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testimonio de un hijo de desaparecidos


Hijo de desaparecidos brindó su testimonio. El hijo de Marta Benassi y Carlos Laluf apareció en una plaza de Santa Fe el 4 de septiembre de 1977. Lo criaron sus tíos maternos, quienes intuían que la pareja había desaparecido. La familia recibió cartas hasta marzo de 1978.
[Sonia Tessa] Rosario, Argentina. Carlos Ignacio Laluf tenía dos años cuando apareció en la plaza de Las Banderas de Santa Fe, el 4 de septiembre de 1977, con un bolso en el que había ropa y pañales en mal estado, un gato de peluche y cartas dirigidas a Carlos Laluf, su abuelo paterno y a Carlos Benassi, su tío materno. En esa carta, Carlos Laluf y Marta Benassi dejaban instrucciones para el cuidado del niño. Sus familiares intuyeron que la pareja había sido privada de la libertad, pero durante años no tuvieron certezas. Después supieron que los dos estuvieron secuestrados en la Quinta de Funes y aún hoy continúan desaparecidos. El pequeño, en los primeros tiempos de vida con sus tíos, vivía asustado, en estado de desasosiego. Si escuchaba una sirena, o gritos, se escondía debajo de la cama. Lloraba mucho, y acudía ansioso cuando sonaba el timbre. "Uno se aferra a querer estar con ellos. Lo mismo me pasaba cuando tocaban el timbre en mi casa. Siempre estaba ilusionado con que vinieran mis padres a buscarme. Cada vez que iba a la puerta, sufría una desilusión. Más allá de que nunca me faltó nada, me pasé muchos años esperando ese momento", dijo ayer sobre las secuelas del terrorismo de Estado en su vida. Por eso, al finalizar su testimonio ante el Tribunal Federal Oral número 1, afirmó: "Quiero decir que fui, soy y seré una víctima".
El testimonio de Carlos fue el último de la jornada de ayer del juicio oral y público de la causa Guerrieri. Antes habían declarado Alicia Genolet de Benassi y Carlos Benassi, quienes se hicieron cargo de la crianza del niño por expreso pedido de Marta, la hermana de Carlos. Alicia relató que habían salido a dar una vuelta ese domingo 4 de septiembre de 1977 y cuando llegaron a su casa encontraron en la puerta a Lita, la abuela paterna de Carlos Ignacio, con el nene de la mano. La mujer lloraba desconsolada y decía: "Algo pasó, algo pasó". Desde ese momento, Carlos Ignacio vivió con ellos. Alicia Genolet relató los indicadores del sufrimiento del niño, así como los esfuerzos de su familia para incorporarlo sin retacearle su identidad. "Marta era mi cuñada. Teníamos una relación muy cercana desde mi ingreso a la familia Benassi", relató la mujer.
Por eso, la posterior suspensión de las comunicaciones telefónicas fue otro indicio de que no eran libres. Tras reconstruir la historia, la familia supone que el secuestro se produjo entre el 18 de agosto y el 4 de septiembre de 1977, y que el niño estuvo secuestrado junto a sus padres, por eso llegó con la ropa tan deteriorada a Santa Fe.
Lo más desconcertante para la familia fueron las cartas. Hubo unas 13, desde el 4 de septiembre de 1977 hasta el 10 de marzo de 1978. En la primera misiva, la que llegó con Carlos Ignacio, Laluf y Benassi aseguraban estar bien, en un lugar seguro. Pero a su familia algo no le cerraba. La segunda la recibieron en noviembre de 1977. El intermediario de estos contactos era Carlos Laluf padre. La pareja recibía las cartas que sus familiares les escribían en una casilla postal a nombre de Miguel Vila, en la sucursal de correo número 3 de Rosario, en Ituzaingo 1059.
Laluf padre, fallecido en 2005, luchó hasta su muerte por saber el destino de su hijo y su cuñada. El fue quien dio testimonio ante la Conadep, en 1984, y quien intentó impulsar juicios, posteriormente abortados por las leyes de obediencia debida y punto final. Según los testimonios que se conocieron después de 1984, durante el tiempo que enviaron cartas, la pareja estuvo secuestrada en la Quinta de Funes. Laluf (hijo, estando secuestrado) viajó a México con un nombre falso en 1978, en la llamada Operación México, que procuraba matar a la cúpula montonera. Después del fracaso de ese intento, en enero de 1978, todos los secuestrados en la Quinta de Funes fueron trasladados a la escuela Magnasco y de ahí a La Intermedia, donde fueron asesinados, según contó a este diario uno de los imputados, Eduardo Costanzo.
El segundo testimonio de la mañana fue el de Carlos Benassi, cuyas palabras estuvieron cargadas de amor a su hermana. El testigo hizo explícito el homenaje a "don Laluf", cuya voz pudo oírse en el juicio en una entrevista que le hizo el periodista de Rosario/12, Juan Carlos Tizziani, y que él mismo reprodujo durante su testimonio en este proceso. El corresponsal de este diario en Santa Fe también había aportado copias de las cartas, que ayer fueron certificadas por el secretario Osvaldo Facciano, ya que Carlos llevó los originales.
Carlos recordó el "compromiso de vida" de su hermana, y más de una vez su voz se quebró. Cuando recordó a Laluf padre, por ejemplo, y también cuando la fiscal Mabel Colalongo le preguntó si algo en las comunicaciones le hacía suponer que Marta estaba privada de la libertad. "En cada una de las cartas de mi hermana se nota la desesperación y el destrozo que le provoca la separación de su hijo", dijo Benassi, quien citó que en la última misiva, Marta escribió: "Si no me reencuentro pronto con mi hijo voy a morir de tristeza". En ese momento, el hombre no pudo contener la emoción. "¿Comprende señorita fiscal?", expresó para subrayar que ése era un indicio claro de la situación de su hermana.
También indicó que si bien tanto los padres de Carlos como los de Marta recibieron llamadas telefónicas, que justamente los custodios de Carlos Ignacio no fueran contactados por esa vía era otro indicio de que los captores "estaban ejerciendo un control completo sobre ellos".
También Benassi subrayó que algunas cartas estaban fechadas en Asunción del Paraguay, San Pablo y Río de Janeiro, pero ese dato también era incierto para ellos, porque al mismo tiempo indicaban que "una familia amiga de Rosario" seguiría intermediando las comunicaciones. Después supieron que nunca hubo tal familia amiga y creen que la pareja tampoco estuvo fuera del país.
Benassi también recordó que junto a Laluf padre llegaron hasta Rosario, a la casa de Barra 2730, donde vivía la pareja antes del secuestro. "Fue después de que dejamos de tener noticias de ellos, en marzo del 78. Estuvimos durante mucho tiempo buscando el último domicilio, que yo no conocía y del que don Laluf tenía un recuerdo fugaz". Cuando finalmente encontraron el lugar, allí vivía una mujer. Ella les dijo que la casa se la había dado un militar amigo. Otra persona, una vecina de la pareja, les contó que primero se llevaron a las personas, y luego un camión del Ejército retiró los muebles de la casa. Cuando la fiscal le preguntó si la misma vecina les dio más detalles sobre el secuestro, Benassi lo negó. Sí subrayó que -según los dichos de la misma mujer su hermana era muy querida en el barrio, porque trabajaba como maestra particular. "Siempre estuvo en nosotros la esperanza de encontrarlos vivos", expresó emocionado el hermano de la víctima.
Un rato antes, su esposa había subrayado el valor de este juicio. "Esta es una oportunidad para nosotros de poner en lo público un sufrimiento familiar, para que se haga justicia, por Carlos Ignacio y por todos nosotros", dijo Alicia Genolet, la tía de aquel niño al que crió como una madre.

15 de octubre de 2009
©página 12
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