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un testimonio definitivo


El ex detenido Daniel Lagarone dio detalles de los secuestros y torturas del ex comisario. Se convirtió en el testimonio más contundente de la causa por los datos que aportó sobre la actividad de Patti durante la dictadura. Lagarone reveló cómo el ex comisario venía persiguiendo a Gonçalves y lo amenazaba.
[Alejandra Dandan] Argentina. Daniel Antonio Lagarone permaneció afuera de la sala de José León Suárez durante cada una de las audiencias del juicio a Luis Abelardo Patti. Ayer entró. Se sentó a declarar frente a la mirada escrutante del ex camarista Alfredo Bisordi, encargado de la defensa del ex policía. "¿Usted había contado todo esto antes?", lo increpó casi al final del detallado testimonio que acababa de hundir a Patti. "Sí, señor –dijo Lagarone–. Mi primera declaración fue en 1984, pero con mucho miedo. El tiempo me dio la razón –aclaró–, porque el juez se declaró incompetente, la Justicia militar empezó a juzgar el caso y me tomaron testimonio en Campo de Mayo, el mismo lugar donde estuve secuestrado después de todo lo que me pasó." Y agregó: "Hoy me animo porque sé que verdaderamente se está haciendo justicia, puedo confiar en este honorable tribunal".
Pese a la declaración de varios ex policías de Escobar, el testimonio de Lagarone se convirtió en el más importante para la causa. Lagarone estuvo secuestrado primero y detenido después hasta el 17 de septiembre de 1980. Era hijo de otro detenido político, delegado municipal en Garín en los primeros tiempos de Patti. Con una larga barba blanca, Lagarone se presentó como jornalero de 63 años. Fue convocado en el juicio de San Martín como testigo y a pedido de la querella, que intenta probar la responsabilidad en el secuestro, torturas y homicidio de Gastón Gonçalves a manos de Patti, el por entonces comisario de Escobar Fernando Meneghini y de los generales Reynaldo Bignone y Oscar Riveros.
Lagarone conoció a Gonçalves en 1972, en la Unidad Básica del barrio Bedoya, en Garín, explicó. Trabajaban en política y en lo social. "¿Supo si a raíz de su militancia a Gastón lo perseguían?", preguntó Ana Oberlin, de la querella. "Varias veces lo amenazaron de muerte –dijo–. Patti le dijo que lo iba a matar." Una vez, recordó, estaba con Gastón y con su compañera Ana Granada. "Fui testigo de dos amenazas, una cuando organizamos un acto en beneficio de los barrios en el Club Social de Garín. Yo estaba con el micrófono leyendo las adhesiones, entra a la sala Patti, yo dejo el micrófono y bajo a ver qué quería. Gastón Gonçalves me hizo a un lado y me dijo: ‘Dejame. Yo lo arreglo. Soy el responsable del acto’. Patti ya lo conocía. Le dijo que se portara bien porque era hombre muerto." Del episodio en el Club Social de Garín hablaron varios testigos, y es uno de los datos que van marcando la persecución de Patti hacia los militantes en general y sobre Gonçalves en particular.
Lagarone fue secuestrado de su casa el 28 de marzo del ’76, luego de que se hubieran llevado a su padre. "Se fueron y volvieron –dijo–. Empezaron a golpear mi casa, llegaron a derribar la puerta, ingresaron tres o cuatro personas y en el medio entra Patti diciéndome: ‘Ponete contra la pared, montonero hijo de puta’." Lagarone tenía siete hijos. Revisaron toda la casa, lo encapucharon, le taparon los ojos con la remera de uno de los hijos y le ataron las manos a la espalda. "Me subieron al baúl de un coche y una vez en el auto empezamos un recorrido que no fue largo. Soy de Escobar y conozco la zona y a pesar de estar en el baúl me di cuenta del momento en el que subimos a la Panamericana. Cuando bajamos me llevaron a la comisaría de Escobar."
Al llegar lo subieron a otro vehículo y por debajo de la venda pudo ver a Patti. "Entramos al celular y en ese momento me preguntan ‘¿quién sos?’. Por la voz lo reconozco, y me dice: ‘Yo soy José", el nombre con el que conocían a Gonçalves." "Quedate tranquilo –le dijo Gonçalves– que con vos no va a pasar nada, decile que sos un militante de la Juventud Peronista."
En ese celular, "Gastón me dijo que Patti lo había sacado varias veces, que lo estaban matando de a poco a través de la tortura".
En el vehículo situó a Raúl Marciano, Eva Orifici, un compañero al que conocían como Ricardo y a José Tomanelli, desaparecido de Escobar. También a una compañera que de pronto empezó a los gritos. "Decía: ‘No, Patti, estoy indispuesta, no me quieras hacer nada’." Se ve, dijo él, "que Patti quería violar a la compañera". En el celular estaba un chico de 15 años que también militaba en Garín, también secuestrado y legalizado, trasladado a Sierra Chica, de donde obtuvo un permiso para salir del país.
La puerta del vehículo, dijo, se abría y se cerraba varias veces. "Y en una de esas oportunidades me sacaron a mí con Gastón Gonçalves y Jesús Bonnet. Nos llevaron no muy lejos de ahí. Lo bajan a Gastón y a Jesús y a mí con otro compañero me llevan y nos tiran al costado de la ruta y hacen, no sé, un simulacro de fusilamiento porque nos tiraron, nos dijeron que rezáramos porque eran los últimos minutos de vida y que nos iban a matar, hasta que de pronto uno dice: ‘Guarda que viene gente’, entonces nos volvieron a cargar a esa camioneta y nos llevaron al celular."
Después, explicó, "no sé calcular cuánto tiempo porque hacía uno o dos días que estábamos ahí, sin tomar nada ni comer, la noción del tiempo se perdió, pero pasó mucho tiempo, Gastón y Jesús volvieron al celular y contaban que habían sido torturados nuevamente por Patti". Desde allí lo llevaron al Tiro Federal de Campana, donde funcionaba otro centro clandestino, y donde volvió a encontrarse con el ex comisario. "El que me torturó fue Patti", aseguró. Y explicó que mientras lo hacía lo azuzaba para que hablara. "¡Decí quién soy yo! ¡Dale, decí que me conocés!". Lagarone perdió todo contacto con Gastón cuando dejó la comisaría de Escobar. Su peregrinación siguió en otros centros clandestinos.
Con el relato empezó a verse la topografía política de la unidad básica de Garín, ese escenario donde confluyeron las personas que más tarde aparecieron como perseguidas, secuestradas o muertas alrededor del nombre de Patti. Su testimonio, por último, terminaba de dar varios saltos cualitativos en la acumulación de pruebas. Uno de ellos es su condición de víctima directa, pero además el dato de Campana ubica a Patti en el interior de un centro clandestino fuera de Escobar, interactuando con los grupos de tareas del Ejército.
En la sala de audiencias, el relato iba recalentando a la defensa. Bisordi y su socio Silvio Duarte empezaron con las repreguntas. Duarte llegó a preguntarle si había cobrado algún subsidio. La querella lo frenó y la presidenta del Tribunal, Lucila Larrandart, lo detuvo. Bisordi se la agarró con la jueza: le gritó que no les dejaba ejercer la legítima defensa.

–La voy a recurrir –amenazó. La jueza le pidió que sea concreto y que no levantara la voz. Hubo un cuarto intermedio. A la vuelta, Bisordi aseguró que iba a presentar un recurso de casación y un recurso extraordinario.
–Haga la recusación, doctor –le dijo ella–. Pero vamos a tener que hacer alguna cuestión reglamentaria.

–Hágala –dijo él. Y buscó victimizarse– ¡Y si quiere métame preso!
26 de octubre de 2010
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jodorowsky con las abuelas


Escritor de visita en Argentina. Jodorowsky propone curar con "psicomagia" las heridas. Asegura que las penas de la dictadura trasandina deben tratarse.
Buenos Aires, Argentina. El escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky llegó a Argentina invitado por las Abuelas de Plaza de Mayo para ayudar a cerrar, con su psicomagia, la profunda herida que dejaron los desaparecidos en la sociedad.
"Las abuelas descubrieron a sus nietos, pero hay un vacío en el medio, que son los padres de los nietos que no tienen sitio. Cuando una familia no tiene el cadáver, no tiene el cuerpo del desaparecido, está flotando en el aire, no se puede establecer una memoria sólida", declaró Jodorowsky.

Curación
Para curar esta "herida histórica del pasado", el multifacético artista levantará un "cementerio metafórico" en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención de la última dictadura argentina (1976-1983), invitado por las Abuelas que buscan a sus nietos nacidos en cautiverio y apropiados ilegalmente.

Acto
Levantará unos pequeños mausoleos de cemento con fotografías y pertenencias de los desaparecidos para conmemorar el Día de la Identidad con un acto de "Psicomagia social por la paz", en un acto junto a las Abuelas de Plaza de Mayo.
"Como el inconsciente acepta las metáforas, para el inconsciente un acto simbólico es realidad. Una foto para el inconsciente es real, entonces tú le das un sitio: aquí está el cementerio, aquí está el alma de la persona, y el inconsciente tapa el vacío y lo llena", explicó.
Jodorowsky subrayó que "así se establece la cadena del eslabón perdido entre abuelas y nietos, entonces eso puede curar una herida profunda, no sólo de ellas, sino de la sociedad entera".
"Una sociedad entera es culpable, somos todos responsables y en el momento en que eso se cierra, hay alivio. Además, será un ejemplo para muchos países que también sufren esto", remarcó el artista. La decisión de realizar el acto en la ex ESMA, Museo de la Memoria, permitirá además "una curación del sitio".
Su objetivo de curar las heridas históricas trasciende las fronteras. "Ahora cuando voy a Chile le voy a proponer al gobierno que dé una salida al mar a Bolivia sin pedir nada a cambio. Sería el primer país de la historia que le regala algo a otro país sin interés", anticipó.
"Las heridas deben sanarse completamente para seguir viviendo tranquilo", advirtió el escritor, que vive desde hace tres décadas en Francia.
25 de octubre de 2010
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en memoria de roberto


Tras 34 años, pudieron despedirlo.
Argentina. El militante montonero Roberto De Vicenzo fue despedido el sábado a primera hora de la tarde, en una ceremonia que familiares y amigos realizaron en el local del Movimiento Evita, en Rioja y Sarmiento, para despedir los restos,identificados el 17 de marzo pasado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en el cementerio de la localidad santafesina de Barrancas, donde habían sido enterrados como NN. "Papá, con tus huesos darás justicia a tus compañeros. Porque sos la prueba viva que servirá para la condena a los represores", dijo durante el homenaje el hijo menor de De Vicenzo, que tenía siete meses cuando sus padres fueron secuestrados.
"Huesos desgastados por el tiempo agregó pero también inquebrantables, como fueron tus ideas de justicia y libertad". De Vicenzo, militante montonero de la zona sur de Rosario, fue secuestrado el 27 de septiembre de 1976, unas horas después de que una patota hiciera lo propio con su mujer, Miriam Moro, quien regresaba junto a otro compañero de distribuir panfletos en frigoríficos de la zona sur de esta ciudad.
Desde entonces permaneció desaparecido, hasta que el 17 de marzo pasado el EAAF identificó sus restos en el cementerio de la localidad de Barrancas. El cuerpo de Miriam Moro, en tanto, fue hallado en 1983 en el osario de la ciudad de Casilda, a 50 kilómetros al oeste de Rosario.
Más de un centenar de militantes, amigos y familiares despidieron los restos, guardados en una urna cubierta con la bandera argentina. "Quiero decirte con todo el corazón y mi fuerza que me encuentro feliz de ser tu hijo. Es más, quiero agradecerte aquél día que fuiste a buscar a mamá ante el peligro inminente", dijo Gustavo durante el homenaje.
25 de octubre de 2010
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tras las rejas de la última dictadura


Diputados piden registro de ex presos políticos para votar una pensión que los beneficie. El pedido es para que la provincia adhiera al programa Registro de Ex presos Políticos que gestiona el Archivo Nacional de la Memoria. Es para quienes estuvieron privados de su libertad por causas políticas gremiales o estudiantiles.
Santa Fe, Argentina. La Cámara de Diputados le pidió esta semana al gobernador Hermes Binner un relevamiento de los ex presos políticos de la dictadura, como paso previo para sancionar una ley que les reconozca una pensión vitalicia similar a la que ya tienen los veteranos de la guerra de Malvinas. "El gobierno no tiene datos de identidad y residencia de quienes padecieron el terrorismo de estado, sufrieron graves tormentos, les robaron sus bienes y sus hijos y en muchos casos perdieron su vida. Es hora de que los tenga", dijo el diputado Marcelo Brignoni, uno de los autores de la iniciativa junto a sus colegas Gerardo Rico, Luis Rubeo, Alberto Cejas, Claudia Saldaña (Frente para la Victoria) y Oscar Urruty (Partido del Progreso Social).
El proyecto de los kirchneristas fue aprobado por unanimidad y a pedido del bloque oficial. Se trata de un pedido al gobierno de Binner para que la provincia adhiera al programa Registro de Ex presos Políticos que gestiona el Archivo Nacional de la Memoria y "realice el relevamiento de quienes estuvieron privados de su libertad" por causas políticas gremiales o estudiantiles, entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.
Brignoni consideró el censo como el primer paso para sancionar en la Legislatura una ley que otorgue a los ex detenidos políticos una pensión vitalicia similar a la que cobran los veteranos de Malvinas. En este caso, el proyecto fue presentado en julio último por los mismos legisladores, más los diputados José María Tessa (Encuentro) y Antonio Riestra (Frente Progresista).
La pensión vitalicia estaría destinada a los santafesinos que "fueron condenados por un consejo de guerra, estuvieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o privados de su libertad de cualquiera de estos u otros modos ilegales por causas políticas, gremiales, estudiantiles" y padecieron "el terrorismo de estado reinante" durante la dictadura. El proyecto espera el acuerdo del Frente Progresista para ser aprobado y prevé un beneficio similar al que cobran los veteranos de Malvinas, equivalente a tres veces el haber mínimo de pensión vigente en Santa Fe. Una ley de esta naturaleza "número 14.042 ya está vigente en la provincia de Buenos Aires, por lo que si prospera el trámite legislativo, Santa Fe sería segunda provincia del país en resarcir a quienes sobrevivieron a las torturas y martirios en los centros clandestinos de detención.
"Nos han dicho que el gobierno provincial no tiene datos de identidad y residencia de quienes sufrieron las consecuencias del terrorismo de estado como práctica institucional, padecieran graves tormentos, fueron privados de su libertad, les robaron sus bienes y sus hijos y en muchos casos perdieron su propia vida en la cárcel. Bueno, es hora de que los tenga", dijo el diputado Brignoni.
"Durante la dictadura cívico militar más sangrienta de la historia argentina, los señores del poder eran amos de la muerte. Y sus víctimas nunca más volvieron a sus vidas y a la de sus familias como antes del genocidio. Por lo tanto, nuestra tarea de hoy es ser voceros de las victimas de aquel horror, solidarizándonos con aquellos que padecieron en las cárceles", agregó el legislador.
24 de octubre de 2010
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palabras de sobrevivientes


Jornadas de testimonios en el juicio en el Tribunal Oral Nº2 que sustancia la causa Díaz Bessone por terrorismo de estado. Si los ejecutores del terrorismo de Estado imaginaron que sus víctimas serían una correa de transmisión del horror, muchos, la mayoría de los militantes que salvaron su vida dieron vuelta como un guante ese mandato, y convirtieron sus palabras en un acto de justicia.
[Sonia Tessa] Argentina. Aplausos, abrazos. La salida de cada testigo que termina su declaración frente al Tribunal Federal Oral número 2 es un ritual de afecto y contención, de respeto y admiración. Es también un gesto que confirma el carácter histórico del proceso oral y público de la causa Díaz Bessone (ex Feced), pero también el alto valor simbólico de las palabras de cada sobreviviente. Recordar a los compañeros y compañeras desaparecidos, dar cuenta del horror y el dolor que aquellos jóvenes sufrieron antes de ser eliminados físicamente, rememorar los tormentos propios, es un esfuerzo que los y las sobrevivientes encaran, como lo vienen haciendo desde hace casi 30 años, con valentía y compromiso. Si los ejecutores del terrorismo de Estado imaginaron que sus víctimas serían una correa de transmisión del horror, muchos, la mayoría de los militantes que salvaron su vida dieron vuelta como un guante ese mandato, y convirtieron sus palabras en un acto de justicia. A puro riesgo, voluntad y construcción colectiva.
Aunque los 10 testigos de la primera semana contaron los tormentos sufridos en carne propia, los momentos de mayor emotividad los vivieron al recordar a los compañeros desaparecidos. En la puerta de los Tribunales, después de abrazarse con otros testigos, María Virginia Molina le puso palabras: "Hablamos nosotros, porque somos los sobrevivientes", dijo.
Nadie salió indemne de los relatos escuchados en la sala de audiencias. Personas que rondan los 50 años, contaron los tormentos a los que fueron sometidos cuando eran adolescentes. Tenían sólo 15, 16 o 17 años cuando los integrantes de la patota de Feced se ensañaron con ellos. Eran varios de los testigos de estos días militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios. Formaban parte de una generación que estaba convencida de construir un mundo mejor, empezaban a urdir ese proyecto. Por eso, sus momentos de mayor compromiso fueron al contar cómo vieron morir o ir hacia la muerte a compañeras y compañeros. Daniel Gorosito, Ruth González, fueron dos nombres que se repitieron en muchos testimonios. El primero, militante del Ejército Revolucionario del Pueblo, fue arrancado de la cárcel de Coronda para ser ejecutado. La segunda, de la misma agrupación, fue sacada de la Alcaidía que funcionaba en la Jefatura, con promesas de libertad, para ser asesinada en un enfrentamiento fraguado.
Esteban Mariño y Jorge Palombo recordaron a Eduardo Alberto Pérez, militante de la UES que continúa desaparecido. A Mariño lo llevaron de carnada al secuestro del compañero. "Una de las razones por la que soy testigo es la vida de Pérez", dijo en la audiencia. Palombo contó cómo lo habían amenazado con matarlo como a Pérez si no colaboraba con los torturadores.
Gustavo Mechetti, que tenía 25 años al ser secuestrado, y era un cuadro de Montoneros, relató que había visto a su compañero Osvaldo Vermeulén negarse a firmar el traslado, porque sabía que iban a matarlo. Vermeulén tenía una herida de Itaka en uno de los brazos. "No le hicieron ninguna curación. Al contrario, todo lo que hacían era para provocarle daño", recordó Mechetti, el primer testigo, que abrió la ronda el lunes a la mañana. Entre el público, con los ojos llenos de tristeza, Norma Vermeulen honraba su pañuelo blanco. Esa primera mañana de testimonios estuvo también Chiche Massa, de Madres de la Plaza 25 de Mayo. Y Herminia Severini. Ellas, que con sus vueltas en la plaza dieron el puntapié inicial de un movimiento ejemplar en el mundo, soportan el relato de lo que padecieron sus hijos. "Escuché cómo se emocionó Mechetti cuando recordó los últimos momentos de Osvaldo", dijo Norma a la salida de la audiencia. Su propia emoción a través de los compañeros.
Yoli Medina es la hermana de Oscar, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores que fue secuestrado el 20 de octubre de 1976, a los 21 años, en su ciudad, Villa Gobernador Galvez, y fue homenajeado allí mismo esta semana. Yoli es infaltable en las audiencias y en el aguante, un espacio de reunión entre militantes históricos y unos cuantos jóvenes que acompaña el desarrollo del juicio en la vereda de calle Oroño.
Yoli está habilitada a ingresar a la sala ya que el caso de su hermano no fue elevado aún a juicio oral y público. Se enoja con los artilugios jurídicos, siente que las cuestiones procesales juegan siempre a favor de los represores, sufre cada vez que escucha relatos de tortura. "Yo tengo la intuición de que mi hermano estuvo un par de días nada más en alguna casa que usaban de centro clandestino de detención, él tenía un soplo al corazón", dice en el camino que separa la sala de audiencias de la calle Oroño. Yoli quiere creer que su hermano no sufrió tanto, que los tormentos duraron poco tiempo. Cuando secuestraron a Oscar, su otro hermano, Héctor (el Chinche) estaba preso en Coronda. Yoli era la hermana mayor de once hermanos. Recuerda cómo salió en busca de abogados que la ayudaran. No era la primera vez que lo hacía. Yoli sabía que los represores torturaban porque Oscar había estado preso durante la dictadura anterior, antes de 1973, y lo había visto con signos de violencia en el cuerpo. "No llores, no llores. A ellos no le importa que vos sufras, al contrario", le dijo su hermano una vez que ella fue a visitarlo a la Policía Federal, en la época de Agustín Lanusse. Yoli lo había visto flaco, lastimado. No podía soportar que le hubieran hecho eso a su hermano menor, del que se siente casi una madre, dado que le llevaba ocho años. Con él se vinieron a trabajar en Rosario en 1962. Ella era empleada doméstica, él un obrero metalúrgico que juró no traicionar nunca a su clase.
Yoli cuenta la desesperación que la invadió el día del secuestro de su hermano, al que nunca más vio. Y la incansable búsqueda que inició junto a su madre, Elisa Medina. Por eso, Yoli siente un atropello cada vez que el Tribunal les permite a Ramón Genaro Díaz Bessone, José Rubén Lofiego y José Scortecchini que presencien las audiencias desde una sala contigua. "Nadie nos devuelve todo lo que sufrimos, y estos señores tienen tantas ventajas...", dice Yoli, que todos los días llega desde Villa Gobernador Gálvez a escuchar las audiencias. "Mi ilusión es saber algo más, que alguien diga que lo vio a Oscar, porque no tenemos más datos después de su secuestro", dice en uno de los tantos cuartos intermedios de las audiencias.
En la puerta, Graciela Borda Osella saca fotos. Con su lente, aporta una huella indeleble de un momento que se proyecta al futuro. Quiere que compañeros y compañeras sonrían, que se los vea felices, como eran también los que mataron. Que la sonrisa marque el valor de la Justicia. Y ya encontró la foto que sintetiza el aguante: las manos tomando el mate, un símbolo de lo que se comparte.
Las querellas también están integradas por militantes. Gabriela Durruty, Jessica Pellegrini, Daniela Asinari y Leticia Faccendini integran el equipo de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Nadia Schujman y Alvaro Baella son del equipo de Hijos, al igual que Lucas Ciarnello Ibañez, que también representa a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. No es técnico su trabajo, sino militante. Cada equipo representa a 9 querellantes particulares, y a sus propios organismos.
Pura militancia es la presencia permanente de Alicia Lesgart, conocedora de esta causa desde fines de la dictadura, dado que participó de su armado como integrante de organismos de derechos humanos. Ella sabe decir el nombre y la militancia de cada desaparecido, conoce cada caso, cada lugar de secuestro, cada declaración. Ella lleva la carpeta con las fotos de los desaparecidos, cada una con su nombre, y es una de las que se encarga de repartirlas a quienes se sentarán en la sala.
Cuando empiezan las audiencias, la entrada del público es siempre trabajosa, demora. Muchas veces ingresan cuando los testimonios están empezados, o incluso, terminando. Por eso Alfredo Vibono se plantó. Dijo que había esperado 30 años para ese momento y que no comenzaría antes del ingreso del público.
Es histórico el juicio oral y público a Díaz Bessone, Lo Fiego, Mario Alfredo Marcote, José Antonio Scortecchini, Ramón Rito Vergara y Ricardo Chomicki, el civil que fue secuestrado por la patota pero luego colaboró, y que para muchos no debería ser enjuiciado a la par de los represores. En cambio, para la mayor parte de los testigos sí debe responder ante la justicia. Es lo que Vivono le pidió al Tribunal al final de su declaración.
También fue histórico el proceso que terminó con la condena a prisión perpetua de Oscar Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Eduardo Costanzo y Walter Pagano. Lo será la llamada causa Feced residual, donde hay aún mayor cantidad de imputados. Allí, en esa sala de audiencia, frente a jueces federales, se escucha cómo fue una historia que la memoria colectiva supone, pero recién ahora quedará inscripta en la Justicia en sus detalles, en sus niveles de horror. Por eso los aplausos y los abrazos para los sobrevivientes que ponen el cuerpo a la memoria. Porque están escribiendo la verdad histórica.
24 de octubre de 2010
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lobo con piel de cordero


La historia de José Bujedo, ex árbitro y represor durante la dictadura. Por su labor en las canchas lo consideraban uno de los mejores de la liga marplatense. Pero fuera de ellas integraba un grupo de tareas que delataba, secuestraba y hacía desaparecer a personas. En democracia, escribió un libro sobre las reglas del fútbol.
[Gustavo Veiga] Argentina. Las huellas de José Francisco Bujedo en democracia siguen frescas, igualitas a las que dejó como represor de la dictadura en la Base Naval de Mar del Plata. El ex árbitro de fútbol parece un buen samaritano. A no ser por lo que señala su pasado. Presidente de una sociedad de fomento, ex ocupante de una banca abierta en el Concejo Deliberante y ex colaborador de un edil que le permitió escribir un manual sobre reglas del juego, vive como un vecino más, mimetizado en el paisaje de la costa bonaerense. Distintas voces se superponen para denunciarlo, pero el hombre calvo, anciano ya, y que en los años ’70 era considerado el mejor referí de la liga local, pasea como si nada entre sus víctimas. Las que todavía pueden enrostrarle su historia como integrante de los Servicios de Inteligencia de la marina se preguntan indignadas cómo es posible. A Bujedo no le importa demasiado. Desde que se recuperaron las instituciones, hasta se valió de ellas para legitimarse. El cuadernillo de 28 páginas de su autoría, ‘Aprendiendo sobre fútbol’, editado en 2007 por el Ente Municipal de Deportes y Recreación (Emder), es la mejor prueba.
Entre los objetivos propuestos por el Emder y citados en el texto preparado por Bujedo, hay uno que, en manos del autor, se antoja una burla macabra: "Inculcar hábitos de vida democrática...". La frase se completa con que esos hábitos deberán estar basados en "el respeto por el adversario, el árbitro y las reglas". La carátula del trabajo tiene como ilustraciones una fotografía de Diego Maradona besando la Copa Mundial del ’86, el escudo de la AFA, un silbato y dos tarjetas, una amarilla y otra roja. El cuadernillo era de distribución gratuita y Bujedo logró que se lo divulgaran durante la gestión al frente del Emder del ex concejal marplatense Eduardo Antonio Benedetti, del Partido Acción Marplatense. El mismo que cumplió dos períodos en el Concejo Deliberante de General Pueyrredón: por el Frejuli entre 1973 y 1976 y por aquella fuerza local de 2001 a 2003, año en el que se separó y formó Reagrupamiento del Pueblo Marplatense (RPM).
Este político veterano, tan cercano a Eduardo Duhalde como a la iniciativa de que la ciudad balnearia creara su propia policía, siempre quiso manejar el Emder. Algunos proyectos pseudodeportivos que impulsó desde su banca lo corroboran. Uno tuvo que ver con la construcción de una pista de automodelismo (para autos en miniatura) en el Parque Camet. Pensaba que con ella se revalorizaría la zona. Durante su gestión en el Emder lo acompañó Bujedo, presidente de la sociedad de fomento del barrio San Carlos. Desde este espacio de compromiso social, el ex árbitro logró emular, en parte, lo que había conseguido el comisario Luis Patti (un represor más tristemente célebre) en octubre de 2005, cuando salió elegido diputado.
La diferencia es que a Bujedo se le permitió ocupar una banca abierta en el Concejo Deliberante en diciembre de 1997. El significado que tiene ese lugar en la caja de resonancia de la política marplatense es que lo ocupen los vecinos o instituciones para expresar sus opiniones, fundamentarlas y hasta reclamar por ellas. La ciudad la creó mediante el decreto 478 en 1994 y se transformó en precursora de esa modalidad que también adoptaron municipios como La Plata, Morón, Monte Hermoso, Zárate, Necochea y General Rodríguez, entre otros. El ex referí aprovechó la banca para exponer sobre los asentamientos irregulares de Mar del Plata y la forma en que se pretendía erradicarlos. Alegó contra esa política y en particular contra la decisión que pretendía desplazar a la Villa de Paso, un asentamiento cercano al acomodado barrio Los Troncos que tenía seis manzanas. Hoy, la mayoría de las 500 familias que vivían allí fueron mudadas a barrios de la periferia.
Bujedo no desaprovechó la posibilidad de reciclarse en la sociedad marplatense de ese modo. Le fue mejor que a su compañero de terna arbitral y de represión Angel Narciso Racedo, su superior en los grupos de tareas que delataban, secuestraban y hacían desaparecer gente. Los dos solían reunirse en la sede del gremio UTEDyC a partir del ’76 y está documentado que pertenecían a los Servicios de Inteligencia de la Marina. Bujedo es cinco años mayor y en la cancha mandaba como árbitro principal. Racedo, quien ahora cumple una pena de prisión domiciliaria en Punta Alta, obedecía en el papel de juez de línea. La jerarquía se invertía por las noches en los operativos clandestinos donde se definían la vida y la muerte. En esa circunstancia, el juez asistente se convertía en el Comisario Pepe, su nombre de guerra.
Sólo en Mar del Plata desaparecieron unas 290 personas entre el año del golpe y 1978, cuando se realizó el Mundial. La ciudad –una de las cinco sedes– sufriría antes, durante y después del torneo un ensañamiento mayor con el aumento de la cantidad de secuestros. Edgardo Gabbin, un trabajador portuario que fue detenido en 1977, para más datos ex futbolista del Club Nación de Mar del Plata, denuncia a Bujedo con la indignación de saber que puede cruzárselo por la calle. Explicó detalles de su cautiverio durante una charla en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos marplatense, el lunes 18 de octubre. Contó que el ex árbitro participó en su secuestro durante la presentación del libro ‘Deporte, Desaparecidos y Dictadura’, auspiciada por Madres de Plaza de Mayo, HIJOS y el Sindicato de Prensa local. Hoy continúa en la lucha por el esclarecimiento de las desapariciones de sus compañeros. Memoria Portuaria es el nombre del grupo que intenta rescatar esas historias.
Bujedo, en cambio, como si fuera un lobo con piel de cordero, promueve las reglas del fútbol y el juego limpio. Así lo hacía en el cuadernillo de marras, que en su página 2 sugiere: "por eso el Emder, a través de los cuerpos colegiados, ha encontrado con toda seriedad un trabajo que debe servir para apoyar a los niños y padres en el conocimiento razonado de las reglas del fútbol". El represor se empecina en dejar enseñanzas con la desfachatez que le brinda su impunidad.
24 de octubre de 2010
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abuelas llevan 102 nietos recuperados


Las Abuelas de Plaza de Mayo cumplen 33 años. Una historia presente.
Argentina. Las acompañaron los nietos y bisnietos, los HIJOS, los Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, las Madres de Plaza de Mayo, línea fundadora. Las Abuelas de Plaza de Mayo celebraron sus 33 años con la inauguración de una muestra en la Televisión Pública rodeadas de amigos e integrantes de otros organismos de derechos humanos. "Me emocioné porque vi a muchas compañeras que ya no están, pero también veo a la gente que nos acompaña en el presente. Estamos más viejas pero más fuertes y estos 33 años valieron la pena", dijo Estela Carlotto, presidenta del organismo de derechos humanos, quien al finalizar el acto sopló las velitas para festejar sus ochenta años.
La muestra que se inauguró ayer recorre la lucha de Abuelas para retratar las conquistas en materia de defensa de los derechos humanos, en general, y del derecho a la identidad, en particular. Sobre todo narra las experiencias de restituciones de hijos de desaparecidos apropiados durante la última dictadura.
La exposición tiene dos espacios. El primero reproduce la Memoria Gráfica de Abuelas de Plaza de Mayo, donde se cuenta la historia de las Abuelas y del país, a partir de las restituciones de los 102 nietos.
En el segundo se expone la Plaza de la Memoria y la Identidad, un espacio triangular, que a través de la mirada en espejo de Abuelas cuyos nietos se encuentran apropiados; padres y madres detenidos desaparecidos y nietos que recuperaron su historia, se da cuenta de la continuidad en el reclamo de verdad, memoria y justicia de la asociación. Durante el acto, además de Carlotto hablaron Alejandro Verano, director de Radio y Televisión Argentina (RTA), y el senador Daniel Filmus.
"Todavía falta encontrar a casi 400 hombres y mujeres que no conocen su verdadera identidad. Por ellos y por los niños de las futuras generaciones trabajan las Abuelas: para preservar sus derechos, su verdad y su historia. Abuelas de Plaza de Mayo no sólo ha sido ejemplo por su inclaudicable búsqueda de los nietos. Abuelas se transformó en un referente de todos al sostener los valores que predica, no sólo en el discurso, sino en el ejemplo de la acción cotidiana", dijo el locutor al presentar la muestra.
La exposición estará abierta hasta el 7 de noviembre en el Hall Central de la TV Pública, todos los días de 8 a 20, con entrada libre y gratuita. Hoy, además, la Televisión Pública realizará un homenaje a las Abuelas con la presentación de una entrevista especial con Estela de Carlotto y Rosa Roisinblit realizada por Sebastián Wainraich y Gisella Busaniche. También participarán Víctor Heredia, León Gieco, Kevin Johansen, Verónica Condomí y el grupo La Bomba de Tiempo.
23 de octubre de 2010
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identifican a asesino de sindicalista


El abogado del Partido Obrero aseguró que un militante se presentará ante la Justicia para señalar quién le disparó a Mariano Ferreyra. La fiscal Caamaño reclamó colaboración de los testigos y se quejó de que declaren ante los medios y no en el tribunal.
[Laura Vales] Argentina. Aseguran que un testigo del asesinato de Mariano Ferreyra pudo identificar que quien lo mató fue "el encargado del taller de Remedios de Escalada". Así lo dio a conocer ayer Diego Cardías, uno de los trabajadores tercerizados despedidos del Roca, que difundió el dato en nombre de su compañero. La denuncia fue ratificada por Gustavo Mendieta, abogado del Partido Obrero, quien agregó que el testigo es un militante de la organización. Por otra parte, el canal C5N identificó en sus grabaciones a varios integrantes de la patota como miembros de la Unión Ferroviaria que trabajan en los Talleres de Remedios de Escalada. De esta manera, las sospechas apuntan todas hacia el mismo lugar.
Las denuncias tomaron estado público a través de los medios, y generaron un choque con la fiscal a cargo de la pesquisa, Cristina Caamaño, que se quejó de falta de colaboración con la Justicia. La funcionaria empezó a interrogar por la mañana a los testigos de lo sucedido, pero a medida que avanzaba el día fue juntando bilis porque ninguno de los que pasaban por su fiscalía decía poder reconocer a los atacantes, mientras las denuncias concretas se hacían por la televisión. Así, finalmente ella también apeló a los micrófonos. "Necesito que los que están denunciando vengan y declaren en la fiscalía lo que están diciendo por los medios", advirtió. Como un termómetro de hasta dónde había llegado su malestar, acusó a los denunciantes de estar "usando la muerte de Mariano" para negociar con el gobierno la reincorporación de los despedidos.
Consultado por Página/12, Cardías aseguró que el testigo clave va a presentarse a declarar. Contó que tienen identificado a quien mató a Mariano Ferreyra "con nombre y apellido". "Todos los datos ya los tienen nuestros abogados, ellos van a aportarlos, y yo voy a declarar en cuanto me citen."
Mientras tanto, las primeras declaraciones asentadas en el expediente sirvieron para que la fiscalía considerara probado que quienes atacaron salieron de la patota de la Unión Ferroviaria, despejando cualquier otra hipótesis. "Sabemos qué grupo fue el que atacó, lo que ahora nos faltan son nombres", definió Caamaño. En las imágenes grabadas por C5N, el único canal que estuvo en el lugar, los investigadores no pudieron detectar a ninguna persona armada. Todavía les falta revisar videos de las cámaras de seguridad de la zona, pero la impresión es que difícilmente haya quedado un registro que sirva como prueba del asesinato.
En cambio, sí se comenzaron a conocer los nombres de algunos presuntos integrantes de la patota. Los periodistas de C5N revisaron las imágenes tomadas por el canal e identificaron a siete integrantes de la Unión Ferroviaria como parte del grupo que se enfrentó a los tercerizados y las organizaciones de izquierda que los acompañaban. Son casi todos delegados de la UF, de los Talleres de Remedios de Escalada. Entre los identificados por el informe aparece Jorge Krasacoski, congresal suplente de la seccional Sur del Gran Buenos Aires de la Unión Ferroviaria. Hay dos delegados de los Talleres, Ricardo Arias y Gustavo Alcorce. Otro de los señalados es Aldo Amuchéstegui, quien habría formado parte de la barra brava de Banfield y en la actualidad ocuparía el cargo de encargado de coches de Talleres. Finalmente, aparecen en las imágenes dos operarios de la misma dependencia ubicada en Lanús, Roberto Prado y Cristian Turquía. En las imágenes no se los ve disparando ni llevando armas, pero sí como parte del grupo que se juntó en Avellaneda para impedir el corte de las vías.
El titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, debió mirar los mismos videos en la fiscalía. Dijo que no podía reconocer a nadie. "Las imágenes están borrosas", argumentó.

Las Armas
La autopsia del cuerpo de Mariano Ferreyra concluyó que no le dispararon apoyando el arma sobre su tórax, ni a quemarropa. Los peritos del Cuerpo Médico Forense extrajeron la bala, que fue enviada a la Gendarmería para realizar pericias que permitan determinar su calibre y la distancia a la que se efectuó el disparo.
Además, se determinó que el proyectil que hirió en la cabeza a Elsa Rodríguez es de una 38, un arma de guerra considerada de no fácil manejo.
Otro tema del expediente es el rol de la Policía Federal. La fiscalía ya la apartó de la investigación; la fiscal dijo que no trabajará con esa fuerza hasta que no esté claro cuál fue su rol, y sostuvo que investigará si hubo una zona liberada.
Casi todos los testigos que ayer declararon ante ella cuestionaron lo hecho por los federales. Lisandro Martínez, dirigente del PO, fue uno de los que se acercaron a dar su testimonio. "Vi a una persona tirando. Tenía unos 40 años, robusto, no gordo, de pelo cortito negro y tez blanca. Tenía una remera celeste con rombitos. Estaba cerca de los patrulleros y la policía no hizo nada", contó al salir de la fiscalía.
También aseguró que podría reconocer al tirador si lo tuviera enfrente. En este sentido, ayer aparecieron varias personas que sostuvieron lo mismo y que, de ratificarlo en los tribunales, podrían dar impulso a la investigación.
Este es el caso de Nelson Aguirre, el herido que ayer fue dado de alta en el Hospital Argerich. "Vi a uno de ellos, que claramente salió de la columna de la patota y empezó a dispararnos", relató ayer en la Plaza de Mayo, donde participó de la marcha. El militante aseguró que la patota se movió con la complicidad de la policía, aunque habrá que esperar para saber con cuánto detalle pudo ver al que le disparó y si puede servir en la causa judicial para identificarlo. Para empezar, la fiscal se quejó de que el miércoles, cuando lo fue a visitar al hospital, Aguirre le aseguró que no había podido ver quién le disparó.
El panorama de la investigación mostraba ayer estos dos carriles paralelos, el de la denuncia por los medios, con datos que generan la expectativa de llegar a identificar a los culpables, y el de una causa judicial que parece mucho más escasa de pruebas concretas. Se supone que estos cauces van a unirse y que la demora en presentarse a declarar de quienes pueden identificar a los que hicieron fuego será nada más que una demora. En la medida en que no aparezcan imágenes de los que dispararon contra Mariano Ferreyra, la declaración de estos testigos hará que pueda haber o no una condena.
23 de octubre de 2010
22 de octubre de 2010
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