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acuerdo en kenia


[Edmund Sanders] Líderes keniatas logran acuerdo sobre gobierno de coalición. Kibaki accede a compartir el poder con Odinga, que será el nuevo primer ministro y nombrará la mitad del gabinete.
Nairobi, Kenia. Los rivales presidenciales de Kenia accedieron el jueves a compartir el poder en un gobierno de coalición con el objetivo de poner fin al caos post-electoral que ha costado la vida a mil personas y llevado a este prometedor país del este de África al borde del colapso político y económico.
Bajo los términos de un acuerdo firmado por el presidente Mwai Kibaki y el líder de la oposición Raila Odinga, los dos candidatos dividirán los puestos de gabinete a partes iguales y reformarán la constitución para crear el cargo de primer ministro para Odinga, que compartirá el poder con el presidente.
Los acuerdos marcan una importante paso hacia la resolución de la crisis política de Kenia y mitigan el temor de que el fracaso de las negociaciones podría desencadenar más violencia. La noticia fue elogiada por Estados Unidos y otros gobiernos occidentales, que consideran a Kenia un socio económico y una fuente de estabilidad regional.
Pero muchos también dicen que tendrán que esperar para ver si los rivales están genuinamente comprometidos y dispuestos a trabajar juntos. Observaron que Kenia todavía hace frente a enormes retos, incluyendo 350 mil personas desplazadas, una economía en ruinas y fuertes tensiones étnicas.
"Están resolviendo sus problemas políticos, pero no los nuestros", dijo Alfonse Mutuku, 24, que vive en un campamento cerca de Limuru, al norte de Nairobi.
El ex secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, que dirige un intento de mediación, dijo que el acuerdo era el único modo de romper con el impasse keniata.
"El compromiso era necesario para la supervivencia de este país", dijo. Pero advirtió que se debe continuar trabajando para resolver sus problemas sociales y económicos. "El viaje está lejos de haber terminado. De hecho, está recién empezando".
Tras las disputadas elecciones presidenciales del 27 de diciembre que los dos candidatos, Kibaki y Odinga, reclaman que ganaron, Kenia entró en un periodo de semanas de disturbios y violencia étnica cuando estallaron disputas largo tiempo ocultas por la tierra y el poder. El primero de enero en uno de los incidentes más espeluznantes, al menos diecisiete personas que se habían refugiado en una iglesia en el Valle del Rift fueron quemadas vivas.
Subrayando las tensiones que todavía dominan al país, momentos después de la ceremonia de firma del acuerdo en Nairobi, la capital, la policía lanzó gases lacrimógenos contra los partidarios de Odinga que celebraban en las calles.
El compromiso representa el reverso de lo que ocurrió hace tres días, cuando Annan disolvió los equipos de negociación litigantes y dijo que las conversaciones habían llegado a un punto muerto. Con la ayuda del presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete, de visita en el país, Annan empezó el miércoles conversaciones directas con Kibaki y Odinga.
Detalles claves del gobierno de coalición deben todavía ser determinados, entre ellos la pregunta sobre cómo compartirán el poder el presidente y el primer ministro, cómo se dividirán los puestos del gabinete, cómo se resolverán las disputas y qué ocurrirá si la coalición se derrumba. El parlamento debe reunirse el jueves para empezar a revisar la constitución.
En las últimas horas de negociación, Kibaki hizo importantes concesiones, accediendo a dar a Odinga autoridad para "coordinar y supervisar" el gobierno y aceptando una enmienda constitucional que el día anterior había descartado.
Su cambio de opinión se produjo en medio de intensas presiones de Estados Unidos y otros países de la comunidad internacional, que expresaron advertencias cada vez más explícitas sobre posibles sanciones y aislamiento para los que obstaculizaran un acuerdo.
Además, algunos países vecinos, entre ellos Uganda, Ruanda y Tanzania, pidieron a Kibaki que negociara debido a que sus economías dependen estrechamente de los puertos keniatas y se han visto perjudicadas durante los disturbios.
Tras la firma del acuerdo, Kibaki llamó a los keniatas a dejar atrás los enfrentamientos étnicos de los últimos dos meses y a vivir juntos en paz.
"En Kenia hay espacio para todos nosotros", dijo.
Las reacciones públicas ante el acuerdo varían, dependiendo a menudo de la etnia y la orientación política.
En los territorios de Odinga, incluyendo Kisumu, una ciudad al occidente del país, y la barriada de Kibera, en Nairobi, grupos de manifestantes bailaron y cantaron en las calles. "Raila es el hombre", gritaban sus partidarios en el centro de Nairobi.
Los ánimos eran más tenebrosos en un campamento al norte de Nairobi, donde kikuyu desplazados, de la misma tribu que Kibaki, se reunieron debajo de un toldo de plástico para observar en silencio la ceremonia en la que se firmó el acuerdo en un televisor donado por una iglesia local. Ninguna de las casi doscientas personas que viven en tiendas dijeron que era suficientemente seguro como para retornar a sus casas dentro de poco y algunos acusaron a Kibaki de ceder demasiado poder.
"En mi opinión, creo que Kibaki ha sido muy blando", dijo Steven Nderito, un pastor del Valle del Rift que fue expulsado de su casa por miembros de tribus rivales. "No veo cómo van a trabajar juntos. Creo que Kibaki tendrá que repensar todo esto y podría cambiar de parecer en las próximas semanas".
El apoyo de la opinión pública es crucial para el éxito del acuerdo, dijo Annan.
Expertos dijeron que Kibaki está haciendo frente a crecientes críticas entre sus partidarios. Los intransigentes en su gobierno se oponen a hacer concesiones, mientras que los kikuyu desplazados se quejan de que el presidente no ha hecho demasiado para ayudarlos.
"Ha sido secuestrado, no solamente por los intransigentes, sino por la comunidad kikuyu que siente en primer lugar que ya que ha fracasado a la hora de protegerlos, ahora debería por lo menos conservar el poder", dijo Ngunyi Mutahi, analista político de Nairobi.
Para Odinga, que ha trabajado toda la vida como líder de la oposición y que ha llegado a ser encarcelado en las cámaras de tortura del gobierno, el acuerdo pone fin a una larga lucha por el poder político.
Aunque exigía originalmente que Kibaki renunciara y convocara nuevas elecciones, Odinga hizo una demostración a acercamiento el jueves refiriéndose a Kibaki por primera vez desde las elecciones del 27 de diciembre como "presidente" y "compatriota".
Dijo que la crisis electoral había creado la oportunidad para exigir cambios al gobierno.
"La crisis ha enseñado a los keniatas una importante lección que ha ayudado a sentar los fundamentos de un país unido", dijo.
Annan dijo que empezaría hoy a trabajar en la fase final de su mediación, abordando algunos problemas subyacentes, como las disputas por la tierra, la marginación económica y la discriminación étnica.
Líderes del gobierno se están preparando para formar una comisión de verdad y reconciliación similar a la que se formó después del genocidio en Ruanda.

edmund.sanders@latimes.com

1 de marzo de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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