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caso suppo pasa a fuero federal


La medida fue pedida por los hijos de la sobreviviente del terrorismo de estado asesinada el 29 de marzo. Un testigo de identidad reservada vinculó a represores.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. La Cámara Penal de Rafaela hizo lugar al pedido de la querella para que el juez de Instrucción Nº2, Alejandro Mognaschi, decline su competencia en la investigación del asesinato de Silvia Suppo y la causa pase al fuero federal, donde un testigo de identidad reservada vinculó el crimen con un imputado por delitos de lesa humanidad. "La Cámara falló a favor nuestro", dijo a Rosario/12, la abogada Lucila Puyol, quien representa a los hijos de Silvia, Andrés y Marina Destéfani, junto a sus colegas Paula Condrac y Guillermo Munné. La resolución fue conocida por Andrés y Marina el sábado a la mañana, después de haber estado el viernes en Buenos Aires, donde se entrevistaron con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en la Casa Rosada y luego con el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alén, quienes ratificaron su apoyo al pedido de la familia Suppo para que el caso sea investigado como un hecho de lesa humanidad y no como un delito común.
Por el homicidio de Suppo, el 29 de marzo último, el juez Mognaschi procesó a dos trapitos: Rodrigo Sosa, de 19 años y su primo, Rodolfo Cóceres, de 22, quienes confesaron su participación en el homicidio y negaron cualquier connotación política. En los primeros días de setiembre, un testigo de identidad reservada declaró ante el juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez y vinculó el crimen con un imputado por delitos de lesa humanidad. Sin embargo, el magistrado ante un pedido de la entonces fiscal Cinthia Gómez ordenó desglosar el testimonio de la causa que investiga el martirio de Suppo, en 1977, y lo remitió en sobre cerrado a su colega de Rafaela.
Posteriormente, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación se presentó como querellante en la causa que instruye Mognaschi, pero éste rechazó el planteo. Y también desestimó un pedido de inhibitoria de la querella para que decline su competencia y remita el expediente al fuero federal. Los abogados querellantes apelaron entonces la resolución del juez, pero éste la volvió a rechazar, por lo que tuvieron que recurrir en queja ante la Cámara Penal de Rafaela.
La Cámara adoptó dos resoluciones, primero, hizo lugar a la queja al considerar que la apelación había sido mal denegada por Mognaschi. Y esta semana, admitió el pedido de declinatoria del juez, por lo que ahora Moghaschi deberá desprenderse del expediente y enviárselo al juez Rodríguez.
Pero la situación aún es más compleja. En setiembre, al ordenar el desglose del testimonio de identidad reservada, el juez Rodríguez consideró que no era competente para entender en el caso. Los abogados querellantes apelaron esa resolución ante la Cámara Federal de Rosario, que hace dos días resolvió avocarse al asunto en un plenario de las dos salas. Así que es probable que hasta que la Cámara de Rosario no resuelva, Rodríguez no avanzará en la investigación del asesinato de Suppo. La otra hipótesis es si la Cámara de Rosario ratifica la incompetencia de Rodríguez, con lo cual el conflicto deberá ser resuelto por el tribunal superior común: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Ayer, Andrés Destéfani ponderó el fallo de la Cámara Penal de Rafaela. "Estamos contentos, es lo que veníamos reclamando", dijo en un diálogo con Rosario/12. "La Cámara tuvo la buena actitud de garantizarnos a todos que el crimen se investigue en el ámbito que tiene que ser, que es la justicia federal, el ámbito que está diseñado y cuenta con los recursos para investigar este tipo de causas. La señal que dio la Cámara de Rafaela es buena. Ahora, habrá que seguir luchando por lo que viene de acá en adelante", agregó.
Andrés y Marina recibieron la noticia el sábado a la mañana porque el viernes habían estado en Buenos Aires, donde el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, los recibió en la Casa Rosada y luego se entrevistaron con el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alén. En las audiencias fueron acompañados por el responsable de la Unidad de Intervención y Victimología del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, Alberto Linares. "El jefe de Gabinete renovó su compromiso y su preocupación por la causa porque tiene la misma idea que nosotros, que debía pasar a la justicia federal. Y comprometió todos los recursos que se puedan aportar desde el Estado para llegar a una investigación lo más profunda posible", comentó Andrés.
"Incluso, el jefe de Gabinete nos ratificó todo el apoyo de la presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, quien no pudo recibirnos porque estaba reunida con el presidente de México, pero nos transmitió sus palabras: que renovaba todo su apoyo y que el gobierno estaba dispuesto a ofrecer todo lo que estuviera a su alcance para que la causa avance", agregó.
Más tarde, los hijos de Silvia fueron recibidos por el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación. "Fue una reunión bastante extensa, donde le planteamos algunos puntos concretos de la causa y algunas cuestiones que nos preocupan. El doctor Alén también nos dijo lo mismo, que debía intervenir la justicia federal y se comprometió a seguir apoyando y trabajar al lado nuestro para lograr el esclarecimiento del caso", concluyó Andrés.
7 de diciembre de 2010
6 de diciembre de 2010
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narrar la tortura sexual


Se siguen sumando los testimonios de víctimas de la represión que además de haber sufrido los mismos vejámenes que los hombres, debieron soportar también la violencia de género: Las violaciones. Desde los organismos y desde la justicia se empiezan a sumar voces para que estos hechos sean considerados como crímenes de lesa humanidad.
[Alicia Simeoni] Argentina. Las violaciones por género cometidas durante los años de la dictadura militar deben ser declaradas crímenes de lesa humanidad. Los relatos espeluznantes de las mujeres que en los días que pasaron tuvieron la decisión y la fortaleza de narrar la tortura sexual de la que fueron víctimas en el Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario, cuando Ramón Genaro Díaz Bessone era comandante del II Cuerpo de Ejército en Rosario, no pueden quedar impunes. Así lo piden quienes sufrieron violaciones como un plus, un adicional por su condición de mujeres y que se sumaron a todos los demás padecimientos que tuvieron los hombres en situación de cautiverio, aunque algunos de ellos también fueron ultrajados en su mayor intimidad. Pero no sólo las víctimas piden que se juzgue a los genocidas por la violencia sexual que ejercieron contra sus rehenes ellos se sentían absolutos dueños de la vida de las personas que habían cazado y luego encerrado , sino que ya empiezan a escucharse otras voces que desde lo jurídico señalan por qué estos delitos no pueden considerarse prescriptos y quedar impunes. Es el caso de las abogadas Gabriela Durruty y Analía Aucía, la primera asesora de la organización Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales y patrocinante de querellantes; la segunda integrante del Comité de América latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) quienes invocan elementos del derecho internacional que la Argentina no puede desconocer. Por tanto el Tribunal Oral Federal Nº 2 debería hacer esta declaración de los delitos en cuestión como aquéllos que deben ser calificados como de lesa humanidad. También debe y puede solicitar al magistrado de primera instancia la investigación de los hechos denunciados, mientras que la acusación pública y las querellas, también pueden hacerlo y así lo harán, según surge de los testimonios de Durruty y Aucía.
La declaración de Stella Hernández el martes pasado cuando denunció, con voz firme, que ’El Cura’ Marcote la había violado, y al que siguió su pedido de que ese hecho sea considerado un delito de lesa humanidad requiere de una respuesta "proactiva" en la que tiene un papel importante "la actuación de la Unidad Fiscal especial de la Procuración General de la Nación, respecto de las instrucciones que se les deben dar a los fiscales para el desarrollo de su actuación", dijo Aucía a Rosario/12. La abogada miembro de Cladem señaló que junto al testimonio de Hernández están los de otras mujeres. Dos de ellas los pronunciaron también en los últimos días (Ana María Ferrari y Elida Deheza) y no se puede olvidar los dichos en Santa Fe, en el marco de la causa Brusa por Silvia Suppo poco tiempo antes de ser asesinada , por Patricia Isasa, por Stella Maris Vallejos y Graciela Roselló, entre otras mujeres.
En el caso de Deheza, ella manifestó que la terrible agresión que sufrió como víctima de violación fue mucho más dolorosa que la propia picana y dijo que se sentió reducida como persona. Además otros numerosísimos testimonios dejaron muy claro que esa práctica era sistemática en el Servicio de Informaciones bajo control operacional de Díaz Bessone.
Por su parte Olga Cabrera Hansen señaló en forma escalofriante la habitualidad de las violaciones en el SI, María Inés Luchetti de Bettanín lo había denunciado ante el entonces capellán de la policía de Agustín Feced, Eugenio Zitelli, quien le respondió que torturar a alguien para obtener información política es correcto, porque estamos en una guerra, pero las violaciones no, nos prometieron que no iban a suceder, porque ello atañe a la moral.
La víctima y querellante Silvia Suppo había hecho público en su testimonio, en octubre de 2009, que recibió del jefe de la Guardia de Infantería Reforzada, en Santa Fe, Juan Calixto Perizzotti, las disculpas por el error ocurrido se refería a la violación contra la entonces adolescente y para enmendar ese error la mandó con la carcelera y entregadora María Eva Aebis quien la llevó a una clínica privada donde le practicaron un aborto, ya que había quedado embarazada. También Stella Maris Vallejos debió sufrir, después de la violación, el desparpajo y la crueldad del ex policía Eduardo Curro Ramos quien utilizó términos en el sentido de que le había hecho un favor.
Graciela Roselló utilizó la expresión tortura sexual. Había guardado silencio durante muchos años, como tantas mujeres, en lo que creyeron mejor para proteger a sus familias.
Stella Hernández no estuvo mucho en su situación personal y se tomó el tiempo para señalar que El Cura Marcote, ese hombre entrecano sentado detrás de ella, a su izquierda, con un traje color gris liláceo que parecía preparado para un cóctel, había sido "el violador serial del servicio. Así es que Aucía reflexionó acerca de todo lo que está saliendo a la luz, de las situaciones que los jueces tienen delante porque delante de ellos están las víctimas y sus testimonios. Entonces, "sobre la violencia sexual que padecieron debe existir, como consecuencia, que se inicien nuevos procesos penales para investigar, juzgar e imputar a los responsables de los delitos sexuales, tanto sea a quienes fueron autores como a los superiores en la cadena de mandos".
La integrante de Cladem planteó que las víctimas deben ser "reparadas integralmente" y que es "un deber de la Justicia Federal iniciar de oficio nuevas causas a partir de las denuncias de estos nuevos delitos contra la integridad sexual como crímenes de lesa humanidad". Para el caso de las querellas Aucía sostiene que "es deseable que las querellas puedan acompañar las decisiones que las víctimas tuvieron en cuanto a denunciar las diversas formas de violencia sexual a las que fueron sometidas, promoviendo nuevos juicios contra los represores, visibilizando la violencia sexual y quebrando el círculo de impunidad que históricamente se selló sobre la misma".

Operaciones de Seguridad
"La violencia sexual es una de las armas privilegiadas, elegidas por los represores para degradar moralmente a sus víctimas humillarlas y aplicar un ’castigo’ diferencial de acuerdo al género de las mismas...El impacto de la violencia fue diferencial en las mujeres y en los varones, de acuerdo al tipo de violencia física, psicológica y sexual que se les imponía. Los delitos de lesa humanidad no son neutrales al género, algo que queda demostrado con la comisión masiva, sistemática de la violencia sexual ejercida contra las mujeres, aunque también se revelaron formas de violencia sexual aplicada contra varones, fundamentalmente a través del uso de la picana", sostuvo Aucía que además explicó que si en el marco de sociedades democráticas o pacíficas se reproduce la violencia, en los contextos represivos existe un contínuo de violencia sexual contra las mujeres. También recordó que las propias fuerzas armadas habían sentado posición respecto del control diferencial que debía cumplirse según el sexo de las personas detenidas. El entonces jefe del Estado Mayor General del Ejército, Roberto Viola, aprobó en 1976 el documento denominado ’Instrucciones para operaciones de seguridad’. En esas instrucciones podía leerse que: "El personal femenino podrá resultar tanto más peligroso que el masculino, por ello en ningún momento deberá descuidarse su vigilancia".
Durruty, como abogada que patrocina a querellantes señaló que en nuestro derecho interno las violaciones no estaban comprendidas por las leyes de impunidad por lo cual esas prácticas deben ser declaradas de lesa humanidad e imprescriptibles por el contexto en que se dieron, tal como lo ordena el derecho internacional. Y agregó que el Tribunal está conociendo delitos nuevos en el marco de la audiencia, por lo que debe y puede solicitar al juez de primera instancia su investigación. Mas allá de eso, la acusación pública y las querellas, así lo solicitaremos.
5 de diciembre de 2010
4 de diciembre de 2010
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era el cuerpo de maría esther


Identificaron los restos de los enterramientos en un predio militar. Lo comprobó el Equipo Argentino de Antropología Forense en Campo San Pedro, en Santa Fe, hasta el momento el único predio militar donde se hallaron enterramientos clandestinos. El cuerpo pertenece a una no vidente secuestrada en 1977 en Rosario.
[José Maggi] Argentina. Uno de los ocho cuerpos desenterrados en Campo San Pedro -el predio militar donde trabaja desde hace seis meses el Equipo Argentino de Antropología Forense-, pertenece a María Esther Ravelo, una no vidente que fue secuestrada el 17 de setiembre de 1977 junto a su esposo Etelvino Vega del domicilio de calle Santiago 2815. La Casita los ciegos, como es conocida hoy en el barrio está a escasos metros de la vivienda donde cumple arresto domiciliario Eduardo ‘Tucu’ Costanzo, quien denunciara ante la justicia y revelara a este cronista que "la cieguita fue una de las 27 personas que luego de ser secuestradas en el centro clandestino de detención La Calamita, fue trasladada a una chalet de Monje y asesinada, y después enterrada en un campo cercano a Laguna Paiva". Esto prueba el circuito represivo, y convierte el caso en el primero en todo el país donde la justicia pudo comprobar enterramientos clandestinos en un predio militar.
Costanzo también había dicho ante la justicia que "la disposición final de los 27 detenidos se hizo en Monje con inyecciones letales, que se la colocó Armando Pelliza (detendio) y Juan Carlos Bossi (quien sigue libre) quien según Costanzo " le ponía la corbatita (una delgada goma utilizada para extraer sangre) para que mueran asfixiados".
"Entre los veintisiete que llevaron a Monje para matar estaba la Cieguita de la otra cuadra de mi casa, de la calle Santiago. A ellos los mataron en Monje y según me contó Hugo Cardozo antes de morir de cáncer cuando vino a mi casa hace ocho meses atrás, a los veintisiete los enterraron en una campo cerca de Laguna Paiva en Santa Fe. Con todo eso la fiscal (Griselda) Tessio le pidió al juez ( Germán) Sutter Schneider que me hiciera declarar con el juez de Santa Fe y no hizo nada", habia dicho Costanzo ante la justicia y ante Rosario/12 en setiembre de 2009.
En realidad la historia se había empezado a escribir mucho antes en setiembre de 1977. En la Conadep en el Legajo N? 3223 "Alejandra Fernández Ravelo, domiciliada en la ciudad de Santa Fe, denunció la desaparición de su hija María Esther Ravelo de Vega, que entonces vivía con su marido y un hijito de corta edad en la ciudad de Rosario"
Allí dejó sentado que "el día 15 de setiembre de 1977 mi hija me llamó por teléfono pidiéndome que viajara a Rosario a buscar a su hijito (mi nieto) porque el esposo se encontraba enfermo. Según convine con ella, tres días después llegué a la casa de un familiar nuestro, Agustín Simonsini, donde encontré a mi nieto que había sido dejado por unas personas jóvenes que viajaban en un automóvil Renault 4 blanco; mi hija vivía en una casa ubicada en la calle Santiago NI 2815 de Rosario de la que era propietaria y funcionaba allí un negocio de sodería del que también mi hija era titular; cuando pasé por allí el día que fui a buscar a mi nieto vi que en un camión del Ejército estaban cargando todos los bienes muebles de mi hija sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo. Al cabo de un tiempo volví al lugar pero la sodería estaba cerrada; por una ventana me atendió un hombre y alcancé a ver en el interior una máquina de escribir y una mesa; ese hombre me dijo que la propiedad ahora pertenecía al gobierno porque anteriormente había pertenecido a unos subversivos. Una vecina me contó también que en la casa habían encontrado muerta a una persona de sexo masculino pero que no era mi yerno. Mi hija y mi yerno eran no videntes".
Según Costanzo relato ante la justicia "Francisco Scilabra estuvo en el asesinato de 27 personas en Monje, en un chalet priedad de Ricardo Rodríguez, alias Patilla. dueño de una wiskería del centro de Rosario, Rilke II. Cabrera, alias -‘el Barba’. Juan Daniel Amelong, y Jorge Fariña. "Es uno de los que debe dar cuenta de todos los desaparecidos de La Calamita y La Intermedia y es quien ordenó traer a la Ciega y un chico de diez años que lo termina entregando el Barba Cabrera. Y también Pascual Guerrieri".
El hallazgo de Campos San Pedro se produjo el 9 de junio de 2010. El 27 de junio el juez federal Nº 2 de Santa Fe, Francisco Miño, constató que en la fosa común descubierta por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el campo San Pedro, a 40 kilómetros de Santa Fe, había restos de ocho personas, seis de ellas con las marcas del terror: "lesiones en el cráneo compatibles con heridas producidas por armas de fuego". Y ordenó la exhumación de los cuerpos y su traslado al laboratorio de los peritos forenses, en Buenos Aires, para que se realicen los estudios genéticos que permitan identificar a los desaparecidos. Fuentes seguras consultadas por Rosario/12, revelaron que se trata de restos de cinco hombres y tres mujeres jóvenes, uno de ellos apareció con "un objeto de metal en la mano izquierda que podría ser un anillo" y otro tenía "una pieza dentaria de acrílico y metal", que podrían orientar las investigaciones.
La fosa común fue encontrada el miércoles 9 de junio, en un sector agreste del campo San Pedro, de propiedad del Ejército, ubicado en la zona de Campo Andino, a 15 kilómetros de Laguna Paiva. La opinión pública se anotició del descubrimiento casi una semana después, el martes 15. Y el viernes 18, el juez Miño realizó la inspección judicial en el lugar junto al secretario penal del Juzgado, Mateo Busaniche y autorizó a los forenses a concluir "las tareas de exhumación, registro, embalaje y posterior traslado de los restos" al laboratorio del Equipo de Antropología, en Buenos Aires.
La causa que instruye el juez Miño se inició en abril de 2007 por una denuncia de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe, que agrupa a las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Aunque ya en 1984, la Conadep se había hecho eco de comentarios de vecinos y conocedores de la zona.
5 de diciembre de 2010
4 de diciembre de 2010
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camino hacia la destitución


Anularon una medida cautelar que impedía avanzar en el juicio político contra un juez. El Consejo de la Magistratura podrá avanzar ahora en la causa contra el mendocino Otilio Romano, camarista acusado de complicidad en crímenes de lesa humanidad. El juez debía presentarse hoy ante la Justicia, pero faltó a la cita.
[Irina Hauser] Argentina. La Cámara Federal de Mendoza, integrada por jueces suplentes, puso fin a las andanzas de uno de sus miembros permanentes, el camarista Otilio Romano, destinadas a salvarse de la investigación iniciada en el Consejo de la Magistratura por su presunta complicidad con los crímenes del terrorismo de estado, que podría llevarlo a juicio político. El tribunal dejó sin efecto la medida cautelar, concedida por un conjuez amigo, con la que Romano logró que se suspendiera durante medio año el trámite de dos expedientes en su contra en el Consejo, que ahora deberá reanudarlos. La base del pedido de su destitución, impulsado por organismos de derechos humanos, es prácticamente la misma que sostiene su llamado a indagatoria en una causa penal que tramita la Justicia federal: está acusado como partícipe secundario, en sus tiempos de fiscal (entre 1975 y 1976), en 94 hechos de privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y desapariciones. Tenía que declarar ayer como sospechoso ante el juez Walter Bento, pero volvió a eludir presentarse con la excusa de que su abogado está de viaje.
A mitad de año, cuando la Comisión de Disciplina y Acusación del Consejo lo citó a declarar como imputado, Romano planteó una medida cautelar porque, a su entender, lo que haya hecho como fiscal está fuera de la incumbencia del organismo. Un juez ad hoc cercano a él, que no es juez sino el abogado de la matrícula Carlos Parellada, falló a su favor y notificó al Consejo que debía suspender las actuaciones. Los camaristas Roberto Naciff, Juan Antonio González Macías y Hugo Echegaray revocaron ayer la decisión de Parellada y lo responsabilizaron de "interferir" en las facultades del Consejo y de "exceder el ámbito propio de la medida cautelar", con el objetivo de "anticipar la solución de fondo" especulando con el paso del tiempo. Recordaron que, como dijo la Corte Suprema, la Justicia no puede revisar el proceso que lleva adelante el cuerpo de consejeros, sólo la decisión –muy posterior– del jurado de enjuiciamiento.
La medida en beneficio de Romano generó gran revuelo en el Consejo de la Magistratura: radicales y kirchneristas quedaron unidos en la preocupación de que se volviera moneda corriente para los jueces bajo sospecha promover cautelares –tan de moda– para obstaculizar el avance de un posible juicio político. Desde aquel entonces, de hecho, quedó paralizada la investigación contra Romano, aunque siguió corriendo el plazo de caducidad de tres años que por ley tienen los expedientes contra magistrados. En el ínterin, el Consejo sí avanzó en la suspensión y apertura de juicio político de otro integrante de la misma Cámara, Luis Miret, por no haber denunciado ni investigado denuncias de torturas y secuestros que recibía como juez antes y durante la dictadura. En varios hechos que involucran a Miret, el fiscal era Romano, a quien también la Justicia le atribuye pasividad ante el conocimiento de hechos aberrantes.
Con el apoyo de jueces aliados, Romano apostó a entorpecer los dos frentes que tiene abiertos, en el Consejo, por un lado, y en la Justicia penal, por otro:

- Una vez que consiguió la medida cautelar, el Consejo y el Ministerio de Justicia apelaron, pero la Cámara mendocina en pleno se excusó y fueron sorteados jueces subrogantes. El día que uno de ellos, González Macías, fue a buscar el expediente para estudiarlo, descubrió que no estaba: se lo había llevado Julio Petra Fernández, otro camarista que –pese a estar inhibido– resolvió "por superintendencia" anular la designación de los suplentes. El tiempo seguía pasando. González Macías denunció lo sucedido e intervino la Corte, que anteayer confirmó a los jueces sorteados y levantó en peso a Petra. Con la resolución de ayer, el Consejo quedó habilitado para seguir con su pesquisa. El fallo dice que son los consejeros quienes deberán "valorar" si los hechos de los que se acusa a Romano como fiscal "prolongan o no en el tiempo y afectan o no el decoro y demás condiciones que deben ser atributos de un magistrado".

En el medio de todo esto, Romano consiguió que Petra Fernández y otros dos camaristas con quienes tiene relación de larga data apartaran al juez Bento de la causa penal en la que había sido llamado a indagatoria, al igual que Miret. Después de ese fallo, fue fotografiado celebrando con Petra, con vino y champán, en un conocido restaurante mendocino. La semana pasada, otra composición de la Cámara repuso a Bento, quien volvió a citar a Romano a indagatoria. Debía presentarse ayer, pero faltó con el argumento de que su abogado, Juan Carlos Aguinaga, está en Brasil.
Los vericuetos del caso de Romano permiten entender por qué en Mendoza ha sido tan complicado el avance de las causas por violaciones a los derechos humanos. Las resistencias están en sectores de la propia Justicia provincial. Romano, al estar imputado como partícipe de delitos de lesa humanidad, corre riesgo de ir preso si pierde los fueros.
3 de diciembre de 2010
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tita, presente en el juicio oral


Juicio a la patota: declararon su hija, sus dos hermanas, su esposo. La historia de la represión a la familia Marciani es elocuente sobre uno de los objetivos fundamentales del terrorismo de Estado: destruir la organización de los trabajadores. Gladis y Teresita trabajaban en el Swift, Luisa en la ex C.A.P.
[Sonia Tessa] Argentina. Luisa Tita Marciani estuvo muy presente toda la semana en el juicio oral contra los represores rosarinos, en distintos testimonios. La mujer fue secuestrada el 31 de enero de 1977, al igual que gran parte de su familia: su hija de 20 años, Gladis Gómez, sus dos hermanas, Teresita y Gladis Marciani, su esposo, Carlos Gómez y su cuñado Eduardo Márquez. Tita tenía un embarazo a término. Después de estar retenidas en el Servicio de Informaciones, las mujeres fueron llevadas a la Alcaidía. Tita comenzó a sentirse mal, cada vez peor, sentía que su bebé no se movía dentro del vientre, y sufrió hemorragias de sangre oscura, casi negra. Las compañeras de cautiverio -Stella Hernández, Olga Cabrera Hansen, María del Carmen Sillato, María Inés Luchetti de Bettanín, Elida Deheza, sus hermanas, entre otras les pedían con insistencia a las celadoras que internaran a Tita. Pero jamás recibió atención médica, hasta que fue tarde. Cuando la llevaron a la Asistencia Pública de entonces (actual Maternidad Martin), no quisieron recibirla por su comprometido estado de salud. En el hospital Provincial, su hijo nació muerto y ella falleció dos días después, el 13 de marzo de 1977. Las carceleras entraron a la Alcaidía, le comunicaron la noticia a la hija de Tita y le prohibieron llorar.
La historia de la represión a la familia Marciani es elocuente sobre uno de los objetivos fundamentales del terrorismo de Estado: destruir la organización de los trabajadores. Eran militantes sindicales de la carne, Gladis y Teresita trabajaban en el Swift, Luisa en otro frigorífico, la C.A.P. Ayer declararon Teresita y las dos Gladis, así como Márquez. Se les quebró la voz al recordar a Tita, así como al contar cómo fueron torturados. Gladis, la hija, tiene marcas en los tobillos de las lastimaduras que le hicieron las sogas que usaron para amarrarla mientras le aplicaban la picana eléctrica. "Fui torturada, pero mucho menos que mi sobrina", dijo ayer la otra Gladis, la tía. A Márquez, la tortura le paralizó las dos manos durante mucho tiempo.
Teresita y Gladis Marciani fueron secuestradas frente a la Asistencia Pública, en Moreno y Rioja, cuando habían ido con sus parejas a hacerse los análisis para casarse. Las dos estaban embarazadas. Fueron llevadas por personas de civil -"vestidas con pantalones vaqueros" al Servicio de Informaciones, donde las vendaron y las torturaron. Lo mismo, pero con más saña, le ocurrió a Gladis Gómez, a quien desde que era una niña le dicen Lala. "Me preguntaban si yo era de una organización montonera y les dije que ni sabía qué era eso", declaró ayer, y contó: "Me descompuse de tanta tortura que me hicieron". Recordó que sus torturadores fueron El Ciego (José Rubén Lofiego) y Managua (Ernesto Vallejos, que no está acusado en esta causa).
También a Márquez, el marido de Teresita, lo torturaron. Cuando lo contó frente al Tribunal, ayer, no pudo contener el llanto. Sentado allí, frente a los jueces, ese hombre grandote, de camisa blanca, contó que lo picanearon "por todos lados" y luego lo llevaron a La Favela, el entrepiso donde iban algunos detenidos. Allí permaneció solo y luego estuvo dos años en la cárcel de Coronda. Cuando lo visitó el mayor Fernando Soria, quien se encargaba de los consejos de guerra, entre otras tareas, le preguntó por qué estaba allí. "Ustedes saben por qué estoy aquí", le dijo el detenido. Soria le confesó que lo habían llevado por el daño que le habían provocado en las manos, y le prometió liberarlo en 10 días. La jueza Beatriz Barabani le preguntó al testigo si había recibido algún tratamiento para recuperar la movilidad. "La rehabilitación me la hacía yo con migas de pan, hacía así", dijo, mientras mostraba cómo cerraba y abría los puños. "Lo único que no se recuperó es un dedo que todavía no puedo mover", expresó mientras mostraba al tribunal su mano derecha.
La entonces esposa de Márquez, Teresita Marciani, fue la primera en declarar. Ya había dicho que a su esposo "lo torturaron alevosamente", la misma expresión que usó para describir los tormentos a su sobrina. El 25 de marzo de 1977, cuando estaba en la Alcaidía, Teresita fue trasladada a la Asistencia Pública para tener a su bebé, Eduardo, que estuvo con ella durante 6 meses. Luego, ella fue trasladada a Devoto y el bebé se fue con la abuela, la única de la familia que estaba en libertad. Cuando el presidente del Tribunal, Otmar Paulucci, le preguntó por su militancia política, Teresita dijo orgullosa: "Gremialista".
A la salida del Tribunal, las dos Gladis expresaron su "alivio" después de declarar y recordaron a Tita. Teresita, muy elocuente, con la sonrisa a flor de piel, contó que trabajó en el Swift desde 1965 hasta su secuestro. Al salir de prisión, la empresa no la reincorporó ni la indemnizó. Pero el principal recuerdo fue para su hermana: "Cuando pasó lo de Tita fue un dolor muy grande, que no lo vas a superar jamás. Te da mucha indignación que por falta de atención de los médicos y los hijos de puta de los represores no haya tenido la atención que merecía".
2 de diciembre de 2010
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habló maría inés luchetti de bettanín


"En mi familia hay tres muertos".
[Sonia Tessa] Argentina. María Inés Luchetti de Bettanín empezó a declarar con un fuerte tono político. Acusó al Ejército Argentino de "traición a la patria", por haber actuado de "barrendero" del poder económico concentrado y mancillar su tradición heroica. "En mi familia hay tres muertos, dos desaparecidos y tengo otros dos cuñados desaparecidos. Eramos todos militantes montoneros", dijo para enmarcar su extensa declaración. Antes de levantarse de la silla donde dio testimonio durante más de una hora les dijo a los magistrados: "Esperamos mucho de ustedes". La testigo contó como una película el operativo en su casa del barrio Gráfico, el 2 de enero de 1977 a las 17.30, donde fue asesinado su esposo Leonardo Bettanín, que había sido diputado nacional de la Tendencia. Acorralada, a escondidas de la patota que había entrado en la casa, Cristina Bettanín se acurrucó sobre María Inés -Nené, le dicen los amigos y tomó la pastilla de cianuro. Su esposo, Jaime Colmenares, fue secuestrado.
En la casa, había cuatro niñas: las hijas de 3 y 1 año de Nené, que estaba embarazada de nueve meses, la de Tozi y la de Maggio. Nené y su suegra, Juana, fueron llevadas al Servicio de Informaciones. A las niñas, la patota las dejó en la policía de Menores. En su detallada declaración, la testigo habló de uno de los horrores que ayer irrumpió con toda su fuerza: la violación sistemática de las detenidas en el SI. "(Mario Alfredo) Marcote era el violador oficial", dijo.
Nené llegó al SI vendada, pero se le había corrido la venda y pudo ver a un hombre gordo con anteojos culo de botella. Poco después sabría que era José Rubén Lofiego. Cuando comenzaron a pegarle, dio los nombres de compañeros muertos. Escuchó una voz de mujer que decía "está mintiendo" y se le acercaba para aconsejarle que hablara. Era Nidia Folch, civil que fue secuestrada y luego colaboró con la patota, prófuga en la causa. También el Pollo Baravalle -que se suicidó en 2008 en Italia- participó de sus tormentos.
Como tuvo contracciones, pidió asistencia médica. Llegó un doctor al que llegó a verle la inscripción en el guardapolvo, Dr. Gentile. Con cuatro centímetros de dilatación, la llevaron a la escalera que daba a la sala de torturas, y la dejaron tirada ahí, donde encontró a Alicia Tierra y Marisol Pérez. Las dos estaban desaparecidas.
Cuando pudo ver a su suegra, advirtió que estaba en "un estado terrible. La habían picaneado, la habían golpeado, la habían violado". En el entrepiso estaba La Favela. Era el lugar al que llevaban a los más lastimados.
A Folch y al acusado Ricardo Chomicky los volvió a nombrar. Folch le hizo pegar una paliza a su suegra, Juana, la misma que vio a Chomicky darle soda a Alberto Tion después de una sesión de tortura, sabiendo que eso lo mataría. "En ese infierno había un infierno paralelo: unos militantes que habían optado por pasar al enemigo", dijo Nené, quien aseguró que nadie los obligó a ese grado de colaboración.
El 15 de enero a la noche el parto era inminente. Nené fue llevada a la asistencia pública, donde tuvo a su hija. La testigo lloró al recordar cómo la recibieron las compañeras en la Alcaidía, rompieron sábanas para improvisar un ajuar a su bebé. "Nunca voy a terminar de agradecerles el cariño y la solidaridad", afirmó.
En la Alcaidía, Nené y otras detenidas pidieron asistencia espiritual de un sacerdote. Llegó el capellán de la policía Eugenio Zitelli. Nené le contó que las detenidas eran torturadas y violadas. "¿Cómo violadas?", se sorprendió el religioso, quien dijo que "la picana era válido en una guerra como forma de obtener información, pero lo otro prometieron que no iba a pasar, porque atañe a la moral".
Aunque estuvo a punto de ser trasladada a Devoto, en mayo de 1977, la bajaron del avión porque estaban por firmar su libertad. Apenas salió, ese mismo mes, con su suegra se exiliaron en Italia, donde comenzaron con las denuncias. "Hace 30 años que estoy preparando esta declaración", concluyó ayer.
1 de diciembre de 2010
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maternidad clandestina


Elevan a juicio el caso de Raquel Negro en Paraná.
El primer juicio por robos de bebés en el Segundo Cuerpo de Ejército será el de la hija de Raquel Negro y Tucho Valenzuela, ambos desaparecidos en la quinta de Funes. El juez federal de Paraná, Gustavo Zonis elevó ayer a juicio oral y público la investigación de una maternidad clandestina que operó en el Hospital Militar de Paraná, donde Raquel estuvo secuestrada y dio a luz a una parejita de mellizos, en marzo de 1978. La niña es Sabrina Gullino, quien recuperó su identidad en diciembre de 2008. Pero se desconoce qué sucedió con su hermano, así que el juez resolvió desdoblar la causa y seguir la pesquisa porque está probado que el niño nació con vida y fue derivado al Instituto de Pediatría de Paraná por problemas de salud. Por el caso están imputados cuatro de los condenados a perpetua por los desaparecidos en el centro clandestino de Funes: Pascual Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong y Walter Pagano, más otro oficial del Destacamento de Inteligencia 121, Marino Héctor González y un médico de Paraná: Juan Antonio Zaccaría.
El juez Zonis hizo lugar al requerimiento de elevación a juicio que plantearon los fiscales Mario Silva y José Ignacio Candioti, al acusar a Guerrieri y compañía como autores mediatos de "supresión de estado civil" y "sustracción de menores", que prevé penas de diez años de prisión, aunque si se aplica la última reforma penal podría elevarse a quince años. Los fiscales lograron probar a través de numerosas pruebas de cargo que el Hospital Militar de Paraná era la maternidad clandestina del Segundo Cuerpo. Acreditaron que Raquel Negro fue trasladada desde la quinta de Funes hasta el Hospital Militar, donde en un parto clandestino dio a luz a sus dos hijos: una niña y un niño. La niña recuperó su identidad en 2008: es Sabrina Gullino. "Y con respecto al niño seguirá la investigación porque está probado que nació en el hospital y luego fue derivado al Instituto de Pediatría de Paraná por problemas de salud", dijo una fuente judicial consultada por Rosario/12.
"Las pruebas son sustanciosas -comentó la fuente-. Hay testimoniales, documentales y periciales, entre ellas la declaración de Eduardo Constanzo, quien sindica a Guerrieri, Fariña y Pagano como los ideólogos del plan para el robo de los bebés de Raquel Negro y menciona que Pagano y Amelong llevaron hasta el Hogar del Huérfano de Rosario una beba que es Sabrina. Lo importante es que hay declaraciones de tres enfermeras del Hospital Militar de Paraná que relatan cómo sucedió este parto clandestino y cómo Raquel Negro estaba privada de su libertad, que tenía un guardia permanente y que las ventanas de la habitación estaban tapadas para que no la vieran. También mencionan la intervención de Zaccaría en los hechos y la orden que dio este médico para que en las planillas del hospital los niños se inscribieran como NN".
"Otro testimonio importante es el de una enfermera del Instituto de Pediatría de Paraná, donde llevaron a los niños después de su nacimiento en el Hospital Militar y da cuenta de esa circunstancia. Los bebés fueron dados de alta el 27 de marzo de 1978 y anotados como ’López, Soledad’ y ’López, NN’, lo cual constituye una irregularidad", agregó la fuente.
En el juicio serán querellantes Sabrina Gullino y su hermano mayor Sebastián Alvarez, la agrupación Hijos de Paraná, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y Abuelas de Plaza de Mayo.
1 de diciembre de 2010
©rosario 12
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declaró stella hernández


Pidió que la violación sea reconocida como delito de lesa humanidad. "Lo hago por mí, por todas las compañeras que están muertas o desaparecidas y por las que estando, no pueden hacerlo porque les resulta doloroso", dijo la testigo y actual integrante de la conducción del Sindicato de Prensa.
[José Maggi] Argentina. Stella Hernández era una adolescente de 19 años cuando fue secuestrada por la patota de Feced el 11 de enero de 1977, junto a su novio de entonces Carlos Arroyo, y llevada al Servicio de Informaciones. Este sería sin embargo solo el inicio de un "descenso a los infiernos" que culminaría el 23 de junio de ese mismo año. Y el resultado fue otra mujer, que ayer decidió terminar con la carga enorme que significa un secreto guardado celosamente durante 34 años, para desenterrarlo y confesarlo públicamente frente a su violador: Mario ‘el Cura’ Marcote. Hernández -actual secretaria gremial del Sindicato de Prensa de Rosario- desgranó ayer ante los jueces del Tribunal Oral Federal Nº 1 la violación a la que fue sometida en el SI para después plantear que estos hechos deben ser reconocidos como delitos de lesa humanidad, en el marco del plan de exterminio. "No eran casos aislados, Marcote era el violador serial del Servicio, y esta era una forma más de humillación, de denigración para doblegarnos. No eran errores, eran cosas planificadas. Lo hago por mí, por Juani Bettanín, por todas las compañeras que están muertas o desaparecidas y no lo pueden denunciar y por las que estando, no pueden hacerlo porque les resulta doloroso". Las lágrimas cerraron el pedido de Stella, tanto de un lado como del otro del grueso blíndex que separa la sala de audiencias del público. Es que gran parte del relato de Stella también estuvo ligado a los últimos días de vida de su compañera de cautiverio Marisol Pérez, hermana de la ex concejal justicialista Iris Pérez, que se contaba entre el público. Stella aseguró que a Marisol la entregó Ricardo Chomicky, y que fue asesinada el mismo día que Analía Urquizo, en enero de 1977.
Un grupo encabezado por Carlos Altamirano la sacó de los pelos de su casa. Se llevaron a Arroyo, quien era su novio por entonces, y a gran parte de su familia. "Me subieron al auto en la parte trasera, vendada, tomaron por Ayolas y por San Martín, iban disparando al aire, hasta que llegamos a la Jefatura. Me llevan a empujones al Servicio de Informaciones, donde me recibieron con un puñetazo brutal en la panza, al que yo respondí con un inocente ’no me peguen’. Como respuesta obtengo una cachetada más fuerte aún, que cada vez que la recuerdo me duele más. Esos son los recuerdos de ese momento haber subidos unos escalones y los golpes, las trompadas, los gritos. Fue un verdadero ascenso al infierno".
Stella recordó a "la gallega María Concepción Gracia del Villa Tapia, la Piky, a quien la torturaron bárbaramente, a Daniel Roche, el Rafa". Una noche me vienen a buscar el Cura Marcote, y Carlitos el Joven, (porque había otro Carlitos, que era el Viejo, que era Gómez) y me hicieron pasar primero por una oficina, luego por la sala de torturas, para finalmente llevarme a una pieza donde el Cura me obligó a desnudarme y me violó". "Yo solo lloraba, lloraba y lloraba. Esa fue mi única forma de defensa", recordó Stella con sus ojos llenos de lágrimas al igual que gran parte del público, entre los que se encontraban su compañero Juanjo Vitiello, dirigentes gremiales como Edgardo Carmona del Sindicato de Prensa y Sonia Alesso de Amsafé.
"Después me tiraron de nuevo en el Boulevard Perdiste" como habían bautizado el espacio donde se esperaba la tortura, y donde dejaban maltrechos a los detenidos. "Se me acercó el Cady Chomicky y Nilda Folch y me preguntaron si lo quería denunciar ante el jefe Guzmán Alfaro y me llevaron a su oficina. Hablé con él, le relato lo que me había pasado y
lo llama al Ciego Lofiego, y me pide que repita el relato. Lo traen a Marcote, me piden que me saque la venda y le digo que es él. Por eso lo conozco bien, porque Guzmán me hizo sacar la venda. Guzmán me dijo que estas cosas no pasaban en el SI, que había pasado porque él no estaba, que lo iban a sancionar, pero todo era una gran parodia. Todos en el SI, tanto los represores como los presos supimos que el Cura Marcote era un violador serial, cumplía un rol entre otros."
Stella también relató que el 25 enero de 1977 bajó el Pollo Baravalle y se llevó a Marisol. "Al otro día baja la Polaca Nilda Folch apareció con el vestidito de Marisol puesto y el Cady Chomicky se mostraba con el bolsito de Marisol. Toda esperanza allí se derrumbó".
Hernández cerró su testimonial pidiendo a los presentes, que se quedaran con otra imagen, "no con la del terror de este genocidio atroz sino con el de las presas y presos que pudimos sobrevivir en base a la solidaridad". "Después de salir estudié, me recibí, tuve y tengo amigos, formé una familia, estoy en la conducción del Sindicato de Prensa. Me da mucho orgullo porque pese a todo lo que hicieron no pudieron doblegarnos, la vida es más que la muerte, la vida es una experiencia maravillosa", concluyó.
1 de diciembre de 2010
©rosario 12
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