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caso noble más cerca de la verdad


Caso Noble. Carlotto confía en que las declaraciones de Bandini ayuden a esclarecer el caso.
Argentina. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, afirmó que espera "hoy más que nunca" que "pueda conocerse la verdad" en cuanto a la identidad de los hijos de Ernestina Herrera de Noble, la dueña del Grupo Clarín, luego de que el ex secretario de Redacción del matutino, Gregorio Bandini, declarara ante la Justicia que "la adopción fue un plan ideado por (Rogelio) Frigerio para contrarrestar el avance de la ex mujer de Noble", en la causa que investiga si Marcela y Felipe fueron apropiados durante la última dictadura militar.
Bandini se refirió a la primera esposa de Roberto Noble -Marta Guadalupe Zapata- y al juicio sucesorio que luego de la muerte del propietario de Clarín la dejaría al frente de la empresa.
"No me sorprende esa declaración porque entre las suposiciones que se han manejado respecto a estas adopciones irregulares era que respondían a una cuestión económica", explicó la titular de Abuelas.
Según Carlotto, esta situación se "sumaría a otros hechos delictivos del grupo, como la compra de Papel Prensa", efectuada durante la dictadura militar y que la justicia investiga si se realizó de manera irregular, incluso si se cometieron delitos de lesa humanidad.
En su declaración de ayer ante la jueza Sandra Arroyo Salgado, el ex empleado de Clarín declaró que Ernestina Herrera -segunda esposa del fundador del diario- "estuvo a punto de perder el diario" por "el juicio terrorífico" que significó la sucesión.
Para Carlotto, la situación de Marcela y Felipe Noble Herrera representa "una trama muy dura", por ser "dos criaturas que se encuentran en medio de especulaciones y manipulaciones de parte de quienes dicen quererlos bien".
"Ojalá que esto contribuya para que quieran voluntariamente poner fin a esta situación que lleva casi 10 años", se entusiasmó la presidenta de Abuelas y confió en que "le digan a la jueza que se quieren extraer sangre y se la analice en el Banco Nacional de Datos Genéticos, que es donde la ley establece".
"Qué bueno sería que se aporten nuevas muestras de sangre para terminar con tanta especulación y que por fin las abuelas podamos saber si son los nietos que estamos buscando", afirmó Carlotto.
1 de diciembre de 2010
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causa por robo de bebés


Elevan a juicio la primera causa por robo de bebés durante la última dictadura en Entre Ríos. El juez federal de Paraná Gustavo Zonis elevó a juicio oral y público la primera causa por sustracción de menores en Entre Ríos durante la última dictadura militar, por la que serán juzgados seis represores, entre ellos el ex teniente coronel y agente de inteligencia Pascual Guerrieri.
Argentina. Se trata del caso de Raquel Negro, detenida-desaparecida en el campo de concentración de Rosario conocido como ‘Quinta de Funes’ y quien dio a luz a mellizos en el Hospital Militar de Paraná.
El magistrado hizo lugar al pedido de elevación a juicio que en septiembre pasado plantearon los fiscales José Candioti y Mario Silva, y elevó la causa al Tribunal Oral Federal de Paraná para que fije fecha de inicio del debate.
Negro y su pareja, Tulio Valenzuela, estuvieron secuestrados en ‘Quinta de Funes’, una casona en las afueras de Rosario que estaba bajo las órdenes del fallecido ex presidente de facto Leopoldo Galtieri.
La mujer fue trasladada al Hospital Militar de Paraná donde dio a luz a dos mellizos, uno de los cuales falleció en el parto, según declararon en la causa dos enfermeras que asistieron a Negro. Su hija fue apropiada e inscripta como Sabrina Gullino, quien en 2008 recuperó su identidad.
Por el hecho serán juzgados Guerrieri, los ex agentes de inteligencia del Segundo Cuerpo de Ejército de Rosario Walter Pagano, Juan Amelong, Héctor González y Jorge Fariña y el médico Juan Antonio Zacarías. Todos están acusados del delito de sustracción de menor de 10 años y supresión de identidad.
1 de diciembre de 2010
30 de noviembre de 2010
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a juicio ladrones de bebé


Un represor y su esposa serán juzgados por el robo de una beba durante la dictadura.
Argentina. El Tribunal Oral en lo Criminal Federal 5 de San Martín juzgará a Luis José Richiutti, ex miembro del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, y Élida Renne Hermann, su esposa, ambos acusados de la apropiación y cambio de identidad de la hija biológica del matrimonio formado por Beatriz Recchia [en la foto, con García], desaparecida, y Antonio García, asesinado. La beba nació en el centro clandestino de detención ‘El Campito’.
El juicio comenzará mañana a las 9 en el Auditorio Municipal de San Martín, ubicado en Sáenz Peña 4151, de la localidad de José León Suárez.
De militancia en grupos católicos y maestros de profesión, Recchia y García derivaron a la militancia en la organización de origen peronista Montoneros, donde sus compañeros los conocieron por los sobrenombres ‘Tina’ y ‘Nito’ o ‘Sebastián’.
El 12 de enero de 1977, militares vestidos de civil irrumpieron en la vivienda familiar, localidad de Villa Adelina, y se produjo un tiroteo en el cual García murió y dos oficiales resultaron heridos.
Luego los militares se llevaron secuestrada a Recchia, que estaba embarazada de cinco meses, y a la hija de la pareja, Juliana Inés, de tres años, que días más tarde fue entregada a la familia materna.
La mujer fue secuestrada en ‘El Campito’, campo de concentración que funcionó en la base militar Campo de Mayo, donde en mayo de 1977 dio a luz a su segunda hija y desde entonces permanece desaparecida.
Ricchiutti y Hermann están acusados de los delitos de sustracción, ocultamiento y retención de la hija del matrimonio García-Recchia, así como de falsificación de la partida de nacimiento con la que se inscribió a la niña como hija biológica, supresión de estado civil e identidad.
Juliana Inés García Recchia, hija mayor del matrimonio y hermana de la víctima, participó activamente con Abuelas de Plaza de Mayo en las campañas de restitución de hijos desaparecidos, y se ha constituido como querellante en este juicio a Ricchiutti y Hermann.
1 de diciembre de 2010
30 de noviembre de 2010
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declaró juan bocanera


Por qué ahora.

Argentina. Juan Carlos Bocanera era estudiante de Medicina cuando lo secuestraron, el 28 de octubre de 1976. Lo subieron a un auto a los golpes, y escuchó una voz que decía: "A éste dejámelo a mí que lo conozco bien". Después supo que era Lofiego en la foto], a quien había cruzado en un examen de Farmacología en la Facultad. "Me había llamado la atención porque a mí no me daba el tiempo para escribir todo lo que había que poner en el examen, y él no escribía nada, tenía la hoja en blanco", recordó el testigo. Fue su primera declaración ante la justicia por los delitos de lesa humanidad de los que fue víctima y testigo. "No declaré antes porque no creí en las Magdalenas Ruíz Guiñazú ni en los (Julio César) Strassera. Declaró hoy porque creo que hay vientos de cambio. Básicamente, creo que hay una posta en esto de la memoria, porque sin memoria no va a haber olvido. Por aquellos que no pueden hablar, porque no están, para devolverles la dignidad que quisieron robarnos a todos", dijo el testigo, que luego de salir en libertad se recibió de médico.
Cuando llegó al Servicio de Informaciones, lo llevaron a un pasillo al que luego, los detenidos según contó Bocanera, lo llamaron bulevar Perdiste, porque allí los ponían cada vez que los llevaban a la tortura. Una vez más, los lazos de solidaridad y humor de los detenidos se colaron en la declaración. Y el horror. "En la camilla de metal nos ataban de los cuatro miembros y nos tiraban agua. Casi todas las noches de casi un mes me torturaron, con sesiones de ablande, a veces sin interrogatorio, por pura diversión", relató.
En su declaración recordó a compañeros desaparecidos. A Santiago Guito Werle, lo torturaron. A su lado, Bocanera se desmayó, y al despertar escuchó que lo movían, y decían: "Este no va más". Lo envolvieron y lo sacaron. Werle estaba muerto, por la tortura.
Después de un mes lo bajaron al sótano. Ahí conoció a Marisol, una chica con la que hablaron toda una noche. También recordó al flaco Giusti y a un chico que le decían Galleguito (Horacio Melilli), que tenía una tremenda úlcera, producto de las torturas. Un día, no lo vio más. Una vez, Giusti, que tenía cierta libertad para subir y bajar en el centro clandestino, lo llamó para que viera a un joven que estaba en el baño. "Era una cosa que nunca había visto, los genitales eran una sola llaga. Le habían quemado la zona con un soplete", relató ayer Bocanera. Como era estudiante de medicina, los propios compañeros le pedían que curara, o al menos aliviara, los dolores, aunque sin ningún elemento para hacerlo. 
El 6 de enero lo trasladaron a Coronda, donde cesaron las torturas físicas. "Si alguien cree que la tortura pasa únicamente por el dolor -explicó- y se termina con la picana, está totalmente equivocado. La vida nuestra cambió. Estamos todos los días reconstruyendo nuestra vida".

1 de diciembre de 2010
30 de noviembre de 2010
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secuestrado a los quince


El ‘Guri’ Gómez declaró que fue delatado por Ricardo Chomicky. Lo secuestraron en una villa de emergencia donde vivía. Supo que lo había delatado Chomicky, a quien hasta esa misma mañana había refugiado en su casa. "Su impunidad estaba ligada a nuestro exterminio", recordó ayer el testigo.
Argentina. A Juan Carlos Ramos le dicen ‘El Gurí’. Tenía 15 años cuando fue secuestrado, el 1º de diciembre de 1976, en la villa de emergencia en la que vivía. Lo llevaron junto a su padre, Generoso Ramos Peralta, que era albañil. Supo que lo había delatado Ricardo Chomicky, a quien hasta esa misma mañana había refugiado en su casa. Primero, lo vio tirado en el auto, esposado, pero al llegar al Servicio de Informaciones supo que el que creía su compañero se movía con libertad en el centro clandestino de detención. El Gurí era "una criatura" que militaba en tareas sociales en su barrio. Lo torturaron incesantemente, al igual que a su padre, que murió sin ver actuar a la justicia. "En el caso tuyo, Cadi, vos te pasaste para el enemigo", le dijo el testigo a Chomicky. También recordó a dos desaparecidos, Carlos Izaguirre y a un joven de apellido Núñez. "Cadi, vos los delataste y están muertos. Los fuiste a buscar como a mí", dijo. También afirmó que a Chomicky "no lo torturaron, jamás vi que recibiera ni una cachetada. Su impunidad estaba ligada a nuestro exterminio". En un momento, se dio vuelta para interpelarlo: "Cadi, hablá". El presidente del Tribunal Federal Oral número 2, Otmar Paulucci, le pidió que mirara a los jueces. "Este Tribunal y el Estado nacional te van a garantizar la seguridad desde todo punto de vista", agregó el Gurí, en un pedido para que el acusado devele el destino de los desaparecidos. A los magistrados, les dijo que Chomicky "no fue un torturado ni un preso más".
Ramos había sido privado de su libertad en julio de 1976, también en el Servicio de Informaciones. "Vengo de una familia muy humilde. Vivía en una villa de emergencia en Urquiza y Felipe Moré. Mi papá era albañil y mi mamá, ama de casa. Trabajé desde muy niño y estudiaba. Mi padre militaba en la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA). Al barrio llegó un grupo de jóvenes que venía a hacer militancia social y política. Tareas sociales. Ponían agua, se dedicaban a tener un dispensario, atendían necesidades", relató el Gurí, que empezó a militar a los 12 años y dijo que su hijo se llama Sergio Oscar por dos compañeros de militancia, Sergio Jalil y Oscar Bouvier, desaparecidos cuyos restos pudieron recuperarse recientemente. Entre el público, Sergio Oscar Ramos, el hijo, lloró desconsoladamente durante la declaración.
En esa primera detención, El Gurí pudo escuchar los nombres de los torturadores el Ciego (José Rubén Lofiego), la Pirincha (César Peralta), el Cura (Mario Marcote). También escuchó a Tu Sam (Carlos Brunato), que había sido detenido y ahora formaba parte de la fuerza represiva. El Gurí recuperó la libertad a los cinco días.
En ese momento del testimonio, comenzó a mentar a Chomicky. "Leí en Rosario/12 que el acusado Chomicky dice que denunció a mi padre como colaborador. El Cadi me conoce perfectamente, porque yo era militante, y él asistía al barrio. Luego de mi primera detención, fui a parar a su casa. Estuve tres días hasta que volví a mi domicilio. No sabía ni tenía sospechas de que estuviera trabajando, fuera delator, denunciante, traidor, más allá de lo que significan esos términos", dijo ayer sobre el acusado. Luego, la familia del Gurí se mudó, por seguridad. Allí, en su nueva casa, apareció Chomicky, sin saber la dirección, ya que nadie se la había dicho. "Nos pide un lugar para estar, él y su novia, la polaca (Nidia Folch). Nosotros no teníamos problemas, porque eran compañeros".
El secuestro del Gurí fue el 1º de diciembre de 1976, el mismo día que Chomicky declaró haber sido secuestrado, en su indagatoria del 6 de octubre pasado. "Acababa de volver del trabajo, en ese tiempo estaba trabajando de verdulero. De golpe, a las 12.45 o 13.15, vemos autos con personas armadas que bajan de golpe. Empezaron a golpearme, me preguntaron por Ricky, me di cuenta que me había delatado Chomicky", dijo ayer el Gurí, que ese día lo vio en el auto, con las manos atadas. Una vez en el SI, pudo percibir que su delator caminaba indemne, con los brazos libres.
"Subí por la escalera del Servicio de Informaciones, y apenas subí, ya estaba vendado. Escuché las carcajadas de la Polaca, y parecía que ella misma escribía a máquina. El nivel de colaboración era muy alto. Se habían ido a las 9 de la mañana de mi casa", dijo El Gurí, quien consideró que los dos debían colaborar con la fuerza represiva desde antes de esa fecha.
En ese entonces, El Gurí -de sólo 15 años era "muy flaquito, muy esmirriado". En un momento, lo tiraron encima de su padre, a quien le dijeron que el adolescente estaba muerto. Desesperado, Generoso -que también había sido golpeado y torturado salvajemente trataba de palparle el corazón para ver si estaba vivo. Allí, el Gurí se encontró con Pedro (Carlos Izaguirre) y Joaquín (Nuñez), los dos muy torturados, quienes habían sido delatados por Chomicky. A Joaquín le habían quemado los testículos con un soplete. El Gurí también estaba semi inconsciente por la tortura. En ese momento de su declaración, el testigo increpó al acusado. "Cadi, vos los delataste, y están muertos. Los fuiste a buscar como a mí", le dijo.
El Gurí formaba parte de un grupo infortunado, los que eran torturados todos los días. Eduardo Bertolino, el cabezón Carlos Pérez Rizzo, Eduardo Piccolo, él y su padre, sabían que iban a pasar por los tormentos uno detrás de otro, y sufrían desde el momento que escuchaban el primer nombre. Pero además, "la mayor tortura" era escuchar cómo atormentaban a otros compañeros todo el tiempo.
Al Gurí lo bajaron al sótano el 5 de enero de 1977, y al día siguiente lo trasladaron a Coronda. El 22 de diciembre de 1978 recuperó la libertad, condicional y vigilada. Tenía que ir tres veces por semana a la Jefatura, donde lo habían torturado, para que le firmaran una libreta. Allí, Lofiego se mofó de cuánto había crecido durante su detención. Y un oficial apodado Tony lo aterrorizaba. Luego supo que se llamaba Antonio Tuttolomondo el que siempre le decía que debería estar muerto.
"Tuvieron que pasar 30 años para que nosotros tuviéramos nuestra oportunidad, para que pudiéramos recuperar no sólo la verdad jurídica sino también la verdad histórica", dijo ayer. Y dio un golpe al corazón: "Es probable que ahí atrás (por el público), el hijo de Oscar Bouvier se esté saludando con mi hijo, que se llama Oscar por su papá".
Para él, el tiempo histórico actual es invalorable. "Si nos equivocamos, no significa la muerte de nadie. Sirve para crecer. En aquél momento, equivocarse significaba la muerte", dijo. Las caras de Paulucci y Beatriz Barabani eran elocuentes sobre la conmoción que provocaban las palabras de aquel adolescente de 15 años. "Torturaban a un pibe que se dedicaba a poner agua en el barrio, ¿ese era el guerrillero peligroso? Nos siguieron torturando en los años posteriores, porque todavía no nos dicen donde están nuestros compañeros", concluyó.
1 de diciembre de 2010
30 de noviembre de 2010
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fernández sobre muniz barreto


El relato de Fernández. Las pruebas.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Juanjo (Juan José Fernández) era el secretario y chofer de Muniz Barreto y Diego no era un hombre de establecer distinciones en función de lo laboral, si íbamos a comer Juanjo se sentaba a la mesa. Si nos reuníamos estaba al lado de Diego. Muniz Barreto no sabía manejar, o si sabía era muy mal conductor, pero lo cierto es que su auto era conducido por él; los fines de semana, se alojaba en la quinta de Escobar", recordó Eduardo Luis Duhalde ante el tribunal que juzga, entre otros, a Luis Abelardo Patti, por el secuestro y asesinato del ex diputado nacional.
Juanjo era un joven de alrededor de 23 años. Fornido, ex rugbier y tenía, dijo el secretario de Derechos Humanos, casi una relación filial con Muniz Barreto. En febrero del ’77 ya les había llegado la noticia del secuestro de Diego. Y luego la noticia del crimen. "Más o menos para junio, Fernández apareció en Madrid muy mal psíquicamente y muy mal físicamente, muy abatido y yo diría con cierto sentimiento de culpa de no haber podido salvar a Muniz Barreto de adentro del coche."
En Madrid, Fernández habló con él, pero también con Gustavo Roca y con su hijo que ayer declaró en la audiencia. Juanjo permaneció durante los dos primeros meses alojado en casa de ellos. "No lo vimos exclusivamente durante el testimonio –dijo Duhalde–, sino que compartimos algunos encuentros con él, en los que volvía obsesivamente al tema del secuestro."
Duhalde habló entonces del relato de la comisaría, de Campo de Mayo. De cómo conocían muy bien la zona porque también Fernández era de Bella Vista, cerca de ahí. "En fin, ninguna duda tenía Fernández de que había estado en Campo de Mayo, primero aislado y muy torturado, sobre todo Muniz Barreto, y luego llevado a un pabellón o lugar con otros hombres o mujeres."
En el testimonio, además nombró a un oficial de calle, dijo Duhalde. "Decía el nombre de Patti, fue ese nombre en el que no se sabía si ése era el sobrenombre o el apellido, pero ninguna duda me cabe de que él decía que había entrado a la carnicería donde ellos estaban comprando carne para ese fin de semana." Y siguió: "El me decía que creía que había entrado casualmente pero yo le decía que tal vez los había reconocido y por eso había entrado, pero eran conjeturas que uno hacía como interpretación de los acontecimientos: pero el señalamiento de Fernández existió". Fernández murió en el exilio por problemas cardíacos.
Ese mismo vínculo de Patti con el secuestro lo confirmó más tarde durante la audiencia el hijo de Roca. También la mujer de Roca. Ambos dijeron que Fernández habló de Patti en su testimonio. Y el escribano que por entonces era amigo personal de Fernández, Salvador María Viale, ratificó en la audiencia que asistió a su primer relato, confirmó la existencia de los documentos. También declaró el hermano de Fernández y Hugo Jaime, un militante de la zona de Escobar de aquellos años que dio referencias de la presencia en la zona de Patti.
1 de diciembre de 2010
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habló olga cabrera hansen


Fue clave en la reconstrucción del "rompecabezas siniestro" de la represión. La abogada Olga Cabrera Hansen contó ante al Tribunal Oral Federal lo que vivió a partir de su secuestro a fines de 1976. No fue una testigo más, sino alguien que encarna la historia misma de la causa que investiga el terrorismo de Estado en la región.
[Sonia Tessa] Argentina. No fue una testigo más, sino alguien que encarna la historia misma de la causa que investiga el terrorismo de Estado en la región. La abogada Olga Cabrera Hansen se sentó ayer frente al Tribunal Oral Federal para contar lo que vivió a partir de su secuestro, a fines de 1976. Cuando fue liberada, en 1978, no se quedó paralizada. Se acercó a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y comenzó a atar cabos, relacionar familiares de desaparecidos con ex detenidos, para reconstruir los derroteros en lo que ayer llamó "ese rompecabezas siniestro". Junto a su colega Delia Rodríguez Araya investigaron denuncias y dieron forma a la causa Feced, que se inició en enero de 1984 en los tribunales provinciales. Sobre Delia, ya fallecida, dijo que agradecía a la vida haberla conocido. La recordó valiente y decidida. Entre las dificultades de la investigación, mencionó el robo al juzgado del juez Martínez Fermoselle, en 1986, cuando sustrajeron elementos de prueba que ellas habían obtenido con mucho trabajo. Recordó que entonces, cada vez que proponían un allanamiento, la información se filtraba. Para evitarlo, Olga y Delia subían al auto con el juez, y recién en el camino le decían adónde iban. Cabrera Hansen integró la CONADEP y escribió el capítulo del ‘Nunca Más’ dedicado a la provincia. Recordó con amargura el punto final, la obediencia debida y el indulto. "Ahora ha renacido la esperanza de que esto termine de una vez, porque yo llevo más de 30 años esperando que ustedes resuelvan", dijo la testigo. En ese único momento se emocionó. Casi al final, afirmó que el pormenorizado relato tenía un solo sentido: la condena en cárcel común a "los que quedan de los responsables" de la represión ilegal.
El testimonio de Olga Cabrera Hansen se retrotrajo antes de su secuestro. "Mis penurias comenzaron antes del 24 de marzo de 1976. Yo era abogada, y en septiembre de 1975 pusieron una bomba en mi estudio. Unos días antes del golpe, en febrero, volaron mi casa con otra bomba. A fines de 1976, el Ejército me detuvo. Era la mañana temprano, estaba en mi casa con mis tres hijos y había venido una persona, el ingeniero Eduardo Carafa, por un tema jurídico. Nos llevaron en carros de asalto. Quedaron mis tres hijos en el patio. El mayor tenía 10 años", comenzó su testimonio.
A la Jefatura de policía entraron por San Lorenzo, y el Fiat que la traía dobló a la izquierda, hasta llegar a la esquina de Dorrego. La vendaron, la llevaron a un lugar del Servicio de Informaciones donde escuchaba gritos "horribles" y golpes hacia Carafa. "Le estaban aplicando picana. Le preguntaban adonde estaba el que en aquel momento era mi marido. Pero él no sabía nada", rememoró Cabrera Hansen. Lo liberaron después de 20 días, con las costillas rotas y los ojos dañados por la picana eléctrica.
A Cabrera Hansen la interrogaron entre otros, el interventor de la policía rosarina Agustín Feced y el Ciego, José Rubén Lofiego, que "era el que armaba la información". La pusieron en un pasillo. Estuvo varios días en ese lugar, donde escuchaba permanentemente cómo se torturaba. Algunos días después, y tras varios interrogatorios, la pasaron al sótano. En ese momento le liberaron la vista. "Me arden los ojos, porque las vendas las habían hecho con carteles que estaban pintados con cal. Era muy doloroso", revivió la testigo. La solidaridad entre pares estuvo presente en su relato. "Me reciben las mujeres, me ayudan, me limpian, me contienen", recordó antes de mencionar a las compañeras de detención en ese cuarto más pequeño del sótano. Detalló que a Ana Ferrari -testigo de la semana pasada la llevaban todas las noches, apenas oscurecía, a las sesiones de tortura. "No sé cómo podía soportar esa mujer tanto martirio", dijo. También recordó al ‘Cabezón’ Pérez Rizzo y Eduardo Píccolo. "Eran objetos de torturas permanentes", señaló.
Después de un traslado masivo de detenidas mujeres a Devoto y de hombres a Coronda, quedaron pocas en el sótano de la Jefatura. Las llevaron a la Alcaidía. "Ahí estoy hasta septiembre de 1977, sin ver la luz ni salir nunca. Al principio mi familia no sabía nada", recordó. En enero de 1977, se abrió la puerta y llegó María Inés Luchetti de Bettanin, que declara hoy, con una beba recién nacida, para la que ni siquiera tenía ropa. Entre las detenidas le hicieron un improvisado ajuar con retazos de sus propias prendas. También recordó a las obreras del Swift, entre las que había tres embarazadas. De Luisa Marciani, dijo que tenía 40 años, estaba a término y se sentía muy mal. Pese a la presión de las detenidas, demoraron su atención. Allí también estaba detenida Gladis, la hija de Luisa, de 18 años, a quien habían torturado mucho, al punto de destrozarle los talones. "Vienen las celadoras, la llaman a la hija y le dicen: ’tu mamá murió y el bebé también está muerto. Ni se te ocurra llorar`. Esa fue la muerte de Tita", dijo ayer la testigo.
Un momento importante fue la visita de la Cruz Roja Internacional, en febrero de 1977. Cuando la delegación empezó a preguntar, Cabrera Hansen no pudo contenerse. "Todos guardaban silencio pero yo no pude y dije todo. Ningún juez sabe que estoy acá, y esto está a dos cuadras del juzgado. No vemos el sol, no tenemos visitas, acá nomás, al lado se tortura y mata gente. Yo escuchaba que decían ’qué hija de puta, mirá lo que está diciendo’. Después, me dijeron que hubiera podido salir, pero por todo eso iba a quedarme dos años más. Y así fue", relató.
Con espanto, recordó que el entonces capellán de la policía, Eugenio Zitelli, defendió la tortura frente a detenidas que habían pedido su asistencia espiritual. "Había justificado la tortura como forma de obtener información. En general, todas habían sido violadas. Y él dijo que eso sí era una inmoralidad", apuntó Cabrera Hansen.
Además de apuntar a Feced y Lofiego, Cabrera Hansen recordó la presencia de Ramón Rito Vergara, alias el Sargento, en el sótano del SI. En tren de develar la red de complicidades, mencionó las estrechas relaciones entre su defensora oficial, Laura Cosidoy y el mayor Fernando Soria, encargado de los simulacros de consejos de guerra en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército.
Uno de los momentos más impactantes fue cuando contó de una detenida, María de la Encarnación García del Villar de Tapia, que había sido terriblemente torturada. Ella misma le refirió un diálogo entre Lofiego y Feced cuando la tiraron al costado, después de los tormentos. "Vio comandante, cómo las mujeres tienen un grado más de tolerancia", le dijo El Ciego a su superior.
En otro pasaje elocuente de su declaración, Cabrera Hansen describió cómo operaba la represión sobre los obreros. "Se traía toda una parte de trabajadores de Fader, les propinaban terribles palizas. Unos se iban a Coronda y a otros los largaban, pero escarmentados", dijo ayer, en una clase magistral de la relación entre el terrorismo de Estado y el poder económico. "Había acciones combinadas con los empresarios de Somisa. Fuimos y reconocimos lugares donde, en la misma Acindar, había un lugar donde se detenía y torturaba", relató la abogada, que también recordó cómo las empresas cambiaban las credenciales de sus trabajadores, actualizaban las fotos, y eran esas mismas credenciales las que llevaban los grupos de tareas para secuestrarlos.
Hasta 1979, cuando ella comenzó a trabajar en APDH, los organismos se limitaban a recibir los pedidos de familiares y tramitar hábeas corpus que siempre tenían resultado negativo. Un día, estaba la testigo con Delia, y llegaron tres mujeres jóvenes que preguntaban por su hermana, María Sol Pérez Losada. "¿Sufría de los riñones?", les preguntó Olga. Era así, entonces, les indicó que fueran a Buenos Aires a hablar con dos detenidas que habían estado con ella. "Con ese hecho anecdótico empezó toda la cadena de denuncias", recordó ayer la abogada.
Antes del final, la abogada Gabriela Durruty, del equipo jurídico de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas le agradeció a Cabrera Hansen por su trabajo, y prometió continuar con su tarea. Los aplausos fueron fuertes y se repitieron a la salida, al grito de "Olga, Olga".
30 de noviembre de 2010
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duhalde sobre muniz barreto


El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y su relación con Diego Muniz Barreto. Ante el tribunal que juzga a Luis Abelado Patti y sus jefes por el secuestro y asesinato del ex diputado nacional, Duhalde lo describió como "un hombre de gran bonhomía" que decidió quedarse a pesar del riesgo que corría su vida.
[Alejandra Dandan] Argentina. Eduardo Luis Duhalde habló de la ruptura de Diego Muniz Barreto con lo que le había sido transmitido por su propia condición social. De su desencanto con la autodenominada Revolución Argentina, del contacto con los detenidos políticos en la cárcel de Rawson que hacia el ’72 terminó acercándolo al peronismo. "Era un hombre de gran bonhomía, alegre e irónico", dijo Duhalde al Tribunal. "Nunca lo escuché hablar mal de nadie, era un espíritu libre y además un hombre de bien, sencillo, pero con algunos gustos refinados: uno podía decir que no era miembro de la oligarquía, pero conservaba el sentido aristocrático de la vida."
Duhalde declaró en la causa contra el comisario Luis Abelardo Patti y otros represores acusados por el secuestro y asesinato de su muy amigo –como lo describió–, el ex diputado Muniz Barreto. El secretario de Derechos Humanos de la Nación, que sacó de la cárcel a Muniz Barreto en la época de Rawson y confirmó el nombre de Patti en el secuestro de su amigo, construyó una biografía íntima, pero además una lectura política.
En 1972, a raíz de una solicitada, Muniz Barreto quedó detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, primero en Devoto y luego en Rawson. Le abrieron una causa penal en un momento que la hija ya había descripto como la época en la que estaba haciendo un giro ideológico, de ser alguien que había sido miembro de la secretaría de la Presidencia del dictador Juan Carlos Onganía a enrolarse entre los que peleaban por la vuelta de Perón. "La cárcel de Rawson era el lugar donde estaban casi todos los detenidos por motivaciones políticas con lo cual –dijo Duhalde– él trabó relación de amistad con muchos militantes que fueron amnistiados el 25 de mayo de ’73. Muniz Barreto salió antes y continué viéndolo en forma personal, fuimos amigos, y diría muy amigos."
Tras el golpe del 24 de marzo de 1976 sus encuentros se hicieron menos frecuentes. A mediados de septiembre, Duhalde lo vio por última vez: "En esa última entrevista yo intenté convencerlo de que su vida corría peligro, él ya lo sabía, por supuesto. La idea era que abandonara el país, yo estaba a punto de salir de Argentina, discutimos. El tenía razones personales, como no querer separarse de sus hijos; ya estaba divorciado de Teresa Escalante, los chicos estaban con su madre, aunque permanecían mucho tiempo con él y ésa era una razón fundamental, pero también estaba el fatalismo de Diego: una idea de que ‘bueno, que pase lo que pase, no quiero irme del país’. Esa fue la última vez que lo vi, era un hombre muy especial, con una vida muy intensa en lo personal y en lo político".

Orígenes
"Era un hombre proveniente de una familia tradicional de Argentina, descendiente de los primeros conquistadores del Brasil", dijo Duhalde. Esa familia con actividades agropecuarias, de sólida fortuna, lo crió entre sectores terratenientes y una prestigiosa casa de remates que lo convirtió en un gran especialista en teorías de coloniaje y muebles coloniales con los que convirtió de alguna manera su casa de la calle Posadas en un museo. Pero Duhalde ubicó la ruptura de Diego en su lectura del trabajo del Ministerio de Economía: las administraciones de Adalbert Krieger Vasena y Eduardo Salimei, dijo, lo llevaron a su cambio ideológico. "Cuando Krieger Vasena y Salimei prácticamente destruyeron la economía y la industria argentina con los planes del Fondo y las recomendaciones de los organismos internacionales, se separó del gobierno pero mantuvo buena relación con algunos sectores militares".
Hacia 1972, Diego había llegado a la conclusión de que sólo la vuelta de Perón y el levantamiento de la proscripción de 18 años podía dar una salida a la Argentina que no fuera en los términos de una violencia extrema, explicó Duhalde. Muniz Barreto se acercó al incipiente Frejuli con una relación muy cercana a los dirigentes de la Juventud Peronista. "No pertenecía orgánicamente a la Juventud Peronista –aclaró–, además estaba cerca de los 40 años, pero sí estableció una relación política muy cercana que lo llevó a ser elegido el 11 de marzo del ‘73 diputado nacional y a formar el bloque único con los diputados de la JP y que se sintiera obligado hacia ellos compartiendo sus posiciones, al punto de renunciar a la diputación cuando lo hicieron los diputados peronistas en el mes de mayo de 1974." Su banca la asumió en junio de 1974 Rodolfo Ortega Peña, socio de Duhalde.

En el Exterior
Duhalde fue una de las personas que recibieron en España a Juan José Fernández, el secretario personal de Diego Muniz Barreto. Y otra de las víctimas de la causa. Ambos fueron secuestrados el 16 de febrero de 1977 en una carnicería de Escobar por Luis Abelardo Patti. Estuvieron secuestrados juntos, primero en la comisaría de Escobar, luego en la Unidad Regional de Tigre y en Campo de Mayo. Finalmente, los trasladaron en el baúl de dos autos hasta el río Paraná, les inyectaron un líquido blanco para adormecerlos y los tiraron al río. El relato de Juan José, que sobrevivió de lo que la dictadura presentó como un accidente, es una de las pruebas más importantes de la causa. Fernández dio su testimonio primero en Buenos Aires ante un escribano y luego en el exilio ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos donde estaba Duhalde.
La comisión recogía en España denuncias en forma directa desde Argentina, otras a través de quienes llegaban al exilio y transmitían las informaciones de secuestros o asesinatos. Para entonces, habían desarrollado un sistema de urgencias al estilo de Amnistía Internacional: un sistema que les permitía dar a conocer rápidamente la noticia a la prensa y a organismos internacionales, sobre todo de las personas más notorias, indicó Duhalde. Desde fines de 1976, las denuncias se mandaron a la división de derechos humanos de Naciones Unidas, la Unión Parlamentaria Internacional y, según el caso, a la Organización Internacional del Trabajo.
En España, además de Duhalde estaba Gustavo Roca, abogado y amigo personal de Muniz Barreto; también Alipio Paoletti del ex diario independiente de La Rioja; Lidia Mazzaferro y el artista plástico Ricardo Carpani. Ese mismo trabajo se repetía en París con Rodolfo Mattarollo y en México con Carlos González Garland. "Teníamos larga experiencia como abogados, y algunos también en el Poder Judicial, no era fácil tomar los testimonios por el estado traumático en que llegaban esos liberados en algunos casos o fugados como (Juan Carlos ‘Cacho’) Scarpati de Campo de Mayo." "Un verdadero descenso a los infiernos como señaló la Causa 13" recordó Duhalde, en alusión al Juicio a las Juntas Militares de 1985.
30 de noviembre de 2010
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