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el último niño soldado en guantánamo


Omar Khadr tenía 15 años cuando fue capturado en Afganistán en 2002. Su juicio en Guantánamo plantea problemas éticos.
[Carol J. Williams] Bahía Guantánamo, Cuba. Dos días después de ser rescatado inconsciente de entre los escombros de un recinto de al_Qaeda bombardeado en el sur de Afganistán, Omar Khadr, de quince años, yacía amarrado a una camilla, su ojo izquierdo destrozado por la metralla y heridas de bala en su espalda todavía sin tratar.
Agentes norteamericanos que realizaron el primer interrogatorio del adolescente canadiense en la base aérea de Bagram, cerca de Kabul, el 29 de julio de 2002, midieron los efectos del interrogatorio por el medidor de la presión arterial conectado al prisionero inerte. El adolescente herido no podía más que gruñir.
La sesión más reciente, y posiblemente la última, del tribunal por crímenes de guerra de Guantánamo, ha revelado inquietantes detalles sobre cómo trataron a Khadr durante los tres meses que estuvo en Bagram bajo custodia de las tropas norteamericanas, que estaba convencidas de que había arrojado una granada que le costó la vida a un soldado estadounidense.
En los interrogatorios posteriores durante más de seis años durante su detención en la cárcel norteamericana azuzaron perros contra él, lo obligaron a adoptar posiciones estresantes y fue utilizado cabeza abajo por los guardias como una fregona humana para limpiar el suelo.
Khadr es uno de al menos una docena de jóvenes capturados y llevados a Guantánamo por el gobierno de Bush en el marco de la guerra contra el terrorismo después del 11 de septiembre de 2001. Entre los diecinueve prisioneros de Guantánamo acusados de crímenes de guerra, Khadr y Mohammed Jawad, un afgano del que se piensa que es un año más joven que el canadiense, son los únicos que eran menores de edad en la época en que cometieron los delitos de que se le acusa.
Defensores de los derechos humanos consideran la persecución de Khadr y Jawad como otra mancha para la cárcel y tribunal de Guantánamo. Tampoco le garantizaron las garantías prometidas por los tratados firmados por Estados Unidos.
"Según el derecho internacional, son los adultos que reclutan a los niños para la guerra los que deben ser procesados por ese delito. Pero los niños capturados en combate, deben ser protegidos, no procesados", dijo Diane Marie Amann, profesora de derecho de la Universidad de California en Davis, que observó la última audiencia del caso de Khadr para el Instituto Nacional de Justicia Militar.
El instituto se unió a juristas, parlamentarios y defensores de los derechos humanos para argumentar que los combatientes menores de edad deberían ser tratados como víctimas, no como adultos responsables que tomaron conscientemente la decisión de participar en la guerra.
El juicio de Khadr debe empezar el 26 de enero, con audiencias preliminares programadas para la víspera de la inauguración del presidente electo Barack Obama, que ha prometido que cerrará Guantánamo.
Khadr era un niño cuando su padre empezó a viajar entre Toronto y los bastiones militantes islámicos a lo largo de la frontera afgana-paquistaní.
Ahora de veintidós años, Khadr ha pasado casi un tercio de su vida bajo custodia de Estados Unidos. Creció en una familia de militantes musulmanes y durante su adolescencia estuvo rodeado de combatientes de la guerra santa. Sus abogados lo describen como confundido, inmaduro y emocionalmente dañado.
Varias pulgadas más alto que cuando llegó, Khadr, de 1 metro 92, caminaba solo, en una visita reciente, entre la ropa tendida en el patio de su barraca en el Campamento 4, detrás de vallas encimadas por alambres concertina y bajo la mirada de guardias en torres de vigilancia. Examinó detenidamente las ofertas de una tarjeta de la biblioteca y eligió un número del National Geographic.
Las Convenciones de Ginebra y la Convención de Naciones Unidas para los Derechos del Niño dicen que es responsabilidad del estado cuyos soldados capturan a menores edad en el campo de batalla, ocuparse de su rehabilitación e integración en la sociedad. Los llamados a considerar la edad de Khadr y Jawad han sido consistentemente rechazados por el tribunal.
El coronel de ejército Patrick Parrish ha determinado que el juicio de Khadr por cargos de homicidio, homicidio frustrado, espionaje, conspiración y apoyo material al terrorismo podía seguir adelante. Su predecesor como juez en el caso, el coronel de ejército Peter E. Brownback III, determinó que la edad del acusado y su educación eran "interesantes como tema de una política", pero irrelevantes para el proceso en curso por la Ley de Comisiones Militares de 2006.
El juez militar de Jawad, el coronel de ejército Stephen R. Henley, resolvió lo mismo sobre el niño soldado en cuestión, pero rechazó las evidencias del gobierno para condenar al afgano por homicidio frustrado y otros cargos. Henley resolvió que las confesiones de Jawad fueron obtenidas bajo coerción, una resolución que la fiscalía ha pedido al Tribunal de Revisión de las Comisiones Militares que revoque, pero no está claro cuando se decidirá sobre esa apelación.
"Espero que el gobierno de Obama dirá, como su primera acción, que ‘no queremos ser el primer gobierno en la historia que presida el juicio de un niño soldado por crímenes de guerra’", dijo el teniente William C. Kuebler, el principal abogado de la defensa de Jawad.
Kuebler dijo que le inquietaba la audiencia de mediados de diciembre presidida por Parrish, que rechazó que presentara como evidencia unas fotografías tomadas en la escena el 27 de julio de 2002, en un tiroteo cerca de Khowst, Afganistán, en el que Khadr fue acusado de tomar parte arrojando la granada que mató al sargento primero Christopher Speer.
Las fotografías tomadas por soldados estadounidenses cuando tomaban por asalto el recinto bombardeado muestran a Khadr tendido boca abajo en la tierra debajo de los restos de un tejado. Los soldados no sabían que estaba ahí hasta que uno de ellos pisó los escombros y sintió que se movía algo debajo.
Kuebler dijo que no era posible que Khadr hubiera arrojado la granada que mató a Speer, ya que estaba enterrado e inconsciente cuando el soldado entró de la Fuerza Delta.
Los partidarios de Guantánamo defienden el tratamiento acordado a Khadr. El fiscal jefe del tribunal, el coronel de ejército Lawrence J. Morris, desechó las afirmaciones de los críticos de que los menores de edad no pueden ser imputados por crímenes de guerra según la Convención sobre los Derechos del Niño y el protocolo complementario.
"La convención no ha sido bien entendida, o ha sido mal interpretada a sabiendas", dijo Morris.
"No prohíbe su procesamiento".
El capitán de ejército Keith Petty, del equipo de la fiscalía en el caso de Khadr, dijo que los jurados militares debían decidir si consideraban o no la edad del acusado en la época en que cometió el delito.
Radhika Coomaraswamy, el representante especial de Naciones Unidas para niños en conflictos armados, presentó una protesta por el proceso de Khadr, advirtiendo que sentaría un precedente y minaría las garantías de la convención.
Los tribunales de Naciones Unidas instalados para perseguir a criminales de guerra de la antigua Yugoslavia, Sierra Leona y Ruanda han tendido a tratar como víctimas a los niños soldados. David Crane, profesor de derecho de la Universidad de Siracusa que fue el fiscal jefe en el Tribunal Especial para Sierra Leona, escribió que "ningún niño tenía la capacidad mental para cometer crímenes contra la humanidad".
Políticos canadienses han resistido los llamados a juzgar a Khadr en su país de origen, aunque Kuebler espera que el inminente cambio en el gobierno estadounidense ejerza nuevas presiones en Ottawa para exigir la repatriación del último detenido de Guantánamo.

7 de enero de 2009
27 de diciembre de 2008
©los angeles times 
cc traducción mQh
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