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filmar los alegatos en la corte suprema


Los pocos afortunados que pueden asegurarse asientos en la sala de audiencias no deberían ser los únicos testigos de la historia. Editorial de The Washington Post.
En marzo, la Corte Suprema debe dictar fallo en uno de sus casos más importantes de los últimos años: una impugnación constitucional contra la promulgación del presidente Obama del programa del seguro médico.
El caso también podría ser el más estrechamente observado, literalmente. Sería un vehículo apropiado para el primer alegato televisado de la corte.
A menudo hemos instado a los jueces a permitir las cámaras en la corte. Los argumentos de la Corte Suprema se concentran generalmente en temas de importancia nacional e implican normalmente a los mejores abogados del país y rara vez, si alguna, levantan los tipos de preocupaciones sobre la privacidad o seguridad que surgen en los juzgados menores donde la identidad de testigos y jurados debe a veces ser protegida.
La corte ha resistido firmemente, alegando que permitir los procedimientos televisados podría comprometer el decoro y cambiar la naturaleza de los reposados procedimientos porque los abogados -y quizá incluso los jueces- pueden entregarse a la sobre-dramatización. Algunos críticos temen que las transmisiones puedan estimular los estallidos de miembros del público. Otros dicen que las cámaras harán que los jueces sean reconocidos en la calle, aumentado los temores de seguridad e infringiendo la privacidad. Y otros aun temen que los medios puedan sacar algunos fragmentos de contexto. Finalmente, algunos creen que el público podría no entender los complicados procedimientos.
Estos no son argumentos para prohibir las cámaras: son argumentos para prohibir prácticamente toda cobertura de la corte y los jueces. Ninguna persona razonable los aceptaría.
Es difícil imaginar que la corte pierda el control de los procedimientos. Imaginemos el embarazo -y el riesgo para futuros negocios- de un abogado ostentoso que tiene que ser contenido por los jueces. Peor todavía, esas tonterías podrían en algunos casos costar el caso de los abogados si no logran tratar y refutar las serias preguntas sobre el asunto entre manos. Y hay una simple cura para los raros abogados que se niegan a dejar en casa las payasadas: la pérdida del alegato o la remoción de la sala de audiencias.
C-SPAN, que provee un valioso servicio televisando las sesiones parlamentarias y otras programaciones de asuntos públicos, ha ofrecido transmitir las audiencias sobre el seguro médico, a las que se ha asignado cinco horas y media. "Creemos que el interés público es servido mejor con la cobertura televisiva en vivo de este debate oral en particular", escribió el presidente de C-SPAN, Brian P. Lamb, en una carta del 15 de noviembre al juez presidente John G. Roberts Jr. "Este es un caso que afectará la vida de todos los estadounidenses, nuestra economía, y ciertamente será un tema de las inminentes campañas presidenciales".
Si una transmisión en vivo fuera objetable, los jueces podrían permitir que los procedimientos fueran filmados para ser transmitidos más tarde. Y si eso fuera demasiado, los jueces podrían al menos permitir la transmisión en audio en vivo del alegato o, como han hecho en otros casos altamente publicitados, acceder a la circulación el mismo día de la grabación en audio de los procedimientos. Los pocos afortunados que pueden asegurarse asientos en la sala de audiencias no deberían ser los únicos testigos de la historia.
27 de noviembre de 2011
25 de noviembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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