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la retaguardia de las madres


El gobierno distinguió a cuatro padres de desaparecidos. El Premio Azucena Villaflor fue entregado por la Presidenta a Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y a la memoria de Emilio Mignone, en reconocimiento a su apoyo a las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo.
[Alejandra Dandan] Argentina. Una voz fuera de escena iba presentando cada uno de esos rostros. Luego, ellos se acercaban hasta el escenario, "muy mayores", como se retrataron poco después, mientras le pedían a la Justicia poder "cerrar el permanente duelo que nos acompaña". Cristina Fernández y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, les entregaron a cada uno el premio Azucena Villaflor, el reconocimiento del Gobierno a la trayectoria en la lucha por los derechos humanos. El homenaje a quienes empiezan a ser nombrados como los Padres de la Plaza se entregó simbólicamente a cuatro de los que iniciaron el camino de denuncias contra la dictadura de Estado, acompañando desde atrás, en un segundo círculo expectante, a las Madres. Fueron Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y Emilio Mignone, cuyo reconocimiento lo recibió su nieto.
Detrás de la Presidenta se amuchaban funcionarios y ministros. Delante, al lado de Eduardo Jozami, director del Centro Cultural Haroldo Conti, aguardaba cada uno de los homenajeados.
"Somos la retaguardia asociada a la vanguardia ética que significaron las Madres de Plaza de Mayo", dijo Marcos Weinstein poco después, durante el acto. Los que mantenían un segundo círculo alrededor de las rondas de las Madres, siguiéndolas desde las recovas de alrededor de la Plaza de Mayo, vigilantes. Por eso el Premio se llama Azucena Villaflor, dijo, una de las catorce madres que en 1977 comenzaron a girar en torno de la Plaza.
Weinstein es el padre de Mauricio, su único hijo varón, un estudiante avanzado de la Escuela Carlos Pellegrini, militante de la JP y la UES, secuestrado el 19 de abril de 1978, con media docena de compañeros. Marcos trabajó desde entonces entre las Madres de Plaza de Mayo, en la APDH y, con su mujer, se sumó al Movimiento Judío por los Derechos Humanos.
Tras delinear los momentos más importantes de ese camino, Weinstein habló del presente, de "ese poder que vuelve a insinuarse ahora políticamente y nos debe alertar porque quiere promover el modelo de la impunidad". Como reclaman los organismos de derechos humanos, se paró para hablar de la lentitud de la Justicia, y fue entonces cuando recordó: "Pero somos muy mayores", para señalar un tiempo que se está acabando. "Permítannos cerrar el permanente duelo que nos acompaña, decir adiós y recuperar a los nietos desaparecidos con vida."
Ninguno de sus compañeros habló. Cuando cada uno era nombrado, se acercaban hasta la mesa donde CFK se paraba a entregarles la "Azucena".
Julio Morresi subió primero. Es el padre de Norberto, un militante de la UES que alguna vez, según su padre, cambió los entrenamientos de fútbol por el trabajo social en las villas. Julio dijo a veces que se sentía responsable de que Norberto haya sido tan peronista. Lo secuestraron el 23 de abril de 1976, a los 17 años, lo fusilaron y lo enterraron como NN en un cementerio de General Villegas. Su padre se acopló hace 33 años a la ronda de las Madres y pertenece a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.
Norberto Palermo se acercó enseguida. Es el padre de Norberto Hugo, que desapareció el 14 de octubre de 1975, a poco de obtener la baja del servicio militar en Campo de Mayo. Los militares le dieron franco cerca de las 23, pero nunca llegó a su casa. Su padre reconoció el cuerpo en la morgue del cementerio de San Miguel, aunque la policía le negó que fuera su hijo. Delante, parado en medio de la sala del centro cultural, Norberto escuchó el relato sobre sí mismo antes de tomar su flor.
Al final llamaron a Santiago, el nieto de Emilio Mignone. Su hija Mónica militaba en un grupo católico en el Bajo Flores, la secuestraron el 14 de mayo de 1976. Mignone, que venía de una larga experiencia en el campo educativo, se puso al servicio de los primeros años de trabajo de la APDH. En 1979 creó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
"El olvido no existe", dijo Weinstein citando a Jorge Luis Borges. "Nuestros hijos eran adolescentes idealistas, por gente como ellos estamos en esta tarea", con "nuestras familias amputadas y reconstruidas a través del afecto". En la sala, adelante, los que estaban sentados tenían en sus faldas remeras la leyenda de "Juicio y castigo". Cuando terminó de hablar Weinstein, antes de que tomara la palabra la Presidenta para anunciar su compromiso de acompañar las demandas que no prosperen hasta los Tribunales Internacionales de Justicia, las remeras quedaron a un lado. Los que estaban sentados se pararon. "Padres de la Plaza", les cantaron, "el pueblo los abraza".

26 de marzo de 2010
©página 12 
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