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ricardo piglia en chile


[Javier García] Leer o morir. Ricardo Piglia prepara novela ‘Blanco nocturno'.
Estará en Chile toda la semana y dará dos conferencias. Una, sobre cine, y otra: ‘El escritor como lector', para inaugurar la Cátedra Roberto Bolaño. Desde una pieza a media luz recuerda la ‘Enciclopedia Biográfica de Traductores', que le propuso hacer al detective salvaje y habla del boom de la novela histórica.
Se pasea por la cocina, llega al dormitorio y se sienta frente al computador. Una serie de personas vivas y otras quizá desconocidas deambularán en un diálogo parecido a la noche oscura.
Ricardo Emilio Piglia Renzi nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Hace más de 20 años escribió la novela ‘Respiración artificial', donde una serie de voces arropan la soledad del lector, ante una historia que va sudando lágrimas de desaparecidos, de apátridas, de personas que se enviarán cartas, y hablarán solos en una década podrida por las botas militares.
Ricardo Piglia nunca se separa de las voces que lo acompañan desde hace varias décadas, en sus viajes de profesor universitario en Estados Unidos o en una presentación de libro en España. Sarmiento, Macedonio Fernández, Arlt y Borges se sientan a su lado.
El autor de ‘El último lector', llega esta semana a Chile para dar una conferencia el jueves titulada ‘La novela negra y el cine' en la Universidad Católica. Mientras que el día miércoles dará otra titulada ‘El escritor como lector', y así inaugurar la Cátedra Roberto Bolaño, que impartirá la Universidad Diego Portales. Desde su computador responde: "Uno escribe porque antes leyó. Y además, escribir cambia el modo de leer. ¿Qué clase de cambio es este? Espero acercarme a esa cuestión en la conferencia".
Y de Bolaño comenta: "Nos vimos algunas veces y siempre fue divertido. Tuvimos varios amigos comunes y también tuvimos en común muchos libros, o en todo caso, la admiración por muchos libros y autores. Por ejemplo, nuestro entusiasmo sin cuartel por Nicanor Parra y Witold Gombrowicz".

La Ilusión Secreta
Incluso el diario El País, de España, publicó en marzo de 2003, el diálogo ‘Extranjeros del Cono Sur', una conversación electrónica sobre literatura. Ahí Piglia le propone a Bolaño hacer una ‘Enciclopedia Biográfica de Traductores Inmortales'. Bolaño le recuerda las traducciones de Pitol.
Y ahora Piglia recuerda a "la maravillosa Constance Garnett (quien tradujo todo Tolstoy, todo Dostoievski y todo Chejov). Incluiría también a Enrique Pezzoni y a Cesare Pavese que tradujeron -cada uno a su manera- ‘Moby Dick', a Wilcock que tradujo a Kafka mejor que nadie, y desde luego a Virgilio Piñera y a toda la barra que acompañó a Gombrowicz en la traducción de ‘Ferdydurke'".
Piglia cree que no necesariamente el traductor de una obra tiene que ser un escritor para lograr un buen resultado. "Admiro mucho, por ejemplo, las traducciones del ruso al inglés de Constance Garnett (las prefiero a las de Nabokov). En realidad hasta el traductor más oscuro y comercial es una suerte de escritor secreto, aunque nunca publique libros propios (o tal vez por eso)".
El autor de ‘Plata quemada' -Premio Planeta- expresa como una ilusión secreta "Vivir en una lengua y escribir en otra, esa es la ilusión". A Piglia no le importa, que en la actualidad pululen las novelas históricas, ya sea como un fenómeno o una moda editorial. "Siempre se han escrito novelas históricas. Después de todo ‘La guerra y la paz' es una novela histórica (¿Y la ‘Iliada'?). Ahora, como sucede con los géneros, a veces se ponen de moda; desde luego abundan las novelas histórica pésimas, pesadas, pretenciosas, prescindibles. Las novelas históricas que no pasan a la historia".

Zurita y Piropos a Parra
El narrador argentino que ha llevado al cine con sus guiones relatos de Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti y Silvina Ocampo, dice que lo más parecido a la patria que conoce es "la calle Bynon en Adrogué, donde nací y pasé mi infancia. Una sinécdoque. En una casa de esa calle había nacido mi madre, así que el costado freudiano de la noción de patria también está presente".
Piglia lee vorazmente, prosa y poesía. "Siempre estoy leyendo a los poetas. Me gustan mucho también los ensayos que escriben, por ejemplo, en estos días estoy leyendo un ensayo muy bueno de Raúl Zurita, sobre los poemas muertos". Y a su vez que se acerca a la pantalla, Piglia recuerda cuando iba a escribir el prólogo para las ‘Obras completas & algo †', de Parra, pero compromisos de antemano impidieron su inclusión. Y le preguntamos que le dicen estos versos del antipoeta: "Ya que no hablamos para ser escuchados/ Sino que para que los demás hablen/ Y el eco es anterior a las voces que lo producen". Piglia responde: "Admiración. Dice lo que uno trata sin saberlo decir. O mejor, dice lo que uno todavía no ha podido pensar. Los pensamientos todavía no pensados de cada lector".
Y antes que anochezca, Piglia señala sobre la literatura de hoy en Latinoamérica. "Estoy seguro que se ha producido una renovación. Tenemos una gran tradición y por lo tanto estamos abiertos a la experimentación y al cambio. Quiero decir, porque tenemos una gran tradición, no estamos obligados a ser latinoamericanos profesionales".
Previo a terminar Ricardo Piglia cuenta en qué está su vida junto a Emilio Renzi. Personaje que lo acompaña desde hace años como parte de sus libros.
"Estoy trabajando en una novela, en la que doy vueltas desde hace años. Se llama ‘Blanco nocturno' y está narrada por Renzi", relata el autor, que con calma se toma el tiempo porque hay que volver a la calle Bynon en Adrogué.

1 de julio de 2007
©la nación
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