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padres de la plaza


Este jueves se estrena ‘Padres de la Plaza, 10 recorridos posibles’. El documental de Joaquín Daglio recorre, a través de los relatos de diez padres de desaparecidos, la búsqueda, la militancia de los hijos y el duelo. Testimonios que dan cuenta de un compromiso menos orgánico que el de las Madres, pero digno de ser conocido.
[Ana Bianco] Argentina. El documental ‘Padres de la Plaza 10 recorridos posibles’, del director debutante Joaquín Daglio, muestra a hombres que estuvieron a la altura de las circunstancias. La Plaza de Mayo es un lugar simbólico, del que las Madres se apoderaron. Pero los hombres las acompañaban en las proximidades de la plaza y además realizaban otras tareas que les permitían ir llenando el agujero producido por la desaparición de sus hijos/as. La película recorre a través de los relatos de diez padres, la desaparición, la búsqueda, la militancia de los hijos y un duelo inconcluso, inevitable cuando no existe un lugar para inscribir la muerte. Tres padres de desaparecidos, convocados por Página/12, comparten sus opiniones sobre el film que se estrena este jueves.
"Los padres nunca estuvimos ausentes –dice el abogado Rafael Beláustegui–, sino realizando otras tareas: averiguaciones ante las autoridades militares, judiciales (presentación de hábeas corpus) y eclesiásticas. En cuarteles, comisarías, hospitales, cementerios, y en cuanto lugar teníamos la esperanza de encontrar respuesta a la falaz iniquidad de que nuestros hijos estaban ‘desaparecidos’. Yo perdí a tres hijos con sus parejas, y dos nietos en gestación. Martín y Cristina el 26 de julio de 1976, día del cumpleaños (20) de mi hijo, que ese mismo día, por carta recibida en Brasil, me escribía que esperaban mi primer nieto; mi hija Valeria y Ricardo, el 13 de mayo de 1977 y José y Cristina el 30 de mayo, del mismo año. Era el día en que mi hijo José cumplía 23. Mis tres hijos eran militantes sociales activos, del ERP. La película nos muestra presentes, no orgánicamente, como las madres con sus simbólicos ‘pañuelos blancos’, pero sí cumpliendo otras funciones riesgosas y acompañando a nuestras mujeres en la Plaza. Algunos eran militantes, o participaban en los organismos de derechos humanos. Otros no, como yo, que vivía en Brasil y participaba en alguna marcha, aun en plena dictadura, cuando volvía en busca de mis hijos. Matilde, mi esposa, en permanente comunicación conmigo, vivía en Francia. Mis hijos se nutrieron de mis ideas políticas de juventud y de los libros marxistas que me ‘sustraían’ de la biblioteca. No me arrepiento de ello, a pesar del trágico final que tuvieron. Daglio y su equipo merecen reconocimiento; la película quedará como un aporte para la verdad histórica del tenebroso período militar que pretendió hacer ‘desaparecer’ a esa juventud y, en realidad, los mataron para darles vida eterna en las futuras generaciones."
"En el campo de concentración de Treblinka una frase dice: ‘Escribid, que eso queda’ –afirma Marcos Weinstein, quien con su 82 años continúa ejerciendo como psiquiatra–. Y como el cine es literatura en imágenes, acepté participar para dar difusión a la temática de los derechos humanos, con la que estoy comprometido. Mi hijo Mauricio era militante de la UES, fue secuestrado el 19 de abril de 1978, a los 18 años. A partir de ahí consulté con la APDH y con las Madres. Declaré en el ’85 en el juicio a las Juntas. Comenzamos a planificar la creación de la Fundación Memoria Histórica y Social Argentina, con otros afectados que no coincidían con los organismos, que se seguían dividiendo. Con Mauricio Brodsky trabajamos en la Asociación de Familiares de Desaparecidos Judíos. La película aporta el mensaje del compromiso de los familiares durante el período de la dictadura y después en las organizaciones. Son fracciones de historias de vida, de tantos argentinos que fuimos víctimas de la dictadura. Las historias muestran un perfil diferente de cada uno de nosotros y asimismo del desaparecido, como una forma de preservar su identidad y no sólo la figura, como se hacía al principio en las marchas: un cuerpo vacío."
Oscar Hueravilo es chileno, mapuche, se reconoce marxista de toda la vida y dice: "Los padres nos automarginamos por el temor a caer presos. De los padres de la película me duele nombrar a Mario Belli, un gran luchador y compañero que ya no está. Nos conocemos desde la época en que íbamos a la Liga Argentina por los Derechos Humanos y después a Familiares, del que soy uno de los fundadores. Me encantó que Joaquín, el director, se preguntara qué pasaba con los padres, dónde estaban, y empezara a investigar, a buscar a los viejos militantes hasta llegar a mi casa en Berazategui. Relato el secuestro de mi hijo ‘Taro’ y de mi nuera y la historia de mi nieto recuperado. Cuando la vimos con mi nieto en una privada, me emocioné y lloré durante toda la película. No por cobardía, sino por dolor e impotencia ante los genocidas. Me fui del PC en el ’79. Me dolió la posición de los dirigentes del PC, que fueron poco solidarios con sus desaparecidos. Mi hijo era un cuadro político, estaba estudiando Derecho y mi nuera era maestra. Los padres de la película reivindican la lucha popular de sus hijos/as o yernos antes y después de la dictadura. Además exigen que los gobiernos de turno sigan haciendo juicios. El sufrimiento que sentimos es similar. Emiliano nació el 11 de agosto en la ESMA. Mirta lo amamantó durante 22 días y después la ‘trasladaron’. Mi esposa y yo militábamos y además yo era delegado en la construcción. Mi hijo de chico no tenía con quién jugar y en mi casa yo escondía los libros, folletos y los diarios del partido para que él no los viera. Estaba terminando la primaria y un vecino me dijo que lo había visto a ‘Taro’ en la marcha de los docentes con su maestra. El había leído todos los libros que yo escondía. ¡Qué chico! Antes me enojaba y ahora me río".
13 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
©página 12
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