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aumenta amenaza neo-nazi en hungría


Gitanos residentes en un pueblo húngaro describen al grupo de vigilantes de extrema derecha que ha estado patrullando sus calles.
Hungría. La extrema derecha húngara se prepara para iniciar una campaña de intimidación contra los gitanos después de encontrar apenas resistencia a su misión de ‘ley y orden’ en Gyongyospata, un pueblo húngaro de 2.800 habitantes a ochenta kilómetros al nordeste de Budapest.
Por un Futuro Mejor , una organización paramilitar que deriva su nombre de un eslogan del movimiento juvenil nazi, entró al pueblo a principios de mes. Realizó patrullas a pie y en patrulleros, siguió a los gitanos en el pueblo y les impidió que entraran a comprar a las tiendas.
El 10 de marzo, las intimidaciones alcanzaron su punto más álgido cuando mil neo-nazis uniformados marcharon por el pueblo, algunos, según se dijo, armados con perros, látigos y cadenas.
Por temor, muchos gitanos no salieron de sus casas ni llevaron a sus hijos a la escuela. El alcalde del pueblo, Laszlo Tabi, que es oficialmente independiente, los admitió, se dice, porque la policía se desentendía.
"Lloré cuando los vi marchar por la calle", dice Janos Farkas, portavoz de la comunidad de cerca de 450 gitanos asentada junto a un camino de tierra en un estrecho valle al borde del pueblo. Muchas de las destartaladas casas no tienen agua del grifo y pocos de sus habitantes tienen un empleo.
"No sé cómo puede pasar esto en un país democrático. La policía hace acto de presencia ahora, pero ¿por qué los dejaron hacer lo que quisieron durante tres semanas?", pregunta Farkas.
No se ha hecho nada para impedir que los vigilantes reinicien sus actividades aquí ni para impedir que surjan en otro lugar.

Un Ejemplo Nacional
"Parece un conflicto local, pero en realidad es nacional", dice Kristof Szombati, de La Política Puede Ser Diferente, un partido liberal verde. En cuanto a esto, la extrema derecha está de acuerdo con él.
Gyongyospata es un "ejemplo de situaciones futuras", dice Gabor Vona, líder del partido de extrema derecha Jobbik, que está detrás de la intervención uniformada, en una rueda de prensa en la sala consistorial del pueblo. Su partido espera utilizar la campaña vigilante para marcar el primer aniversario de su entrada en el parlamento, con diecisiete por ciento de los votos, este próximo mes.
Entre las áreas seleccionadas para ser ocupada por los vigilantes está Hajduhadhaz, una ciudad de trece mil habitantes al este.
"La policía no tiene suficiente poder para controlar la situación", dice Gabor Kovacs, un voluntario vigilante nacido en Gyongyospata, con un uniforme totalmente negro, jugando con su gorra de béisbol.
"Los gitanos han robado verduras y uvas", dice, aunque explica que la identidad de los culpables es rara vez conocida, debido a que los robos ocurren por la noche cuando las víctimas duermen.
"Tenemos una buena relación con la policía. También recibo críticas, pero no quiero hablar sobre ellas en público", dice Vona. La policía del condado sabe que se ha formado una rama local permanente del movimiento vigilante.
"Me siento mejor con las patrullas de Por un Destino mejor que con las de la policía", dice una vecina no gitana, negándose a dar su nombre por temor a ser descubierta por sus vecinos gitanos. Dice que los gitanos entraron por encima de la valla para robarle dos gallinas, una este año.
"No puedo descansar ni un solo segundo porque los gitanos podrían venir aquí a quemarme la casa". La mejor solución, dice, sería "llevárselos".
Su vecina de edad mediana, Sandor Torok, prefiere acciones mucho menos drásticas. A ella le robaron una sierra eléctrica de su patio a fines de enero y la recuperó después de tres horas cuando ofreció a un niño gitano pagarle cinco mil forint (veintiséis dólares) de recompensa por su recuperación.
Circulan entre los vecinos no gitanos acusaciones de delitos más graves cometidos por los gitanos, pero ninguna de ellas pudo ser confirmada. Se cuenta que un viejo no gitano se suicidó porque pensaba que unos gitanos iban a convertirse en sus vecinos. Según un oficinista del ayuntamiento, unos gitanos golpearon a una joven maestra, aunque una de sus colegas dijo que no se había enterado de ningún incidente.
"Los gitanos llevan más de quinientos años viviendo aquí y han respetado siempre la ley. Sólo uno o dos chicos han hecho algo mal", dice Farkas.
Tampoco hay evidencias de que hayan aumentado en Gyongyospata los delitos menos graves, pero la crisis económica han aumentado el valor de las posesiones de todos los días y la extrema derecha celebra la posibilidad de sacar provecho de la nueva sensibilidad.
6 de mayo de 2011
28 de marzo de 2011
©al jazeera
cc traducción mQh

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