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homenaje a jesuitas asesinados


Durante la ceremonia en homenaje a los sacerdotes asesinados en 1989, el ministro del Interior dijo que el ejército está preparado para pedir perdón y que él está dispuesto a abrir los archivos militares a los investigadores.
[Alex Renderos y Tracy Wilkinson] Ciudad de México y San Salvador. En un signo de los extraordinarios cambios que se preparan en El Salvador, el lunes el gobierno otorgó la más importante medalla del país a seis sacerdotes jesuitas asesinados por el ejército hace exactamente veinte años.
Los gobiernos de extrema derecha que gobernaron El Salvador desde la guerra civil tradicionalmente han relegado a un pasado histórico que preferirían olvidar el caso de los jesuitas asesinados. Pero la elección en marzo de un nuevo presidente de un partido político de izquierda compuesto por ex guerrilleros define el marco del reconocimiento del lunes.
"Queremos que sea un acto en la recuperación de nuestra memoria colectiva", dijo el presidente Mauricio Funes en la ceremonia. "Para mí, este acto significa que corremos el pesado velo de la oscuridad y las mentiras para dejar pasar la luz de la justicia y la verdad. Empecemos a limpiar nuestra casa de su historia reciente".
Funes, ex periodista que como muchos salvadoreños fue educado por los jesuitas, entregó las medallas de oro a los familiares de los sacerdotes "por servicios extraordinarios prestados a la nación".
Para perplejidad de la audiencia, el ministro de defensa dijo entonces que el ejército estaba preparado para pedir perdón y que él estaba dispuesto a abrir los archivos militares a los investigadores judiciales -algo que los defensores de los sacerdotes han exigido desde hace largo tiempo, siendo rechazados firmemente por el ejército. El gobierno de Funes no ha ordenado una investigación.
"Si el gobierno me pide que abra los archivos, los abriré", dijo el ministro, el general David Munguia Payes, que luchó en la guerra contra las guerrillas y sirvió en las fuerzas armadas en 1980 como parte de la guardia presidencial.
El asesinato de los sacerdotes en 1989, junto con su cocinera y la joven hija de esta, fue un suceso fundamental en la larga guerra civil salvadoreña.
Los sacerdotes eran intelectuales altamente considerados, promotores de la justicia social y opositores a la guerra, y eran vistos por la derecha salvadoreña como subversivos de izquierda.
Entre ellos se encontraba Ignacio Ellacuria, español, que era uno de los intelectuales más importantes de la región y rector de la Universidad de América Central (UCA) en San Salvador.
Sus asesinatos provocaron indignación mundial; las fotografías de los sacerdotes tumbados boca abajo en el jardín de su modesta casa después de ser ultimados a tiros por soldados fueron algunas de las imágenes más estremecedoras de la guerra.
De cierto modo, fue una atrocidad marcada por el asesinato del Arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, que fue asesinado cuando decía misa en 1980. Su muerte es vista a menudo como el hito que inició la guerra civil, y el asesinato de los jesuitas el comienzo del fin.
Los asesinatos de 1989 rompieron finalmente el apoyo de larga data del gobierno norteamericano al ejército y gobiernos salvadoreños, que a su vez contribuyeron a forzar el fin de la guerra en 1992.
Una comisión nacional de la verdad, así como varias investigaciones internacionales, determinó que altos oficiales del ejército salvadoreño habían ordenado y luego encubierto el asesinato de los sacerdotes, a los que los militares acusaban de apoyar a las guerrillas.
Cuatro oficiales y cinco soldados fueron juzgados y condenados por su participación en los asesinatos. Sin embargo, todos los condenados estaban por debajo del rango de coronel y fueron liberados todos en 1993 en el marco de una ley de amnistía. Ningún militar de alto nivel fue procesado.
Existe la difundida sospecha en El Salvador y entre oficiales estadounidenses de que Roberto D’Aubuisson, uno de los fundadores del partido de extrema derecha Arena que gobernó El Salvador hasta este año, ordenó el asesinato de los jesuitas durante una reunión con otros funcionarios del partido en noviembre de 1989.
Una querella presentada el año pasado en un tribunal español está intentando que altos funcionarios militares y civiles rindan cuenta.
La semana entrante, abogados y testigos en representación de las familias de los jesuitas presentarán evidencias basadas en cientos de páginas desclasificadas de documentos oficiales estadounidenses de fines de los años ochenta y principios de los noventa.
Los documentos, que incluyen cables de la embajada estadounidense, militares y funcionarios de la CIA en El Salvador en Washington, describen el rol del ejército salvadoreño "en la planificación, orden y comisión de los asesinatos y su encubrimiento posterior", dijo Kate Doyle, investigadora del Archivo de Seguridad Nacional, una organización con sede en Washington que ha sido clave para sacar a la luz gran parte de la información.
La ceremonia el lunes en San Salvador atrajo a participantes de todo el mundo, incluyendo a activistas, figuras religiosas, periodistas de la época de la guerra civil en el país y el parlamentario estadounidense Jim McGovern (demócrata de Massachusetts), observador de la política exterior de EUA en América Central que ha exigido durante mucho tiempo un informe completo con el papel de los gobiernos salvadoreño y norteamericano en los asesinatos.
"Tuvimos que esperar veinte años para esto", dijo el Padre José Tojeira, rector de la UCA. "Esta es la primera vez que un gobierno salvadoreño reconoce pública y oficialmente el coraje, dignidad y servicios de este grupo de académicos y hombres de fe".
Sin embargo, hay muchos en El Salvador que critican a Funes no ir demasiado lejos en exigir una discusión pública completa del caso jesuita.
Los jesuitas "no necesitan homenajes", decía el lunes un editorial del más importante portal de noticias salvadoreño, El Faro. "Necesitan, y especialmente los que somos salvadoreños necesitamos saber la verdad... El nuevo gobierno... ha rehuido su obligación moral de exigir la apertura de una investigación".

23 de noviembre de 2009
17 de noviembre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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