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apartan a jueces torcidos


La Cámara Nacional de Casación Penal desplazó a tres integrantes de la Cámara Federal de las causas en las que se investigan los delitos de lesa humanidad en toda la jurisdicción del tribunal, que incluye las provincias de Mendoza, San Juan y San Luís. Los apartados son Julio Petra Fernández, Alfredo López Cuitiño y Enrique Sosa Arditti.
Argentina. El otro de los camaristas mendocinos cuestionados, Otilio Romano, sigue en funciones dado que consiguió que un magistrado provincial trabe su enjuiciamiento mediante una cautelar. "Existe en Mendoza una crisis judicial tal que impide el juzgamiento de delitos de lesa humanidad cometidos en la región de Cuyo, lo que compromete seriamente la responsabilidad internacional del Estado", afirmó en su pronunciamiento la sala IV de la Cámara de Casación Penal.
La resolución fue unánime por la adhesión de los camaristas Mariano González Palazzo y Augusto Diez Ojeda al dictamen de Gustavo Hornos. Miret fue denunciado por haber consentido la detención arbitraria y la violación de una joven de 16 años en 1976, cuando se desempeñaba como juez de un tribunal de menores de provincia, juzgado en el que Otilio Romano era secretario. Por su parte, Sosa Arditi ya había renunciado a una subrrogancia para volver a su estado de juez jubilado.
El apartamiento de los camaristas Petra Fernández, López Cuitiño y Sosa Ardite de todas las causas de lesa humanidad en el distrito judicial de Cuyo se realizó en el marco de un recurso presentado por el Ministerio Público Fiscal contra la decisión de Cámara de limitar la recusación sólo a las causas mendocinas. En la aceptación, Casación Penal sostuvo que existen "dudas razonables acerca de la imparcialidad de los tres miembros del tribunal que previno en todas las causas de lesa humanidad que lleguen a su conocimiento". Aludió a "la existencia de expedientes en trámite en los que se investiga la actuación de algunos de los integrantes de ese tribunal en el marco de causas de delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura y/o su intervención en la comisión de esa clase de delitos durante su desempeño judicial en aquel período". También consignó las "constantes y sucesivas intervenciones suscitadas por las diversas recusaciones y excusaciones de los miembros del tribunal que previno, sin que se cuente con un marco jurídico-teórico razonable que permita distinguir aquellas causas en las que se hace lugar al pedido inhibitorio y aquellas en las que no".
En un fallo paralelo, Casación incorporó dos nuevos miembros a la Cámara Federal Mendocina en reemplazo de los apartados. Según el sorteo de rigor, fueron designados para ocupar esas plazas Roberto Julio Naciff, integrante del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 de Mendoza, y Hugo Carlos Echegaray, miembro del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de San Juan. Naciff y Echegaray comenzaron a hacerse cargo, desde el 1 de noviembre último, de todas las cuestiones pendientes vinculadas con las causas seguidas por presuntos delitos de lesa humanidad de esa jurisdicción y de demás asuntos penales que ingresen a la Sala que ahora integran.
4 de noviembre de 2010
3 de noviembre de 2010
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somos la muerte, decían las ratas


Hermanos Jorge y Norberto Ugolini. "’Somos la muerte’ decían".
[José Maggi] Argentina. Los hermanos Jorge y Norberto Ugolini fueron los testigos que declararon en la tarde de ayer en el marco de la causa Díaz Bessone. Jorge fue secuestrado en su domicilio, donde se encontraba con sus hermanos y su madre, por un grupo de más de diez personas armadas entre las que identificó al Ciego Lofiego. Luego fue llevado al Servicio de Informaciones: "Ahí me empiezan a pegar como por dos horas, hacían rondas, con el discurso de 'somos la muerte, somos la triple A, te vamos a fusilar". "Era un aullido permanente, los que eran torturados con picanas aullaban". Después declaró su hermano Norberto quien confirmó el modo violento en que secuestraron a Jorge y relató las gestiones que realizaron con su familia para poder localizarlo. También el saqueo que sufrió la vivienda familiar: "No quedó ni una cucharita en casa".
Jorge Ugolini relató: "El 16 de julio de 76 fui secuestrado de mi casa por un grupo de personas en horas de la madrugada. Me despertaron los ruidos y los golpes en la puerta. Vivíamos allí mi hermano, mi hermana, mi mamá y yo. Dormía con mi hermano, en una habitación que tenía una ventana que daba al jardín. Esa noche la abro y veo a un hombre con pelo peinado para atrás, bigote, gomina, anteojos. Después supe que era Lofiego, que me amenaza con un arma y me dice que me quede donde estaba o me mataba. Empecé a sentir golpes, estaban tirando abajo la puerta del patio, cuando me volví, vi que entraban más de diez personas armadas con escopetas, fusiles, revólveres".
Y continuó: "Rompieron una cortina, me vendaron, a mi hermano también, mientras escuchaba los gritos de mi mamá y hermano. Me llevaron a la rastra a un camión creo que celular, no sé si era azul, estaba vendado, alguien me golpeaba en forma sistemática con la culata de un fusil. El camión iba de un lugar a otro, por ahí subía gente como yo detenida".
El destino según Ugolini era "la Jefatura de Policía, el Servicio de Informaciones en San Lorenzo y Dorrego, siempre vendado". "Me empezaron a pegar como por dos horas hacían rondas, con el discurso de 'somos la muerte', 'somos la Triple A', 'te vamos a fusilar', eso era como una sala que parecían varias piezas. Estábamos en un lugar en un banco, al lado mío estaba un detenido Usinger. Así estuvimos dos días. Era un aullido permanente, los que eran torturados con picanas aullaban, sentíamos los interrogatorios. A los dos días nos suben a un entrepiso, siempre vendado. En total estuve 34 días vendado".
A pedido de la abogada querellante Jessica Pellegrini, recordó con emoción a sus compañeros de cautiverio: "Eramos como 40 personas, Usinger, Cacho De María, el Ñato Tossi que escuché como lo torturaban, Simeone, entre otros". También mencionó al "correntino" Pedro Galeano a quien vio muy golpeado ("parecía que le habían reventado un órgano, sangraba por la boca, no podía comer, después supe que lo mataron"), a Eduardo Seminara, quien también estaba muy golpeado, Carlos Corbella, Marcelo De la Torre, los hermanos Gollán".
"Después nos bajaron a un sótano que estaba en el ángulo de San Lorenzo y Dorrego. La primera vez que nos bañamos fue ahí, un lugar precario donde había un espejo. Cuando me miré no me reconocí, parecía un náufrago, todo chupado, con barba", resaltó.
"En el entrepiso hubo gente que estaba muy mal, muy golpeada, entre ellos uno al que le decían 'Corrientes', después supe que lo mataron...
Cuando mi hermano me hizo entrar unas manzanas, se las di porque era lo único que podía comer. Otro muy golpeado era (Eduardo) Seminara, estaba muy azul. También a (Rubén) Milberg, que era contador, me dijo que le pegaban porque querían que firme una escritura. En el entrepiso me acuerdo de un hombre (guardia) que le decían Juan el Correntino que se emborrachaba y nos pegaba con la culata de la pistola", prosiguió.
Finalmente Ugolini recordó que los llevan a la cárcel de Rosario: "Me acuerdo que de noche nos encerraban en una celda que era como una mazmorra, desfilaban las ratas, tomábamos la leche en el jarrito en el que orinábamos, pero eso no era nada al lado de lo otro".
4 de noviembre de 2010
3 de noviembre de 2010
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piden perpetua para represores


El fiscal federal Alejandro Alagia solicitó al Tribunal Oral Federal 2 que aplique la máxima pena al ex agente de inteligencia Raúl Guglielminetti y otros 16 acusados de cometer genocidio por llevar a cabo un "plan de aniquilamiento" durante la última dictadura militar, a través de llevar a cabo acciones de privación ilegítima de la libertad, torturas y homicidios en los centros clandestinos de detención Club Atlético, Banco y El Olimpo.
Argentina. El pedido de prisión perpetua de Alagia, que se suma a los que habían hecho las querellas durante sus alegatos, incluyó al ex comisario Samuel Miara, al ex policía Julio Simón, conocido como el "Turco Julián", ya condenado a perpetua; al ex jefe del Batallón de Inteligencia 601 Carlos Tepedino, su subalterno Mario Gómez Arenas, al capitán del Ejército Enrique Del Pino y al ex penitenciario Juan Carlos Avena. Además, a los ex policías federales Oscar Rolón, Guillermo Cardozo, Eufemio Uballes, Eugenio Pereyra Apestegui, Roberto Rosa, Raúl González, Ricardo Taddei, Eduardo Kalinec, Juan Carlos Falcón y Luis Donocik.
Todos están siendo juzgados por 181 casos de privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos y cinco homicidios cometidos en los centros clandestinos de detención que operaban en jurisdicción del Primer Cuerpo del Ejército.
Los abogados querellantes Rodolfo Yanzón y Lucía Tejero, representantes de familiares de víctimas de los acusados, también le habían requerido al Tribunal penas de prisión perpetua para los 17 acusados, a cumplir en cárceles comunes, y además solicitaron que se les retire a los acusados la jubilación que gozan como retirados de las fuerzas de seguridad.
Las abogadas querellantes Elizabeth Gómez Alcorta y Valeria Thus efectuaron el mismo pedido para Tepedino, Gómez Arenas, Del Pino y Avena.
El juicio comenzó en noviembre del año pasado y está a cargo de los jueces Jorge Tassara, Ana D’Alessio y María Garrigós de Rébori. Ahora será el turno de los alegatos de los abogados defensores de los acusados, tras lo cual el Tribunal quedará en condiciones de dictar el veredicto.
4 de noviembre de 2010
3 de noviembre de 2010
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testimonio de liliana gómez


La patota, de cacería.Las torturas de la rata de ultraderecha.

[Sonia Tessa] Argentina. Con una sala repleta de jóvenes en el público, la profesora universitaria y licenciada en física Liliana Gómez declaró ayer contra los represores que comandaban el Servicio de Informaciones, el centro clandestino de detención que funcionaba en la Jefatura de Rosario. El 9 de julio de 1976, en la primera salida de su casa después de una infección pulmonar que la obligó a hacer reposo por varios días, Gómez fue secuestrada y llevada al SI. Allí, "la diferencia entre el día y la noche era el ensañamiento con la tortura, los gritos de los que iban llegando. La sensación era que la patota salía de cacería", rememoró la testigo, quien contó que le vendaron los ojos con una tela adhesiva apenas llegó al centro clandestino. Le sacaron la venda en varias oportunidades. Para que viera a un compañero torturado, Pedro Galeano. "En otro momento me sacaron la venda y me hicieron firmar una declaración", relató. La fotografiaron, y cree que no fue la única. "Tengo la idea de que nos hacían pasar a todos", recordó. Casi al final, la abogada del equipo de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Gabriela Durruty, preguntó sobre las condiciones de esa declaración. "Salías de la tortura y firmabas ahí", recordó la sobreviviente.
Gómez era militante de la JUP. Después de seis días en el lugar destinado a los recién llegados -lindante con la sala de torturas fue llevada al sótano. "Para nosotros, el sótano era una liberación, créanme", dijo, dirigiéndose al Tribunal. "Era estar un poco más lejos, o mejor dicho, un poco menos cerca, de la muerte", recordó. De su paso por el Servicio de Informaciones, hay dos olores que Gómez no olvidará: el de la creolina y el de la adrenalina. "Cada vez que entro a un edificio público y hay olor a creolina, a mí me lleva al SI", dijo. Los otros sentidos se agudizaban porque tenía la visión obstruida.
"En otro momento que me sacan la venda, me dicen que íbamos frente a un Tribunal Militar. A Tu Sam (Carlos Brunato) le reconozco la voz. También lo veo a (José Rubén) Lofiego, que en ese momento era El Ciego o Mengele. Lo identifico después", relató. Ese "tribunal" decidió una condena de cuatro años. Entre los torturadores, además, recordó a la Pirincha (César Peralta), a Raúl Guzmán Alfaro y a Rommel (Ramón Ibarra).
Gómez relató también cuando fue pasada a la Alcaidía, donde habría unas 30 mujeres. La llegada de Dolores Aguirre quedó marcada en su recuerdo. "Tenía unos ojos claros y lindos, y el pelo teñido de rojo, cortito. Estaba permanentemente preguntando por sus hijas", apuntó. Un día la llamaron, y ella volvió muy mal. Dijo que iban a sacarla del lugar. "En ese momento, uno graba las voces. Cuando la llevan, yo reconozco las mismas voces que en el SI. Ellos sabían para qué la sacaban, y nosotros también", contó. Era setiembre de 1976. En Devoto supo que se trataba de Ruth González.
Un punto en el que se detuvo fueron las amenazas que recibieron un día que se veían pasar cajones mortuorios por las ventanas altas que tenía la alcaidía, ubicada en un subsuelo. Un jefe policial les dijo que eligieran a 30. Nadie dudó que la intención era matarlas, como venganza por un atentado sufrido por el entonces interventor de la policía rosarina, Agustín Feced, que habían alcanzado a su custodia. "Esa noche no dormimos, pensando que podían matarnos", contó Gómez.
La testigo expresó también que entonces, el juez federal le dio la misma condena que el Tribunal Militar, revocada más tarde por la Cámara Federal. Gómez tuvo palabras para su defensora de oficio, Laura Cosidoy, que fue dos veces a Devoto. "Su trato no era el de un abogado defensor. Nosotras sentíamos que nos interrogaba, que retomábamos lo vivido en el SI", indicó. Fue liberada el 24 de diciembre de 1978.
Sobre el final, Gómez dijo: "Estoy acá por lo compañeros que no pueden estar, por mis hijos". Sentada en ese lugar, rindió su "homenaje personal". "Existió un presidente que se asumió como parte de una generación devastada e impuso como política de Estado la memoria", distinguió a Néstor Kirchner. Cuando Liliana salió de declarar, el aplauso fue una ovación. La vereda de Oroño al 900 bullía de jóvenes.
4 de noviembre de 2010
3 de noviembre de 2010
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scortecchini y su hija


Represor saca a colación que su hija debió retirarse de la escuela por ser su hija, la hija de un represor.
Argentina. El acusado José Antonio Scortecchini amplió ayer su indagatoria para reiterar que no revistaba en la policía provincial desde marzo de 1976 hasta julio de 1977, y responder específicamente a Alfredo Vivono, quien se refirió a su hija, Julieta Scortecchini. Para refutar al testigo, Scortecchini leyó un párrafo de la nota firmada por José Maggi en Rosario/12, que recogió esa declaración. La nota recordaba un diálogo entre la hija de Vivono, Julieta, y la de Scortecchini, del mismo nombre. Ellas eran compañeras de escuela y amigas, cuando el integrante de la patota fue encarcelado, en 2004. Entonces, su hija de 14 años lloró desconsolada.
Ayer, Scortecchini afirmó que las acusaciones contra su persona -a las que calificó de "falsas" le habían hecho "daño" a su familia, pero subrayó que creía en su inocencia. Se quejó por la alusión de Vivono, y refutó al testigo. Afirmó que Julieta Vivono le había dado apoyo a su hija, diciendo que no le importaba lo que hubiera hecho Alfredo en los 70, mientras refería una mala relación con él.
Scortecchini admitió que su hija dejó el Superior de Comercio, la escuela a la que concurría, pero rechazó que haya sido expulsada. Dijo que se fue por su propia voluntad, ya que era "discriminada por algunos profesores inescrupulosos, que le preguntaban delante de todos los alumnos si ella era la hija del represor". Rememoró también que su hija intentó suicidarse y tuvo problemas de adicciones, al punto que se encuentra internada en una clínica para tratar esas adicciones. "No debería haberla mencionado el señor Vivono", reiteró Scortecchini. "Fue una puesta en escena la que hizo, quisiera estar en la cabeza de Vivono y de todos los que me imputan", dijo el acusado, quien subrayó su inocencia y deslizó -como al pasar que Vivono era profesor de teatro.
2 de noviembre de 2010
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el ciego, el torturador


Otros dos testimonios estremecedores. Alberto Chiartano y Mario Luraschi describen espantosas torturas.
[José Maggi] Argentina. Durante la tarde de ayer dos víctimas brindaron testimonios sobre sus cautiverios en el Servicio de Informaciones: Alberto Chiartano y Mario Luraschi. El primero de los testigos agradeció al finalizar su testimonio "al gobierno de (Néstor) Kirchner, y al actual (de Cristina) que tuvieron la decisión política de que estos juicios se lleven adelante".
Chiartano llegó temprano a los tribunales federales acompañado de su padre y parte de su familia. Lucía tranquilo, dispuesto a contar su detención en el Servicio de Informaciones. Fue detenido el 1º de julio de 1976 y llevado al Servicio de Informaciones donde fue salvajemente torturado. "Estaba solo en una habitación desde donde escuchaba como torturaban a Tati, la novia del correntino Galeano". Después comenzaron a golpearlo a él. "Me golpearon hasta cansarse y después me bajaron vendado y atado con alambre en mis manos. Me dejaron tirado sobre unas bolsas de cemento. Así se repiten mis sesiones de torturas hasta que me quiebran dos costillas por los golpes. Entonces como no puedo sostenerme parado, me cuelgan de un arnés y me siguen castigando, siempre en las costillas que más dolían. En ese momento el Ciego Lofiego era el que controlaba mi tortura. Decía que había estudiado medicina y sabía lo que hacía".
Chiartano remarcó que "las torturas se agravaron cuando se puso a cargo de ellas ’el Ciego’. "Ahí empieza otro tipo de tortura, me bajan los pantalones, me tiran agua fría y comienza la picana eléctrica en distintas partes del cuerpo, orejas, axilas, etcétera. Comienza también el submarino, me toman de las piernas, me ponen boca abajo en un fuentón con agua hasta el ahogo y también me practicaban el teléfono: golpes simultáneos en los oídos. Como consecuencia de eso tengo hipoacusia".
Luego de ese descenso a los infiernos del Servicio de Informaciones fue llevado junto con otros presos políticos a la Unidad 3 de Rosario y luego a la cárcel de Coronda, participando de este último traslado personal penitenciario y militar. En Coronda compartió pabellón con Daniel Gorosito, hasta que un día se lo llevaron, apareciendo luego asesinado en la vía pública.
Chiartano terminó su declaración manifestando su agradecimiento "por haberme escuchado. Hemos esperado 30 años, y hacemos esto por los compañeros que no están. También sabemos que hay muchos hechos que no van a poder ser juzgados, para nosotros es muy importante que se conozca la verdad histórica, los países que no conocen su historia están condenados a repetirla, el hecho de que esto no quede impune es garantía de que no vuelva a suceder".
Finalmente agregó "quiero agradecer públicamente a mi viejo que peleó como un león, como todos los familiares y agradecer a los organismos que pacíficamente pelearon confiando en la justicia y al gobierno de (Néstor) Kirchner y al actual que han tenido la decisión política de que esto suceda."
Por su parte, Luraschi relató que fue detenido el 1º de julio de 1976 al ir al Servicio de Informaciones a preguntar por su esposa Celia Raquel Valdez, que estaba embarazada de cinco meses y había sido detenida ese día en un operativo en su domicilio. Lo detuvieron junto su cuñado Miguel Angel López. "Fui salvajemente torturado en el Servicio de Informaciones, por miembros de la patota como el Cura, el Ciego, Romel (Ibarra) y la Cucaracha (Garcilazo)", apuntó. "Hay marcas que son indelebles, por más que pasen los años uno de esas caras no se olvida más, aún disfrazado lo reconocería igual. Lo tengo bien grabado en mi retina y en mi memoria", dijo.
2 de noviembre de 2010
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cristina tras la muerte de kirchner


La presidenta Cristina Kirchner agradeció por cadena nacional las condolencias por el fallecimiento del ex presidente. Fue un mensaje de cinco minutos que la Presidenta grabó por la tarde en su despacho. Con la voz marcada por la emoción, agradeció a la gente que fue a la Casa Rosada y adelantó que seguirá adelante "para hacer honor a la memoria" del ex presidente.
[Nicolás Lantos] Argentina. Fueron dos claras señales políticas las que dio ayer la presidenta Cristina Kirchner: la explícita, contenida en el breve mensaje que emitió, a través de la cadena nacional, al final de la jornada. Y la otra, la demostración de fortaleza que manifestó al encarar, en su primer día de trabajo tras la muerte de su marido, Néstor Kirchner, una agenda cargada de compromisos, que se estiró durante casi diez horas, incluyendo reuniones con su gabinete, actos protocolares y citas comerciales.
Los poco menos de cinco minutos que dura el mensaje que Cristina Kirchner grabó ayer por la tarde en su despacho y se difundió –a las 20.30– por cadena nacional fueron, al mismo tiempo, el emotivo mensaje de una mujer marcada por la tristeza de haber perdido al compañero de una vida y una declaración de contenido político, en el que destacó el rol central de la juventud en esta nueva etapa de la gestión y dio una respuesta a las especulaciones que cundieron en muchos medios en las horas y días posteriores a la muerte de Néstor Kirchner.
"Son las 17.40 horas del día lunes. En unos instantes más voy a recibir las cartas credenciales de nuevos embajadores en la República Argentina. Un día más de gestión de gobierno pero evidentemente un día diferente en mi vida." Así comenzó el esperado mensaje, que se emitió finalmente casi tres horas más tarde de cuando se grabó. La decisión de grabarlo pareció acertada, ya que en varios pasajes la voz de Cristina amagó a quebrarse. Aunque la idea de dirigirse al pueblo se evaluó todo el fin de semana, cuando se planeaba la manera de continuar con la actividad, la Presidenta sólo se decidió a hacerlo a último momento, incluso después de la reunión que mantuvo cerca del mediodía en la Quinta de Olivos con el subsecretario de Medios, Alfredo Scoccimarro, en la que repasaron las ideas-fuerza sobre las que improvisaría, como acostumbra, la mandataria.
Aunque fue breve y más que nada emotivo, el mensaje tuvo también su contenido político. Desde el comienzo nomás ya se encargó de desbaratar la teoría de una supuesta debilidad o vacío de poder que buscaron imponer desde algunos grupos mediáticos o sectores de la oposición ni bien se enteraron de la muerte del ex presidente. "He leído y escuchado que este es mi momento más difícil –los frenó Cristina, sin mencionarlos–. En realidad es otra cosa. Es mi momento más doloroso. El dolor es algo muy diferente a las dificultades o las adversidades."
La presidenta aprovechó para pasar factura a esos sectores: "Yo he tenido en mi vida política y en mi gobierno en particular muchísimas dificultades y muchísimas adversidades", les relató, "pero el dolor es otra cosa". Luego confesó que se trata del "dolor más grande" que tuvo en su vida. "Es la pérdida de quien fue mi compañero durante 35 años, compañero de vida, de lucha, de ideales. Una parte mía se fue con él, está en Río Gallegos", explicó.
"Pero no es momento de utilizar la cadena nacional para terapia emocional sino para agradecer –buscó atajarse de posibles críticas–. Agradecer a todos y a todas, a todos los hombres y mujeres que se movilizaron, que quisieron verlo, que quisieron despedirlo. Que rezaron por él, que lloraron por él, que no pudieron llegar tal vez acá porque vivían lejos, pero se reunieron en otros lugares." También le agradeció a quienes le "entregaron rosarios" durante el velatorio. "Los rosarios de él los tengo todos en mi casa en Río Gallegos", explicó.
Cristina siguió enumerando: "Agradecer las flores, las cartas, las camisetas de Racing, del Racing que él adoraba, hasta también las otras camisetas que le regalaron, que eran de otros partidos (quiso decir equipos), pero igual, a él el futbol le gustaba mucho, y las banderas, también que entregaron". Con lágrimas en los ojos, y consultando un ayudamemorias, volvió a "agradecer mucho esa inmensa y formidable muestra de cariño y de amor que él se la merecía". Y continuó: "No voy a tener falsa humildad porque, como decía una dirigente muy importante que ya falleció, ‘Hay que ser muy grande para ser humilde’. Y yo no soy grande, así que no voy a ser humilde, simplemente voy a decir que él se lo merecía."
Pero todavía se guardaba otra definición, al hablar sobre los jóvenes, que fueron la marca distintiva de la multitud que copó la Plaza de Mayo durante el velatorio del ex presidente. "Permítanme agradecerles en forma especial a las decenas de miles de jóvenes que cantaron y marcharon con dolor y con alegría, cantando por él, por la patria. Quiero decirles a todos esos jóvenes que en cada una de esas caras yo vi la cara de él cuando lo conocí. Ahí estaba el rostro de él, exacto. Y decirles a esos jóvenes que tienen mucha más suerte que cuando él era joven, porque están en un país mucho pero mucho mejor, en un país que no los abandonó, en un país que no los condenó ni los persiguió: al contrario, en un país que los convocó, en un país que los ama, que los necesita, en un país que vamos a seguir haciendo distintos entre todos", definió la Presidenta en otro pasaje emotivo.
Tras hacer una breve referencia al censo que se llevó a cabo el mismo día de su muerte ("Parece que somos más de cuarenta millones, porque además tuvimos la suerte de que él nos debe haber ayudado, el censo salió muy bien"), Cristina volvió sobre la idea que redondearía su mensaje: no habrá un cambio de rumbo, sino un redoblar esfuerzos.
"Quiero decirles a todos los argentinos que siempre he tenido un gran sentido de la responsabilidad, cuando fui legisladora provincial, cuando fui legisladora nacional y más aún como Presidenta, porque siento que de mí depende la suerte de todos los argentinos. Pero déjenme decirles que desde este miércoles además de esa inmensa responsabilidad que siempre sentí y ejercí con mucho amor, con mucho corazón, con mucha convicción, con mucha pasión, siento otra responsabilidad, que es la de hacer honor a su memoria y hacer honor a su gobierno, que transformó y cambió el país", prometió. Al borde de las lágrimas, concluyó: "Muchas gracias a todos, por todo".
2 de noviembre de 2010
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víctimas saldan cuentas


Carlos Corbella rindió homenaje al ex presidente Kirchner en el juicio a represores que sigue en Rosario. "Vine acá a saldar parte de mi vida, a dar testimonio", dijo Corbella, quien estuvo detenido en el Servicio de Informaciones, donde sufrió golpes y torturas. También declaró Marcelo de la Torre, quien tenía 16 años cuando fue detenido.
[Sonia Tessa] Argentina. Con voz firme, Carlos Corbella relató ayer frente al Tribunal Federal Oral número 2 que fue secuestrado el 29 de junio de 1976 en la Municipalidad de Rosario, donde trabajaba. Lo trasladaron al Servicio de Informaciones (SI) que funcionaba en la Jefatura, donde sufrió golpes y torturas. Le quedó una infección en los tobillos, persistente durante meses. "Las cicatrices no se fueron más", expresó. Enumeró a varios integrantes de su familia, víctimas del terrorismo de Estado. Recordó que su defensora oficial, Laura Cosidoy, no lo recibió nunca cuando él -con libertad vigilada a partir de 1979 pugnaba por el sobreseimiento. Cuando terminó su declaración, le pidió permiso al Tribunal para decir algo más. "Para mí este ha sido un momento muy trascendente. Vine acá a saldar parte de mi vida, a dar testimonio por la verdad y la Justicia", empezó. "Durante años, creíamos que se desdibujaba este momento, que no íbamos a llegar a concretarlo. Rescato la labor de las organizaciones y familiares, pero quiero resaltar que no hubiera ocurrido sin la decisión del gobierno nacional, tan valiente y consecuente. En este momento quiero, humilde pero emocionadamente, rendir homenaje al compañero Kirchner". En ese único instante, su vozarrón se convirtió en un hilo, y la emoción le atragantó las palabras. Tomó un sorbo de agua, respiró y agregó: "Reafirmamos nuestro compromiso inclaudicable con la compañera Cristina". Los abogados de Hijos, Nadia Schujman y Lucas Ciarnello, tenían los ojos humedecidos. En la sala repleta, buena parte del público lloró en recuerdo del ex presidente. Después, llegó el aplauso cerrado. A él y a su homenaje.
Corbella fue el segundo testigo de la audiencia por la causa Díaz Bessone que se realizó ayer. Militante de la Juventud Trabajadora Peronista, fue secuestrado por cuatro hombres de civil con apoyo policial. De su estadía en el SI recordó las torturas, y a los que la infligieron. Mencionó al ‘Mudo’ (Raúl Guzmán Alfaro, segundo jefe del centro clandestino de detención), al ‘Ciego’ José Rubén Lofiego, a ‘Rommel’ (Ramón Ibarra) y al ‘Cura’ Mario Alfredo Marcote. En el proceso en marcha, Marcote está acusado por privación ilegítima de la libertad, torturas y asociación ilícita, mientras Lofiego le suma a estos cargos el de homicidio.
En su extenso y detallado relato, que incluyó el lapso de más de un mes en el SI, así como sus posteriores traslados a las cárceles de Rosario, Coronda, Caseros y La Plata, Corbella recordó especialmente al correntino Pedro Galeano, militante de la UES que soportó un suplicio y continúa desaparecido. Fueron trasladados juntos -con otros detenidos desde el Servicio de Informaciones, y a Galeano no quisieron recibirlo en la cárcel de Encausados por el estado "lamentable" en el que se encontraba, producto de las torturas. Compartieron la celda durante unos días, hasta que fue retirado del lugar. El médico jefe del penal les aseguró que iría a un hospital para reponerse, pero Galeano fue asesinado.
Corbella también se refirió a la ejecución de Daniel Gorosito, que fue sacado en octubre de 1976 de Coronda para ser ultimado. Recordó la rebelión de los presos -que empezaron a golpear y gritar para evitar que el detenido fuera sacado del lugar y el compromiso del jefe del penal, que no fue cumplido.
El fiscal Gonzalo Stara quiso saber si algún otro miembro de su familia había sufrido persecución durante la última dictadura militar. Corbella relató que su esposa, Lidia Borda, también estuvo desaparecida a partir de abril de 1976, durante unos meses. Y que su prima María Cristina Márquez fue una de las asesinadas en la masacre de Los Surgentes, en Córdoba, después de haber estado en el SI. También su cuñado, Roberto Borda, fue secuestrado el 7 de julio de 1976 y continúa desaparecido, aunque su destino final fue conocido recientemente. Apareció acribillado tres días después de su secuestro en un camino cercano a Pergamino. Una prima de su esposa, Any Valle y otra compañera, Beatriz Aguilera, fueron torturadas, y asesinadas en un enfrentamiento fraguado. En agosto de 1977, otro primo de su esposa, Juan Carlos Valle, fue retirado del servicio militar que cumplía en Mar del Plata para ser llevado al SI. El 7 de septiembre lo asesinaron.
Ante una pregunta del abogado Alvaro Baella, del equipo de Hijos, Corbella recordó que durante su detención le habían designado a la defensora oficial Cosidoy. "Nunca vi la causa, salvo cuando fueron a Coronda y me hicieron el peritaje caligráfico", recordó. A Corbella le atribuían una declaración que nunca había firmado. Se hizo una pericia caligráfica que demostró el fraude. En julio de 1979, Corbella salió con libertad vigilada. Desde ese momento, buscó en vano entrevistarse con su defensora para que apurase el sobreseimiento, imprescindible para sus posibilidades de conseguir un trabajo. La funcionaria pública jamás lo atendió.

En el Nombre del Padre
El primer testigo de la mañana fue Marcelo de la Torre, quien relató que había sido detenido en 1975 junto a otro compañero de la Unión de Estudiantes Secundarios. Fue liberado, pero el miedo ya se había instalado. Tenía 16 años cuando fueron a buscarlo, en febrero de 1976, a su casa, pero él negó su identidad. "Tenía un aspecto muy de niño, más de lo que de hecho era", rememoró. Desde ese momento, debió esconderse. A fines de junio de ese año, su padre, abogado, le aconsejó que se presentara voluntariamente al Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, para resguardar su vida. Eran varios sus compañeros de la UES que habían muerto y desaparecido. El 28 de junio, acompañado por su padre, su madre y su tío Raúl, militar retirado, ingresó en el edificio de Córdoba y Moreno. "En ese momento yo no sospechaba la crueldad a la que se iba a llegar posteriormente", confió ayer.
Lo que siguió fueron más de una semana en la dependencia militar del Batallón 121, donde lo interrogaron bajo amenazas de ser trasladado a un lugar más cruel. Así lo hicieron, lo llevaron al Servicio de Informaciones donde no sólo fue torturado, sino también obligado a presenciar las torturas a otra detenida, Patricia Antelo. "Es tal vez menester volver a decir que era un lugar infernal, los detenidos eran cuerpos yacentes, totalmente dañados", relató De la Torre, quien reiteró que había declarado cuatro veces, y lo haría cuantas fuera necesario para obtener justicia, a la que relativizó por el paso del tiempo. "No deberíamos hacernos los distraídos acerca de que estos hechos acontecieron hace 35 años. Aparte del dolor que todo esto produce en la memoria", afirmó.
"Los personajes acusados son, no tengo ninguna duda, quienes dirigían y procesaban" el terrorismo de Estado, dijo De la Torre, 26 años después de su primera declaración ante la Justicia. "¿Qué más se puede decir, que Lofiego era el torturador principal, la última puerta del infierno?", expresó. Lofiego dirigió su tortura. Y era también utilizado como amenaza por otros represores. Esto lo graficó con claridad el testigo. En una oportunidad, cuando -ya legalizado fue llevado ante un Tribunal Militar, De la Torre no brindaba información. Entonces, el teniente coronel Enrique González Roulet fue explícito. "Se enojó, me sacó y me dijo que si no decía la verdad iba a tener que enfrentarme nuevamente con el ’Ciego’", recordó De la Torre.
El testigo, a quien sus amigos le dicen ‘El Mosquito’, mencionó también a ‘Caramelo’ Altamirano (que no es juzgado en este proceso), así como a los acusados Marcote y ‘Archi’, por José Antonio Scortecchini, a quien señaló también como el encargado de los traslados desde la cárcel hasta el lugar donde lo sometían a juicio militar. Los vio por lo menos seis veces.
Ante las preguntas del abogado defensor Germán Artola, De la Torre afirmó que fue trasladado no menos de cuatro veces desde los lugares de detención hacia el SI, donde esperaba los procesos ante tribunales militares. En el primero fue condenado a prisión perpetua. Pero su padre no se resignó, y continuó presentando recursos hasta que consiguió un segundo juicio. El caso llegó a cortes internacionales, que lo tomó como emblemático, ya que no podía juzgarse a civiles, menores de edad, de acuerdo a un Código Militar.
El testigo se quejó, a viva voz, porque los acusados podían verlo pero él no tenía ese derecho. Ramón Genaro Díaz Bessone, Lofiego y Scortecchini siguen el juicio desde una sala contigua. Marcote, Ramón Vergara y Ricardo Chomicky en el mismo espacio, pero a espaldas de los testigos. "¿O sea que él me ve a mí y yo no lo veo a él? Qué paradójico, cuánta tragedia", expresó De la Torre cuando le informaron que Lofiego no estaba en la sala.
Sobre su presencia en el juicio, dijo que cada declaración tenía como objetivo honrar la memoria de su padre y dejar un legado a sus hijos en la búsqueda de justicia. "Este es un mandato paternal. Hace 35 años que vengo dando testimonio de esto, no por la confianza que tengo en la Justicia, sino porque él era un hombre de ideas, un hombre de derecho", relató De la Torre, quien recordó que su padre fue fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, y que en plena dictadura, recorría los pasillos de los Tribunales con un poncho. Muchos se abrían a su paso, lo segregaban, porque él aceptaba el desafío de pelear judicialmente por las personas privadas ilegalmente de su libertad.
2 de noviembre de 2010
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