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testimonios del horror


Cuatro sobrevivientes de la dictadura dieron testimonio de la agonía de Alicia López. "Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias.
[Juan Carlos Tizziani] Santa F, Argentina. El Tribunal Oral de Santa Fe escuchó a cuatro sobrevivientes de la dictadura dar testimonio de la agonía de Alicia López en la seccional 4ª y uno de ellos aseguró que la vio en el calabozo de enfrente, inerte, bañada en sangre y cubierta por una manta. "Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias, entre octubre y noviembre de 1976.
Fueron los testimonios del horror. El miércoles, Alcides Schneider y Alejandro Córdoba, ya habían relatado cómo operaban los grupos de tareas en el centro de torturas e interrogatorios que comandaba Facino, uno de los más brutales del circuito represivo de Santa Fe. Y ayer, siguieron Pintos, José Schulman, Graciela Roselló, Hernán Gurvich y Vilma Cancián. Los siete sobrevivieron al martirio, pero cuatro -Córdoba, Pintos, Schulman y Roselló-, vieron con vida a Alicia López y hablaron con ella detrás de las paredes de la 4ª.
"Yo vi a Alicia en uno de los calabozos de la 4ª. Ella nos dijo cómo se llamaba", afirmó Pintos, un obrero de Reconquista que cayó el 16 de agosto de 1976 y dos semanas después, a principios de setiembre, lo trasladaron a Santa Fe, donde estuvo secuestrado cuatro meses en la comisaría 4ª. Aún sufre las secuelas de un ataque de presión que le provocó una hemiplegia y problemas motrices, pero sus dificultades no le impidieron dar testimonio del destino final de Alicia.
Era una tardecita, a fines del ’76. Alicia había sido secuestrada el 21 de octubre. Pintos ya estaba detenido en la 4ª, en un calabozo ciego. La única ventilación era una mirilla que los represores habían tapado con un cartón. Escuchó ruidos del otro lado de la puerta, se agachó y observó por debajo de la rendija. Y allí la vio. Era ella. "Era Alicia, tirada en el suelo, ensangrentada y tapada por una manta. Yo la vi porque habían dejado abierta la puerta de su calabozo", afirmó Pintos. El había guardado esas imágenes en su memoria durante 34 años y ayer pudo repetirlas, cara a cara, ante el Tribunal que juzga a Facino.

¿Usted confirma que vio muerta a Alicia López? le planteó el abogado de la querella.
Yo lo confirmo contestó Pintos.

La defensa de Facino chicaneó con algunas preguntas. "¿Cómo sabe que Alicia López estaba muerta?", quiso saber el defensor oficial Fernando Sánchez. "Yo la vi por debajo de la puerta. Era ella, toda ensangrentada. Estaba en el calabozo de enfrente", insistió Pintos.

Pero ¿qué le hizo pensar que estaba muerta? repitió Sánchez.
Yo la vi.

¿Y por qué usted supone que estaba muerta? se asoció la presidenta del Tribunal, María Ivon Vella.
Porque no se movía contestó Pintos.

El defensor de Facino pidió entonces que leyeran al testigo la declaración que había hecho en la instrucción de la causa, hace dos años, el 30 de julio de 2008, cuando relató el mismo hecho: vio a Alicia López en el calabozo de enfrente, cubierta con una manta. "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda ensangrentada", dijo entonces Pintos.
Sí, esa es la palabra exacta reconoció ayer. Y repitió: "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda llena de sangre. La pude ver porque dejaron la puerta del calabozo de ella abierta. Al otro día nos sacaron los cartones que tapaban las mirillas y ella ya no estaba. Nunca más la volví a ver", dijo Pintos, quien aceptó haber comentado el hecho a otros detenidos, Córdoba y Schulman.
La presidenta del Tribunal le pidió si podía agregar más detalles. Y Pintos dijo que el cuerpo de Alicia había sido dejado por tres o cuatro personas, a las que no pudo ver desde la rendija. "Dejaron a Alicia tirada en el suelo y se fueron", agregó.
Después, Schulman y Roselló ratificaron ante el Tribunal que también hablaron con Alicia, pared de por medio. Los dos y un compañero de ambos, Hernán Gurvich, cayeron el 12 de octubre de 1976. Schulman estuvo más tiempo en la 4ª, hasta mediados de noviembre. "Ví varias veces a Alicia López, tambalearse y caerse en ese pasillo que había entre los calabozos y el baño. Hablamos atrás de las paredes", dijo. "Alicia había sido violada en una celda de la 4ª y antes en La Casita", un centro clandestino que aún no fue localizado, agregó Schulman.
Graciela Roselló llegó a la 4ª encapuchada. La arrojaron en un calabozo. No sabía dónde estaba, hasta que la destabican y puede ver a otra mujer en el calabozo de enfrente. "Me llamo Alicia. Estamos en la comisaría 4ª", le dijo. Graciela le dijo entonces quién era. Y ella se sorprendió: "¿No me digas que sos la esposa de Schulman? Y gritó: "¡José me debes envidiar porque enfrente mío está tu señora!".
Alicia le contó entonces que era maestra, que militaba en las Ligas Agrarias y que estaba muy débil. Tiempo después, Graciela llegó a la Guardia de Infantería Reforzada, donde preguntó si alguien había visto a Alicia López. "Hay malas noticias", le dijeron. "Alicia fue la que más fuerza me dio. ’¡Aguantá, que vamos a salir!’, me decía. Y eso es lo que más dolor me provoca: yo pude salir y ella no. Pero no lograron doblegarnos. Por eso, estamos acá, para hablar por los que no pudieron hacerlo", concluyó Roselló.

25 de junio de 2010
©rosario 12
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