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pedófilos


[L.Ramírez / A.Carmona] Cómo y por qué cientos de chilenos explotan sexualmente a menores de edad.
Los tildan de enfermos. Pero son padres de familia, dulces abuelos o amables vecinos. Ricos y pobres. Jóvenes y viejos. Saben que es un delito. Pero pagan y no obligan nadie, se justifican. Lo grave es que la sociedad los tolera.
"Hay un sujeto, de 70 años, cuya hija sabe que lleva niños a su departamento. Los niños van a lavarle el auto o las alfombras, pero se quedan a dormir. Su hija sabe lo que pasa, pero hace vista gorda y lo toma como un acto caritativo". Seguramente el anciano explotador de menores también se ve asimismo como un buen tipo. Muchos de los explotadores así lo creen: hay una oferta, ellos pagan por un ‘servicio' y su dinero ‘ayuda' a esos ‘pobres chicos' que de todas maneras harían lo que hacen. Porque no obligan a nadie, se justifican.
De hecho la mayoría siente que lo que hacen es legítimo, aunque reconozcan que es contrario a la ley. Lo ven como un negocio. Una transacción entre partes iguales. Ellos ofrecen, nosotros compramos. Pero la realidad indica que siempre es el cliente el que tiene la última palabra. "Un chico puede decir que sólo ofrece francesas (sexo oral), pero cuando va a escena está sometido al poder del adulto. Hay niños que terminan tirados y golpeados. O en vez de un cliente aparecen tres", señala la socióloga de la Universidad Arcis Inés Recca, quien junto a su colega Pabla Ávila y el sicólogo Javier Quintanilla llevan tres años estudiando a quienes demandan comercio sexual infantil en el país.
Casos como el del anciano no abundan, según los investigadores. La mayoría de los explotadores oculta el delito a su familia. Aunque en este tipo de fenómenos no hay generalidad que valga. La gama de personas que pagan por tener sexo con niños es tan amplia como impredecible. Pertenecen a todas las clases sociales. Desde choferes de micro hasta gerentes de empresas, pasando por profesionales, políticos y técnicos. De las más diversas edades. "Aunque la mayoría tiene entre 40 y 50 años y son conservadores, casados y con familias bien constituidas", dice Quintanilla. Los solitarios no faltan. Por eso los expertos cuestionan que se diga que se trata sólo de un un problema de gente enferma. "Creerlo sólo irresponsabiliza a los explotadores y permite que la sociedad reduzca el problema al individuo cuestionado, pese a que se trata de un fenómeno generalizado".

Redes y Facilitadores
En este delito las redes e intermediarios juegan un rol fundamental. Los niños también son víctimas de esas personas. Los "clientes primero buscan en las calles guiados por datos. Cuando el contacto se hace más habitual recurren a intermediarios, como los taxistas, que son sindicados como los principales facilitadores de comercio sexual infantil. Si hay más habitualidad algunos clientes les regalan celulares a los pequeños para tener cierta exclusividad.
En este contexto de transacción económica no son pocos los explotadores que creen que el pago es un gesto de buena voluntad, pues está instalada la idea de que bien podrían no pagar. "Eso coloca a la explotación como una alternativa a la violación".

Los Por Qué
Qué hace que un adulto busque niños para tener sexo. Razones hay varias. En los más jóvenes predominan las relaciones homosexuales. No son gay, pero quieren probar nuevas experiencias. "Muchos buscan experimentar y probar lo atractivo que tiene un cuerpo inocente e ingenuo. Hay una suerte de acción pedagógica. De enseñarle algo nuevo a ese niño". Otros sienten que así establecen una relación sexual sincera. Un adulto -prostituta/o- puede fingir. Un niño, creen, no miente si siente placer o no. Tampoco tienen que rendir cuentas sobre la calidad de su performance.
Quienes prefieren a los más chicos, dicen que lo hacen para protegerse del sida. Pero los expertos indican que tras el deseo de intimar con un menor siempre está la infancia como espacio prohibido, lo que los alienta a sobrepasar los límites. Para el sicólogo el tema es que se ve a los niños como objetos de obediencia y seres asexuales. "Lo último legitima la idea de transgredir ese límite social y no levantar contradicciones por tener sexo con alguien del mismo sexo.
También está la erotización de las niñas. Y eso se nota en el símbolo de la colegiala: una mujer peinada como niñita y que hable como tal es un objeto erótico para los hombres. "Lo que habla de nuestros guiones culturales y tolerancias sobre el tema", dice el sicólogo. No extraña entonces que los explotadores estudiados, al ser consultados por la relación de pareja a la que aspiran digan lo que cualquiera de nosotros: una relación estable, amor, confianza y sexo interesante.

"Un Cliente Tenía un Master en Psicología Infantil"
Cristián Vega, inspector de la Brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones de Chile, tiene claro que hay sectores en la capital que son utilizados frecuentemente por aquellos hombres que buscan tener sexo con menores. "El sector norte de la capital es el que más hemos tenido en la mira, de hecho comenzamos una investigación en la zona en el año 2004. Las esquinas de Guanaco con Dorsal sigue siendo súper visitadas por hombres, todos con buena situación económica", dice Vega.
Si bien no puede definir un patrón determinado de cliente, sí puede decir que hay ciertas características comunes que pueden encontrarse en quienes buscan a estos menores: "Yo he visto desde jóvenes hasta adultos de 70 años, pero siempre sobre los 25 años. Tienen un ingreso económico estable".
Vega cuenta que uno de los casos que más lo han sorprendido es el de Isidro Benavides, un hombre que utilizaba niñas para videos pornográficos en la comuna de Conchalí y que hasta un master en psicología infantil tenía. "Parece que hubiese escuchado que Chile era un paraíso de pedófilos", lanza. Benavides vivió cerca de Plaza de Armas, luego arrendó una casa en Huechuraba y organizaba fiestas con menores a las que les pagaba cinco mil pesos. "Hay niñas que reciben hasta 200 ó 500 mil pesos. Ahora está en la cárcel en Argentina, pero tuvimos que ir a declarar a la Corte en Washington, pues es norteamericano y debe ser extraditado".

¿Cómo tomaban esos niños la explotación?
Hablamos de niños solos, con graves problemas en sus casas. Algunos incluso pensaban que él era un tipo bueno, porque los trataba bien. A veces los buscaba en la calle, los llevaba a su casa y después les daba comida. Los niños pensaban que era normal que él siguiera con las orgías.

¿Qué otro tipo de clientes hay?
La mayoría son hombres casados, con estudios, ingenieros, magíster, no eran personas faltas de educación.

¿Cuál es su modo de operar?
En la calle Dorsal con Guanaco, por ejemplo, las niñas van caminando, un sujeto se les acerca y les hacen señas. Generalmente estos sujetos les dan dos mil pesos por el sexo oral y un poco más si hay algo más, pero no hay un precio establecido. Buscan lugares apartados y donde hay menos luz y poco control policial. El sector de La Pirámide, detrás del regimiento de Renca también.

¿Hay grupos o clientes establecidos?
Tras las investigaciones nos hemos percatado que hay muchos taxistas detrás de la explotación sexual infantil. Generalmente son el nexo entre los clientes y los pequeños.

¿Cree que han aumentado los casos?
Si pudiera hacer un diagnóstico, los casos han aumentado y siento que mucha culpa de esto la tiene la pasta base, ya que muchos aceptan la situación para tener dinero y seguir consumiendo droga, aunque sean 500 pesos. Incluso en Conchalí tuvimos un caso de una madre que era consumidora de pasta base y para esto aceptaba que hombres se llevaran a sus dos hijas.

2e de octubre de 2006
©la nación
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