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elogio de películas malas


[Dan Neil] Las películas malas también causan furor.
El hecho repetido más a menudo sobre Hal P. Warren, el autor del loco espectáculo cinematográfico ‘Manos: The Hands of Fate', es que era vendedor de fertilizantes, como si la ocupación de algún modo lo descalificara para hacer cine.
Quizás, quizás no. En el verano de 1966 Warren dirigió una pandilla de actores debidamente mal pagados en el desierto en los alrededores de El Paso para hacer lo que ahora es ampliamente celebrada como la peor película de la historia.
La historia de una familia que cae en las garras de una secta satánica -aunque el botín de la venta de almas no da más que para una choza de cortina con un colchón sucio-, ‘Manos' es un trabajo de una deslumbrante estupidez y una incompetencia tan decadente que es difícil entender cómo pudo Warren vestirse a la mañana siguiente.
Pasa gente con listones, las polillas chocan contra la cámara, los personajes miran al director y a la cámara como preguntando "¿Y ahora qué?". El diálogo -grabado palabra por palabra en un estudio- es tan mal sincronizado que parece haber sido doblado en Bantu. Eso, cuando hay diálogos. ‘Manos' es el ‘Ciudadano Kane' de las pausas agonizantes, cuando los actores simplemente están ahí en un vacío de silencio y perplejidad. Es brutal.
Y a la gente le encanta.
Este es el verano de ‘Manos'. En junio, Entertainment Weekly publicó un reportaje -‘La Peor Película de Todos los Tiempos'- detallando la odisea de la película desde basura de drive-in a tesoro del cine arte. La versión más breve: Después del estreno con esmoquin y pajarita en El Paso en 1966 -durante la que el mortificado reparto escapa mientras la audiencia brama- la película fue olvidada hasta su reaparición 27 años después en el brillante Mystery Science Theater 3000. El episodio de ‘Manos' sigue siendo el DVD más popular en el catálogo de MST3K.
‘Manos' es el tema de un nuevo documental, ‘Hotel Torgo', que hace actualmente la ronda de los festivales de cine de Canadá. Producida y dirigida por Aaron Allard y James Lafleur, estudiantes en el Niagra College en Canadá, ‘Hotel Torgo' -el título se refiere al personaje del portero con, sí, rodillas gigantes- es narrada a través de los hinchados ojos de uno de los últimos supervivientes del reparto, Bernie Rosenblum, que nos informa que Warren estaba "más loco que una cabra".
Y, como para agregar una puntuación fatídica a la narrativa de ‘Manos', en junio la choza de adobe donde fue filmada se quemó completamente.
Con la coronación de ‘Manos' a mano, por decirlo así, parece un buen momento para preguntar por qué nos gustan tanto las películas malas. Nadie revive óperas malas del siglo 18 ni cuelga pinturas del carnicero de Rembrandt. Pero trata de arrendar una copia de ‘Campo de Batalla: La Tierra'.
Obviamente, parte de la razón es schadenfreude. La fama obedece el principio de ingeniería de la ley del cubo al cuadrado, eso es, la fama puede crecer tanto que no puede ya sostenerse sobre su peso. Y cuando se extiende demasiado, como ocurrió en dolorosamente rubio ‘Alexander', se obtiene la misma satisfacción que ver el derrumbe de un edificio. Hay películas que han sido saboteadas por su propio taquillero cinismo (‘Una Relación Peligrosa') o consumidas por su propia obstinación (‘Puerta al Cielo').
Pero el culto de las películas malas no gira tanto en torno a desastres de grandes presupuestos como sobre el pobre cine americano de mediados de siglo, las poco reputadas películas de horror de bajo presupuesto, con mujeres de 1 metro 50, arpías asesinas y extraterrestres con cremalleras en la espalda. Hay que querer esas películas donde los marcianos llevan relojes de pulsera Timex.
¿Qué hace de estas películas algo tan disfrutable? Después de ver ‘Manos' probablemente por décima vez, he concluido que tiene que ver con la intimidad. Porque es una rebanada pura del cerebro de Warren -escribió, dirigió, produjo y protagonizó, y no toleraba la colaboración-, ‘Manos' es el subconsciente del hombre transfigurado cinematográficamente. ¿Que si no, es la escena de 10 minutos en la que seis mujeres en sujetadores, fajas y lo que parece ser tela de mosquitero, pelean por el derecho a estar con el ‘Amo'?
Las peores películas de todos los tiempos son esos encefalogramas de gente rara muy ambiciosa, entre ellos el famoso Ed Wood de ‘Glen o Glenda', o el notorio y paranoico Coleman Francis, que en ‘Red Zone Cuba' intentó dramatizar la invasión norteamericana de la isla con seis tipos. La jungiana rareza de estas películas desafían toda descripción.Y sin embargo tienen una rara y dulce autenticidad. A menudo rodadas con presupuestos casi inexistentes -con gastos mínimos en vestuario, platós y producción, y con pocas segundas tomas-, pueden tener un aspecto de documental sin barniz, como el metraje histórico con zombis caminando en el primer plano. ¿Existe un retrato de la Arizona de los años 70 más significativo que ‘Night of the Lepus'?
Hacer la peor película de la historia no es un logro pequeño. Después de todo, Kevin Costner ha tenido muchos más fiascos que Warren, que nunca hizo otra película y murió en 1985. Pero fue suficiente. Gracias a la notoriedad, una versión coherente de ‘Manos' ha sido lanzada en DVD, garantizando que esta ejemplar historia cinematográfica vivirá para siempre. Hal P. Warren, cineasta y vendedor de fertilizantes, logró la grandeza.
El Amo estaría contento.

7 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh


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