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Orgías de ejecutivos arrasan a la hora de almuerzo. Son reuniones entre cuatro y hasta ocho personas por las que pagan hasta 50 mil pesos. Los contactos se hacen por internet y los encuentros son exclusivos para los socios. Conspicuos ejecutivos se reúnen en algún departamento del centro a capear la entrada y el plato de fondo.
[Christian Silva] Santiago, Chile. Una y media de la tarde. Raúl termina una reunión en el banco donde trabaja y parte raudo a la calle. Camina por el paseo Huérfanos con sus lentes Ray-Ban y un traje azul marino listado. Se acomoda la corbata rojo italiano, mientras devuelve la mirada a una mujer cuarentona que lo recorre de pies a cabeza. Coquetea, pero apura el tranco. No quiere llegar atrasado a su último almuerzo del mes.
Raúl es un padre de familia. Buen esposo. Marido atento. Nunca llega después de las nueve de la noche a su casa. No sería bien visto que un ejecutivo de un banco anduviera enfiestado. Nadie sospecha de nada. Raúl pierde la compostura sólo a la hora de almuerzo.
Citófono. Raúl llega a su destino. Departamento 33. El "organizador" abre la puerta. Esto es lo que ve: una rubia y una morena con tenidas deportivas y dos hombres más. El "organizador" llama a un rincón a todos los hombres y comenta las reglas: "Nada de drogas, se hace lo que ellas quieren. Están prohibidos los actos homosexuales y siempre con condón".
Hace dos años que Raúl aunque sea una vez al mes participa de orgías a la hora de almuerzo. Son pequeñas reuniones que se organizan en Santiago y que logran reunir a conspicuos ejecutivos que pagan por tener encuentros sexuales desenfrenados en una hora y media. "Yo vengo sólo una vez al mes porque sale caro el asunto, pero es demasiado entretenido. Pago 40 lucas y valen la pena", cuenta.
El depósito se hace un día antes en una cuenta corriente por medio de internet. Es el mismo sistema que se utiliza para fichar a los participantes y darles las indicaciones de dirección y las características de las fiestas-almuerzo a las que asistirán.
Pese a que cada fiesta es particular, hay elementos comunes: siempre hay un mínimo de cuatro personas y un máximo de ocho. Los horarios más solicitados son entre las 12 y las 16 horas.
Nadie puede quedarse en el departamento cuando se acaba la fiesta.

Las Mujeres Entran Gratis
Los habitués de este tipo de fiestas no tienen idea de cuántas se realizan en la capital, pero intentan un aproximado: "Calculamos que se ofrecen tres almuerzos diarios en distintas direcciones, con cinco personas promedio cada una; yo cacho que por lo bajo van unas 15 personas al día, por tres días a la semana, así que al mes irán unos 180 socios, los que son repetidos la mayoría de las veces en todo caso. Como número final, yo creo que somos unos 100 los inscritos", comenta un cliente frecuente.
El sistema funciona así: los interesados se inscriben en diferentes webs dedicadas al tema generalmente son las mismas que organizan encuentros swingers y así se transforman en socios. Cada fiesta-almuerzo cuesta entre 30 mil y 50 mil pesos, dependiendo de las características del encuentro (si son más mujeres o más hombres) y si es tu primera vez (al principio debes pagar una cuota de inscripción).
Así comenzó a crecer esta comunidad que se habla a través de e-mails y chats, donde las mismas peticiones de los socios potenciaron la idea de hacer almuerzos en vez de eventos nocturnos. "Yo fui a un par de fiestas el año pasado, eran muy buenas, pero son un cacho, salir un viernes o un sábado toda la noche, llegar pasado a sexo y con copete encima, cómo le decí a tu esposa ‘perdón, mi amor, pero la orgía estaba tan buena que se me pasó la hora volando’. Por lo mismo, varios empezamos a pedir que se hicieran fiestas a la hora de almuerzo, y qué más rico que terminar una reunión y juntarte en un departamento cerca de tu pega, tirar un rato y volver sin tener que darle explicaciones a nadie", comenta Raúl.
Este ejecutivo tiene 44 años, mide un metro setenta y cinco y pesa 73 kilos. En los almuerzos se da tiempo incluso para mantener la línea "porque no quiere convertirse en una vaca". Sagradamente carga en su maletín una sofisticada botella de plástico con un polvo dentro. "Este es mi almuerzo; con un batido quedas listo con las proteínas y carbohidratos que necesita el organismo; mil veces mejor comerse esto y luego ir a divertirse un rato con algunas chiquillas, en vez de estar perdiendo el tiempo, plata y salud comiendo comida chatarra".
Si bien en estos encuentros son los hombres los que pagan y las mujeres entran gratis, muchos de los ejecutivos que acuden a estos almuerzos saben que varias de las chicas son prostitutas y ellas reciben dinero por participar; aunque también tienen que ser socias del club. La misma organización se preocupa de todo, de tener un departamento en condiciones higiénicas, condones al por mayor, un encargado de seguridad y privacidad de los socios cuando llegan o se van del departamento, y de, obviamente, seguir motivando a sus socios para que sigan participando de estas actividades.
La idea principal es lograr un encuentro sexual en grupo; por lo mismo, se asemejan a los Gang Bang, denominación inglesa para definir a un tipo particular de orgía donde una persona tiene sexo con varias y por turnos.
"Siempre son tipo orgías, donde dos o tres nos metemos con una o dos minas", dice otro admirador de este tipo de reuniones que comenzó a asistir a estas fiestas-almuerzo gracias al contacto que tenía con una página swinger. Él mismo da consejos: "Hay que ser bien open mind, ya que muchas veces las fantasías de uno hay que negociarlas con los otros participantes. Había un tipo que pagaba por estar en la pieza, pero sólo miraba, no tocaba ni tampoco hablaba, sólo se sentaba en una silla a ver cómo dos nos metíamos al mismo tiempo con la mina. Nada de roces; eso sí, fuera los gays en estas cosas. Este compadre fue dos veces más y nunca hablaba. Un día, en el preámbulo, le preguntamos cómo se llamaba; sí, la cosa es impersonal, pero igual resulta incómodo que alguien te esté mirando tirar todo el rato y que ni siquiera sabí su nombre. El compadre se apestó y se fue. Nunca más lo vimos".

Una Canita al Aire
Las fiestas a la hora de almuerzo se hacen siempre en algún departamento. Nunca son moteles. La gente llega a la hora citada y es recibida por una persona de la organización. Se quedan solos en el living, con varios condones y bebidas en la mesa de centro. Los que quieren pueden quedarse allí o entrar a la pieza generalmente son departamentos de dos ambientes ; eso sí, siempre con la puerta abierta por si alguien quiere integrarse y mirar.
Después de la fiesta, los asistentes se bañan, se ponen la ropa que antes había sido colgada cuidadosamente y se van. Como si nada hubiese pasado, vuelven a sus trabajos y después a sus casas.
Raúl defiende su doble vida: "Mi rutina es trabajar y llegar a la casa todos los días, compartir con la familia y uno que otro fin de semana con los amigos; entonces, ¿cuándo te vas a tirar una canita al aire?
La última fiesta-almuerzo a la que fue Raúl, a fines de junio, fue de las mejores. "Llegaron dos minas muy buenas, no mucho de caracho pero con unos cuerpos increíbles, yo enganché con una altiro, nos pusimos a conversar mientras otros dos tipos se pusieron a tocar a la otra. El ambiente se empezó a calentar y cuando yo seguía embalado haciéndome el lindo, ella me dijo que nos apuráramos porque estábamos quedando en desventaja. Miré hacia el lado y ya estaban todos desnudos, sobre un sofá de tres cuerpos, un hombre a cada lado, donde ella atendía a uno con la boca y al otro con su entrepierna. A los dos minutos, la que se quedó conmigo ya me había sacado toda la ropa y la había colgado. Si el asunto no es al lote y tiene que quedar el traje ordenadito". Raúl llama a sus compañeros de juerga y se ponen de acuerdo para concretar almuerzos, pero no son sus amigos. "No los voy a invitar a un asado a mi casa ni les voy a ayudar con un crédito en el banco dice . No son mis amigos porque nos tiremos a minas juntos".
En este negocio hay que cuidarse las espaldas. Por eso, Raúl cuenta que quiere comenzar a ponerse de acuerdo para nuevos encuentros en otros sitios web.
Él comenta que quiere cambiar de página web; la idea es no hacerse muy conocido. "Te puedes llegar a topar con alguien, y la idea es que nadie sepa nada", dice Raúl.

La Gata Negra
Ester no duda ni un minuto en anotarse para participar en una orgía de almuerzo cuando la llaman o le dejan recados en el chat para invitarla. Ella lo tiene claro: "La mayor cantidad de pega es de noche y de día no podí quedarte durmiendo nomás; tampoco te va a dar el cuero como para ir a trabajar a otra cosa". Hace dos años que su nombre está en una página que ofrece servicios sexuales, pero hace más de 15 que practica el oficio.
De tez blanca, pelo rubio, grandes caderas y gruesos labios, como se autodescribe, esta mujer invita a los oficinistas del país a que "aprovechen de vivir un momento inolvidable, que hay maneras más entretenidas de quemar grasa que yendo a gimnasios o haciendo dieta", según dice su anuncio.
Su espacio en la web es contestado por varias personas al día que le proponen ideas y negocios, pero desde hace unos meses le han llegado estas invitaciones para encuentros grupales a la hora de almuerzo. "Imagínate que te levantas, vas a una fiesta y después te vienes a dormir de nuevo. ¿Qué mejor?", pregunta, asegurando que ella cobra precios especiales por ser participante de las fiestas, aunque no desmiente que algunas veces ha ido en forma gratuita para hacer nuevos contactos. "Si conocí a alguien en esa, después podí seguir juntándote y ofrecerle tus servicios de forma personal, para algo más privado. Puede ser, ¿no?".
Ester reconoce que el negocio le resulta atractivo por el hecho de que le ocupa algunas horas muertas y le deja recompensa económica, pero que tampoco son muchos los que se atreven, aunque ella cree que la mayoría de "los oficinistas de este país preferirían estar conmigo que mirándole las caras a sus compañeros de pega o haciendo la cola en el McDonald’s".

15 de septiembre de 2008
©la nación 
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