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sadismo convertido en ley 4


Altos funcionarios del gobierno idearon e implementaron el plan de torturas, incluyendo al propio presidente Bush. Cuarta entrega.
[Anthony Lewis] A diferencia de John Yoo y William Haynes, la mayoría de los abogados estadounidenses que se han ocupado de temas como la tortura y la detención indefinida defendieron los ideales americanos de justicia. Ha sido sorprendentemente así en el caso de los abogados en los servicios militares. El mayor Frakt, cuyo poderoso argumento a favor de Mohammed Jawad destaqué antes, es un ejemplo entre muchos. Numerosos abogados privados han ofrecido su tiempo y luchado contra los obstáculos oficiales para representar a prisioneros.
El trabajo de los abogados por los detenidos es explorado brillantemente en ‘The Challenge: Hamdan v. Rumsfeld and the Fight over Presidential Power’. Pero es mucho más que un libro sobre leyes y abogados. Cuenta la historia de un prisionero que dio su nombre a una gran decisión constitucional; y describe las luchas personales de los abogados, su coraje y sus fallas. El resultado es un trabajo de impresionante dramatismo.
Salim Hamdan, que prestó su nombre a una importante decisión constitucional de la Corte Suprema, era un yemení pobre que fue reclutado para hacer la guerra santa y se convirtió en el chofer de Osama bin Laden en Afganistán. Fue capturado allá a fines de 2001 por tropas de la Alianza del Norte y entregado a Estados Unidos. En mayo de 2002 fue trasladado al campo de prisioneros de Guantánamo.
(El 6 de agosto, después del primer juicio de la comisión militar en Guantánamo, Hamdan fue condenado por proporcionar materiales de apoyo para acciones terroristas, pero no por la acusación más grave de conspiración. Fue sentenciado a cinco años y medio de cárcel, mucho menos que la reclusión perpetua que habían pedido los fiscales militares. Además, la corte reconoce los sesenta y un meses que estuvo Hamdan detenido desde que fuera acusado, lo que quiere decir que habrá cumplido su sentencia a fines de año. Su destino después de eso es incierto, porque el gobierno de Bush afirma que puede mantener detenidos en Guantánamo -sea condenados o absueltos en un juicio militar, o prisioneros que no han sido juzgados- hasta el fin de la ‘guerra contra el terrorismo’).
Uno de los hechos más extraordinarios expuestos en este libro es que Hamdan fue primero interrogado en Guantánamo por un agente del FBI que construyó cuidadosamente una relación con él, obteniendo detalladas declaraciones sobre al_Qaeda y algunos de sus líderes. El agente poseía amplias evidencias para juzgar a Hamdan en un tribunal federal; pensó que podía convencer a Hamdan para que declarara contra figuras más importantes de al_Qaeda a cambio de una reducción de la sentencia. Pero para su pesar Hamdan fue enviado a juicio por una comisión militar; el FBI fue inmediatamente separado del caso y perdió un testigo potencialmente importante.
El fiscal militar asignado por las autoridades militares para representar a Hamdan en los procedimientos de la comisión fue un teniente de la Armada, el comandante Charles Swift. Después de la facultad de leyes, volvió a la Armada y pasó gran parte de su tiempo como un atrevido abogado defensor en el equipo del fiscal militar. En el curso del caso de Hamdan, Swift jugó un papel crucial: relacionarse con el cliente. Visitó a Hamdan en Guantánamo, tratando de darle ánimo durante frustrantes años de escasos avances y el duro tratamiento en la cárcel. (Hamdan inició una huelga de hambre y recibió alimentación forzada durante un largo tiempo). Swift también habló con la prensa, libre y locuazmente sobre la injusticia del proceso de la comisión.
El colega civil de Swift en el caso era profesor en el Georgetown Law Center, Neal Katyal. Su papel era impugnar constitucionalmente los términos de las comisiones instaladas por el presidente Bush. Fue una tarea formidable, empezando con la necesidad de establecer el derecho del detenido a demandar a todo el mundo e invocar las Convenciones de Ginebra -pero resistido enérgicamente por los abogados del gobierno.
Katyal fue compulsivo en su devoción a las diferentes fases del caso. Mahler lo describe escribiendo veintiséis borradores de una carta y ensayando quince puntos debatibles de un alegato oral en cinco ciudades. Incorporó a abogados de un enorme bufete como abogados pero era "demasiado arrogante" como para escuchar sus opiniones, dice Mahler. Trabajaba implacablemente, terminando una vez una carta de las 5:45 de la mañana en que debía entregarla. Durante todo este tiempo compartía las responsabilidades de la crianza de su hijo con su esposa, e hizo un viaje a India para enterrar a su padre. Su relación con Charlie Swift se estropeó casi hasta el punto del rompimiento.
A medida que avanzamos en el libro, sabemos lo que la Corte Suprema va a decidir al final; pero el drama de la lucha de los abogados es tan absorbente que esperé, con su ansiedad, para ver si la corte verá el caso, y luego qué hará. Para el desenlace Katyal salió de la Corte Suprema y dijo a los periodistas: "Lo que pasó hoy, que un hombre de Yemen con cuatro años de estudio, acusado de conspirar contra uno de los individuos más espantosos del planeta, sea capaz de demandar al hombre más poderoso del mundo, el presidente de Estados Unidos, y lograr que su caso sea visto, eso es algo que es fundamentalmente grandioso de Estados Unidos". A lo que Charlie Swift agregó: "Nuestros valores son los que ganaron aquí hoy, nuestra defensa del estado de derecho".

Libros reseñados
Tom Lasseter
Guantanamo: Beyond the Law
serie de cinco artículos del autor
en los McClatchy Newspapers, 15–19 de junio de 2008

Jonathan Mahler
The Challenge: Hamdan v. Rumsfeld and the Fight over Presidential Power
Farrar, Straus and Giroux,
334 pp.
$26.00

Physicians for Human Rights
Broken Laws, Broken Lives: Medical Evidence of Torture by US Personnel and Its Impact
con un prefacio del Mayor General Antonio M. Taguba
130 pp.
disponible en brokenlives.info

18 de noviembre de 2008
6 de noviembre de 2008
©new york review of books
cc traducción mQh
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