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turbulenta chinatown


[Jonathan Saltzman] Dos acusados de ejecuciones en un garito de apuestas.
Hasta los funcionarios policiales más trajinados retrocedieron ante lo que encontraron en un sótano de un club social después del cierre en Chinatown una mañana cubierta de nieve de enero de 1991.
Cuatro hombres con abrigos de invierno habían sido asesinados en una ejecución al estilo de la mafia. Estaban boca arriba como muñecos de trapos en el suelo embaldosado, uno de ellos con la cabeza apoyada contra una silla tapizada.
Charcos de sangre marcaban donde estuvieron tendidos otros dos heridos -uno de los cuales murió minutos después- antes de ser llevados a toda prisa al hospital. En la atiborrada sala se encontraron cartuchos de balas y dos pistolas. En una mesa había naipes y dinero.
La masacre que ocurrió en la calle de Tyler número 85 a las 4 de la mañana del 12 de abril de 1991, una fecha recordada en un calendario de pared visible en una fotografía policial, fue uno de los crímenes más sangrientos de la historia de Boston. El antiguo alcalde Raymond L. Flynn, que había llegado a la escena con un policía a los pocos minutos, recordó hace poco haber dicho a los agentes: "Tenemos que perseguir a los tipos responsables de esto, aunque tengamos que llegar a los confines de la Tierra".
Lo hicieron. Y el martes, casi 15 años después de que fueran asesinados esos cinco hombres y otro fuera herido mientras suplicaban por sus vidas, dos acusados serán procesados por el Tribunal Superior de Suffolk. La cacería de los supuestos pistoleros, incluyendo a un tercero que sigue fugitivo, se extendió a los lugares más remotos del globo; ambos fueron detenidos en China en 998 por delitos no relacionados y devueltos a Boston vía Hong Kong en diciembre de 2001, después de delicadas negociaciones internacionales.
El juicio de Siny Van Tran, 48, también conocido como ‘Wah el Desdentado' [Toothless Wah] y Nam The Tham, 46, también conocido como 'Johnny Cheung', debe arrojar luces sobre las pandillas asiáticas, o tongs, que se pelearon a principios de los años noventa por el control criminal de los bajos fondos de Chinatown, que hoy es más seguro.
Fue una época en que docenas de garitos de apuestas de poca monta operaban abiertamente, los gángsteres espumando los beneficios, las prostitutas ofreciéndose descaradamente en calles atascadas de restaurantes y mercados, y los jóvenes vendiendo drogas a los turistas.
Muchos en Chinatown ya estaban nerviosos sobre la violencia en la que están implicadas pandillas chinas y vietnamitas, pero el alboroto en el lúgubre club de la calle de Tyler sacudió a esta comunidad de 5.000 habitantes, que viven apretados en 23 hectáreas en el centro de la ciudad.
Alan Yen, que vivía en un edificio de apartamentos ubicado a unos 12 metros del club, dijo que dormía durante la balacera, pero cuando salió de casa esa mañana vio la cinta amarilla de la policía bloqueando el acceso al lugar de los hechos y oyó hablar de una masacre. Durante días, recordó, cruzó la calle para evitar pasar frente al club social.
"Ni siquiera quería pasar junto a la puerta", dijo Yen, 45, que es propietario de una heladería , Cindy's Planet, en la calle de Tyler. "Cuando la gente muere dentro, especialmente cinco personas, es muy espeluznante". El club social, que ahora alberga a una modesta peluquería, estuvo vacante durante años, dijo.
La masacre, horrible como fue, dicen algunos que marcó el principio de un cambio para mejor en Chinatown.
Roman Chan, presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association de Nueva Inglaterra, un grupo civil, dijo que horrorizados vecinos y comerciantes pidieron a los funcionarios policiales que reprimieran a las bandas. Dijimos que alguien tenía que hacer algo. La gente que vive en Chinatown o que vienen a Chinatown ya no se siente segura", dijo.
Flynn dijo que el ayuntamiento se dio cuenta de que con sólo un puñado de agentes asiáticos de una fuerza policial de casi 2.100 -y sin ningún detective de homicidios asiático-, era prácticamente imposible de penetrar en la cerrada comunidad para investigar la violencia de las bandas. Hoy, el número total de agentes asiáticos en Boston ha aumentado a 35, aunque constituyen menos del 2 por ciento del cuerpo, de acuerdo a un portavoz del departamento.
Varios juicios de alto perfil de gángsteres de Chinatown a mediados de los años noventa -incluyendo la condena en 1996 del jefe de la banda Ping On, Stephen Tse, en un tribunal superior por cargos de homicidio- expulsaron a la mayoría de las bandas, dijeron miembros de la comunidad
Y la apertura de los casinos de Foxwoods y Mohegan Sun en Connecticut espolonearon la decadencia de los casinos ilegales.
Hoy, Chinatown es mucho más pacífica que en la época de los homicidios, de acuerdo a estadísticas policiales. En 1991, en el distrito policial que incluye a Chinatown se cometieron nueve homicidios, incluyendo los cinco de la calle de Tyler. El año pasado hubo uno.
Los fiscales de Suffolk y de la policía de Boston no han revelado nunca los motivos de los homicidios de la calle de Tyler y se negaron a discutir el caso días antes del juicio. Los expedientes judiciales presentados por el despacho del fiscal general en las comparecencias de Tran y Tham en 2001, dicen que los dos acusados y el fugitivo, Hung Tien Pham, irrumpieron en el club con las armas desenfundadas y gritaron a los asombrados jugadores: "¡Esto es un asalto!"
Sin embargo, el abogado de oficio de Tran, Robert A. George, dijo que el asalto era un motivo poco verosímil porque los agentes encontraron entre 200 y 300 dólares en las mesas del club. Los detectives de Boston especularon en la época que figuras criminales asiáticas ordenaron el asesinato de varios jugadores con vínculos con una banda rival.
George reconoce que Tran estaba en el club cuando empezó el tiroteo. Pero dijo que su cliente no tenía lazos con el crimen organizado y que, en el caos, los testigos lo habían confundido con uno de los atacantes.
"Cualquiera que diga que mi defendido llevaba una pistola, está equivocado", dijo George.
El abogado de oficio de Tham, John F. Palmer, no devolvió nuestras llamadas telefónicas.
En la comparecencia de hace cuatro años, el fiscal de distrito adjunto, John E. Powers III, dijo que Tran, Tham y Pham obligaron a las víctimas, la mayoría de ellos empleados de restaurantes que jugaban a las cartas después del trabajo, a tenderse en el suelo, para dispararles metódicamente a la cabeza a bocajarro. Las víctimas "empezaron a rogar por sus vidas", dijo Powers.
Los asesinados eran Chung Wah Son, 58; Van Tran, 31; Man Cheung 55; David Quang Lam, 32; y Cuong Khank Luu, 26.
Un sexto, Pak Wing Lee, también conocido como ‘Bruce Lee', fue disparado en la cabeza y perdió la conciencia, pero volvió en sí a los pocos minutos, después de que hubieran escapado los atacantes, y se arrastró hasta la puerta de atrás del club a pedir ayuda, dijo Powers.
Lee ha estado en el programa federal de testigos desde la masacre y se espera que sea uno de los dos principales testigos de la fiscalía, dijo George.
El otro testigo clave es Billy Yu Man Young, apodado ‘Hombre de Cara Arrugada' [Wrinkled Face Man], que administraba el garito de cartas y convenció a los pistoleros de que le dejaran huir, dijo George.
Tras los asesinatos, los tres supuestos pistoleros desaparecieron. Se emitieron órdenes de detención del estado y federales, y las autoridades tomaron contacto con Interpol y otras agencias policiales en el exterior.
Tran y Tham, que llegaron los dos de Vietnam a Estados Unidos, fueron detenidos en 1998 en China por la policía provincial por delitos no relacionados, incluyendo la posesión de drogas. Pero China no tiene un tratado de extradición con Estados Unidos, y no quedó claro si serán devueltos a Boston.
Ralph C. Martin II, fiscal del distrito de Suffolk en esa época, dijo que las negociaciones "a nivel estratosférico" condujeron al retorno en 2001 de los dos acusados. Un factor clave fue la detención por el FBI en Nueva York de Qin Hong, uno de los fugitivos más buscados de China, que fue deportado a Perú, que lo envió de vuelta a China.
El juicio por homicidio, que George cree que durará unas tres semanas, es de intenso interés para muchos en Chinatown, a pesar de recordar tiempos turbulentos en el vecindario.
Chan, el presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association, dijo que espera asistir al menos a una parte del juicio, si su trabajo de gestionar un negocio mayorista se lo permite.
"Nos gustaría aprender de esta historia", dijo. "En esa época causó un enorme impacto, y a gente le gustará saber el resultado del juicio".

Al autor se puede escribir a: jsaltzman@globe.com.

19 de septiembre de 2005
©boston globe
©traducción mQh


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