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kremlin quiere legislar sobre el pasado


Historia rusa 2.0. Un proyecto de ley convertirá la comparación del gobierno soviético con los nazis, en un delito. Temen manipulación del pasado ruso.
[Fred Weir] Moscú, Rusia. Un amargo chiste de la época soviética dice que Rusia es el único país del mundo que tiene un pasado imprevisible.
La broma ha vuelto en los últimos días, después de que el Kremlin anunciara la creación de una comisión especial de veintiocho miembros encargada de examinar y combatir ejemplos de "revisionismo histórico" que dañen la imagen de Rusia.
La comisión, que no tiene atribuciones jurídicas, está presidida por el primer ministro del gobierno del presidente Dmitry Medvedev, Sergei Naryshkin, e incluye a historiadores y legisladores, funcionarios de gobierno, el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas y miembros del servicio de seguridad FSB.
Pero una ley análoga, redactada por el partido oficialista Rusia Unida y que será introducida al Senado dentro de poco, determina multas y penas de prisión de hasta cinco años para cualquiera que sea hallado culpable de "negar las decisiones del Tribunal de Nuremberg".
Esta es una reacción frente a un creciente cuerpo de historiografía en los antiguos países soviéticos y de Europa del Este que describe los largos años de dominio soviético como similar en naturaleza con la ocupación nazi, y sugiere que para esos países la liberación llegó solamente cuando se derrumbó la Unión Soviética. Incluso más irritante para los rusos son lo que ven como intentos, en algunos países, como Ucrania y Latvia, de "rehabilitar" a ciudadanos que llevaron uniformes alemanes durante la Segunda Guerra Mundial para luchar contra el Ejército Rojo.
"Es hora de que estudiemos qué está pasando aquí y decidir qué tipo de documentos necesitamos encontrar y publicar para contrarrestar estas nuevas interpretaciones", dice Natalya Narochnitskaya, historiadora, ex diputada de la Duma y miembro de la nueva comisión. "Si un país no es capaz de mantener una visión unida en la interpretación de su propio pasado, no será incapaz de formular sus intereses nacionales".
Narochnitskaya insiste en que la competencia de la comisión es estudiar el problema y hacer recomendaciones, no imponer una línea de partido al estilo de la era soviética. "Todos los países conocen este problema de equilibrio y necesitan encontrar su propio camino entre la humillación y la autocrítica normal", dice.
Los críticos están alarmados por lo que ven como un flagrante retroceso a los métodos soviéticos de control intelectual.
"No puedes luchar contra las falsificaciones de la historia creando comisiones burocráticas", dice Sergei Solovyov, editor de Scepsis, una revista trimestral rusa que persigue promover el debate intercultural. "Una de dos: será completamente inútil o se convertirá en una herramienta de supresión de personas con puntos de vista diferentes".

Visión Diferente
El Kremlin ha reaccionado con indignación ante lo que ve como intentos de "revisar" los resultados de la Segunda Guerra Mundial en algunos países soviéticos y de Europa del Este.
La anulación de los memoriales de guerra del Ejército Rojo en Polonia y los países bálticos ha provocado la ira del Kremlin, así como las marchas callejeras de veteranos de las SS de Latvia, la ley lituana que prohíbe el despliegue público de símbolos soviéticos y la persecución en Estonia de un condecorado veterano de guerra soviético, Arnold Meri, por cargos de genocidio por su presunta participación en las deportaciones de posguerra de estonianos a Siberia. (Meri murió hace dos meses, antes del término de su juicio).
Otro punto de irritación ha sido el elogio público del presidente ucraniano Viktor Yushchenko del Ejército Insurgente Ucraniano, que libró una guerra de guerrillas contra la Unión Soviética con el respaldo de la CIA durante casi diez años después de la Segunda Guerra Mundial, así como los esfuerzos ucranianos oficiales de convencer a otros gobiernos del mundo para que clasifiquen como un acto de "genocidio" la hambruna colectiva provocada por la colectivización agraria de principios de los años treinta, que terminó con la vida de millones de campesinos soviéticos y conocida en Ucrania como el ‘Holodomor’.
En su blog iniciado hace poco, Medvedev se quejaba recientemente de que "esos intentos [de revisión de la historia] son cada vez más hostiles, más malignos, y más agresivos... Nos encontramos en una situación en la que tenemos que defender la verdad histórica y demostrar una vez más hechos que no hace mucho parecían claros. Pero es necesario hacerlo".

Historia de la Guerra
Una encuesta pública realizada el mes pasado por la agencia estatal VTsIOM constató que casi dos tercios de los rusos concuerdan en que los intentos de "negar la victoria soviética en la Gran Guerra Patriótica" deberían ser penalizados, refiriéndose a la Segunda Guerra Mundial tal como la conocen los rusos. Muchos viejos historiadores rusos parecen concordar en que la comisión, y su objetivo de luchar contra el revisionismo es algo bueno.
"Teníamos que haberlo hecho hace un tiempo", dice el general Makhmut Gareyev, héroe de la guerra y presidente de la oficial Academia de Ciencias Militares en Moscú. "No se pueden tolerar las falsificaciones históricas, particularmente la Segunda Guerra Mundial. Una vez que los órganos del estado tomen esa decisión, posiblemente se podrán corregir algunas cosas en el futuro cercano".
Roy Medvedev, historiador disidente del período soviético, dijo a la radio independiente Ekho Moskvi, que la comisión no es una idea objetable en principio, si se limita a revisar la historia y a abrir los archivos. Pero agregó: "He protestado fuertemente contra cualquier medida para perseguir judicialmente la falsificación porque equivaldría a restaurar las prácticas soviéticas... Sería muy malo si se prohibiera la publicación de teorías e investigaciones divergentes".

A la Búsqueda de un Pasado Estable
La propia identidad nacional rusa ha estado cambiando desde el derrumbe de la Unión Soviética, junto con su ideología y su imperio multiétnico. Los primeros años post-soviéticos estuvieron marcados por una dura autocrítica y extendida desmoralización pública. Vladimir Putin llegó al poder hace una década en medio de un contragolpe patriótico que buscaba erradicar ese penetrante sentimiento de humillación nacional recuperando el orgullo en Rusia y reconociendo los logros positivos de los años soviéticos.
Algunos ideólogos ultranacionalistas, como Alexander Dugin, que dirige el influyente Movimiento Eurasiático Internacional, sugiere que la creación de un mito nacional unirá a los rusos en un objetivo válido.
"Deberíamos poner límites a la libertad de expresión para crear un consenso nacional y conservarlo para las generaciones futuras", dice Dugin. "Para tener un mito que nos proporcione un punto de referencia estable para la sociedad es necesario definir nuestro devenir histórico, que no sea falso".
Pero los críticos se han quejado desde hace tiempo de que el inconveniente de la aproximación positiva de la era de Putin a la historia rusa incluye una tendencia a minimizar una plétora de crímenes, incluyendo las masacres ordenadas por el servicio de seguridad NKVD de José Stalin.
"No creo que comisión sea siquiera legal. Nuestra Constitución prohíbe el establecimiento de una ideología de estado e impone el pluralismo ideológico en Rusia", dice Vladimir Ryzhkov, ex diputado independiente de la Duma. "Puedes debatir sobre la historia, pero los que están en el poder no deberían imponer su propia interpretación. Durante siglos nuestra historia ha sido escrita y rescrita por zares y comisarios. Así que esta nueva comisión sólo puede provocar dudas y protestas".

18 de junio de 2009
21 de mayo de 2009
©christian science monitor 
cc traducción mQh
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