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drummond pagó a paramilitares


Drummond, la multinacional carbonera de Estados Unidos, pagó a paramilitares por concepto de protección de sus operaciones en Colombia, según cables diplomáticos enviados entre 2006 y 2010 y liberados por WikiLeaks al diario El Espectador.
[Hannah Aronowitz] Colombia. Un cable de octubre de 2006 decía que hubo importantes mejoras en la seguridad en la región nordeste de Colombia donde opera Drummond, debido a las operaciones de seguridad privadas en la zona, incluyendo las patrullas a lo largo de la vía férrea de la compañía desde su mina hasta el puerto de Santa Marta. El cable continúa diciendo que esos guardias de seguridad privados eran ex paramilitares.
En el curso de cuatro años, funcionarios de la embajada de Estados Unidos enviaron quince cables diplomáticos a Washington en los que expresaban sus inquietudes sobre los conflictos laborales de la compañía, las indolentes prácticas medioambientales y los aparentes vínculos con los escuadrones de la muerte paramilitares.
Hace un año, una corte federal de Alabama, Estados Unidos, donde tiene su domicilio la compañía minera, entabló una demanda contra Drummond por sus presuntos vínculos con paramilitares. El caso se encuentra en desarrollo.
Víctimas de la violencia paramilitar en Colombia acusan a Drummond de haber pagado a la organización paramilitar AUC entre 1999 y 2005, periodo durante el cual murieron asesinados ciento dieciséis civiles, presuntamente a manos de la milicia de extrema derecha, en la región donde opera la compañía carbonífera.
La demanda civil también busca compensación para los familiares de varias personas que fueron asesinadas porque, según cuentan, se negaron a vender sus tierras para que la compañía trazara su vía férrea.
18 de marzo de 2011
16 de marzo de 2011
©colombia reports

un campesino de urabá


Wilson Córdoba, la vida por las tierras de Urabá. Este exmilitante de la UP ha vivido el desplazamiento, las amenazas y el robo de sus tierras. Ahora busca recuperar lo suyo en medio de una persecución que aún persiste en el Urabá Antioqueño.
Colombia. Wilson* es un sobreviviente. Según sus cuentas, cuatro veces sintió que lo iban a asesinar. Como campesino que luchó por tierras en Urabá, le tocó vivir entre los fusiles que se tomaron la región: Epl, Farc y desde mediados de los noventa, los paramilitares de Vicente Castaño.
Nació en 1968 en Sopetrán, Antioquia, un pueblo al norte de Medellín. Con dificultad, trabajó en restaurantes y viajó por el departamento, para lograr terminar un bachillerato pedagógico y ser profesor.
En 1987 se fue a Urabá, donde dos tíos llevaban ya varios años buscando suerte. La región vivía tiempos difíciles, los campesinos y obreros agrícolas invadían potreros, baldíos y lotes que pertenecían a las grandes empresas bananeras. "Hacían una reforma agraria a su manera", recuerda Wilson.
Esta zona bananera era uno de los bastiones del Ejército Popular de Liberación (Epl), guerrilla marxista - leninista que impulsó la organización de los obreros de las agroindustrias y que empezó a tomarse el poder a través del partido Frente Popular. Wilson cuenta: "Me empecé a dar cuenta que había mucha influencia de la guerrilla, del Epl, mandaban, decían y hacían".
Una de las invasiones más emblemáticas fue la de Coldesa en 1986, una finca de palma africana de casi cuatro mil hectáreas, cerca de Turbo, Antioquia. La hacienda pertenecía a una firma holandesa y fue tomada por cientos de campesinos y obreros. En un artículo de Semana de 1989, un bananero se quejaba de la explosiva situación social: "Después de que se tomaron a Coldesa, aquí cualquier cosa puede ser invadida".
Según Wilson, "El EPL quería meter a los obreros, pero también se metió otra gente. Yo entré un año después, en un lote más cerca de la carretera, que nadie quería porque era peligroso, en cualquier momento se podía meter el Ejército y recogernos".

Incorizados
Sin embargo, los invasores organizaron una Junta de Acción Comunal (JAC) y empezaron a negociar con el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (Incora). El gobierno les propuso en 1988 títulos de ocho a diez hectáreas para cada familia.
Con los papeles, llegaron los enemigos,  recuerda Wilson.  No eran ni los empresarios, ni los políticos, ni los paramilitares, sino el Epl. Los tildaron de sapos, por trabajar con el gobierno y de terratenientes y  pequeños burgueses, ya que estimaron que era demasiada tierra para tan poca gente.
A través de cooperativa ligada al Epl los empezaron a presionar: "Nos dijeron o aquí se hace lo que dice la cooperativa, o salen con las patas adelante". El presidente de la JAC, Orlando Salazar, se opuso y dijo que uno de sus hermanos trabajaba con autodefensas en el Cauca. La conversación llegó a los oídos de los militantes de la guerrilla, y los miembros de la JAC se tuvieron que perder.
Orlando Salazar fue asesinado el 8 de agosto de 1989 en su finca, cuando recogía un racimo de plátano, pues no tenía con que pagar el pasaje para escapar. Wilson buscó protección con gente más poderosa. Se refugió varios meses con militantes del Partido Comunista y de la Unión Patriótica (UP), que peleaban el dominio sobre los obreros de Urabá con el Epl.
 "Si uno no estaba con nadie, tenía problemas, había que ser del Partido Comunista", dice Wilson, y empezó a formar una célula comunista con algunos compañeros de Coldesa. En 1990 volvió a la finca, con título en mano.

"La Desgracia de la UP Fue la Desmovilización del Epl"
Un año más tarde el Epl entregó las armas y creó el partido Esperanza, Paz y Libertad. La UP controlaba la región, con alcaldes, concejales y sindicatos. Pero la calma duró poco. Las Farc, en su afán por tomarse las zonas que el Epl controlaba, empezaron a matar desmovilizados que no querían volver al monte. Algunos miembros del Epl crearon los Comandos Populares, una disidencia armada que protegía sus cuadros políticos.
Wilson cuenta que volvió a encontrarse en medio del fuego cruzado: "Mataron a alguien del EPL y me culparon. Venían por mí, 50 hombres armados de fusiles en Currulao. Me tocó irme con solo con lo que llevaba".
La guerra entre los Comandos Populares y las Farc explotó. Mataban dirigentes, sindicalistas, militantes. El punto más álgido de la guerra llegó el 23 de enero de de 1994, con la masacre de 35 personas a manos de milicianos de las Farc en La Chinita, un barrio de desmovilizados del EPL en Apartadó.
Para los miembros de la UP, como Wilson, la situación se puso peligrosa. Después de varias amenazas y atentados, el partido lo refugió, junto a otros civiles amenazados, en un grupo de las Farc. Allá se escondieron varios meses, hasta que cansados de la vida del monte, volvieron a sus fincas.
Para sobrevivir, parte de los antiguos guerrilleros del Epl se sometieron a las Farc. Pero otros prefirieron viajar a Córdoba, donde la familia Castaño ya tenía un poderoso grupo de hombres armados, y les pidieron ayuda.
En 1996, los paramilitares irrumpieron en Urabá con más de 60 excombatientes del EPL, que ya conocían la región. Tenían además un odio acérrimo contra la UP y todo lo que oliera a comunista. "La desgracia de la UP fue la desmovilización del Epl. El conflicto terminó por salpicarnos y si no me iba, estaría cargando tierra", recuerda Wilson.
Con la llegada de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) Wilson volvió a abandonar su finca. Se fue a su natal Sopetrán, y después a Capurganá, Chocó, un pueblo en la frontera con Panamá.

Recuperar la Tierra
Hasta 2006, Wilson escuchó que había una convocatoria de la Fiscalía para las víctimas de las Auc. Decidió contar su historia y tratar de recuperar sus tierras. El Incoder volvió a adjudicar su predio, según él de manera fraudulenta.
Para recuperarlo se unió a Benigno Gil, un líder de desplazados que agrupó más de 1.200 campesinos despojados de la región, que ocupaban las tierras que les habían quitado para agilizar las restituciones.
Fue así cómo logró volver a Coldesa. Sin embargo, su compañero Gil  fue asesinado en noviembre de 2008. Por este motivo Wilson no se ilusiona demasiado, ya que sabe que  "los problemas siguen, la pobreza sigue, como no se va a repetir si el caldo de cultivo sigue ahí. Hay a quien le interesa la guerra y siempre lo habrá".
17 de marzo de 2011
16 de marzo de 2011
©verdadabierta

revocan títulos de tierras robadas


Por ‘Jorge 40’. El Incora había entregado los predios en Chivolo, Magdalena, de manera fraudulenta a testaferros del exjefe paramilitar. Con el despojo ’Jorge 40’ logró consolidar una de sus principales bases políticas, militares y sociales en el centro de Magdalena.
Colombia. El Incoder revocó la titulación de 32 predios que corresponden a 1.005 hectáreas de los predios Bejuco Prieto (11) y El Encanto (21) en Chivolo, Magdalena, que habían sido adjudicados a testaferros de Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’.
Para adueñarse de la tierra de los campesinos, beneficiarios de la reforma agraria, ‘Jorge 40’ y sus hombres los aterrorizaron los amenazaron y los desplazaron. Después, funcionarios del Incora (ahora Incoder), cómplices de los paramilitares, declararon que los predios habían sido abandonados y se los reasignaron a testaferros del ex jefe paramilitar.
El ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo dijo que la decisión va a beneficiar a cerca de 125 familias, "vamos a restituir a los legítimos propietarios. Este es un caso emblemático, es la primera vez que el Estado restituye una tierra que había adquirido de manera fraudulenta un grupo armado ilegal".
Añadió que "en el sur de Magdalena funcionó lo que pudiéramos llamar la central del crimen de ’Jorge 40’ y cuando llegaron allí, sacaron a los campesinos que salieron amedrantados y abandonaron sus parcelas en las que los paramilitares tomaron posesión ilegítima; se presentaron al Icoder que en ese entonces estaba cooptado por el paramilitarismo y fueron ellos los que se quedaron con esas tierras", dijo el ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo.
La decisión de revocar estos títulos se toma después de que la Corte Suprema de Justicia le ordenara al Incoder revocar los títulos fraudulentos de 36 predios en Chivolo,  y de que, en febrero pasado la Fiscalía abriera una investigación contra seis ex funcionarios del Incora, algunos empleados del Incoder, y cuatro dirigentes políticos de Magdalena por las irregularidades.

Historia del Despojo
En 1997, ’Jorge 40’ se instaló en la finca La Pola, una de las que fue adjudicada a 72 familias de parceleros en 1991, y de allí orquestaba sus macabros planes de asesinatos y masacres.
Según le contaron a VerdadAbierta.com los propios campesinos, los paramilitares se tomaron el corregimiento de Pueblo Nuevo y en menos de dos años- entre 1996 y 1997- asesinaron a varios de ellos de El Pueblito, San Ángel, Chivolo y La Estrella: a Víctor Cantillo Jiménez, José Montenegro Manga, Alonso Martínez, Miguel Avendaño Martínez, Antonio Mendinueta Barrios, Miguel Palencia, Luis Alfonso Fernández de Agua, Alberto Zolar, Laura Acuña, Humberto Noriega, Lorenzo Ariza, Juan Marriaga, Yonis Marriaga, Orlando Buelvas Cervantes, Manuel Pérez, Dionisio Jaraba y Manuel de la Cruz de la Hoz, entre muchos otros.
Estas tierras fueron tituladas a parceleros por el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (Incora, hoy Incoder) en los noventa. Entre 1997 y 2000  se revocaron los títulos por abandono luego de que ‘Jorge 40’ y sus hombres asesinaran a varios de ellos, los desplazaran, y los obligaron a venderle o traspasarle sus títulos a testaferros de los ‘paras’.
El 15 de julio del 1997, ’Jorge 40’ ordenó a sus hombres que reunieran a todos los campesinos que vivían en las fincas La Pola, El Encanto y La Palizua, entre otras, y les dijo que tenían 15 días para desocupar. En esa reunión estaba el profesor Ricardo Barrios quien fue retenido por hombres de ’40’ y apareció asesinado al día siguiente. También asesinaron a José de Jesús Henao, quien tenía propiedades en el predio El Radio y lo acusaron de ser colaborador de la guerrilla. Su objetivo primordial, era ya obvio, no era combatir a la guerrilla, sino hacerse a las mejores tierras de la región.
En un allanamiento del 28 de julio de 2006 la Fiscalía encontró documentos que prueban el despojo de 36 predios en Chivolo, adjudicados por el Incora en 1991 a campesinos sin tierra.
Una vez que los campesinos se atrevieron a denunciar del despojo, el Programa de Tierras de Acción Social documentó el caso y solicitó la protección de los predios robados por los hombres de ’40’. Con estas medidas se inició el trámite para la restitución de los predios en el Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla, en donde inicialmente se negó la devolución de los predios.
Deicy Jaramillo, fiscal 3 de Justicia y Paz, la Procuraduría, el Proyecto de Tierras de Acción Social, la oficina nacional de Incoder y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr) apelaron la decisión, que fue juzgada en última instancia por la sala penal de la Corte Suprema de Justicia.
Es la primera vez que la Corte Suprema de Justicia se pronuncia sobre la atribución ilegal de tierras a testaferros de ‘paras’, decisión que abre la posibilidad que miles de hectáreas que campesinos consiguieron a través del Incora y que fueron despojados bajo la figura del abandono vuelvan a sus dueños originales.
El abandono fue una de las formas que los ‘paras’ usaron para robar tierras a los campesinos. Como el Incora les había otorgado los títulos, la ley precisaba que estos no podían ser ni vendidos ni traspasados antes de 15 años. La única forma era declararlos abandonados por sus dueños y reasignarlos.
Los ‘paras’ masacraron, asesinaron, desaparecieron, saquearon y desplazaron para que los funcionarios del Incoder,
muchas veces cómplices, vinieran unos meses después a constatar el abandono.
17 de marzo de 2011
16 de marzo de 2011
©verdadabierta

chengue, delito de lesa humanidad


Declaran la masacre de Chengue (Sucre) delito de lesa humanidad. Un fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos concluyó que el trágico hecho, ocurrido el 17 de enero de 2001, hizo parte de un ataque sistemático contra la población civil de esa región.
Colombia. Uno de los hechos más trágicos de la historia reciente de Colombia, la masacre de Chengue, corregimiento del municipio de Ovejas (Sucre), fue declarado delito de lesa humanidad por un fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos.
El trágico hecho ocurrió la madrugada del 17 de enero de 2001, cuando paramilitares al mando de Rodrigo Mercado Pelufo, alias ’Cadena’, irrumpieron en la pequeña población y asesinaron a 27 personas.
En un comunicado, la Fiscalía informó que de acuerdo con la decisión del funcionario judicial, "esos hechos hicieron parte de un ataque sistemático contra la población civil de esa región, en desarrollo de la denominada operación ‘Rastrillo’, que también contempló las masacres de Macayepo y El Salao".
Agrega la nota de prensa que "la Fiscalía ordenó que se invoque el recurso de revisión con respecto a la sentencia absolutoria proferida por el Juzgado Único Especializado de Sincelejo, ratificada en segunda instancia, en favor de los exsuboficiales de Infantería de Marina: Euclides Rafael Bossa Mendoza y Rubén Darío Rojas Bolívar, que fueron investigados por el delito de concierto para delinquir".
Alias ‘Cadena’, quien presuntamente desapareció en 2005, fue acusado por estos hechos como persona ausente por los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir agravado, hurto calificado agravado, incendio y desplazamiento forzado.
Por los mismos hechos, en diligencia de formulación de cargos para sentencia anticipada, aceptaron su responsabilidad Edward Cobos Téllez, alias ‘Diego Vecino’; Yairsiño Enrique Meza Mercado, alias ‘El Gato’; Pedro Segundo Valencia Gómez, alias ‘Verrugita’, y Óscar David Villadiego Tordecilla, alias ‘Never’.
Cobijados con medida de aseguramiento están César Augusto Morales Benítez, alias ‘Raquel’, y José Tomás Torres Gómez, alias ‘Orbitel’, presuntos autores materiales de la masacre.
 
Cuando los Paras Acabaron con Chengue
 Eran las 3 de la madrugada del 17 de enero de 2001 cuando los pobladores de Chengue escucharon un tropel. Ochenta miembros de las Auc entraron esa noche al pequeño caserío encumbrado en los Montes de María, Sucre.
Pateando puertas sacaron a los hombres de las casas y los concentraron en la plaza. Margarita Romero, en ese entonces de 15 años, sintió el alboroto y se asomó al patio. De inmediato comprendió que los paras habían venido a cumplir con la promesa que tantas veces se escuchó como rumor: venían a acabar con el pueblo.
Aterrada, se sentó a esperar su turno. Minutos después dos hombres entraron a su casa y se la llevaron hasta la plaza. Allí, había 23 hombres de Chengue tendidos en el piso, boca abajo. Eran los esposos, hermanos, padres de más de 50 mujeres, reunidas frente a ellos.
Uno a uno los iban llamando, los hacían caminar hacia una calle detrás de la plaza, supuestamente para verificar su nombre en un computador. Pero el silencio de la noche delataba lo que estaba ocurriendo. "Apenas se escuchaba el machete", dice Margarita. Todos pasaron por el cadalso. Los mataron con ’la mona’, un garrote hecho para partir piedras. Un golpe seco bastaba. No hubo disparos.
Cuando el alba despuntaba, los paramilitares casi habían terminado su labor. Encerraron a las mujeres y le prendieron fuego a cuanto pudieron. En total 25 casas. "Inclusive la de don Evelio López que era la más linda, con una lamparita afuera. A él le mataron un hijo que era retrasado mental", dice otra de las mujeres.
Los paramilitares se fueron sin problema y recorriendo la carretera de Macayepo, Chinulito, hasta la finca El Palmar de San Onofre, desde donde se planeó este horrendo crimen. Ese día murió Chengue.
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investigan a jorge enrique vélez


La Corte Suprema de Justicia abrió investigación preliminar al exsenador a raíz del ventilador que prendió el ’Tuso’ Sierra. Vélez, mencionado por ’parapolítica’ en Antioquia, se defendió ante las acusaciones.
Colombia. La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia abrió investigación preliminar al actual superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, tras estudiar los casos de once congresistas mencionados en la parapolítica en Antioquia, así lo reveló en la mañana de este martes Caracol Radio.
La determinación judicial se conoció tras hacerse públicas las declaraciones de Juan Carlos Sierra, alias el ’Tuso’, sobre los vínculos que guardaba el desmovilizado paramilitar con el exsenador.
Este lunes, Semana.com publicó citas textuales de las declaraciones del ’Tuso’ cuando habló sobre su apoyo a políticos de Antioquia.
Del hoy Superintendente de Notariado asegura: "Yo aporté dinero en efectivo, exactamente aporté 30 millones de pesos (…) esto fue yo ya teniendo extradición, esto fue en una finca de Rogelio (otro jefe mafioso de Medellín) yendo para Ayapel, que se llama Payandé. ¿Quiénes estuvimos en esa reunión? estuvo Rogelio, mi persona y estuvo Jorge León Sánchez; cuando se dio esa plata, no solamente se dieron esos 30, Rogelio puso otros 30 y él le pidió más plata no sé a quién, pero en ese momento de ahí salieron 60 millones de pesos para la campaña de Jorge Enrique Vélez".
Ante lo anunciado por la Corte, el supernotariado reconoció en diálogo con Caracol Radio que no tenía conocimiento de la investigación preliminar y aseguró que está tranquilo y responderá cualquier solicitud.
"Si usted oye con detenimiento la grabación dicen que una persona va a pedir plata en nombre mío, pero es que esas personas nunca me han apoyado a mí en ninguna de mis campañas, las que siempre he perdido", recordó.
"Cuando supe de la grabación no le di mucha trascendencia. Yo estaba en campaña a la alcaldía de Medellín y en un suceso muy aburridor se me quitó el apoyo por parte de Equipo Colombia, que se fue a trabajar con Sergio Naranjo", explicó Vélez, quien insistió en que es un "luchador contra las mafias y la delincuencia en Antioquia".
"Mi actitud con los debates era la misma, yo fui el que habló sobre quién manejaba las maquinitas: la Oficina de Envigado", reiteró.
El supernotariado aseguró que no tiene por qué renunciar a su cargo y reveló que cuando era senador, a raíz del debate sobre el negocio de las ’maquinitas’, recibió una llamada desde la cárcel de Itaguí. "La persona que me llamó me dijo que era de Justicia y Paz, y uno de los principales testigos de la parapolitca en la Corte Suprema de Justicia y en la Fiscalía. (En la llamada) me aseguró que ’hay una persona que me está ofreciendo plata para que lo nombre’", relató.
Vélez dijo que él entregó la grabación de esa llamada a la Corte Suprema de Justicia porque "me iban a enlodar el nombre", dijo.
El supernotariado denunció en los pasados días irregularidades en la titulación de tierras.
16 de marzo de 2011
15 de marzo de 2011
©semana

lo que dijo el tuso sobre iguarán


El jefe narcoparamilitar lo salpica en torno a presuntas relaciones con ’Julián Bolívar’ y ’Macaco’. También habla de supuesta financiación de la ’narcos’ y ’paras’ a Equipo Unionista, movimiento político de Antioquia, incluido el actual gobernador, Luis Alfredo Ramos.
Colombia. Una de las acusaciones más delicadas de Juan Carlos el ‘Tuso’ Sierra está dirigida al exfiscal general Mario Iguarán. "Por medio de él mandaron a pedir el favor a Mancuso de que consiguiera una foto de las corralejas de Sincelejo donde aparecía el magistrado Yesid Ramírez con (el mafioso italiano) Giorgio Sale. Y por esa foto el gobierno estaba ofreciendo dinero, que si ayudaban la pagaban, lo que fuera. De hecho a mí me decían que me ayudaban en mis procesos lo que necesitara, lo que fuera".
 El ’Tuso’ asegura que se enteró del tema por intermedio del abogado Sergio González, vecino y amigo de la familia Uribe Vélez: "La razón, vuelvo y le digo, la llevó Sergio González Mejía porque todas las razones eran por medio de él, usted sabe que yo estaba era en la cárcel (…) La razón fue muy sencilla: que mandaban a pedir el favor de que había una foto…

 ¿Que mandaban quiénes?, pregunta la Corte.
"Los de siempre, Mario (Uribe), José Obdulio (Gaviria), Santiago (Uribe, hermano del presidente Uribe). Que había una foto de Giorgio Sale con Yesid Ramírez en las corralejas de Sincelejo para que la consiguiera, porque usted sabe que ellos estaban a todo vapor para desprestigiar la Corte a raíz de todo lo que arrancó con el caso Tasmania…

 ¿Cuál fue el papel de Mario Iguarán en este asunto de la foto entonces?
"Él como que era el que tenía esa información, él como que era el que sabía de esa información y él la transmitió para que la consiguieran, no sé de más porque no… Pero de esta información le puede dar más información Sergio González…
 
El ’Tuso’ también sostiene que el exfiscal Iguarán solía departir con los jefes paramilitares ‘Julian Bolívar’ y ‘Macaco’. "De esa información, dígale a Julián que él sabe que ellos pagaban un apartamento en Bogotá solamente para las reuniones con él y con Sabas (el exministro). De hecho allá era donde hacían las reuniones y donde le llevaban mujeres a él para sinvergüenciar (sic)".

Su Apoyo a Políticos de Antioquia
El ’Tuso’ asegura, palabras más palabras menos, que el narcotráfico y los ’paras’ determinaron la política de Antioquia. Recuerda, por ejemplo, que él entregó personalmente diez millones de pesos a Luis Alfredo Ramos (además de pendones y otros elementos publicitarios) como aporte para su campaña al Congreso en 2002. La relación con el hoy gobernador de Antioquia se dio, dijo a la Corte, luego de que los presentó el exviceministro de justicia Francisco Zapata.
El jefe narcoparamilitar dice que "estaban coordinando una correría por todos los municipios de Antioquia para esa campaña y para esas correrías –la amistad con ellos era plata– yo le aporté 10 millones de pesos".
Según el ’Tuso’, el desembolso en efectivo se dio "en la oficina del doctor Francisco, la utilizaba muy poquito y él me la facilitó a mí, pero no un día, yo estuve ahí meses".
El extraditado le aseguró a la Corte Suprema que él y otros mafiosos inyectaron millones de pesos a Equipo Unionista, el movimiento político de Ramos que luego mutó en Equipo Colombia, y que fueron varios los militantes en ese grupo complacidos con ese apoyo.
El ’Tuso’ destaca varios nombres de políticos con los que se relacionó, entre estos están Jorge Enrique Vélez (hoy Superintendente de Notariado), Óscar Arboleda Palacio (exrepresentante), Alberto Builes (exgobernador), William Vélez Mesa (exrepresentante), Jorge León Sánchez (exsenador), Guillermo Gaviria Zapata (exsenador), entre otros.
Del hoy Superintendente de notariado asegura: "Yo aporté dinero en efectivo, exactamente aporté 30 millones de pesos (…) esto fue yo ya teniendo extradición, esto fue en una finca de Rogelio (otro jefe mafioso de Medellín) yendo para Ayapel, que se llama Payandé. ¿Quiénes estuvimos en esa reunión? estuvo Rogelio, mi persona y estuvo Jorge León Sánchez; cuando se dio esa plata, no solamente se dieron esos 30, Rogelio puso otros 30 y él le pidió más plata no sé a quién, pero en ese momento de ahí salieron 60 millones de pesos para la campaña de Jorge Enrique Vélez".
Espere esta semana más declaraciones dadas por el ‘Tuso’ a la Corte Suprema de Justicia.
16 de marzo de 2011
14 de marzo de 2011
©semana

el das y la visita de job


Al tiempo que Andrés Peñate señaló a José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno de promover acciones del DAS, el general Naranjo dejó entrever que visita de ’Job’ fue organizada por Gaviria.
Colombia. A finales de 2008, la confrontación entre el gobierno de Álvaro Uribe y la Corte Suprema de Justicia ya estaba al rojo vivo. Los cables diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en Colombia dejaron clara evidencia de esa candente relación. Y en Washington se supo que, con sustento en fuentes de la mayor credibilidad, detrás de la pugna entre los dos poderes públicos hubo un personaje que en la trasescena incentivó esta pelea: el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria.
En agosto de 2008, el entonces embajador William Brownfield remitió un reporte detallando esa tensa disputa, y el informe empezó con un comentario del entonces asesor de Palacio Jorge Mario Eastman, quien reconoció que las relaciones entre el presidente Uribe y la Corte ya estaban en un punto de no retorno. El director de la Policía, general Óscar Naranjo, estuvo de acuerdo, pero luego observó que así como algunos magistrados tenían sesgo político, algunos asesores de Uribe habían orquestado casos para desacreditar a la Corte.
El exasesor Eastman aseguró que Uribe tenía una historia con el magistrado Iván Velásquez que tenía origen en el departamento de Antioquia y que el jurista, al igual que otros integrantes de la Corte Suprema, querían ir tras los aliados de Uribe y del presidente mismo. Y luego opinó que el Gobierno creía que algunos magistrados tenían nexos con los paramilitares y con la oposición, pero que él carecía de pruebas. De todos modos, añadió Eastman, la Casa de Nariño no tenía interés en desacreditar al magistrado Iván Velásquez.
El director de la Policía, general Óscar Naranjo, se expuso más. Expresó que algunos magistrados habían permitido a políticos que tuvieran influencia en asuntos judiciales y que el encarcelamiento de parapolíticos durante las indagatorias era poco común y generaba sospechosos sesgos políticos. Incluso, comentó que el magistrado Yesid Ramírez había tenido relaciones con el narcotraficante italiano Giorgio Sale, pero que la mayoría de los magistrados estaban limpios de cualquier situación ilegal.
El general Óscar Naranjo aseveró que el presidente Uribe lo empujaba constantemente a que reforzara la seguridad de los magistrados de la Corte y por eso no creía que él estuviera envuelto en una campaña de desprestigio contra la corporación. En cambio apuntó que su asesor José Obdulio Gaviria estaba detrás de la campaña de desprestigio del magistrado Iván Velásquez utilizando a paramilitares en Medellín y que el senador Mario Uribe había planeado una acción similar a través del paramilitar conocido con el alias de Tasmania.
Un cable posterior, también fechado en agosto de 2008, tras recoger las incidencias de la polémica pública entre el presidente Uribe y el magistrado de la Corte Suprema Francisco Javier Ricaurte, consignó las opiniones del presidente del alto tribunal. Y Ricaurte admitió su incomodidad con Uribe, manifestando que era inaceptable que criminales conocidos ingresaran a la Casa de Nariño. Ricaurte observó que o Uribe creía que la Corte lo investigaba, o que sus amigos podían incriminarlo o que estaba cediendo a presiones de sus aliados.
Los comentarios del magistrado Ricaurte obedecían a que se había develado el escándalo de la visita de emisarios del jefe paramilitar, alias Don Berna a la Casa de Nariño, que el magistrado denunció públicamente como parte de un plan para descarrilar las investigaciones de la parapolítica. En el mismo cable diplomático, el entonces embajador William Brownfield registró los términos de la nueva pelea e incluyó el diagnóstico del general Óscar Naranjo, quien dijo que esas reuniones eran organizadas por el asesor José Obdulio Gaviria.
Cerrando el año 2008,con la reseña de la renuncia de la entonces directora del DAS, María del Pilar Hurtado, y mientras el senador Gustavo Petro arreciaba en sus denuncias de que el DAS estaba recaudando información sobre él y su partido, el Polo Democrático, el general Óscar Naranjo volvió a ser la fuente central de un nuevo cable diplomático, fechado el 24 de octubre de 2008, en el que precisó sin tapujos que el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria había impulsado al DAS a que hiciera inteligencia política y que la tormenta iba a seguir.
Ya entrado el año 2009, con la opinión pública exacerbada y la discusión de fondo de la eventual segunda reelección presidencial, la Embajada de Estados Unidos en Colombia envió el 3 de febrero un extenso cable registrando la decisión del presidente Uribe de retirarle al DAS la potestad de adelantar interceptaciones telefónicas. Y agregó un detalle inédito: la colaboración de la DEA al CTI para recolectar información sobre líneas intervenidas. Un aspecto técnico que permitió a la Fiscalía avanzar en sus diversas pesquisas judiciales.
El mismo cable reseñó que a pesar de que el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria seguía negando estar involucrado en el escándalo del DAS, tanto el general Óscar Naranjo como el exdirector del DAS Andrés Peñate habían insistido por separado que Gaviria había impulsado al DAS a espiar a las opositores políticos del Gobierno. El magistrado Iván Velásquez, citado en el cable, observó que las acciones de vigilancia que tenía el DAS en su contra estaban desalentando la cooperación de testigos en sus investigaciones.
Dos reportes diplomáticos más, del 4 y el 13 de mayo de 2009, detallaron la controversia periodística que se armó a raíz de los hallazgos del CTI y la Procuraduría respecto a los procedimientos del DAS para sostener una vigilancia sistemática en contra de los opositores, al término de los cuales, y después de registrar las negativas de los implicados, una vez más quedó por escrito la opinión del general Naranjo y Peñate, en el sentido de que José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno habían empujado al DAS a espiar a los opositores del Gobierno.
El 22 de mayo, la Embajada de Estados Unidos en Colombia envió a Washington un cable revelador. Los medios de comunicación habían develado las interceptaciones al dirigente del Polo Carlos Gaviria Díaz y, en medio de la tormenta, el entonces asesor José Obdulio Gaviria comentó a los asesores de la delegación diplomática que el DAS había sido infiltrado por la oposición para desprestigiar al Gobierno y que él sí se había reunido con los directores de Inteligencia y Contrainteligencia del DAS, pero para discutir el caso Asensio Reyes.
A su vez, el entonces secretario de la Presidencia, Bernardo Moreno, precisó que los medios de comunicación habían sacado el escándalo del DAS solamente para bloquear la reelección del presidente Uribe, pero que la Fiscalía no tenía evidencias de interceptaciones a magistrados. El exdirector del DAS Andrés Peñate, cuyos comentarios fueron incluidos en el cable, sugirió lo contrario, dejó entrever que Carlos Arzayús pudo haber sido el responsable, pero que el presidente Uribe nunca lo había presionado por reportes sobre la oposición.
No obstante, añadió que sí le había fomentado que coordinara con José Obdulio Gaviria cuando empezó a encontrar problemas políticos en el debate de la reelección. Según Peñate, él renunció al DAS antes que permitir presiones de José Obdulio Gaviria, Bernardo Moreno y otros asesores, porque los dos exfuncionarios citados vivían obsesionados con la idea de que la Corte Suprema de Justicia mantenía nexos con los paramilitares para desprestigiar el gobierno de Uribe, sobre todo después del arresto de su primo Mario Uribe.
Andrés Peñate, agregó el cable, insistió en que el presidente Uribe se había sobreactuado en el escándalo del DAS, abriéndole las puertas al CTI, que ya tenía expedientes que demostraban los seguimientos ilegales y los escrutinios a las finanzas de los magistrados y sus familiares. El exdirector del DAS dijo que si bien José Obdulio Gaviria y el exsecretario Bernardo Moreno seguramente no dieron órdenes para espiar a los magistrados, los funcionarios del DAS entendían lo que ellos estaban pidiendo y actuaron bajo presión.
Además, el reporte a Washington incluyó los comentarios de Peñate acerca de lo que él mismo denominó los expedientes tóxicos del exdirector del DAS Jorge Noguera, asumiendo que esos expedientes mostraban la creación del grupo G-3, instancias del entonces subdirector José Miguel Narváez, para conducir una guerra política en contra de los opositores que, según el cable, Narváez calificaba como suaves en la pelea que se tenía contra la guerrilla de las Farc.
Esos expedientes tóxicos, en criterio de Andrés Peñate, confirmaban que Narváez proveía opciones al líder paramilitar Jorge 40 y pasaba listas negras a las Fuerzas Militares. El exdirector del DAS atribuyó la lentitud de la Fiscalía en el caso Jorge Noguera a presiones del Gobierno al entonces fiscal Mario Iguarán para que no procediera. Y, además, sostuvo que él creía que esa presión obedecía a que Noguera había dado información al Gobierno para la reelección, incluyendo seguimientos a los magistrados de la Corte Constitucional.
En marzo de 2009, la relación entre la Corte y el gobierno Uribe ya estaba exacerbada, y entre los análisis sobre lo que estaba sucediendo y la reseña de los informes de los medios de comunicación, un cable diplomático registró los comentarios de los entonces secretarios de Presidencia, Bernardo Moreno y Edmundo del Castillo, en el sentido de que había magistrados de la Corte que tenían vínculos con el narcotraficante Giorgio Sale, exlíderes paramilitares e incluso con la guerrilla de las Farc. La Embajada destacó que no tenían pruebas.
En el mismo reporte, citando como fuente al entonces director de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República, Carlos Franco, la Embajada de Estados Unidos precisó que según el entonces alto funcionario el DAS había estado espiando ilegalmente a los magistrados Yesid Ramírez e Iván Velásquez, pero que él mismo revisó después la carpeta de investigaciones del DAS contra el magistrados de la Corte Yesid Ramírez, pero que no había encontrado evidencias de actividades ilícitas.
En sucesivos cables posteriores, la Embajada de Estados Unidos siguió informando sobre la crisis del gobierno Uribe y la Corte Suprema, y en particular, el 22 de mayo, se incluyó un comentario de Andrés Peñate, en el cual dejó ver que ya estaba sintiendo miedo de que la Corte Suprema estuviera buscando chivos expiatorios, porque él pensaba que los magistrados iban a estar felices hasta que los altos funcionarios del Gobierno, especialmente José Obdulio Gaviria, estuvieran en prisión.
Cuatro meses después, un encuentro entre el presidente Uribe y el embajador Brownfield quedó registrado en un cable diplomático, en el cual, al tiempo que se mostró dispuesto de llegar al fondo del escándalo que estaba envolviendo al DAS, admitió su preocupación porque la canciller alemana Ángela Merkel, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, le hubieran advertido que su administración estaba en una nube negra como consecuencia del escándalo del DAS.
Lo dijo tras reconocer que después de un reporte del entonces fiscal Guillermo Mendoza se había enterado de que en investigaciones de fiscales de Bogotá y Fusagasugá se había terminado ordenando interceptar el teléfono del magistrado Iván Velásquez y que el DAS había descubierto que fiscales de Leticia y Chocó estaban interceptando teléfonos. Por eso exteriorizó su incomodidad con que esto no se supiera antes de que él viajara a Naciones Unidas y regañó al director del DAS, Felipe Muñoz, de poca destreza para resolver el caso.
El último cable recogió una vez más las expresiones de Andrés Peñate, claramente en un tono desesperado. Entonces dijo en la Embajada que el DAS tenía una larga tradición de espiar a la oposición, pero que Uribe nunca lo había hecho para fines políticos, porque el DAS lo hizo con él cuando era gobernador de Antioquia. En cambio, volvió a arremeter contra Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y Edmundo del Castillo, agregando a Fabio Valencia Cossio como los asesores que presionaron al DAS para que siguieran el juego del espionaje doméstico.
15 de marzo de 2011
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la restitución de un general homicida


El caso Nydia Érika Bautista. El largo proceso judicial que está detrás de la restitución del general (r) Álvaro Velandia H.
Colombia. El 30 de agosto de 1987, minutos después de terminar una celebración familiar y cuando transitaba por una calle del barrio Casablanca, en el suroccidente de Bogotá, desapareció la militante del M-19 Nydia Érika Bautista. Desde entonces han pasado 24 años y a pesar de que el caso dio lugar a una decisión de la justicia internacional contra el Estado, en el país no se ha saldado y, en su lugar, sigue vigente la pelea jurídica del general (r) Álvaro Hernán Velandia, a quien la Procuraduría destituyó hace 16 años por este episodio.
El último capítulo de este interminable expediente sucedió la semana pasada en el Consejo de Estado, cuando una Sala de Conjueces, por vía de tutela, ordenó la restitución de Velandia a su condición de general, reconociendo de paso los salarios y prestaciones dejados de percibir desde 1995. Tres de los magistrados titulares, entre ellos su presidente Mauricio Fajardo, se mostraron en desacuerdo con la sentencia, aunque más por la tradicional oposición a la tutela contra sentencias judiciales. Pero en sí mismo, el caso no tiene parecido.
A pesar de que la desaparición de Nydia Érika Bautista se investigó desde el mismo 30 de agosto de 1987, el asunto cobró importancia cuando un sargento identificado como Bernardo Garzón Garzón acudió a la Procuraduría y además de inculpar a inteligencia militar del hecho, dio las coordenadas exactas para localizar el cadáver. Y efectivamente, los restos mortales de la activista del M-19 fueron hallados en zona rural del municipio de Guayabetal (Cundinamarca). Esta particularidad reactivó la investigación en la Procuraduría General.
El en aquel momento procurador delegado para los Derechos Humanos, Hernando Valencia Villa, vinculó al caso al entonces coronel Álvaro Hernán Velandia, quien para la época de los hechos oficiaba como jefe del Comando de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (Coici) en Bogotá. Pero a la hora de notificar su destitución en julio de 1995, al parecer se hizo por fuera de los términos legales pues se habían vencido los cinco años que tiene el Ministerio Público para adelantar sus procesos.
Desde entonces la pelea es de nunca acabar. El oficial, quien comandaba la Tercera Brigada en Cali cuando se produjo la decisión de la Procuraduría, recurrió el fallo. El Ministerio Público confirmó su decisión y el delegado Hernando Valencia, objeto de múltiples amenazas, marchó al exilio. Velandia, ya con cargo de general, tuvo que asumir la decisión del Gobierno de destituirlo con base en el fallo de la Procuraduría, pero decidió demandar al Estado a través de una acción de nulidad y restablecimiento del derecho.
En 1997, el Tribunal del Valle falló en contra del general (r) Velandia, quien alegando debido proceso ya había llevado su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El 23 de mayo de 2002, los entonces magistrados del Consejo de Estado Alejandro Ordóñez Maldonado —hoy procurador general— y Jesús María Lemus, en una sala de tres integrantes, revocaron la sentencia y ordenaron la restitución del general Velandia, con la indemnización económica respectiva. De inmediato aparecieron cuatro recursos.
En septiembre de 2009, la Sala Plena del Consejo de Estado desestimó los argumentos de sus antiguos colegas, le dio la razón al Tribunal del Valle y revivió la restitución del general Velandia. El oficial, quien además es abogado de la Universidad de Medellín y lleva más de una década complementando sus estudios en derecho procesal, regresó a la tutela. Fue necesario integrar una sala de tres conjueces para resolverla. Por dos a uno, la nueva instancia volvió a revivir las pretensiones del oficial, con las indemnizaciones del caso.
Ahora es el presidente de la corporación, magistrado Mauricio Fajardo, quien se opone, con el apoyo de la magistrada Susana Buitrago. Su argumento: el respeto a las decisiones de última instancia. Es decir que, por seguridad jurídica, la tutela no debe proceder contra sentencias judiciales. Esta oposición prevé una nueva instancia y que, definitivamente, este interminable caso terminará resolviéndose en la Corte Constitucional, organismo que tiene potestad para ser el órgano de cierre en materia de acciones de tutela.
En pocas palabras, un verdadero laberinto jurídico para un caso de tan extrema gravedad. En opinión de Yaneth Bautista, hermana de la desaparecida Nydia Érika y a raíz del caso fundadora de la Asociación de Familiares de Desaparecidos (Asfaddes), lo que se demuestra en este episodio es la enorme impunidad que lo ha rodeado. "Los responsables implicados en el caso, que son miembros de las Fuerzas Militares, van a terminar evadiendo cualquier acción de la justicia", agregó Yaneth Bautista.
A su vez, el general (r) Velandia Hurtado, consultado por El Espectador, observó que en el caso del sargento Garzón Garzón, hubo comprobada clonación de testigos; que tanto la justicia ordinaria como la justicia penal militar investigaron el caso y precluyeron a todos los procesados; que él está en su derecho de defender el debido proceso y su honor militar. "Yo creo en la justicia y he peleado y lo seguiré haciendo con los argumentos que me permite la ley dentro y fuera del país", agregó el exoficial.
No se trata de un general retirado más. El nombre de Álvaro Velandia Hurtado, entre enemigos acérrimos y defensores incondicionales, suscita controversia. Con más de 30 años de servicio activo, desde que recibió el grado de capitán se convirtió en uno de los oficiales determinantes en el área de inteligencia. Sus éxitos operativos llegaron tan rápido como los señalamientos en su contra. De hecho, cuando a principios de 1983 el entonces procurador Carlos Jiménez develó los presuntos nexos del MAS, fue incluido su nombre.
Entonces Velandia oficiaba como comandante del Batallón Patriota en Honda (Tolima), alcanzó a ser investigado y también absuelto. Luego fue inspector delegado para las Fuerzas Militares y gestor del Batallón Charry Solano hasta llegar a ser el director de Inteligencia del Ejército. Sus labores siempre las alternó con la cátedra en la Escuela Superior de Guerra. Cuando le llegó la destitución de la Procuraduría, hacía parte del Bloque de Búsqueda que terminó por capturar a los Rodríguez Orejuela.
A sus 69 años, Velandia es activo integrante de la Asociación de Militares Retirados (Acore) y dicta cátedra en la Universidad Nueva Granada. Todos los días revisa su caso y lo consulta con varios exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia, y una y otra vez insiste en que nada tiene que ver con la muerte de Nydia Érika Bautista, pues "ella fue colaboradora del Ejército". En contraste, las organizaciones de Derechos Humanos lo siguen señalando de ser el autor intelectual de la desaparición de la militante del M-19. La Corte Constitucional dirá la última palabra.
15 de marzo de 2011
©el espectador