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policía brasileña sigue matando


Human Rights Watch denuncia a policía de Brasil. Desde 2003, más de once mil personas han muerto a manos de las autoridades en Río de Janeiro y Sao Paulo. La organización dice que las fuerzas policiales se destacan por su corrupción y prácticas mafiosas.
[Chris Kraul y Marcelo Soares] Brasil. El asesinato por la policía de un oficinista y futuro padre de veintidós años, Jose Carlos Barbosa, en una barriada de Río de Janeiro antes este año no fue de ninguna manera un incidente aislado. Barbosa fue una de las once mil personas que, desde 2003, perdieron la vida en homicidios cometidos por las autoridades en esa ciudad y en Sao Paulo.
Estas espeluznantes cifras provocaron el martes las protestas y un llamado a reformar la policía brasileña de parte de la organización Human Rights Watch, de Nueva York, que describió a las fuerzas policiales de esas dos ciudades como plagadas por prácticas mafiosas.
José Miguel Vivanco, director Américas de la organización, dijo en una conferencia telefónica desde Río, donde se reunió con funcionarios locales, que un factor crucial de los asesinatos es que la policía tiene autoridad para investigar internamente todos los homicidios en que se ven implicadas autoridades policiales.
"Es el talón de Aquiles de la rendición de cuentas. Hay completa impunidad porque la policía protege a sus miembros", dijo Vivanco, agregando que una organización independiente debería investigar los homicidios que impliquen a policías.
La policía dice que la violencia refleja el difícil trabajo que tienen enfrentándose y conteniendo a pandillas de narcotraficantes fuertemente armadas que controlan las favelas urbanas donde ocurren la mayoría de las muertes. En octubre, pandilleros derribaron un helicóptero de la policía, causado la muerte de tres agentes a bordo.
Pero una investigación de dos años de Human Rights Watch sobre los homicidios a manos de la policía, que las autoridades a menudo definen como "legítima defensa", concluyó que una "parte substancial de las muertes fueron de hecho ejecuciones extrajudiciales".
Muchos asesinatos son cometidos por escuadrones de la muerte compuestos por policías en horas libres, para proteger sus territorios de otras bandas criminales, determinó la investigación.
Aunque la policía describió a Barbosa como un sospechoso de narcotráfico, según otros era un inocente transeúnte que quedó atrapado en una redada policial en marzo, en un tipo de operación en las que los policías de Río, dicen los observadores, disparan primero y preguntan después -si acaso preguntan.
"Todo el mundo en la calle se echó a correr. En ese momento iba pasando Jose, que vio una puerta abierta y entró", dijo un testigo, que pidió permanecer anónimo por miedo a las represalias de la policía". Un policía que estaba dentro empezó a disparar. Ni siquiera tuvo la posibilidad de decir que era un trabajador y un padre".
Margarida Pressburger, directora de la sección de derechos humanos del Colegio de Abogados de Río, dijo que la reluctancia a reconocer responsabilidades era típica. Acusó a la policía de no proteger a los testigos, muchos de los cuales se niegan a declarar en casos de homicidio debido a las amenazas de la policía.
Los homicidios cometidos por policías y otros actos violentos ilustran el reto que deben superar las autoridades locales con los Juegos Olímpicos de 2016. Aunque los altos niveles de violencia no son nada nuevo en las grandes ciudades brasileñas, estos incidentes han escalado en los últimos años a medida que Brasil se ha convertido en un centro de consumo y tráfico de cocaína.
En una declaración emitida después de la reunión con Vivanco, el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, dijo que su gobierno estaba haciendo progresos en su "reconquista de las barriadas para restablecer la ley y el orden".
"No existe una fórmula mágica para solucionar un problema tan complejo y antiguo como este", dijo Cabral.
El informe de Human Rights Watch observa que aunque las muertes cometidas en ‘legítima defensa’ en Río disminuyeron en un diez por ciento el año pasado -a 1.137-, la cifra todavía es alarmantemente alta.
Cualquier reforma llegará demasiado tarde para Barbosa, cuya hija nació tres días después de su muerte.
Según dijeron miembros de la organización de derechos, fue el segundo miembro de su familia en morir violentamente. Su hermano Marcos fue asesinado en agosto de 2008 por una pandilla después de que los soldados, que lo habían detenido por sospechas de ser un narcotraficante, lo entregaran para que lo torturaran y mataran.

16 de marzo de 2010
9 de diciembre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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