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cuánto cuesta la prohibición


En el debate sobre las drogas en Estados Unidos, esta es la opinión de un jefe de policía de Los Angeles en retiro.
[Stephen Downing] Los prohibicionistas de las drogas, como el zar de las drogas de la Casa Blanca, Kevin A. Sabet, parecen sentir pánico por la transmisión del documental de Ken Burns, de PBS, ‘Prohibition’, debido a su claro y convincente paralelo con la igualmente desastrosa guerra contra las drogas actual. El primer experimento duró menos de catorce años, pero la fallida prohibición de hoy fue declarada por el presidente Nixon hace cuarenta y ha costado al país más de un trillón de dólares en dinero y mucho más en inconmensurables daños sociales.
Como estudioso de la historia y subdirector retirado del Departamento de Policía de Los Angeles, puedo testificar que el daño que provocó la prohibición del alcohol desaparece en la nada en comparación con el daño que ha provocado la prohibición de las drogas. En los últimos cuarenta años, el dinero de las drogas ha alimentando el crecimiento de la violencia de las pandillas en las calles de Los Angeles, de dos (Bloods y Crips) con menos de cincuenta miembros antes de la guerra contra las drogas, a veinte mil pandillas con cerca de un millón de miembros en todo Estados Unidos, de acuerdo al ministerio de Justicia de Estados Unidos. Estas pandillas se encargan de la distribución y de las cobros y son sicarios de los carteles mexicanos que el ministerio de Justicia dice que están activos en más de mil ciudades de Estados Unidos.
Sabet, ex asesor para la política de drogas de la Casa Blanca, ignora los daños creados por la prohibición y no menciona las casi cincuenta mil personas asesinadas en México en los últimos cinco años durante la guerra de los carteles por el control de las rutas, territorios y recaudación. La detención o muerte de un líder de un cartel, no causa ningún impacto en el comercio de la droga y sólo sirve para crear más violencia, a medida que traficantes de pequeña escala luchan por los sitios nuevos más importantes.
Funcionarios policiales estadounidenses informan que hasta el setenta por ciento de los beneficios de los carteles provienen de la marihuana. No hay duda de que poner fin hoy a la prohibición de las drogas, empezando por la marihuana, causaría más daño a los carteles que cualquier grado de intervención policial o dedicación.
Peor que ser inefectiva, sin embargo, esta guerra contra las drogas crea peligrosas distracciones para los agentes de policía que deberían más bien concentrarse en mejorar la seguridad pública. Por ejemplo, el Departamento de Policía de Los Angeles anunció esta semana que sacará a ciento cincuenta agentes de la calle para encargarse del traslado de reos a los condados. El estado debe hacer esto para cumplir con la orden de la Corte Suprema de Estados Unidos de reducir la abultada población carcelaria del estado inducida por la guerra contra las drogas, de más de treinta mil, y nuestro estado ya ha despedido a miles de maestros gracias en parte a que los fondos fueron destinados a la construcción de más prisiones y la contratación de más gendarmes.
Esto se produce inmediatamente después de otra reasignación de recursos policiales en Los Angeles cuando el Departamento de Policía de Los Angeles y el Departamento del Sheriff de Los Angeles se encontraran con un atraso de tres años en los casos de violación. Los laboratorios de criminalística sólo tienen una cantidad finita de recursos, y el análisis de las drogas a menudo es más relevante que otros casos que exigen atención. Los detectives (y las víctimas) esperan durante meses los resultados de los análisis de laboratorio de casos relacionados con violaciones y otros delitos graves, mientras que los análisis de marihuana y otras drogas en casos de posesión toma precedencia.
No hay duda de que la violencia, el crecimiento de los carteles y las pandillas, la sobrepoblación en nuestras prisiones y el despilfarro de los recursos policiales no ocurrirían si elimináramos los beneficios ilegales de las drogas e implementáramos una aproximación no-criminal en relación con las drogas. Lo hicimos en el pasado con el alcohol, y no hay razón para no hacerlo con otras drogas hoy.
11 de octubre de 2011
6 de octubre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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