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la bomba líquida


La medida provisoria puede ser el método más eficaz y barato de impedir atentados con bombas líquidas: no admitir equipaje de mano.
Lo más escalofriante sobre el desbaratado intento de usar explosivos líquidos para hacer estallar aviones en ruta sobre el Atlántico es que tanto el gobierno como la industria aeronáutica han estado conscientes durante años de la amenaza de la bomba líquida y no han hecho prácticamente nada sobre ello. Lo que salvó a todo el mundo, aparentemente, fue el excelente trabajo de inteligencia realizado por los británicos, que capturaron a los terroristas antes de que pudieran llevar a cabo sus planes. Es improbable que alguno de los escáneres y otras máquinas de vigilancia desplegadas en los aeropuertos hubiesen detectado los materiales potencialmente destructivos antes de que abordaran los aviones.
Aparentemente, la trama exigía que los terroristas llevaran los explosivos disimulados como bebidas, y que los detonadores fueran hechos de artefactos eléctricos corrientes, como celulares y reproductores de música. Una teoría es que planeaban utilizar agentes químicos que son inocuos separadamente, pero pueden ser combinados a bordo para producir una mezcla explosiva.
Desafortunadamente, el sistema de seguridad de la aviación está prácticamente indefenso frente a un ataque semejante. Las máquinas de rayos equis y los detectores de metales en los aeropuertos no pueden identificar explosivos líquidos. Los funcionarios han estado preocupándose intermitentemente sobre este punto flaco, pero han hecho poco para desarrollar y utilizar tecnologías que bloqueen esa amenaza. El gobierno se ha mostrado lerdo a la hora de comprar las llamadas máquinas pez globo que arrojan aire sobre los pasajeros para detectar restos de materias explosivas, y ha reducido severamente el presupuesto de investigación de nuevos métodos de detección. Algunas prometedoras tecnologías están siendo desarrolladas, pero ninguna parece estar en condiciones de ser implementadas rápidamente.
Es preocupante que, después de los miles de millones de dólares gastados en reforzar la seguridad aeronáutica, sigamos viendo esas enormes lagunas. Sin embargo, no importa qué tecnologías se desarrollen, siempre habrá una posibilidad de que terroristas futuros encuentren un modo de evadir ser detectados.
Eso nos hace preguntarnos si las autoridades aeronáuticas no ha inadvertidamente dado en la clave, en su reacción provisional para hacer frente a la última amenaza. La Autoridad de Seguridad en los Transportes prohibió prácticamente todos los líquidos y geles del equipaje de mano. Eso incluye bebidas, champúes, pasta dentífrica y otros artículos corrientes -de todo desde alimento de bebés hasta medicina, y estos deben también ser revisados.
Algunos pasajeros se han quejado sobre los inconvenientes, y muchos más pueden todavía quejarse si no se les permite llevar a bordo su iPods, celulares o portátiles. Pero obligar a los pasajeros a entregar la mayoría de sus artículos y subir con muy poco en las manos puede ser el método más seguro y barato en ruta hacia una mayor seguridad.

12 de agosto de 2006
©new york times
©traducción mQh
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