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nadie sabe nada sobre el alzheimer 2


[Terry McDermott] Los científicos no se ponen de acuerdo sobre el Alzheimer. Todavía no saben a ciencia cierta qué causa la enfermedad ni cómo curarla. Y lo que se juega es mucho. Investigaciones confusas.
San Francisco, Estados Unidos. Han pasado 101 años desde que se lanzara la primera teoría sobre el mal de Alzheimer, y treinta desde que el gobierno federal empezara a financiar su investigación, gastando, hasta la fecha, más de ocho mil millones de dólares. La industria privada ha gastado miles de millones más. ¿Qué se ha aprendido?
La respuesta es inquietante. Solamente en la última década se han publicado más de 35 mil artículos científicos sobre el Alzheimer. Entre ellos se encuentran cientos de detalladas e impresionantes descripciones de los pretendidos mecanismos de la enfermedad. Pero en todo ese tesoro de información, hay también algunas brechas obvias.
Por ejemplo, la principal hipótesis sobre la causa del mal de Alzheimer, llamada la hipótesis amiloide, se centra en la sobreproducción, o inadecuada evacuación en el cerebro de una proteína llamada beta amiloide. Fragmentos de la proteína forman unos grumos llamados placas. Estas placas fueron observadas por primera vez hace más de cien años por un hombre en cuyo homenaje se bautizó a la enfermedad, Alois Alzheimer.
Desde entonces durante la mayor parte del siglo los científicos han creído que las placas estaban asociadas con la enfermedad. Pero hasta la fecha no saben si las placas de amiloide son la causa de la enfermedad o su resultado. No saben si son vitales para el progreso de la enfermedad o incidentales. No saben si su presencia es un indicio de la enfermedad.
Una idea rival, llamada la hipótesis tau, no es más definitiva. Mientras que la beta amiloide se concentra generalmente por fuera de las células cerebrales, la proteína tau se concentra en estructuras fibrosas llamadas triángulos, dentro de las células.
Los procesos por medio de los cuales la amiloide o el tau causan el mal funcionamiento de las células cerebrales, y en algunos casos la muerte, no han sido todavía bien entendidos ni coinciden completamente con observaciones de la enfermedad misma.
Durante un largo tiempo, el campo del Alzheimer estuvo dividido entre dos campos en conflicto: los llamados baptistas (beta amiloide) y los tauistas. Ahora entre los dos campos ha estallado una guerra frontal. La falta de resolución ha producido un exceso de hipótesis contradictorias, las más prominentes de las cuales se concentran en qué ocurre con la beta amiloide antes de que se forman las placas.
La beta amiloide es común en el cerebro y no es dañina cuando existe en trenzas simples. Las placas contienen miles de trenzas. Esta nueva hipótesis sostiene que acumulaciones mucho más pequeñas de proteínas, con apenas media docena de trenzas, son las verdaderas culpables del Alzheimer. Esas acumulaciones más pequeñas, llamadas oligómeros son, debido a su tamaño más pequeño, capaces de viajar entre los neurones de un modo que las placas no pueden.
Los investigadores han descubierto que los oligómeros pueden ser nocivos para las células cerebrales mucho antes de que se formen las placas. Esto explicaría porqué alguna gente que ha sido diagnosticada con Alzheimer no tiene placas. La evidencia de que los oligómeros son peligrosos ha sido tan convincente que muchos de los principales proponentes de la hipótesis de la amiloide los han incorporado en sus modelos.
Inconvenientemente para los científicos, no existen marcadores físicos nítidos de los pacientes de Alzheimer. No hay análisis de sangre ni muestras de tejido que puedan ser analizadas. Se diagnostica por los síntomas que exhibe un paciente, y no hay modo de saber definitivamente qué está ocurriendo en su cerebro.
Para complicar más el asunto existen resultados preliminares de los primeros estudios de largo plazo.
David Bennett, de Centro Rush para el Alzheimer, de Chicago, convenció a más de dos mil pacientes de edad que no presentaban signos de demencia a que se sometieran a un test cognitivo, a partir de 1992. A medida que envejecían, algunos desarrollaron dificultades cognitivas. Algunos tuvieron leves síntomas cognitivos. Algunos nada. Algunos desarrollaron un Alzheimer declarado.
Los participantes estuvieron de acuerdo en que después de la muerte sus cerebros podían ser sometidos a autopsia. Bennett ha examinado 660 cerebros. Sólo un tercio de esas personas había desarrollado síntomas de demencia. Sin embargo, Bennett constató que más del noventa por ciento de los cerebros llevaban los sellos de los triángulos de la enfermedad. Algunas personas que tenían los síntomas, no tenían los triángulos tau ni las placas de beta amiloide. Algunos que no tenían los síntomas, tenían las placas o los triángulos; algunos tenían ambas.
Las implicaciones de esto son desconcertantes y aterradoras. ¿Podría ser que el mal de Alzheimer no es una enfermedad específica, sino que una parte normal del proceso de vejez?
Bennett se arredra ante esta implicación. El mal de Alzheimer puede estar asociado con la vejez; pero eso no quiere decir que sea causado por ella, dijo. "El mal de Alzheimer es extremadamente común. Las estimaciones son probablemente subestimaciones. ¿Es normal, estadísticamente? Sí. Pero si usas el término normal para significar lo mismo que la pubertad, como algo inevitable, entonces no, de ninguna manera".
Observa que los antiguos egipcios desarrollaban caries a los cuarenta. "Pero eso no era normal, era culpa del ambiente", dijo.
Marcelle Morrison-Bogorad, director de los programas geriátricos en neurociencia y neuropsicología del Instituto Nacional de Geriatría, piensa que los datos de Bennett son profundamente inquietantes.
Dijo que "la distinción se hace cada más borrosa entre el envejecimiento normal y enfermedades como el mal de Alzheimer. Esto nos hace preguntarnos si estos pacientes son normales o no. No creo que podamos saber con certeza quién es normal y quién no.
"Me preocupa mucho, en realidad, porque hemos estado tratando de confortar a la gente mayor diciéndole que esos pequeños lapsos de la memoria son parte normal del proceso de envejecimiento... Esta investigación sugiere, sin probar nada, que podría ser un signo de algo. Y esto no es una buena noticia".
Decir que el Alzheimer es normal no es algo que todos quieran oír. La medicina no puede impedir que la gente envejezca. Y la vejez no se puede arreglar. Aparte de su simple aritmética, en realidad nadie sabe qué es la vejez. Saben que cosas la acompañan, pero no tienen ni idea sobre sus causas.
Por supuesto, alguna gente vive hasta los cien y nunca sufre demencia. Pero la demencia está claramente asociada con la vejez. La probabilidad de que un individuo adquiera el Alzheimer es la suma total de una variedad de factores.
Gary Lynch, en la Universidad de California en Irvine, resumió esos factores como la combinación de la dotación genética, de las condiciones prenatales, de las experiencias de vida, condiciones ambientales y accidentes de salud de un individuo. Por ejemplo, si has nacido con una mutación de un transporte de lípidos particular y te has golpeado la cabeza en el pavimento cuando tenías doce, la posibilidad de que adquieras el Alzheimer puede ser mucho más alta que las de alguien que nació con los genes correctos y ha llevado religiosamente un casco toda vez que salía a patinar.

Dificultades Farmacéuticas
Eric Karran, director científico del gigante farmacéutico Eli Lilly & Co., no dice nada nuevo cuando afirma que su industria "tiene un montón de problemas". Los nuevos fármacos están fracasando en las pruebas. Los antiguos fármacos han causado pleitos. La industria ha sido acusada de no preocuparse lo suficiente de la seguridad de sus productos, al mismo tiempo que grupos específicos de pacientes le piden que tome más riesgos para desarrollar medicinas para ellos. Los pacientes están falleciendo incluso con fármacos exitosos, lo que quiere decir que los beneficios de muchas compañías van a caer más allá de lo que en la industria se llama siniestramente el precipicio de las patentes.
La incapacidad de descubrir las causas del Alzheimer ha convertido en problemático el desarrollo de métodos para su tratamiento, pero la industria farmacéutica ya ha gastado millones de dólares en programas sobre el Alzheimer. La enfermedad es un blanco financiero demasiado tentador como para ignorarla.
Gran parte de la investigación básica de la última década se ha dirigido a entender cómo se avería el proceso normal dentro de las células cerebrales. Se trata de un proceso elaborado, que involucra lo que los biólogos llaman cascadas de eventos, con decenas y cientos de pasos. Cada paso representa tanto un fracaso como una intervención potencial. Por medio de la fabricación de moléculas, la ciencia ha aprendido a interrumpir esos pasos, paralizando la cascada. Esa es la teoría, pero es también el mayor obstáculo. La cascada no existiría si no tuviese algún resultado necesario.
Aquí sigue un ejemplo. De momento, la contribución genética básica al desarrollo normal del Alzheimer en pacientes de edad, la forma más común de la enfermedad, ocurre con la mutación de un gene que hace una proteína llamada ApoE. Sería posible buscar un modo para desactivarla. Pero eso causa otros problemas potencialmente mayores. La ApoE es un transportador de lípidos. Su principal función es transportar lípidos, incluyendo el colesterol, desde el interior de las células para su destrucción y eliminación. Imaginadlo como sacando la basura. Un fármaco para atacar a la ApoE destruiría uno de los sistemas naturales del cuerpo para deshacerse del colesterol.
El Alzheimer ha sido particularmente intratable, pero hay optimistas. Dennis Selkoe, de la Universidad de Harvard y uno de los investigadores del Alzheimer más prominentes, cree que se encontrará una terapia efectiva de aquí a dos años. Piensa que ahora se entiende suficientemente bien el proceso de la enfermedad. "Si los fármacos fracasan, será debido a que no son lo suficientemente potentes", dijo, y no debido a que afecten la enfermedad.
Buckholtz, del Instituto Nacional de Geriatría, dijo que la amplia variedad de propuestas que están circulando ahora, refleja el vigor de la ciencia subyacente. "Las terapéuticas están atacando diferentes procesos implicados. Y creo que eso es una cosa buena", dijo. "Aunque es frustrante que no hayan sido más eficaces, sigo siendo optimista en que pronto tendremos resultados".
Más extendidos son los sentimientos expresados por Karran, de Eli Lilly, en la charla inaugural del congreso de San Francisco. Después de describir su idea sobre el proceso de la enfermedad de Alzheimer, dijo: "Si la industria farmacéutica hubiese sabido lo que era, no habríamos empezado nunca a trabajar en el asunto".

terry.mcdermott@latimes.com

1 de febrero de 2008
27 de diciembre de 2007
©los angeles times
cc traducción mQh
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