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musa azar morirá en la cárcel


Por el asesinato de un estudiante bajo la dictadura. En Santiago del Estero, la Justicia condenó al ex jefe de Inteligencia y a dos ex policías por el secuestro, las torturas y el fusilamiento de Cecilio Kamenetzky en 1976.
[Alejandra Dandan] Argentina. Después de mucho camino, el Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero condenó por primera vez a Musa Azar por los crímenes de la dictadura militar. Junto al ex jefe de los espías santiagueños, la Justicia condenó a prisión perpetua en cárceles comunes a los ex policías Tomás Garbi y Ramiro López Veloso por el secuestro, torturas y el fusilamiento del estudiante de Derecho y militante de la Juventud Guevarista Cecilio Kamenetzky. El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, aseguró que la condena fue el mejor homenaje a Néstor Kirchner, el impulsor de la intervención federal a la provincia cuando aún continuaban en funciones los acusados por la represión. El proceso que dio comienzo a la primera etapa de los juicios abrió, además, las puertas para empezar a mirar uno de los infiernos que hasta hace muy poco estaba vedado. Luego de cientos de relatos fragmentados, el debate oral empezó a explicar, darle forma y lugar a la historia de la represión en Santiago.
"¿Que cómo estamos? ¡Cómo vamos a estar! De festejos", decía anoche, exultante después de larguísimos años, Cristina Torres, ex presa política y actual delegada provincial de la Secretaría de Derechos Humanos. "Esta noche duermen en la cárcel de Colonia Pinto los tres. Para nosotros se hizo justicia y ésta es la culminación de un proceso de mucha, mucha lucha, mucho trabajo, de mucha dedicación de familiares, de los organismos de derechos humanos, de los movimientos sociales y partidos políticos. Estamos acá en la plaza festejando la posibilidad de arribar a una condena, en un lugar donde el ex presidente supo interpretar el anhelo de justicia. Con la caída de las leyes de la impunidad logramos poner las querellas y hoy hay justicia." Una justicia que ayer atrajo a la plaza por primera vez a columnas de jóvenes de las dos universidades santiagueñas, la Católica y la Nacional, que llegaron con los docentes.
El caso Kamenetzky es el primero de los más de cien expedientes sobre la represión ilegal que se investigan en Santiago del Estero, en un proceso conocido como la megacausa y que está a punto de elevarse a juicio. Su caso, sin embargo, avanzó en solitario porque la Justicia tomó como elemento la presencia del cuerpo. A Cecilio lo secuestraron de su casa el 9 de agosto del ’76, se lo llevaron ante su padre, madre y hermana. La patota estaba integrada por un grupo de policías dirigidos por Tomás Garbi, que se presentaron con todas sus credenciales. Durante el juicio quedó probado que de allí se lo llevaron a la DIP, el principal centro clandestino de detención de Santiago, que insólitamente funcionaba con un área donde trabajaba una oficina de atención al público. En el sótano se hallaban los espacios que funcionaban como salas de tortura.
Cecilio estuvo 22 días secuestrado de forma ilegal. Aunque estaba aislado, su madre y su hermana podían ir a buscar la ropa sucia y llevarle ropa limpia. A fines de agosto, lo llevaron ante el juez federal que terminó armándole una causa por asociación ilícita, y lo trasladó al penal de varones. Según explicó a Página/12 el fiscal Gustavo Gimena, quienes dirigían la represión decidían si alguno de los presos legalizados volvían a ser llevarlos a la DIP: Cecilio fue uno de ellos. "Los llevaban a la D2, iban una tarde, o dos o tres días, y volvían destruidos por la tortura. Eso le pasó desde el 24 de agosto al 13 de noviembre de 1976." El 13 de noviembre lo fusilaron. Dos sobrevivientes describieron cómo ese día López Veloso se lo llevó del penal de varones a la D2, y fue asesinado en el patio.
Musa Azar era primero jefe del centro clandestino, dijo el fiscal, y segundo, jefe de todo lo relativo a la información sobre las personas que eran rotuladas como "subversivos", un término que con el tiempo iba cambiando –explicó–, para volverse cada vez más amplio. Musa Azar era además un hombre que reportaba al Batallón 141 con asiento en Santiago, a cargo de Daniel Virgilio Correa Aldana. Por el caso Kamenetzky están acusados además Luciano Benjamín Menéndez, Jorge Rafael Videla y el ex gobernador de Tucumán Domingo Bussi, pero ninguno estuvo presente porque afrontan juicios en otros lugares del país; y en el caso de Bussi, por motivos de salud. Los santiagueños no pudieron estar en la sala para la lectura de la sentencia. A la mañana, mientras la presidenta del Tribunal, Josefina Curi, les daba la opción de hacer su descargo a los represores, al que se negaron, afuera se concentraban las organizaciones políticas y de derechos humanos.
"Por esto muchos compañeros han dejado la vida", decía Cristina Torres. "Y, por supuesto, decidimos tomar el compromiso de seguir por los otros represores que falta condenar, militares y civiles y hombres de la Justicia que serán juzgados y deberán rendir cuentas."
2 de noviembre de 2010
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quiénes eran los combatientes


Ignacio Portela y Hugo Montero, autores de ‘Rodolfo Walsh, los años montoneros’. Los fundadores y directores de la revista Sudestada publicaron un libro que aborda la última etapa de Walsh. Ese eje temporal crítico indaga sobre las vicisitudes, contradicciones y penurias vividas por el autor de ‘Operación Masacre’.
[Cristian Vitale] Argentina. Hay un recorte arbitrario. Una intención consensuada y consumada en Ignacio Portela y Hugo Montero de tomar al Walsh de sus últimos años y derramarlo en todas sus vetas. Como una operación de concentración ampliada que descarta, o al menos desestima, lo que el escritor-periodista hizo y fue antes de sus años montoneros y, por contrario, visibiliza todo lo que hizo y fue durante la militancia que lo llevó a morir bajo balas militares en San Juan y Sarandí. Tarea ardua, principalmente porque no existe publicación alguna con su firma entre ‘¿Quién mató a Rosendo?’, la investigación sobre el asesinato de Rosendo García editada en 1968, y la ‘Carta Abierta a la Junta Militar’, redactada en marzo de 1977. Pero también –data nada menor– por una razón de prurito. "Hay, evidentemente, un factor que incomoda desde cierta perspectiva progresista de la historia argentina. En particular, la de algunos cronistas del pasado reciente que se ocupan de rescatar la trascendente obra literaria, el riguroso oficio periodístico y el inalterable compromiso intelectual, pero que trastabillan, dudan y eligen eufemismos y ambigüedades para dar cuenta de los últimos pasos de Walsh en la guerrilla (...) su rol combatiente inquieta, molesta, incomoda", escriben estos dos jóvenes periodistas –fundadores y directores de la Revista Sudestada– en el prólogo del libro ‘Rodolfo Walsh, los años montoneros’, publicado por Ediciones Continente y Peña Lillo Editora.
El libro, de 218 páginas, y parte de una zaga inquieta que contempla ‘Polo, el buscador’, una biografía Fabián Polosecki –escrita por ambos– y ‘Por qué Stalin derrotó a Trotsky’ –sólo de Montero–, se recuesta sobre un eje temporal crítico para el autor de ‘Operación Masacre’, el período 1973-1977, e indaga sobre las vicisitudes, contradicciones, arrojos y penurias de ese último Walsh: su recelo ante la figura de Perón y, pese a ello, su incorporación a una organización peronista; su relación, desde esa perspectiva, con la conducción de Montoneros; su papel en Ezeiza, el Devotazo, el Diario Noticias o la Agencia de Noticias Clandestina; sus operaciones, la experiencia como parte del Servicio de Informaciones de la orga; sus comentarios críticos a la conducción pero, a la vez, el respeto por la audacia de quienes habían consumado las acciones más jugadas en esos días de fuego, son parte del corpus hurgador de los autores que irá desentrañando al Walsh menos conocido, más omitido, más difícil de ‘aggiornar’ como modelo a seguir en escuelas de periodismo. "Empezamos por leer todos los trabajos biográficos, los ensayos y los estudios que hay sobre su vida, y la mayoría adolecen de rigor periodístico cuando llegan al momento de su incorporación a Montoneros. O se pasa de largo, o se dicen frases hechas, o se cae en lugares comunes... Se deshilachan, digamos", enmarca Montero.

Además de la dificultad que radica en la ausencia de textos firmados en ese período. Podría ser una razón, también.
Hugo Montero: –Sí, la del bache documental y también lo que escribió en papeles personales, cuentos, anotaciones y cuadernos, que se llevaron los militares durante la razzia en su casa de San Vicente. Pero es evidente que Walsh se complejiza mucho en esa etapa, se vuelve más difícil de explicar, de incorporar a un lenguaje más "edulcorado".

Dos años les llevó a estos dos jóvenes del sur de la provincia de Buenos Aires dar con la entraña del Walsh montonero. Los documentos críticos del periodista hacia la conducción oficiaron de fuente escrita inicial para un desarrollo posterior que no escatimó en voces de testigos: Lillia Ferreyra, con quien Walsh convivió "camuflado" en una casita de las afueras de San Vicente; Eduardo Jozami; Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Noé Jitrik o Roberto Perdía, entre otros. "Una limitación es que el papel de Walsh en Montoneros siempre está analizado a partir de la opinión del analista y no la suya. Vos leés trabajos sobre Walsh y están buenos, tienen mucha riqueza, pero están marcados por la opinión de los autores y por sus diferencias profundas con las decisiones estratégicas, o los errores cometidos por la conducción", señala Montero.

La intención entonces fue reubicar en contexto, sin "interpretar", las acciones y los pensamientos de Walsh en ese momento.
H.M.: –Está bueno, por ejemplo, entender más que juzgar que cuando Walsh escribe sus críticas a la conducción había perdido a su hija en un enfrentamiento, a sus mejores amigos, a Paco Urondo en Mendoza. Estaba destartalado emocionalmente. Era un tipo rodeado, perseguido, en la lona económicamente, que tuvo que alejarse del epicentro de la represión para preservarse, porque estaba marcado, y en medio de esa situación de soledad, desesperación y derrota, porque él es el primero que reconoce la derrota política y militar, tuvo la capacidad de transformar esa situación de mierda en una discusión política. Incluso muchos que después criticaron a la conducción de Montoneros en ese momento no lo hicieron, al menos públicamente.

Con todo el peso de las contradicciones internas... Se percibe con qué tensión habrá vivido Walsh esos días, sobre todo cuando recrudece el enfrentamiento de ciertas bases militantes con Perón y, luego de su muerte, con la derecha más desbocada.
H.M.: –Y aparte un tipo tan preparado, inteligente, y analista de la realidad ¿no? Ver cómo se iba degradando la relación de la organización con Perón, es un hecho que lo va marcando. El fue el primero que, desde la inteligencia, siguió el rastro de las bandas parapoliciales. No le sorprendía lo que estaba pasando, e incluso lo manifestaba en documentos y reuniones. Uno puede imaginar la desesperación ante una situación que se va generando entre un foco de derecha cada vez más peligroso, y una organización que iba a la confrontación mientras se aislaba de la masa. Es cierto que él nunca se lo planteó desde el lugar de persuadir o influenciar con su opinión a la conducción, pero tenía un debate interno terrible, porque veía que se pudría todo y la organización, en vez de procurar preservarse, hacía lo inverso.

I.P.: –La imposibilidad lógica de la militancia de ver que el mayor movimiento popular de Latinoamérica iba a terminar derrotado. Incluso de Walsh, que pasa de Noticias a Ancla y de ahí a pensar en salir del país. Todos los militantes de la época sabían que nadie tenía la vida asegurada, pero él no fue un mártir que eligió morir. Fue una parte más de ese proceso que había tenido tantas otras intervenciones. Exponía su vida en pos de un proyecto colectivo, pero era de carne y hueso. Otra arista del libro es marcar, a través de Walsh, que los combatientes no eran bichos raros sino personas comunes como las que nos cruzamos todos los días.

¿En qué grado o sentido, desde sus roles como periodistas y salvando las distancias, se espejan ustedes en Walsh?
I.P.: –El camino que elegimos en este medio es el de la honestidad, porque en la vida de Walsh si hay algo es un camino elegido. Poder observar y transmitir desde una mirada personal que a la vez era objetiva y periodística... Nos vemos emparentados en el sentido de ver una referencia de cómo contar la realidad. Nos gusta mucho eso de que una conversación que escuchaba valía más que hacer un análisis, no sé, sociológico. Es lo que tratamos de experimentar nosotros con nuestro trabajo diario. A partir de escuchas en la calle, anónimas, se puede generar otro tipo de mirada más alejada de lo tradicional de las fuentes, más cerca de la vida cotidiana.

H.M.: –Está bueno ver que él nunca dejó de ser un periodista, nunca dejó de estar cortado por esa tijera de la observación en la calle. Hay apuntes en su diario que tienen que ver con conversaciones escuchadas en el tren o en el colectivo. Nos parece que la mejor manera de entender la realidad es estar atento a esa mirada que tenía Walsh. Más allá de que no haya publicado a partir de su incorporación a Montoneros, siguió haciendo un trabajo periodístico que tenía que ver con el análisis de la realidad y con las tácticas a asumir. Incluso en sus documentos críticos, termina postulando un plan alternativo a la conducción: marca sus diferencias y dice lo que había que hacer.

Aunque con una mesura, efecto del respeto por el valor de ciertos cuadros altos...
H.M.: –Los cuadros medios, como Gelman, Urondo, que era más bien un lazo, o el mismo Walsh, tenían respeto por la audacia de los cuadros altos. Aceptaban los roles que les tocaba jugar y no pensaban que tenían la solución en la mano. Pero lo que más interesa rescatar, volviendo a la pregunta anterior, es que Walsh nunca dejó de ser un periodista que trabajaba en Noticias veinte horas por día, tratando de cubrir policiales y que después, cuando ve que están cerradas las puertas para los medios legales, arma un medio artesanal como la Ancla... hasta el último día de su vida no abandonó el trabajo periodístico y eso nos parece extraordinario. La experiencia de Noticias, por ejemplo, diseñada como un producto de calidad que apuntaba a lo popular, sin panfleto o bajada de línea como ‘Evita montonera’ o ‘El descamisado’, porque Walsh mantenía una autonomía de pensamiento, aún cuando se radicalizara y tomara postura, aun cuando la realidad lo pinchara. Está claro que ya cuando Raimundo Villaflor le sugiere incorporarse a las FAP, Walsh no es el mismo que homenajea a los aviadores que bombardearon la plaza en junio de 1955.

El temple para escribir la bajada del título de Noticias el día después de la muerte de Perón es sustancial en esta situación de "autonomía", si se quiere. Es un sí pero no necesario, urgente y contundente...
I.P.: –Como decía él: la furia fría. Vivía poniendo paños fríos ante problemas y eso fue tremendo porque había que rescatar la figura del líder en un momento en que habían amenazado con incendiar el diario. Por eso habla de líder excepcional y, a la vez, lo enmarca con mucha sutileza en medio del "fragor de la lucha".
2 de noviembre de 2010
1 de noviembre de 2010
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perpetua para represores santiagueños


El tribunal oral federal de Santiago del Estero resolvió condenar a prisión perpetua a los represores santiagueños, los ex comisarios Musa Azar, Tomás Miguel Garbi y Ramiro López Veloso, por el asesinato del estudiante universitario Cecilio Kamelezky durante la última dictadura militar.
Argentina. El máximo tribunal, integrado por Josefina Curi, que lo presidía y las camaristas Marina Cossio de Mercau y Graciela Fernández Vecino, encontró culpables a los ex comisarios de los delitos de "allanamiento ilegal, privación ilegítima de la libertad, tormentos y homicidio agravado" de Kamenetzky.
En el caso de López Veloso, la sentencia lo indica como "autor material" de los disparos de arma de fuego realizados a corta distancia que terminaron la vida con el estudiante de 18 años que cursaba el primer año de abogacía en la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE).
Para los tres represores condenados, que dirigían el Departamento Informaciones Policiales la justicia federal ordenó que la condena se cumpla en una cárcel común, en este caso en el Penal Federal de Colonia Pintos, ubicado a 48 kilómetros al sur de la capital santiagueña.
En el caso de Musa Azar, que se encuentra alojado en una sala del Hospital Independencia, ubicado frente al edificio del Juzgado Federal de Santiago del Estero, se aguardaba que en las próximas horas sea trasladado a la prisión federal, en la que permanecen detenidos Garbi y López Veloso.
Durante la lectura de la sentencia, los represores no ingresaron a la sala repleta de familiares de desaparecidos y dirigentes de organizaciones de derechos humanos y optaron por seguir el tramo final del juicio en una sala contigua y a través de un circuito cerrado de televisión.
En la misma causa, también se encuentran procesados los ex militares Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y Domingo Bussi, que serán juzgados en otra instancia.
Asimismo, el máximo tribunal informó que el martes 9 se darán a conocer los fundamentos de la sentencia, que hoy fue dictada en presencia del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luís Duhalde, acompañado del subsecretario de la misma cartera, Luís Alem.
Durante la ronda de alegatos, las partes querellantes y el fiscal Gustavo Gimena, coincidieron en solicitar una condena de "prisión perpetua de cumplimiento efectivo en una cárcel común e inhabilitación absoluta" por considerar que los delitos imputados "quedaron plenamente demostrados" en el juicio oral y público.
Para los querellantes, los represores del Departamento de Informaciones Provinciales (DIP) "formaban parte de una empresa criminal conjunta que ingresaba y sacaba presos políticos de la cárcel sin orden judicial, manejando todo en forma clandestina e ilegal".
Por su parte, los abogados defensores de Azar, Garbi y López Veloso, habían pedido la absolución de los represores por interpretar que las acusaciones "fueron presunciones, en un manto de dudas y sin certezas".
En la misma sentencia, el tribunal resolvió no hacer lugar al planteo de prescripción penal y de inconstitucional realizado por los representantes legales de los represores, que hicieron reserva del caso federal.
Kamenetzky fue asesinado en la madrugada del 13 de noviembre de 1976, en un cuestionado intento de fuga, tras permanecer más de cuatro meses detenido en el Penal de Varones y en la DIP que dirigía Musa Azar, secundado por Garbi, dependencia en la que permaneció alojado 22 días antes de ser indagado por el ex juez Liendo Roca.
Adela Kamenetzky, hermana de la víctima, aseguró que "por fin se hizo justicia, ahora mi hermano podrá descansar en paz" y pidió el acompañamiento de los santiagueños "para seguir juzgando y castigando a los responsables de delitos de lesa humanidad".
El grito de "asesinos..asesinos" y el cántico "a dónde vayan los iremos a buscar", acompañó la salida de los represores condenados, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad que estuvo a cargo de Gendarmería Nacional y Policía Federal.
2 de noviembre de 2010
1 de noviembre de 2010
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juicio a las juntas y procesos orales


Una comparación entre los procesos orales abiertos contra los represores desde 2003 y el juicio a las juntas. En los juicios contra los represores abiertos a partir de la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida es un dato constante la militancia de las víctimas, que era ocultada en el juicio a los ex comandantes.
[Alejandra Dandan] Argentina. La hipótesis podría plantearse en estos términos: los juicios orales sobre los crímenes en los centros clandestinos de la última dictadura parecen estar haciendo aparecer a los desaparecidos. Los testimonios de sobrevivientes y familiares construyen en las audiencias nuevos relatos que acentúan, entre otras cosas, sus identidades políticas. A contramano de lo que sucedió con la emblemática causa 13, elaborada a partir del informe Conadep, estos procesos recuperan las carnaduras cotidianas, los modos de vida, los deseos y detalles no sólo de ellos sino también de los sobrevivientes y los aleja de la idea exclusiva de las víctimas para volver a situarlos en el terreno político. Pero, además, hay nuevas aristas en las investigaciones. Intentos de comprobar paisajes hasta ahora invisibilizados, como la violencia sexual sobre varones y mujeres o la presencia en los lugares del horror de niños y adolescentes. Con todo eso, aparece por primera vez, además, la voz de los HIJOS. No sólo hablan en las audiencias sobre los efectos de la represión sobre sus vidas, sino que van recogiendo datos de las historias de sus padres con los que siguen armándolos, y por lo tanto armándose. Lo que sigue es un intento de puntear eso que aparece cada día en los tribunales, ante un público al que todavía, sin embargo, le cuesta aparecer.

Los Militantes
Una de las características de los juicios contra los represores en estos tiempos es la acentuación de la idea de la militancia. Julio Santucho empezó a sentarse entre el público que asiste a las audiencias de los crímenes de Automotores Orletti luego de declarar sobre el secuestro de sus hermanos Carlos y Manuela y de su esposa Cristina. "Mi idea era ir a reivindicar la militancia de las chicas", dice a Página/12. "Adhiero al enfoque del genocidio, y por lo tanto creo que no agarraron a inocentes. Lo que ahora noto es que no estoy solo con esa idea, me sentía solo en esta posición cuando volví al país hace veinte años, no se podía defender esa posición, ahora eso está, en los juicios está presente." Desde que declaró vuelve a los tribunales cada tanto, pero especialmente cuando sabe que hablará uno de los sobrevivientes que ha estado con sus desaparecidos. Usualmente lo acompaña su hijo Miguel, que cuando termina la audiencia suele acercarse a los sobrevivientes como quien quiere saber más detalles. "A nivel familiar –dice Julio–, noto que mi hijo, más que yo, va a buscar datos de lo que le pasó a su madre, de las torturas por ejemplo, y eso que es un golpe muy fuerte, él lo busca y quiere saber eso, llenar un vacío. Es como si dijera: desaparecido está bien, pero quiere saber qué es un desaparecido, qué pasó, eso es lo yo experimento ahora, que mi hijo y muchos hijos tienen necesidad de esto, aunque sufra, me parece que es mejor, que los fortalece, y ésa es una función importante que hay que reconocer a los juicios."
Miguel D’Agostino es sobreviviente del circuito del Club Atlético, Banco y Olimpo. Declaró ahora pero lo viene haciendo desde la Conadep. Apenas empieza a pensar en los cambios, subraya la idea de la militancia. "En el ’84 ni lo decíamos", dice en línea con lo que repiten en estos días los abogados de los organismos de derechos humanos que integran las querellas de las causas, sobrevivientes y fiscales. A comienzos de los ochenta, con el Juicio a las Juntas sostenido en la teoría de los dos demonios, los sobrevivientes no hablaban de su pasado de militantes, entre otras razones porque podían quedar detenidos. Pero, además, las prioridades eran otras, dice en este caso la abogada Ana Oberlín: había que probar la existencia de los desaparecidos, de los centros, la sistematicidad de la represión. "Ibamos a declarar en ese momento y todavía nos estaban vigilando", advierte D’Agostino. A algunos compañeros los llamaban a las casas. Hubo uruguayos que quedaron presos al regresar a su país. Y muchos familiares no hablaban porque seguían paralizados por el miedo. "Eso empezó a cambiar en los últimos años, desde la calle, con la publicación de cosas como las biografías políticas", arriesga el mismo D’Agostino. Señala, entre otras cosas, la publicación de libros que marcaron un quiebre y en el que la voz de los sobrevivientes aparece parada en el espacio político antes del exterminio.
Daniel Cabezas declaró sobre el asesinato de su hermano y el secuestro de su madre en las audiencias de la ESMA. A Thelma Jara de Cabezas la obligaron a sentarse en una confitería de la Avenida del Libertador a dar una entrevista fraguada con un reportero de la revista Para Ti para desprestigiar a los Montoneros y los familiares de las víctimas. Mucha agua había pasado bajo el puente, cuando Daniel se sentó a prepararse para la audiencia. "Al comienzo me senté a estudiar porque no sabía cómo abordar eso de ser hijo y además militante, leí la teoría del genocidio del sociólogo Daniel Feierstein pero me di cuenta de que se me empantanaba todo porque no soy teórico, así que me puse a leer la sentencia de la causa 13, donde queda clarísimo la teoría de los dos demonios, y en el caso de mi madre vi que los jueces se preocupaban por saber si era montonera, o le mostraron la revista para que reconociera si había o no había participado del reportaje." En ese contexto, decidió contar quién era su hermano, ese supuesto subversivo: "Quise contar qué hacían, hablar de la vida cotidiana como militantes, mostrar que no se levantaban a limpiar sus armas y salían a disparar, que los domingos al mediodía en casa nos juntábamos a comer un guiso de lentejas, que estaba mi vieja, que de pronto llegaba Cristina, La Gallega, de un territorio o el Gordo Tití y la Gorda, que nadie sabía los nombres reales pero eran amigos, estaban en casa, unos militaban con mi hermano en la UES y llegaba su novia que no militaba y hablaban de política y se iban y después cada uno diseñaba actividades en sus ámbitos, pegatinas por el 1º de Mayo". En una de esas pegatinas, un grupo de tareas mató a su hermano. "Podría haber ido armado, porque las armas se usaban de manera defensiva, la gente debe saber y recordarlo porque todos conocían a militantes en los barrios."
Esa misma trama recuperó el alegato de los fiscales en la causa ABO. Presentaron el alegato con un eje en las historias de vida, pero además las identidades políticas de las organizaciones y sistematizaron las caídas no por fechas como en la Conadep, sino por grupos de pertenencia política. Fue un correlato de lo que apareció en el relato de los testigos en las audiencias, no fue completamente espontáneo. Esa fiscalía, por ejemplo, decidió no preguntar sobre las torturas porque lo daban como elementos probados.
En otras causas, el tema apareció de diferentes maneras. En ocasiones se instaló como una estrategia defensiva. Como en el Juicio a las Juntas, al comienzo de estos nuevos juicios los abogados de los represores intentaron azuzar a los testigos preguntándoles por la militancia en lo que parecía un modo de justificar la masacre. Una expresión de esa postura todavía puede verse en estos días en el juicio del Tribunal Oral Federal de San Martín contra Luis Abelardo Patti. Su defensa, encabezada por el ex camarista Alfredo Bisordi, preguntó a Orlando Ubiedo –testigo y ex secretario general de la Uatre– qué quiso decir cuando habló de las tareas de "contrainteligencia" y para qué la hacían cuando con ese método los militantes sólo intentaban cubrirse las espaldas porque se sabían perseguidos. En la mayor parte de los juicios, esas chicanas sin embargo ya no aparecen: los defensores no preguntan por la militancia. Una de las razones es que, advertidos por las querellas, los testigos empezaron a hablar solos y a situarse en ese espacio político antes de que aparezcan las preguntas: eso no sólo les permitió recuperar sus lugares, sino construir la historia por sí mismos y no como un efecto de la sospecha del otro.
Estela Segado cree que ésa es una de las cuestiones más importantes de los juicios. Coordinadora del Archivo Documental de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, está convencida de que el terrorismo fue una persecución a la militancia, en la que todo militante era considerado terrorista por el solo hecho de ser militante. Que los jueces de la causa 13 estuvieron más interesados en saber si la persona había sido montonera que si había sido torturada. "En estos nuevos tiempos, se abre la posibilidad de comprender esta cuestión de que ‘militancia’ no es sinónimo de ‘asesino terrorista’, y la gente que militaba tiene el permiso para contar cuestiones que no se contaban: como las formas de poder resistir, como estar armados o meter libros en un taparrollos y donde logran decir que tomar pastillas de cianuro se hacía en ese marco."
¿Pero esa recuperación es tan nueva? Segado dice que sí y que incluso "la militancia todavía está unida a la cuestión de lo delincuencia terrorista".

El Caso
En ese contexto, se advierte además la acentuación de los relatos personales. Los detalles. Las historias de vida, pero también la situación individual del secuestro, la tortura y opresión. Oberlin habla de una época distinta. Frente a los ochenta, años en lo que se necesitaba acreditar las desapariciones, los nuevos procesos penales muestran un acento puesto en la vivencia personal, dice. "De esta manera, presenciamos testimonios mucho más ricos en el detalle de la experiencia de cada sobreviviente. Pasamos de la necesidad de probar los desaparecidos y la sistematicidad a lo que le pasó a cada uno, empieza la reconstrucción más personal."
La instancia del juicio oral que permite una escenificación de la Justicia es otro de los elementos en juego. La posibilidad de situarse por primera vez ante el círculo de acusados, de los responsables directos, lo potencia: "Los relatos se singularizan", dice en este caso José Nebbia del CELS. "El que lo hizo está sentado ahí y lo están juzgando por lo que te hizo a vos, el relato se construye desde otro lugar y eso sólo aparece como una reparación para las víctimas: todos sienten un gran alivio una vez que terminaron de hablar, se sacan una mochila gigante."
Los detallados relatos de las torturas entran en ese contexto. Son mucho más masivos de los que había habido hasta ahora. Todavía siguen siendo estremecedores y sorprendentes. "Antes –dice Oberlín–, muchos de los que habían sido torturados ni siquiera tomaban las torturas como un tema frente a lo que les había pasado a sus compañeros, como las muertes o desapariciones, se minimizaban y ahora aparecen."
En esa singularización hay ejes que todavía son terreno de debate. Hablan y aparecen las fisuras, los discursos se humanizan, se hablan de los datos entregados en la tortura con los que terminó cayendo una persona. También de los "quebrados". Situaciones que han convertido a las víctimas durante años sujetos recelados o cuestionados. Inés Sánchez, una antropóloga que es hija de una desaparecida del Vesubio, declaró que su madre había estado en el interior de la "sala Q" del Vesubio, donde estaban "los quebrados". Llegó al campo clandestino embarazada de dos meses, había intentado poner los dedos en el enchufe para suicidarse, no se lo permitieron, intentó escaparse, tampoco pudo. "Dicen que mi madre participaba en las torturas –dijo ella–, mi mamá era una víctima más, más allá de lo que cada uno puede hacer, las cartas estaban echadas."
Cuando aparecen narradas por los sobrevivientes, esas zonas oscuras, parte de los espacios del tabú entre los ex detenidos, suelen estar atadas a nuevas miradas. En las audiencias suele escucharse la palabra "trabajo esclavo" entre quienes estuvieron sometidos a las tareas de acopio de información o a servir a los represores. O se empiezan a contar las lides del cautiverio como relatos de estrategias de resistencia.
Una de ellas fue Adriana Marcus. En la declaración en el juicio de la ESMA, mencionó con esas palabras que así como otras secuestradas pintaban con lápiz de labios las puertas de un baño del Globo para rebelarse cuando los represores las llevaban a cenar, ella pedía calamaretis fritos porque era el plato más caro. O cuando la obligaban a desgrabar las escuchas ilegales de compañeros que por teléfono se daban citas, transcribían esos párrafos como inentendibles o los nombres con puntos suspensivos.

La Violencia Sexual
En el alegato de ABO, la querella encabezada por Rodolfo Yanzón acusó a los represores por la figura de la violencia sexual a partir del Protocolo de Estocolmo: "La tortura sexual empieza por la desnudez forzada, que en muchos países es un factor constante de toda situación de tortura. Nunca se es tan vulnerable como cuando uno se encuentra desnudo y desvalido".
Arturo Chillada era un militante de la JP de Mercedes, desde hace años vive en España. Desde el consulado argentino en Madrid lo explicó en primera persona al declarar en la causa del Vesubio: "A mí me agredieron una sola vez y en concreto porque no recordaba el número que me habían puesto y me lo hicieron recordar a base de golpes", explicó. Adentro del centro, dijo, los guardias los humillaban. Lo hicieron bañar con su amigo Javier, contra la pared, mientras los represores de atrás se reían y les decían que froten los cuerpos uno con otro. Y se reían, les gritaban, comentaban.
Ana Oberlín, Lorena Balardini y Laura Sobredo prepararon un documento para fundamentar el ingreso de este tema en las audiencias. En él recuerdan que desde la reapertura del proceso de justicia se profundizan cuestiones que hasta ahora fueron invisibilizadas. "Uno de estos temas ha sido el ejercicio de la violencia de género en sentido amplio, a través de la comisión de violaciones sexuales y de todo tipo de abusos y vejaciones a detenidos-desaparecidos, varones y mujeres alojados en centros clandestinos". Y dicen: "De los testimonios surge nítidamente que las agresiones sexuales a las que fueron sometidos los detenidos no configuraron situaciones aisladas, sino que formaron parte de este plan general de aniquilamiento y degradación de la subjetividad de las personas. Además, la violencia sexual en toda su amplitud, así como la violación sexual en particular, fue ejecutada por personas pertenecientes a las diferentes fuerzas armadas y de seguridad e incluso en algunos casos por civiles que actuaron como parte del accionar represivo".

Contextos
Myriam Bregman, de la querella de Justicia Ya!, indica que muchos de los nuevos aspectos que aparecen en los juicios se dan a partir de entender por dónde deben ir las preguntas. Entre ellos, menciona el rol de los medios durante la dictadura, recuerda que se están abriendo juicios o se abrieron contra Editorial Atlántida por ejemplo por los casos de Cabezas y Angelina Barrios. Que aparece una búsqueda específica sobre el rol de la Iglesia, los curas que aparecieron en los centros clandestinos, los archivos y los civiles. "A partir de las preguntas –dice– salió el dato que el gerente de la Ford, que le decían ‘El loco Antonio’, de apellido Suárez, estaba tan compenetrado con la represión que participaba de operativos con el grupo de tareas de la ESMA." O los datos que indican que Antonio Pernías llevaba a los prisioneros a comer a las casas de la alta sociedad para que vean que se estaban recuperando, donde también había curas, como destacó el testimonio de Silvia Labayrú. La participación civil para Bregman no es secundaria, sino que es una clase social empresaria que armó y preparó el golpe. Otro de los temas son los llamados testigos contextuales: bomberos, vecinos, empleados que están apareciendo por primera vez a declarar porque algo fuera de las salas se empezó a habilitar para que lo hagan. Pero también hijos de víctimas que tienen la necesidad de situarse a través de sus relatos en ese espacio.

Las Deudas
No todo sin embargo es pura potencia. Hay traspiés. Pablo Llonto recuerda que como se sabía, por la organización de las causas hay testigos que deben declarar una y otra vez en distintos juicios. O una polución sobreabundante de datos que obliga a los querellantes a estar despiertos con cientos de antenas, porque muchos de los datos que aparecen en una audiencia sirven para otro, y se pierden. Esos recortes deja además a varios testigos en el aire. Hace unas semanas, pasó por la causa de El Vesubio un bombero voluntario de Monte Grande que por un llamado del intendente local acudió a levantar los cuerpos de la masacre que lleva el nombre de esa localidad. Al hombre le preguntaron si eso era normal. El dijo que en "la época de la subversión los llamaban para ir a buscar cadáveres a todos lados". Nadie le preguntó nada sobre esas búsquedas quizá porque el objeto del juicio era uno de los centros clandestinos, pero esa información quedó en el aire. Sucedió también con Lila Pastoriza en Vesubio, cuando declaró sobre Pablo Miguez. Ella dijo que pudo saber que Pablo había sido visto por ultima vez en la comisaría de Valentín Alsina en Lanús. Nadie recogió el guante en ese momento para iniciar allí una pesquisa.
También hay testigos que se van sin contar lo que se esperaba que cuenten. Los hay. "Nosotros no tenemos capacidad para hablar con todos los testigos", dice Liliana Mazea, querellante en El Vesubio. "A veces no se acuerdan de lo que ya declararon o de lo que pasó, pero además cuando te secuestraron y vos no estuviste en una organización ni estabas comprometido por nadie, la cadena se rompe por el eslabón mas débil: la gente tiene medio de que le vuelva a pasar porque no tiene esa red solidaria que les permitió hablar a otras víctimas, van casi obligados, les cuesta decir lo que sufrieron o pasaron porque tienen medio, que es otro de los logros del genocidio".
Por último, Yanzón enumera otros datos como la actuación de los jueces. "Vemos en otras ciudades -sobre todo en Mendoza- la gran complicidad de jueces y algunos fiscales con la impunidad, algunos de ellos dispuestos a dar pelea y proferir amenazas, cosa que medida que avanzan los juicios se va haciendo mas evidente". Otro de los temas es la Defensoría General de la Nación. "Son muchos los defensores oficiales que están trabajando, la mayoría son buenos profesionales, pero pasan los límites de una defensa técnica, cuando tratan de probar la "complicidad" de algunas víctimas con los represores, tratándoles de quitar justamente su lugar de víctimas para devaluar sus testimonios y establecer que los crímenes tuvieron otro apoyo y participantes: es gravísimo que, como un órgano estatal, tiendan a deslegitimar el lugar de víctimas en aras de posicionar mejor procesalmente a sus defendidos".
31 de octubre de 2010
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chacal en primera persona


Es el represor vivo de más jerarquía en la ex causa Feced. A tal punto que ahora los expedientes llevan su nombre. Está acusado de más de veinte casos de secuestros, 11 de ellos seguidos de torturas y 10 homicidios cuyas víctimas pasaron por el centro clandestino de detención La Calamita en Granadero Baigorria. Esta fue su declaración ante los jueces tras negarse a responder cualquier tipo de preguntas.
Argentina. Óscar Pascual Guerrieri fue indagado en los tribunales federales de San Isidro el 15 de octubre por el juez federal rosarino Marcelo Bailaque y la fiscal Mabel Colalongo. Durante el interrogatorio se negó a contestar preguntas sobre 21 casos de secuestros, 11 de ellos seguidos de torturas y 10 homicidios cuyas víctimas pasaron por el centro clandestino de detención La Calamita en Granadero Baigorria , cuando era el segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121. A cambio, prefirió despacharse con un largo discurso que ahora quedó incorporado a los expedientes a los que accedió Rosario/12. Parte de esa larga declaración se reproduce en esta nota.

El Elegido
"Quiero dejar presente que en la época democrática, años en que estuvo el gobierno luego del relevo del Dr. Alfonsín (se refiere al gobierno de Carlos Menem) por concurso he prestado servicios por mis méritos profesionales en la Secretaría de Inteligencia del Estado, durante diez años. Y no me mandaron por ser peronista o radical, sino por mis méritos. Estuve con el Dr (Bautista) Yofre y (Hugo) Anzorreguy, fui el primero que entré y el último que me fui. Si me seleccionaron en esa época deben haber hecho una compulsa para ver quien era Guerrieri, si hubiera sido como dicen por ahí no me hubieran llamado. Soy altamente democrático, depende qué se entienda por democracia, yo entiendo respeto a las instituciones, al orden, a la jerarquía. En esa Secretaría yo tuve las mejores calificaciones con 100 puntos durante diez años.

Enfermo y Mortificado
"Estoy haciendo un sacrificio enorme, hace cinco meses que estoy sufriendo una epicrisis avalado por el médico forense, esto tiene dos partes, una ciatalgia, que puede ser consecuencia de una hernia de disco, que me tiene loco. También tengo presión arterial alta y tuve un ACV transitorio. Gracias a Dios no se volvió a repetir, es peor tener un transitorio que uno definitivo, porque el transitorio puede darse en cualquier momento uno nuevo. Así estoy en ese momento. Por eso me remito al articulo 18 de la Constitución Nacional que claramente señala como responsable al juez que autorice cualquier medida que implique mortificación. Le pido tengan consideración a mi estado de salud que no es normal, tengo 75 años y hace 9 que estamos metidos en este tema. Yo soy una persona de bien, no un asesino"

Una Desgracia con Suerte
"Acá tuvimos una desgracia, con la calidad profesional que tuvo la doctora Colalongo acá tendría que estar sentado todo el Ejercito Argentino porque todos recibimos las órdenes 405 y 505 y sin embargo estamos unos pocos. Yo no soy soldado del Proceso ni de este ni de otro, entre al Ejercito a los 12 años, cuando me fui vino este despelote de la guerra contra la subversión. No puedo salir de las garras del Ejército. Ni queriendo ni no queriendo. Hay una jerarquía en la Institución y no pude rebelarme y decir esto u hago y esto no. Tampoco hay que confundir asociación ilícita con subordinación, yo siempre estuve bajo subordinación, de hecho cuando el jefe decía "subordinación y valor", nosotros decíamos "para defender a la patria". Si yo hubiese sabido que me incorporaba para integrar una asociación ilícita nunca me hubiera incorporado al Colegio Militar.

Pedido Intimidante
"Mi familia es de origen italiano donde rige el respeto. En el fondo si pudiera hablar con la doctora Colalongo a solas ella me entendería. A mi me queda poco de vida y mi aspiración es que los argentinos nos encontremos juntos en un abrazo. Entregué mi vida a la patria y hoy soy asesino, por haber cumplido las órdenes de defensa de la patria y la seguridad. ..Siempre me muestran como el malo para demostrar que los otros eran buenos, y los otros no eran buenos, eran más malos que nosotros, ellos trajeron el desorden, una idea foránea, en una agresión externa al país. Pero yo seguiré en la silla de los malos, en las esposas de los malos. Desconozco todos los cargos que se dicen acá en forma personal.

El Ejecutor
"Quiero dejar en claro algo que está mal dicho, en el sentido que yo adelante mío tenía mandos: el general Galtieri, Jauregui, coronel Pozzi, los hombres coroneles que integraban el centro de operaciones tácticas, que eran tres. Me acuerdo de uno solo, Gazzari Barroso, la causa se llama Guerrieri porque esa gente murió, pero murió después, en la época en que estaban dirigían y ordenaban, y yo cumplía órdenes, yo era un ejecutor. Yo llegué en 1977, y recibí una orden que le dijo Galtieri a Pozzi, que como él estaba con Calamita, a mí me iban a poner a cargo de la organización del Mundial 78, etapa que se ve vigorizada en cuanto a la seguridad cuando la selección va a Rosario y yo voy como seguridad de la selección en Granadero Baigorria. De hecho tengo un plato con un reconocimiento para todos los que colaboraron para que Argentina saliera campeón".

Flor de Campeón
"En ese tiempo intervengo en los torneos de esgrima en florete y sable. En florete salgo primero de todo el cuerpo y ello me proyecta al campeonato nacional que se hacia en julio del 77. En el desarrollo del torneo me corto el tendón de Aquiles. En función de ello el 8 de julio me internan y luego estoy seis meses en convalecencia, se imagina que en ese estado no estaba corriendo subversivos por la calle, estaba con un pie en un balde.

El Custodio
"Además por el tema del mundial de fútbol tengo muchas comisiones a Brasil. Tenían la función de organizar todo para que no fracasara un evento de tal magnitud. Yo a la Calamita no la conozco porque no estuve ahí, si la cancha de Rosario Central, a Menotti y a los que estaban ahí. Pero las órdenes las daban los muertos vivos".

Brutos
Sobre las circunstancias que rodean al acto es político ideológico . Soy una persona de 75 años con la preparación que tenemos los militares que son muy buenas. Los militares no somos brutos, los habrá , al igual que algunos del tribunal oral federal, pero he hecho todo lo que había que hacer para ser un buen militar. Al Colegio Militar no mandan a idiotas, mandan a oficiales buenos, estuve cinco años ahí, fui profesor de la escuela de inteligencia, es decir, tuve méritos que se acrecentaron cuando fui a la SIDE.

Asesinando a Bailaque
"A mí me parece que estos juicios y si ahora sale uno nuevo, dan una vuelta tremenda y a empezar de vuelta y a empezar de nuevo. Nadie pregunta porqué ocurrió esto. No es que yo me levantaba y decía "ahora voy a matar a Bailaque". Nosotros teníamos una agresión interna y externa. El soldado no es el responsable de la victoria o derrota en una guerra, los responsables de la cuestión son los que implementan la política nacional de defensa, y en esa época sea gobierno de facto o democrático con Isabel Perón, había una política de defensa y esa política era de aniquilar la subversión y yo no soy responsable de esa política implementada, y eso nadie me lo preguntó. Pero hoy cargo con la mochila que ellos no cargan. Es decir, estoy en el grupo de los malos por haber cumplido las órdenes que nos dieron. No se si está bien o mal, fueron las órdenes que nos dieron. Montesquieu dijo que a lo mejor la ley no gusta pero es ley. Yo venía por una calle que era mano y me cambian la mano en el camino, y entonces cometo la infracción. No hay que mirar por el espejo retrovisor, hay que mirar para adelante. ¿Qué ganamos con gente en cautiverio, memoria de un solo lado". Lleno está de publicaciones que dicen que hubo una guerra. ¿Qué fue el ataque a Formosa, un avión que llega y mata a soldados y a estos se les da 800 pesos y a los que atacaron 600.000 y el gobierno nacional ha colocado a la justicia en el medio de esto, en primera línea". "Me regocijaba ayer viendo el poder de Chile, miran para delante no para atrás""

Condenado
"Yo ya estoy condenado. Y todos están creyendo que lo hacen bien, porque están cumpliendo las órdenes del gobierno nacional. Fijese lo que se produce cuando la señora de Bonafini le dice "turros" a la Corte Suprema y no le pasa nada, como si fuera la madre de todos nosotros. Otro tema, acá contribuyó mucho el tema de los medios de comunicación que prejuzgan y condenan junto con la aparatología que montan las ideologías foráneas que están apareciendo. La justicia nos juzga con códigos civiles que no tienen nada que ver. Esto es política no justicia".

Tren Ala
"Y ahora cuidado que si no favorecen con la corporación judicial lo que quiere el gobierno nacional, con el tiempo le va a pasar lo que nos pasa a nosotros ahora: se van a encontrar con el tren bala para que los lleve rápido a cumplir la condena.

Videla y Pelé
"Vuelvo a pedir que se ponga en claro que yo no era Videla, era el teniente coronel Guerrieri, un ejecutor, no lo conozco a Videla, yo estaba con el tema del Mundial". Además el tema de la doctrina francesa, puede ser que nos valgamos de esa doctrina, y cuál es el problema, si yo hoy le pregunto un futbolista para copiar, usted copiaría a Pelé, entonces nosotros no íbamos a copiar a un boliviano, sino a los mejores".

Un Tipo de Primera
"Hoy recibo 600 pesos del Ejército, tiene que trabajar mi mujer y recibir la dádiva de mis hijos. Un coronel. Esto es mucho sufrimiento y estoy mortificado. No los hago responsable a los jueces, se dónde están. Muchos jueces saben lo que pasa, ojalá me cure de esto que tengo y que Dios decida. En el fondo destaco los profesionales como la señora fiscal Colalongo y así también una querellante. En Rosario estuvimos detenidos en la policía federal en condiciones indignas. He compartido la prisión con piratas, que detuvieron en San Nicolás. Yo no tengo sangre azul pero me enseñaron otras cosas. A comer con cubiertos. Yo fui un soldado profesional de primera. Y de todos los que fueron al juicio oral, ustedes sabrán quiénes eran de primera y quienes no".
El teniente coronel Oscar Pascual Guerrieri presentó tres escritos periodísticos como defensa, con los que intenta probar que los juicios por terrorismo de estado son políticos. Uno es el libro de Ceferino Reato, ‘Operación Primicia’, analizado en una nota del diario Clarín que postula que "el ataque al batallón de Formosa le puso fecha al golpe de estado del 24 de marzo de 1976". Para Reato "la agrupación creó el escenario de violencia que facilitó la llegada de los militares al poder". El segundo documento es una nota de Clarín a Mario Vargas Llosa, en la que el flamante Nobel de literatura, sostiene que "Cristina conduce un gobierno corroído por la corrupción". El tercer texto es una nota de la revista Noticias publicada en los primeros días de octubre de 2010 titulada "Kirchner prostituyó los derechos humanos". La frase pertenece a una declaración del periodista Jorge Lanata.
31 de octubre de 2010
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turba incendia siete casas


Siete incendios al grito de ¡Justicia! Una multitud quemó en San Luis las casas de los que suponen involucrados en la muerte de una nena. El domingo, María Soledad Castro, de 7 años, murió atropellada por un auto que corría una picada en la capital puntana. El lunes por la noche, unas dos mil personas incendiaron siete viviendas. Un adolescente fue detenido por la picada y su hermano está prófugo.
[Horacio Cecchi] Argentina. No era difícil prever el estallido. El hambre, la tensión, la invisibilidad. En el barrio Eva Perón, norte empobrecido de la ciudad de San Luis, el incendio de siete casas por una muchedumbre enceguecida no fue inesperado. La desgraciada suerte de María Soledad Castro, la chiquita de 7 años arrollada por un VW Gol cuyo conductor corría picadas el domingo por la tarde, actuó como disparador. El lunes, después de despedir sus restos, después de que sus padres fueran recibidos en la comisaría de la zona para escuchar las promesas del compromiso en la investigación, una multitud se desató e incendió la casa de dos familias, los Arce y los Barrientos, a la que aseguran que pertenece el joven responsable de la muerte de la chiquita. Sin espacio, sin aire para otra cosa que para oxigenar el fuego, la multitud se lanzó a quemar por propia mano otras seis viviendas, supuestamente de la misma familia, supuestamente responsable por lazo sanguíneo del supuestamente responsable de la muerte de la chiquita, condenado y prófugo de antemano, y lo hacía al curioso grito de ¡Justicia! ¡Justicia!. A todo esto, Berta Arenas, ministra de Seguridad de otra familia, Rodríguez Saá, confundiendo intervención social con penal, y salud y trabajo con palos, redujo la presencia estatal a la policía, que "estuvo presente, pero si hubiera intervenido hubiera sido peor".
El domingo pasado por la tarde, un VW Gol blanco con vidrios polarizados que corría una picada con un Fiat 128 en el boulevard La Bandera, cerca del Anexo 4 del barrio Eva Perón, atropelló a María Soledad Castro, de 7 años. "Cuando quiero ver, va un auto a alta velocidad –dijo José Aguilera, el padre de la nena–. El auto venía de contramano a altísima velocidad. Ella va poniendo el pie en el cordón cuando ahí la atrapa y la llevó", relató a los medios.
Poco después, la jueza de Instrucción 3, Virginia Palacios, comentó que había ordenado la detención de un adolescente, de 16 años, hermano del conductor y que viajaba como acompañante. La jueza había ordenado peritajes para determinar si el vehículo mostraba efectos del golpe.
Ayer, durante el día, se realizó el sepelio. Después la familia, acompañada por alrededor de 250 personas, fue recibida por el comisario Darío Neira, jefe de la seccional 7ª, de la jurisdicción. Allí les explicaron a los padres sobre la detención del adolescente y les dieron algunos detalles sobre la investigación.
Al salir de la comisaría, la cantidad de gente se había engrosado. La marcha de regreso avanzó lenta, como una procesión para cubrir las siete cuadras que separaban la comisaría de la casa de los padres de María Soledad. Pero al pasar por una de las casas de alguno de los familiares de los Arce-Barrientos alguien arrojó un palo encendido y se desató la furia. Al rato, la multitud se había engrosado y corría en busca de más culpables. Piedras en mano, rompían los vidrios de puertas y ventanas. Incluso con un tronco como ariete ingresaron en una de las casas y comenzaron a vaciarla y prenderle fuego.
Siete casas fueron reducidas a cenizas. A los bomberos, la multitud les cortó el paso, enceguecida. La guardia de infantería, ese grupo de uniformados destinados a intervenir cuando ya es tarde, se mantuvo expectante, escudos y bastones en mano, aguardando órdenes que no llegaron. Sólo al final, algunas escaramuzas para disolver a los más fragorosos, cuando todo ya se apagaba. Es cierto, con los ánimos colapsados de ambos lados, si hubiera intervenido podría haber sido una masacre.
Mientras, Jerónimo Barrientos, padre de los acusados por la multitud, reclamó más tarde que sus hijos "no tienen nada que ver. Dos hijos míos se han puesto a disposición de la Justicia para que los investiguen. Ellos no tienen nada que ver", decía y repetía con una extraña mezcla de lágrimas y sangre en el ojo. "¿Qué justicia vienen a hacer, a robarse las cosas? ¿Por qué no fueron y le quemaron la casa de..., que vive en la Rawson y es el que mató a la nenita?", preguntó virando rápidamente de víctima a victimario. "Hay un menor que está detenido, que es Arce", dijo en alusión a otra familia cuestionada por los pobladores. "No hubo Barrientos corriendo picadas. Acá hubo zona liberada. Que vayan a la casa del chico que la mató", bramaba la hermana de uno de los Barrientos, esa extraña mezcla de noción de justicia y práctica del mano propia.
27 de octubre de 2010
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policías declaran en juicio contra patti


Siete ex policías declararon en el juicio contra Luis Patti. Una estrategia que puede fallar. El ex subcomisario llamó a sus ex compañeros como testigos. Las declaraciones fueron vagas y contradictorias, pero no ayudaron a Patti. Al contrario, confirmaron que la policía colaboraba con los militares.
[Alejandra Dandan] Argentina. Dicen que llegaron preparados para las preguntas de la defensa, pero que no estaban preparados para responder a las querellas. En total, en la última audiencia de José León Suárez por el caso de Gastón Gonçalves declararon siete ex policías de la comisaría de Escobar compañeros de Luis Abelardo Patti durante los primeros años de la dictadura. Aunque fueron testigos pedidos por la defensa del ex subcomisario, y pese a las contradicciones, respuestas difusas y a la notable ausencia de datos, ninguno desvinculó a Patti. Dieron detalles sobre la relación entre la comisaría y las tropas de Campo de Mayo, hablaron de la participación de los patrulleros de Escobar como escoltas de los militares porque eran los policías quienes conocían las calles y explicaron el vínculo entre las tareas de inteligencia y el uso de la ropa de civil entre los uniformados, el modo de andar de Luis Patti.
El primer testigo fue Norberto Padilla, que alternaba los trámites judiciales con el trabajo de oficial de calle cuando las circunstancias lo requerían. Ese era el trabajo que también hacía Luis Patti. Según Padilla, cuando la situación lo requería ese trabajo de calle se hacía con ropa civil, un dato importante porque así es como las víctimas y testigos sitúan a Patti. "Se hacía así –dijo Padilla– si iban a buscar a un delincuente o a un ladrón porque en esas circunstancias no podían ir de uniforme, se hacían tareas de vigilancia o podría decirse de averiguaciones previas, y ésa es la parte donde íbamos de civil, es cuando se trabajaba en un hecho determinado."
A esta altura del juicio, se sabe que la comisaría de Escobar estuvo cohabitada por las fuerzas militares desde el golpe y durante algunos meses. La defensa de Patti y del comisario Fernando Meneghini intentan separar el rol de la policía del de los militares para mejorar sus chances. Los testimonios de los policías no jugaron a favor. En línea con las declaraciones del policía Ceferino Lencina de la semana pasada, Padilla abrió la posibilidad de vincular los operativos con Patti. "Cuando se hicieron cargo los militares, entraban y salían como si fuera su casa, quién era quién no puedo decir porque estaban encapuchados y eran todos iguales."

–¿Alguno de ustedes colaboró? –preguntó la querella.
–Yo no lo he visto –dijo–, pero puede ser que sea porque cuando llegaban encapuchados no se veía quién era y quién dejaba de hacer. Eso no le puedo asegurar.

Uno de los que habló de operativos conjuntos fue el ex policía Jorge Bautista Pagliarino. Tras varias vueltas, admitió que los militares salían con hombres de la comisaría porque conocían más el lugar "en lo que a las calles respecta". Y dijo: "Muchas veces se los acompañaba y se los apoyaba". ¿Quiénes lo hacían?, preguntó la querella. "Seguramente lo hacían los que estaban de turno –explicó–, los que estuvimos siempre en la comisaría." ¿Quiénes eran?, se le insistió. "Son los que nombré anteriormente", dijo él sobre una lista entre los que estaba su nombre, el de otros policías y Patti.
Con el correr de las horas, Alfredo Bisordi se exasperó. El ex camarista, defensor de Patti, con un look a lo casual, de mangas cortas y una camisa a cuadros demasiado desatendida para la ocasión, ya se había peleado a los gritos con la jueza Lucila Larrandart del Tribunal Oral Federal de San Martín, a cargo de la audiencia. A esa altura, más sosegado, seguía impaciente con las derivas de los testigos. "Dígame una cosa, Pagliarino", lanzó su socio Silvio Duarte, "cuando usted dice que acompañaban los operativos, ¿qué quiere decir? ¿Que se quedaban o se iban?" Pagliarino siguió como pudo: "A veces nos volvíamos", expresó en lo que las querellas apuntaron como un dato: entonces, el resto de las veces se quedaban.
Pero Patti no fue el único nombrado. La defensa del condenado general Santiago Omar Riveros dijo que no puede ser acusado por el caso Gonçalves porque formalmente Escobar comenzó a ser parte de la Zona 4 a partir de mayo del ’76, y no antes. El caso Gonçalves es del 24 de marzo, para las querellas es importante demostrar el vínculo de la comisaría con Campo de Mayo. Como no estaban preparados para esa pregunta, porque ninguno había sido convocado por la defensa de Riveros, la mayor parte de los policías reconoció que las tropas instaladas en la comisaría respondían a la guarnición militar de Campo de Mayo. Y vincularon la seccional con la Unidad Regional de Tigre, que es otra línea a Campo de Mayo.
27 de octubre de 2010
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pibe de 16 asesinado por un policía


Lo mató de un tiro por la espalda, en la ciudad de Viedma. La madre denunció que la policía lo perseguía. El suboficial le disparó cuando el chico había saltado una reja y estaba dentro de una escuela. El policía fue detenido. Protesta de familiares y vecinos.
[Carlos Rodríguez] Argentina. El adolescente Guillermo Trafiñanco, de 16 años, fue asesinado de un disparo por la espalda por un policía rionegrino que lo persiguió hasta el interior de un colegio primario y jardín de infantes, donde el chico había intentado refugiarse. El sargento Silvano Mesa, de la comisaría del barrio Lavalle, en las afueras de la ciudad de Viedma, quedó detenido imputado por el homicidio del joven, mientras que otros dos agentes fueron pasados a disponibilidad preventiva, hasta que se aclare su situación. Ayer, luego de la inhumación de los restos de su hijo, la mamá de la víctima, María Virginia Ascencio, denunció que el chico era objeto de "una persecución policial". La mujer aseguró que "varias veces" tuvo que "recurrir a la oficina tutelar (del Juzgado de Menores) porque los policías lo demoraban en la comisaría del barrio; antes le habían dado una paliza y yo no me animé a hacer la denuncia". Fuentes judiciales dijeron que el policía Mesa tiene otras dos denuncias por "apremios ilegales".
Al lado del cuerpo del chico, según informó la policía, habrían encontrado una pistola del tipo "tumbera", pero las fuentes judiciales aseguraron que "no está confirmado a quién pertenecía". El adolescente estaba acompañado por dos amigos que escaparon ilesos del lugar, luego de que los policías intentaran identificarlos. El móvil policial, con dos agentes, había llegado a las cercanías de la escuela, en la madrugada del domingo, por una denuncia anónima sobre la presencia de tres chicos que estaban "aspirando algo llevándose una bolsa a la cara" y que, al parecer, "tenían un arma". Los policías pasados a disponibilidad son el chofer del móvil y el oficial de servicio que estaba de turno en la comisaría.
De acuerdo con lo que se pudo reconstruir, dos de los pibes escaparon, mientras que Trafiñanco saltó la reja y entró al colegio. Lo mataron por la espalda, a corta distancia, y el cuerpo quedó tendido en el piso, en el patio del jardín de infantes. Después de la declaración testimonial de los dos policías que acompañaban al sargento Mesa, éste quedó como único detenido. La madre de Trafiñanco negó que su hijo hubiera estado armado y pidió que al policía imputado "lo condenen a prisión perpetua". Al mismo tiempo, solicitó a los vecinos de su barrio que "no provoquen ningún problema para que no muera nadie más", como ocurrió en la ciudad de Bariloche luego del asesinato, a manos de otro policía rionegrino, del joven Diego Bonnefoi.
Luego de ocurrido el crimen, hubo algunos incidentes cerca de la comisaría y frente al Concejo Deliberante, pero no se produjeron hechos de gravedad. El barrio Lavalle está a cuatro kilómetros del centro de Viedma. Es uno de los lugares más pobres de la ciudad y tiene un alto nivel de deserción escolar. La principal causa es que sólo tiene una escuela primaria y un jardín de infantes diurnos, en el lugar donde ocurrió el hecho. Hay escuela secundaria sólo a la noche, después de las seis de la tarde, y los padres prefieren no enviar a sus chicos a cursar en ese horario. Los que estudian, por la mañana o la tarde, lo hacen en otras escuelas de la ciudad y deben afrontar serias dificultades de transporte. Una fuente judicial de Viedma le dijo a Página/12 que "Lavalle es otro mundo", por la situación de precariedad en la que viven los vecinos del lugar.
El intendente municipal de Viedma, Jorge Ferreira, pidió una audiencia con el gobernador Miguel Saiz, cuando éste regrese del exterior, para analizar el problema de la violencia social en la ciudad. Las autoridades de la Unión Cívica Radical, el ARI y el PJ expresaron su repudio al asesinato del chico. También lo hicieron la Vicaría de la Fraternidad del Obispado de Viedma y la filial local del Comité contra la Impunidad. Hoy se realizará una marcha de protesta y se prevé la realización de una asamblea pública en el Concejo Deliberante.
Las organizaciones sociales reclamaron la renuncia del jefe de la policía provincial, Jorge Villanova, quien también está muy cuestionado por los asesinatos de Diego Bonnefoi, Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas, ocurridos el 17 de junio pasado en San Carlos de Bariloche. En la causa de Viedma interviene el juez Juan Bernardi, que ayer llamó a indagatoria al imputado Mesa, quien se negó a prestar declaración y quedó preso. A nivel judicial se recibieron, con anterioridad, otras dos denuncias contra Mesa. Las causas son por supuestos "apremios ilegales" y fueron presentadas, este año, ante la Secretaría 4 del Juzgado de Instrucción 2.
26 de octubre de 2010
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