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reanudan pensión a ex dictador


Ordenan pagarle como ex presidente a Bignone. La jueza Alicia Braghini le requirió a la Anses que le pague la jubilación a Reynaldo Bignone, condenado por secuestros y torturas. Dos fiscales habían denunciado que el pago no correspondía.
[Raúl Kollmann] Argentina. La jueza federal de primera instancia de la Seguridad Social, Alicia Braghini, ordenó a la Anses que le pague la jubilación como ex presidente a Reynaldo Benito Antonio Bignone, el último dictador del Proceso. En su momento, los fiscales Guillermo Marijuan y Guillermo Montenegro denunciaron que no correspondía que Bignone se llevara al bolsillo los 15 mil pesos que cobraba en 2006 ya que no fue presidente elegido democráticamente, sino de facto. Y el régimen de esas pensiones constituía un reconocimiento, algo incompatible con quien llegó a la Casa Rosada a la cabeza de una dictadura y, además, terminó condenado en abril de 2010 a 25 años de prisión por privación ilegal de la libertad y torturas cometidas en Campo de Mayo. La trama del expediente 34391/2009 es asombrosa e incluye al camarista Bernabé Lino Chirinos, con quien la jueza compartió cátedra en la Universidad de Morón y, además, fue prosecretaria en su sala de la Cámara. Chirinos fue ratificado durante el gobierno de Isabel Perón, ejerció su cargo durante la dictadura y hoy sigue en su puesto en la Cámara de la Seguridad Social.
Con fecha 13 de septiembre, la jueza Braghini dispuso que "se intime nuevamente y por última vez a la Anses para que por quien corresponda, en el plazo de diez días cumpla con la medida cautelar decretada y restablezca el pago de la prestación al acto, Bignone, Reynaldo Benito Antonio". Es más, la magistrada establece una multa de 50 pesos diarios para el caso de que la Anses incumpla la orden.
En 2006, Página/12 reveló que el fiscal federal Guillermo Marijuan había recibido una denuncia anónima sobre los 15 mil pesos que cobraba Bignone como ex presidente. Se trataba de una pensión graciable que, según dictaminó el fiscal, sólo correspondía a presidentes constitucionales por cuanto el objetivo era otorgar un reconocimiento a quienes habían pasado por la Casa Rosada. Marijuan presentó una denuncia penal, con el respaldo del entonces titular de la Anses, Sergio Massa, que luego fue tramitada por Guillermo Montenegro, fiscal en aquel momento.
Sobre la base de una ley del también dictador Juan Carlos Onganía, Bignone tramitó la pensión destinada "a los presidentes y vicepresidentes de la Nación cuyo haber, para los primeros, equivale a la suma total de lo percibido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, garantizándoseles los derechos hereditarios a las viudas, hijas solteras o divorciadas por culpa del esposo" (sic).
En 2009 el Congreso sancionó la Ley 26.475 que les quita los beneficios "a todos los funcionarios del llamado Proceso de Reorganización Nacional, comprendido entre los años 1976 y 1983, declarándose extinguidos los beneficios dispuestos en reconocimientos por los cargos o funciones ejercidos". La ley vino a refrendar los dictámenes de Marijuan y Montenegro.
El expediente 34.391 –denominado Bignone Reynaldo Benito Antonio c/Anses s/inconstitucionalidades varias– recayó en manos de Braghini, que fue prosecretaria de la sala en que revista Chirinos con quien, además, compartía cátedra en la Universidad de Morón. Llamativamente, el hermano de Chirinos, Eduardo, es secretario de la Cámara, es decir que justo por sus manos pasan los sorteos por los cuales se asigna el juez a cada causa. Lo asombroso es que Bignone cobraría su jubilación de privilegio después de haber sido condenado a 25 años de prisión por 44 secuestros, 38 casos de tormentos, 11 allanamientos ilegales y seis robos. El fallo de la Cámara Federal de San Martín, que dictó la condena en abril, dispuso también que cumpla la condena en una cárcel común, revocando la prisión domiciliaria. Por otra parte, el ex dictador también aparece involucrado en el proceso en el que figura Luis Abelardo Patti como principal imputado y en el que se investigan asesinatos y secuestros en la zona de Escobar, Zárate y San Nicolás. Después de la debacle de Malvinas, Bignone terminó poniéndole la banda presidencial a Raúl Alfonsín en 1983 y se le adjudica la responsabilidad en el quemado de los archivos de las Fuerzas Armadas, precisamente para borrar las pruebas de la represión.
No faltan quienes en Tribunales consideran que la eventual restitución de la jubilación como presidente a Bignone constituye un antecedente para que otros dictadores pretendan el mismo beneficio. Frente a la consideración de que la pensión es un derecho adquirido se opuso el criterio de que esos beneficios fueron mal adjudicados, porque no puede haber reconocimiento alguno a quienes irrumpieron en la Casa Rosada en forma ilegal.
8 de noviembre de 2010
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el caso tibiletti


El rol de la religión en la guerra sucia. En octubre trascendió la denuncia del ministerio de Defensa contra el ex asesor Luis Tibiletti, quien admitió haber participado en operaciones de Inteligencia en 1977. Las estúpidas incoherencias que ocuparon el lugar de las ideas en la mente de la extrema derecha.
[Horacio Verbitsky] Argentina. Entre 1979 y 1980 el Ejército negó el ascenso o pasó a retiro a treinta y tres oficiales. Todos fueron acusados por sus respectivas juntas de calificaciones de perjudicar la cohesión espiritual de los cuadros, por no compartir "la filosofía y el sentir institucional del Ejército, lo que ha lesionado decididamente su prestigio y concepto ambiente". La historia del grupo se remontaba a 1969, cuando algunos se opusieron al uso del Ejército contra movilizaciones populares como la del Cordobazo. Otros simpatizaron con el regreso de Perón a la Argentina, participaron en el Operativo Dorrego de acción social que reunió a Montoneros y el Ejército o llegaron a tener relación orgánica con alguna de las organizaciones revolucionarias. Otros mantenían nexos con la Unión Cívica Radical.
La Inteligencia del Ejército los detectó en 1971 luego del arresto de dos camaradas encuadrados en Montoneros, quienes identificaron a sus contactos dentro de la fuerza. En los meses previos al golpe de 1976 fueron sometidos a un proceso informal de autocrítica y reeducación y se les permitió continuar en actividad, con el compromiso de participar sin reticencias en la represión. Algunos fueron protegidos por miembros de la cúpula militar que los conocían por razones institucionales o familiares.
Una década después, cuando creían que aquellos episodios habían sido olvidados, el pase a retiro obligatorio los enfrentó con su propia historia.
Al pedir la reconsideración de la medida más de dos tercios invocaron sus convicciones católicas como principal argumento en su favor. Con independencia de su sinceridad, estas veinticuatro exposiciones espontáneas contienen un tesoro de información sobre la mentalidad predominante en el Ejército, ya que invocaron en su defensa los valores mejor considerados por la institución castrense en la que deseaban permanecer.
La constante es el agradecimiento a la formación católica por haber podido aplicar los métodos dispuestos por el Ejército para la denominada guerra contra la subversión. Varios confiesan haber cometido crímenes horrendos, que alegan en su favor. Pese a esta humillación de tipo soviético, a ninguno se le permitió proseguir en actividad.
El mayor Hugo Abel Costaguta dijo que compartía la "filosofía y el Sentir Institucional del Ejército", que se fundan "en los principios inmutables de Dios y la Patria". Su familia está bien constituida, y en su "seno imperan los valores del cristianismo".
El capitán Guillermo Julio González Chipont juró no haberse apartado "de los principios rectores de nuestra civilización Occidental y Cristiana".
El teniente 1º Eduardo Pedro Serrano escribió que había sido permanente su adhesión a "los ideales cristianos y nacionales".
El capitán Ricardo Colombo Roqué dijo que sus ideas políticas, "de profunda raíz nacional y cristiana", no pueden ser "tachadas de subversivas".
El teniente 1º Eladio Alberto Arias elevó junto a su descargo una carta de su padre, el suboficial Mayor (RE) Eladio Arias, quien escribió que el joven había marchado a su destino en Mar del Plata para "vengar el asesinato" de un compañero de promoción, con su aprobación paterna y de soldado.
"Estoy seguro que cumplió. Dios lo ayudó en una causa noble y justa."
El suboficial suplicó "a la Santísima Virgen María –fuente de buen consejo, Esperanza de amor y fe"– que su hijo fuera reivindicado.
El teniente 1º Julio César Sarmiento declaró su confianza en la Justicia Divina y narró las operaciones en las que había intervenido. Su formación como comando y su puesto de jefe de inteligencia de una fracción que actuó en el monte tucumano lo obligó a "interrogar, a ejecutar y a concretar la parte más sucia que era hacer desaparecer los cadáveres de aquellos detenidos ‘por la izquierda’ que no soportaban los interrogatorios".
Sin sus "profundas y arraigadas convicciones religiosas", escribió, "me consideraría un cobarde con las manos ensangrentadas". Este razonamiento es ilustrativo sobre el rol de la Iglesia en la preparación castrense para la guerra sucia.
Para el capitán Gustavo Horacio Ricardes su conducta debió ser malinterpretada, ya que siempre se guió por "los inmutables principios cristianos".
El teniente 1º Héctor Rolando Jamier explicó que si la filosofía del Ejército era "pertenecer a un mundo Occidental y Cristiano y salvaguardar los más altos intereses de la Nación", se identificaba con ella, como le enseñaron en el Colegio Militar. De otro modo no hubiera podido combatir a la subversión "en situaciones y con procedimientos harto conocidos" y que podrían haber lesionado su personalidad y su mente.
El teniente 1º Luis Eduardo Tibiletti realizó la exposición más completa sobre la incidencia de la Iglesia Católica en sus decisiones. Sobrino nieto de Pedro Dionisio Tibiletti, que entre 1929 y 1945 fue obispo de Corrientes y San Luis, e hijo del coronel Pedro Alfredo Tibiletti, uno de los primeros oficiales que estudiaron la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria en Francia durante la guerra de Argelia, Luis Eduardo escribió que su formación inicial fue en un colegio religioso que le enseñó a valorar "el sentido místico y heroico de la vida". En cambio en el Colegio Militar no recibió la imprescindible formación filosófica, histórica y religiosa. Esta "deficiencia en el tratamiento de valores trascendentes" le impidió desarrollar una correcta visión global. Agregó que había sido influenciado por las opiniones del "grupo de oficiales eliminados", a lo que se sumaron "las prédicas del capellán de tinte tercermundista". Su análisis equivocado fue consecuencia de la crisis que en 1972 y 1973 atravesaron "el país y sus instituciones pilares: las Fuerzas Armadas y la Iglesia". Recordó que luego del Cordobazo el capellán del Colegio Militar predicó a los cadetes que un militar "no debía tomar las armas contra los hermanos de su mismo país". Esto era consecuencia de la "aparición política del tercermundismo religioso", entre cuyas expresiones mencionó a Devoto, Angelelli, De Nevares, Di Stéfano y Zazpe y la teología de la liberación, que Tibiletti considera "errada". Esto lo llevó a considerar en forma errónea que "podía contribuir a los objetivos de la Institución con la búsqueda de un acercamiento con Montoneros". Pero a partir de junio de 1975 se desilusionó con esa línea política. El Ejército había comenzado el enfrentamiento abierto con el ERP en Tucumán y en sus filas renacían "valores adormecidos y con los que me identificaba (cohesión, sentido heroico de la vida, sentimientos religiosos)". En setiembre de ese año se realizó en el Colegio Militar "una Semana Religiosa de gran profundidad y que me permitió comprender que debía encauzar la vocación cristiana que guiaba mis actos hacia la acción diaria entre mis camaradas y subalternos y no a través de compromisos políticos con sentido heroico que me habían llevado a actuar erróneamente".
El general Sasiaiñ era tío de su esposa. Le dijo que la superioridad estaba al tanto de sus actividades y le preguntó por sus razones. Después mantuvo diálogos similares con el general Otto Carlos Paladino, quien "tenía la misma profunda vocación cristiana que yo, pero que la había desarrollado dentro de la institución". Decidió entonces "luchar en defensa de los valores trascendentes del Ejército". Al referir los cambios en su pensamiento escribió que el Ejército nunca debía abandonar "la defensa de la Patria Cristiana", porque ésta es "la cosmovisión que nos da coherencia al obrar". Según el oficial recuperado, "en la recta doctrina católica está la VERDAD que no es como se quiere sostener a veces que ‘nadie es dueño de la verdad’ porque eso me llevó al ‘error’ de ir a averiguar cuánto de esa verdad que se torna inalcanzable tienen los ‘otros’. Con esas VERDADES íntegras tenemos que enfrentar la guerra revolucionaria que es una guerra de ideas y no con verdades a medias".
De ese modo es posible "defender la soberanía no sólo militar sino también espiritual de la Patria".
Pudo salir de la confusión que alcanzó a las Fuerzas Armadas y la Iglesia "con la ayuda de Dios", y gracias a "la actitud generosa de la Institución pude afirmarme en valores reales y demostrar en hechos mi respuesta a la oportunidad brindada" (en su descargo dice que participó en "operaciones especiales de Inteligencia" en el Area Zárate-Campana, donde fue fuerte la represión contra trabajadores fabriles). Mucho más escueta fue la apelación que presentó al presidente Raúl Alfonsín en 1983. Dijo que lo habían castigado por disentir con la Doctrina de la Seguridad Nacional.
El mayor Luis María Croce expuso su compenetración espiritual con el Ejército y con "su filosofía cristiana, católica, apostólica y romana". Para refutar los cargos, el capitán Gustavo Vitón hizo gala de su "profunda fe religiosa", y sus valores morales y espirituales. Ofendido porque pudieran atribuirle ideas izquierdistas replicó que siempre demostró "un gran amor por mi Patria y Ejército" y "una fe inquebrantable hacia Dios".
El mayor Norberto Antonio Yommi contó que había participado en un Cursillo de Cristiandad con el capellán de su unidad y que gracias al Ejército había podido "constituir un verdadero hogar cristiano". Jamás pensó ni obró contra sus "profundas creencias cristianas".
El mayor Eduardo Horacio Gentiluomo estableció que "por mi formación y convicción soy Católico, Apostólico, Romano". El mayor Norberto Angel Pascale nunca simpatizó con grupos peronistas que "se convirtieron en elementos subversivos [porque] como militar y cristiano no podría, sin traicionar mis íntimas convicciones y principios, comulgar con un credo irracional". La prueba que alegó fue que "junto a mi señora y mis tres hijos conformo un verdadero hogar cristiano".
El coronel Carlos Sánchez Toranzo expuso que la sociedad argentina "se fundamenta filosóficamente en los valores cristianos" y que él "cree profundamente en el origen divino del hombre y su fin trascendente tal como lo determina la Religión Católica Apostólica Romana [y] rechaza, en plena coincidencia con la Iglesia, al materialismo socializante que propone el marxismo-leninismo, como al materialismo individualista que da el liberalismo".
Sánchez Toranzo citó también la Introducción del Reglamento de Servicio Interno (RV-200-10):

"El Ejército constituye una de las reservas morales trascendentes en la vida espiritual del país, por lo que deberá ser depositario y custodio permanente de sus más caras tradiciones".

El mayor Roberto Juan Gastaldi declaró su orgullo por "nuestra posición occidental y cristiana" desde que San Martín puso al Ejército Libertador bajo la protección de María y Belgrano hizo tejer la bandera "con los colores de la Virgen". La libertad no puede subordinar a los valores más sagrados, entre ellos el matrimonio, que posee "dignidad sacramental" dado que "no fue protegido, confirmado, ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de su restaurador Cristo Nuestro Señor, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre".
También cita a la Iglesia en defensa de la propiedad privada como fundamento del orden económico, aunque con subordinación al bien común.
"No puede concebirse la libertad del hombre, si no está sumisa y sujeta a Dios y a su voluntad. Negar a Dios este dominio o no querer sufrirlo no es propio del hombre libre."
Gastaldi veía el mundo como escenario "de la lucha entre el bien y el mal". El peligro inminente era el comunismo bolchevique y ateo que tiende a "socavar los fundamentos de la civilización Cristiana" y "niega toda jerarquía y toda autoridad establecidas por Dios". Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual convierte el matrimonio y la familia en instituciones artificiales y civiles. Como proclama la emancipación de la mujer, la saca de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para "arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en la misma medida que al hombre, entregando al Estado el cuidado del hogar y de la prole".
Este refrito de Meinvielle y Genta sostiene que aun los pueblos bárbaros han encontrado un freno "en la ley natural esculpida por Dios en el alma de todos los hombres". Sigue con la educación "en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada" y en la escuela, que surge "por iniciativa de la familia y de la Iglesia".
Para demostrar su compenetración con la filosofía del Ejército, este oficial excluido recomendó vigilar con cuidado "los libros licenciosos, los espectáculos cinematográficos y las audiciones radiofónicas y televisivas". Gastaldi informa que ha sostenido estas convicciones "en reuniones con miembros de la Iglesia".
Como instructor de futuros suboficiales, explicó el capitán Víctor Sergio Groupierre, puso el acento en "los conceptos de Patria, Ejército, Dios y del peligro que representa y la guerra que hay que hacerle a la subversión". Además, "he sido casado y mis hijos bautizados por Su Excelencia Reverendísima el Provicario castrense para las Fuerzas Armadas Monseñor Doctor Victorio Manuel Bonamín, quien además me honra con su amistad y visita mi domicilio".
Como prueba definitiva, dijo que entronizó en la capilla de su unidad una mayólica con la imagen de la Virgen de las Nieves.
El único en mencionar la causa de la decisión oficial fue el capitán Norberto Raúl Tozzo: la relación que mantuvo entre abril de 1972 y junio de 1973 en la escuela de suboficiales Lemos con los tenientes primeros Jorge Bavio y Roberto Hipólito. Es su descargo dijo que "mi mente era virgen, tenía sentimientos nacionalistas católicos, inculcados en el Colegio Militar, donde había participado de retiros espirituales. [Bavio] comienza a tocar temas políticos, fundamentalmente de índole nacionalista, y a exponerme la Doctrina Social de la Iglesia. Permanentemente llevaba consigo un libro con las encíclicas Populorum Progressio y Mater et Magistra. De él escucho por primera vez la expresión bien común".
Pero ya en 1974, impulsado por su rechazo a las doctrinas "extrañas a la forma de vida del ser argentino", ingresó a la Escuela de Inteligencia, decidido a combatir "a quienes me habían engañado, aquellos que hablando de nacionalismo y catolicismo ocultaban en su interior el socialismo ateo-marxista". Como prueba de su conversión dijo haber creado un Comando Azul y Blanco en el Destacamento de Inteligencia 124 que reprimió a "la secta esotérica llamada los caballeros del agua y el fuego", que "captaba menores, a quienes se les despojaba de sus valores religiosos".
"Mi accionar, que interpreté como una cruzada, me llevó a operar en otras regiones como ser Capital Federal, Córdoba, Santiago del Estero, Rosario, Santa Fe y Asunción (P); permanentemente estuve vinculado con todas las actividades que se realizaban en el área de Inteligencia."
"Dios es el único que puede juzgar mi conducta" dijo al rechazar la calificación el teniente 1º Ernesto Facundo Urien. El teniente Enrique Alberto Lugand se declaró identificado con la doctrina justicialista por ser "netamente nacional y cristiana".
El capitán Mario Enrique Oscar Rossi puso a Bonamín como testigo de "mi profunda fe en Dios, mis convicciones religiosas, el amor a la Patria y la familia y por la misión del Ejército". Agregó unas líneas confidenciales para el nuevo comandante del Ejército, Leopoldo Fortunato Galtieri, quien había sucedido a Viola cuando éste pasó a retiro para suceder a Videla en la presidencia. Rossi solicitaba seguir en actividad debido a "mi profunda fe en Dios y mi identificación total con la doctrina Católica, Apostólica, Romana. Considerar al hombre como criatura de Dios, dotado de razón y de voluntad, con un fin natural y otro trascendente".
En una incursión sobre política y economía repitió las objeciones de la Doctrina Social de la Iglesia al liberalismo, que defiende los derechos individuales pero descuida el bien común, y al marxismo, que despoja de sus derechos y su propiedad a las personas y las sociedades intermedias.
También el capitán Carlos Alberto Berdaguer ofreció "al clero, castrense o no" como testigo de la convicción que puso para enfrentar a los enemigos de la Nación "para que su célula indiscutida sea la familia y para que en y desde ella padres e hijos procuren vivir su fe a la luz de la moral cristiana, en vez de verse obligados a obedecer ciegamente los mandatos de su majestad El Estado".
El mayor Carlos Alberto Pombo expresó ser "católico, apostólico, romano practicante" y dijo que se identificaba con la doctrina justicialista "porque su esencia doctrinaria no es otra que la Doctrina Social de la Iglesia".
Según el mayor Derlys Even Francisco Bitz, Bonamín le explicó que no habían querido "dejar ningún vestigio o raicillas" dentro del Ejército y esbozó la "teoría del círculo": "Todos los que quedaron dentro de él fueron pasados a retiro; dentro de ese círculo estaban los que evidenciaban un perfil no querido por el Ejército para un oficial que podría comandar unidades o grandes unidades de la Fuerza en la década del ’90. Pudo haber habido inocentes dentro del círculo, pero ante la duda se los eliminó. ¿Qué es un hombre para el Ejército?".
Bonamín también le dijo que no intervendría en el caso. Bitz, quien era amigo del obispo Devoto y cuyas relaciones políticas pasaron por el radicalismo, reclamó por el secreto con que se lo había investigado, sin derecho de defensa, que basó en la Constitución Nacional pero también en la encíclica Pacem in Terris. Dijo que la resolución se fundamentó como si el Ejército "fuera un Estado dentro del Estado o por sobre el Estado". A su juicio, "las Fuerzas Armadas son parte integrante de la Nación y deben estar subordinadas al Poder Político en el marco de la Constitución Nacional". Su "filosofía y sentir" deben ser el de toda la Nación. [...] Las Fuerzas Armadas no son "la última reserva moral de la Patria".
Es ostensible la diferencia de su tono con el de las abyectas disculpas de la mayoría de sus camaradas. Vale la pena precisar que no escribió estas líneas en 1980 sino el 26 de agosto de 1983, a dos meses de las elecciones presidenciales.
Al concluir la dictadura varios de estos oficiales asesoraron a los bloques legislativos justicialista y radical o/y ocuparon cargos ejecutivos en las áreas de seguridad o defensa del gobierno nacional. Algunos (como Tibiletti, Colombo y Rossi) tuvieron un rol de gran valor en la sanción de las leyes de defensa nacional, seguridad interior e inteligencia nacional, que fijaron el marco legal para la subordinación castrense a la conducción civil y apartaron a las Fuerzas Armadas de las tareas policiales y parapoliciales que las habían hundido en la ignominia. Otros (como Sánchez Toranzo) rechazaron y denunciaron intentos de soborno cuando ocuparon cargos públicos. Varios (como González Chipont y García Moreno) fueron procesados por los crímenes de los que se jactaban entonces.
7 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
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juicio político a jueces torcidos


Los camaristas Otilio Romano y Julio Petra fueron citados por el Consejo de la Magistratura. Los jueces mendocinos, acusados por amparar a los represores y favorecerse entre sí, fueron citados como sospechosos de "mal desempeño".
[Irina Hauser] Argentina. Los camaristas federales de Mendoza Otilio Romano y Julio Demetrio Petra Fernández, investigados por su complicidad con los crímenes de la última dictadura militar, fueron citados a declarar por la Comisión de Disciplina y Acusación del Consejo de la Magistratura como sospechosos de "mal desempeño" y quedaron más cerca de un posible juicio político. A Romano, en este caso, se lo acusa de haber promovido y conseguido un amparo ilegal para frenar todas la actuaciones en su contra en el Consejo por su posible responsabilidad en delitos de lesa humanidad. Un conjuez amigo suyo que hizo lugar a la medida cautelar, el abogado Carlos Parellada, también será indagado por los consejeros. A Petra Fernández se le agregaron imputaciones a las que ya tenía por la liberación irregular de represores y por falta de imparcialidad. Una de las nuevas es haber sustraído el expediente de la apelación al amparo de su colega Romano y anular –aunque estaba excusado– la designación de jueces suplentes que debían resolverlo, y que no son de su círculo de confianza.
La situación de la Justicia mendocina ha sido señalada en varios plenarios como de extrema gravedad. El Consejo, con el voto de todos los sectores, ya suspendió y mandó a juicio político al camarista provincial Luis Miret por "actitud colaboracionista con la comisión de delitos de lesa humanidad" cuando era juez de primera instancia. En el plano penal, Miret ya fue indagado también por 31 secuestros, torturas y desapariciones. En la misma causa está imputado Romano, por 55 privaciones ilegales de la libertad y 39 hechos de torturas en sus tiempos de fiscal. Pero Romano viene esquivando todo: eludió la indagatoria con un certificado médico; en el ínterin, la Cámara de Mendoza –integrada por jueces aliados, como Petra– apartó a pedido suyo al juez de la causa, Walter Bento; y frenó dos expedientes en el Consejo por su presunta vinculación con delitos de lesa humanidad con una medida cautelar que le concedió el juez ad hoc Parellada, nombrado por la propia Cámara, que dijo que no lo podían juzgar por lo que hizo como fiscal.
La movida de Romano generó grandes deliberaciones en el Consejo y fue denunciada por el procurador general Esteban Righi. Algunos consejeros llegaron a plantear que había que desconocer la cautelar, aunque se decidió plantear el tema a la Corte Suprema, que aún no respondió. La diputada Diana Conti (Frente para la Victoria) impulsó entonces un dictamen que fue aprobado ayer por unanimidad en la Comisión de Acusación y que dispuso citar tanto a Romano como a Parellada como sospechosos (una especie de indagatoria) de mal desempeño para luego votar si los enjuician. A Parellada, que no es juez, como mucho pueden sacarlo de la lista de conjueces.
Según el dictamen, la medida cautelar contraría la Ley del Consejo de la Magistratura que establece que la acusación a un juez no puede ser revisada judicialmente como, en cambio, puede serlo la destitución. Como las investigaciones contra jueces caducan a los tres años, ese plazo podría beneficiar "a quienes dilatan el trámite". "La conducta de Romano (...) afecta profundamente nuestro sistema de división de poderes, impidiendo el ejercicio de la facultad de controlar a los magistrados", dice el texto aprobado. Suma, como agravante, la aparente relación entre el camarista y el conjuez, cuya hija "fue designada y promovida en dos oportunidades por la Cámara Federal de Mendoza".
En el plenario de ayer se discutió la posibilidad de votar en el acto la suspensión de Petra y la apertura de su enjuiciamiento propuesta por Héctor Masquelet (representante del Poder Ejecutivo) en base a dos cargos por los que ya declaró. Pero hubo consejeros, como el juez Luis Cabral y el radical Ernesto Sanz, que propusieron sumar otras cinco imputaciones pendientes y volverlo a citar. El argumento era dar más sustento a la posible futura acusación. A la vez, sacarse el asunto de encima, y que quede para los nuevos consejeros (sólo quedarán Masquelet y Marcelo Fuentes), que asumen en quince días. Petra tendrá que dar explicaciones por:

- Hacer desaparecer el expediente del amparo de su amigo Romano que frenó su investigación en el Consejo. La Cámara mendocina en pleno, Petra inclusive, se había excusado de fallar en la apelación del organismo, y se sortearon subrogantes. Uno de ellos, Antonio González Macías, denunció que no podía resolver porque el expediente no estaba. Es que Petra, con supuestas facultades de superintendencia, anuló el nombramiento de los suplentes y envió todo "en consulta" a la Corte, que ratificaría a los jueces recién la semana próxima.

- Su posible parcialidad, al haber firmado el fallo que desplazó al juez Walter Bento que había citado a indagatoria a Romano. La amistad entre Petra y Romano es conocida en Mendoza y como prueba de ella, un dictamen de Masquelet señala que después de aquel fallo fueron fotografiados festejando con vino y champán.

- Haber favorecido al teniente coronel Luis Stuhldreher, intendente de facto en 1976 con una falta de mérito extendida a expedientes que nunca habían llegado al tribunal, donde se le imputaban 18 desapariciones.

- Demoras en las causas de derechos humanos, en las que liberó en forma masiva a represores de Mendoza, San Juan y San Luis.

- Ya hay un dictamen acusatorio por liberar a un sargento procesado por crímenes de lesa humanidad y "falta de imparcialidad" al no excusarse en una causa de derechos humanos.

Pablo Salinas, abogado del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, uno de los denunciantes, está convencido de que "por más que cambie la integración del Consejo, aunque estos jueces hayan especulado con eso, son tantas y tan graves las irregularidades que han cometido que seguramente van a quedar suspendidos".
6 de noviembre de 2010
5 de noviembre de 2010
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médico atendió a una desaparecida


Una partera y una médica secuestradas después de atender a una desaparecida. El doctor Justo Blanco atendió el parto de la desaparecida Silvia Isabella Valenzi, que estaba secuestrada en el Pozo de Quilmes. La partera y la médica que avisaron a su familia del nacimiento de una niña fueron llevadas a El Vesubio.
[Alejandra Dandan] Argentina. El aún es médico especialista en obstetricia. La persona que en 1977 atendió en el Hospital Isidoro Iriarte de Quilmes a una parturienta secuestrada en el Pozo de Quilmes. El hombre que le impidió a un grupo de tareas entrar a la sala de parto, que logró saber que se llamaba Silvia Mabel Isabella Valenzi y las condiciones del secuestro. Que ayudó a nacer a una niña, que denunció lo que sucedió y luego sufrió las consecuencias con la explosión de una bomba en la puerta de su casa. Es el doctor Justo Horacio Blanco. Durante su relato en los Tribunales de Comodoro Py lloró, y les arrancó lágrimas hasta a los guardias.
El caso del hospital de Quilmes es uno de los nudos del juicio oral por los crímenes del centro clandestino de El Vesubio. El 1º de abril de 1977, una patota encabezada por el médico policial Jorge Antonio Bergés llevó a Silvia Mabel Isabella Valenzi a dar a luz por un parto prematuro. Dos empleadas del hospital avisaron clandestinamente a su familia que ella estaba en ese lugar. Eran la partera Genoveva Fratassi y la médica María Luisa Martínez de González; ambas terminaron en El Vesubio. Blanco declaró en el marco de esa causa, como lo había hecho otras veces incluso en los Juicios por la Verdad.
"Ubico el caso y ubico las circunstancias", respondió dedicadamente al juez Leopoldo Bruglia a cargo del Tribunal Federal Oral Nº 4. "Yo era médico de guardia, obstetra –dijo–. Un lunes entra en la maternidad un grupo de policías encabezado por el médico de policía Bergés, a quien conocía de antes por mi especialidad. Traían una detenida en franco trabajo de parto."
"Eran las once de la noche, aproximadamente. Bergés se fue de inmediato, quedaron algunos policías que quisieron entrar a la sala de partos y yo me opuse porque es un medio quirúrgico y no correspondía. Extrañamente para esos tiempos, me hicieron caso y pudimos tomarle declaraciones como corresponde para hacer la historia clínica."
La mujer le dijo entonces quién era, le explicó que estaba "detenida", con un embarazo de siete u ocho meses. Blanco la revisó, la encontró con ocho centímetros de dilatación. "Le pregunté si había sido torturada y me dijo que sí, y colegimos que debido a esas torturas se adelantó el parto." Isabella dio a luz una nena de 1,800 kg, ostensiblemente prematura, dijo él, por lo cual la pusieron en Neonatología. "Después la internamos en una sala de puerperio, de inmediato fue acompañada por los policías. Ese día hubo mucho trabajo, no dormimos –explicó–, entonces vi cuando se la llevaban, a las pocas horas, en la caja de una camioneta no identificada."
Sólo dos o tres personas lo oían desde la parte de atrás de la sala, el espacio destinado a un público que en el caso de El Vesubio suele estar ganado por el vacío. En medio de la nada con dos o tres personas, lloraba una mujer policía. "Dicho hecho sucedió en las primeras horas de la mañana –agregó–, yo mismo le informé por igual al director del hospital y al jefe del Servicio, el doctor Iriarte, ya fallecido, y el doctor Oscar García, también fallecido."
Blanco tuvo tiempo de decir algo más. "Debido a mis declaraciones anteriores, los represores que por supuesto quedaron me pusieron una bomba que me voló el frente de mi casa; fue 1987, afortunadamente –dijo llorando– no estaban mis hijos ahí."
Las querellas hicieron pocas preguntas. "Este hecho es el único que hubo en el hospital en el que trajeran a una parturienta, esto va por mi opinión –explicó–, pero creo que la intención era apoderarse de ese recién nacido que necesitaba atención de Neonatología para sobrevivir, porque era un caso delicado, los otros no necesitaban atención especial."
También habló de las otras dos mujeres. Explicó que conoció a las dos. Dijo que, según sus datos, pocos días después fue detenida Genoveva, cree que en el hospital. "Y el informe que también tengo es que ella y la obstetra se encargaron de informar a la mamá de la chica que ella había tenido un parto en la maternidad."
¿Que pasó con la beba?, le preguntaron. "La beba es un misterio para mí", dijo él. "Sé que desapareció, sé también que no hubo certificado de defunción y sé que no hubo cuerpo al que velar. Qué pasó, no lo sé. En algún momento he preguntado a alguna de la gente de Neo de ese tiempo, me dijeron que había fallecido por su misma prematurez, pero no tengo ningún conocimiento que me avale esa afirmación."
6 de noviembre de 2010
5 de noviembre de 2010
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cecilia nazabal, la mujer nueva


"[...] ella pertenecía a una generación que creía en el hombre nuevo y ella nunca dejó de practicar eso de la construcción de una mujer nueva en su propia vida", según la recuerda Nadia Schujman.
[Sonia Tessa] Argentina. Cecilia Nazabal dejó un recuerdo indeleble en todos los que compartieron alguna parte de su vida con ella. Su sonrisa, su calidez, eran lo más notorio para quienes la conocían poco. En la noche del 5 de noviembre del año pasado, su vida se extinguió después de años de lidiar con una enfermedad que le provocaba intenso dolor. En ese momento, el juicio oral y público contra Óscar Pascual Guerrieri y otros cinco represores estaba en pleno desarrollo. Ella llegó a ver el comienzo del proceso, por el que tanto batalló y al que tanto aportó. Tenía ganas de dar testimonio de todo lo que había averiguado durante más de 20 años sobre el circuito represivo en la zona, pero la salud no la dejó. "Fue una luchadora incansable para que se hiciera justicia, no sólo con su compañero sino con todos los compañeros. Me dejó muchísimas cosas porque ella pertenecía a una generación que creía en el hombre nuevo y ella nunca dejó de practicar eso de la construcción de una mujer nueva en su propia vida", la recuerda Nadia Schujman, abogada de Hijos, la agrupación a la que pertenece también Fernando Dussex, hijo de Cecilia. En 1977, Fernando Dussex padre fue secuestrado, y ella -con su bebe de 45 días- comenzó a deambular un largo exilio interno que duró hasta 1980, cuando volvió a radicarse en Rosario.
Cecilia tejió con paciencia y tesón una buena parte de las causas de derechos humanos en Rosario. "Siempre la conocí peleando por lo que pensaba, por sus ideas y fundamentalmente por reconstruir el pasado. Ella fue una artífice fundamental de los juicios, sobre todo del juicio anterior, la causa Guerrieri-Amelong, ella siempre estaba contactando familiares, buscando datos, y además tenía una memoria prodigiosa", la recuerda Eduardo Toniolli, también de Hijos.
La mamá de Eduardo, Alicia Gutiérrez, fue compañera de Cecilia en esa búsqueda. "A veces se pasaba las noches enteras maquinando cómo sacar un dato, de dónde sacar un hilito para llegar a un dato. Así no solamente con la causa de la quinta de Funes, también datos que aportó para la causa Feced y en Santa Fe". Cecilia había estudiado Ingeniería Química en la capital provincial, hasta que la represión la obligó a abandonar la carrera. Sólo le faltaba la tesis. Sin embargo, en los 80, cuando volvió a Rosario, donde nació y creció, decidió continuar con su tarea de maestra jardinera que le permitió sobrevivir durante la dictadura. Fundó junto a su hermana Uma el jardín La Nube, un espacio pedagógico luminoso, donde el valor de la solidaridad y la construcción colectiva eran fundantes. "Ella conocía los detalles de todos los alumnos. En su cabeza guardaba los nombres, los sobrenombres, aparte de la percepción de lo que le pasaba a cada chico y la búsqueda de una solución", recordó Oscar Moore, su compañero de 29 años, que lleva su desconsuelo a cuestas. Cecilia murió pocos días antes de cumplir los 60 años.
En el proyecto pedagógico participativo que alumbraron en La Nube, desde el principio hubo lugar para cualquier niño o niña. "Sabía cómo lograr que los chicos superaran las dificultades. Tenía mucha paciencia con los que más la necesitaban. Hacía mucho esfuerzo por cada chico", la recordó su pareja.
Como padres de niños que concurrieron a La Nube -un lugar donde se respiraba arte y creatividad-, los militantes de Hijos resaltaron la coherencia. "En ese jardín pude ver la construcción de los valores de solidaridad, de respeto hacia el otro, como un pilar fundamental en la educación de los seres humanos. Ella me enseñó muchísimas cosas justamente por practicar la tolerancia, el respeto, el afecto. Cecilia creía en todo eso y lo traducía en su vida en hechos cotidianos permanentemente. Y todo lo hacía dejando el cuerpo, la cabeza, el corazón", rememoró Schujman.
Edu Toniolli también mandó a su hijo a ese jardín. Recuerda una anécdota: el niño tenía tres años cuando pasó por una reunión de maestras. Cecilia tenía una revista en sus manos, con una foto de Evita. El niño dijo: "Mirá, Evita", y todas festejaron. Al rato, Cecilia llamó al padre para contarle, divertida, que su hijo ya sabía quién era Evita. La relación con Alicia Gutiérrez se remonta a la primavera democrática. "La conocí en el año 86, a través de una amiga común, que me contó que mandaba sus hijos a La Nube y que Cecilia tenía también su compañero que estaba desaparecido y que había estado en la quinta de Funes. Nos conocimos, e inmediatamente hubo algo que nos unió, que era la militancia del pasado, que era común, del mismo proyecto político, y tantos años de búsqueda de justicia, eso nos unió, y de ahí en más no nos separamos", cuenta emocionada.
La amistad, la militancia, la apuesta por la vida. Cecilia siempre fue coherente. "Es una de esas personas que no pueden pasar por tu vida sin dejarte marcas porque realmente era tan humana, tan solidaria, tan observadora del otro, que dejaba huellas", apuntó Schujman.
Alicia Gutiérrez recordó que siempre se hacía un lugar para preguntar por el otro, y jamás se quejaba de sus padecimientos, que en los últimos años fueron muy intensos. "No llegó a declarar, pero vio que empezaba el juicio y los vio a los represores sentados ahí. En cambio, no alcanzó a ver que les dieran prisión perpetua", lamentó Gutiérrez. El 15 de abril de este año, cuando se leyeron las condenas contra Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo, ella no estaba, pero había hecho tanto por conseguirlo, que su presencia fue inevitable. "Dejó un vacío enorme, es de esas personas que ocupan mucho espacio. Ella sostenía el mundo a su alrededor", dijo su compañero de vida. El 18 de noviembre le harán un homenaje en el Concejo municipal. También la recordarán el lunes, a las 17, en el cantero central de Oroño, en el aguante al juicio contra represores.
6 de noviembre de 2010
5 de noviembre de 2010
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legado de néstor kirchner


"¿Qué nos queda por hacer ahora, hacia adelante, después de Néstor? La respuesta es clara: proseguir su obra y completar su tarea".
[Ernesto Laclau] A medida que los días vayan pasando, el país comprenderá crecientemente las verdaderas dimensiones de la tragedia que representa para los argentinos la súbita desaparición de Néstor Kirchner. Con él hemos perdido al estadista de mayor envergadura que nuestro país haya producido en los últimos cincuenta años. A él estará siempre ligada la transformación profunda del Estado que la Argentina experimentara a partir de 2003.
Hay que situarse mentalmente en el umbral de aquel año para advertir todo lo que ha cambiado. El 2003 no está tan lejano en el tiempo y, sin embargo, lo que lo precediera parece pertenecer claramente a otra época. El país venía de una serie de experiencias traumáticas: la dictadura militar, con la que, en razón de una serie de leyes y amnistías, la ruptura había sido tan sólo parcial; el neoliberalismo menemista que, a través de sus privatizaciones y desregulaciones, había puesto a la Argentina al borde de la bancarrota; el fracaso estrepitoso del gobierno de la Alianza, que condujo a los estallidos de 2001. Había un cinismo y un desencanto generalizados respecto de la política, que encontraría su expresión en el notorio lema "que se vayan todos".
Ya las movilizaciones sociales subsiguientes a la crisis –las fábricas recuperadas, la extensión del movimiento piquetero y otros fenómenos concomitantes– estaban preanunciando que el ciclo del neoliberalismo estaba llegando a su conclusión. Pero lo que muy pocos esperaban era que esas movilizaciones fueran a encontrar eco y simpatía al nivel del Estado nacional. Fue contra todas las expectativas que ocurrió el 2003. Al principio, el nuevo tipo de discurso fue recibido con un considerable grado de escepticismo. Se trataba, en la apreciación de muchos, de mera retórica, tras la cual habrían de ocultarse las habituales componendas de trastienda. Pero pronto hubo que rendirse a la evidencia: el nuevo gobierno estaba comprometido con un programa total de reestructuración de la sociedad argentina a sus distintos niveles. Programa que no podía dejar de suscitar la adhesión popular, a la vez que herir intereses creados que se habían consolidado a lo largo de decenios. En poco tiempo pudimos verificar el apoyo brindado por el gobierno a las organizaciones populares; la decisión de operar, a través de los juicios a los represores, el desmantelamiento de la ESMA y otras medidas similares, la ruptura más radical con el pasado dictatorial que haya tenido lugar en el continente latinoamericano; la reorientación nacional de la economía, en el proceso que va desde la ruptura de facto con el FMI hasta el reforzamiento del Mercosur y el rechazo del plan del ALCA de Bush en la reunión de Mar del Plata de 2005; la democratización de la Corte Suprema y de la cúpula militar, etc. Como es sabido, toda esta corriente profunda de cambio fue continuada y radicalizada a través de una serie de medidas legislativas durante el gobierno de la presidenta Cristina Fernández, que ha representado uno de los esfuerzos más ambiciosos y sistemáticos en nuestro continente por reestructurar al Estado y redefinir sus relaciones con la sociedad civil. Todo esto se ha hecho en el marco de una integración cada vez mayor de la Argentina al espectro de los nuevos gobiernos progresistas de América latina. El país está menos solo que nunca en el pasado.
No voy a entrar a discutir la minucia de este programa legislativo. En los últimos días otros –Mario Wainfeld y Horacio Verbitsky entre ellos– lo han hecho en artículos excelentes. Pero sí quisiera referirme a un aspecto clave, que revela la naturaleza del legado de Néstor Kirchner, a la vez que su estilo particular de liderazgo. Me refiero a las resistencias que toda tentativa de cambio profundo suscita y al coro de infundios con el que las fuerzas reaccionarias pretenden combatirla. Hace unos días, los plumíferos de La Nación caracterizaban al kirchnerismo como "populismo autoritario". La fórmula misma ya es, desde luego, problemática y ambigua, pero cuando se la usa para caracterizar la situación argentina es doblemente absurda. Un populismo autoritario sólo podría ser uno en el que las masas fueran enteramente pasivas y sometidas a un liderazgo que tomara las decisiones sin compartir el proceso deliberativo con nadie. Esto puede llegar a ocurrir en ciertas sociedades –pensemos, por ejemplo, en el Zimbabwe de Mugabe–, pero cuando esto ocurre, la deriva autoritaria es cada vez menos populista, ya que las masas son sustituidas por pequeños grupos de matones reclutados y organizados desde el poder. En tales condiciones lo que prima es el autoritarismo, en tanto que el populismo se limita a una cáscara vacía, a una interpelación meramente retórica, sin participación activa alguna de las masas.
Ahora bien, cualquiera que conozca mínimamente lo que está pasando en la Argentina, sabe muy bien que en ella se da la situación exactamente opuesta. Todas las medidas legislativas han sido tomadas sobre la base de la movilización autónoma de uno u otro sector de la sociedad. ¿Cómo explicar entonces esta insistencia en los peligros autoritarios del kirchnerismo? La respuesta es obvia. Se trata de crear una cortina de humo, por la que la supuesta "defensa de las instituciones" frente al "avance autoritario" no es sino un burdo intento por defender un statu quo en el que las corporaciones medran, frente al intento de democratizar a estas instituciones desde dentro. ¿Recuerdan ustedes la reunión reciente del Sr. Magnetto con líderes de la oposición para planificar algo no claramente especificado pero que, en todo caso, implicaba a claras luces organizar la confrontación con el gobierno? ¿Y recuerdan ustedes esa otra reunión, mucho más siniestra, en la que se obligó a Lidia Papaleo a resignar el control de Papel Prensa bajo amenazas de muerte? La misma historia acerca de la sórdida acción del poder corporativo frente a la voluntad popular se repite en todas las instituciones. El gran dilema a ser dirimido en los próximos años, comenzando por las elecciones de 2011, es quién va a prevalecer: la Argentina corporativa del pasado o la Argentina popular que comenzó a emerger con las movilizaciones de 2001, que se consolidó en 2003 y que desde entonces ha ido ganando batalla tras batalla.
Es en el umbral de esta confrontación que el nombre de Néstor Kirchner permanecerá siempre como un signo liminar y señero. Ya no será una bandera para las luchas, pero se ha transformado en algo más importante: en un símbolo para las conciencias. Quiero recordar tres aspectos de su obra y de su mensaje. El primero es que fue uno de los demócratas más radicales que la Argentina haya producido en años recientes. Nunca intentó imponer una voluntad burocrática, sino que siempre buscó en las movilizaciones espontáneas de los grupos de base los aliados naturales a través de los cuales pensar, repensar y matizar su proyecto. El segundo es que nunca hizo una interpelación fácil a masas inestructuradas, sino que comprendió que, en las complejas sociedades contemporáneas, cualquier proyecto de cambio tiene que pasar por la transformación interna de las instituciones. No sé si Néstor habrá leído a Gramsci, pero en todo caso su acción política muestra algo que es profundamente gramsciano: la comprensión de que, en las sociedades contemporáneas, no hay populismo fácil; que, sin la mediación institucional, no hay proyecto político coherente. En tal sentido él mostró, a través de su acción política, algo que siempre pensé: que entre institucionalismo y populismo siempre hay una compleja negociación, los resultados de la cual presentarán matices distintos en diferentes sociedades.
Hay, finalmente, una tercera dimensión que es decisiva para entender el legado de Kirchner: su firmeza de acero, su compromiso total con las causas que abrazaba. Era un hombre de lucha, no de transacciones. Esto es lo que indignaba a sus detractores y lo que denominaban su tendencia "a doblar la apuesta". Creo que se trataba de algo más importante que eso. Él tenía perfecta conciencia de la naturaleza de las fuerzas con las que se enfrentaba, y sabía que sólo una voluntad inquebrantable sería capaz de confrontarlas.
¿Qué nos queda por hacer ahora, hacia adelante, después de Néstor? La respuesta es clara: proseguir su obra y completar su tarea. Él nos ha legado objetivos que son más vastos que su vida y que la nuestra y que incluyen a todo nuestro continente. América latina ocupará su puesto en esta marcha general de los pueblos que habrá de conducir, desde la barbarie neoliberal, al establecimiento de formas justas, libres y racionales entre los hombres. Ya hemos oído estos últimos días las voces melifluas y viscosas de aquellos que, restregándose las manos de satisfacción, dicen que ahora Cristina está sola y tendrá que contemporizar con la oposición. Los que eso piensan van a encontrarse con una sorpresa. En primer término, parecen no conocer el temple de nuestra presidenta, cuya determinación militante se ha mostrado en todas las pruebas –muchas duras– que debió pasar durante su gobierno. En todas las circunstancias mostró una claridad de propósitos y una determinación en su ejecución que la coloca en situación de total paridad con su predecesor.
En segundo lugar, Cristina no está sola. Ha perdido, es verdad, al compañero de su vida y la acompañamos todos en su dolor. Pero la acompaña también todo un pueblo, el cual se ha manifestado en los últimos días en una de las expresiones de pesar colectivo más inmensas –quizá la más inmensa– de la historia argentina. Debemos hacerle a Néstor, en las palabras de Antonio Machado, "un duelo de labores y esperanzas". Cada fábrica, cada escuela, cada hogar, deben erigirse como la expresión de la voluntad colectiva de que la llama que se encendió en 2003 no se extinga jamás. Que todos los argentinos nos identifiquemos con aquellas palabras que José Gervasio de Artigas pronunciara en su lecho de muerte: "Amanece, ensíllenme el caballo".
[El autor es profesor de Teoría Política en la Universidad de Essex].
4 de noviembre de 2010
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testigo identificó a lofiego


Era su verdugo. "Decía, ’a éste dénle tranquilo’".
[José Maggi] Argentina. Uno de los dos testigos que declararon en la tarde de ayer aseguró haber estado detenido en la Fábrica Militar de Armas de Fray Luis Beltrán. Roberto ‘Chino’ Hyon llegó a esa conclusión por datos comunes que tiene con quien fuera uno de sus compañeros de encierro: el contador Eduardo Azum. "Me llevaron a un lugar del que en principio no tenía precisión. Era en el campo, donde escuchaba los gallos, ruidos de animales, creía que estaba en la zona de Ibarlucea porque cuando me largaron me dejaron en ese lugar. Pensé primero en La Calamita porque me liberaron en la zona noroeste. Pero después, por personas que estuvieron secuestradas conmigo, pude saber que era la Fábrica de Armas de Beltrán. Estuve allí la primera quincena del mes de agosto de 1976, escuchaba las torturas, aparecía mucha gente que la traían de San Lorenzo, de esa zona".
"Había gente de San Lorenzo y Fray Luis Beltrán, la mayoría peronistas de la zona. Me tenían tirado en el suelo en un colchón, prácticamente no nos daban de comer, todos los días nos torturaban, nos tiraban en un elástico de cama, y nos picaneaban y este enfermo de Lofiego nos pegaba con un latiguillo. Se hacia llamar el Doctor y el Ciego, ese fue el que me puso el estetoscopio en el pecho y le dijo a los otros, ’a éste dénle tranquilo que va a aguantar’", relató.
Hyon recuerda especialmente "a una mujer a la que escuché gritar y llorar, a la que hicieron pomada, que era de la zona de San Nicolás y militaba en Vanguardia Comunista. Se escuchaba todo porque todo pasaba en la misma casa, por llamarla de algún modo".
Según relató "con Azum hablamos sobre Hugo Parente, porque los tipos estos que nos torturaban, algunos se hacían los buenos y otros los malos. Y uno me dijo: ’Quedáte tranquilo Chino, tu viejo está bien, pero a vos te batió el Hugo Parente’, al que conocía pero no veía a desde hacía tres o cuatro años. Azum se había hecho amigo de Parente porque les gustaba cantar y se iban juntos a las peñas".
Roberto Hyon recordó que fue "secuestrado en los primeros días de agosto de 1976. Una banda asaltó la casa de mis padres e hirió gravemente a mi papá con dos tiros en el estómago y también con dos tiros a mi hermano menor".
Refiriéndose al único de los miembros del grupo de tareas que pudo individualizar, recordó: "Me acuerdo que como a los 3 o 4 años, después que pasó eso me fui al norte y una vez que volví estaba mirando una exposición de libros en la plaza frente a la Biblioteca Argentina y me encuentro con un amigo de Jujuy, estudiante de medicina. Estaba parado como mirando a la biblioteca y escuché una voz que me estremeció el cuerpo, era la voz de uno de los que más me habían torturado, era un enfermo. Le pregunté a mi amigo quién era y me dijo: ’Ese es el hijo de puta de Lofiego’, me contestó. No pude darme vuelta para mirarle la cara, me dio un escalofrío, pero no hizo falta esa voz era inconfundible: era la de mi torturador".
Un detalle: Hyon nunca había denunciado su secuestro hasta que hace cuatro años cuando el rostro de Lofiego ganó la tapa de los diarios por su detención, Hyon padre, lo reconoció como uno de los que irrumpió violentamente en su casa de pasaje Hertz, en los primeros días de agosto de 1976. Entonces junto a sus hijos Roberto y Walter -que ayer también declaró- decidió ir a la justicia federal.
4 de noviembre de 2010
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declaran contra represores rosarinos


Seminara brindó su testimonio contra los represores rosarinos. El vicerrector de la UNR contó ante los jueces las secuelas que le quedaron en el cuerpo luego de pasar por varias cárceles. "No te hagas matar en la tortura", le dijo Scortecchini.
[Sonia Tessa] Argentina. Eduardo Seminara llegó rodeado de afectos a los Tribunales Federales de Rosario, donde ayer relató los delitos de los que fue víctima hace 34 años. El vicerrector de la Universidad Nacional de Rosario salió de las oficinas de Rectorado, en Italia y Córdoba, con una pequeña multitud que caminó junto a él las cinco cuadras de distancia. Los aplausos lo acompañaron al entrar y salir. En julio de 1976, cuando cumplía el servicio militar en Azul, fue secuestrado por el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, que lo trasladó en avioneta hasta Rosario, donde lo llevaron al Servicio de Informaciones, el centro clandestino de detención que funcionaba en San Lorenzo y Dorrego. Apenas llegó, a los golpes, lo obligaron a sacarse la ropa de soldado que vestía. "No sos digno de llevar el uniforme de la patria", le dijeron. Seminara era militante de la JUP. Sin dramatizar, detalló las torturas que sufrió, que resultan inimaginables para alguien que no haya padecido la picana eléctrica, a quien no le hayan hecho el submarino, a quien no lo hayan quemado con cigarrillos, que no haya sido tomado de las manos y las piernas para ser empujado hacia arriba y lo hayan dejado caer -con el peso muerto de su cuerpo al piso.
Seminara contó las secuelas que le quedaron en el cuerpo: durante muchos años, perdió la sensibilidad de sus manos, tiene problemas circulatorios, sufrió una infección en las piernas que fue atendida de manera semiclandestina por un enfermero, una vez que lo trasladaron a la cárcel de Rosario. Ayer brindó testimonio por quinta vez contra los represores de la ex causa Feced: "Me siento orgulloso de poder declarar, porque creo que estamos en el camino de la verdad y la justicia".
Seminara rememoró que estuvo siete días en la planta baja del Servicio de Informaciones, al lado de la sala de torturas, adonde lo llevaron varias veces. En ese lapso, no tomó agua ni comió. Pedía ir al baño para sorber el agua que salía del inodoro. Durante esa semana, lo fotografiaron para el prontuario. Recordó también que José Rubén Lofiego y Mario Alfredo Marcote le sacaron la venda de los ojos para que pudiera verlos. Y distinguió a un viejo compañero de la Asociación Cristiana de Jóvenes, José Carlos Scortecchini, que se acercó a decirle: "No te hagas matar en la tortura". Lo reconoció por la voz. Entonces, entendió por qué los torturadores también tenían datos sobre su vida privada.
La defensa de Scortecchini presentó después un testigo, Alejandro Brid, que quiso desmentir la relación preexistente entre Seminara y el oficial de policía, pero no hizo más de confirmar lo dicho por el vicerrector de la UNR. Brid confirmó que ambos compartían un grupo -sin ser amigos en la Asociación Cristiana. Ayer, Scortecchini presenció la audiencia en la sala, algo que no ocurría desde que empezó la ronda de testigos. En cambio, Lofiego y Díaz Bessone sí la siguieron desde una habitación contigua. Ellos dos enfrentan cargos por homicidios, privación ilegítima de la libertad, torturas y asociación ilícita.
Desde el SI, Seminara fue trasladado a la cárcel de Rosario, en el mismo camión celular que Carlos Corbella, Rubén Milberg y Rubén Chiartano. Cuando llegó al penal de Zeballos y Ricchieri, no querían aceptarlo por el estado de salud que le había provocado la tortura. Allí estaba también Pedro ‘el Correntino’ Galeano, diezmado por las hemorragias internas provocadas por los tormentos. Dijeron haberlo trasladado al hospital provincial, pero le aplicaron la ley de fuga. "Ese hombre no podía caminar, no podía intentar fugarse. Es un flagrante asesinato de una persona", dijo Seminara ante los jueces.
En setiembre del mismo año lo llevaron a Coronda. En esa cárcel, donde las condiciones de detención también eran inhumanas, escuchó los "gritos desgarradores" de Daniel Gorosito, cuando era sacado de la prisión para ser fusilado. El extenso testimonio de Seminara abundó en detalles de su paso por las cárceles. El 17 de noviembre de 1981 obtuvo la libertad condicional, una instancia que lo obligaba a presentarse cada mañana en el Servicio de Informaciones. Recién con la visita del Papa por el conflicto de Malvinas, en mayo de 1982, fue liberado definitivamente. "Recompuse mi vida, estudié, formé una familia, me casé, y hoy soy vicerrector de la UNR", dijo Seminara. Después de algunas preguntas de la defensa y la fiscalía, se retiró de la sala, en medio del aplauso del público. A la salida, mientras se abrazaba con sus compañeros, confesó que declarar le había "sacado de encima como diez kilos".
4 de noviembre de 2010
©rosario 12
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