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inocente estuvo 3 años encerrada


Una mujer mexicana de edad mediana que fue encarcelada por el secuestro de seis agentes de la policía federal es dejada en libertad sin ofrecimiento de disculpas. Su caso ilustra las deficiencias de un sistema judicial que parece predestinado contra los pobres.
[Tracy Wilkinson] Ciudad de México. Las acusaciones, sostuvieron sus defensores, fueron absurdas desde el principio. Una mujer indígena de edad mediana, sin armas, de apenas un metro 52, fue acusada del secuestro de seis agentes de la policía federal.
Jacinta Francisco Marcial dijo que era inocente y que había sido condenada por cargos falsos. Esta semana, después de pasar tres años en la cárcel, fue dejada en libertad. El poder judicial mexicano que la había condenado a veintiún años de prisión decidió que, después de todo, probablemente no era tan culpable.
No le ofrecieron disculpas y fue puesta en la calle de la cárcel el miércoles antes del amanecer el Día de la Independencia de México, cuando gran parte de la atención nacional se desviaba hacia la algarabía de las vacaciones.
Su caso ilustra el más egregio de las deficiencias de un sistema judicial anquilosado, dispuesto a castigar a los pobres mientras deja que los narcotraficantes más grandes del mundo continúen su sangrienta orgía sin que nadie les estorbe.
"En lo que a mí concierne, los perdono", dijo Francisco Marcial, una india otomí de 47 años y madre de seis niños, después de su liberación.
Se convirtió en una especie de causa célebre, defendida por Amnistía Internacional, que declaró que era una "prisionera de conciencia", junto con otras organizaciones de derechos humanos aquí y en el extranjero.
Los cargos contra Francisco Marcial se derivan de un incidente en marzo de 2006, en el central estado de Querétaro, cuando seis agentes de la policía federal, en un operativo contra la venta de Cds pirateados, entraron en una feria india al aire libre.
Allá, fueron arrinconados por un grupo de enfadados, pero no armados, vendedores ambulantes. Las autoridades dijeron que el grupo se negó a liberar a los agentes hasta que pagaron el ‘rescate’ de unos seis mil dólares. La gente de la ciudad niega que los agentes fueran hechos rehenes.
Aunque varios testigos declararon que no vieron a Francisco Marcial en el enfrentamiento, una foto de diario parece mostrarla en los márgenes de un grupo de comerciantes, protestando. Suficiente, a ojos de los jueces, para condenarla. Y no por cargos menores, como obstaculizar a la policía, sino por el cargo mucho más serio de secuestro.
Francisco Marcial y otras dos mujeres fueron detenidas algunos meses después del incidente y condenadas rápidamente. Los defensores de Francisco Marcial alegaron que ella nunca tuvo un juicio justo, no tuvo un representante legal durante gran parte de los procedimientos en su contra y nunca le proporcionaron un intérprete. Habla un poco de español, pero sus lecturas y prácticas en la lengua nacional son limitadas.
"Cuando oí que el cargo era secuestro, no sabía lo que significaba secuestro, no sabía nada", dijo en una entrevista de una serie esta semana.
La sentencia a veintiún años le cayó como un cubo de agua fría. Inicialmente la hizo avergonzarse, como si ella tuviera la culpa. "No quería que lo supiera nadie", dijo.
Más tarde se dio cuenta de que sólo podría lograr que su caso fuera revisado si lograba que el mundo se enterara de todo.
Finalmente en abril las organizaciones de derechos humanos persuadieron a un juez de que reabriera la causa y de oír la apelación de Francisco Marcial. A medida que aumentaba la presión nacional e internacional, la fiscalía concluyó este mes que había suficientes contradicciones en las declaraciones de los testigos y de los agentes federales para formarse una duda razonable sobre la culpabilidad de Francisco Marcial.
Un juez ordenó que fuera puesta en libertad.
Una organización local, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, que representó pro bono a Francisco Marcial, declaró que aunque celebraba su liberación, México "tiene muchas Jacintas".
"Queremos señalar las graves deficiencias de un sistema judicial que perjudica sobre todo a las mujeres y a la gente en situación de pobreza", dijo Luis Arriaga Valenzuela, un abogado que dirige la organización.
Francisco Marcial y organizaciones de derechos humanos están ahora volcando su atención a dos mujeres arrestadas y condenadas con ella, Alberta Alcántara y Teresa González. Funcionarios de la fiscalía dejaron en claro que la exoneración de Francisco Marcial no afectada esos casos.
Francisco Marcial también debe decidir si buscar compensación por los tres años perdidos.
"Lo peor", dijo, "fue estar tan lejos de mis hijos, de mi familia, por un crimen que no había cometido... Eso me hizo mucho daño".
Dijo que pensaba volver a su marido, a vender helados y refrescos en un puesto en el mismo mercado donde se metió en problemas hace tres años.

13 de octubre de 2009
19 de septiembre de 2009
©los angeles times
©traducción mQh
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