Blogia
mQh

chile

barrios ricos con fiscal para robos


Chahúan respalda a fiscal para robos en barrio alto. Comunas ricas se protegen de repetidos robos y utilizan a poder judicial para ello.
Santiago, Chile. El fiscal nacional Sabas Chahuán valoró la designación de Samuel Constenla como el nuevo fiscal de dedicación exclusiva para indagar los robos en el sector oriente de la capital.
"El fiscal regional Xavier Armendáriz, dentro de sus atribuciones, nombró a un fiscal para concentrar una cantidad de investigaciones importantes por ese tipo de delitos y, obviamente, cuenta con todo nuestro respaldo", expresó.
Chahuán formuló estas declaraciones tras participar de una ceremonia en La Moneda, en la cual el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, hizo un positivo balance de los decomisos de drogas durante este año.
El prosecutor fue designado ante los reiterados asaltos a residencias del sector oriente de la capital, en las comunas de La Reina, Vitacura, Lo Barnechea y Las Condes.
27 de noviembre de 2010
©la nación
rss

gobierno se querella en caso tohá


Gobierno dice que muerte de Tohá es homicidio y se querella. Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior presentó acción judicial contra quienes resulten responsables del asesinato "con premeditación y alevosía" del ex colaborador de Salvador Allende.
Santiago, Chile. La muerte del ex ministro José Tohá se produjo en 1974 en el ex Hospital Militar. El caso es investigado por el juez Jorge Zepeda, quien en los próximos días podría decretar la exhumación del cuerpo.
A través del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, el gobierno presentó ayer en la Corte de Apelaciones de Santiago una querella contra quienes resulten responsables por la muerte del ex ministro José Tohá. El libelo califica el hecho como "homicidio con premeditación y alevosía".
La información fue dada a conocer por el ministro del Interior (S), Rodrigo Ubilla, quien explicó que la medida se tomó "a la luz de los antecedentes recopilados en los últimos días", luego de que el juez Jorge Zepeda reabriera la causa.
Especificó que se trata de una querella contra "quienes resulten responsables, y el valor que tiene es que ponemos a disposición de la investigación los abogados nuestros del programa, para que puedan así, ojalá a la brevedad, tener claridad respecto a este asunto".
Asimismo agregó que "la información que hoy día se dispone, sobre todo a partir de los peritajes que se han hecho los últimos días, aparentemente llevarían a la conclusión de que esto (la muerte de Tohá) se debería a acciones de terceros, lo que significa que estaríamos en presencia de una situación que ya no es una muerte natural".
De todos modos, hizo ver que es "relevante contextualizar" el hecho, pues se trataba de "una persona que estaba en una situación de bastante fragilidad, una persona enferma".

Familia Agradece
Por su parte, la presidenta del Partido por la Democracia (PPD) e hija del desaparecido ministro, Carolina Tohá, valoró la querella.
La ex vocera del gobierno de Michelle Bachelet se mostró agradecida por la decisión del Ejecutivo y afirmó que incluso habría hablado con el titular del Interior, Rodrigo Hinzpeter, para agradecerle.
"Hoy se puede hacer esto porque el año pasado con la ley del Instituto de Derechos Humanos, se ampliaron las atribuciones del programa de DDHH que antes sólo podía querellarse en casos de detenidos desaparecidos", dijo.
La ex diputada por Santiago espera que la iniciativa judicial ayude " a que encontremos la verdad".
En tanto, el senador PS por la Región de Los Lagos, Camilo Escalona, dijo ayer que la querella demuestra que "ya no hay en Chile quien defienda la dictadura de Pinochet, y en consecuencia, el valor simbólico que sea un gobierno sostenido por la propia derecha el que toma la decisión de presentar una querella en contra de los criminales que atentaron contra la vida de José Tohá González, pone de manifiesto lo profundamente que ha cambiado Chile en los últimos 20 años".
26 de noviembre de 2010
25 de noviembre de 2010
©la nación
rss




chacal pinochetista no será sobreseído


Corte rechaza sobreseer por demente al general (r) Brady. Defensa argumentaba que el ex jefe de la Guarnición Militar de Santiago no está en condiciones de afrontar el juicio por los detenidos desaparecidos de La Moneda.
Santiago, Chile. Por unanimidad, la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó otorgar el sobreseimiento por demencia del general en retiro Herman Brady, procesado por las desapariciones y ejecuciones de los ex GAP y asesores del Presidente Salvador Allende, tras el golpe militar de 1973.
El ex militar, quien a la fecha de los hechos era el comandante de la Guarnición de Santiago, se encuentra hace 11 meses en el Hospital Militar.
Su defensa intentó evitar el proceso, argumentando que el ex jefe uniformado no se encuentra en condiciones de afrontar el juicio, considerando que la causa está en etapa de sumario y "quedan muchos años de investigación", según expresó el representante de Brady, el abogado Carlos Cortés.
Cortés insistió en el impedimento de Brady para continuar bajo juicio, señalando que un tercer informe solicitado por la Corte de Apelaciones "los neurólogos señalaron expresamente que no estaba capacitado para enfrentar este tipo de juicios".
Sin embargo, la sala del tribunal de alzada desestimó estos argumentos y continúa la investigación a cargo del ministro en visita Juan Eduardo Fuentes Belmar.
El 11 de septiembre de 1973 en La Moneda y alrededores fueron arrestados cerca de 40 personas, la mayoría de ellos asesores y GAP de Allende. Los detenidos fueron llevados al regimiento Tacna y dos días después sacaron a unos 20 de ellos en dos camiones, los condujeron al campo de entrenamiento de Peldehue, al norte de Santiago, y los mataron disparándoles con ametralladora.
26 de noviembre de 2010
©la nación
rss

habló ana ferrari


"Durante todos estos años de impunidad, pase muchas noches insomne". "Una revive momentos de extremo dolor", dijo ayer la mujer que fue detenida el 15 de octubre de 1976 y traslada al Servicio de Informaciones de la policía -donde ya estaban sus padres y un hermano de 14 años- donde fue torturada.
[Sonia Tessa] Argentina. Ninguna de las personas que asistió a la audiencia de ayer de la causa Díaz Bessone pudo salir de la sala siendo la misma. En especial, después de escuchar a Ana Ferrari y Beatriz Beletti, dos testigos que hicieron un enorme esfuerzo para poner en palabras un horror que parece inenarrable. Declararon también Graciela y Raúl Villarreal, dos hermanos que fueron secuestrados en septiembre de 1976. Ana Ferrari brindó una contundente declaración sobre la persecución a su familia, que comenzó muy temprano, en 1969, con el asesinato de su hermano Gerardo, sacerdote tercermundista. En 1970, el propio Agustín Feced allanó su casa y le dio una trompada a ella, entonces una niña de 12 años. Ana mantuvo la opción por los pobres, y se mudó a una villa cuando era adolescente. Allí participó en tareas como la construcción de un dispensario, o los reclamos de cloacas. "Todas cosas que me enorgullecen", dijo ayer. En junio de 1976, sus padres y su hermano de 14 años fueron secuestrados, y estuvieron en el Servicio de Informaciones. A Ana y su compañero, Manolo Fernández, los llevaron el 15 de octubre de 1976, de la casa de una abuela. Ana tenía un bebe, había dejado de militar. Al ver su documento, Raúl Guzmán Alfaro le dijo: "Así que vos sos una Ferrari, a vos y a toda tu familia los vamos a hacer mierda". La separaron de su hijo, al que amamantaba. Cuando la torturaban, le salía leche de los pechos. En una de las sesiones de tortura participó el propio Feced. Estaba sentada en la escalera del centro clandestino de detención cuando se llevaron a las víctimas de la masacre de Los Surgentes, el 17 de octubre. Nunca olvidará la mano de José Antonio Oyarzabal, a quien le decían Ciruja, sobre la suya. "Hasta la victoria siempre", se dijeron. "Durante todos estos años de impunidad, he pasado muchas noches insomne", le dijo ayer al Tribunal Oral Federal número 2.
Apenas llegaron a la casa de su abuela, Ana supo que iba a pasarla muy mal. Levantó a su bebé del moisés, pero uno de los represores le tironeaba las piernitas. Cuando relató ese momento, y como cada vez que mencionó a su hijo, la emoción le congeló la garganta. Aún así, siguió. Un policía vestido de marrón le prometió cuidar que a su bebé no le hicieran nada durante el allanamiento. Y cumplió. Guzmán Alfaro y otro integrante de la patota, apodado Kuriaki, la llevaron a una pieza, le metieron una pistola en la vagina y le dijeron que iba a morir de esa manera. Después, la vendaron con una sábana que ella misma había hecho para su bebe. Ana tenía 18 años "recién cumpliditos".
Tras el allanamiento, la trasladaron en auto al SI. "Lo único que pensaba era que tal vez a mi hijo no lo iba a ver nunca más", dijo. Cuando la bajaron en la Jefatura, supo de inmediato donde estaba, porque meses antes había ido a llevarles comida a sus padres al mismo lugar. "Me tiraron contra la escalera y me dijeron: estás en el infierno", rememoró ayer.
Estaba en el SI cuando Feced llegó a verla, y le pegó. Una trompada por su madre, otra por su hermano muerto, otra por su hermano Pepe. Ana es la número 11 de 12 hermanos. "Tengo una familia numerosa, así que ligué mucho", dijo ayer, con un sentido del humor admirable para la ocasión. Demoró dos semanas, hasta que la trasladaron al sótano, en saber que su bebé estaba bien. Recién entonces la dejaron verlo unos instantes.
Antes de ir al sótano, sentada en la escalera del SI, Ana compartió un tiempo con Ana Lía Murgiondo (o la Petisa Carmen, quien rogó a los compañeros presentes que cuidaran a su hija), María Cristina Marquez y Cristina Costanzo. Por allí bajaron a Eduardo Felipe Laus y Oyarzabal, y también escuchó que decían "traigan al turco" por Sergio Jalil. Esa misma noche los asesinaron en la localidad cordobesa. "Fue el último día de vida de esos compañeros, el último día que estuvieron vivos", dijo con la voz ahogada por el dolor.
En cambio, no le tembló la voz para nombrar a los represores. "Sé con certeza absoluta que (José El Ciego) Lofiego participó de mi tortura y controlaba mis latidos cardíacos", dijo, para repetir la convicción sobre Mario ‘el Cura’ Marcote. Mencionó a Carlos Gómez, al Sargento, a Telmo Ibarra, a Kuriaki, a la Pirincha, a Kunfito, a Darío, a Kung Fu y a Tu Sam, que era Carlos Brunato, alguien que se había hecho pasar por integrante de la UES.
También recordó a Caramelo, Carlos Ulpiano Altamirano y contó que la hija del represor fue novia de su propio hijo. "La acepté en mi casa porque ella no tenía ninguna responsabilidad en lo que había hecho su padre. A él lo identifico un día que trae a su hija a mi casa. Jamás acepté las invitaciones a almorzar indicó ayer la testigo. Quiero recalcarlo para que se vea que entre nosotros no hay espíritu de revancha, de venganza". Aunque ella no unió todos los apodos con nombres, Darío era Julio Héctor Fermoselle, Kung Fu era Carlos Martín Ramos, la Pirincha era César Peralta.
En las sesiones de tortura "se nombraban entre ellos, se reían, se burlaban, se divertían", dijo la testigo ante una pregunta de la defensa. Ana mencionó un intento de violación de los represores, que la habían dejado desnuda en la rotonda del SI, pero fueron interrumpidos por Feced al grito de "No, la Ferrari es mía". Ayer, la sobreviviente usó la ironía. "No me violaron. ¿Se lo agradezco?", dijo ante los jueces Jorge Venegas Echagüe, Beatriz Barabani de Cavallero y Otmar Paulucci.
Afirmó que durante estos años, la persiguieron los recuerdos. Que pasó muchas noches sin dormir, recordando las torturas, la picana, las quemaduras de cigarrillo. "Me ha costado muchas noches de insomnio donde uno revive muchos momentos de extremo dolor, no sólo físico, sino también de indignidad, de vejación", dijo ayer.
Después de un mes en el Servicio de Informaciones, a Ana la trasladaron a Devoto, el 15 de noviembre de 1976. "Sé que a la noche siguiente Feced vino a buscarme para matarme. No se sabe de dónde salió la orden de trasladarme a Devoto, pero Feced se puso muy furioso por mi ausencia", recordó ayer la testigo. En esa cárcel supo que le habían abierto una causa federal. La defensora oficial era Laura Cosidoy, quien desoyó sus denuncias por torturas. "Hubiera preferido no tener abogado. Le hago la denuncia de lo que habíamos pasado y por supuesto que se hizo la sorda, no tomó ninguna referencia", contó la sobreviviente. Después, volvieron a llevarla a Rosario, esta vez a la Alcaidía. El 24 de diciembre de 1978 recuperó la libertad, pero debía ir tres veces por semana al mismo lugar donde la habían torturado para "firmar una libretita". A la familia de su esposo la diezmaron, y al salir en libertad, la única forma de reconstruirse fue tomar distancia, vivir en Entre Ríos y luego en Buenos Aires.
El relato fue extenso, mencionó a muchos compañeros y compañeras de cautiverio. "Estoy acá porque creo profundamente que la justicia tiene que servir para que los jóvenes crean en un país distinto. No se puede juzgar a un ladrón. No hay manera de juzgar a nadie si estos crímenes quedan impunes", dijo la testigo, quien llevó puestos los zapatos de la abogada Delia Rodríguez Araya, quien fue fundamental en el impulso de la causa Feced, al comienzo de la democracia. "Le quiero rendir homenaje", dijo Ana. Cuando salió de la sala, demoró un rato largo en transitar el camino hasta calle Oroño. A cada instante, alguien la abrazaba, con emoción. Al terminar su testimonio y también cuando salió a la vereda, recibió una ovación.
25 de noviembre de 2010
24 de noviembre de 2010
©rosario 12
rss

reconstituyen muerte de tohá


En el ex Hospital Militar. Juez Zepeda se reunirá con ex funcionarios en la pieza en que se encontró muerto al otrora ministro del Interior y de Defensa en el gobierno del presidente Salvador Allende.
Santiago, Chile. El juez Jorge Zepeda permanece en el Hospital Metropolitano de Santiago, ex Hospital Militar, desarrollando diligencias en el marco de la reconstitución de la muerte en 1974 de José Tohá, ex ministro del Interior del Presidente Salvador Allende.
El magistrado, que realiza el trámite en el marco de la reapertura del caso inicialmente declarado como suicidio, llegó al recinto de la comuna de Providencia cerca de las 09:00 horas de este miércoles acompañado de efectivos de la Policía de Investigaciones.
Se espera que Zepeda haga una revisión de la pieza en que Tohá, detenido por la dictadura luego del golpe de Estado, supuestamente se colgó desde una barra en un closet y además entreviste a los funcionarios que fueron testigos del hallazgo de su cuerpo.
24 de noviembre de 2010
©la nación
rss

murió sergio valech


Muere el ex vicario de la Solidaridad Sergio Valech. El obispo emérito de Santiago, que también encabezó la Comisión sobre Prisión Política y Tortura, falleció a los 83 años víctima de un cáncer pulmonar.
Santiago, Chile. El ex vicario de la Vicaría de la Solidaridad hacia el fin de la dictadura militar de Augusto Pinochet, monseñor Sergio Valech Aldunate, obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de Santiago, murió en la madrugada de este miércoles víctima de un cáncer pulmonar, en en la Casa Sacerdotal Santo Cura de Ars, en Santiago.
El religioso de 83 años, que falleció en la residencia en donde se encontraba en reposo desde hace varios meses, en el área de los derechos humanos también tuvo un rol destacado al encabezar la Comisión Sobre Prisión Política y Tortura, conocida también como Comisión Valech, que emitió su informe en 2004.
En la Vicaría de la Solidaridad, principal organismo de la Iglesia Católica dedicado a la defensa de los derechos humanos, asumió en el período entre 1987 y 1992, y es reconocido como haber defendido los archivos sobre víctimas de la dictadura ante el interés de agentes de ese gobierno de requisarlos antes de la salida de Pinochet.

Nacido en Santiago el 21 de octubre de 1927, Valech estudió en el Seminario de Santiago y en la Facultad de Teología de la Universidad Católica y fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1953 por el cardenal José María Caro.
En 1973, el Papa Pablo VI lo eligió obispo titular de Zabi y auxiliar del cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago, quien lo consagró en ese cargo el 18 de octubre en la Catedral de Santiago.
La Conferencia Episcopal de Chile indicó que a partir de las 09:00 horas, el Consejo de Vicarios de la Arquidiócesis de Santiago, presidido por el cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, se reunirá para ver los detalles de sus funerales.
24 de noviembre de 2010
©la nación
rss

cuando eua rompió con pinochet


Reagan y Pinochet: El momento en que Estados Unidos rompió con la dictadura.
[Peter Kornbluh y Marian Schlotterbeck] Mucho se ha escrito sobre el rol de Estados Unidos en la génesis del Golpe de Estado de 1973 en Chile, pero poco se sabía hasta ahora de cómo se decidió en Washington quitarle el apoyo a Pinochet durante el gobierno de Ronald Reagan, en noviembre de 1986. Y tampoco del rol que jugó en ello el salvaje asesinato del fotógrafo Rodrigo Rojas, quien junto a Carmen Gloria Quintana fue quemado por una patrulla militar. El National Security Archive obtuvo documentos desclasificados que ayudan a recrear el momento en que los estadounidenses se dieron cuenta de que Pinochet ya no era funcional para sus intereses y el debate que se provocó para definir la mejor forma de sacarlo del poder y apoyar a la oposición. Aquí, los diálogos en los que Reagan aparece como el más reacio a dejar caer al dictador.
"Este hombre tiene las manos llenas de sangre", le dijo el secretario de Estado George Shultz al presidente Ronald Reagan mientras discutían sobre el futuro del general Augusto Pinochet. "Ha hecho cosas monstruosas", concluyó.
Trece años antes, Estados Unidos ayudaba a Pinochet a llegar el poder. En noviembre de 1986, en Washington llegaba el momento en que el gobierno estadounidense decidía que el general había cumplido su propósito y era tiempo de que se fuera.
En una reunión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por su sigla en inglés) que tuvo lugar el 18 de noviembre de 1986, los principales asesores de Reagan pusieron el asunto en perspectiva: "El gobierno de Estados Unidos y esta administración en particular, quieren que Chile vuelva a su tradición democrática de 150 años. Entonces, la decisión clave no es si queremos o no democracia en Chile. La queremos. La pregunta para nosotros es cómo podemos contribuir más efectivamente a un resultado democrático en Chile".
La historia de cómo el gobierno estadounidense, desplegando la fuerza de la CIA sobre Chile, ayudó a orquestar el derrocamiento del gobierno del democráticamente electo Salvador Allende y el ascenso al poder del régimen militar de Pinochet es bien conocida en el mundo. Pero la historia de cómo Washington decidió cortar con Pinochet, presionarlo y cautelosamente apoyar a la oposición civil para impedir su intención de ser un presidente vitalicio, nunca ha sido completamente revelada. Y fue en noviembre de 1986.
Veinticuatro años después de que se tomara esa decisión, documentos desclasificados de la Casa Blanca, recientemente obtenidos por el Nacional Security Archive en los archivos de la Biblioteca Presidencial Reagan –los que CIPER da a conocer por primera vez– dan luces sobre las reuniones en que la conservadora administración Reagan concluyó que Pinochet ya no servía a los intereses de Estados Unidos. La conclusión fue que había que forzarlo a dejar el poder.

El Deterioro de una Relación
En un comienzo, la administración Reagan veía al régimen de Pinochet como un aliado anticomunista que merecía el apoyo de Estados Unidos. No mucho después de asumir la presidencia (enero de 1981), Reagan levantó las sanciones que la administración Carter había impuesto al régimen militar por su responsabilidad en la bomba que hizo explotar el auto en el que viajaban el ex embajador chileno en Washington Orlando Letelier y su colega Ronni Karpen Moffitt. Ambos perdieron la vida. Reagan, en cambio, envió a Chile su embajadora ante Naciones Unidas, Jeane Kirkpatrick, a reunirse con Pinochet y "expresarle el deseo de mi gobierno de normalizar por completo las relaciones con Chile."
A diferencia del presidente Jimmy Carter, la nueva administración no lo presionaría más por las violaciones a los derechos humanos. Pinochet interpretó el respaldo que le volvía a brindar Washington como una reivindicación y una ratificación de su régimen. En un discurso unos meses después de la elección de Reagan, Pinochet declaró que si antes Chile se hallaba sólo en su firme oposición al imperialismo soviético y su respaldo al sistema de la libre empresa, ahora formaba parte de una clara tendencia mundial. Chile, subrayaba el dictador, no era el que había cambiado.
El colapso de la economía de libre mercado chilena en 1982, seguido de un aumento del descontento popular hacia mediados de 1984, levantó las primeras dudas en las cabezas de los funcionarios de Estados Unidos sobre si seguir o no apoyando al régimen. Ese año 1984, en el que Reagan fue reelegido para un segundo período, un informe de inteligencia de la CIA titulado "Pinochet bajo presión" reportaba que "la política chilena había cambiado de manera irreversible, creemos, durante los últimos años":

- La actitud del pueblo con respecto a las políticas de libre mercado del gobierno se ha agudizado a causa de la recesión económica.

- El resurgimiento de los sindicatos y los partidos políticos ha propiciado la reactivación de la vida política chilena.

- Los radicales de izquierda se han vuelto más activos en lo político, hasta el punto de organizar mítines y participar en debates informales con partidos moderados, en tanto que el Partido Comunista chileno ha extendido su organización por todo el país de un modo que sólo supera el Partido Demócrata Cristiano.

- La identificación de los militares con Pinochet ha comenzado a resquebrajarse debido a las diferencias sobre cómo actuar ante el disenso político y en torno al programa de restauración del gobierno civil.

Este informe –junto con las acusaciones del Congreso respecto hipocresía de las políticas de la Casa Blanca que apoyaba una contrarrevolución violenta en Nicaragua en nombre de la democracia pero al mismo tiempo no hacía nada respecto a Chile–, llevó al Departamento de Estado a la primera revisión significativa sobre la continuidad del apoyo de la administración Reagan al régimen de Pinochet. El entonces asistente del secretario de Estado para América Latina, Langhorne Motley, recomendó una "intervención activa, aunque gradual, para tratar de propiciar una transición pacífica hacia la democracia en Chile".
Cuando funcionarios de la embajada de EE.UU. trataron de empujar al régimen y a la oposición no comunista hacia el diálogo para una transición, se encontraron con un Pinochet intransigente ante un cambio político real. En una reunión en el salón Oval con Reagan en septiembre de 1985, el secretario de Estado George Shultz le dijo al presidente que la resistencia de Pinochet estaba llevando a una nación "cada vez más polarizada, lo que no haría sino beneficiar a los comunistas".

El Asesinato de Rodrigo Rojas
El asesinato de un joven fotógrafo chileno que acababa de volver del exilio en Washington puso nuevamente la atención de los altos funcionarios de la administración Reagan en la necesidad de aumentar las presiones para que Pinochet se fuera. Rodrigo Rojas había regresado a Chile en mayo de 1986. El 2 de julio, él y una joven mujer, Carmen Gloria Quintana, fueron detenidos por una patrulla militar durante una protesta callejera, rociados con gasolina, quemados y arrojados a una zanja. Rojas murió unos días después a causa de las quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo.
En una clara señal del rechazo de Washington a las violaciones de derechos humanos de Pinochet, el embajador de Estados Unidos Harry Barnes se unió a miles de chilenos en la procesión del funeral en Santiago. Pinochet le dio la espalda a Estados Unidos desplegando los guanacos sobre la multitud.
La naturaleza salvaje de esa atrocidad y el hecho de que Rojas era residente en Estados Unidos, resonó en Chile y en Washington. La tarde del 14 de julio, la lectura de documentos del Presidente Reagan incluyó un reporte secreto sobre el "probable involucramiento del Ejército chileno en el asesinato de Rojas". Hombres clave del Congreso estadounidense pidieron que el gobierno repudiara públicamente al régimen de Pinochet. "La onda expansiva que dejó la muerte de Rojas tiene un impacto relevante en las actitudes de los congresistas. El sentimiento por acciones duras seguirá construyéndose particularmente si los responsables de este crimen no son identificados y enjuiciados", decía al reporte secreto enviado al secretario Shultz por su delegado para América Latina, Elliott Abrams.
Con su informe, Abrams encendió las alarmas sobre Chile: "La última línea es que enfrentamos un empeoramiento de la situación en Chile y necesitamos usar todos los medios disponibles para proteger nuestros intereses". Y advirtió que una presión efectiva de Estados Unidos requerirá "más que voleos verbales para conseguir que Pinochet acepte irse o persuadir al Ejército de persuadirlo a él". Abrams recomendó considerar una reunión del Consejo de Seguridad Nacional "para revisar nuestra política hacia Chile".
Antes de que la reunión del NSC pudiera organizarse, los funcionarios estadounidenses quedaron sorprendidos por un aumento de los militantes de izquierda en Chile. En agosto, un enorme arsenal de armas destinadas al recientemente formado Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), el brazo armado del Partido Comunista, fue descubierto en Carrizal Bajo. Y el 7 de septiembre, miembros del FPMR intentaron asesinar a Pinochet cerca de su casa de descanso en el Cajón del Maipo. "La extrema izquierda probablemente continuará poniendo bombas, saboteando y realizando otros ataques en búsqueda de aumentar la tensión y crear inestabilidad", reportó la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos el 9 de septiembre. En respuesta al ataque, Pinochet declaró Estado de Sitio e inició una nueva fase de represión en Chile.

La Reunión del Consejo de Seguridad Nacional del 18 de Noviembre
"Existe amplia evidencia que sugiere que Pinochet ha perdido su confianza en la democracia como un sistema que puede contrarrestar exitosamente a los comunistas", afirmó en un documento secreto el consejero de Seguridad Nacional, John Poindexter, para preparar una reunión del NSC sobre la política estadounidense hacia Pinochet (esa reunión estaba originalmente programada para el 14 de noviembre y luego fue postergada para el 18 de ese mes). "La estrategia de Pinochet de quedarse en el poder parece ser la de polarizar el país, mantener a la oposición débil y dividida, de modo de que pueda presentar al país una elección entre él y los comunistas en 1989 y forzar a la Junta a nombrarlo como candidato (en el plebiscito)…Él cree que ganaría".
Dominado por ideólogos de derecha, el Consejo de Seguridad Nacional de Reagan vio la reunión como una forma de adoptar una "estrategia cuidadosamente calibrada" para sacar a Pinochet del poder. Pero los documentos desclasificados de la reunión revelan un conflicto entre el NSC y el Departamento de Estado sobre cómo manejar la "creciente tensión entre nuestro interés nacional en una transición a la democracia ordenada y pacífica en Chile, y el aparente deseo del presidente Pinochet de mantenerse en el cargo indefinidamente".
El Departamento de Estado buscaba un apoyo de alto perfil para la oposición chilena no comunista y un esfuerzo por distanciar públicamente a Washington del régimen militar votando "no" a los créditos multilaterales y otros préstamos a Chile. El NSC parecía despreciar lo que los funcionarios llamaban "vías indisciplinadas y poco pragmáticas" de la oposición democrática y tener más simpatía por reunirse con los militares para que apoyaran la transición. El NSC creía que un acercamiento más sutil a los miembros de la Junta de Gobierno y el Ejército sería más efectivo para presionar a Pinochet.
Cuando la reunión comenzó a las 11:07 en el salón del gabinete de la Casa Blanca, Poindexter delineó al presidente Reagan y sus principales asesores de seguridad nacional los principios de las políticas del NSC, con un sesgo hacia la mantención de vínculos positivos con los militares chilenos e incluso con Pinochet:

- Primero, la necesidad de mantener el rol positivo de los tres miembros de la Junta pro transición y apoyar sus esfuerzos por lograr que el Ejército se les una en la transición;

- Segundo; la necesidad de responder a las preocupaciones de seguridad e institucionales del Ejército y evitar los actos que fomenten actitudes nacionalistas y/o un movimiento en apoyo Pinochet"

- Tercero, la necesidad de evaluar cómo las acciones de Estados Unidos, especialmente aquellas que puedan ser interpretadas como un retiro del apoyo estadounidense al régimen, afectan las acciones y estrategia del Partido Comunista Soviético/Cubano/Chileno.

- Cuarto, la necesidad de mover a la oposición democrática hacia una postura más disciplinada y pragmática de modo de que aumente su credibilidad en el Ejército;

- Quinto, la necesidad de tomar acciones que constituyan una presión efectiva sobre Pinochet y evitar aquellas que sean contraproducentes; y la necesidad de mantener nuestro acceso e influencia sobre Pinochet y su círculo íntimo.

A partir de ahí, el director suplente de la CIA, Robert Gates (actual secretario de Defensa, con quien se reunió el ministro de Defensa de Chile Jaime Ravinet en Santiago la semana pasada) estableció el análisis de la agencia sobre la situación de Chile. El descubrimiento de depósitos de armas "trajo de vuelta para la mayoría de los chilenos la amenaza de una insurrección comunista en los próximos años", le dijo Gates a Reagan. Y advirtió que "el dominante Partido Comunista, con una fuerza de 30.000 miembros, ha progresivamente girado hacia la violencia como el único medio para polarizar el ambiente y derrocar a Pinochet".
La evaluación final de la CIA era optimista: "Después de todo, recientes evoluciones en las actitudes de los miembros de la Junta y la reacción de la oposición moderada al intento de asesinato (de Pinochet) de alguna forma han aumentado las esperanzas de que pueda realizarse un proceso de transición pacífica que saque a Pinochet del poder hacia 1990 y permita a los militares entregar el gobierno a una coalición no comunista".
Sin embargo, Gates identificó también "cuatro importantes obstáculos para dicha transición: (1) La determinación de Pinochet de quedarse en el poder por las próximas décadas; (2) la amenaza de violencia terrorista; (3) la subversión externa y el apoyo de grupos violentos; y (4) la incapacidad de la oposición moderada de cohesionarse en torno a un programa de transición específico aceptable para los militares".
En la transcripción desclasificada de la reunión queda claro que el Presidente Reagan era el más férreo defensor de Pinochet, aunque reconociera que era el momento de que Pinochet se fuera. "Salvó a su país… Si hubiera alguna forma en que pudiéramos aparecer como no oponiéndonos a él, indicar que respetamos lo que ha hecho, pero al mismo tiempo decir que queremos ayudar a Chile por el bien de Chile". Cuando Reagan sugirió que podía ir personalmente a Chile en una visita de Estado para hablar con Pinochet, su secretario de Estado, George Shultz le replicó: "De ninguna forma. Este hombre tiene las manos llenas de sangre…".
Fue el secretario Shultz quien expuso el argumento más convincente para presionar a Pinochet. "No se engañe", le dijo a Reagan en su cara. Pinochet "ha sido cruel, represivo y lo que ha hecho es simplemente indefendible". Rechazando la posición del NSC de que de alguna forma Washington podría convencer suavemente a Pinochet de irse, Shultz afirmó: "Lo que estamos tratando de hacer es estar seguros de que estamos en el lado de la transición, pública y privadamente. Es por eso que nuestros actos, como ir al funeral (de Rodrigo Rojas) nos han dado credibilidad. Si sólo hacemos cosas que son agradables para Pinochet, no vamos a ninguna parte. Tenemos que estar dispuestos a rockear con él un poco".
"No creo que podamos sólo tratar con la persuasión", hizo ver Shultz en otro momento de la reunión. "Tenemos que mover algún músculo o no va a cambiar. La última línea de Pinochet es quedarse en el poder".
Esta reunión clave, que pretendía establecer una "nueva dirección" para las políticas de Estados Unidos hacia Chile, tiene un final incierto y surrealista, con el Presidente Reagan alabando los esfuerzos de Pinochet de privatizar la seguridad social en Chile y contando historias de horror sobre el sistema estadounidense. Pero la conclusión fue clara: el gobierno de Estados Unidos, que había ayudado a Pinochet a llegar al poder trece años antes, iniciaría finalmente un esfuerzo concertado para forzarlo a dar un paso al lado.

El Desenlace de un Dictador
Un día después de la reunión del NSC sobre Chile, el presidente Reagan dio una conferencia para negar reportes de prensa que indicaban que su administración había vendido secretamente armas a Irán. En semanas, su administración se hundiría en el más grande escándalo político de la década —conocido como el caso Irán-Contra—, que involucraba la venta ilegal de armas a Irán para financiar la insurgencia Contra en oposición a los Sandinistas en Nicaragua. El escándalo casi le costó a Reagan su presidencia; llevó al despido de John Poindexter y otros consejeros de seguridad nacional que habían estado involucrados en actividades ilegales, entre ellas el haber enviado a líderes de los Contra a Santiago para recibir armas de los militares chilenos. En última instancia, el escándalo Irán-Contra distrajo mucho la atención de Washington hacia Chile durante los últimos años de la dictadura militar.
La campaña del "No" que culminó con el plebiscito de 1988 y la victoria a favor de la democracia fue una tremenda hazaña de estrategia política de los chilenos. Que Estados Unidos abandonara su apoyo previo a Pinochet jugó un rol, aunque menor, en el proceso político en Chile. El National Endowment for Democracy (NED), creado para realizar abiertamente las operaciones políticas que antes hacía la CIA de manera encubierta, el que junto a la federación de sindicatos AFL-CIO y el National Democratic Institute (NDI) contribuyó con unos US$ 1,6 millones desde Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de la oposición democrática y organizar el registro de votantes y campañas educativas, realizar encuestas de opinión efectivas, contratar consultores de medios y organizar un sistema paralelo de conteo de votos para el día de la elección.
Sin embargo, el rol más significativo de Estados Unidos fue delatar el plan secreto de Pinochet de usar la violencia para anular el plebiscito en caso de que ganara el "No" y así mantenerse en el poder. Ya en mayo de 1988, cuatro meses antes del plebiscito, la CIA obtuvo datos de inteligencia sobre "la creciente determinación de los militares de evitar la subida el poder de un gobierno civil en Chile". Hacia fines de septiembre, la CIA y la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por su sigla en inglés) habían acumulado evidencia significativa de un plan para una matanza y un autogolpe si el voto no se inclinaba hacia Pinochet el 5 de octubre. En un cable secreto al Departamento de Estado, el embajador Harry Barnes reportó:
El plan de Pinochet es sencillo: a) si gana el SI, perfecto; b) si la lucha resulta estar muy reñida, recurrirá al fraude y la coerción, c) si parece que los votantes se decantan claramente por el NO, empleará la violencia y el terror para poner fin al proceso. Para ayudar a crear la atmósfera de represión necesaria, la CNI se encargará de protagonizar ciertos actos violentos antes del 5 de octubre y durante la jornada de elecciones. Sabemos que los consejeros más cercanos a Pinochet se están dando cuenta de que tiene muchas posibilidades de perder, por lo que creemos muy probable que se ponga en práctica la tercera opción, lo que comportaría una pérdida considerable de vidas.
En un informe clasificado "Top Secret" la Agencia de Inteligencia de Defensa, informaba que el plan pudo resultar en un "grave y generalizado derramamiento de sangre".
La administración Reagan actuó en forma rápida y decisiva para confrontar estas amenazas de Pinochet. Silenciosamente, los funcionarios militares estadounidenses contactaron a otros miembros de la Junta para advertirles que las consecuencias de abortar un plebiscito serían duras para Chile. Washington también compartió información de inteligencia con los británicos, de modo que ellos también pudieran presionar a sus contactos dentro del Ejército para que resistieran el intento de Pinochet de quedarse en el poder.
El 3 de octubre, el Departamento de Estado expuso públicamente el plan de Pinochet para mantenerse en el poder y lo denunció, diciendo que "dañará seriamente las relaciones con Estados Unidos y destruirá la reputación de Chile a nivel mundial". En un mensaje diplomático dirigido directamente a Pinochet, el gobierno de Reagan afirmó: "Nada podría arruinar de forma tan duradera su imagen en Chile y el mundo entero como el autorizar o permitir actos de extrema violencia o iniciativas ilegales que conviertan en una farsa su promesa solemne de un referéndum libre y justo".
Esta presión no tuvo impacto en Pinochet, pero pudo haber sido un factor, junto con el ferviente compromiso y deseo de la mayoría de los chilenos, que influenciara a otros miembros de las Fuerzas Armadas a oponerse a una extensión violenta de una dictadura que ya era sangrienta y prolongada. Avanzada la tarde de ese histórico 5 de octubre de 1988, cuando estaba claro que Pinochet había perdido el plebiscito, otros miembros de la Junta se negaron a firmar una orden escrita por Pinochet que le confería poderes de emergencia para anular la votación. Esa noche marcó el fin de su régimen militar infame y el comienzo del regreso de la democracia en Chile.
[Peter Kornbluh es autor de ‘Pinochet: Los Archivos Secretos’ y dirige el ‘Chile Documentation Project’ en el National Security Archive, un organismo no gubernamental dedicado la investigación sobre política exterior basado en Washington D.C.
Marian Schlotterbeck es candidata a doctora de la Universidad de Yale y actualmente vive en Santiago. Algunos de los documentos del Departamento de Estado y de la CIA citados en este artículo fueron recientemente donados por National Security Archive al Museo de la Memoria y Derechos Humanos.
24 de noviembre de 2010
23 de noviembre de 2010
©ciperchile
rss

otros testigos de la dina


Testigos clave para develar los asesinatos de Carmelo Soria, Bernardo Leighton y Orlando Letelier, se encuentran viviendo al tres y al cuatro con una pensión de exonerado político que ni siquiera llega al sueldo mínimo, acusan aún sufrir de persecución y nunca haber recibido algún tipo de ayuda por parte de las familias de los afectados.
[Jeniffer Vega] Santiago, Chile. Un balazo que rompió el vidrio de la ventana de su comedor hace seis meses fue la última señal que recibió José Lagos de que aún lo estaban vigilando. Encerrado en su departamento en la comuna de San Bernardo, el cual ha enrejado hasta transformarlo en una verdadera cárcel, ha creado un operativo de vigilancia para protegerse de los extraños atentados que lo acechan hace casi 30 años y que lo han llevado, incluso, a crear vías alternativas que lo conduzcan a los negocios cercanos a su edificio para no comprar en el mismo lugar ni a la misma hora dos veces.
Don José (66 años) fue testigo clave en el juicio de los asesinatos del diplomático español Carmelo Soria, el ex vicepresidente Bernardo Leighton, el ex ministro de Relaciones Exteriores Orlando Letelier y del ex químico militar Eugenio Berríos. Por cosas del destino, él y su esposa, Delia Santander, trabajaron entre 1974 y 1978 como jardinero y cocinera, respectivamente, en la casa de Lo Curro del matrimonio de agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Michael Townley y Mariana Callejas, acusados de coordinar los operativos que terminaron con la vida de los amigos del Presidente Salvador Allende.
Una experiencia que cambió el rumbo de su vida como minero de Lota y que marcó a fuego en su memoria las imágenes de tortura y conspiración que presenció en la mansión de Vía Naranja. Tanto así, que junto a su esposa siguen tomando pastillas para conciliar el sueño y tranquilizantes para controlar la angustia que les genera ver a un carabinero o militar cerca de su domicilio. También para lidiar con los recuerdos. "No estoy arrepentido de haber sido el jardinero de Michael Townley, al contrario, le doy gracias a Dios por haber podido trabajar en ese lugar y ver lo que vi, para denunciar y ayudar a los familiares de esa gente. Porque si no hubiera estado ahí, quizás nunca se habría descubierto nada", confiesa con las lágrimas inundando sus penetrantes ojos claros, quien actualmente sobrevive con una pensión de exonerado político que no llega al sueldo mínimo y que poco le sirve para adquirir los medicamentos que necesita su esposa, quien sufre de demencia senil y Parkinson.
El matrimonio decidió contar cada detalle de su experiencia como sirvientes de los agentes de la DINA, sin ningún tipo de retribución por parte del Estado o de las familias de los afectados, poniendo en riesgo su seguridad. Gracias a su testimonio se pudo descubrir las celdas de tortura y el laboratorio clandestino donde se producía el gas sarín que Michael Townley había construido en la casa. Incluso, José viajó a Roma el año 1995 para aportar antecedentes en el caso del atentado contra Bernardo Leighton y su esposa Ana Fresno. Por primera vez, el ex minero se subía a un avión y conocía los dólares. Asegura haber recibido una suculenta retribución por su testimonio en Italia, pero al llegar a Chile nunca vio el dinero, como tampoco volvió a ver a los abogados que lo acompañaron en la causa, Héctor Salazar y Nelson Caucoto.
Lo único que siguió viendo fueron los autos con patente diplomática que los seguían de noche, los accidentes automovilísticos que sufría sin explicación, las amenazantes llamadas telefónicas que recibía en su casa y las constantes persecuciones que vivían sus hijos afuera del colegio. "Fui nombrado testigo clave en casos emblemáticos de derechos humanos poniendo en riesgo mi vida y la de mi familia, y nunca nadie me llamó ni siquiera para darme las gracias. Hoy necesito el reconocimiento y la ayuda, sobre todo porque la pensión no me alcanza, sufro de reumatismo que me tiene destrozadas las manos y mi esposa empeora cada día más", reclama José, quien enviará una petición de ayuda a La Moneda y, si esto no funciona, está decidido a demandar al Estado por daños y perjuicios.

Comunista Sirviendo a la DINA
José Lagos y Delia Santander se conocieron en Coronel donde el hombre trabajaba en la mina de carbón de Lota Schwager. Tenía un puesto en la dirección del sindicato de la faena y militaba en las juventudes comunistas. "Como la mayoría de los chilenos quedé cesante en 1973 porque cerraron la mina, como mi familia era de izquierda comenzaron una persecución contra nosotros y con Delia decidimos arrancar a Santiago. Instalados en la capital, pusimos un aviso en el diario donde nos ofrecimos como un matrimonio con una niña de cuatro años para hacer las labores de jardinero y cocinera puertas adentro. Al otro día llegaron ocho parejas pidiendo nuestros servicios, pero los más insistentes fueron Mariana Callejas y Andrés Wilson, como se hacia llamar Townley. Ahí comenzó mi historia", recuerda José, quien se deslumbró con la enorme casa y los lujos de la residencia de los agentes de inteligencia.

¿Cuáles eran las labores específicas que realizaba en la casa?
Era un buen trabajo y nosotros queríamos empezar una nueva vida, entonces el departamentito que nos pasaron para vivir era perfecto y a nuestra hija María, en ese entonces de cuatro años, le gustó la piscina y lo amable que era Mariana Callejas con nosotros. Mi labor específica era hacer el jardín, cuidar los hermosos rosales que rodeaba la casa y, de vez en cuando, servirle a las visitas, en su mayoría militares, que tenían reuniones bien secretas, donde todos hablaban en inglés y me tenían confianza porque pensaban que era un militar más por mi pelo corto. La Delia estaba encargada de la cocina, ella era una excelente ama de casa y cocinaba muy rico.

¿Cuál fue el primer hecho extraño que vio en la casa de Lo Curro?
Los primeros seis meses no vimos nada, todo estaba de lo más tranquilo, pero después nos dimos cuenta que los choferes tenían nombres falsos, que transportaban pequeñas maletas con armas en los automóviles y que cada día se juntaba más gente en las reuniones. También comenzaron a traer personas en la noche que encerraban en una especie de celdas que tenían en el garage. Una vez encerraron ahí a dos mujeres y un curita, y casi me mata Townley cuando me pilló dándoles comida y conversando con ellos a escondidas. Otra vez que me tocó hacer aseo en una pequeña pieza de la casa donde entraban ratones y conejos, quise sacar los cadáveres de los animales y limpiar la mugre del lugar, cuando llegaron los patrones se enojaron mucho conmigo porque ahí experimentaban con gas sarín y yo les boté a la basura los conejillos de indias.

¿Cuándo decidió arrancar del lugar?
Apenas me di cuenta que ahí pasaban cosas muy malas me quise ir, pero desde el comienzo nos pusieron vigilancia. Cada domingo libre que salíamos a dar vueltas, un auto nos seguía. Entonces tenía miedo que nos mataran, sobre todo después de que una noche escuché ruidos y bajé a ver qué pasaba y me encontré con un enorme charco de sangre. Fui de inmediato a contarle a don Andrés Wilson y me dijo que uno de los choferes había cazado un animal y por eso había manchas de sangre. Seguí preocupado, así que busqué en el auto los restos del animal para limpiar, pero no había nada, me puse a investigar y vi que habían huellas de sangre que llegaban hasta un barranco, ahí habían tirado el supuesto animal, que era nada menos que el cuerpo de Carmelo Soria. En ese momento decidí que debíamos escapar y, sin sacar ni una cosa de nuestra pieza, tomamos una micro hasta el centro, nos bajamos y tomamos otra hasta San Bernardo, donde nos subimos a un tren hasta Yumbel, así logré perder a los guardias que nos seguían.

¿Cuándo se atrevió a declarar todo lo que sabía?
Después de desaparecer en Yumbel por dos años, decidimos volver a Santiago. Hicimos una nueva vida y me puse a trabajar como cuidador de autos, cerca de un centro médico. Ahí veía cómo diariamente llegaban jovencitos completamente destrozados y decidí contarle mi pasado a una doctora amiga. Tenía miedo de la reacción que tuviera conmigo, que me tratara como un traidor por no haber hablado antes, pero mi historia se expandió rápido y al otro día llegó la familia de Soria a pedirme que los ayudara contando todo lo que había vivido. Esa misma semana comenzaron nuevamente a seguirme los automóviles. En más de tres oportunidades me tiraron el auto encima para matarme y cuantas otras quisieron raptarme, pero siempre pasaba algo que me ayudaba a escapar.

¿Cómo cambió su vida después de haber sido el mozo de la DINA?
No quisiera cambiar nada de mi vida, ni las experiencias con la DINA, ni siquiera la enfermedad de mi esposa. Es obvio que todo esto cambió mi manera de vivir, sobre todo porque una persona con mis creencias de vida y sociales terminara metida en medio de masacres y torturas, pero nos enseñó a unirnos más como familia y crear herramientas de sobrevivencia que utilizamos hasta hoy. Nuestra casa está toda enrejada; los vecinos saben nuestra historia y están pendientes de cada persona que llega a visitarnos. Incluso para llevar a Delia al consultorio, que está a una cuadra, tenemos todo un operativo con mi hijo, intentamos llevarla en auto, o darnos una vuelta antes de entrar, si hasta para tomar la micro me cambio de paradero. Digan lo que me digan, yo estoy seguro que los perros todavía andan sueltos y no se quedarán tranquilos hasta que logren un pedazo de esta presa.

¿Cómo ha logrado superar todas estas experiencias?
No las he superado, ni mi esposa ni mis hijos. Estoy seguro que el desgaste físico de mi mujer, lo rápido que la ha afectado su enfermedad, es por culpa de todo lo que hemos vivido. Delia actualmente es un bebé, yo debo bañarla, vestirla y llevarla al baño, ella antes era una mujer activa y su cuerpo no ha podido asumir todas estas experiencias. Pero mi familia es fuerte, mi sueño es volver a vivir a Coronel y para eso necesito la ayuda del Presidente, de las familias que ayudé o de los mismos abogados que alguna vez se acercaron pidiendo mi colaboración. No creo que mi valentía y fuerza por denunciar los asesinatos no valgan nada, si los jueces me nombraron testigo clave por algo fue y espero ahora me devuelvan la mano.

Abogados de Ddhh Ofrecen Ayuda
El abogado que llevó el caso del diplomático Carmelo Soria, Héctor Salazar, recuerda vagamente a don José Lagos, pero su mente se aclara al escuchar que se trata del jardinero de Michael Townley. "Era un caballero muy amable, que viajó incluso a Roma a testificar en el caso Soria con todo pagado por el Estado italiano", asegura Salazar. Es más, reconoce que el dinero que le entregaron al testigo en Europa era sólo por concepto de pasajes y estadía. "Nunca he conocido un caso donde a la persona que cuenta la verdad para esclarecer un caso reciba algún tipo de pago por su testimonio, no sería ético", explica el abogado.
Para Nelson Caucoto, reconocido abogado de derechos humanos, el mozo de la casa de la DINA es una persona que ha perdurado en su memoria, aunque no recuerda bien como llegó hasta su oficina. "Lo recibí en la Corporación de Asistencia Judicial, era un hombre modesto, sincero, con ganas de aportar a la verdad con todo lo que había visto y nosotros decidimos respaldarlo moralmente, sobre todo para que no tuviera miedo de hablar", explica Caucoto.

¿Por qué cree que después de tantos años José Lagos pida ayuda por haber dado su testimonio?
Son las vueltas de la vida, él sabrá por qué lo hace, pero cuando testificó estoy seguro que lo hizo por amor y no esperaba nada a cambio. Quizás con el tiempo las persecuciones que vivió le han impedido encontrar trabajo y llevar una buena vida.

¿Le recomienda demandar al Estado, como son los planes del jardinero?
Lo invito a que se acerque a nosotros para orientarlo en lo que necesite y, de esta manera, no crear falsas expectativas de los beneficios que puede obtener. Pero sí me parece justo que el Estado pueda entregarlesión d una ayuda humanitaria con alguna pensión solidaria como un gesto a su contribución en el pasado.
21 de noviembre de 2010
©la nación
rss