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tirano caníbal con siniestro plan


[Lydia Polgreen] Para causar terror, cultivó su imagen de presidente caníbal que realizaba sangrientos rituales de sacrificios humanos. No se sabe si era verdad.
Freetown, Sierra Leona. En Vísperas de Navidad de 1989, una pequeña fuerza de unos cien hombres dirigidos por un oscuro ex funcionario del gobierno liberiano cruzó la frontera con la Costa de Marfil hacia el condado de Nimba, al norte de Liberia.
De acuerdo a la leyenda local, recontada por el estudioso africano Stephen Ellis en su libro ‘The Mask of Anarchy’, un bebé nacido en Monrovia, la capital de Liberia, habló milagrosamente inglés al nacer. Le dijo a su madre que el día de Navidad caería una lluvia de muerte y que no quería vivir en un mundo tan cruel y pronto exhalo su último suspiro.
El 25 de diciembre, cuando llovía torrencialmente, llegaron las noticias de que Charles Taylor había atacado a Liberia desde Monrovia. Como predijo el niño, pronto una lluvia de muerte inundaría África Occidental. Duraría catorce años.
El miércoles, con el diluvio apocalíptico detenido, Taylor fue arrestado en la pista del aeropuerto de Monrovia y trasladado inmediatamente aquí, donde fue metido en una celda mientras un tribunal internacional se prepara para enjuiciar a acusados de crímenes de guerra en Sierra Leona durante la guerra civil que duró una década. Se acusa Taylor de haberla empezado.
En el auge y caída de Taylor uno puede vislumbrar la historia de África Occidental, una historia de muerte, confusión y tragedia. De muchos modos era el hombre perfecto para explotar el prolongado final de una era -la lenta desaparición de la política nacionalista del Hombre Fuerte- y el principio de otra, en la que los señores de la guerra dominaban pequeñas insurgencias no-ideológicas que causaban el caos en gran parte de la región, enriqueciéndose y arrasando sus países natales.
En realidad, el concepto Hombre Fuerte, un agotado cliché del periodismo africano, parece chico para describir a Taylor, y llamarlo señor de la guerra no transmite la amplitud de sus ambiciones.
Fue esta mezcla de los dos papeles lo que fue diabólico y mortífero. Para cuando fue sacado del poder en 2003, habían muerto en conflictos iniciados por él más de 300 mil personas. Sus tropas y aliados habían saqueado Liberia y Sierra Leona, y parte de sus vecinos, a los que había robado hasta sus pendientes. Millones de personas habían sido desplazadas por todas partes en una media docena de países en torno a África Occidental. Solamente en Liberia se cree que robó al menos 100 millones de dólares, cuando fue presidente entre 1997 y 2003.
"Taylor poseía un mapa que llevaba consigo llamado la Gran Liberia", dice Douglas Farah, analista y autor que ha escrito extensamente sobre los vínculos de Taylor con redes criminales y terroristas. "Incluía partes de Guinea, campos de diamantes en Sierra Leona. Para él no era nada abstracto. Tenía una idea muy clara de lo que quería. Tenía un plan grandioso, y casi lo logró".

Taylor nació en las afueras de Monrovia; su madre era ama de casa en la tribu Gola y su padre un maestro que descendía de los esclavos retornados que fundaron Liberia.
Fue un activista estudiantil en los años setenta, criticando el corrupto régimen de William Tolbert. Luego asistió al Instituto Bentley, de Massachusetts, para estudiar economía. Volvió a Liberia en 1980, justo a tiempo para ver cómo un joven sargento del ejército, Samuel Doe, derrocaba el gobierno de Tolbert, asesinando al presidente.
Taylor se metió él mismo inmediatamente en la pandilla de Doe, y eventualmente controló el departamento de compras del gobierno.
Huyó de regreso a Estados Unidos después de caer en desgracia con Doe, llevándose un millón de dólares que presuntamente robó al gobierno.
Fue encarcelado en Massachusetts, pero escapó en 1985 después de cortar con una sierra los barrotes de su celda. De vuelta en África, se reunió con disidentes liberianos en Gana y, más importantemente, en Libia, donde el coronel Muammar al-Qaddafi estaba tramando y apoyando una revolución continental. En Libia siguió cursos de adiestramiento donde también se adiestraron hombres que más tarde jugarían roles protagonistas en las grandes tragedias africanas de los años noventa, que incluyeron a Foday Sankoh, en Sierra Leona, cuyo movimiento rebelde se haría conocido por su práctica de cercenar los brazos y piernas de los civiles, y Laurent Kabila, del Congo, el personaje central en una compleja guerra civil que finalmente se cobró la vida de cuatro millones de personas.
Con dinero y armas de Libia y el respaldo político y financiero de Burkina Faso y Costa de Marfil, cruzó a Liberia en diciembre de 1989. No había sido nunca soldado y tenía sólo una pequeña fuerza tras él. Sin embargo, se las arregló para provocar el caos a una escala sin precedentes y llegó a dominar gran parte de la región durante más de una década. ¿Cómo lo hizo?

En parte Taylor utilizó aptamente e incluso creó el lenguaje de su época. Fundió un pan-africanismo militante que clamaba por revoluciones sangrientas contra el neo-colonialismo con una agresiva lengua vernacular en la que el poder tenía siempre la razón. La nueva postura se ajustaba muy bien a los nuevos aires en la región.
"Hay una fuerte tendencia dentro de la diplomacia de África Occidental que dice básicamente que tienes que trabajar con los participantes más fuertes porque si no lo haces, esa persona volverá a la selva y peleará y desestabilizará la situación de otro modo", dice Mike McGovern, antropólogo del Grupo de Crisis Internacional que ha estudiados los conflictos de África Occidental.
En el corazón del horrendo genio de Taylor estaba su habilidad de manipulación de los valores políticos, sociales y culturales de África Occidental, rompiendo aparentemente intensos tabúes mientras los co-optaba para sus propósitos.
En sociedades donde el poder estuvo siempre asociado con la edad y los jóvenes se frustraban con la autoridad de los viejos, Taylor propugnó una filosofía de rompe-y-coge. Incapaz de casarse sin pagar el ‘precio de la novia’, o dote, y sin los medios para empezar una vida nueva hasta que sus padres y tíos murieran y ellos heredaran sus riquezas y tierras, estos hombres se convirtieron en reclutas ideales.
Sus comandantes obligarían a los niños a matar a sus padres o a otros parientes, rompiendo el último tabú, y luego los atochaban de metanfetaminas, marihuana y otras drogas para mantener a punto sus instintos asesinos. A menudo su paga tenía la forma de licencia para violar y saquear.
Sin embargo, aunque socavara el tradicional respeto por los mayores, sutilmente substituyó él mismo a esos viejos, encantando y al mismo tiempo esclavizando a una generación de niños que cometían matanzas en su nombre.
Esto explica el espeluznante lema de la campaña electoral de 1997: "Mató a mi mamá, mató a mi papá, votaré por él".
Taylor también co-optó a las sociedades secretas que dominan la vida en muchos países de África Occidental, como la sociedad de caza Poro, de Liberia. Esto le dio acceso a un mundo de poderes invisibles que le permitieron proyectar una imagen de misterio e invencibilidad. Los rumores de que practicaba el canibalismo, el sacrificio humano y sangrientos rituales de expiación reforzaron su imagen.
"Creó la imagen de un hombre aliado a fuerzas poderosas que no se podían comprender fácilmente", dice Ellis, el historiador.
Taylor se rodeó de objetos de protección: cetros tallados en madera de árboles sagrados y amuletos de invisibilidad. Era imposible decir si él realmente creía en esos objetos, o si eran solamente utilería.
También usó al cristianismo tradicional, logrando convencer al reverendo Jesse Jackson, al ex presidente Jimmy Carter y al evangelista Pat Robertson de que en el fondo él era un buen bautista.
Taylor también tenía un montón de dinero. En sus manos el estado liberiano se convirtió esencialmente en una organización criminal adjunta y redes terroristas que incluían a al Qaeda.
"Manejaba esta empresa criminal asombrosamente compleja y el estado podía proporcionar cosas muy necesarias como pasaportes diplomáticos y permisos de aviación a toda una gama de organizaciones criminales", dice Farah.
Incluso antes de que fuera elegido presidente en 1997, el inmenso campo que controlaba, con su rica dote de diamantes, caucho y maderas, generaban ingresos calculados en unos cien millones de dólares al año. Durante su período como presidente, los diplomáticos se referían a veces a Liberia como "Charles Taylor Inc."
Innegablemente un hombre codicioso, Taylor no era sin embargo rácano con sus amigos, dice Farah. Estaba más que dispuesto a compartir la riqueza que robaba junto con sus aliados regionales, como Libia y Burkina Faso.
Pero en general gobernaba por medio del terror. Incluso ahora, en su celda, hace que los africanos tiemblen. Liberia y Sierra Leona pidieron que fuera trasladado a La Haya para su juicio.
Tamba Ngawucha, cuyas manos fueron amputados por rebeldes respaldados por Taylor durante la guerra en Sierra Leona, dijo que estaba feliz de que el tirano hubiera sido arrestado. Pero cuando se le preguntó si debería ser enjuiciado aquí, agrandó los ojos.
"Aquí no queremos a ningún Charles Taylor", dijo Ngawucha, sacudiendo enérgicamente sus muñones ahuecados donde antes estuvieron sus manos. "Tenemos demasiado miedo de que nos vuelva a agredir. Sólo queremos paz".

2 de abril de 2006
©new york times
cc traducción mQh
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