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columna de mérici

mi carta a la presidenta bachelet


columna de mérici
[O Carta a un Joven Periodista] Antes de ayer le escribí a la presidenta. En el sitio del gobierno debes marcar una casilla para que tu texto sea también enviado a tu propio e-mail, que fue lo que hice. Pero a mí buzón no ha llegado nada y no guardé la carta, así que ahora trataré de sacarla de mi memoria. Creo que decía algo así como:

Estimada Señora Presidenta,
La trágica muerte del cabo Cristián Vera nos ha conmovido a todos. Y ojalá sepamos pronto las circunstancias de su muerte. Pero ¿sabía usted que ese mismo día, en el mismo lugar, un poco antes de la muerte del cabo Vera, murió una bebita de 21 días asfixiada por los gases lacrimógenos lanzados por la policía? ¿Sabía usted que, además, igualmente, una media hora antes de la muerte del cabo Vera, otro carabinero trasladó a un hospital a una niña de dos años y medio, afectada por un paro respiratorio causado también por los gases lacrimógenos?
Son todas muertes igualmente trágicas. ¿Ha ordenado usted que se ayude a esas familias, todas ellas muy modestas, tras los incidentes?

Atentamente,

Espero realmente que la haya leído. Creo que soy ingenuo. Sinceramente creo que mi carta le será transmitida por sus secretarios. Pero quizá me equivoque y peque de cándido.

Escribí la carta por lo siguiente. Creo que la muerte del cabo Vera es un incidente atroz que no debiese haber ocurrido nunca. Tampoco debiesen haber ocurrido nunca las otras muertes causadas por miembros del Cuerpo de Carabineros (como el asesinato de un joven de dieciséis años durante los incidentes del 11 de septiembre de 2005 y otros asesinatos más en otras regiones del país). Este nivel de violencia es simplemente intolerable.
Si cuando se mata a un carabinero, según dice el director del Cuerpo, se mata al derecho en Chile, ¿qué ocurre cuando un carabinero mata a un ciudadano? ¿Mata a la patria misma?

En un momento pensé que bien podría ser que la presidenta no se enteró nunca de la muerte de la bebita de 21 días. De la otra niña no sabemos nada, porque la prensa no volvió a informar nunca. Quizás haya muerto, pues en las noticias se dijo que había sufrido varios paros respiratorios en el coche en el que el carabinero la trasladó al hospital, salvándole este la vida en esas ocasiones. Pero muy poca gente sabe de estas muertes.
De la muerte de la bebita me enteré por un telediario que, pese a transmitir la noticia, incluyendo una entrevista con la madre, no la subió a su sitio en la red. Del incidente con la segunda niña me enteré igualmente por un canal de televisión. Pero nunca volví a encontrar la noticia en esos sitios.
Revisé toda la prensa escrita nacional y gran parte de la regional de esos días (leo muchos diarios todos los días), y no encontré ninguna mención a esas niñas. En La Nación, donde tiendo a buscar naturalmente (me parece el mejor diario del país), ni una palabra. Tampoco en los otros diarios de circulación nacional.

He trabajado en periódicos y otros medios de prensa. El jefe de redacción decide qué se publica. Todos los jefes excepto uno decidieron no mencionar nada sobre estos incidentes. ¿Por qué? Si hubiese dependido de mí , habría publicado sobre ellos y habría enviado a algún periodista a hacer un reportaje más amplio sobre los detalles de las circunstancias de sus muertes.

¿Quiénes eran? ¿Cómo murieron exactamente? ¿Quiénes son sus padres? ¿Era evitable la muerte? ¿Cómo se dieron cuenta sus padres? ¿Cuántas bombas lacrimógenas lanzó Carabineros? ¿Puede la policía lanzar bombas contra domicilios particulares? ¿De qué materiales eran las viviendas de las niñas? ¿Se acercó alguna autoridad o político a sus familias? ¿Ayudaron u ofrecieron ayuda? ¿Serán indemnizadas, recibirán algún tipo de reparación?¿Asistió alguna autoridad al velatorio o al funeral de las niñas? ¿Les escribió la presidenta una carta a las familias? ¿Envió una corona de flores a nombre del gobierno, a nombre de los chilenos? En fin, muchas preguntas más.

¿Por qué serían estas preguntas relevantes? En primer lugar, esos hechos por sí mismos merecen cubrimiento, pues no es una cosa nimia que ocurran muertes como resultado de acciones policiales. La ciudadanía debe ser informada de este tipo de hechos, que son muy graves. En segundo lugar, ocurrieron en las mismas calles y esquinas y en el mismo periodo de incidentes en que perdió la vida el cabo Vera, y en realidad un poco antes: la bebita murió a eso de las diez de la noche, la otra niña (que no sabemos si murió) a eso de las diez y media, el cabo sobre las once de la noche. Quizá haya alguna relación. No lo sabemos. ¿Se enteraron los manifestantes -hayan sido delincuentes o no- de la muerte de la bebita y de la muerte de la niña (cuando fue trasladada al hospital, iba muerta)? ¿Tras enterarse decidieron algunos de ellos, o el chiquillo acusado del asesinato, vengarse y disparar contra los carabineros?

Más preguntas para mi periodista de terreno: Se dice que días antes circuló un panfleto en la población donde sus autores prometían vengarse y matar a un carabinero ("matar a un paco", según informó una radio en la red)? El periodista de ese canal, ¿vio con sus propios ojos ese panfleto? ¿Es posible hacernos con una copia? ¿Qué dice el panfleto? ¿Quién lo firma? ¿Es posible determinar dónde se imprimió? ¿Los que dispararon contra los carabineros, son los autores de esas amenazas o tienen algo que ver con los autores de los disparos contra carabineros?

Más preguntas: ¿Puede Carabineros arrojar bombas a viviendas? ¿Qué reglamento o ley justifica ese acto? Si no es permitido, ¿bajo la autoridad de quién se lanzaron bombas contra domicilios? ¿Procederán las familias contra Carabineros o contra el gobierno? ¿Hay denuncias? ¿Hay alguna querella o demanda? ¿Tienen abogado esas familias?

Más preguntas para mi reportero: Se dice que algunos manifestantes actuaron movidos por un ánimo de venganza, pues unos días antes, en ese mismo vecindario, un carabinero mató a balazos a un niño de once. Este carabinero, hoy presumiblemente preso, era colega del cabo Vera. Esos panfletos de que se habla, ¿mencionan este incidente? Los manifestantes, ¿querían vengar esta muerte o la muerte de la bebita? ¿Cómo han sido las relaciones entre los carabineros de esa comisaría y los vecinos del barrio? ¿Cuáles son los delitos más comunes, los motivos de detención más habituales? ¿Qué opinan los vecinos? ¿Cómo está el desempleo allá en el barrio? Descríbeme el barrio.

Los jefes de redacción determinan qué cubrir. Yo habría investigado esas muertes. La prensa chilena, evidentemente, no. No les habrá parecido relevante o pertinente. No quiero pensar que rechazaron la publicación de esas noticias. Prefiero pensar que ni se enteraron. Pero, si no se enteraron, ¿cómo es que van por la vida premunidos de cartones que los describen como expertos en el recabamiento de información? ¿Son los ciudadanos sin cartón mejores observadores que gente formada específicamente para informar? Si es así, y yo creo que es así, el estado del periodismo chileno es simplemente lamentable. No hablo solamente de la falta de diversidad ni de la concentración de la prensa en pocas manos ni de la ausencia de prensa independiente. Hablo además de la terrible calidad de la enseñanza en periodismo y de la espantosa mediocridad de los periodistas.

Pues ahora como la prensa no publicó nada sobre esos incidentes, y como el canal que transmitió las noticias prefirió no subirlas a la red (o sea, que las palabras se esfumaron en el aire), cualquiera puede pretender que nunca ocurrieron.

Así, cuando pensé en todas estas cosas, y pensé en la campaña de recuperación de armas que lanzó la presidenta, cuando recordé que se trasladó a provincia para asistir al funeral del cabo Vera, me pregunté: ¿Fue también al funeral de la bebita y no me enteré? Y luego, dudando, le quise preguntar: ¿Sabía usted que ese mismo día, en el mismo lugar, un poco antes de la muerte del cabo Vera, murió una bebita de 21 días asfixiada por los gases lacrimógenos lanzados por la policía?

Por eso visité la página del gobierno en la red y le escribí la carta que trato de reproducir aquí arriba.

Aún no recibo respuesta. En realidad, no creo que la presidenta me escriba. Pero, quién sabe. Si me contesta, se los diré.

[mérici ]


sobre la inmigración en chile


columna de mérici
Bajo el título de ‘Políticas de inmigración', un editorialista de El Mercurio quiebra lanzas por la inmigración. Nada más que permanente fuente de contribuciones positivas, la inmigración hoy en día encuentra numerosas e insólitas trabas que dejan a veces a los extranjeros en completa indefensión frente a abusos, explotación y negación de los derechos más elementales.
Rara vez coincidirá uno tan resueltamente con un editorial de este diario, tan contaminado por elementos descerebrados de extrema derecha, que, en las calles del país, rechazan a los extranjeros y hasta los agreden violenta y arbitrariamente. La persecución policial y la burocracia empujan al extranjero a la ilegalidad, donde patrones sin escrúpulos los explotan descaradamente, pagándoles salarios que provocan la ira de los trabajadores chilenos.
El gobierno no puede hacer la vista gorda, porque en sus compromisos con el respeto a los derechos humanos también se incluye la protección de ciudadanos extranjeros que, debido a su ilegalidad, deben soportar abusos y vejámenes.

l ambiente de relativa hostilidad de la población chilena, se podrá poner fin legalizando a esos inmigrantes e integrándolos a la economía y sociedad nacional, donde podrán construir su futuro y contribuir al desarrollo del país legalmente como cualquier otro ciudadano. Urge también la fiscalización y mayores controles para detectar a los empresarios de mala fe que explotan la situación de los inmigrantes indocumentados.

Es evidente que si Chile atrae a extranjeros es porque ofrece oportunidades de futuro que esos inmigrantes no tienen en sus países y porque, obviamente, la industria nacional necesita esa mano de obra adicional. Chile necesita trabajadores en toda la escala, desde mano de obra no calificada hasta expertos en tecnología de la información e ingenieros cibernéticos. Nada se conseguirá tratando de impedir la inmigración o persiguiendo a los ilegales mientras el país siga siendo un nodo de desarrollo en algunas áreas fronterizas. Antes que combatirla, el estado debiese regularizar más la inmigración para impedir los abusos.

Es, por otro lado, patentemente falsa la idea de que Chile no necesita esta inmigración y que solo conviene a los empresarios de mala fe. Los altos índices de empleo dejan muy poco margen a la industria. Ahora se considera como un conocimiento adquirido -aunque rara vez discutido seriamente- que en las sociedades occidentales modernas cerca de un cinco por ciento de la población en estado de trabajar, no trabajará nunca, por una serie de factores, que incluyen la inadaptación, los inválidos mentales y físicos y los enfermos, los drogadictos y alcohólicos más allá de toda redención y otros. Una tasa de desempleo de siete por ciento quiere decir por esto que en realidad estamos hablando más menos de un desempleo real del dos por ciento. Esto deja muy poco margen a la hora de buscar a trabajadores idóneos, y es una realidad que importa reconocer y adaptarse a ella.

Es sabido que los trabajadores inmigrantes suelen representar un valioso aporte a los países que les reciben. Legalizar a los trabajadores ilegales pondría obstáculos a su explotación en manos de empresarios de mala fe y les permitiría invertir a futuro aquí, lo que implica que, viéndose resguardados por la ley, esos inmigrantes legalizados empezarán a comportarse como cualquiera otra familia chilena que aspira a un futuro, invirtiendo en su vivienda, salud y educación de sus hijos.
De la inmigración sólo se pueden esperar cosas buenas. De los peligros asociados al ingreso de terroristas o narcotraficantes, sólo se puede insistir que son asuntos que competen a las policías y que sólo puede impedir una policía de inteligencia que funcione bien. Nada se saca con hostigar a grandes grupos de inmigrantes honestos con la idea inútil de que así se podrá detectar a esos elementos indeseables.

19 de octubre de 2007
©mérici
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un paso hacia la decencia


columna de mérici
¿Qué tipo de fantasma está recorriendo El Mercurio? Nuevamente una interesante columna de Eugenio Tironi sobre el nuevo fenómeno del ‘bacheletismo aliancista'. Su recomendación para que la derecha llegue al Palacio de La Moneda es nada menos que continuar la obra de la Concertación, que encarna, dice, la cara humana del sistema legado por la dictadura.
La derecha, pese a claras señales de la ciudadanía de que está harta con lo que percibe como una política de oposición alharaca, estéril y contraproducente, titubea a la hora de reconocer que también debe tomar cuenta seriamente de algo que, tras al menos cincuenta años de historia, ya es constitutivo de la identidad nacional: los ideales de justicia social y solidaridad, tan ampliamente respaldados por los católicos, están profundamente arraigados entre los chilenos.
La derecha debe no meramente acoplarse artificialmente, por conveniencia, a los principales postulados de la Concertación -que muchos, además, consideran demasiado blandos-, sino convertir en propios, valores que son simplemente nacionales. Un par de pasos hacia la decencia -el abandono definitivo y radical del pinochetismo, llevar a buen término y prontamente los casos de derechos humanos y hacer un alto en la ruta de crecimiento para consolidar a nivel social algunos de los beneficios económicos de los últimos años mediante una redistribución responsable de los ingresos nacionales y un manejo igualmente responsable del gasto público- acercarían a la derecha considerablemente hacia el centro político social y políticamente operante en Chile.
En varias oportunidades la ciudadanía chilena se ha expresado claramente sobre el cansancio que provoca la estrategia del desalojo, que rechaza porque crispa innecesariamente la vida política del país, arrojando dudas generalizadas sobre incluso la honestidad de la clase política. La mayoría de los chilenos desconfía de los políticos y supone, también mayoritariamente, que son corruptos. Y los interminables y artificiosos conflictos, tan estériles como los de la oposición española en la que parece inspirarse, sólo confirman la sospecha de que sólo se trata de una guerra entre clanes gitanos. La repartición entre los legisladores de las platas de los ya eliminados senadores designados ha enviado un pésimo y desalentador mensaje a la ciudadanía. La sorprendente defensa que hizo de esta medida el presidente de la Cámara de Diputados, de que después de todo poca razón tenía la ciudadanía en protestar porque, de hecho, no significa un gasto adicional para el contribuyente, despierta sospechas de un exacerbado gremialismo que pone los propios intereses de los políticos elegidos por encima de los intereses del país.
A la derecha viene perjudicando hace mucho la presencia de elementos extremistas, que han logrado imponer al resto del conglomerado su propio programa de defensa de los violadores de derechos humanos, a quienes, además de no condenarlos y repudiarlos claramente, defiende mediante trucos y maniobras dilatorias que son demasiado transparentes. La derecha debe también hacer cuentas con el pasado y abandonar esa política que la población percibe como profundamente injusta e injustificada y proceder a aprobar las reformas político-constitucionales que necesita el país para avanzar a una segunda fase de profundización de la transición y aprobar la firma de tratados internacionales en materia de derechos humanos, como el Tribunal Penal Internacional en cuyo origen y gestación es innegable la contribución nacional, así sea porque uno de sus objetivos es prevenir dictaduras como la chilena y llevar a justicia a quienes han violado derechos humanos reconocidos y defendidos decididamente por la comunidad internacional.
En fin, para tener alguna posibilidad de futuro, la derecha debe girar hacia la decencia.

[mérici]

la clase política como obstáculo


columna de mérici
A principios de mes, leí en un diario que los parlamentarios chilenos finalmente se subieron sus sueldos y dietas, que era un plan que venían abrigando desde la época en que discutían los políticos, en un ambiente que fue descrito por la prensa como de gran camaradería y espíritu de cuerpo, si los chilenos que ganan el salario mínimo (entonces de 135 mil pesos) debían o no ganar algo más. Acordaron los políticos, pese a la insistencia de Arturo Martínez, dirigente de la CUT (que pidió a los señores que considerasen subir el salario mínimo a 180 mil pesos), subir el mínimo a 144 mil.
Es interesante para la historia chica que el gobierno presentó originalmente un proyecto de reajuste de 142 mil pesos, que los legisladores del pacto gobernante rechazaron, aumentándolo dos veces en 500 pesos (un dólar más un dólar). El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, leímos en cooperativa "valoró la capacidad de entendimiento entre parlamentarios y el Ejecutivo, que permitió llegar a buen puerto con la iniciativa". La prensa no informó, sin embargo, si algún diputado sufrió un soponcio en el curso de las... eh, negociaciones. Observemos que el pacto de oposición (llamado Alianza) originalmente simplemente se oponía al reajuste.
Además, el gobierno anunció a los trabajadores chilenos que si la economía chilena seguía marchando bien, en 2008 se consideraría reajustar el salario mínimo en mil pesos más (el equivalente del precio de un kilo de pan).

El mismo día en que el gobierno anunció el acuerdo, algunos parlamentarios (no recuerdo quiénes) pidieron aprobar un aumento de las dietas.
En el diario que leí (que creo que fue La Estrella de Valparaíso, pero que posteriormente la nota fue aparentemente retirada de la edición online) no dice en cuánto se subieron el sueldo y las dietas. Según las ambiciones de los políticos, querían, en julio de 2007, aumentar la dieta en 440 mil pesos, para pagar el teléfono, según dijeron.
Pero en la noticia del diario se leía que se habían aumentado los sueldos, aparte de las dietas. (Quiero decir, la parte de sus ingresos que es propiamente salario, y no dieta o asignación parlamentaria).

Para septiembre de 2007, los senadores chilenos (el sueldo de los diputados es similar) ganaban 6 millones 861 mil 500 pesos al mes (13 mil dólares 723 pesos a un cambio de 500 pesos). Perciben asignaciones de 7 millones 528 mil 540 pesos (unos 15 mil dólares) (en la página del Senado ). (Aclaro que he incluido en el salario parlamentario la asignación por ‘traslaciones' [transporte] de 1 millón 215 mil 60 pesos, porque su gasto no exige rendición de cuentas).

Supongo que dirán sus señorías que su salario de casi 7 millones de pesos es insuficiente, pues de otro modo no habrían aumentado sus propias remuneraciones. De modo que ahora estarán percibiendo más de 7 millones de pesos chilenos. (¿No sería una buena idea extender esta práctica de subirse uno mismo el sueldo a todos los trabajadores y trabajadoras?)
Me gustaría saber cuánto tiempo estuvieron debatiendo estos políticos en cada uno de esos debates. ¿Les habrá costado mucho ponerse de acuerdo en subirse los sueldos? ¿Les costó más ponerse de acuerdo en aumentar en 9 mil pesos el salario mínimo? ¿Les costó menos?

¿Hubo parlamentarios en contra? Eso me gustaría saber: si acaso quedan políticos honestos en Chile.

Porque es sorprendente que los políticos (me refiero a los legisladores), que, la mitad de ellos, ni siquiera son estrictamente ‘representantes del pueblo', porque no son propiamente elegidos, tengan además la atribución de aumentarse sus propias remuneraciones cuando bien se les canta, con total indiferencia hacia la realidad en que vive el resto de los chilenos y con total impunidad, sin control efectivo alguno de la codicia parlamentaria. Me gustaría saber cómo llegaron a la conclusión esos políticos que ellos sí necesitan aumentos de cerca de un millón de pesos, mientras que los trabajadores bien pueden contentarse con un reajuste de 7 mil pesos. Digo esto en razón de la argumentación, pues este reajuste también es fraudulento.

Guardando las diferencias, la indiferencia, abuso de poder y corrupción de la clase política chilena me hace recordar mucho los últimos días de la dictadura de Fulgencio Batista: también allá una clase en gran parte parasitaria pasaba sus días en casinos e hipódromos rodeados de criadas y putas mostrando la más absoluta indiferencia por los problemas y necesidades de la gente pobre de su país.

La noticia en el diario decía además que los legisladores se habían aumentado los días de vacaciones. Aparecía en la nota los días del año que no trabajarán: según mis cuentas, las vacaciones de los legisladores chilenos se extienden hasta componer un total de dos a tres meses. Los políticos chilenos trabajan sólo nueve meses al año. Es un buen trabajo. Creo que todos deberíamos postularnos candidatos. Vaya pega.

Pero, la verdad es que la noticia me apesadumbra y me refuerza en mi convicción de que para los cambios que necesita Chile, la clase política, con intereses creados tan poderosos, es en realidad uno de los principales obstáculos. Como quiera que sea, no le veo yo cara de cambiar un sistema que tanto le conviene. Imagino que pronto empezaremos a ver uniones matrimoniales de tipo asiático, con parejas formadas por diputados izquierdistas con diputadas derechistas o al revés, o de la misma casa, por la enorme fortuna que se puede acumular uniendo a familias de políticos y por lo que llamaré la tentación dinástica, que se extiende como una plaga por todo el mundo occidental y que consiste en la formación de familias y clanes familiares dedicados en exclusiva al buen negocio de hacer política.
Muestra esta situación también el terrible mal causado por la dictadura, que nos ha dejado un país autocrático, con una clase política co-optada y enriquecida, profundamente corrupta, donde encontrar legisladores honestos, cualquiera sea la casa de la que provengan, es cada vez más difícil.

En La Estrella de Chiloé del 3 de octubre se publicó una curiosa nota en la que el presidente de la cámara de diputados, el señor Patricio Walker, se extiende defendiendo la decisión del parlamento en cuanto a los días de vacaciones o receso: a partir del 17 de enero el parlamento chileno dejará de funcionar durante 46 días. Así podrán los señores gastarse bonitamente el dinero de sus estrafalarios e injustificados salarios.

El diputado Walker defiende furiosamente a su grupo gremial y afirma que los legisladores trabajan mucho más que el resto de diputados del mundo. La verdad es que los diputados chilenos están entre los mejor (auto)pagados del mundo. Considerando que la mitad de ellos ni siquiera son elegidos, no se puede negar que hacer política en Chile es una buena opción de carrera.
Los diputados españoles ganan el equivalente de 2 millones 100 mil pesos (4 mil 200 dólares) al mes (en La Prensa ). Los mexicanos unos 13 mil dólares 723 pesos (como los chilenos). Los estadounidenses, unos 14 mil dólares. Los brasileños, 11 mil 448 dólares. Los colombianos, 7 mil 600 dólares. Los argentinos, poco menos de 3 mil dólares (valores mensuales, en El Universal ).

Creo que la decisión de los diputados de subirse los sueldos tendrá aplicación inmediata, lo que contrasta agudamente con la decisión de suspender el debate sobre el salario mínimo (que se convirtió en tema gracias a la intervención de monseñor Goic) hasta marzo de 2008, cuando la comisión de 48 sabios y sabias entregue su primer informe. Parece evidente que los parlamentarios manejan otro sentido de la urgencia que los trabajadores chilenos: las necesidades de estos últimos no son urgentes, pese a la infamia del salario mínimo de 144 mil pesos, pero las necesidades de ellos mismos no pueden esperar, a pesar de que ganan 90 veces más que los trabajadores. Empero, no les alcanza.

La espantosa realidad de la explotación en Chile (en piensachile ), va acompañada de una igualmente terrible manipulación de parte de la clase política y el gobierno.
En julio se anunció con gran alboroto -los diputados de derechas e izquierdas, celebraron juntos haber llegado a un acuerdo sobre el salario de los trabajadores- que el gobierno subía el salario mínimo de 135 mil pesos a 144 mil pesos (de 270 a 288 dólares) , o sea un aumento de un 5,8 por ciento. Con este aumento se corregía la inflación de 2,6 por ciento de 2006. Es decir, el aumento del salario era en realidad de 3,2 por ciento, o sea unos 4 mil pesos.
Sin embargo, para julio de 2007, cuando se decretó el aumento, la inflación ya llegaba al 3,8 por ciento. Vale decir, cuando los legisladores anunciaban al mundo que estaban subiendo el salario mínimo, en realidad lo estaban reduciendo en menos 0,6% (2,6% [inflación de 2006] + 3,8% [inflación a julio de 2007]= 6,4% - 5,8% [aumento salarial de julio] = menos 0,6%).
Ahora, octubre, la inflación anual es de 6,3%. Se espera que suba en lo que queda de año y podría llegar a un 8 por ciento o más.
En otra palabras, fue un timo.

Hoy, 15 de octubre, La Estrella de Valparaíso informa que, en lo que va de año, la inflación para las familias con los ingresos más bajos, es mucho más alta que para los otros grupos de ingresos. La canasta familiar básica costaba a principios de año 35 mil 800 pesos (71 dólares); a fines de septiembre, costaba 44 mil 622 pesos (89 dólares), o sea un aumento de 24,4 por ciento. Los productos que más han subido son del rubro Alimentación, al que las familias pobres destinan gran parte de sus recursos (verduras, leche, pan, por ejemplo).
"Los economistas consideran", dice el diario, "que la capacidad de compra de los sectores más pobres se ha visto deteriorada en un 20%". Vale decir, en lugar de los 144 mil pesos mensuales fijados en junio y julio, los trabajadores chilenos están ganando, después del reajuste, unos 115 mil 200 (230 dólares).
En una medición algo diferente, pero igualmente válida para la comparación, el diario online el patagónico calculaba que un trabajador chileno que ganara el salario mínimo debe trabajar 67 meses (casi seis años) para ganar lo que recibe un diputado en 30 días. Meses más, meses menos, el resultado de la comparación es siempre realmente escandalosa, se integre o no en las remuneraciones parlamentarias la asignación para transporte o no.

Hay que mencionar que este aumento de las remuneraciones, que según leo en elpatagonico.cl se discutió en la Cámara el 7 de agosto de 2007, arguyen los diputados que no es un aumento propiamente dicho sino la repartición de las platas de los ya eliminados senadores designados.

Cabe destacar que algunos diputados se han opuesto a esta medida. En el enlace anterior, el diputado Sergio Aguiló (PS), calificó la repartija de "despropósito absoluto". También el diputado René Alinco (PPD) se opuso a la medida, diciendo que no conocía a ningún diputado que viviera en la extrema pobreza.

Los trabajadores organizados en la Central Unitaria de Trabajadores reaccionaron en julio, tras la aprobación del engaño del reajuste del salario mínimo, convocando a un paro nacional. Vale la pena mencionar que el ex presidente Lagos dijo entonces, refiriéndose a las demandas de los trabajadores y su protesta, que "este no el Chile real" (en el diario online elmorrocotudo.cl).
El Chile real, escriben por redactores de la publicación, está "habitado por parlamentarios, ministros y los grandes empresarios que financian parte de las campañas para que el selecto grupo siga adornando el país. Los cesantes, mal pagados (un millón de personas no alcanzan a ganar el sueldo mínimo), abusados, discriminados, violentados, los hambrientos y los niños con zapatos rotos pertenecen a la imaginación de un intelectual que no gana dinero pensando" (enlace anterior).

Es difícil creer que esta clase autocrática, instalada en el poder con la anuencia del dictador, vaya alguna vez a reformar las instituciones y nuevas costumbres que tanto les convienen. Nadie en la clase política, ni en el gobierno, ni en las numerosas legiones de sabios apuntalados en las asesorías y consultoras ministeriales, dijo nada sobre esta vergonzosa farsa. Nadie llevó de apunte ni al dirigente Arturo Martínez ni a los trabajadores que reclamaron por esta burla. Sólo cuando monseñor Goic lo denunció y propuso un salario ético, las condiciones de vida de las clases trabajadoras volvieron a preocupar, también falsamente, supongo, a la clase política, provocando que la presidenta formara una comisión de sabios y sabias que nos ilustrará recién en marzo de 2008 si los trabajadores podrán ganar algo más que los mil pesos prometidos como aumento para ese año.
Es casi inescapable la conclusión de que esta clase autocrática se ha convertido en uno de los factores del atraso de nuestro país y de su espantosa y alegre inequidad. La clase política chilena simplemente es un obstáculo para el desarrollo del país.

carta a un joven chileno 3


columna de mérici
[Carta escrita a un joven amigo que no comprende por qué se niegan los represores y militares a reconocer las atrocidades que cometieron].

Estimado amigo,
A mí también me ha parecido siempre insólito que los partidarios de la dictadura sean incapaces de reconocer las atrocidades cometidas por los militares. Esta incapacidad, que se advierte en el escaso número de militares que han confesado o que han mostrado arrepentimiento, ha sido señalado, entre otros, por el juez Carlos Aldana, que lleva casos de derechos humanos en Concepción. Interrogado sobre el tema, dijo el juez: "En general no ha habido una colaboración abierta, salvo algunos casos. Pero esas confesiones llegaron después de haber hecho un cruzamiento de interrogaciones e investigaciones, así que ellos no tenían otra alternativa. Nadie ha llegado por remordimiento de conciencia" (en el diario El Sur del 29 de julio de 2007). No reconociendo los crímenes cometidos, tampoco se sienten los victimarios en la necesidad de pedir perdón, ni de colaborar con la justicia, ni de intentar reparar de algún modo los crímenes cometidos. No creen haber hecho nada malo, pese al hecho, por lo demás comprobadísimo, de que la inmensa mayoría de sus víctimas no habrían sido consideradas culpables de ningún delito en ningún tribunal razonable de ningún país democrático entre las culturas occidentales y, por tanto, no podrían haber sido nunca ni perseguidas ni encarceladas ni torturadas ni asesinadas.

He intentado en ocasiones dialogar con partidarios de la dictadura, y me ha sido francamente imposible. Muchos incluso se molestan si hablas de ‘dictadura' para referirte al gobierno autoritario. Prefieren decir ‘gobierno militar', como si eso anulara los atroces y bárbaros crímenes que cometieron.

Creo que parte de la resolución de este enigma es que los partidarios de la dictadura no tienen realmente una ideología que podamos llamar coherente. O sea, no tienen otra ideología que la defensa de sus intereses, privilegios y prerrogativas en la sociedad. No es algo que podamos llamar ‘ideario'. La defensa de intereses tan específicos, naturalmente, no puede basarse en ninguna racionalidad o lógica; los defensores del régimen militar no pueden recurrir a consideraciones filosóficas o lógicas, donde sus ideas no tienen asidero, y se escudan pues en lo irracional.

Lo irracional se expresa de muchos modos. La irracionalidad como estrategia busca anular la posibilidad de diálogo.

Se expresa, por ejemplo, cuando el partidario del régimen militar niega la veracidad de las investigaciones sobre las atrocidades cometidas por el régimen. Según el juez Aldana, la mayoría de los militares simplemente niegan los hechos y niegan las acusaciones, pese a la apabullante cantidad de pruebas y testimonios. Es común que los pinochetistas, por ejemplo, nieguen incluso la veracidad de los informes Rettig y Valech, pese a sus enormes lagunas y deficiencias. Muchos dicen, además, que son de inspiración comunista. Algunos dicen incluso que son producto de una conspiración judía. Incluso investigaciones internacionales por encima de toda sospecha, son furiosamente atacadas por esas gentes.

Algunos dicen, también, que hay que entender esas conductas criminales en el contexto de lo que creían los militares. O sea, que sus crímenes se explicarían porque se sentían amenazados, porque pensaban que una revolución comunista era inminente, etc. Pero aún así, es incomprensible la brutalidad y arbitrariedad de la violencia ejercida contra los secuestrados y detenidos que, nunca está demás repetir, en una democracia occidental no habrían sido nunca acusados de ningún delito. Es decir, quizás se entienda que detuvieron a alguien por temer fundadamente que era un terrorista peligroso a punto de cometer un atentado, pero no se entiende que lo hayan torturado hasta la muerte ni que hayan asesinado a sus hijos ante sus ojos y violado y degollado a su mujer. Esto está más allá de toda comprensión.

"Hay actos", dice el juez Aldana, "que no tienen comprensión humana. Conozco casos dramáticos, como el de un niño que lo asesinaron, sus familiares recuperaron el cuerpo del río, lo estaban velando, cuando llegaron carabineros, lo tomaron, se lo llevaron y desapareció". ¿De dónde vienen estas hienas que ni siquiera respetan las tradiciones en las que se criaron, las costumbres de su propio pueblo?

Lamentablemente, los mismos militares se han esmerado en demostrar que esos alegatos -de que actuaron en la creencia de que era necesario- son falaces. Baste con mencionar, por ejemplo, el Plan Z, que se descubrió luego que era un invento de un señor que se hace llamar historiador y que colaboró de este modo a escribir una de las páginas más infames de la historia de Chile. Pues, si temían los militares de derecha tanto la inminencia de una revolución comunista, ¿por qué inventar un ridículo Plan Z? ¿No habría sido más contundente entregar documentos reales -claro, que no existían? Pero, si no existían documentos probatorios de esa imaginaria conspiración comunista, era simplemente porque no existía ninguna conspiración. Y como no existía esa conspiración, había que inventarla.

Esto que te digo, tampoco lo aceptaría un pinochetista. Siguen insistiendo en que sí existió ese plan imaginario.

Por otra parte, ¿cómo podrían temer un levantamiento comunista armado cuando los militares sabían positivamente, después de haber estado implementando salvajemente durante meses la Ley de Control de Armas de la época, que para septiembre de 1973 ya no había armas en manos de la población civil y que es uno de los motivos de por qué la intervención militar se fue aplazando hasta ese mes?

Los partidarios del régimen militar tampoco aceptan otras verdades que saben todos, menos ellos. Por ejemplo, la investigación del senado norteamericano de 1975, sobre la participación del gobierno de Nixon en el golpe de estado en Chile. Según declaraciones del propio Kissinger, y de los documentos desclasificados posteriormente, Estados Unidos intervino directamente en el golpe de estado, y antes todavía, en 1970, en el asesinato del comandante en jefe de las fuerzas armadas chilenas. El general Schneider fue secuestrado por orden norteamericana; se pagó a dos grupos (el del general Viaux y un grupo fascista llamado Patria y Libertad, uno de cuyos dirigentes es el que fuera abogado de Pinochet), recibiendo cada uno de ellos 30 mil dólares. Eso costó la vida de Schneider (¿dónde está su monumento?). Sobre este incidente no cabe ninguna duda. Pero intenta que lo acepte un pinochetista. Te dirá que es falso.

Si insistes en que son declaraciones de Kissinger, te dirá que es judío, tratando incoherentemente de ganar tu complicidad.

Tampoco aceptarán otro hecho importante: el propio general Pinochet recibió dos millones de dólares por el golpe de estado.

Encontré al menos un pinochetista que me dijo que la traición de Pinochet no era muy relevante porque en esa época todos (o sea, también Allende) eran traidores; alegan algunos como prueba la estadía de un mes de Fidel Castro en el país. Para este tipo de razonamiento, si se lo puede llamar así, recibir dinero de una potencia extranjera (Pinochet) y guardar relaciones cordiales con un presidente de otro país (Allende) es lo mismo. Realmente, no te esfuerces en buscar la lógica detrás de la ‘argumentación'. No hay lógica. O quizá sí, pero una lógica rarilla, como la técnica de evacuación de los hipopótamos. ¿Sabes como defecan? Pues cuando están defecando empiezan a hacer girar el rabo, de tal modo que las fecas salen disparadas por todos lados, embadurnando, claro está, a todo aquel que se encuentre a su alrededor. Seguro que reconoces el estilo, pues es así como hace política la derecha.

Otro aspecto que siempre me ha impresionado de la dictadura es la política de las desapariciones. Los militares habían decidido no instalar tribunales ni llevar a juicio a los detenidos. ¿Por qué? Pienso que fue así fundamentalmente porque si se instalaban tribunales y se realizaban juicios, la opinión pública se enteraría de la verdad (un juicio implica interrogatorios, declaraciones, evidencias, testigos, cuyas palabras y escritos es imposible archivar en los confines de un tribunal). Y la verdad era que no había motivos para perseguirlos, y menos para asesinarlos.

De esta decisión se deriva obviamente la necesidad de hacer desaparecer a las víctimas, para que no pudiesen contar nunca al mundo que ni eran culpables de ningún crimen, ni las espantosas atrocidades que habían visto en los cuarteles ni sobre los tormentos a que habían sido sometidos. Hacer desaparecer los cuerpos era imperativo.

Entenderás que a esta altura yo ya no tendría ningún interlocutor pinochetista, que está incapacitado para reconocer que las víctimas eran inocentes. Todavía uno susurrará: "Pero eran comunistas", creyendo que la adopción de la ideología comunista es, para esas mentes criminales, un acto delictivo y punible con la muerte.

Sabrás, por cierto, que durante la dictadura ser comunista no significaba estrictamente ser miembro del partido comunista, y ni siquiera pensar como comunista. Simplemente quería decir: opositor, disidente. Finalmente terminó significando: Todos los chilenos. Todos los que no son militares. Todos los que no son pinochetistas. Y luego, todo el que se oponga a nosotros (los militares, y entonces ya como individuos), todo el que no se deje robar, todo el que denuncie mis delitos, todo el que se oponga a que violemos a su mujer, todo el que se niegue a entregarme su dinero, su coche, sus propiedades, en fin, todos, porque para esas mentes afiebradas todos los chilenos eran comunistas y eran judíos.

Doy por sentado, porque no quiero agobiar el texto con fuentes ni citas, que sabes que los militares expropiaron las propiedades de muchas de las víctimas; que, pasados unos años, fundaron financieras ilegales y que, tras identificar a pinochetistas ricos, que captaban en sus propios círculos sociales, los asesinaban para quedarse con su dinero; que los militares y la familia de Pinochet se apropiaron de bienes nacionales, que traficaron cocaína que preparaban en laboratorios del ejército, que se enriquecieron con el tráfico ilegal de armas. Doy por sentado que sabes también que, como los nazis, sometieron a los secuestrados a atroces experimentos con gases y agentes químicos.

Hay un aspecto que yo considero todavía más significativo. Creo que explica muchas cosas de la dictadura militar. Los militares tenían que pretender y mostrar al mundo que aquí ellos habían salvado al país de caer en manos del comunismo y que en Chile había una guerra. Para mostrar que hay una guerra necesitas mostrar víctimas. Para que el resto del mundo no descubra tu falsedad, esos enemigos (los torturados y asesinados), que dirás que murieron en combate, deben desaparecer. Nadie debe descubrir que sus restos no tienen ojos, porque se los arrancaron; que no tienen muelas ni tapaduras de oro*, porque se las arrancaban para transarlas en el mercado; que habían sido salvajemente torturados. Los enemigos tenían que desaparecer.

La dictadura necesitaba enemigos. No los había, así que tenían que inventarlos. O crearlos.

Durante la dictadura ocurrieron casos de una impresionante incoherencia, si los analizas desde un punto de vista racional. Por ejemplo, en muchas ocasiones los militares mataron indiscriminadamente, sin darse la molestia de determinar si los detenidos que iban a ser asesinados, eran comunistas o de izquierdas o no. Es el caso que llamamos de los fusilados del Puente Bulnes, en Santiago, pocos días después del golpe. Eran ciudadanos que se habían reunido en un restaurante de Puente Alto, para reunir dinero para pagar las exequias de un colega. Llegaron carabineros, los subieron a camiones. Aparecieron muertos, acribillados, al día siguiente, en el Puente Bulnes (fuentes en la edición online de Punto Final y en la edición online de La Prensa Austral ).

¿Por qué los mataron? ¿Por qué los dejaron en el puente? Sospecho que los mataron para montar ese escena en el puente, dejar los cadáveres a vista de todos para aterrorizar a la población. Es probable que hayan asesinado en ese grupo a chilenos que eran partidarios del golpe de Estado. A los militares no les importó. Aparentemente, no era el punto. Con los muertos se demostraba la existencia de un enemigo y, por ende, la realidad de la guerra, que no podían probar de otra manera.

Otro hecho impresionante, en 1974 y 1975. Los jefes de guarnición reciben órdenes muy curiosas: deben detener cada noche a un cierto número de ciudadanos determinado de antemano, variable según la ciudad. Es la introducción del sistema de cuotas. Al principio se detiene a los que infringen el toque de queda. Pero no son muchos. Entonces recurren a acordonar algunas calles, en algunos barrios, y llevarse a los hombres. Son llevados a comisarías y cuarteles, donde son golpeados, vejados, humillados y torturados. No se les acusa de nada racional. No se los inscribe en los libros de ingreso. A muchos ni siquiera se les pregunta su identidad. Simplemente se les tortura durante la noche. A la mañana, se los arroja a la calle. En libertad, y sin cargos. Probablemente un buen número de ellos eran partidarios del régimen militar. A los militares no les importó. Aparentemente, no era el punto. De ese modo se calcula que torturaron a 150 mil ciudadanos. (Este método de terror lo conocemos por gentileza de Stalin, que fue el primero en aplicarlo en tiempos modernos).

Entre historiadores ya no se debate mucho sobre la intervención norteamericana en los asuntos de Chile. El golpe de estado fue ordenado por Estados Unidos. Pinochet fue el militar encargado. Pero hay un detalle muy significativo, y también probado. Allende tenía pensado llamar, el 12 o 13 de septiembre, a un plebiscito para que los ciudadanos decidieran qué rumbo debía seguir el gobierno. O si se debía convocar a nuevas elecciones anticipadas. Pinochet había fijado el golpe para el 18 o 19 de septiembre. Pero los norteamericanos se enteraron de la iniciativa de Allende. Tenían que dar el golpe antes, e impedir que se realizase e incluso conociese el proyecto de plebiscito. Y tenían que eliminar a Allende.

Sabrás que el partido demócrata-cristiano (al menos, sus dirigentes del ala derecha, pues también hubo un ala izquierda leal al proyecto de cambio social) llamó a los militares a intervenir en la vida política del país. Se dice que tenían un pacto con Pinochet. Este debía llamar a elecciones en un plazo de seis meses a un año. Entretanto, se nombraría presidente de Chile al presidente del senado, que era demócrata-cristiano. Este presidente del senado sería luego, se pensaba, el candidato que sería elegido. Así, el estado de excepción sería de corta duración.

Pero los demócrata-cristianos no pensaron que para Estados Unidos esta estratagema era inaceptable. Habían decidido -según cuenta Kissinger- que un período de excepción muy breve no les servía. En su proyecto político y económico para Chile necesitaban un período de excepción de al menos diez años, no seis meses. Y además pensaban, o temían, según declaró también el ex embajador norteamericano en Chile, que en caso de que se convocase a elecciones, los demócrata-cristianos podrían hacerles un desaguisado, pues muchos de sus miembros, que no eran comunistas ni mucho menos, eran partidarios del cambio social, que habían iniciado ellos mismos con la reforma agraria del presidente Frei.

Los demócrata-cristianos habían pactado con Pinochet que ellos recuperarían el poder a corto plazo. Pinochet accedió, quizás sinceramente, hasta que recibió nuevas órdenes de la embajada norteamericana y dio por anulado el pacto inicial. No contento con eso, no sólo anuló el pacto sino además empezó a perseguirlos con particular saña, enviando a agentes a matar a miembros destacados del partido en el extranjero (como fue el caso del atentado contra el senador Leighton y su mujer, en Roma).

Esos políticos descubrieron demasiado tarde que Pinochet era en realidad no solamente enemigo de los comunistas (entre los que incluía a toda la izquierda y todos los opositores) sino simplemente enemigo de Chile y su gente, enemigo de sus tradiciones católicas de solidaridad y justicia social, enemigo de la libertad, enemigo de la democracia, enemigo de la humanidad.

2
En estos días se ha vuelto a escribir bastante sobre la imposible portada ética de los represores. Sus actos nos parecen incomprensibles, bestiales, inhumanos, más propios de demonios que de seres humanos. Las reflexiones sobre el Mal y la naturaleza de este las han impuesto la reciente condena a reclusión del perpetua del sacerdote Christian von Wernich, llamado también con justa razón ‘el Cura del Infierno' (mérici ). Se pregunta, por ejemplo, Rolando Concatti, "¿cómo es posible que individuos de esta catadura lleguen a ser sacerdotes católicos, ministros de Jesucristo?", apuntando a algo fundamentalmente mal en el seno de la iglesia católica.

"Otra cuestión", prosigue Concatti (en página12 ), "aunque resulte incómoda a nuestro racionalismo [...] es la cuestión del mal, del mal ejercido contra los inocentes, de la maldad implacable contra la criatura humana. Una interpelación para este tiempo, este país, teatro de horrores que no podemos soportar. Porque hermanos nuestros han sido las víctimas, pero también medio hermanos nuestros han sido los victimarios". Concatti termina recordándonos: "Ya sé que el mal no se explica. Que contra el mal se actúa".

Muchos, yo entre ellos, consideramos la presencia del Mal como un factor permanente en la historia de los hombres.** Quizás no es su intervención exactamente global, quizás no están los demonios en todas partes ni siempre ni son los humanos descarriados necesariamente agentes del Mal, tal vez no influya tampoco esta certeza en el modo en que hacemos política, pero de vez en vez su presencia es casi tangible, su aliento nauseabundo te llega a las narices como cuando funda en la Tierra el Tercer Reich, para exterminar a lo que llama una raza enemiga. O como cuando escribe, entre las sombras, un folleto que titulará ‘Plan Z', para justificar ante los humanos (pues él mismo no necesita justificación) los crímenes y atrocidades que piensa desatar contra el pueblo humano en cuyo seno nació, criándose con una madre humana que lo nutrió. O como cuando, al otro lado de los Andes, secuestraba a mujeres para violarlas y dejarlas preñadas para, tras dar a luz en maternidades clandestinas, robarles sus bebés y venderlos o entregarlos en adopción a otros demonios y torturar y matar salvajemente a sus madres y hacerlas desaparecer. O como cuando, alicate en mano, quita el oro de la dentadura de sus víctimas para entregarlo a sus jefes, que lo venderán en el mercado. Esto, todo esto, todos estos actos, como dice el juez Aldana, "no tienen comprensión humana".

El cura von Wernich no es comprensible ni en términos de la historia humana ni en términos de la psicología humana. Tampoco lo es la actuación del cardenal Angelo Sodano, protector de la Bestia que se opuso tenazmente, y con éxito, a la excomunión de Pinochet, como clamaba el pueblo católico del continente. Tampoco lo es la actuación de muchos clérigos argentinos, como uno de ellos, que hace apenas unos días, insinuaba que los testigos de los crímenes del cura von Wernich habían mentido. (En otro lugar he escrito sobre esto en detalle).

Sí, ya sé que todo esto suena raro. Sí, Pinochet y sus criados eran subalternos de una potencia extranjera (así se expresan nuestros códigos) y eran subalternos de las clases ricas, y esa constatación explica muchas cosas. Pero su clara pertenencia al reino del Mal (lo sabemos porque dejan sus huellas en la sangre derramada de sus víctimas) explica también otras muchas cosas más, sobre su régimen y sobre su propia naturaleza. Sin embargo, tampoco es necesario que compartas mi punto de vista. Igualmente me encontrarás en el lado humano de la historia, detrás de la barricada de la humanidad, otro más de los muchos que conformamos el pueblo de Dios.


*Los torturadores arrancaban a sus víctimas las tapaduras y dientes de oro para comercializarlas. Era el último y demoníaco acto de odio para despojar de humanidad a las víctimas y convertirlas en una cosa que se podía comercializar. Pero la conducta de la Primera Harpía fue similar cuando, tras inventar un fondo de reconstrucción nacional y llamar a la población a entregar sus joyas, se apropiaba de las más valiosas, y de las que más le gustaban, para lucirla, colgando de su putrefacto pescuezo, en banquetes y recepciones.

**(El Papa Juan Pablo II dijo, en mayo de 1987: "Esta lucha contra el demonio, que distingue con especial relieve al arcángel San Miguel, es actual todavía hoy, porque el demonio sigue vivo y activo en el mundo". En erain ikastetxea ).

motín ideológico en la prefectura


columna de mérici
[Hoy se dio a conocer un grave acto de sedición y ultraje a los valores patrios en dependencias de una prefectura de Carabineros en Linares, Chile. Urge reforma de institutos armados].
El diario La Tercera del 12 de octubre da a conocer un gravísimo incidente ocurrido en Linares el 11 de septiembre. Ese día, en dependencias de la Prefectura de Carabineros No. 15 de esa ciudad, los funcionarios fueron citados para una actividad no definida de antemano que consistió nada menos que en una misa en recuerdo de los carabineros caídos en 1973 durante el alzamiento militar.
Según el diario, luego de la misa los funcionarios fueron obligados a mirar un video sobre los acontecimientos de esas fechas y el quebrantamiento del orden constitucional.
Finalmente fueron obligados a escuchar marchas militares, con las que terminó el inusitado acto.

Estos hechos son absolutamente intolerables y subrayan una vez más la urgente necesidad de introducir reformas de fondo en Carabineros y otros institutos armados. No es posible que haya todavía oficiales en los institutos de orden y militares del país que crean que es posible recordar de esa manera a los elementos antipatriotas que rompieron el orden constitucional para instaurar un régimen de facto tiránico que por medio de la tortura y el terror atacaron a los chilenos con campañas de exterminio que costaron la vida a más de tres mil ciudadanos.

La primera y urgentísima medida es naturalmente la expulsión inmediata de los militares implicados en este acto y de todos los oficiales, suboficiales y tropas pinochetistas que aún se encuentren entre sus filas. Es inadmisible que diecisiete años después del fin de la dictadura haya todavía elementos antipatriotas en las filas de los institutos de orden público y armados del país. Su remoción y licenciamiento deshonroso es de la mayor urgencia y debe servir de ejemplo a otros extremistas al interior de las fuerzas armadas del país, mientras que al mismo tiempo se deben idear mecanismos para detectar a tiempo, y tomar las medidas procedentes, la presencia de elementos extremistas o antipatriotas en el seno de las fuerzas armadas. A este propósito, cabe preguntarse cómo es posible que el servicio de inteligencia del ejército, y de las otras ramas, no haya detectado a tiempo e impedido la convocatoria y realización de semejante acto de insubordinación y ultraje de los valores patrios.

Chile debe seguir buscando formas de volver a formar parte de las democracias del mundo y debe demostrar a este que la dictadura es definitivamente algo del pasado. Acciones como las ocurridas en Linares el 11 de septiembre ponen en entredicho a las autoridades políticas de Chile e insinúan ante el mundo que aquí siguen mandando los elementos antipatriotas. Es por esta razón también urgente que los elementos que deben ser removidos de las filas, sean al mismo tiempo sometidos a proceso por los delitos que hayan podido cometer con la ejecución de ese acto, en primer lugar el de subversión, que está implícito en el contenido del acto.

En segundo lugar, debe reformarse a la brevedad posible la doctrina de las fuerzas armadas y carabineros, convirtiendo la enseñanza de los derechos humanos en un pilar fundamental de esas instituciones. Obviamente, para este fin es también imperativo que Chile promulgue finalmente leyes propias y soberanas de respeto y fomento de los derechos humanos y que firme al mismo tiempo los tratados internacionales pertinentes, en primerísimo lugar el tratado que permitirá la creación del Tribunal Penal Internacional, que se abocará justamente a causas de derechos humanos en el mundo.

Los derechos humanos deben enseñarse de manera sistemática y como parte importante y permanente de la malla curricular de las fuerzas de orden y militares, lo que deberá incluir además clases sobre la verdadera historia de la dictadura militar. No se puede permitir que elementos antipatriotas sigan defendiendo y difundiendo dentro y fuera de los cuarteles la ideología criminal que permitió la comisión de los terribles e innúmeros crímenes que conocemos como característicos del período de dictadura militar.

Hay suficientes elementos de prueba para demostrar que la doctrina del golpe y su justificación tal como fue expresada en el documento publicado tras los primeros días del golpe y titulado ‘Plan Z', es completamente falsa y que no tuvo otro fin que justificar los atroces hechos que todos los chilenos conocemos de sobra. Aquí los únicos que amenazaron a la patria fueran sus propios institutos armados. Las declaraciones de políticos y funcionarios norteamericanos -como el ex embajador norteamericano en Chile, el secretario de estado Henry Kissinger y el ex presidente Richard Nixon-, y los documentos desclasificados de los servicios secretos norteamericanos sobre ese período, dejan en claro que elementos de las fuerzas armadas chilenas, encabezados por Pinochet, actuaron obedeciendo órdenes de una potencia extranjera, fueron pagados por esta potencia, y deben pues sus acciones ser tipificadas como traición a la patria. Si hay militares que aún lo ignoran, deben ser educados en la historia de lo que ocurrió realmente en Chile. Y si hay militares que lo duden, deben ser estos excluidos inmediatamente de las fuerzas.

Junto a la enseñanza de la doctrina de derechos humanos y de la verdadera historia de ese período, quizá sea también una buena cosa instituir actos y objetos conmemorativos en las fuerzas armadas para evitar que se olviden los terribles crímenes cometidos por esos elementos antipatriotas. Pienso por ejemplo en colocar placas en cuarteles, comisarías y dependencias de las fuerzas armadas y policía donde se hayan cometido crímenes y violaciones de derechos humanos, recordando a los chilenos que fueron tan injusta y espantosamente torturados y asesinados en su interior.
En las placas deberían incluirse los nombres de los ciudadanos asesinados y la fecha de su muerte, con un breve texto explicativo (por ejemplo: Estos ciudadanos chilenos fueron torturados y asesinados en este cuartel por elementos antipatriotas el día de *** [fecha]. Esta unidad honra aquí su memoria). También podría considerarse erigir monumentos en los patios de los cuarteles; ciertamente en la Academia de Guerra debe ocupar una estatua o busto del Presidente Allende un lugar prominente, con un breve texto explicando las circunstancias de su muerte. (Para evitar conflictos y malentendidos en el futuro, debe dictarse una ley nacional que prohíba otorgar el nombre del dictador a calles, plazas, edificios y otros elementos arquitectónicos y urbanísticos del país). También podría destinarse un salón de las academias militares para exponer ahí los retratos de los chilenos asesinados, con sus nombres y fecha de muerte, y un texto explicativo.

Como parte de la iniciativa para recuperar para Chile a las fuerzas armadas y de orden, sería recomendable que Chile redujese a un mínimo las relaciones militares con Estados Unidos y buscase mejores formas de colaboración con institutos armados europeos más afines con la doctrina de respeto de los derechos humanos. Estados Unidos en estos momentos, ciertamente, es uno de los principales violadores sistemáticos de los derechos humanos en el mundo y representa un grave peligro para las democracias del mundo e incluso para sus propios ciudadanos. En sus instituciones militares se siguen enseñando doctrinas criminales y se sigue preparando a sus oficiales, y a los oficiales de otros países, entre ellos Chile, en técnicas de interrogatorio que utilizan las formas más bárbaras de tortura.
Chile debe seguir enviando al exterior a sus militares para cursos de perfeccionamiento, pero debe hacerlo en fuerzas armadas que haya convertido la doctrina de los derechos humanos en parte constitutiva de su doctrina. En este sentido, creo que las fuerzas armadas españolas podrían ser nuestros socios militares ideales, pues han convertido la defensa y respeto de los derechos humanos en eje central de su doctrina militar. Con fuerzas armadas de ese tipo Chile debe buscar la manera de estrechar lazos, a fin de fortalecer esta doctrina en nuestras propias instituciones.

En tercer lugar, es urgente terminar con las prebendas y privilegios ideológicos de las fuerzas armadas. No es posible que parte importante de los recursos nacionales sean derivados de manera automática hacia las fuerzas armadas para que estas, además, las malgasten en cosas como la construcción de barrios exclusivos con mansiones para sus altos mandos. No se han ganado esas prebendas y habiendo sido instituidas durante la dictadura pinochetista, son ilegítimas de origen y deben ser anuladas inmediatamente.
Pero es todavía más urgente terminar con los privilegios ideológicos, también inmerecidos, de las fuerzas armadas. Simplemente no es posible que civiles chilenos sigan siendo juzgados por tribunales militares, y no es posible que las Fuerzas Armadas aún conserven en su Código de Justicia Militar la prerrogativa de poder dictar pena de muerte. Esta última o se la elimina completamente, o se la restaura para crímenes de sangre y violaciones graves a los derechos humanos, pero de ninguna manera es posible que continúe en el Código de Justicia Militar.
Es urgente que el gobierno empiece la importante tarea de reformar este código, que incluye numerosas deficiencias, para adaptarlo a la doctrina de derechos humanos.

Entre los delitos cometidos por los oficiales que convocaron este acto conmemorativo de las fuerzas antipatriotas, se encuentra al menos el de sedición o motín, tal como es definido en el Título V de ‘Delitos contra el orden y seguridad del Ejército', en su Art. 272, que sanciona a los militares que "en número de cuatro o más [...] hagan reclamaciones o peticiones irrespetuosas [...]", (donde vamos a entender que una reclamación irrespetuosa o delito de sedición es la conmemoración de elementos que actuaron contra el orden constitucional y en desafío de las autoridades legítimas) y el Art. 276, que sanciona al que "induzca a cualquier alboroto o desorden, de palabra, por escrito, o valiéndose de cualquier otro medio". Está claro que los organizadores de ese acto estaban conscientes de que cometían este delito de sedición, que es lo que explica porque el video y las marchas militares no fueron acompañadas de ninguna arenga o discurso; pero los oficiales responsables olvidaron que el código contempla la comisión del delito por medio de escritos o "valiéndose de cualquier otro medio", por lo que el delito fue igualmente cometido.
Si pretendieran los militares involucrados que ese acto fue convocado u organizado por personal retirado, deberá aplicárseles el Art. 266, que especifica que si los participantes en un acto contrario al orden público son "militares retirados absoluta o temporalmente de las Fuerzas Armadas u Oficiales de reserva [...] serán considerados como militares para el efecto de su juzgamiento y penalidad".

Toda la serie de infracciones que se señalan en el Título VII, ‘Delitos de insubordinación', particularmente ‘De la desobediencia', deben ser reformulados para permitir que, por ejemplo, los soldados, suboficiales y subalternos puedan resistir una orden que contradiga o viole claramente la comisión de un delito de derechos humanos (por ejemplo, si se ordena a un soldado torturar o matar a un ciudadano) o que deban incluso neutralizar o eliminar al oficial que dé órdenes que contradigan o violen esos derechos (o sea, el subalterno deberá impedir la comisión del delito recurriendo si fuera necesario a la eliminación física del oficial culpable). El Art. 337 establece, por ejemplo, que "el militar que se negare abiertamente a cumplir una orden del servicio que le fuere impartida por un superior, será castigado con la pena de reclusión militar perpetua a muerte...". Este tipo de artículos (hay varios) deben ser reformulados en el sentido indicado más arriba.

El incidente del 11 de septiembre debe alertar a las autoridades legítimas del país sobre la existencia de núcleos activos de antipatriotas en el seno de las fuerzas de orden y militares de Chile. Esperemos que tengan estas autoridades suficiente entereza y determinación para hacer lo que es necesario: en primer lugar, la expulsión inmediata, con sanción ejemplar, de los elementos implicados en este intento de sedición.

[Los interesados pueden consultar igualmente mérici y mQh ) sobre la necesidad de que Chile promulgue leyes propias, soberanas, de respeto y defensa de los derechos humanos].

[mérici]


complicidad con el demonio


columna de mérici
Ayer el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata, Argentina, condenó a reclusión perpetua al cura Christian von Wernich tras encontrarlo culpable de participación en los delitos de secuestros, torturas y asesinatos cometidos durante la dictadura argentina entre 1976 y 1983. Von Wernich no ha confesado. Se declaró inocente y víctima de una conspiración.

Su historia es espantosa. Durante la dictadura era capellán de la policía de Buenos Aires. En esa condición, visitaba las cárceles y comisarías e incluso al menos un centro de detención clandestino, pretendidamente para el auxilio espiritual de los secuestrados y detenidos. El cura era un confeso partidario de la dictadura.
Von Wernich trabajaba con el comisario Ramón Camps, también condenado a perpetua y ya muerto. También era un admirador del nazismo. Hoy lo defienden (al sacerdote) grupos incoherentes. Es héroe de un inverosímil grupo de católicos neo-nazis de extrema derecha, lo que es realmente de una increíble incoherencia (pues el nazismo y el catolicismo son filosofías que se excluyen mutuamente; el nazismo tenía un panteón conformado por dioses de las antiguas tribus germánicas).
Parece que en Argentina es más habitual que en Chile encontrar admiradores declarados de los nazis. Por lo menos, no ocultan sus simpatías. En el juicio, los abogados del cura reprocharon a Occidente la instalación de los tribunales de Nurenberg, que juzgaron a los jerarcas nazis después de la Segunda Guerra Mundial, reprochando a los tribunales su supuesta ilegitimidad. Y tan tranquilos, ellos, los abogados nazis y el cura.

A von Wernich se le acusaba de la tortura y homicidio de ocho jóvenes (estudiantes secundarios algunos). Nunca confesó. Pero lo delataron sus cómplices. Y se cuenta con abundantes testimonios de testigos que lo vieron en sus andanzas en los centros de detención.

Es difícil imaginar un cura tan cerca de lo que definimos normalmente como demonio. Participaba en las torturas e interrogatorios de los prisioneros. En el caso de tres de los jóvenes asesinados, el cura visitó a sus familiares (cuando todavía estaban con vida) y les contó que él, gracias a sus amistades con los policías, podía lograr su libertad y posterior envío clandestino fuera del país para que reiniciaran sus vidas. A cambio, von Wernich les pidió varios miles de dólares, que repartió luego con algunos agentes de una de las comisarías bonaerenses. ("Es cierto que los familiares aportaban cantidades variables de dinero según sus posibilidades, porque los chicos tenían que irse al exterior y había que solventar sus primeros gastos", dijo el cura en una entrevista de 1984 ).

Naturalmente, las historias de von Wernich eran falsas. Ese dinero no era pagar costes de viaje y mantención ni nada de eso. Tras recibir el dinero, el cura volvió a la comisaría. Decidieron entonces matar a tres de los muchachos secuestrados. A uno de ellos (de la casa de cuya familia volvía el cura) lo trasladaron a un sitio eriazo. Cuando el joven presintió que lo iban a matar, resistió. Otro agente le golpeó violentamente. La sangre manchó también al cura. Bajaron al chico del coche y lo sujetaron -también participó el cura en esto. El médico que iba con ellos le inyectó veneno directamente en el corazón. El cura propuso volver a casa para cambiarse. Entonces prepararon un asado para celebrar el crimen (en mérici).

Uno de los policías que participó en el asesinato de ese muchacho y otros, no pudo soportar más la culpa que sentía y contó todo, delatando años después a von Wernich.

Von Wernich se ha negado a confesar e insiste en que las acusaciones son falsas. Pero las declaraciones de testigos y otras evidencias no dejan lugar a dudas. El cura sigue insistiendo en estrafalarias aclaraciones. Dice que los muchachos fueron trasladados a Uruguay, Brasil y Chile, pese a las evidencias. Dice que a ellos se les salvó la vida porque habían colaborado por la dictadura y se temía por sus vidas, porque podían ser asesinados por sus antiguos compañeros. Pese a los avances en la investigación, no ha variado su defensa desde 1984, cuando declaró en una entrevista con la revista Siete Días: "Esta es mi forma de interpretar esa acusación, porque para mí todos los chicos a los que yo ayudé a escapar del país, cumpliendo directivas de Camps, pueden estar escondidos temblando y esperando que sus antiguos compañeros los descubran y los maten" (la entrevista fue republicada hace poco por Página 12). Esto lo decía el demonio que había celebrado sus muertes con un asado.

Terminado el juicio, ha insinuado que la condena recae sobre toda la iglesia, porque la cúpula de la iglesia católica argentina apoyaba la dictadura. Citó en su defensa la declaración de un obispo de la época, que en un sermón en la Catedral de Buenos Aires pidió la ayuda divina para la guerra sucia. He leído esa declaración en que un obispo justifica la guerra sucia, pero ya no recuerdo dónde y la cantidad de materiales que se han publicado en los últimos días es tan abundante que simplemente no me atrevo ni a empezar a buscarla. Pero la conclusión del juez Baltasar Garzón, que procesó a elementos de la dictadura argentina en 1998, es definitiva: Se trató "de un genocidio presentado por la dictadura militar como una cruzada que tuvo el apoyo, instigación y bendición de la Iglesia Católica argentina" (en Clarín del 15 de mayo de 1998).

El juez Garzón, en la argumentación, "recordó declaraciones de autoridades de la Iglesia argentina apoyando la represión militar, empezando por el cardenal primado de la Argentina, Antonio Caggiano, quien en un acto público en 1976 indicó que la represión no es una mala palabra. Además, citó al ex vicario castrense Victorio Bonamín y al arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Jorge Mayer, que en 1976 afirmó que la guerrilla subversiva quiere arrebatar la cruz, símbolo de todos los cristianos, para aplastar y dividir a los argentinos mediante la hoz y el martillo. El juez recordó que pocos días después varios sacerdotes palotinos y dos seminaristas fueron asesinados por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. También volvió a comparar a las juntas militares argentinas con el régimen nazi, ya que persiguieron el mismo fin de anular toda posibilidad de discrepancia ideológica o religiosa distinta de la oficial" (Clarín, enlace anterior).

La jerarquía católica argentina es extraña. Muchas de sus autoridades más altas eran/son declaradamente admiradoras del nazismo y otras ideologías criminales. Es incomprensible que elementos de esa naturaleza se hayan infiltrado en la iglesia y usurpado sus posiciones de autoridad. Es ciertamente una iglesia infiltrada por agentes del Mal. En América Latina, no es la única que sufre esas usurpaciones. También la venezolana parece ser una iglesia infiltrada por elementos demoníacos.

En los años ochenta, la cúpula eclesiástica argentina hablaba de "Soldados del Evangelio" para referirse a los represores responsables de la desaparición y muerte de casi 30 mil ciudadanos argentinos. Los perseguidos y desaparecidos eran "el Enemigo" (en Página 12 ). En 1996, el episcopado declaró, en un lenguaje francamente surrealista, que lo que había ocurrido en Argentina era que "que unos católicos (o sea, el "Enemigo" de los años setenta y ochenta) intentaron tomar el poder político en forma violenta y establecer una nueva sociedad marxista y otros les respondieron ilegalmente", pese a la innegable conclusión, como en Chile, de que la inmensa mayoría de las víctimas no podrían ser acusadas nunca de ningún delito en ningún tribunal de ninguna democracia occidental (en las que normalmente los delitos son conductas y no ideas).

En 2000, el propio Joseph Ratzinger, entonces de la Congregación para la Defensa de la Fe, presentó un documento (‘Memoria y reconciliación') que trataba de la dictadura argentina. En él, se decía que la recuperación de la memoria sólo era posible "mediante la profundización teológica sobre la naturaleza de la iglesia, como comunidad implicada también ella en el ‘misterio del Mal', y en consecuencia necesitada de reforma", que es, naturalmente, una manera de reconocer que, como se afirmaría más tarde, la iglesia no es inmune al mal y que la iglesia argentina había sido infiltrada por el Mal (en Página 12).

En septiembre de 2000, Estanislao Karlic, que presidía el episcopado, leyó una declaración que terminaba con la siguiente oración: "Padre, tenemos el deber de acordarnos ante Ti de aquellos hechos dramáticos y crueles. Te pedimos perdón por los silencios responsables y por la participación efectiva de muchos de tus hijos en tanto desencuentro político, en el atropello a las libertades, en la tortura y la delación, en la persecución política y la intransigencia ideológica, en las luchas y las guerras, y la muerte absurda que ensangrentaron nuestro país" (enlace anterior).

Hoy el episcopado argentino ha emitido una declaración (en Página 12), que muchos estiman demasiado blanda y breve. Dice en una de sus partes: "Creemos que los pasos que la Justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino de la reconciliación y son un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad como del odio o el rencor" (en Página 12), lo que es insuficiente para muchos familiares de las víctimas, entre otras cosas porque no conciben que la búsqueda de justicia tenga algo que ver con el odio.

En los años ochenta protegió a von Wernich, procurando su fuga y posterior asentamiento en el balneario chileno de El Quisco, donde se hacía llamar Christian González. Fue descubierto por periodistas del desaparecido periódico chileno Siete.

Las aberrantes justificaciones ideológicas de la iglesia argentina me hacen recordar algunas iniciativas de Pinochet, que yo creo fue un demonio, aunque no logró extender el mal entre los católicos. En 1974 declaró que el régimen chileno era cristiano y occidental, justamente lo que no se podría decir nunca de la dictadura chilena, alejadísima de los valores occidentales y, ciertamente, nada de cristiana. Pero es sabido que estas incoherencias ideológico-lingüísticas son típicas e irracionales demostraciones de poder del Demonio o de seres demoníacos. Es el mismo mecanismo que sustenta muchos de los temores y acusaciones de gentes de extrema derecha. Los ejemplos abundan. Acusan a grupos de ciudadanos de haber querido provocar una insurrección comunista utilizando como prueba un documento (Plan Z) escrito por funcionarios de la misma dictadura. Para ellos, esto no es incoherente, como no es incoherente para el cura von Wernich solicitar dinero a los padres de los chicos que iban a ser asesinados para pagar el asado con que pensaba celebrar el crimen. Acusan a los detenidos de crímenes que nunca podrían haber cometido, porque ni siquiera habían nacido. Los nazis recurrían a cosas similares. En uno de los campos de exterminio se podía leer, en el portón: ‘El trabajo libera'. La idea era que las víctimas debían morir trabajando, sin alimentación, para que murieran de inanición. Hasta que se aburrieron y decidieron matarlos sin más.

¿Habéis visto la cara del cura? Tiene la expresión de un demonio acorralado. A mí me intriga su conducta. Es la de un criminal sin vía de escape. ¿Cómo puede seguir insistiendo en que los jóvenes viven con identidades falsas en el extranjero cuando uno de sus cómplices confesó los crímenes? ¿Para qué seguir insistiendo en ocultar un crimen conocido por todos? Su actitud es similar a las de los demonios que se encarnan en seres humanos. ¿Los habéis visto? Repiten siempre lo mismo. Niegan los crímenes. Declaran incoherencias. Insultan y echan espuma por la boca. Ayer, el cura quería dar un sermón sobre la cruz. Dijo que era Cristo. Contraataca leyendo párrafos de la Biblia, pero sin responder. Finalmente lo hicieron callar. Gesticula. Mira con odio. Amenaza. Pide reconciliación. Llama demonios a los asesinados. Llama demonios a los testigos. Sólo falta que sus ojos empiecen a girar desenfrenados.

[mérici]

novios y violaciones consentidas


columna de mérici
A menudo se encuentra uno en la prensa chilena noticias sobre violaciones y otro tipo de abusos sexuales presuntamente cometidos por los novios de las chiquillas. Hoy [3 de octubre], por ejemplo, el Diario de Atacama (de Copiapó) publica una noticia bajo el título de ‘Violación Sería Causa del Embarazo de Menor de 14'. Leyéndola me entero de que el violador es nada menos que su novio, que tiene 23 años. No es raro, pero sí poco frecuente, que los novios y maridos violen a sus parejas. Pero en este caso no se trata tampoco de una violación, pues las relaciones sexuales fueron consentidas.

Las leyes chilenas determinan aparentemente que los menores de edad no pueden tener vida sexual ni entre ellos ni con mayores de edad. La mayoría de edad es un concepto muy arbitrario, fijado a menudo al buen tuntún de los gobernantes de turno según diferentes contextos históricos. En 1920 o por ahí, uno era mayor de edad a los 25. Las mujeres no eran nunca mayores de edad, lo mismo que los retrasados mentales; pertenecían al mismo ámbito, y en el marco de discursos y justificaciones similares, que los animales domésticos.
En Chile la mayoría de edad ha ido disminuyendo. En los años ochenta se era mayor de edad a los 21. Luego a los 18. En otros países se es mayor de edad a los 16.
Pero el criterio mayoría de edad o adultez no siempre ni por doquier aparece asociada a las mores sexuales de la gente. Relacionar la mayoría de edad con la vida sexual es cosa propia de este pequeño y aislado pueblo. En países europeos se vota a los 18. Aunque la mayoría de esas culturas -occidentales y democráticas- prefiere no inmiscuirse demasiado en cuestiones que son responsabilidad y fuero individual, algunas niegan la vida sexual a los menores de catorce.

Cualquiera que lea un tratado de etnología o antropología cultural, o incluso de historia, descubrirá que los criterios que manejan las sociedades para fijar, cuando lo hacen, criterios tales como la mayoría de edad, o la edad en que se estima que la persona es plena y cabalmente responsable de lo que hace, varían muy ampliamente, hasta el punto en que en algunas sociedades se prefieren e instituyen las uniones desiguales en las que usualmente la mujer es bastante joven. No es raro encontrar parejas de niñas de trece con hombres de veinticinco o más años. En Chile colonial eran las uniones preferidas, y aceptadas incluso por la iglesia y fomentadas por la literatura y prohombres de la época, extendiéndose esta costumbre hasta bien entrado el siglo 20. (Véanse las novelas de Eduardo Barrios, Luis Durand y otros).

En algunas sociedades -como en el norte de Sudamérica- se prefieren las uniones en que las mujeres son considerablemente mayores que los maridos. Y los maridos suelen ser niños de catorce.

Las restricciones impuestas a las relaciones entre las personas suelen fundarse en ideologías y creencias más bien fanáticas. En nuestro caso, se quiere prohibir el sexo a los jóvenes -justamente durante el período en que estos viven períodos de intensa, necesaria y saludable exploración sexual.

Es incomprensible que los legisladores hayan adoptado estas leyes insensatas limitando y penalizando las relaciones sexuales de los menores de edad. En primer lugar, no tienen ningún derecho a hacerlo. Los jóvenes, como los adultos, debiesen tener una vida sexual libre, absolutamente sin trabas de ningún orden, como parte de su desarrollo pleno y saludable. Es una etapa en la que se suele experimentar. Y estas exploraciones son muy necesarias para la formación de los jóvenes. No veo yo en qué puede basarse un legislador para intentar prohibir lo que es de suyo algo natural del ser humano.

Las razones que esgrimen los partidarios de restringir o incluso prohibir la vida sexual de los jóvenes son ampliamente conocidas e igualmente repelentes. Suponen que el sexo, por algún motivo misterioso, es dañino para los jóvenes. En cuanto a las relaciones desiguales, creen que el adulto o simplemente el mayor en una relación entre menores está siempre en una situación de superioridad, habida cuenta de su experiencia. Pareciera que estas leyes estrafalarias hubiesen sido dictadas por un violador o seductor profesional que sabe de lo que habla. ¿Por qué la asimetría de una relación debiese implicar un abuso de poder o de autoridad? Si yo aceptara esta memez, tendría que empezar a mirar a mis abuelas y tías y tías abuelas como mujeres violadas por sus propios y legítimos violadores, pues muchas de ellas iniciaron sus relaciones antes de los 21, o de los 18, o quizás de los 16. (Agreguénse edades límite a discreción). Y esto lo negarían ellas obviamente en todos los tonos.

Felizmente no parece que haya ningún retrógrado que quiera prohibir las relaciones sexuales a los mayores de sesenta, aunque tratándose de Chile, cualquier absurdo es posible. En mi país, abundan los macacos, y no todos llevan uniforme.

Así, un porcentaje de gente encarcelada, y por períodos bastante largos, lo está por tener novias menores de edad con las que tuvieron relaciones sexuales. A los señorones no les gusta esto. El hombre de la noticia tiene 23 años y deberá pasar nada menos que cinco en la cárcel, acusado que violar a su novia consintiente. ¿No han pensado nuestros bárbaros legisladores que esto provocará más mal que bien, pues en la cárcel -por un delito que no cometió, que no es delito propiamente hablando y que las autoridades no tiene derecho legítimo para imponer sus propias creencias- no podrá asistir a su novia durante el período de embarazo, ni estar con ella y su hijo durante el parto ni poder encargarse de su sustento y crianza en los primeros años de vida de su hijo?
Sin embargo, esto parece normal a los legisladores chilenos. Así se crea a una madre joven y soltera y en el abandono o dependencia, en el mejor de los casos, de la familia, que es justamente la que, como en este caso que comentamos, está detrás de su terrible desgracia: de estar esperando a su hijo y tener a su amante en la cárcel porque la familia, que rechaza al novio, lo denunció a las autoridades. Un niño nacerá y se criará sin padre presente. Así han de felicitarse las autoridades chilenas, por haber destruido una familia y el fruto y futuro de esa familia.

Pues en Chile tanto el estado como las familias se atribuyen el derecho a determinar los aspectos y experiencias más íntimas de las personas, constatación que pone de relieve el terrible estado de barbarie de nuestro país y su desarrollo tan alejado de las civilizaciones modernas, donde el individuo y su plenitud es el elemento central de las ordenaciones jurídicas y de las costumbres. Pues mientras en los centros de civilización del mundo se concede al individuo libertades incuestionables en el fuero íntimo (que abarca las relaciones sentimentales y sexuales), aquí un grupo de señorones impone leyes imbéciles al resto de la población.

No son estas las únicas leyes absurdas del país. Posee muchas más, que son verdaderas y vergonzantes muestras de simple y llana estupidez, como las leyes que pretenden prohibir el consumo de drogas (que en los países civilizados con asunto personal) o incluso el delito de receptación (que ahora, cuando se detiene a la banda de los Pinochet, vuelve al tapete).
Pero sin duda la mayor rareza del país es su sistema electoral: pues estas leyes absurdas son dictadas por legisladores que, gracias al sistema binominal que dejó la Bestia a modo de legado, y que copió el mal llamado ‘senador' Guzmán de los comunistas polacos en época de Jaruzelski, ni siquiera son elegidos por la población.

Yo creo urgente la derogación de estas leyes ridículas. No tiene el estado ni estos legisladores de origen ilegítimo el menor derecho a inmiscuirse en lo que hacemos los ciudadanos en nuestras vidas privadas. Tampoco lo tienen las familias ni los padres ni tutores. Estos asuntos pertenecen estrictamente al ámbito individual.

Dicho esto, obviamente, no se me escapa la necesidad de proteger a los niños de los verdaderos criminales, violadores y pedófilos empedernidos. Claro está que la población infantil debe ser protegida de gente como el ex senador Lavanderos, pederasta impenitente. O como el ex secretario de Seguridad Interior de Estados Unidos, que fue sorprendido tratando de seducir a una niña de catorce en un chatroom en la red. (El secretario se hacía pasar por alguien mucho más joven). O de esos padres (numerosos por aquí) que violan a sus hijas, y a veces también a sus hijos de edades de hasta cuatro años. Eso simplemente es espantoso.
Pero las leyes para combatir a estos criminales no han de ser peores que el delito. Mientras que a esos delincuentes ha de perseguírseles sistemáticamente (sus actos implican agresiones violentas), no deben ser confundidos con personas involucradas en relaciones, desiguales o no, consentidas y asumidas por propia voluntad.

[mérici]