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test del terror para estados unidos


[Manuel Roig-Franzia] Un caso de terrorismo de hace treinta años es un test para Estados Unidos.
La Habana, Cuba. Un cuarto de siglo antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, una bomba horadó profundamente un avión de pasajeros en los cielos de Barbados.
El avión de Aerolíneas Cubanas cayó en picado en el Mar Caribe justo antes del mediodía del 6 de octubre de 1976. Murieron todos sus 73 pasajeros, incluyendo a los adolescentes que eran miembros del equipo de esgrima nacional cubano que volvían a La Habana después de ganar medallas de oro y plata en un torneo en Venezuela.
El atentado marcó el inicio de una nueva era de terror. Fue el primer acto de terrorismo contra un avión en vuelo en el hemisferio occidental.
El viernes se cumple el 30 aniversario del atentado, y coincide con una coyuntura especial en el caso de Luis Posada Carriles, el principal sospechoso del atentado, que se encuentra en Estados Unidos detenido por cargos de inmigración desde hace 16 meses.
La odisea jurídica de Posada Carriles se ha convertido en un dilema diplomático para el gobierno de Bush y en un test del credo adoptado por el presidente tras el 11 de septiembre de 2001, de que los países que albergan a terroristas son culpables de terrorismo. Aunque Estados Unidos no quiere ver libre a un sospechoso de terrorismo, también se muestra reluctante a enviarlo a Cuba o Venezuela, países que no sólo son hostiles hacia el gobierno de Bush sino que, además, de acuerdo a una declaración de un aliado de Posada Carriles, podrían torturarlo.
Los fiscales del ministerio de Justicia deben responder el jueves ante la recomendación de un juez de Tejas de que Posada Carriles sea liberado por un juez federal, porque no ha sido calificado oficialmente como terrorista en Estados Unidos y no puede ser detenido indefinidamente por cargos de inmigración.
"Este es el momento de la verdad para el gobierno de Bush", dijo Peter Kornbluh, un importante analista de Cuba del Archivo de Seguridad Nacional, una biblioteca de investigación sin fines de lucro de la Universidad George Washington.
La perspectiva de dejar en libertad a Posada Carriles, que es también sospechoso de una serie de atentados con bomba en hoteles de La Habana en 1997, que causaron la muerte de un turista italiano, ha indignado a los líderes cubanos. La Habana está empapelada con carteles y vallas publicitarias del gobierno cubano recordando la posición del presidente Bush sobre el refugio de terroristas.
"Es como si tú dijeras al pueblo norteamericano que un país X ha capturado a Osama bin Laden, que llegó sin pasaporte o visa, y que está siendo detenido como inmigrante ilegal, pero que no lo enviará a Estados Unidos", dijo en una entrevista Ricardo Alarcón, presidente de la asamblea general de Cuba.
En marzo de 2005, Posada Carriles, 78, entró clandestinamente a Estados Unidos. No hizo demasiado para ocultar su presencia a la comunidad de exiliados de Miami y contaba bromeando que lo habían reconocido en una cita con el doctor. No fue detenido sino cuando cedió una entrevista a un diario y apareció en una rueda de prensa en mayo de 2005, decisiones que parecían hacer mofa de los funcionarios policiales.
Cuando fue arrestado, Posada Carriles, que nació en Cienfuegos, Cuba, había pasado más de cuatro décadas participando en torpes tramas para matar al presidente cubano Fidel Castro y derrocar a su gobierno. El juez de inmigración que trató el caso de Posada Carriles dijo que su historia es "como una historia de espionaje de Robert Ludlum, con todos los giros y vueltas por los que se conoce a Ludlum".
Posada Carriles fue adiestrado por la CIA, junto con otros exiliados cubanos, para la frustrada invasión de Bahía Cochinos en 1961. Finalmente se instaló en Venezuela, donde se convirtió en el director de la división de vigilancia de la policía secreta.
Más tarde funcionarios venezolanos lo acusaron de ser el cerebro del atentado contra la Cubana de Aviación, que se cobró la vida de 57 cubanos, así como pasajeros de Guyana y Corea del Norte. Pero escapó de una cárcel venezolana en 1985, mientras los fiscales recurrían su absolución por un tribunal militar.
Desde entonces ha sobrevivido un intento de asesinato en 1990, que le dejó la mitad de su cara llena de cicatrices, y se las ha ingeniado para eludir problemas legales durante su período como fugitivo en América Central. Fue arrestado en Panamá en 2000 por conspirar para hacer explotar 14 kilos de explosivos durante un discurso de Castro en la Universidad de Panamá, aunque más tarde los cargos fueron desechados.
El abogado de Posada Carriles dijo que su cliente, que tiene problemas cardíacos, ya no proyecta acciones violentas contra el gobierno de Castro.
"El gobierno cubano se encuentra en una situación muy precaria, alcanza su fin inexorablemente y creo sinceramente que volver al pasado con campañas de sabotaje no ayudaría en nada", dijo Posada Carriles en una declaración dada a conocer por su abogado.
Funcionarios norteamericanos ven al envejecido opositor a Castro como un personaje más siniestro. Un agente de operaciones del ministerio de Seguridad Interior que estudia el caso de Posada Carriles, lo describió como "un peligro actual para la comunidad" cuya inclinación "a participar en actividades terroristas representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos".
Todo lo cual convierte las acciones del gobierno de Estados Unidos en el caso en misteriosas para sus críticos, que dicen que Posada Carriles debería ser procesado o al menos confinado a una cárcel. Incluso algunos conservadores cubanos en Estados Unidos declaran en privado que el caso se ha convertido en una fuente de vergüenza para Estados Unidos.
"Están esquivando el bulto", dijo sobre los fiscales Wayne Smith, ex director de la Sección de Intereses norteamericanos en La Habana, y declarado crítico de las políticas del gobierno de Bush con respecto a Cuba. "Tienen todo tipo de pruebas contra él".
Está claro que el gobierno de Estados Unidos preferiría convertir a Posada Carriles en el problema de otros. De acuerdo a actas judiciales, el ministerio de Seguridad Interior no logró persuadir a siete países para que lo recibieran -Canadá, México, Panamá, El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica. El juez en el caso de Posada Carriles dijo que el ministerio de Justicia podría detenerlo por un período más largo si lo hubiese calificado oficialmente como terrorista, pero que los fiscales no lo hicieron.
"El problema es que es el gobierno norteamericano el que lo creó, lo formó, y ahora para el gobierno es difícil castigarlo", dijo en una entrevista Camilo Rojo Álvarez, hijo de un miembro de la tripulación que murió en el atentado de 1976.
Gran parte de las pruebas contra Posada Carriles provienen de los propios documentos del gobierno de Estados Unidos, incluyendo un informe desclasificado del FBI y documentos de la CIA. Un informe de inteligencia desclasificado de la CIA, que cita información proporcionada por informantes, dice que Posada Carriles asistió a una cena de recaudación de fondos y planificación de mil dólares para actividades anticastristas en septiembre de 1976, junto con Orlando Bosch, otro de los principales sospechosos de los atentados contra la Cubana de Aviación.
Poco después, afirma el informe, Posada Carriles dijo: "Vamos a atacar a un avión cubano. Orlando tiene los detalles".
Bosch estuvo una vez en una posición similar a la de Posada Carriles y el resultado de su caso desconcierta a los cubanos que siguen el caso de Posada Carriles. En 1990, el gobierno de George H.W. Bush liberó de la cárcel a Bosch después de que él, como Posada Carriles, fuera capturado entrando ilegalmente al país. Cuba era el único país dispuesto a recibirlo, y Estados Unidos se negó a enviarlo a la isla.
Bosch, un médico jubilado de ochenta años que vive ahora en un suburbio de Miami, ha estado a punto de declarar que él y el grupo de Posada Carriles fueron responsables del atentado contra la Cubana de Aviación.
A principios de año, dijo al diario español La Vanguardia que el vuelo de Cubana de Aviación era un "blanco legítimo". Y en una entrevista con Atlantic Monthly con Ann Louise Bardach, la autora de ‘Cuba Confidential', libro que será publicado esta semana, Bosch dijo: "Estábamos en guerra con Castro y en la guerra todo vale".
Documentos desclasificados dicen que los dos hombres que colocaron la bomba en el vuelo de Cubana de Aviación trabajaban para Posada Carriles. Después de descender del avión en Barbados, uno de los hombres llamó a su novia, que era también empleada de Posada Carriles, y le entregó un mensaje cifrado para informarle que el atentado había tenido éxito. El mensaje era: "El autobús iba lleno de perros".

6 de octubre de 2006
©washington post
©traducción mQh
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