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gonzos del siglo 21


[Jack Shafer] El Nuevo Nuevo periodismo.
En las tres décadas que han pasado desde que Tom Wolfe reuniera en una antología a un grupo de escritores bajo el título de ‘Nuevo Periodismo' y los tachara de rivales de los mejores novelistas de su época, se ha empezado a formar una nueva camada. Robert S. Boynton llama a este movimiento el Nuevo Nuevo Periodismo, y entrevista en el libro del mismo título a 19 de sus más importantes practicantes.
El Nuevo Periodismo se hizo sinónimo del chisporroteo literario y reportajes de plato hondo de Wolfe, pero el padre fundador niega haber acuñado el término. "Nunca me ha gustado", escribió Wolfe en ‘The New Journalism' (1973). "Cualquier movimiento, grupo, partido, programa, filosofía o teoría que lleve la palabra ‘nuevo' en su nombre, está simplemente rogando meterse en problemas". A pesar de las dudas, clasificó a escritores tan diversos como Hunter S. Thompson, Gay Talese, Truman Capote y Norman Mailer como colegas Nuevos Periodistas.
Si el experimento literario y la ambición artística eran las tarjetas de visita del Nuevo Periodismo, la profundidad de repertorios es la característica más distintiva del Nuevo Nuevo Periodismo, insiste Boynton. Muchos Nuevos Nuevos son ultra-maratonistas que viven con los personajes de sus historias durante años, como hizo Leon Dash para escribir sobre la vida de Rosa Lee Cunningham para el Washington Post y Adrian Nicole LeBlanc para su libro ‘Random Family'. Otros puntos taxonómicos propuestos por Boynton: los Nuevos Nuevos se basan en las innovaciones literarias de sus predecesores, pero se inclinan hacia la tradición del periodismo de denuncia de Jacob Riis y Lincoln Steffens, que prefieren contar historias de los "desprivilegiados" y llevar la crónica de la "vida de todos los días" en lugar de salir a la caza de "historias extravagantes" y hacer del escritor el principal personaje del reportaje.
El escritor del New Yorker, John McPhee influyó en muchos de los Nuevos Nuevos a través tanto de su libro como de su famosa clase de ‘Literatura de Hechos' en Princeton. "El tono informal, declaratorio, casi deliberadamente tosco que uno oye en muchos de los Nuevos Nuevos Periodistas proviene directamente de McPhee", escribe Boynton, definiendo al gran anti-estilista como el anti-Wolfe.
"McPhee no enseñó a formar las palabras y frases con precisión. Nos enseñó un respeto absoluto por los hechos, y de llegar a extremos para asegurarnos de que habíamos entendido todo bien", dice Richard Preston, autor de ‘The Hot Zone'. "Yo no sería un escritor si no hubiera seguido ese curso", dice Eric Schlosser, que escribió ‘Fast Food Nation'. Aunque no son entrevistados aquí, otros logrados ‘McPhinos' (como se llaman en broma) incluyen al editor del New Yorker, David Remnick; al escritor del Washington Post, Joel Achenbach; y a Robert Wright, autor de ‘The Moral Animal'.
Si McPhee es el modelo del Nuevo Nuevo, entonces los editores del New Yorker, el New York Times Magazine, Rolling Stone y el Atlantic Monthly son sus Médicis. Las revistas de otros países publican rara vez narrativas periodísticas detalladas. Los editores de esas revistas merecen una reverencia.
Parece obvio que las distinciones entre la especie de Boynton y la de Wolfe, a la que encuentra intelectualmente resbaladiza y transparentemente interesada, son algo imaginarias. Y no puede haber mucho de Nuevo Nuevo en Gay Talese, Calvin Trillin y Jane Kramer, que han estado todos haciendo reportajes desde principios de los años sesenta.
Pruebas de que las dos escuelas se encuentran en un continuum literario compartido se encuentra en el hecho de Talese aparece tanto en el panteón de Boynton como de Wolfe. Varios de los escritores de Wolfe (Garry Wills, James Mills, Joe McGinnis) se ajustan al molde del Nuevo Nuevo Periodismo, y varios de los escritores de Boynton (escritores-reporteros como Ron Rosenbaum, Richard Ben Cramer y Michael Lewis) no serían detenidos por estar merodeando si aparecieran en una edición revisada de la antología de Wolfe. Uno sospecha que si Rosenbaum, Cramer y Lewis hubieran seguido el curso de McPhee, este los habría expulsado por tener demasiado destellos wolfeanos.
Boynton, director del programa de periodismo de revistas de la Universidad de Nueva York, quiere revelar los métodos de sus maestros modernos antes que extraer sus opiniones sobre el estado del periodismo de reportajes. Los aficionados de la entrevista del Paris Review reconocerán sus preguntas: ¿Cómo es su día ideal? ¿Cómo llega a sus historias para hacer reportajes? Esas previsibles pesquisas dan resultado. Como un contratista de la construcción entrevistando para el trabajo a carpinteros, Boynton evalúa sus sujetos basándose en qué tipos de herramientas encuentra en sus cajas de herramientas.
El Nuevo Nuevo periodista Richard Ben Cramer, cuyo libro de 1.047 páginas sobre la campaña presidencial de 1988, ‘What It Takes', salió en el punto más álgido de la campaña de 1992, ve a sus fuentes y sujetos como colaboradores, una idea gonzo cuando piensas sobre ello. "Mi objetivo es que ellos entiendan mi proyecto tanto como yo. Porque este bote lo vamos a construir juntos", dice. A menudo deja que la entrevista dure horas antes de apuntar una cita o de encender la grabadora, sólo para llamar más tarde y preguntar a la fuente que repita esa gran historia. El proceso redunda en confianza, alega Cramer. "Cuando he estado visitándolos por un tiempo, se dan cuenta de que yo no sería capaz de engañarlos".
Michael Lewis, autor de 'Liar's Poker' y 'Moneyball', se apoya también en la inmersión, preguntando a sus sujetos si puede viajar con ellos. "Los personajes son siempre mucho más interesantes cuando se mueven en el espacio que cuando están quietos", le dice a Boynton. La estrategia resulta sólo si el sujeto no sabe que Lewis tiene la intención de acompañarlo durante meses. "Nadie estaría de acuerdo, si se lo dijera francamente, con el tipo de relación que yo necesito. ¡No lo aceptaría ni yo!" Sin embargo, hacerse el pesado o siguiendo cada pista por todos los confines de la tierra no explica el éxito de un Lewis, un Schlosser o un Ted Conover. Estos escritores sacan mucho más de sus habilidades de reconocimiento, lo que les permite ver una historia y seguirla, antes que agotar sus fuentes.
En un libro que bulle de consejos para los novatos, William Langewiesche, autor de ‘American Ground', entrega el mejor. "Existe la impresión afuera de que este mundo de escribir y publicar es una especie de club cerrado", dice. "No hay barreras de acceso a este campo, no hay contraseñas para entrar". Lo único que importa, dice, es "la calidad del trabajo".
La categoría Nuevo Nuevo resulta no ser mucho más que una suelta red para atrapar al grupo de escritores que Boynton admira. Con todo, estas entrevistas profundizan nuestro conocimiento del ‘periodismo literario', una etiqueta más inclusiva que Nuevo Periodismo o Nuevo Nuevo Periodismo. ¿Sacó el Nuevo Periodismo a la novela de su pedestal, como prometía Wolfe? No realmente. Quizás Wolfe interpretó los experimentos periodísticos de novelistas como Mailer, Capote, Terry Southern y Joan Didion como defecciones que presagiaban una revolución. Aunque muchos nuevos periodistas continúan siendo leídos, no han exactamente desplazado a Bellow o Roth. Incluso Wolfe pareció aceptar la derrota cuando abandonó el género para escribir sus propias novelas.
Sin embargo, la riña entre los hechos y la ficción no ha termindo. Como lo dijo en estas páginas Michael Lewis: "Vivimos en una era en la que el novelista vive en un estado de ansiedad sobre la no-ficción. Se ve más claramente en películas libidinosas, que son capaces de poner al final de la película: ‘Esta es una historia verídica'".

20 de marzo de 2005
24 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
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