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que se vayan todos, por burros


columna de lísperguer
Ministro Larraín, de Hacienda, sostiene que educación pública es imposible.

La educación es pública (pagada por el estado) y gratuita en muchos países del mundo, pero el ministro no sólo no se ha enterado sino que además cree que es imposible. Nos informa, además, que muchos de los problemas que tenemos con la educación en realidad se pueden resolver de inmediato, si se trata solamente de dinero. Ni siquiera necesitamos una reforma tributaria. Y la idea de que reclamo de educación pública gratuita favorecería a los más ricos es derechamente fantasmagórica y muestra al ministro más como un ideólogo fanático que como un profesional de la educación. Para evitar que los más ricos usurpen el espíritu de una educación pública, sólo bastaría con incluir en el sistema estatal a los estudiantes cuyas familias no tengan ingresos suficientes. Y si ricos y pobres no tuvieran que pagar la educación también sería bueno. Los beneficios para el país serían incalculables.
Pero si lo que ofrece el ministro es solamente bajar las tasas de interés de los créditos para estudiantes o fiscalizar mejor o subir la cantidad de becarios, las conversaciones no llegarán a ninguna parte y es pertinente preguntarse si acaso el ministro Bulnes es el más idóneo para el cargo. Ofrecer más dinero es derechamente un insulto. Nos dice que todas las tragedias que acosan a decenas de miles de familias endeudadas, con hijos que dejaron de estudiar durante el primero o segundo o tercer año, fueron innecesarias. Dinero tenemos, dice el ministro, pero no teníamos ganas de gastarlo en educación.
Es bueno para Chile que Larraín no sea ministro de Educación, y es terrible que lo sea de Hacienda.
lísperguer

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