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desandando los excesos de bush


Las tres órdenes presidenciales de Obama sobre los detenidos y el interrogatoro muestran lo difícil que será deshacer lo que hizo Bush.
Con las órdenes presidenciales firmadas el jueves, el presidente Obama ha empezado la recuperación del prestigio de este país cuando se habla del tratamiento que se da a los sospechosos de terrorismo. Pero las órdenes contienen ambigüedades que demuestran lo difícil que será desenredar la maraña que creó el presidente Bush.
El eje de los esfuerzos de Obama por dar vuelta la hoja en lo que se refiere a las ilegalidades del gobierno de Bush es el cierre, en el plazo de un año, del infame centro de detención en Bahía Guantánamo, Cuba. En la misma orden establece un procedimiento para revisar la situación de los detenidos todavía encarcelados en Guantánamo para determinar quiénes deben ser trasladados a otros países, quiénes deben ser llevados a juicio y quiénes son tan peligrosos que no pueden ser ni juzgados ni repatriados.
La segunda orden de Obama requiere que la CIA adopte las mismas reglas que regulan los interrogatorios de las fuerzas armadas estadounidenses. También declara ilegal los centros de detención de la CIA, como las cárceles secretas en el extranjero donde se retenía a sospechosos de terrorismo, sin acceso a la Cruz Roja y sometidos a métodos "mejorados" de interrogatorio. La tercera orden ordena al fiscal general, al ministro de Defensa y otros funcionarios a revisar el caso de Ali Saleh Kahlah al-Marri, el único presunto ‘combatiente enemigo ilegal’ detenido en Estados Unidos.
Todas estas órdenes son mejoras de las políticas de Bush, pero también incluyen innecesarias equivocaciones. La orden que cierra Guantánamo, por ejemplo, expresa el deseo de Obama de que los detenidos sean juzgados en tribunales civiles o en cortes marciales realizadas según el Código Uniforme de Justicia Militar. Pero se reserva la opción de usar el actual, y defectuoso sistema de comisiones militares (aunque quizás con nuevos procedimientos).
La orden sobre los interrogatorios está igualmente comprometida. Requiere correctamente que los interrogadores de la CIA acaten el Manual de Campo del Ejército, que prohíbe la fuerza física, el submarino, el aislamiento prolongado, cubrir las cabezas de los detenidos con capuchas o el uso de perros para intimidarlos. Sin embargo, la orden permite que el gobierno cambie de opinión. Crea un grupo de trabajo para revisar las instrucciones del manual "para determinar si la CIA necesita orientaciones adicionales o diferentes", que no necesita.
Para hacerle justicia a Obama, algunos problemas requieren estudios adicionales, especialmente la cuestión de cómo tratar a los detenidos de ‘alto valor’ que, si se los absuelve de crímenes de guerra, podrían representar un peligro de ser liberados o repatriados. La orden de Obama dice que los funcionarios estudiarán las "opciones legales" que existan para tratar sus casos. Esa tarea se complica por el hecho de que los interrogadores utilizaron la técnica de la asfixia por inmersión contra uno de los conspiradores de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Khalid Shaikh Mohammed.
Obama merece elogios por haber puesto fin a los peores excesos del gobierno de Bush en la ‘guerra contra el terrorismo’. Pero no debería incluir ambigüedades en temas que exigen una claridad a prueba de interpretaciones.

25 de enero de 2009
23 de enero de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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