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un indigente de punta arenas


[Marisol Retamal G.] Indigente duerme en una choza. Dramático caso.
Punta Arenas, Chile. Cruz Roja conoció la situación de este hombre gracias al llamado de un poblador que alertó sobre las inhumanas condiciones en que vive. Institución, con el apoyo de donaciones, le está construyendo una pieza.
"Soy de la clase del ‘52", dice Sergio Vargas Messier, cuando le pregunto por su edad.
Calculando, y sin entrar en detalles sobre el día y mes de su nacimiento, el hombre supera los 55 años de vida.
A simple vista destacan sus rasgos característicos de la etnia kawésqar. Señala que nació en Punta Arenas, aunque no especifica si esto ocurrió en los alrededores de la ciudad o en alguna comuna rural.
Tampoco profundiza acerca de su vida. Sólo señala que tiene trabajos temporales en el aseo de las casas y la corta de pasto principalmente en la época veraniega.
Ahora duerme en una precaria instalación que en nada se parece a la más humilde de las mediaguas. Sólo se trata de una base de metal que sujeta un toldo y que ayuda a protegerse del agua y la nieve. Su ‘calefacción' consiste en la base de una lavadora antigua dentro de la cual se consumen unos cuantos leños que arrojan algo de calor en una jornada caracterizada por la lluvia.
Antes su ‘casa' era una construcción ubicada en las cercanías de la villa Fresia Alessandri, en el sector sur-poniente de la ciudad. Pero el dueño decidió desarmarla para otros fines y Sergio se quedó sin un techo para dormir. Fue así que llegó a un sitio eriazo en donde optó por pernoctar.
El voluntariado de la Cruz Roja supo de su situación gracias al llamado de alerta de un poblador que se percató de las inhumanas condiciones en que éste se encontraba.
La institución no cuenta con los medios para solventarle una casa, pero optó por una medida de emergencia: construirle una pequeña pieza para que, al menos, pueda guarecerse del frío invernal.
El caso de Sergio no es único. Son numerosos los indigentes que literalmente duermen en la calle. Esta práctica se vuelve más dramática en esta época del año.
A pesar de que en Punta Arenas sólo existe un campamento, el denominado villa Cruz Roja (en el pasaje Ñandú, en la prolongación de calle Ignacio Carrera Pinto), son decenas los casos de personas de paupérrimas condiciones de vida.

No Son Animales
Son las 10,30 de la mañana y la lluvia cae fina y constante sobre Punta Arenas. La temperatura es baja y las manos de Luisa Maldonado están literalmente rojas de frío.
La voluntaria de la Cruz Roja trabaja afanada en el clavado de unas planchas de lona que protegerán la nueva construcción que pertenecerá a Sergio Vargas.
Junto con Luisa, el equipo de trabajo de la Cruz Roja está conformado por Carmen Maldonado, la presidenta de la filial Punta Arenas, y el chofer de la institución, Roberto Miranda.
Empezaron sus actividades el lunes recién pasado y esperan terminar la construcción en el menor tiempo posible. Saben que ésta es una medida transitoria, pero también están conscientes de que ayuda a mejorar en algún grado la deteriorada condición en que viven sus beneficiarios.
La Ferretería El Aguila donó unos 200 mil pesos en materiales para construir la pieza. A este importante aporte se suman otras donaciones menores que servirán para terminar la obra.
A pocos metros del lugar en que duerme Sergio se ubica una pareja formada por Carlos López Molinare y María Esterlina Villegas, dos indigentes que tampoco tienen mayores enseres. Con las últimas lluvias se mojó por completo el colchón en que dormían. Ellos serán el próximo proyecto de emergencia de la institución.

Erradicar el Campamento
Nancy Oliva es ingeniera en administración y realiza un importante trabajo de planificación en terreno en el campamento conformado por la villa Cruz Roja.
Ella cuenta con información detallada acerca del espacio en que viven numerosas familias de escasos recursos.
Su trabajo depende del Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), tarea en la que también participan reparticiones como el municipio de Punta Arenas y la Gobernación Provincial de Magallanes.
En el caso de la villa Cruz Roja, el énfasis está en ayudar a los vecinos a postular a una casa propia. En ese proceso están incorporadas seis familias que cumplen con los requisitos que incluyen un ahorro de 230 mil pesos. También hay otro grupo familiar que cuenta con un ahorro mayor y que le permitirá comprar una casa usada. Pero igual hay otros que tienen pocas posibilidades de desarrollarse por causa de sus adicciones al alcohol.
En los alrededores de Río Seco hay un lugar que se llama ‘El Pitufo', y que también incluye casas precarias pero algo mejores que las de la villa Cruz Roja. Como están emplazadas en un terreno municipal, se planea entregarles a los residentes títulos de dominio para que se conviertan en propietarios.
Nancy reconoce que es una tarea titánica ayudar a salir de la extrema pobreza a algunas personas. Pero también advierte que en esos grupos hay quienes destacan por su empuje y su espíritu de superación. Por eso la importancia de ayudarlos a canalizar sus proyectos.
Mientras las voluntarias de la Cruz Roja trabajan en una nueva pieza de Sergio, él confiesa que siempre ha tenido buena salud. Incluso cuenta una anécdota. "Cuando era joven aguanté tremendas nevazones en el campo. Yo aguanto", acota.
No oculta su emoción y se le caen unas lágrimas cuando se refiere a la ayuda de la institución solidaria.
Las voluntarias le dicen que calme su pena y que mejor se alegre porque tendrá un mejor sustento. Sólo esperan que Sergio pueda enfrentar otro invierno en mejores condiciones.

19 de julio de 2007
©prensa austral
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