mQh |
|
|
no quiero que me maten: eutanasia [Teresa Villafrade] En Holanda, el primer país del mundo en legalizarla, se está comenzando a sentir los efectos de esta controvertida norma que permite a los enfermos terminales solicitar la muerte. Muchos ancianos de los países Bajos, temerosos de que la desición no pase por ellos, están viajando a Alemania para vivir allí sus últimos días.En la ciudad alemana de Bolcholt, cerca de la frontera con Holanda, un hecho ha llamado la atención de sus habitantes: la creciente llegada a la región de adultos mayores holandeses. Una inmigración poco usual que ha obligado a las autoridades germanas a construir un asilo especial para albergarlos, dado el considerable aumento de la demanda en los últimos tres años.¿Qué los hace exiliarse voluntariamente a esas alturas de su vida en un país donde se habla otro idioma? El temor a la eutanasia, lo que no deja de sorprender ya que, según la ley, ésta sólo puede practicarse a expresa y repetida petición del paciente. Otro hecho que da cuenta de este miedo es la creación de hospitiums, un nuevo tipo de institución que surgió en Holanda para cobijar a los ancianos o enfermos de extrema gravedad que quieren tener la seguridad de que no se los va a matar. Son financiados por la caridad pública y con aportes de los propios jubilados por lo que los cupos son limitados. De ahí que aquellos que cuentan con más recursos decidan finalmente emigrar. El doctor holandés Karel Gunning, enfermo de Parkinson y presidente de la Federación Mundial de Médicos por la Vida, contó al diario italiano Avvenire la otra cara de la "dulce muerte" o "muerte con dignidad", como se ha llamado tantas veces a la eutanasia. "La gente tiene miedo, especialmente los pobres y los viejos enfermos. Algunos incluso llevan siempre en su bolsillo -y en una placa que se cuelgan al cuello- una declaración en que se oponen a ser sometidos a la eutanasia. Lo que pasa es que al principio hacía falta la explícita petición del paciente, pero ahora se puede presumir que los comatosos y los niños con graves malformaciones, incapaces de hablar, también pueden quererla y se les aplica. No me extraña en absoluto que esto ocurra. Antes la eutanasia se admitía sólo en pacientes terminales, pero ahora se amplió a las personas con depresión psíquica". Cuenta un caso ocurrido en la ciudad de Assen, en la primavera de 1993. Allí un tribunal de tres jueces holandeses absolvió a un psiquiatra que había colaborado con el suicidio de su paciente, una mujer de 50 años perfectamente sana que había perdido a sus dos hijos y acababa de divorciarse. El tribunal dictaminó que el psiquiatra, el doctor Boudewijn Chabot, actuó legítimamente, porque su paciente era competente para tomar libremente la decisión de morir. Su sufrimiento era irremediable y, por lo tanto, el especialista había cumplido con el requisito legal. En otro caso, la eutanasia benefició a una joven de 25 años que sufría de "anorexia mental" y en 1998, un senador socialista de 86 años, Edward Brongersma, logró que acabaran con su existencia, "porque estaba cansado de vivir", ni siquiera se encontraba deprimido o enfermo. El caso fue llevado a la justicia que declaró culpable al médico Philip Sutorius, aunque éste no tuvo que cumplir ninguna condena. Gunning relata también otro episodio que lo conmovió. "Conozco a un oncólogo que tenía una paciente con cáncer al pulmón. Ella sufrió una crisis respiratoria y debió ser hospitalizada. La mujer no quería por nada del mundo llegar al hospital, ‘no quiero que me maten' le imploraba a su doctor. Él le aseguró que eso no pasaría, la acompañó a la clínica y la vigiló. Después de 36 horas, la paciente respiraba normalmente y sus condiciones mejoraron. El médico se fue a dormir. A la mañana siguiente fue a verla y no la encontró en su pieza: un colega había acabado con ella porque faltaban camas en el hospital". El especialista supo también de otro caso tragicómico. El del hijo de un anciano agónico que pide a los médicos del hospital que "aceleren el proceso" de modo que el funeral pueda tener lugar antes de su viaje de vacaciones al extranjero. Los pasajes estaban ya comprados. Los médicos obedecen y aumentan la morfina, pero horas después el paciente se recupera milagrosamente. Estaba sentado en su cama feliz y de buen humor. El aumento de la dosis de la morfina había logrado calmar sus dolores. "Historias de este tipo se cuentan ahora entre los doctores como si fueran de lo más normal: matar a un paciente para complacer a los familiares. En este país se está dando la insólita paradoja de que quienes optan por no morir antes de tiempo son tachados de egoístas por sus propios parientes. ¿Cómo es posible que siendo una carga para la familia y el Estado se aferren a la vida? Esa es la pregunta que les hacen", concluyó Gunning.
Comentarios » Ir a formulario Autor: rodrigo si una persona esta enferma terminal y su unica salida es la muerte, por que no darle la defunción para que pare de sufrir. darle una buena muerte eso es defender los derechos humanos Fecha: 07/06/2005 03:13. |
Temas
Archivos
Enlaces
arte.opiniónOtros
|