Blogia
mQh

argentina

dudas en las absoluciones


El juez tuvo obligación de absolver.
Argentina. Entre los puntos más discutidos de la sentencia se encuentra la sorpresiva absolución de Osvaldo César Quiroga, un capitán del Ejército que, cumpliendo una orden, retiró de la UP 1 a Hugo Vaca Narvaja, Higinio Toranzo y a los hermanos Gustavo y Eduardo De Breuil. Tras una parada intermedia, tres de los presos fueron fusilados, mientras que Eduardo De Breuil fue obligado a mirar los cuerpos de sus compañeros muertos. Las pruebas contra Quiroga parecían firmes. Había firmado la salida de los presos y, en su testimonio, De Breuil dijo que la voz del oficial que comandó el operativo fue siempre la misma. Pese a los indicios y las pruebas, el tribunal decidió absolverlo.
Al respecto, Jaime Díaz Gavier explicó que "se trata de un problema de valoración de las pruebas y de los indicios que tendían a acreditar la responsabilidad de Quiroga. Si esas pruebas no llevan a un estado de certeza, si uno tiene alguna duda, si se abre alguna posibilidad de interpretación diferente, el juez tiene la obligación legal de absolver. Pero quiero decir que este episodio fue acreditado y no ha quedado impune. Han sido condenados por esas muertes Videla, Menéndez, Meli, González Navarro, Poncet y Fierro", los miembros del Estado Mayor que tuvieron a su cargo la represión.
Hugo Vaca Narvaja, hijo de una de las víctimas y querellante en la causa, manifestó amargura y tristeza por la absolución de Quiroga. "Lógicamente que a los imputados los tiene que condenar la prueba, que debe ser analizada con la sana crítica racional, y eso requiere de tres prioridades: estar sano, tener crítica y ser racional", dijo. "Si con la prueba que hay en contra de Quiroga no se llegó a condenar, quiere decir que alguno de estos tres factores está fallando. Cuando conozcamos los fundamentos del fallo, es posible que apelemos las absoluciones", concluyó el querellante.
Además de Quiroga resultaron absueltos los militares Francisco Pablo D’Aloia, José Antonio Paredes, y los policías Luis David Merlo, Luis Alberto Rodríguez y Gustavo Adolfo Salgado.
28 de diciembre de 2010
27 de diciembre de 2010
©página 12
rss

complicidad de jueces y curas


La sentencia de Córdoba echó luz sobre la complicidad de jueces y de religiosos. "Hasta tres días de tortura no son pecado si sirven para salvar vidas", decían los curas de la UP 1, según el testimonio de Fermín Rivera, el primero que denunció los fusilamientos de presos políticos en Córdoba.
[Martín Notarfrancesco, Pablo Luro y Waldo Cebrero] Argentina. La sentencia del juicio a Videla repara no sólo a las víctimas y sus familiares. El Estado asume sus culpas y consagra la voz de los sobrevivientes. Ese relato oral que perduró en el tiempo para dar testimonio de la atrocidad encuentra su reivindicación en un fallo que otorga valor a sus voces.
A días de aquella jornada, distintos actores de este proceso analizan el desarrollo del juicio y las conclusiones del tribunal. La sensación de tarea cumplida se entremezcla con los nuevos horizontes y lo que falta. Las complicidades reflotadas a lo largo del debate marcan el rumbo para seguir profundizando el camino de justicia. La Iglesia Católica y la Justicia federal quedaron muy comprometidas. La causa "de los magistrados", abierta en contra de los funcionarios judiciales de entonces, acusados de no investigar los crímenes denunciados por los presos políticos, ya pide pista.

Los Primeros en Denunciar
Con 34 años de espera en los hombros, Fermín Rivera, autor de la denuncia que dio origen a esta causa, se siente "satisfecho de que hayan sido condenados algunos de los máximos responsables, pero también de que se pueda conocer la verdad tras décadas de querer ocultarla". Fermín Rivera es un ex preso de la UP 1 que denunció, mientras estaba preso en Rawson, los fusilamientos de los presos políticos. Los detenidos políticos tenían el compromiso de denunciar lo que vivían en la cárcel, y él intentó hacerlo ante los jueces Eudoro Vázquez Cuestas y Adolfo Zamboni Ledesma, que le tomaron declaración maniatado y apuntado por fusiles militares que lo custodiaban. Durante el juicio, Rivera denunció la actuación de los capellanes del penal Eduardo McKinnon y Sabas Gallardo, quienes justificaban que "hasta tres días de tortura no son pecado si sirven para salvar vidas". "Pero también consideró que fueron juzgados sólo algunos de los ejecutores de los crímenes. Faltan los hombres cómplices de la Justicia, de la Iglesia y los que se beneficiaron económicamente. Ninguno de los crímenes se podría haber cometido sin las complicidades. Este puede también ser un primer paso", concluye Rivera.
"Ahora que los policías que me torturaron están presos, pienso en volver a vivir a la Argentina, porque siento que el país es otro muy distinto al de antes", adelantó el ex policía Luis Urquiza, abrazado a sus dos hijas, nacidas en Dinamarca. Urquiza es ex policía y el único querellante de la causa "Gontero", donde se investigó la participación de la policía de Córdoba en la estructura represiva que comandó Luciano Benjamín Menéndez. En los ‘90 decidió volver del exilio, pero en 1997 tuvo que escapar nuevamente tras recibir amenazas de Carlos Yanicelli, uno de sus torturadores, que fue director de Inteligencia de la policía durante los gobiernos de Eduardo César Angeloz y Ramón Bautista Mestre. Urquiza denunció durante el juicio que el por entonces ministro de Asuntos Institucionales de la provincia, Oscar Aguad, apadrinó a más de cien represores del D2 en la policía, entre ellos a Carlos Yanicelli, un hombre de su confianza. "Aguad hoy es diputado nacional del radicalismo y ocupa el Concejo de la Magistratura. Moralmente debería apartarse de ese lugar", afirma Urquiza.
"Esto que empezó hace 34 años, costó mucho dolor. Ahora puedo volver con mis hijas. Ellas también son víctimas porque nos tuvimos que ir del país, incluso en democracia, por falta de voluntad política del gobierno radical de entonces", concluye.
Héctor Fransicetti vivió desde adentro de la UP 1 el período represivo que terminó con los fusilamientos. Desde su lugar de víctima y testigo afirmó que para ellos este juicio fue un resarcimiento. "Estamos conformes en un porcentaje importante porque la mayoría de los asesinos de los compañeros están ahora condenados", dijo emocionado en la puerta de los tribunales, a minutos de haber escuchado la sentencia.

Algo de Paz
Rosario Rodríguez fue la compañera de vida de Pablo Alberto Balustra, delegado sindical de Obras Sanitarias y militante montonero que fue asesinado el 11 de octubre de 1976. Como familiar de una víctima, dio ante el tribunal uno de los testimonios más sentidos, que sirvió para comprender la magnitud de los crímenes. "Me siento muy feliz de haber vivido este momento. Fueron muchos años de sufrimiento para nosotros, los familiares. Las colas frente a la cárcel, y las giras por los hospitales para saber dónde estaban los cuerpos de nuestros muertos, son recuerdos muy duros y ahora podemos decir que, aunque no nos devuelve a los familiares, el juicio trajo algo de paz", dirá Rosario horas después, ya en los festejos.
"Yo no lo tengo a mi hermano y era vital en la vida de la familia", dijo Miriam Funes, hermana de José Cristian, ‘El Diablito’, fusilado el 30 de junio de 1976. Sus palabras expresaron el vacío que lleva adentro hace tres décadas. Si bien valoró la llegada de este juicio, también dejó claro que "nunca ningún juicio ni ninguna sentencia me van a conformar".

Un Largo Camino
El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, llegó hasta Córdoba para seguir las últimas dos audiencias del juicio. Luego de escuchar el veredicto, dijo que hace décadas esperó por este día. "Hace casi treinta años nos presentamos como querellantes junto con María Elba Martínez, pero después vinieron las leyes de la impunidad. Recién con este gobierno se pudo comenzar a juzgarlos y por eso es tan importante que podamos estar en este día histórico." También valoró el derecho a defensa que se le respetó a cada uno de los imputados. Al respecto, dijo que "esto habla de la dignidad de un pueblo y una Justicia. Estoy seguro de que sobre la impunidad no se puede construir una democracia".
Carolina Scotto, rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, estuvo presente, como en cada una de las sentencias que se dieron en Córdoba. Desde su punto de vista, estos juicios constituyen un paso adelante a favor de las generaciones de argentinos y argentinas que van a cuidar estas conquistas, como algo de lo que no se puede retroceder. "Estos juicios nos obligan a que los ciudadanos y las instituciones completemos la revisión y hagamos la recuperación de la memoria, con la valentía que hace falta para asumir el rol que nos cupo para que no volvamos a cometer viejos errores. El proceso que acaba de terminar desnudó esas responsabilidades institucionales, incluso las de omisión, que no son sanas a la verdad."
El querellante Martín Fresneda fue de los más optimistas. Se mostró conforme con la sentencia y dijo que "sin lugar a dudas tiene una dimensión política porque interpela parte de la historia". El abogado de H.I.J.O.S. opinó que se trata antes que nada de "un proceso penal y no un juicio político". "Visto así –agregó–, las absoluciones hablan bien del proceso porque significa que hubo una defensa, que no se está condenando sin pruebas que certifiquen con la certeza necesaria. Por otro lado, lo valorable, más allá de las penas, es haber juzgado a los responsables."

Mirando hacia Adelante
Para el fiscal Carlos Gonella, este juicio puede generar un quiebre en la Justicia federal. Allí radica su expectativa. Afirmó que el juicio ventiló las complicidades civiles que tuvo el genocidio político. Dijo además que espera que "pueda haber una autocrítica urgente del rol que cumplieron nuestros pares de la Justicia, de los que yo me avergüenzo. Espero que esas complicidades sean analizadas en los fundamentos de la sentencia y que permitan agilizar las investigaciones a funcionarios de la Justicia durante la dictadura cívico-militar".
Marcelo Yornet es militante de H.I.J.O.S. y su conclusión del fallo apuntó más hacia adelante. Dijo que fue todo un aprendizaje colectivo haber luchado en paz para condenar estos crímenes y ahora queda el trabajo de afianzar los verdaderos logros que dejan estos juicios, la incorporación de los derechos humanos en la vida diaria de la gente.
28 de diciembre de 2010
27 de diciembre de 2010
©página 12
rss

doce perpetuas


El carácter de perseguidos políticos resalto en los testimonios del Atlético, Banco y Olimpo. "Hace quince años tomé la decisión de que esta lucha era una lucha colectiva", dice Paula Maroni, cuyo padre fue uno de los desaparecidos en el circuito de campos clandestinos Atlético-Banco-Olimpo.
[Alejandra Dandan] Argentina. El presidente del Tribunal leía la sentencia. Era el día de la condena a los 17 acusados por los crímenes del circuito Atlético-Banco-Olimpo. A unos metros, entre las sillas de los sobrevivientes de los campos, familiares e integrantes de los organismos de derechos humanos, Paula Maroni escuchaba una y otra vez cómo se caía el nombre de su padre: los represores eran condenados por algunas víctimas, pero a su vez absueltos por otras. Por el caso de su padre, al comienzo había seis acusados pero a medida que avanzaba la sentencia los nombres desaparecían de la lista: "¡Qué feo que me sonaba!", dice Paula, que finalmente escuchó el nombre de Juan Patricio como parte de la condena a prisión perpetua de Julio Simón. "Mi viejo es un caso que no fue visto por muchas personas, la única testigo es mi mamá porque va al Atlético con él y mi abuela que presenció el operativo –dice ella–; afuera, el día de la sentencia, mis compañeros estaban preocupados porque escuchaban que se caía de las condenas, pero yo estaba feliz porque hace quince años tomé la decisión de que esta lucha era una lucha colectiva, y me dije: está bien, el Tribunal habrá dicho: ¡vamos con los casos recontraprobados!, el resto los dejamos afuera, cosa que sea inobjetable la sentencia."
El casi medio centenar de represores que fue condenado por crímenes de lesa humanidad no debería ser un dato más. Las sentencias que alcanzaron a celebridades como el ex presidente Jorge Rafael Videla o Luciano Benjamín Menéndez en Córdoba y Samuel Miara, Julio Simón y Raúl Guglielminetti en Buenos Aires, también hicieron foco en nombres poco conocidos: en general autores materiales de la represión, muchos juzgados por primera vez y que son quienes estaban del otro lado de las vendas de los tabicados, los que secuestraron, torturaron, trasladaron y ejecutaron a las víctimas. Para los querellantes, el fallo que condenó a 12 de los 17 acusados a prisión perpetua está marcando avances históricos, aunque también los límites de la lógica penal: entre algunos, marcan el silencio al omitir en las condenas la condición de perseguidos políticos de las víctimas o la idea de convalidar de alguna manera que sin cuerpos no es posible probar que los traslados fueron exterminios.
"La sentencia es muy importante", vuelve a decir Ana María Careaga como el primer día. Ana María es sobreviviente del circuito y fue uno de los motores de la causa. "Este fue uno de los primeros juicios grandes de Comodoro Py: es la primera vez que se juzga colectivamente a los represores como parte de un circuito y eso trasciende a cada uno de los desaparecidos de ABO y permite que se juzgue también un plan sistemático, para analizar el método aplicado por todas las fuerzas de seguridad".
Atlético-Banco-Olimpo fueron tres campos clandestinos operados principalmente por policías que funcionaron de modo sucesivo, por lo que iban mudando a las víctimas. Funcionaron de mediados de 1976 a comienzos de 1979. El juicio oral empezó el 24 de noviembre de 2009, se juzgó a 17 represores por un total de 183 casos. "Fue además muy importante para el escenario de Comodoro Py –sigue Careaga– porque inaugura las otras sentencias que van a venir en ese mismo escenario."

La Herramienta
La sentencia se conoció el miércoles pasado: las 12 perpetuas alcanzaron a Miara y el Turco Julián; hubo cuatro condenas a 25 años de prisión y una absolución para Juan Carlos Falcón, conocido como "Kung Fu" por el modo marcial que tenía de golpear a los detenidos. Más allá de las razones por las que se condenó a cada uno –razones que se conocerán en marzo con la difusión de los fundamentos, o de si es verdad o no que en el caso de Falcón pesó su coartada según la cual, para la época, era custodio personal de Albano Harguindeguy–, cuando escuchó la absolución, Delia Barrera salió de la sala llorando para encerrarse en el baño.
"No volví a entrar, no pude", dice a Página/12. "Falcón estuvo en mi casa, es el que nos torturó, nos separó de las celdas con mi primer marido, el que lo trasladó a él, el que decide mi libertad." El operativo de su secuestro se hizo en un departamento de la calle Superí 135. Kung Fu apareció entre los primeros hombres del grupo de tareas, Delia lo describió con los ojos achinados, el cuerpo alto y como la persona que llevó adelante todo su caso adentro del campo: desde los interrogatorios hasta los traslados. "Siento dolor y bronca –dijo–: ¿qué otra prueba les puedo dar? Estoy muy contenta con la sentencia, pero siento que me quedé con un Falcón atragantado en la garganta, yo di bastante prueba, muchos de mis compañeros también lo reconocieron por fotos, pero no me importa, vamos por más y seguramente lo vamos a agarrar con el ABO II."
Algo de esa misma sensación de poco se repitió con Guglielminetti y Ricardo Taddei, extraditado de España en 2007. Ambos recibieron condenas a 25 años de prisión, sin perpetuas. Guglielminetti porque no lo condenaron por homicidio como al resto; sólo se lo consideró partícipe secundario entre otras cosas –se supone– porque no lo situaron en los tres campos como sostienen las víctimas. A Taddei, porque un convenio con España le impide a la Argentina aplicar sanciones más altas de las que se permiten allí. Pero más allá de las razones, lo que cuestionan es la lógica de la Justicia Penal que todavía está pidiendo pruebas tangibles, causas y efectos, como si no hubiese pasado el tiempo.
"Es la herramienta que tenemos para juzgar a estos delitos aberrantes y estas herramientas tienen sus limitaciones", dice Careaga. "Se necesita de este tipo de herramientas para juzgar una práctica que se hacía en forma clandestina: con campos clandestinos, con represores con apodos, con los nombres de las víctimas cambiados, por eso creo que doce perpetuas son un avance."

La Singularización
Isabel Fernández Blanco es una de las testigos con más declaraciones a cuestas: seis veces en total. Sin embargo, la experiencia no alcanza: antes de declarar esta vez estuvo durante días perseguida por esos miedos que todavía pesan en las espaldas de los sobrevivientes: ¿qué pasa si se olvidan de algo? ¿De alguno de los nombres de los compañeros que no volvieron de los centros?, esa promesa que se dieron unos a otros, y que los comprometió para pelear por la justicia. El susto siguió. Un día antes de declarar visitó a una vieja compañera. Le pidió ayuda; lápiz y papel y que anote lo que iba diciendo. Habló. Siguió. Hasta que esa compañera agarró la lista, la dobló en dos y le dijo: "¿Sabés qué tenés que hacer? Hablar de lo que viviste".
"Sentía que los recuerdos que se me habían borrado de pronto aparecían y creo que tuvo que ver con que por primera vez yo iba a ahí para hablar de mí", dice Isabel. "Cuando estás sentadito ahí es como que los recuerdos fluyen, y yo recordé cosas que hasta me sorprendieron." Entre otras, su lugar en el área federal de Montoneros, en prensa. "Me faltó decir que era militante de base, pero creo que la idea de que pudiéramos decir que éramos militantes habilitó a lo mejor ese recuerdo."
La lógica del caso por caso que se abrió en el juicio, como sucede en otros procesos de Comodoro Py, la posibilidad de hablar ante los represores o la búsqueda de algunos actores como los fiscales, que al dar por probada la represión intentaron hacer aparecer las historias de vida, la materialización de los militantes desaparecidos pero sobre todo sus militancias políticas, fue lo que trazó un nuevo perfil en los juicios. Casos como el de Isabel, que hasta ahora iba a hablar de otras víctimas, empezaron a reconstruir historias en singular.
Miguel D’Agostino es uno de los que están convencidos de que poder hablar de la militancia fue una de las características de estos juicios. Sobreviviente del circuito, declaró en los ochenta cuando la eclosión de la teoría de los dos demonios les abría la posibilidad de quedar detenidos a los que plantearan cosas por el estilo. Y cuando muchos liberados todavía sufrían prisiones a distancia: recibían llamadas de control, citas en bares o terminaban presos. D’Agostino dice que los juicios empezaron a recuperar ese pasado político.
"Me llamó la atención que el fallo no hiciera ninguna referencia a la militancia política", indica en alusión a otros fallos que toman como agravantes la condición de militantes políticos de las víctimas. Esa característica fue tratada por Alejandro Alagia, el fiscal federal. Asumiendo todos los riesgos por los posibles pedidos de nulidad, el fiscal pidió el castigo por genocidio para todos en representación –por primera vez– de un organismo del Estado e intentado explicar a las víctimas como parte de un grupo nacional con características políticas definidas, víctima de una matanza. "Me llamó la atención que no hagan referencia a esto –dijo Miguel–, creo que de ese modo se está desapareciendo una identidad, la identidad social y política de las personas."

Los Homicidios
En la condena hubo otro dato: la perpetuas se habilitaron porque a doce represores los vincularon como autores o coautores del homicidio de los únicos cinco cuerpos que están aparecidos e identificados en la causa. Son cinco víctimas identificadas en 2007 por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Sin cuerpos, la Justicia Penal o por lo menos una parte de ella –como lo demuestra esta sentencia– no parece estar en condiciones de condenar a perpetuas.
"En términos generales es un logro importantísimo, pero me deja sabor a poco –sigue Miguel–: estamos en el siglo XXI, tenemos mucha información y necesitamos establecer con mayor detalle que los que no están, por ejemplo, son personas desaparecidas, exterminadas y asesinadas para garantizar la impunidad." Y dice: "Todavía estamos festejando, no estamos en la etapa del análisis, en estos días también fue condenado Videla, estamos eufóricos por eso: pero nos parece sorprendente, después de treinta y pico años, verles la cara que hasta ahora sólo habíamos visto a través de la posibilidad o no de levantarnos una venda y arriesgándonos a ir a la sala de tortura. O que los conocíamos porque alguien se animaba a susurrarnos algún dato y ahora verlos así, ¡cómo no vas a festejar!".
"Yo creo que estos juicios trascienden el tema jurídico", vuelve a decir Ana María Careaga. "Creo que esta sociedad no puede salir de esos juicios como entró: ninguno de los que están sentados ante esos relatos que son insoportables sale igual, porque hablan de la humanidad, y esto se repite en cada punto del país donde tiene lugar un acto de justicia."
28 de diciembre de 2010
27 de diciembre de 2010
©página 12
rss

qué dijo el dinosaurio


Que repitió y que dijo de nuevo el dictador Videla antes de su segunda perpetua. El miércoles Jorge Rafael Videla fue sentenciado a perpetua por segunda vez en 25 años. Antes desarrolló un alegato con siete mensajes políticos dirigidos al Gobierno y a la sociedad argentina.
tiene 85 años, era general hasta que fue degradado y acaba de recibir su segunda condena a reclusión perpetua en 25 años. En su alegato de defensa repitió antiguas falacias de la Guerra Fría con un condimento actual. "Ni sé si esta guerra, sin medios violentos, ha terminado", se preguntó.
A principios de octubre de 1975, el entonces presidente interino Italo Luder, a cargo del Estado porque Isabel Perón había pedido licencia, convocó a los comandantes generales. Videla ya era jefe del Ejército. Este es el recuerdo que acaba de elegir para narrar ese momento: "Debí exponer y dije que habiéndose agotado la instancia de represión a cargo de las fuerzas de seguridad y la inoperancia de la Justicia, que por temor no había dictado ni una condena, parecía llegado el momento de apelar al uso de las Fuerzas Armadas para combatir el terrorismo subversivo". Y agregó: "Eso implicaba reconocer un estado de guerra interna". Para continuar, en un párrafo que conviene leer más de una vez: "Las Fuerzas Armadas no estaban preparadas para reprimir. No disponían de balas de goma, balines, carros hidrantes. Pero fundamentalmente no tenían entrenamiento para reprimir sino para hacer la guerra, en donde se muere o se mata". Es decir que como no estaban preparadas para reprimir, mataron. Según Videla, Luder dio su acuerdo y el país se dividió en zonas bajo la responsabilidad de las Fuerzas Armadas.
Es bueno aclarar que cuando Videla habla de "guerra" no resulta muy preciso. Pero en general parece referirse a la guerra como una acción entablada por un enemigo que instaló "un conflicto bélico interno de profunda raíz ideológica y fomentado de manera internacional". Esa guerra, según él de carácter "irregular", esa guerra de cuyo fin tiene dudas ahora el dinosaurio, abarcó "operaciones militares" que "hicieron crisis en 1975 y 1976 y comenzaron a declinar a fines de 1977".
Videla habló antes de que el miércoles último fuera condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N0 1 de Córdoba por asesinatos y tormentos cometidos entre abril y septiembre de 1976. Ya había sido condenado a perpetua en el Juicio a las Juntas de 1985. Aquella sentencia de hace 25 años está firme porque en agosto la Corte Suprema declaró inconstitucional el indulto con que el ex presidente Carlos Menem benefició al dictador en 1990. Así, Videla tiene hoy dos perpetuas.

Siete Novedades
El alegato fue impactante. Quienes recuerden, por edad, el tono de voz de Videla desde su anticipo del golpe de Estado en la Navidad de 1975, entonces un teniente general de 50 años, hasta sus discursos como presidente de facto entre 1976 y 1981, habrán notado que el timbre vocal suena idéntico pese al tiempo transcurrido y las canas. El resto puede constatar, en el YouTube o en www.eldiariodeljuicio.com.ar, el excelente site de H.I.J.O.S. filial Córdoba, que el tono de lectura fue firme y pausado. El ex general que en el juicio de 1985 fingía indiferencia ante la justicia humana leyendo textos sobre la guerra santa, esta vez lucía erguido.
¿Cuáles son las novedades que incorporó el dinosaurio en su alegato de Córdoba?
En primer lugar, los destinatarios: la sociedad argentina y "su juventud manipulada por la desinformación".
También su idea primitiva de que existiría una continuidad demoníaca inmune al paso de la historia: "En aquellos años se decía que cuando llegue el tiempo de la política y sobrevenga en ellos (en los generales) el temor porque no saben practicarla, será el momento de derrotarlos porque no saben manejarse en ella. No hay duda de que cumplieron su palabra porque hoy gobiernan. No necesitan de la violencia porque ya están en el poder e intentan implementar un régimen marxista de base gramsciana anulando las instituciones".
En tercer lugar, su autodefinición como "preso político". ¿Quiénes lo mantienen preso? "Quienes después de ser militarmente derrotados se encuentran hoy ocupando los más diversos cargos del Estado."
Cuarto, la noción de que existe sobre la década del ’70 "una versión sesgada de la realidad".
Quinto, la justificación del robo de bebés cuando habla de la forma de operar del ERP y Montoneros: "Estos jóvenes cumplían de día sus funciones como estudiantes, hijos, obreros, y de noche, con una pastilla de cianuro y un arma escondida a veces en coches cuna, acompañados por sus parejas generalmente embarazadas para ser usadas como escudo, asaltaban, ponían bombas, etcétera".
Sexta idea, la incorporación abierta de Sudáfrica como un país clave en medio de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética desatada después de la victoria de los aliados contra el nazismo en 1945. Dijo Videla: "Existían dos agrupamientos antagónicos desde el punto de vista ideológico. La imposibilidad de la destrucción masiva y simultánea dio lugar a la Guerra Fría y su equilibrio inestable, que nadie se atrevió a romper. La URSS ideó un subterfugio para romper ese equilibrio, alentando en Sudáfrica y en Sudamérica la toma del poder en aquellos países mediante formas violentas. La Argentina no fue ajena a esa situación". La Marina, mientras estaba conducida por Emilio Eduardo Massera, el Mengele de los experimentos políticos, tomó a la Sudáfrica del apartheid como un aliado natural y concibió el territorio sudafricano como un aguantadero para el relax y los negocios de las patotas de la Escuela de Mecánica de la Armada, incluyendo por cierto al propio Alfredo Astiz. Es posible que el alegato de Videla marque la primera vez en que un jefe no perteneciente al ala masserista recuerde a la Sudáfrica de aquel momento dentro de una concepción estratégico-militar internacional de la que la Argentina formaba parte.
Y séptimo, la idea de que el terrorismo "es un crimen contra la humanidad".
El comunista italiano Antonio Gramsci murió en las prisiones de Benito Mussolini en 1937. Mientras el Vaticano inventó la versión de que Gramsci pidió la extremaunción antes morir para atenuar su laicismo radical –-aplicable contra cualquier dogma, religioso o político–, distintas caricaturas del marxista italiano intentaron que perdiera su riqueza. Gramsci, por ejemplo, tenía claro que un Estado moderno debía limitar el poder del Vaticano pero a la vez advertía contra un anticlericalismo bobo y recogía los valores colectivos que muchos trabajadores mantenían como herencia, aún, del cristianismo primitivo.
En la Argentina, la caricatura que fue dibujando la extrema derecha integrista pintó un Gramsci astuto animando desde el más allá la conquista de las mentes y la toma del poder desde dentro de las instituciones. Como se ve, ese identikit simplote se conecta en estos tiempos con un republicanismo conservador que ya decretó, en la Argentina, la muerte institucional a manos de un populismo que demuele todos los días un artículo distinto de la Constitución.
El escrito que leyó Videla toma en cuenta esta dimensión y le suma un hilo argumental. Si los marxistas gramscianos que hoy gobiernan ya tomaron las instituciones y las liquidaron, esas instituciones no son legítimas. Naturalmente, Videla no tiene en cuenta el papel de una Argentina que vota y debate, pero no hay por qué pedírselo al primer presidente de un gobierno tiránico que hasta se autoasignó un papel fundacional en la transformación definitiva de la Argentina.
Al costado de ese hilo que procura quitar legitimidad y legalidad a la democracia, la mención del terrorismo como autor de crímenes contra la humanidad no suena ingenua. Tal vez apunte a sembrar sospechas que tiendan a igualar al Estado terrorista con la guerrilla, pero un juez debería probar que la guerrilla cometió actos masivos y sistemáticos de violaciones de derechos humanos contra la población civil. Más allá de la valoración histórica, política y moral que cada uno tenga de la guerrilla argentina, sus actos no se asemejan a los del Khmer Rouge camboyano o a los peruanos de Sendero Luminoso con sus matanzas de campesinos. Por otra parte, cuando las Fuerzas Armadas asumieron el poder, el 24 de marzo de 1976, Montoneros no tenía poder de fuego más allá de la posibilidad de cometer atentados y el Ejército Revolucionario del Pueblo ya había sufrido una masacre decisiva cuando fracasó en el intento de tomar el regimiento Viejobueno de Monte Chingolo, a fines de 1975.

La Guerra Fría
Quizá con la colaboración de algún periodista o abogado, o con la ayuda de alguien que reúne ambas asimetrías a la vez, Videla trató de presentar un esquema simple de aquellos años. Fue didáctico hasta el esquematismo cuando colocó a la Argentina viviendo su guerra dentro de la Guerra Fría. Como toda lectura tosca de la Guerra Fría –y conste que también hay lecturas toscas desde la izquierda, con la gran diferencia de que éstas no desembocaron en el terrorismo de Estado– el enfrentamiento entre Washington y Moscú aparece totalizador y omnipresente. Berlín oriental y Viena habrían tenido el mismo nivel de importancia que Tucumán o Villa Ortúzar.
La escala mundial le permite a Videla utilizar la misma sencillez aparente para describir fenómenos que sí merecen puntualizaciones más exactas. Dice en un momento: "A mediados de la década del ’70 los elementos terroristas habían proliferado. A ellos se sumaban las guardias sindicales y la Triple A, que operaba bajo la conducción de José López Rega", ministro de Bienestar Social de Juan Perón y, a la muerte del líder, el 1 de julio de 1974, influyente secretario privado de Isabel Martínez.
Sin embargo, la guerrilla estaba en declinación y no en auge en 1975. Incluso su único ejercicio rural de entonces, encarnado por el ERP en Tucumán, terminó en un experimento de represión por izquierda que abarcó como blancos a los propios guerrilleros y a cientos de dirigentes sindicales sin relación con ellos.
Es cierto que los grandes sindicatos, como la Unión Obrera Metalúrgica, dispusieron de grupos organizados, pero su poder letal ya iba disminuyendo en el segundo semestre de 1975, justamente porque las diversas vertientes de la izquierda estaban diezmadas o en franca derrota.
En cuanto a la Triple A, sus comandos articulaban con el grupo de comisarios que dependían del jefe de Policía de Isabel Perón, el general Albano Harguindeguy, luego ministro del Interior de Videla. También la Triple A reduciría su intensidad a fines de 1975, en parte porque José López Rega había sido obligado a alejarse del país tras la tarea cumplida y en parte porque ya estaba claro que a la etapa de represión dispersa le seguiría una etapa de represión sistemática del mismo modo que, en economía, el intento ultraliberal de Celestino Rodrigo en 1975 sería continuado por un proceso de concentración y financierización persistente en 1976.
Videla, uno de los jefes políticos de aquella tiranía con vocación sistemática, terminó su alegato expresando su deseo de que la Argentina sea un país "reconciliado y pujante".
El tribunal estableció que debe cumplir su condena en una cárcel común. Un lugar apropiado para profundizar sus conocimientos sobre la Guerra Fría y la guerra santa mientras, como el resto de los jefes, espera cumplir su objetivo: morir en medio del pacto de silencio, llevándose sus secretos a la tumba.
27 de diciembre de 2010
26 de diciembre de 2010
©página 12
rss

más víctimas de cura represor


El fiscal federal Gonzalo Stara incorporo nuevas pruebas contra Eugenio Zitelli. Tres testigos de la causa Díaz Bessone sumaron evidencias del paso del entonces capellán policial por el Servicio de Informaciones. La fiscalía incluyó los dichos de Tomasa Verdún, Graciela y José Villarreal en el pedido de indagatoria.
[José Maggi] Argentina. El fiscal federal Gonzalo Stara reforzó con tres testimonios el pedido de indagatoria Eugenio Zitelli, que fuera capellán de la policía rosarina durante la última dictadura. Se trata de las testimoniales vertidas en la causa Díaz Bessone frente al Tribunal Oral Federal Nº 2 el 18 de octubre por Tomasa Verdún, Graciela Esperanza Villarreal y José Raúl Villarreal. Los tres refirieron la presencia de un sacerdote en el Servicio de Informaciones, y uno de ellos reconoció la voz de Zitelli. Stara solicitó al juez federal de la cuarta nominación, Marcelo Bailaque que incorpore los tres testimonios "como elementos de convicción que refieren a la posible responsabilidad penal de Zitelli en los hechos que se denunciaron oportunamente y que se investigan en esta causa".
A Zitelli se le imputa haber privado de la libertad corporal en forma ilegal, abusando de sus funciones, mediante el uso de violencia y amenazas, y por haberse prolongado el cautiverio durante más de un mes además de haber impuesto tormentos psíquicos a Graciela Beatriz Borda Osella, María de las Mercedes Sanfilippo, Olga Delfina Cabrera Hansen, María Inés Luchetti de Bettanin, Elba Juana Ferraro de Bettanin, Darío Castagnani y María Herminia Acevedo de Fernández, mientras permanecieron privados ilegítimamente de su libertad en dependencias de la Jefatura de Policía de la provincia de Santa Fe. Concretamente, por haberlos sometido en forma sistemática y generalizada, a condiciones inhumanas y degradantes de detención, caracterizadas por prohibición de habla, golpes continuos, amenazas constantes, desnudez forzada, deficiente alimentación, condiciones deplorables de higiene y salud, además de haberlas sometido a sesiones especiales de interrogatorios bajo la aplicación de corriente eléctrica en distintas partes del cuerpo, golpes y otros suplicios".
En tercer lugar, el fiscal Stara lo imputa de "haber tomado parte de una asociación integrada entre otros por Leopoldo Fortunato Galtieri, Julián Gazari Barroso, Carlos Alberto Ramírez, Agustín Feced, Raúl Haroldo Guzmán Alfaro, Hugo Diógenes Sandoz, Ramón Genero Díaz Bessone, José Rubén Lofiego, Mario Alfredo Marcote, Ramón Rito Vergara, Carlos Scortecchini, Carlos Ulpiano Altamirano, Lucio César Nast, la que estaba organizada, decidida y dispuesta a poner en práctica una pluralidad de ataques a los individuos y a la sociedad, mediante la comisión de delitos indeterminados, pero esencialmente dirigidos contra la vida, la libertad y la integridad psíquica de las personas".
Cuando Tomasa Verdún relató su paso por el Servicio de Informaciones y, en particular, sobre las sesiones de torturas dijo: "Había más personas, yo los escuchaba cuando torturaban a los otros. Conmigo estaban tres que iban y venían o alguno a veces se iba a ver que información me sacaban. Había más gente colaborando que estaba torturando".
La Fiscalía le preguntó si desde eso que oficiaba de sala de torturas fue conducida a algún otro lugar del Servicio de Informaciones en algún momento. La testigo respondió: "Mientras estaba ahí porque me torturaban y después estaba muy, muy lastimada, estuve muy enferma. Veía a los que estaban torturando todas las noches y todos los días traían chicos en cantidades y torturaban a todos. Cuando estaba tirada veía que decían prepárense porque esta noche van a volar en un avión. Lo primero que pensé que era en serio volar en avión, pero después escuchaba que se reían y gozaban, escuché que iban a la orilla del río, no sé a los que llevaban, desaparecían"...
El desgarrador relato continúo. "Así es que, por eso vuelvo a repetir que fue la noche del terror, las noches que viví ahí, de día, de noche, veía a los compañeros, cómo torturaban a la gente que estaban ahí, es más un, un día que estaba tirada así veo uno con sotana, creo que un sacerdote, un cura, no sé qué era cuando lo vi dije ’ay, qué alivio por lo menos alguien se va a ocupar de nosotros que estamos aquí tirados’. El se iba y hablaba con los que estaban torturando".
La testigo contó: "Vi la parte de los pies, de la sotana cuando estaba hablando con los que estaban torturando. No pude escuchar qué decían porque era el horror, los gritos creo que de acá no sé hasta dónde se escuchaban, fue muy terrorífico. Ya le digo que cuando vi este sacerdote pensé que venía alguien que nos podía decir por favor no, no sé, dije ’encontré uno bueno’, alguien que me va a salvar porque no tenía nadie para preguntarle de nada ni por qué esto, ni por qué aquello, o por mis hijos, que era lo que más me interesaba porque ellos me decían que estaban mis hijos ahí, que si yo no cantaba la verdad los iban a matar a mis hijos".
Luego de este relato, la Fiscalía le preguntó si, estando en Alcaidía, por conocimiento directo o a través de otras personas, supo que en algún momento hubiera ido un religioso, mientras ella estaba detenida. La testigo respondió que sí, que "ahí se había acercado un sacerdote, era alguien que fue a hablar con una de las chicas creo, ahí me enteré que estaba él, que era el padre Zitelli que es quien iba a hablar con una de las compañeras".
La Fiscalía le preguntó si lo pudo ver y ella respondió que sí y si la persona esa que ella describió que pudo ver por debajo de la venda estando en el Servicio de Informaciones era la misma persona que luego vio en la Alcaldía. La testigo respondió: "Creo que sí porque no había otro, creo que era el único que tenía (sotana). No había otra, supongo que sí. Además cuando fue a hablar con las chicas ahí, también con María Inés (Lucchetti de Betanín) lo señalaban como el sacerdote, el padre". La Fiscalía le preguntó si recordaba cómo estaba vestido ese sacerdote en la Alcaldía; la testigo respondió: "Con sotana andaba".
Por su parte, Graciela Villarreal manifestó en la audiencia que, estando en Devoto, le dijeron que iban a salir para Pascua, no para Navidad. "Así pasaron los años, hasta el cura -recuerdo-, el cura que nos fue a visitar de Rosario, nos planteaba que firmemos el arrepentimiento". La testigo no recordaba el nombre de este sacerdote.
Por su parte, José Raúl Villarreal apuntó: "en esa especie de sótano, no sé cuánto tiempo ahí ya realmente uno pierde toda la noción del tiempo, no sé si por el estado mismo, porque había muy poca luz y porque está oscuro, está permanentemente oscuro. Empiezan a alimentarnos de una forma despreciable, el olor de la comida era de un podrido terrible. Recuerdo el aliento de otros presos. Y pensaba ’bueno, cerrá el estómago y comé porque no sabés qué podés comer mañana’. Uno lo tragaba. En esa situación estuvimos días. Después de un par de días que estábamos en ese sótano, siento la voz, una voz hablando en nombre de Cristo y, no sé, sugiriéndole a los detenidos que estábamos allí que confiáramos en Dios. Soy católico, no practicante, pero bueno me resultó fácil concluir de que era un eclesiástico que estaba allí entre nosotros y hasta donde puedo ver, con gran asombro, veo que la persona, este cura era el que le había dado el último adiós a mi padre, porque mi padre que falleció en el año 1969, pertenecía a las filas policiales. Como se usaba todavía en aquellos tiempos que se velaba al fallecido en su domicilio, y mi padre fue velado en mi domicilio donde detienen a mi hermana. El capellán este había estado hablando conmigo en aquellos tiempos, para sorpresa mía, estaba entre medio de todos los que habíamos sido golpeados, que estábamos todos en ese sótano. Estaba la palabra de este cura en medio de todos los detenidos allí. No puedo recordar el nombre pero era el capellán de la policía porque era el mismo que despidió los restos de mi padre en mi casa con guardia de honor y todo. Mi padre estaba en funciones en la policía cuando falleció. Si bien era administrativo, no era operativo".
27 de diciembre de 2010
26 de diciembre de 2010
©rosario 12
rss

gallesio aprueba orden de no portar armas


Enrique Gallesio, ex comandante de la Gendarmería, cree que prohibición de portar armas durante manifestaciones, es una orden racional.
[Raúl Kollmann] Argentina. "La orden de la ministra Nilda Garré de que no se utilicen armas de fuego frente a protestas es absolutamente racional. Y tampoco las postas de goma: el control es difícil y, además, desde cerca, pueden matar. El personal de civil es mejor no utilizarlo. Facilita algunas detenciones, pero también es difícil controlarlo. En caso de ser necesario, también deben estar sin armas de fuego y bien identificados. En otros países, se preserva en forma estricta el espacio público, o sea que no se permite que muy poca gente corte una vía o una avenida. En ese caso, después de que se intenta la negociación, la disuasión, interviene un cuerpo especializado, con un mando muy preciso, superioridad numérica y usando mucho la inteligencia. Debo decir que la Gendarmería actuó en esto sin disparar un tiro en los últimos años." El diagnóstico lo realiza Enrique Gallesio, comandante general retirado de la Gendarmería, fuerza en la que estuvo a cargo de la división Orden Público. Gallesio fue subsecretario de la gestión bonaerense de León Arslanian, integra el Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia (Ilsed) y es profesor de la Universidad de Quilmes en el posgrado sobre Análisis del Delito.
"Es obvio que había que tomar una decisión –señala Gallesio–. Venimos de tres muertes en Río Negro, tres muertes en Soldati, la de Mariano Ferreyra en Barracas y las dos en Formosa. Es razonable entonces que la ministra Garré haya tomado la determinación de que no se porten armas de fuego. Y tampoco las postas de goma. Está claro que es muy difícil el control de los cartuchos. En estas escopetas terminan apareciendo postas de plomo. Hay efectivos que las compran y las ponen por miedo o por las dudas. Insisto, siempre el control fue complicado. Además, la bala de goma disparada a muy corta distancia produce lesiones graves y hasta la muerte."

De todas maneras, buena parte de la población piensa que el Estado termina en la inacción y un grupo muy chico termina afectando a gran cantidad de gente.
Hay que trabajar en revisar los modus operandi y cuáles son las formas en las que debe intervenir el Estado. Lo primero es que tiene que haber un gran esfuerzo en la negociación y el diálogo. Se necesita un comité que conduzca estas situaciones con instrucciones muy precisas. Cuando se llega a intervenir, se tiene que hacer sin armas letales como hemos dicho. El desalojo se puede hacer con agua entintada, con los camiones hidrantes, con la superioridad numérica. Está claro que el policía de la comisaría no sirve para esto: tiene que ser gente bien entrenada para estas situaciones y con experiencia.

Siempre las fuerzas, en especial la Policía Federal, recurren a personal que está de civil. En Constitución volvieron a aparecer, incluso armados.
Por supuesto que con ese personal civil se pueden hacer detenciones en forma más fácil, sorpresiva. Pero lo ideal es no utilizarlo, porque se escapan del control. En caso de necesidad, deben estar bien identificados y sin armas de fuego. Lo mejor, no usarlos. El Estado tiene muchísimos recursos, los tiene que usar con inteligencia. La mayoría de los países son estrictos en la preservación del espacio público, pero hay que hacerlo con capacidad, con organización y con cuerpos que tengan preparación y experiencia. La Gendarmería ha trabajado en esa situación sin disparar un tiro en los últimos años.

En las últimas semanas hubo que afrontar las tomas de predios.
En las tomas siempre hay personas presionadas por otras. La mayoría de los que están, están asustados, tienen miedo. Pero los punteros o los vivos les prometen cosas, los tienen presionados diciéndoles que ya no les van a conseguir tal o cual cosa. Por eso el juez Daniel Rafecas estuvo perfecto: se identifica a los cabecillas, se libra la orden de captura y eso hará avanzar mucho las cosas con el objetivo de desocupar el espacio público ocupado. La clave es reunir información. Hay que hablar con la gente y escuchar. Además, todos los diálogos de los ocupantes se dan por celular, de manera que los jueces tienen que ordenar escuchas para saber cuáles son las claves de esa toma. Muchísimos seguro que no están de acuerdo. Y es muy importante entender que no son el enemigo. Es gente muy humilde. Lo que hay que establecer es quiénes son los que persiguen el lucro económico o político. Insisto, el Estado tiene muchos recursos para afrontar la situación.

¿Era necesario un Ministerio de Seguridad?
Lo fundamental es iniciar un proceso de cambio en las fuerzas de seguridad. Y ese proceso debió empezarse antes. Nilda Garré está bien elegida porque es leal a la Presidenta, que es un elemento fundamental respecto de quien está a cargo de la seguridad, y viene de una gestión en Defensa en la que se requirió mucha personalidad. Por otra parte, está en sintonía con el Acuerdo para una Seguridad Democrática que han firmado los dirigentes de casi todas las fuerzas políticas. También es importante el hecho de que Garré viene con experiencia en la gestión administrativa. Insisto en que este cambio de las fuerzas de seguridad debió empezar antes.
27 de diciembre de 2010
26 de diciembre de 2010
©página 12
rss

hermanos noble herrera no llegaron


Los Noble Herrera apelaron la resolución sobre la obtención de ADN. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, señaló que "nadie que tiene pruebas de un delito puede ocultarlas". La resolución del caso podría dilatarse hasta que la Corte Suprema se expida.
[Raúl Kollmann e Irina Hauser] Argentina. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo aseguró que "están utilizando a los jóvenes para no llegar a la verdad".
Marcela y Felipe Noble Herrera no concurrieron ayer al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Así, como anticipó Página/12 el miércoles, el expediente en el que se intenta determinar la identidad de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín va camino a empantanarse. Desde hace nueve años, ambos jóvenes y su madre se niegan a que, de una manera definitiva, se establezca si son o no hijos de desaparecidos. Ayer volvieron a eludir la decisión de la Justicia con una apelación, con la que intentan dilatar el proceso y llegar a la Corte Suprema. A primera hora, los letrados de Felipe y Marcela presentaron un escrito en el que sostuvieron que la jueza federal Sandra Arroyo Salgado interpreta equivocadamente la ley que ordena extraer mínimas cantidades de sangre, saliva, pelo o piel para realizar los estudios de ADN. Las Abuelas de Plaza de Mayo señalaron que la jueza tiene facultades para llevar a Felipe y Marcela por la fuerza pública a realizar el análisis, pero esa chance no fue contemplada por la magistrada, quien resolverá sobre la apelación que, de todas maneras, tendrá que ser tratada por la Cámara Federal de San Martín. Todo indica que el caso irá a la Cámara de Casación y luego a la Corte.
Arroyo Salgado estuvo temprano en el Hospital Durand, sede del BNDG. Junto con la titular del Banco, María Belén Rodríguez Cardozo, hicieron una especie de guardia formal para el improbable caso de que Marcela y Felipe se presentaran a hacerse los estudios pedidos por la jueza. Como era cantado, nada de eso ocurrió y, también temprano, los abogados de los jóvenes –encabezados por Jorge Anzorreguy– presentaron una apelación en el juzgado de Arroyo Salgado. La magistrada evaluó que con la apelación su resolución no quedaba firme y, por lo tanto, se suspendió, de hecho, la extracción.
La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, salió a la cancha al mediodía. "Nadie que tiene pruebas de un delito, puede ocultarlas. Los abogados están utilizando a los jóvenes, los utilizan y victimizan para no llegar a la verdad de este crimen horrendo de la dictadura. El Estado tiene la obligación de establecer la verdad."
Para justificar su no presentación, los abogados de los hijos de la dueña de Clarín sostuvieron que la jueza interpreta mal el artículo 218 bis del Código Penal que, por una ley del año pasado, faculta a los magistrados a extraer en forma compulsiva mínimas cantidades de sangre, saliva, pelo o piel para hacer el estudio de ADN. Anzorreguy se basó en un caso anterior, Vázquez Ferrá-Gualtieri, en que la Corte rechazó la extracción compulsiva. Pero aquel fallo fue previo a la sanción por parte del Congreso de la ley que estableció el artículo 218 bis y, además, los ministros de la Corte entendieron que había medidas alternativas posibles, como realizar algún allanamiento e incautar ropa o cepillos de dientes como camino para conseguir el material necesario y hacer el estudio de ADN. En el caso Noble Herrera esas medidas alternativas se concretaron, pero siempre los resultados terminaron siendo dudosos. Por ejemplo, en la ropa interior de Marcela apareció un perfil genético masculino pero también uno femenino.
Lo cierto es que tanto el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Iud, como el de las familias querellantes, Pablo Llonto, denunciaron que se sigue demorando la extracción de sangre o pelo que fue ordenada por primera vez en diciembre de 2002, hace ocho años. Las apelaciones y presentaciones, que se vienen haciendo desde mucho antes de la asunción de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, consiguieron dilatar las cosas y amenazan con postergar los estudios de ADN hasta que la Corte se expida, lo que puede demorar cerca de un año. El primer paso lo tendrá que dar Arroyo Salgado la semana próxima. La jueza seguramente rechazará la apelación. Es muy probable que lo mismo suceda con la Sala II de la Cámara de San Martín e incluso en Casación. La última palabra la tendrá la Corte.
25 de diciembre de 2010
24 de diciembre de 2010
©página 12
rss

las familias de cristina e yves


Familiares de Cristina Cialceta e Yves Domergue. La familia alrededor del árbol.
Argentina. Familiares, amigos y compañeros de Cristina Cialceta e Yves Domergue colocaron ayer una placa recordatoria junto al árbol del Bosque de la Memoria de Rosario en el que descansan las cenizas de las víctimas, quienes desaparecieron durante la última dictadura militar. Sus cuerpos permanecieron enterrados como NN en un cementerio de Melincué hasta que en el mes de julio pudieron ser identificadas. El ministro de Justicia y Derechos Humanos, Héctor Superti y la secretaria de Derechos Humanos, Rosa Acosta, participaron del acto entre otros funcionarios del área.
Los restos de los jóvenes fueron identificados en julio de este año, a partir de una denuncia realizada por la Secretaría de Derechos Humanos.
Entre los familiares que participaron del acto, se destacó la presencia de los padres de Yves Domergue, quienes vinieron de Francia, hermanos y sobrinos, así como primos de Cristina Cialceta. También estuvieron presentes la profesora Juliana Cagrandi, quien presentó la denuncia ante la Secretaría de Derechos Humanos y, entre otros funcionarios de la provincia, y los subsecretarios de Derechos Humanos zona norte y zona sur, Horacio Coutaz y Angel Ruani.
El grueso de la familia de Yves había regresado a Francia pero él se quedó con Eric en Argentina. Éste último se inclinó por el periodismo documental y fue una pieza clave en la búsqueda de su hermano. Ayer estuvo en Rosario para colocar la placa que recuerda a la pareja en el Bosque de la Memoria.
24 de diciembre de 2010
©rosario 12
rss