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demasiada pesca accidental en el atún


Las llamadas ‘capturas accesorias’ (involuntarias) en las redes de los atuneros pueden llegar al 25% de la captura total. Las compañías se han comprometido a abandonar los métodos que pongan en peligro a otros peces.
[Mark Bittman] Me hubiese gustado estar en La Jolla hace un par de semanas para ver el zepelín inflable verde que flotaba en el aire con el dibujo de una sirena en un lado. Era curvilínea y rubia, tenía un cigarrillo en la boca y un pez ensangrentado atravesado en su tridente. En torno a ella se podía leer el texto: "Chicken of the Sea: Carnicería en una Lata de Atún."
¿Se trata de otro boicot del atún? Muchos lectores recordarán cuando el biólogo Sam LaBudde se fue a trabajar, en 1998, como cocinero en un barco atunero panameño y filmó en secreto imágenes que mostraban a delfines muriendo en las redes y aplastados por los cables, hasta veinte por cada atún. El video fue proyectado ante una subcomisión del Senado y provocó un boicot del atún enlatado de parte de los consumidores. Dos años después, Starkist -entonces propiedad de Heinz- anunció que dejaría de comprar atún capturado con métodos que pusieran en peligro a los delfines. Bumblee Bee y Chicken of the Sea siguieron pronto el ejemplo.
El atún enlatado era entonces el pescado más popular en Estados Unidos; ha sido reemplazado por las gambas, pero todavía comemos atún por valores de hasta mil millones al año. Y Greenpeace USA -los creadores de la sirena fumadora y voladora- ha lanzado una campaña para introducir reformas en la industria del atún enlatado. Hay indicios de que tendrá éxito porque sus exigencias ya han sido aceptadas en el Reino Unido. Pero si no lo tiene, podría empezar un boicot, y de hecho un representante en el Congreso ya ha llamado a uno.
El día después del viaje aéreo de la sirena, la organización ecologista entregó una petición de setecientas páginas a Chicken of the Sea de San Diego implorando a la compañía que abandone las prácticas de pesca que maximizan la captura accesoria -la captura "accidental" de peces no consumidos- y agotan existencias cada vez más reducidas.
Gran parte del atún enlatado es barrilete, y gran parte de este es capturado utilizando dispositivos de atracción de peces (FADs), redes de cerco y palangres. Un dispositivo como este, es simplemente una boya o inclusive un tronco (realmente, puede ser cualquier cosa que flote), arrojado al agua desde un bote. Los peces pequeños los encuentran y usan para refugiarse de los peces más grandes, que se aparecen luego a cazar y pronto el dispositivo se halla en el centro de un pequeño y denso ecosistema.
La mayoría de los FADs [fish aggregating device] están equipados con radiofaros, los que retransmiten su posición a los buques; algunos también tienen sensores de biomasa que indican cuántos peces hay en el entorno. Cuando una lancha cree que la población de peces en torno a un FAD ha alcanzado una masa substantiva, vuelve con una gigantesca red de cerco, recogiendo todo el ecosistema. Y aunque el barrilete es el blanco, la red atrapa a tiburones, pez espada y marlines, rabiles y patudos, que a menudo conforman hasta el veinte por ciento de la captura total.
Las palangres, que son usadas a menudo para la albacora -también enlatada- , tampoco discriminan. Kilómetros de sedal van a boya a boya con ganchos ensebados cada tantos metros. (Detengamos un momento e imaginemos cómo se ven "kilómetros de sedal".) Las tortugas se enredan en los ganchos y no pueden volver a la superficie a respirar. Las aves marinas confunden los ganchos con peces, se zambullen y se enganchan. Y nuevamente, la captura accesoria es inmensa. (La captura accesoria de la pesca industrial es de hasta el veinticinco por ciento.)
Todo esto, dice Casson Trenor (Greenpeace), una de las figuras centrales en la campaña por el atún, está suficientemente mal, pero la organización también quiere que se prohíba la pesca en lo que se conoce como "bolsones de alta mar", cuatro áreas de océano justo más allá de las aguas territoriales de un puñado de países islas del Pacífico. Debido a que estas aguas no pertenecen a ningún estado en particular, los atuneros -a menudo procedentes de países más ricos, como España, Taiwán y Estados Unidos- se aglomeran en estas zonas, trabajan sin cuotas, capturan el máximo. Pese a la existencia de algunas normativas, en el área efectivamente no vale ninguna ley y las economías de las cercanas islas del Pacífico, que dependen en gran parte en el atún, son las primeras en sufrir las consecuencias.
La semana pasada el legislador Eni Faleomavaega, representante de la Samoa estadounidense, dio la bienvenida a Greenpeace y llamó a una prohibición total de los FADs y la pesca en bolsones de alta mar, y pidió a los estadounidenses que dejaran de comprar productos de Chicken of the Sea o Bumble Bee. (Faleomavaega no incluye a Starkist porque esta empresa, a diferencia de otras, no ha exportado a Tailandia la limpieza del atún; Greenpeace no ve a Starkist como diferente a las otras, pero no está llamando activamente a ningún boicot.)
El boicot no fue un componente necesario de la reciente victoria de Greenpeace en el Reino Unido: hace unos meses, el último bastión importante -el gigante del atún, John West- se unió a los otros productores importantes en la industria del atún enlatado en un compromiso para dejar de utilizar FADS con redes de cerco, y cambiar al sedal y la caña de pesca. Chicken of the Sea es propiedad de la misma compañía matriz tailandesa que posee a John West. Claramente, si una importante filial sucumbe ante la presión y cambia sus prácticas, también pueden las otras.
Entretanto, Greenpeace está aumentando la presión; Trenor se encuentra actualmente en las islas del Pacífico para filmar y eventualmente intervenir ante lanchas que utilicen FADs en alguno de los bolsones de alta mar, especialmente buques con bandera estadounidense con probados vínculos con Chicken of the Sea.
"No estamos contra el atún enlatado" escribió Trenor en un e-mail. "Los estadounidenses, como todos los consumidores, tienen derecho a un suministro asequible y conveniente de proteínas. Pero también tenemos derecho a saber la verdad sobre los métodos que se emplean para producirlas y tomar una decisión informada en cuanto a si queremos apoyar esos métodos. Lo esencial es que las compañías del atún pueden funcionar mejor."
El video de los delfines de Sam LaBudde fue el primero en su género, cuando YouTube aún no nacía. Ahora parecemos inmunes: tengamos en mente que pese a publicaciones razonablemente regulares de impactantes y crueles videos sobre el ganado, todavía no hemos visto ningún boicot extendido de la producción de carne de granja. Porque si lo pensamos bien, el FAD y la red de cerco son simplemente otras formas de confinamiento animal. No es "artesanal", es industrial. Y si los estadounidenses pueden ser convencidos de que cambien sus hábitos de compra para impedir una forma de maltrato animal, entonces hay esperanzas para cambiar otros.
Y puede tomar más que un maldito video, un siniestro dirigible en forma de sirena y una petición para cambiar las prácticas de la industria del atún enlatado; incluso un cruzado paria en el Congreso (que representa una región que la mayoría de los estadounidenses desconocen en gran parte) puede no hacer ni mella.
Sin embargo, va a ocurrir. El Reino Unido lo hizo, y tarde o temprano también lo hará Estados Unidos. Logramos que los delfines puedan vivir seguros. Los siguientes deberían ser las tortugas, los tiburones, las aves marinas, el rabil y el patudo. Es fácil de solucionar. Quizás un boicot ni siquiera sea necesario. Sin embargo, si lo fuera, será fácil de apoyar. Y nos mostrará el camino sobre lo que debe venir después.
10 de octubre de 2011
20 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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