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el canil como antesala de la adopción


columna de lísperguer
Algunas organizaciones animalistas rechazan la internación en caniles de perros callejeros.

Algunos confunden el mensaje con el mensajero, el medio con el mensaje, el medio con el fin. Hay muchas experiencias exitosas con caniles no eutanásicos o de sacrificio cero. En estos las mascotas que ingresan, lo hacen también a un activo plan de adopciones, de modo tal que su permanencia en ellos es breve. Creo que habría que desconfiar de los grandes caniles (con cientos de individuos), que pueden resultar inmanejables y efectivamente ser focos de infección y muerte para sus residentes. La mejor solución es la adopción, pero para hacerla posible una vez que los chuchos son retirados de la calle, y en ausencia de hogares temporales (los que, no obstante, hay que fomentar), no se percibe otro recurso que internarlos en caniles serios, pequeños, donde serán examinados, curados de sus enfermedades, vacunados y otorgados en adopción o reunidos con sus familias humanas.  
Decir que se trata de "sobrepoblación de canes vagabundos" es una interpretación antojadiza. Es muy difícil hablar de sobrepoblación, porque simplemente no existe. Se confunde la observación aleatoria de canes en algunos puntos de la ciudad, y se cree de inmediato que eso es sobrepoblación, que no lo es de ningunísima manera. Por otro lado, la mayoría de los perros hallados en la calle son perros perdidos, y la solución para estos es facilitar su reencuentro con sus familias humanas.  
Esos caniles a los que se refiere el señor López no existen. Si hubiese caniles que sacrifican a animales por falta de espacio, estarían cometiendo el delito de maltrato animal y debiesen ser denunciados y llevados a tribunales, porque la jurisprudencia chilena no acepta el sacrificio de mascotas sanas. Además, sobre el caso de la protectora Benjamín Vicuña Mackenna está mal informado: en ese recinto no se encontraron cientos de animales muertos, sino sólo cuatro. Los otros animales (cerca de 60) fueron sacrificados por los funcionarios del programa de televisión ‘La ley de la selva’, que cometieron esos crímenes frente a las cámaras -todos lo vimos y no se puede sostener que fueron cometidos por los empleados de la protectora.  
Para los animalistas la solución es la adopción y la reunificación entre mascotas perdidas y familias humanas.  
Lo que en realidad falta en muchos sectores del movimiento animalista es ganas de arremangarse, porque para facilitar la reunificación y fomentar la adopción se necesita que todos nosotros, como voluntarios, nos subamos las mangas con las municipalidades bien intencionadas, no eutanásicas, para ayudar a los perros en situación de calle y ofrecerles un hogar humano.
lísperguer

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