para David y su madre un conflicto de más de siete años, cuando ya era cotidiana la violencia que el hombre ejercía sobre ambos, desde el embarazo de la mujer. La primera medida judicial, entre 2002 y 2003, fue prohibirle al padre que vea al niño, luego de habilitarse un régimen de visitas que nunca usó, continuaron la suspensión y hasta la privación de la patria potestad. "El hombre ha mostrado un total desinterés por recuperar al niño", dijo Segré.
También comentó que David -quien profesa la religión judía- "es un niño muy inteligente", y siempre tuvo en claro la situación de sus padres. Tanto que él mismo decidió dejar de usar el apellido paterno, y usar el de su mamá -que figura como segundo en su DNI-, en situaciones cotidianas. "Hace mucho tiempo se hace llamar con su apellido materno. Cuando hizo el DNI de los ocho años, firmó con su nombre y su segundo apellido, aunque en el documento figuraran los dos", comentó la letrada.
Al principio del quiebre de la relación familiar, la Justicia ordenó un régimen de visitas para el padre, que nunca lo ejerció. "Dejó de acercarse, desapareció de la vida de su hijo", comentó la abogada. "Siempre fue convocado a las instancias judiciales, pero nunca apareció. Manifestó el desinterés total por la criatura". Poco después, el hombre "revocó ese régimen, y hubo una suspensión de la patria potestad, que hace unos dos años se transformó en prohibición". Además, la familia paterna tampoco se interesó por el nene.
Con este fallo, "se plasma una situación que ya era clara y venía ocurriendo, pero que ahora hace que David confirme su identidad", consideró la profesional. De hecho, el niño fue consultado. "Es muy tajante lo que quiere David", agregó.
Por otro lado, Segré aseguró que el padre "nunca acercó ningún tipo de ayuda económica ni en especies: ni ropa, ni comida; pero la identificación de la figura paterna para el niño era muy importante". Según indicó: "La ley prevé sanciones, pero no se han iniciado acciones al respecto. En este caso primó la cuestión emotiva para que el niño crezca lo más tranquilo posible con su situación familiar y personal".
De todos modos, la profesional aseguró que el chico "no pierde el derecho a herencia" por parte de la familia paterna; y aclaró que "no elimina el vínculo filial, por lo que el padre sigue obligado a pagar la cuota alimentaria, con la que hasta ahora no cumplió".
Actualmente, David vive bajo el mismo techo con su madre, su abuelo y su abuela maternos. "Son una familia bien constituida y sólida", dijo Segré. A partir de ahora, David podrá tramitar su nuevo DNI, partida de nacimiento y documentación personal.
4 de marzo de 2011
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custodiado por sus torturadores


Denuncio a tres guardias del SPB y ahora volverá a la cárcel. Néstor Sampietro denunció torturas en la U45 del SPB en 2006. Para protegerlo le dieron detención domiciliaria con tobillera electrónica. A fines de 2010 la situación de los guardias se agravó. Ahora un tribunal ordenó regresarlo a la cárcel.
[Horacio Cecchi] Argentina. La información era contundente: decía que "un delincuente fue detenido luego de refugiarse en una facultad de La Plata". La información, surgida de las llamadas fuentes policiales, abundaba en datos como que había violado repetidamente el régimen de arresto domiciliario y la Justicia bonaerense dispuso ordenar su captura. Como ocurre siempre en que la información proviene de fuentes interesadas, se birló una parte de peso en la balanza comunicacional: el preso, Néstor Fabián Sampietro, hasta ayer mantenía régimen de detención domiciliaria con una tobillera electrónica desde hace aproximadamente cuatro años. El sistema de prisión morigerada le fue aplicado para protegerlo, luego de que estando preso en la Unidad 45 denunciara por torturas a tres penitenciarios con nombre y apellido. La balanza judicial suele tener ese rictus patético de aplicación de normas tardías o fuera de lugar: para proteger a Sampietro lo dejó al cuidado de los denunciados. Durante cuatro años, Sampietro llevó su vida sin problemas, vendiendo libros en un kiosco junto a la Facultad de Derecho y militando en la ONG de derechos humanos Radio La Cantora, mientras avanzaba el proceso contra los tres denunciados no por torturas sino por la liviana e inconsistente figura de vejámenes. Pero en noviembre, apenas el proceso se agravó y los tres denunciados pasaron a ser acusados de tortura ante la Justicia federal, Sampietro empezó a ser hostigado por sus custodios. Así, los del SPB, que no habían verificado nada en los últimos cuatro años, detectaron 55 violaciones en los últimos 90 días, suficientes para convencer al juez y traer de nuevo la gallina a la madriguera.
Entre las 21 y 21.30 del 5 de julio de 2006, tres guardias del SPB maltrataron gravemente a Sampietro en la U45 del SPB. Según el juez Néstor De Aspro, se trató de "vejaciones", ya que sólo le habían disparado balas de goma por la espalda y uno de ellos, cuando Sampietro estaba indefenso, le aplicó un culatazo en la nuca. Después lo trasladaron al Servicio de Sanidad, donde quedó esposado de pies y manos. En la investigación penal preparatoria IPP 06-00-308846-06, el fiscal Marcelo Romero imputó al alcaide Raúl Alberto Rojas, al subprefecto Martín Ernesto Marcos y al oficial adjutor Diego Demola, la aplicación de torturas, e incluyó en la acusación al médico Carlos Lazzarano. Para todos pidió la detención. En realidad, en las pruebas de la investigación se había comprobado que Sampietro fue golpeado a trompadas, pateado, le dispararon seis veces con una escopeta antitumulto con balas de goma a dos metros, le metieron los dedos en el ano y le escupieron y orinaron encima, mientras le pedían que se hiciera buchón del SPB. De Aspro consideró que torturar era demasiado, ordenó la detención pero por vejámenes y dejó fuera del caso al médico.
Para protección de Sampietro, se le concedió la morigeración de prisión, detención domiciliaria con tobillera electrónica. También se le concedió salida laboral, con lo que desde su casa, en Berisso, tenía la posibilidad de dirigirse a la Facultad de Derecho de la UNLP, donde vendía libros en el kiosco de enfrente. Estudiaba en la facultad de periodismo y colaboraba en ollas populares, lo que en principio no generaba complicaciones con los penitenciarios que lo controlaban. Así fue durante cuatro años.
Hasta que a fines de noviembre del año pasado, el caso, elevado a juicio, llegó al juzgado correccional 4 de La Plata, a cargo de la jueza Claudia Grecco. La acusación pidió ampliar a torturas y la jueza aceptó el pedido, consideró agravada la acusación y se apartó porque excedía su jurisdicción para que el caso sea analizado ante un tribunal oral criminal. Dos días después, Sampietro empezó a ser hostigado por sus custodios, colegas de los tres procesados. Lo llamaban a cualquier hora, lo buscaban en su casa sabiendo que estaba en el trabajo, le fueron armando causas por la supuesta violación de la detención domiciliaria. Cuando reunieron 55, la semana pasada, presentaron la denuncia ante la Justicia. Los jueces del tribunal oral 4 platense, Emir Caputo Tártara, Juan Bruni y Gloria Berzosa, se convencieron rápidamente de los incumplimientos de Sampietro, revocaron la pulsera y lo mandaron preso. Sampietro presentó una revocatoria de la revocatoria y un hábeas corpus, y entró a la facultad donde no lo podían detener. Durmió esa noche y luego se dirigió a lo de su tutor en Berisso, desde donde acudió al tribunal, ya sabiendo que sería detenido. La Comisión por la Memoria pedirá hoy ser tomada como amicus curiae en la causa y recordará a los jueces que una víctima de torturas no puede ser custodiada por sus torturadores, tal como lo exigió el Comité de DD.HH. de la ONU y el relator de personas privadas de libertad, perteneciente a la CIDH, en su última visita.
4 de marzo de 2011
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habló vecina de rodolfo walsh


El relato de una vecina de Rodolfo Walsh en San Vicente. Los represores entraron a su casa buscando al periodista. Le gritaron y apuntaron. Ella les dijo dónde vivía "el profesor". "Fue como una película. Decían: ‘Uno, dos, tres’ y ¡pum! Tiraban como granadas", recordó uno de sus hijos.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Señora –le preguntó el presidente del Tribunal, al abrir la audiencia con el protocolo de todos los días–, ¿tiene algún interés especial en la causa o su objetivo es que se haga justicia?" Yolanda Mastruzzo, calabresa, con el dialecto reverberando todavía detrás de cada palabra y sus 77 años de edad, le soltó: "No, si estoy acá por eso; vengo por el susto que nos pegamos esa madrugada, ¿vio?".
Esa madrugada es la del sábado 26 de marzo de 1977, dentro del mundo de calles de tierra y casas sin tendido eléctrico de uno de los barrios obreros de San Vicente. El día anterior, el periodista Rodolfo Walsh había sido atacado por una patota de la ESMA en San Juan y Entre Ríos. Llegó muerto o casi muerto al centro clandestino.
Mientras dormía, Yolanda oyó sacudones en la puerta, y el grito y la orden de: "¡Salgan todos con las manos levantadas!". Ella se levantó de la cama de un salto y salió con su marido a la calle, amarrados a una linterna. Ante el paredón de luces y las órdenes, el marido intentó apoyar la linterna en el suelo porque "¡mire si la íbamos a tirar!".
"¡Así no, carajo!", les gritaron, y el marido largó todo como pudo. "Eran las cuatro de la mañana cuando en un momento vemos que empezaban a apuntarnos a nosotros, diciendo que nos quedáramos con las manos arriba –explicó–, que nos iban a matar a todos, entonces mi esposo y yo le preguntamos a ese señor qué buscaba."
Yolanda todavía es ciudadana italiana. No se acuerda su número de documento, pero no puede olvidarse de lo que pasó. Convocada por el Tribunal Oral Federal Nº 5 a cargo del juicio por los crímenes de la ESMA a pedido de la querella de Patricia Walsh, escuchó las preguntas: "Justamente, queremos saber qué le pasó a usted esa noche, si todavía lo recuerda después de tantos años", preguntó la abogada Myriam Bregman, de Justicia Ya!
"Buscaban a una pareja", explicó Yolanda. "Discúlpeme –le dijo en ese momento al hombre que la increpó–. Nosotros somos un matrimonio, tengo tres chicos adentro." Uno de los hombres fue "adentro de la pieza, los chicos estaban llorando abajo de la cama del susto que nos llevamos, y de la parte de adelante de la casa también nos apuntaban a nosotros".
Hace años, Yolanda declaró ante un Tribunal de Justicia Militar lo que había pasado ese día. Nunca volvió a hacerlo hasta ahora. En esa ocasión mencionó que cuando uno de los uniformados entró a la pieza, intentó buscar a tientas la perilla de la luz. "¿Qué luz?", preguntó ella, porque en la casa no había luces y en el barrio la gente se iluminaba con el sol de noche. El dato, que volvió a aparecer ayer, siempre fue importante para quienes todavía intentan reconstruir lo que pasó con la casa de Walsh, porque es una señal de que los integrantes del operativo eran de otro lado.
"Esta casa no es la que usted está buscando", les dijo Yolanda en ese momento, y les señaló la casa del otro lado del cerco. "El hombre es un profesor", les dijo ella. "¡Ma qué profesor! –respondieron los otros–. ¡Flor de extremistas son!"
Walsh se había mudado a San Vicente en diciembre de 1976 con su compañera Lilia Ferreyra. Para los vecinos, era un profesor de inglés retirado al que cada tanto veían pasar con un changuito de compras y con quien alguno de ellos se paraba a conversar sobre los pájaros. En marzo de 1977, Yolanda llevaba apenas veinte días en el lugar, recién se había mudado. Dijo que a él le decían "Beto" y a ella "Betty". "¿Alguna característica física? –le preguntaron–. ¿Algo con su color de pelo?" "De eso no puedo decir nada –aclaró–. Un día lo tenía de un color, y otro día de otro."
Después del cruce, la mandaron adentro de la casa: "Vaya para adentro y escóndase –le dijeron–. Vamos a tirar la casa a bajo". Y ella obedeció: "Nosotros nos fuimos adentro y empezaron a tirar bombas... Qué sé yo... y yo con los chicos asustados".
Yolanda dejó de hablar. Estaba nerviosa, dijo. El cuerpo temblando. Esperó. Sacó de su cartera un abanico, pidió "un chiquitito" de tiempo y siguió: "Ay, que estoy nerviosa –volvió a decir–. Mire, recordando todo lo que pasé".
Yolanda llegó a Comodoro Py con uno sus hijos, uno de los que estuvo esa madrugada debajo de la cama. "Fue como una película", dijo él más tarde, volviendo a esa noche y a esa casa. "Decían: ‘Uno, dos, tres’ y ¡pum! No sé qué tiraban, tiraban como granadas."
"Afuera siguieron los tiros", dijo Yolanda. "¡Estaban por todos lados! Después empezó a llegar gente de otros lugares, nosotros estábamos adentro y no podíamos salir; salimos a las diez menos diez, pero desde las cuatro menos cuarto hasta las diez estuvimos adentro."
La casa de Yolanda estaba a unos diez metros de la de Walsh, separada por un cerco de alambre de púa. "Poco después empezaron a cargar todo lo que encontraban en la casa –dijo–. Todo lo que pudieron se llevaron con una camioneta y nosotros los escuchábamos desde adentro." De la casa se llevaron la heladera, la cocina, las latas de conserva y hasta el papel de los baños, dijo. Cuando todo terminó, desde adentro de su casa escuchó la orden de "apaguen la luz"; pero estaba destinada al que manejaba el camión y era para ocultar la carga.
A esta altura, se sabe que además se llevaron los documentos, archivos y cuentos inéditos de Walsh. Yolanda aseguró que los hombres estaban uniformados y tenían boinas; que en la casa quedó de custodio uno de los hombres que la amenazaron al comienzo. Tiempo después, la casa fue ocupada por la madre de un policía de apellido Salas, otro dato que ella confirmó. Al terminar, antes de salir a la calle, seguía pensando, convencida de que esos hombres en algún momento le dijeron que venían de Magdalena. Patricia Walsh pasó a su lado. Le agradeció y aclaró: "Es que nunca decían que venían de la ESMA".
Yolanda no sabía quién era su vecino. Recién lo supo el año pasado. Ahora anda buscando alguno de sus libros. Todavía no sabe demasiado qué significa Rodolfo Walsh.
4 de marzo de 2011
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declararon hermanos de oyarzábal


Declararon dos hermanos de una víctima de la masacre de los Surgentes. Francisco y María Inés Oyarzábal contaron el secuestro de José Antonio, el 12 de octubre de 1976, la incansable búsqueda, la tardía confirmación del asesinato, y la desidia de un juez con los restos, que fue como "su segunda desaparición".
[onia Tessa] Argentina. "Para los abogados, lo que se juzga acá son delitos. Para los familiares, son dolores. Yo me pregunto cuántos dolores tienen que pasar por este escritorio para que los asesinos estén presos", expresó Francisco el Vasco Oyarzábal al final del testimonio en la causa Díaz Bessone, sobre la desaparición de su hermano José Antonio, una de las siete víctimas de la masacre de la localidad cordobesa Los Surgentes. Puso así sobre la mesa la indignación que provoca que los seis acusados por delitos de lesa humanidad estén en libertad. Su hermana María Inés, también dio testimonio ayer. A José Antonio le decían el Ciruja desde la escuela secundaria, y así lo llamaban en el club Duendes donde jugaba al rugby. Tenía 22 años, estudiaba Derecho y era militante de la Juventud Universitaria Peronista. Había dejado de vivir con sus padres, se había mudado a una pensión, en España 961, pero todos los días iba a almorzar con su familia, y a dejar la ropa sucia para que su madre la lavara. La última vez que Francisco lo vio fue el martes 12 de octubre de 1976, al mediodía. El jueves siguiente un compañero de la JUP lo alertó sobre la ausencia. Empezó una búsqueda en la que "se cerraron muchas puertas".
Recién en 1982, por intermedio de la madre de Daniel Barjacoba y la tía de Eduardo Lauss, otras víctimas de la misma matanza, supo que su hermano estaba muerto. En marzo de 1984, María Inés y Francisco presenciaron la exhumación de cuerpos NN del cementerio de San Vicente, en la ciudad de Córdoba, con la esperanza de recuperar sus restos. Vieron cómo se sacaban -sin ningún cuidado- unos 50 cráneos, muchos con orificios de bala en la nuca. Incluso, vieron un cráneo con una venda sobre los ojos. Esperaban que allí estuviera José Antonio, le proporcionaron al entonces juez Gustavo Becerra Ferrer toda la documentación posible para identificarlo. Pero entonces no existía el análisis de ADN. El magistrado devolvió los restos al cementerio. En 2003, el Equipo Argentino de Antropología Forense quiso recuperar los cuerpos para identificarlos, con las nuevas tecnologías que incluían el análisis de ADN. "Necesitábamos que apareciera aunque sea un hueso", dijo ayer María Inés. Entonces, se enteraron de que aquellos restos habían sido incinerados en febrero de 1985. "Para mí fue la segunda desaparición de mi hermano", afirmó Francisco ante los jueces. Su sueño era traer los restos para enterrarlos en el cementerio El Salvador, junto a sus padres.
Francisco contó que los primeros -escasos- datos sobre el destino de su hermano los obtuvo gracias a las averiguaciones de Sara de Mackey, la madre de Etelvina, su novia de entonces. La mujer formaba parte del poder judicial provincial y fue de inmediato a la jefatura de policía a pedir una reunión con Feced. La atendió el comisario Corrales. Era el 18 de octubre de 1976, José Antonio había sido asesinado la madrugada anterior, junto con Cristina Costanzo, María Cristina Márquez, Analía Murgiondo, Sergio Jalil, Lauss y Barjacoba. Corrales, sin embargo, dijo que Oyarzábal había sido detenido en la vía pública y lo habían herido, que estaba en Jefatura, y que iba a pasar a disposición del Ejército. La mujer se entrevistó también con el subcomandante del segundo cuerpo de Ejército, Andrés Ferrero, que la intimó a no averiguar más sobre esa situación.
Para saber dónde estaba José Antonio, los Oyarzábal intentaron en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, en el Arzobispado de Rosario, en los tribunales, con pedidos de hábeas corpus. "Todas las puertas se cerraron con hostilidad", rememoró ayer Francisco. Los datos más certeros llegaron por una denuncia hecha a través de una carta, desde la cárcel de Devoto, por los detenidos políticos Carlos Pérez Rizzo y Gustavo Piccolo. Ahí supo que debía probar "del otro lado", como dijo ayer. "Empezamos a recorrer la parte más dura de la historia, pero generando nuevos afectos. Acá había humanidad, entendimiento, solidaridad. Eran las otras víctimas, las que habían puesto la carne en la sala de tortura. Nosotros teníamos el cuerpo intacto pero también mucho dolor. Sigo sin entender las ausencias", dijo ayer Francisco durante su testimonio, que afrontó con una persistente carraspera. "Desde que me enteré de que debía testimoniar hoy me pica la garganta, perdón", les dijo a los jueces, en otra muestra del valor simbólico que tiene el momento para cada uno de los que se sientan allí.
Francisco militó en organismos de derechos humanos desde el final de la dictadura militar, hizo presentaciones en los años 90 por la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, hasta debió tolerar que una oficial de justicia fuera por esos años a su casa a embargarle bienes, porque un recurso había sido rechazado, y generaba costas. "Me produjo gran violencia, porque mi hermano no estaba y a mí me querían sacar una biblioteca", relató ayer.
Durante años esperó que su hermano estuviera vivo. Cuando tuvo certeza de su muerte, esperó recuperar su cuerpo. Cuando supo que era imposible, esperó la justicia. "Siempre esperamos que algunas de estas bestias dijeran lo que habían hecho. ¿Cuántas madres murieron sin saber dónde estaban sus hijos? ¿Cuántas abuelas mueren sin saber donde están sus nietos? Y los que tienen las respuestas, callan", manifestó Francisco. Antes de morir, su madre expresó ante el sacerdote confesor que quería reunirse con José Antonio. María Inés le hizo honor en su testimonio. "En nombre de mi madre, que recorrió estos bulevares en soledad buscando a mi hermano, en nombre de ella pido justicia", dijo.
4 de marzo de 2011
3 de marzo de 2011
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qué hará la corte con el caso suppo


El dictamen es la posición del fiscal respecto de cómo entiende dónde debe tramitarse la causa, pero no la resolución final: ahora es la Corte la que deberá dirimirlo.
Argentina. La abogada Lucila Puyol aclaró ayer que la postura del Procurador General subrogante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Luis González Warcalde, que aconsejó que la causa por el asesinato de Silvia Suppo, sea investigada por el fuero provincial, "no es más que un consejo que la Corte no tiene obligación de seguir". "Esto ya pasó en el caso que resulta de similar aplicación: el de la desaparición de Jorge Julio López, cuando el propio Procurador de la Corte Esteban Righi consideró que debía ser investigado por la justicia bonaerense, y la Corte decidió finalmente que sea el fuero federal. Este es el ejemplo más claro", remarcó la letrada que junto a Guillermo Muné patrocinan a la familia de la víctima.
Ayer este diario dio a conocer el dictamen de la Procuraduría General de la Nación que aconsejó a la Corte Suprema de Justicia que declare la "competencia" del juez de Rafaela, Alejandro Mognaschi, para investigar el asesinato de Suppo y desestime la posibilidad de que el expediente pase al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, como reclamaron los hijos de la víctima y los abogados querellantes.
La abogada entendió que "el dictamen es la posición del fiscal respecto de cómo entiende dónde debe tramitarse la causa, pero no la resolución final: ahora es la Corte la que deberá dirimirlo".
Puyol destacó que "con el caso de Jorge Julio López, que es justamente el caso de jurisprudencia que presentamos como apoyo de nuestra tesis, el Procurador Righi también planteó que la causa debía seguir en la provincia pero la Corte se apartó de ese criterio marcando su parecer y por seis votos contra una disidencia se decidió que investigara en la justicia federal. Por eso creemos que este criterio será mantenido por la Corte".
En este sentido y respondiendo a las críticas acerca del poco valor que algunos sectores le han dado al testigo de identidad reservada, la letrada aclaró que "el testimonio no se pudo profundizar porque no hay aún respuesta acerca del fuero que debe investigar. Está claro que el juez provincial no pudo hacerlo porque la declaración está hecha ante el un juez federal, porque son datos que liga el crimen al terrorismo de estado. No es cierto que no tiene valor, si el juez Mognaschi pretendiera verlo, no tendría hoy competencia".
En la misma línea Puyol recordó que "Silvia Suppo además de testigo de la causa Brusa, era además ante la justicia federal denunciante por los delitos sufridos en mayo de 1977, cuando fue víctima de secuestro, torturas, tormentos y violación. En esta causa había reconocido a muchas persona, a las que acusó y señaló a otras que aún no han sido acusadas. En resumen el testigo reservado dijo que Silvia fue asesinada por lo que dijo en Brusa y por lo que iba a decir", concluyó Puyol.
Puyol dijo que "se intenta mostrar como una postura adoptada por la Corte cuando es solo la de un fiscal a quien se le corre vista para opinar, cuando son los jueces o la Suprema Corte en este caso la que decide. Y ya lo ha hecho en el caso de López".
Cabe recordar que si la Corte resuelve con el mismo criterio de Warcalde, Mognaschi quedaría habilitado elevar a juicio a los dos limpiavidrios detenidos y procesados por el homicidio: Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres.
El conflicto judicial comenzó a plantearse en agosto del año pasado, cuando este testigo de identidad reservada alentó la hipótesis del crimen por encargo, pero Rodríguez despachó el testimonio a Mognaschi, quien ratificó su competencia. Sin embargo, la querella apeló ante la Cámara de Penal de Rafaela, que en fallo dividido consideró que la causa debía pasar al fuero federal. Rodríguez volvió a rechazar el planteo, devolvió el expediente a Mognaschi y éste lo derivó al superior común para que resuelva el conflicto: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
3 de marzo de 2011
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vecinos queman casa de acusado


Tras el crimen de un adolescente, vecinos queman la casa de un acusado. En Rafael Castillo, La Matanza, un joven fue baleado cuando intentaron robar su celular. Los airados vecinos, sin haber visto el hecho, corrieron a la casa de un sospechado, casi lo lincharon y quemaron su casa. La Bonaerense intervino a escopetazos.
[Hracio Cecchi] Argentina. Las calles de tierra del barrio San Antonio, en la frontera del lejano Oeste, al borde de Rafael Castillo, todavía tienen el polvo de la mañana flotando en el aire. La batalla campal contra la Infantería de la Bonaerense terminó hace un par de horas, pero las marcas de las municiones de goma (esta vez no hubo confusión en las cargas) siguen en los cuerpos airados de algunos vecinos. Horas antes, la Bonaerense, enseñada para apretar el gatillo, no estuvo presente para evitar que a Daniel Sández, de 19 años, lo mataran cuando intentaban robarle el celular dos jóvenes, adolescentes como él, vecinos del lejano Oeste como él, pobres en la pobreza, víctima y victimarios. A Dani, como le dicen, le decían, sus vecinos, lo mataron a la vuelta de su casa, también calle de tierra, cuando se dirigía al trabajo, ayer, diez o veinte minutos antes de las cuatro de la mañana. La Bonaerense, ausente, sí estuvo para reprimir cuando se desató el infierno. Después del crimen, la indignación de los vecinos había corrido de boca en boca, lejos de la justicia, clamando venganza. Todos o muchos corrieron a la casa de uno de los supuestos victimarios. La multitud lo atrapó como a un perro, lo amasijó a golpes y de inmediato de presunto victimario lo transformaron en segura víctima, una piltrafa. Mientras, otros incendiaban la casa, con la misma justificación con que después la Bonaerense los barrió a tiros: evitar los robos y la violencia.
La familia de Dani se aglomera en la puerta del 2964 de Fray Correa, entre Luro y Echeverría. No quieren cámaras, no quieren preguntas, están saturados de la prensa. Llegan los hermanos. Dani murió baleado de dos tiros por la espalda a la vuelta de su casa, en Luro y Bazurco. Nadie vio nada, aunque Comebicho es alguien, era amigo de Dani, dicen que vio todo y que lo tuvo en sus brazos cuando moría y que declaró todo lo que vio.
Los vecinos empezaron a salir después de escuchar los tiros y los gritos. Los dos pibes que lo asaltaron son conocidos o, corrijo, los dos pibes a los que acusan de haberlo baleado, son conocidos por los vecinos. ¿Actuó la convicción de testigo o el acuñar la responsabilidad por anticipado? De todos modos, aunque estuvieran en lo cierto, la multitud clamó en la mal llamada justicia por mano propia. Sed de venganza. Alguien dijo saber dónde vivía Diego, uno de los tres caídos en la mira. "Esta vez el Mono no fue", reconoció alguien compadecido. Luro y De Kay, apenas dos cuadras hacia el oeste, otro barrio, otro nombre, el Torero, la misma pobreza. La casa elegida fue arrasada. Al fondo, un auto destrozado todavía echa humo. Ni la ventana ni la pared del frente existen. Son un enorme boquete. El cercado vivía con sus padres y tres hermanos, dos nenas y un varón.
Lo arrancaron y lo destrozaron a golpes hasta que llegó la Bonaerense y logró rescatarlo. Lo llevaron al hospital en calidad de detenido acusado de homicidio. Después, para devolver el orden que jamás había preocupado, la Infantería atacó a la multitud a escopetazos. Pasaron varias horas y los vecinos, pacificados, todavía muestran perdigones en sus espaldas, piernas y rostros. Recién entonces, ni siquiera cuando mataron a Dani, los barrios San Antonio y el Torero, de Rafael Castillo, La Matanza, fueron visibles para el mundo. En términos de saciar la sed, el linchado está detenido, el Virolo está prófugo, el Mono no participó. A la vuelta de lo de Dani, el Portugués, temido y denunciado entre murmuraciones como reclutador de menores, sigue al día con la taquería.
2 de marzo de 2011
©horacio cecchi
©página 12