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¿dónde está el ántrax?


[Scott Shane] Después de cuatro años de pesquisas sobre los atentados con ántrax, el FBI se encuentra incluso demandado.
Washington, Estados Unidos. Richard L. Lambert, el inspector del FBI encargado de la investigación de las mortíferas cartas con ántrax de 2001, declaró sobre el caso bajo juramento, el mes pasado, durante cinco horas.
Pero Lambert no estaba declarando en un juicio criminal. Él y sus equipos de agentes del FBI e inspectores de correos no han identificado al culpable. En lugar de eso, él y otros seis funcionarios del FBI y del ministerio de Justicia han sido obligados a declarar en una demanda contra las filtraciones en los medios de comunicación presentada por el doctor Steven J. Hatfill, el antiguo experto en defensa biológica del ejército, que fue investigado intensamente durante meses.
Cuatro años después un bioterrorista desconocido depositó cartas que contenían unas cucharaditas de un polvo en un buzón de Princeton, Nueva Jersey, lo que empezó como la investigación criminal más grande de la historia estadounidense se encuentra estancada, dicen científicos y ex funcionarios policiales que hablaron con los detectives.
La incapacidad para resolver el caso que las autoridades llaman ‘ántrax americano' [Amerithrax] es un serio revés para el FBI y el Servicio de Inspección Postal, la rama de investigaciones del Servicio Postal. Las cartas conformaron el primer serio ataque bioterrorista en la historia de Estados Unidos y mató a cinco personas, enfermó a otras 17, paralizó temporalmente el servicio de correos y obligó a evacuar varios edificios oficiales, entre ellos las oficinas del Senado y la Corte Suprema.
"Han hecho todo lo posible de hacer y todavía no saben nada", dijo Randall S. Murch, de Virginia Tech, ex científico en el FBI que dirigió el uso de tests de laboratorio para trazar el origen de microbios utilizados en crímenes. "Tienes que entender que la presión es enorme".
Un ex funcionario policial que continúa viendo a varios detectives, dijo: "Según la gente con la que he hablado, esto no va a ninguna parte". El funcionario, que habló a condición de conservar el anonimato debido a lo delicado de las filtraciones del caso, dijo que algunos agentes están todavía asignados formalmente a la investigación, aunque trabajaban generalmente en otros casos, porque "no tienen nada que hacer".
Para el director del Buró, Robert S. Mueller III, que empezó a trabajar en septiembre de 2001 justo antes de los atentados del 11 de septiembre y las cartas de ántrax, el caso es prioritario. Es tenido al tanto de la investigación todos los viernes, cuando está en Washington, dijo Debra Weierman, portavoz del Buró.
Weierman dijo que se había asignado a la pesquisa a 21 agentes del Buró y nueve inspectores postales, un lejano eco de los cientos de agentes de los primeros meses, pero sigue siendo una misión importante. Dijo que los investigadores han realizado más de 8.000 entrevistas y procesado 5.000 citaciones y que el caso sigue "intensamente activo".
El hecho de que Hatfill, que no ha sido acusado ni exonerado, haya vuelto las ternas a los agentes, de los que dice que han arruinado su vida, hace que este cuarto aniversario sea todavía más frustrante para las autoridades.
Los dos envíos de cartas con ántrax, dirigidos a órganos de prensa y a los senadores Tom Daschle, de Dakota del Sur, y Patrick J. Leahy, de Vermont, ambos demócratas, estaban fechados al 18 de septiembre y 9 de octubre de 2001.
Hatfill, 51, creció en Illinois y se preparó como médico en Zimbabue antes de hacer investigaciones médicas en África del Sur. Después de volver a Estados Unidos, trabajó en el Instituto Médico Militar de Enfermedades Infeccionsas de 1997 a 1999, en Fort Detrick, Frederick, Maryland.
Fue el centro de la atención pública de parte de investigadores del ántrax en 2002 y 2003, cuando se allanaron su apartamento cerca del fuerte y lugares donde había vivido o visitado. Estuvo bajo vigilancia las 24 horas del día durante meses; un empleado del FBI le dio un pisotón cuando el científico trató de fotografiarlo.
Hace dos años, Hatfill presentó una demanda contra el FBI y el ministerio de Justicia, diciendo que las filtraciones sobre él a la prensa y la descripción pública que hizo de él el fiscal general John Ashcroft como una "persona de interés" en el caso, había destruido su reputación.
También tiene un pleito pendiente contra el NewYork Times y un columnista del diario, Nicholas D. Kristof, diciendo que Kristof lo había difamado.
Este verano, el juez Reggie B. Walton, del tribunal del distrito federal en Washington, permitió que los abogados de Hatfill empezara a interrogar a personas sobre las filtraciones reportadas. De acuerdo a un abogado de Hatfill, Thomas G. Connolly, entre las seis personas que han declarado hasta el momento se encuentran Lambert, el principal investigadir; Brad Garrett, otro agente de toda la vida; y Weierman, la portavoz.
Connolly que Van Harp, el antiguo subdirector a cargo de la Oficina de Terreno en Washington del buró, debe declarar la próxima semana y Ashcroft en noviembre.
"Funcionarios del FBI y del ministerio de Justicia participaron en una campaña de infundios contra Hatfill", dijo Connolly. "La gran pregunta es quién en el gobierno va a dar la cara y corregir la situación exonerándole públicamente y condenando a los que lo difamaron".
Al principio los investigadores pensaron en una posible conexión con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las cartas incluían apuntes fotocopiados con referencias a los atentados y retórica musulmana.
El ántrax era de la cepa Ames, la que se usa normalmente en las investigaciones de la defensa biológica americana. Aunque los agentes siguieron pistas en el extranjero, el FBI se ha concentrado en la teoría de un criminal interior.
Además a Hatfill, los agentes allanaron en noviembre de 2001 las casas de dos funcionarios de la salud pública nacidos en Pakistán, en Chestar, Pensilvania, y, en agosto de 2004, de un doctor en Wellsville, Nueva York. Como Hatfill, el médico Kenneth M. Berry, perdió su trabajo después de la pesquisa y están peleando para que el FBI lo exonere públicamente, dijo un amigo, el Reverendo K. Richard Helms.
"Está luchando", dijo Helms. "Necesita que el FBI lo exonere, para encontrar trabajo. Si no, ¿quién lo va a contratar?"
Este año, en una demostración de que los investigadores todavía estaban tratando de identificar a un sospechoso, se pusieron en contacto con un ex agente de la inteligencia americana que en 2002 dio un dato sobre un sospechoso potencial. El agente, que insistió en su anonimato porque no quería llamar la atención, dijo que fue citado en febrero a una oficina de los investigadores cerca de Frederick, donde debió someterse a un test con el detector de mentiras. Le dijeron que había aprobado, pero desde entonces no le han dicho nada, dijo.
Al principio de la investigación los agentes analizaron el papel, la tinta y la cinta de las cartas; trataron de trazar los apuntes a fotocopiadoras específicas; y mostraron fotos de Hatfill a gente que vive cerca del buzón de Princeton. Usaron perros sabuesos para comparar olores de las cartas y de los sospechosos, incluyendo a Hatfill, aunque algunos preparadores de perros dijeron que la técnica no es fiable.
Finalmente, el buró llamó a 19 laboratorios del gobierno, universitarios y privados, para comprobar la calidad del polvo. Un científico de gobierno que fue informado sobre el caso dijo que el resultado de dos años de comparaciones de insignificantes mutaciones genéticas en el ántrax enviado por correo, con cientos de muestras de ántrax de 16 laboratorios, había rendido frutos.
"Fue un estudio muy exitoso que permitió a los detectives limitar el alcance de la pesquisa", dijo el científico, negándose a decir algo más.
Insistió en permanecer incógnito debido a que la información era clasificada.
Además, los químicos han tratado de determinar el origen del agua usada para criar las bacterias, mientras que científicos del Army's Dugway Proving Ground en Utah pasaron meses tratando de reproducir el polvo para determinar cómo había sido hecho. Cada experimento se hizo con una cuidadosa asesoría jurídica, porque los resultados pueden ser presentados alguna vez en tribunales, dijo el científico.
Pero el trabajo de laboratorio solo no resolverá el caso, dijeron científicos en el rápido campo de la medicina forense.
"La ciencia no puede ir demasiado lejos", dijo Richard O. Spertzel, ex inspector de armas biológicas de Naciones Unidas. "Puede ayudar a cerrar el campo. Pero no identificará al laboratorio, y muchos menos al individuo".
Expertos en biodefensa dice que resolver el caso, aunque tardíamente, es crucial.
"Si no podemos coger a este tipo, vamos a alentar a otros a tratar de volver a atacar", dijo David W. Siegrist, que estudia la amenaza bioterrorista en el Instituto Potomac de Estudios de Política Exterior en las afueras de Washington.
Claire M. Fraser, presidente del Institute for Genomic Research en Rockville, Maryland, que ha colaborado con el FBI, dijo que la frustraba que el atacante estuviera todavía libre.
"Si resolvemos el caso, aunque tome cinco o seis años, podría proporcionarnos algún grado de disuasión", dijo Fraser. "Todos tenemos miedo de que ocurra otro incidente como este antes de resolver el primero".

David Johnston contribuyó a este reportaje.

17 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh


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