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abuelas cumplen 33 años


Día de la identidad. Con una muestra fotográfica, que se inauguró en Canal 7, y que recorre los 33 años de búsqueda de los nietos robados durante la dictadura militar, las Abuelas recordaron hoy, 22 de octubre, declarado Día Nacional del Derecho a la Identidad, su primera marcha a Plaza de Mayo en 1977.
Argentina. El próximo lunes, las Abuelas serán homenajeadas por el cineasta, actor y escritor Alejandro Jodorowski, quien a las 17:30 inaugurará una instalación en el predio de la ex ESMA, contiguo a la futura ‘Casa de las Abuelas’, en Comodoro Rivadavia 1273. La obra estará compuesta por una serie de bloques -uno por cada uno de los nietos recuperados que participen del acto- sobre los cuales los familiares de las víctimas colocarán objetos que evoquen la memoria de sus desaparecidos.
23 de octubre de 2010
22 de octubre de 2010
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confirman a magistrada


Confirman a magistrada Arroyo Salgado, que había sido recusada por abogados de Ernestina Herrera de  Noble.
[Raúl Kollmann e Irina Hauser] Argentina. La Cámara Federal de San Martín rechazó ayer la recusación planteada contra la jueza Sandra Arroyo Salgado por los abogados de Felipe y Marcela Noble Herrera. El argumento usado por los hombres de Clarín era que la magistrada, cuando analizó por qué no se pudo obtener ADN de la ropa incautada en el procedimiento del 28 de junio pasado, sostuvo que en esas prendas se encontraron perfiles genéticos de dos y hasta tres personas, algo que resultaba más que extraño. Incluso en la ropa interior de Marcela se detectó un ADN masculino y uno femenino. En función de ese análisis, los abogados de Felipe y Marcela argumentaron que se los estaba imputando directamente de una maniobra y que por lo tanto la jueza no era imparcial. Dos de los tres jueces de la Cámara sostuvieron ayer que la presentación de los abogados de Clarín se hizo fuera de término, pero no se quedaron en eso: manifestaron que la decisión de avanzar con las tareas científicas no muestra animosidad, sino que son medidas para cumplir con el objetivo, que es encontrar la verdad. Los estudios científicos se retoman hoy, a las 9, después de que sufrieran también un parate debido a un planteo de los peritos de parte de los hijos de Ernestina Herrera de Noble.
Los doctores Daniel Rudi y Hugo Burruchaga sostuvieron en su resolución que el cuestionamiento a la jueza Arroyo Salgado debió hacerse dentro del plazo de 48 horas que prevé el Código Procesal. Por lo tanto, declararon el recurso inadmisible. Aunque podrían no haber agregado nada más, ambos camaristas avanzaron e hicieron explícito su apoyo a las decisiones de la jueza. En concreto, Rudi y Burruchaga sostuvieron que independientemente de que el recurso es extemporáneo, las medidas de Arroyo Salgado de ordenar estudios para saber si son aptas las muestras de sangre, saliva y ropa de Felipe y Marcela conforman un paso en la búsqueda de la verdad y "no constituyen una inequívoca y manifiesta animosidad". Es más, los dos camaristas volvieron a mencionar el increíble atraso de este expediente, teniendo en cuenta que ya lleva nueve años sin que se pueda avanzar, fundamentalmente por los planteos de Marcela y Felipe Noble y Ernestina Herrera de Noble. Rudi y Burruchaga señalaron que ya son tres jueces los que han tratado de avanzar en la búsqueda de la verdad. En forma paralela, el tercer camarista, Alberto Criscuolo, sí se mantuvo en el terreno formal: desestimó la recusación por considerar que Marcela y Felipe no son querellantes en la causa, sino presuntas víctimas. El planteo contra Arroyo Salgado fue hecho por los abogados de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín: Alejandro Carrió, que representa a Felipe, y Roxana Piña, a Marcela.
Hoy, a las 9, se volverán a poner en marcha los estudios genéticos para determinar si la sangre y la saliva extraída a los jóvenes en diciembre de 2009 fue bien preservada y si sirve para establecer el ADN de Felipe y Marcela. Lo mismo se ordenó respecto de la ropa incautada en diciembre y en junio, es decir que los científicos deben establecer si sirven o no para conocer la identidad de los jóvenes. Los peritos de Clarín sostuvieron que no es necesario hacer el ADN para saber si las muestras son aptas, pero Arroyo Salgado se basó en un testimonio prestado en el expediente por la titular del Banco Nacional de Datos Genéticos, María Belén Rodríguez Cardozo. La especialista explicó que para saber si las muestras son aptas hay que hacer, sí o sí, el ADN, porque ya ha ocurrido que terminan apareciendo dos o más perfiles genéticos en las prendas. Por ejemplo, en forma asombrosa, de la ropa interior de Marcela surgieron dos ADN, uno masculino y uno femenino. Por eso, todos los indicios apuntan a que la joven se había cambiado la ropa y no usaba la propia. Más aún, en ese mismo allanamiento, Felipe adujo que no llevaba puesta ropa interior.
Sobre la base de la opinión de Rodríguez Cardozo, la jueza ordenó que se hicieran los perfiles genéticos de todas las muestras, aunque por ahora prohibió que se establezcan comparaciones con los ADN de las familias que buscan a los nietos robados durante la dictadura. Ese sería un paso posterior.
22 de octubre de 2010
21 de octubre de 2010
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somos sobrevivientes, por eso hablamos


Declararon Adrián de Rosa y María Virginia Molina.
[Sonia Tessa] Argentina. "A esa persona en particular, (José Rubén) Lofiego, lo vi a través de la venda y por eso pude reconocerlo en Tribunales", respondió paciente Adrián De Rosa, que cerró ayer la primera semana de testimonios en el juicio oral y público de la causa Díaz Bessone. La pregunta de Gritzko Gadea Dorronsoro, el defensor del torturador apodado ‘El Ciego’, acusado por delitos de lesa humanidad, fue cómo De Rosa había podido identificarlo en una rueda de reconocimiento en los Tribunales, en 1984. "Además, lo vi en dos o tres oportunidades, por pequeños orificios de la venda cuando les pegaba a otras personas", subrayó el testigo, que en 1976 tenía 16 años, estudiaba en la escuela Superior de Comercio y era militante de la Unión de Estudiantes Secundarios. Fue secuestrado el 24 de junio, y llevado al centro clandestino del Servicio de Informaciones que funcionaba en la jefatura de policía.
"Fui detenido por gente de civil y primero intento escapar, pero no puedo. Primero me dicen que son policías y en otro momento, referencian a las 3 A. Pensé: ’De acá hay que rajar’, pero no lo logré", recordó ayer frente al Tribunal, cuando le preguntaron cómo lo habían detenido. El suyo fue el segundo testimonio de la mañana frente al Tribunal Federal Oral número 2, donde se juzga a Ramón Genaro Díaz Bessone y Lofiego por homicidio, privación ilegítima de la libertad, torturas y asociación ilícita. Sin acusaciones por homicidios, pero sí por el resto de los delitos de lesa humanidad, están sentados en el banquillo de los acusados Mario Marcote, José Scortecchini, Ramón Vergara y Ricardo Chomicki.
De Rosa fue llevado al SI, donde fue torturado, y recordó que estaba en el mismo lugar que Alfredo Vibono, Patricia Antelo y Esteban Mariño, tres testigos que declararon el martes. Entre los torturadores, mencionó al ‘Ciego’, ‘el Cura’ (Marcote), ‘la Pirincha’ (César Peralta) y a otro apodado ‘el Psicólogo’ (Héctor Gianola). De Rosa fue uno de los sobrevivientes que en 1984, en rueda de reconocimiento en la policía provincial, identificó a Lofiego. A De Rosa lo trasladaron a la cárcel de Rosario, y desde allí, a Coronda. Fue liberado el 28 de julio de 1978.
De Rosa terminó la declaración y salió a la vereda de los Tribunales Federales, donde fue aplaudido, al igual que ocurre con todos los testigos, por los compañeros y las compañeras que hacen el aguante en la puerta, como una marca de memoria viva.
En diálogo con Rosario/12, De Rosa consideró: "34 años más tarde de lo ocurrido, y 26 después de mi última declaración, creo que ya no hay justicia. Estos tipos tienen 70 años promedio, les van a dar perpetua y van a ir a la casa. Lo que pasa es que hay que conseguir una condena, primero por una cuestión personal de justicia y porque esto tiene que ser condenado. Segundo, porque hay un ex general en este juicio. Mañana alguno le quiere poner el nombre del general a una calle. Y cualquier persona se encuentra viviendo en la calle Díaz Bessone. No me jodas..." La otra testigo que declaró ayer fue María Virginia Molina, detenida el 23 de junio de 1976, en la calle, junto Vivono y Antelo. Tenía 17 años, estudiaba en la escuela Dante Alighieri. Compartía con los estudiantes de la UES las peñas, así como los encuentros en el bar Nino, de Mendoza y Oroño. Contó cómo fue la detención, y aclaró que no fue torturada, aunque sí escuchó de manera permanente las torturas a sus dos compañeros así como a otros. Mientras estuvo en el SI permaneció vendada. Luego fue llevada a la Alcaidía de la Jefatura, donde estuvo también con Laura Torresetti (quien dio testimonio el lunes) y Ruth González, que fue sacada de allí el 5 de octubre de 1976, y apareció muerta en la Circunvalación, en un enfrentamiento fraguado. El 12 de abril de 1978, recuperó la libertad. En 1986 se fue a vivir a Armstrong, donde es docente. Admitió que no había declarado al comienzo de la causa Feced, porque "tenía miedo, era una democracia incipiente". Hoy, valora la instancia del juicio porque "la palabra siempre es sanadora, desde algún lugar la palabra sana. Si no hablamos nosotros, que somos los que quedamos, quién va a hablar entonces. Somos los sobrevivientes".
22 de octubre de 2010
21 de octubre de 2010
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a sangre fría asesinan a manifestante


Los incidentes se desarrollaron entre Avellaneda y Barracas. Militantes de izquierda intentaron cortar las vías en apoyo al reclamo de trabajadores despedidos. Una patota de ferroviarios los corrió y les disparó. Hubo tres heridos.
[Laura Vales] Argentina. Mariano Ferreyra, un militante de 23 años del Partido Obrero, murió tras ser baleado por una patota de la Unión Ferroviaria cuando, junto a trabajadores tercerizados del Ferrocarril Roca y organizaciones de izquierda que reclamaban por la reincorporación de cien despedidos intentaron cortar las vías del tren. Por este mismo conflicto ya había habido un episodio de violencia sindical el mes pasado, cuando el mismo grupo de ferroviarios y movimientos sociales fueron corridos de la estación Constitución por esta patota, que les impidió realizar un acto. Ayer, los dos grupos se enfrentaron con piedras y palos en la zona de la estación Hipólito Yrigoyen y, en medio de las corridas, los de la Unión Ferroviaria sacaron armas y dispararon contra los militantes de izquierda. Además de la muerte de Mariano Ferreyra hubo tres heridos.
Elsa Rodríguez, de 60 años, recibió una balazo en la cabeza y está en coma, tras ser operada en el Hospital Argerich. Según el último parte médico, permanece conectada a un respirador artificial en estado "grave" y con "pronóstico reservado". Los otros dos heridos, Nelson Aguirre, con cuatro tiros en las piernas, y Ariel Pintos están fuera de peligro.
Testigos de los hechos aseguraron que como parte de la patota de la Unión Ferroviaria actuaron barrabravas de las hinchadas de Independiente, Ferro y Banfield. Denunciaron también a Pablo Díaz, la mano derecha del titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, como una de las personas que estaba con el grupo de la Unión Ferroviaria, y acusaron también de haber estado con ellos a un hijo del subsecretario de Transporte ferroviario, Antonio Luna.
Quedó a cargo de la investigación la fiscal de instrucción Cristina Caamaño, quien ayer recorrió el lugar donde ocurrió el asesinato y hoy comenzará a tomar declaración a los testigos.

El Enfrentamiento
"El martes, Mariano había estado recorriendo las vías para sumar más gente a la protesta (de ayer). El fue uno de los que pintó la bandera de ‘trabajadores tercerizados en lucha’", contó Darío Roseto, estudiante y compañero del chico asesinado. El conflicto gremial venía de julio pasado, en reclamo de la reincorporación de 117 trabajadores tercerizados que habían sido despedidos del Ferrocarril Roca. La empresa está gestionada por la Ugofe (Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria), integrada por el Estado y empresas concesionarias (como Ferrovías, TBA y el grupo Roggio). Con una serie de medidas de fuerza, los tercerizados habían conseguido la reincorporación de doce despedidos. Una de las protestas consistió en el corte de las vías en la estación Avellaneda, el 21 de julio pasado, cuando mantuvieron el bloqueo durante once horas. La Unión Ferroviaria, enfrentada con las agrupaciones de izquierda, comenzó una campaña de volantes y pasacalles con la leyenda "los trabajadores ferroviarios no cortamos las vías". Los pegaron en el interior de los trenes y en las inmediaciones de la estación Avellaneda, donde ayer comenzó el enfrentamiento.
"Nos reunimos en el local del PO de Avellaneda a las 10.30", recordó otro de los testigos, José Tejeda, delegado del Sindicato de la Industria de la Construcción y Afines. Los tercerizados habían coordinado la movida, además de con el PO, con Convergencia de Izquierda, el Movimiento Teresa Rodríguez y Quebracho. Del local marcharon a la estación Avellaneda, con la idea de cortar las vías, pero se encontraron con un operativo policial y vieron que cerca de las vías ya estaba el grupo de la Unión Ferroviaria. Comenzaron a caminar, entonces, hacia la estación Hipólito Yrigoyen, para el lado de Constitución. "Pasando el puente Bosch (que cruza el Riachuelo y une a Avellaneda con Barracas) los de la Unión Ferroviaria nos empezaron a tirar piedras desde arriba, la policía también nos tiró balas de goma", contó Tejeda, y luego hizo un cordón entre los dos grupos que puso transitoriamente freno al enfrentamiento. Al ver que no podrían cortar las vías, los tercerizados se retiraron a dos cuadras de la estación Yrigoyen y allí armaron una asamblea para discutir qué hacer. Un cordón policial separaba a los dos grupos, pero en algún momento ese cordón se abrió. Los que hacían la asamblea vieron que los de la Unión Ferroviaria se acercaban corriendo.
"Les dijimos a las mujeres que corrieran y armamos un cordón nosotros", agregó Diego Cardías, uno de los tercerizados despedidos. Los dos grupos se enfrentaron a los golpes en la calle. "Fue un enfrentamiento con piedras y palos, porque nosotros nos defendimos, les pegamos, pero con piedras y con palos, nosotros no teníamos armas de fuego", señaló Tejeda. La pelea duró más de 10 minutos. Algunos testigos hablaron incluso de veinte, aunque nadie tenía una noción exacta de su duración. "Ellos tuvieron que retroceder, empezaron a volver hacia atrás, y entonces, mientras se estaban yendo, vi cómo uno sacaba un arma y empezaba a tirar", señaló Roseto. El testigo vio a un solo tirador, con un arma de puño. Otros vieron a dos hombres armados, y otros a tres. Lisandro Martínez, responsable del PO Zona Sur, vio a dos tiradores, "uno con una escopeta recortada". José Tejeda vio a "tres hombres armados, con armas de mano".
Tejeda tenía al lado a Mariano Ferreyra. Cuando lo vio caer –contó– creyó que había tenido un ataque de epilepsia, porque no le vio la herida de bala en el tórax. En la confusión de la pelea, aunque oyó los disparos, no pensó que les estaban tirando al cuerpo. "Los tomé como disparos al aire." Pero al tratar de auxiliarlo notó que el chico "temblaba y se había orinado" y se dio cuenta de que estaba grave. Lo subieron vivo a la ambulancia que lo llevaría al hospital Argerich.
Los consultados dijeron que les dispararon desde una distancia de cincuenta metros, aproximadamente. También aseguraron que los agresores, al retirarse, pasaron al lado de tres patrulleros sin que los detuvieran. Por eso ayer denunciaron que hubo una zona liberada (porque la patota pudo llegar hasta ellos, lo que indicaría que el cordón policial fue levantado) y reclamaron que se investigara además por qué la Federal no detuvo a nadie.

Lo Que Dijo Pedraza
El titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, reconoció que fueron integrantes de su gremio los que se enfrentaron con los tercerizados y la militancia de izquierda. Admitió también que lo hicieron para impedir que cortaran las vías, pero defendió lo hecho con un argumento de antología: "Los trabajadores defendieron sus fuentes de trabajo". Por supuesto, negó que los autores de los disparos pertenecieran a su sindicato.
Desde el gobierno nacional, que salió a repudiar el asesinato y la violencia sindical, hubo una promesa de esclarecer quiénes fueron "los autores materiales e intelectuales del hecho". Aunque la actuación de la Policía Federal –específicamente, que no haya intervenido para impedir la violencia, ni haya detenido a los agresores– generó más de una duda entre los funcionarios, no hubo declaraciones que hicieran público el malestar con el rol de la policía.
Hoy habrá una marcha a la Plaza de Mayo convocada por la izquierda y un paro nacional, que coincidieron en llamar los dos sectores internos de la CTA.
Morir por participar de una manifestación sindical, y en el marco de una pelea entre gremios, era algo inimaginable, un hecho no pensado como posible, más bien cosa de otra época. Sin embargo, en los últimos años una serie de episodios de creciente violencia sindical se han venido sucediendo: las patotas de la Unión Tranviarios Automotor contra la organización de los trabajadores del subte, los grupos de la Uocra contra los desocupados que armaron cooperativas de la construcción, las amenazas de la UTA para impedir que los choferes alineados con la CTA realizaran una protesta en la terminal de Retiro fueron algunos de ellos. En muchos de estos casos se había denunciado la ostentación de armas. Nadie podía haberlo tomado demasiado en serio, hasta ayer.
22 de octubre de 2010
21 de octubre de 2010
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más testimonios en causa díaz bessone


Los testimonios de Alfredo Vivono y Jorge Palombo.
[José Maggi] Argentina. "¿Papá es cierto lo que dicen que hizo el padre de Julieta? Está llorando y dice que para su cumpleaños de 15 su papá va a estar preso. ¿Qué le digo Papi?" La pregunta la hizo Julieta Vivono y estaba dirigida a su padre Alfredo Vivono. La adolescente acongojada era Julieta Scortecchini, compañera de escuela y amiga. "Hija, José Scortecchini no sólo me torturó a mí, y a muchos de mis amigos a los que conocés, sino que también tuvo responsabilidad en la muerte de varios de nuestros compañeros", contestó Alfredo del otro lado de la línea telefónica. Como una paradoja de los tiempos que corren, la anécdota fue relatada ayer por Vivono frente al Tribunal Oral Federal Nº 2, que también escuchó el final (momentáneo) de esta historia: Julieta, la hija de ‘Archie’ Scortecchini, no pudo sobrellevar el peso de la historia de su padre, se quedó de año y fue retirada de la escuela por su familia.
El de Vivono fue el segundo testimonio de la tarde, en el que relató en varias oportunidades haber visto en el Servicio de Inteligencia de la policía a una de las testigos de la mañana Patricia Antelo, y a María Virginia Molina.
Pero antes, había sido el turno de Jorge Palombo, uno de los testimonios más conmovedores de la jornada. Palombo, también militante de la UES, narró de modo estremecedor el cautiverio, las torturas a las que fue sometido, las torturas de los compañeros que estaban allí detenidos y las permanentes amenazas que sistemáticamente aplicaban los genocidas. También el testigo narró su paso por la cárcel de Coronda de donde fue sacado Daniel Gorosito una noche y que permanece desaparecido.
Al borde de quebrarse, relató que fue llevado al Servicio de Informaciones el 30 de junio de 1976, donde fue torturado durante siete días corridos. En ese infierno recordó haber visto a Eduardo Pérez, conocido por su apodo "Parrilla". Era un militante de la UES desaparecido. "Colaborá o te va a pasar lo mismo que a Parrilla, vas a ir a mirar a los rabanitos crecer desde abajo", le dijo en una sesión de tormentos uno de su torturadores.
Allí también recordó haber visto a ‘Carlota’, un compañero del Superior de Comercio, así como a Mario Luraschi y su señora que estaba embarazada, y a su concuñada. La lista de víctimas se completaba con Marcelo ‘Mosquito’ De la Torre, Esteban Mariño, Adrián de Rosa, Néstor Serravalle, Liliana Gómez, y la familia Ferrari, que llegaron con un hijo de 14 años.
Palombo recordó tres guardias: a Jorge Pérez, un karateca que practicaba con su cuerpo, a ‘Juan’ y a ‘Kunfito’. Sin embargo, el caso más conmocionante fue el soportado por Pedro Galeano, alias el Correntino. "Lo torturaban haciéndole la plancha, lo agarraban entre varios, lo tiraban hacia arriba y lo dejaban que caiga y pegué directo en el piso, cada vez que hacían eso, temblaba el techo del sótano", recordó Palombo. También mencionó a Rubén Vilber, el Pelado, "que tenían todo la cabeza quemada y con heridas, con quien se ensañaron por su apellido judío". "A Galeano lo llevaron con nosotros, destrozado a la Cárcel de Encausados: le habían destrozado el ano con un espéculo. Pero días después lo buscaron y se lo llevaron, para decir que había muerto en un enfrentamiento".
Vivono cerró la jornada. El mismo testimonió su secuestro ratificando lo dicho por Antelo, y su cautiverio en el SI. Recordó las torturas a las que fue sometido y que "entre las sesiones de tortura escuchó la de Esteban Mariño, al propio Jorge Palombo, a Adrián de Rosa, a Carlos Martin, a la familia Ferrari que eran dos señores mayores y un hijo de ellos que era un adolescente que no superaba los 16 años; además de Patricia Antelo y Virginia Molina que tenían 17 años", dijo el testigo
Vivono relató también su paso por la Unidad 3 donde conoció a Daniel Gorosito y su cautiverio en la Cárcel de Coronda. Finalmente hizo mención a que después de 30 años sigue encontrándose en la calle con los autores de estos crímenes.
"El alto nivel de las declaraciones testimoniales nos desafían en lo personal y profesional permanentemente para estar a la altura de quienes representamos", señaló su abogada Gabriela Durruty. Asimismo dijo la letrada "a pesar de que el tribunal excluyó a Elida Luna como querellante, Daniel Gorosito su compañero, es una de las personas más presentes en la sala de audiencia".
20 de octubre de 2010
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torturada a los diecisiete


Los gritos; el olor a carne quemada. Patricia Sntelo tenia 17 años cuando fue secuestrada y torturada. Antelo no tuvo dudas: "Los que torturaban, me consta, eran Lofiego y Marcote". Mariño tenía 18 años y como Antelo militaban en la UES. Ambos fueron detenidos en el 76 y compartieron cautiverio en el Servicio de Inteligencia de la policía rosarina.
[Sonia Tessa] Argentina. Patricia Antelo tenía 17 años y Esteban Mariño, 18, en junio de 1976. Los dos eran militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios. En la mañana de ayer, contaron sus secuestros y torturas, pero sobre todo, se enfocaron en dar testimonio sobre aquellos ya no están. "Para mí, estar acá es un acto de fuerte contenido reparador, porque si bien en otros momentos tuve oportunidades de declarar, nunca pude poner el peso de lo subjetivo, de lo que a mí me había significado haber padecido la tortura", dijo Antelo en el marco del juicio oral y público contra Ramón Genaro Díaz Bessone y otros cinco imputados por delitos de lesa humanidad. Mariño, por su parte, recordó que José Rubén Lofiego lo obligó a participar -como "carnada" del operativo de secuestro de Eduardo Alberto Pérez, que continúa desaparecido. "Creí que lo llevaban al Servicio de Informaciones pero no fue así. En todas las unidades penitenciarias en las que estuve pregunté si él había pasado por allí. Sigue desaparecido, incluso se dijo que lo habían asesinado. Pero a él lo detuvieron vivo", dijo. Fue el único momento de su testimonio en el que se le quebró la voz. Casi al final, afirmó: "Una de las razones por las que soy testigo es la vida de Pérez". Cuando cada uno de los declarantes terminó, los aplausos inundaron la sala. Y la hora de los abrazos llegó a la salida de los Tribunales.
El llanto también invadió a Antelo cuando recordó la despedida de Ruth González, que fue sacada de la Alcaidía de Mujeres en octubre de 1976, y luego apareció muerta en la avenida de Circunvalación. Antelo rememoró la noche en que se llevaron a su compañera de pabellón, y las lágrimas la hicieron parar. Fue sólo un instante. Después, tomó un vaso de agua, y prosiguió. Sobre su propio secuestro, contó que fue el 23 de junio de 1976. "Ahí empieza todo lo que es una cuestión espantosa, horrorosa", rememoró. "Una cosa que tengo muy grabada es no sólo mi propia tortura, sino escuchar en forma permanente las torturas hacia otros. Los gritos, el olor nauseabundo, la sangre, el olor a carne quemada", dijo. Sobre la patota, recordó: "Era una cosa morbosa, no se detenían con nada. Me desmayaba, me hacían masajes cardíacos, pero después volvían y seguían torturando".
Antelo no tuvo dudas: "Los que torturaban, me consta, eran Lofiego y (Mario Alfredo) Marcote". Contó que Marcote, acusado de privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y asociación ilícita, iba a visitar a algunas detenidas cuando habían sido pasadas a "La Favela", otro sector del centro clandestino de detención, ubicado en el entrepiso. Allí les sacaba la venda y les daba sermones de supuesto contenido católico. Lofiego debe responder por homicidios al igual que Díaz Bessone, a los que se suman los demás delitos. Los otros acusados son Ramón Rito Vergara, José Antonio Scortecchini y Ricardo Chomicki.
El defensor de Marcote, Germán Artola, formuló preguntas insidiosas sobre la forma en que la víctima había podido reconocer a sus torturadores, ya que se encontraba vendada. El murmullo del público que colmó la sala de audiencias se hizo irrefrenable. El presidente del Tribunal, Jorge Venegas Echagüe, optó por indicarle al profesional que la pregunta había sido "suficientemente" respondida.
Artola también insistió en saber si la víctima -que luego de pasar por el SI fue trasladada a la cárcel de Devoto había sido condenada por la Justicia federal. "¿Yo estoy siendo juzgada? ¿Procede esa pregunta?", fue la reacción de la testigo. Venegas Echagüe le hizo lugar al interrogatorio del defensor, y Antelo retrucó: "Fui absuelta".
Antelo y Mariño contaron que habían compartido cautiverio en el SI, ya que cayeron más o menos al mismo tiempo. Mariño fue secuestrado en la noche del 21 al 22 de junio de 1976, cuando estaba por entrar a su casa. En el SI le pegaron y lo torturaron. Le preguntaban por Chomicki, a quien los represores consideraban un jefe de la UES. Mariño también mencionó a Lofiego, con el apodo de ‘Mengele’. Apodado ‘El Gauchito’ por amigos y compañeros, Mariño estudiaba en una escuela secundaria comercial de zona oeste. Un día, en el SI, escuchó que eran maltratados compañeros suyos de la UES, de 13, 14 y 15 años. Se sacó la venda y les dijo a los represores que él era el responsable de la organización y sabía mucho más. A partir de entonces, durante una semana entera, recibió golpes de manera permanente, sin preguntas. Sólo castigo.
20 de octubre de 2010
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testimonios en causa díaz bessone


Juicio a represores: cuatros testimonios de quienes sufrieron los delitos de lesa humanidad. Así lo señaló ante el Tribunal, Ana Koldorf, uno de los testigos que declaró en el juicio. También lo hicieron Juan Pablo Bustamante que criticó a su ex defensora oficial, Cosidoy; Gustavo Mechetti y Laura Torresetti.
[Sonia Tessa y José Maggi] Argentina. La etapa crucial de la causa Díaz Bessone comenzó ayer con cuatros testimonios de quienes sufrieron los delitos de lesa humanidad que se ventilan en el juicio oral y público. Entre los testimonos figuró el de Juan Pablo Bustamante quien denunció que la actual camarista Laura Inés Cosidoy -quien había sido designada su defensora oficial- "amenazó a mi madre con hacerla detener por desacato sino dejaba de molestarla pidiéndole información sobre mí". Otro de los testigos fue Gustavo Mechetti, contó su detención el 26 de marzo de 1976, y su traslado al Servicio de Informaciones (SI) desde la cárcel de Coronda. Mechetti fue llevado en febrero de 1977 y permaneció allí dos meses, convencido de que su destino era ser ejecutado. "Era una película de terror, era espantoso, espantoso, espantoso", dijo Mechetti cuando le preguntaron sobre las condiciones de detención en el SI. Otra testigo fue Laura Torresetti, quien tres veces dijo que no quería ahondar sobre su tortura, aunque sí recordó que los compañeros decían que Lofiego quería "divertirse" en la sesión de torturas. La cuarta testigo del día fue Ana Koldorf: "Mi detención tiene 34 años y el testimonio inicial que hice tiene 26. La memoria es muy fluida, estos olvidos que tenemos son bastante sanadores. No se puede cargar con tanto dolor de manera permanente".

- El Tribunal, presidido esta semana por Jorge Benegas Echagüe, e integrado también por Otmar Paulucci y Beatriz Barabani, escuchó el largo testimonio de Mechetti. "Era una película de terror, era espantoso, espantoso, espantoso", dijo Mechetti cuando la abogada querellante de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Gabriela Durruty le preguntó sobre las condiciones de detención en el SI. "En Santa Fe al menos estábamos solos todo el día en el calabozo, hasta que venían y nos reclamaban para los interrogatorios. Al menos no veías frecuentemente personal que te fuera acosando todo el tiempo. Acá había la misma mugre, la misma pésima comida y la fricción permanente del personal de guardia, 24 horas todos los días", relató. Recordó también que había tres jefes de guardia. Uno era Managua, al que recuerda como el que generaba mayor fricción, el otro era Sargento y el tercero Darío. "Tenían perfiles distintos, una guardia era más violenta, otra más tranquila, en la otra no pasaba nada", recordó.

En el centro clandestino de detención fue recibido a los golpes, y luego fue interrogado. Recordó que Lofiego, luego de los interrogatorios, cambió de actitud, y mantuvo varias conversaciones con él. Es que Mechetti era oficial principal de Montoneros, y distintos miembros de las fuerzas de seguridad se acercaban para conocerlo políticamente. "Las condiciones de detención de ese momento, que eran muy rigurosas, producían un divorcio entre el prisionero y la estructura que quedaba afuera. A veces el interrogatorio sirve para vengarse o castigar, o para obtener información fresca, que yo no tenía. La organización se había modificado tanto en los meses que yo llevaba detenido. En mi interrogatorio me preguntaban banalidades, tonterías. Yo no tenía información de primera, de manera que saqué la conclusión de que era una venganza de Feced hacia mí", dijo Mechetti.
"¿Recuerda los motivos por los que fue detenido?", le preguntó el abogado defensor de Lofiego, Germán Artola. El fiscal Gonzalo Stara cuestionó la pregunta, ya que no es objeto del proceso, pero Benegas Echagüe le dio vía libre. "Empecé a militar cuando tenía 15 años. El hecho que llevó a mi detención fue una casualidad. Esto me lo contó el oficial que me detuvo, porque le resultó rara la patente del auto en el que iba. Lo estricto es eso. Mediando entre las dos circunstancias, otra alternativa que usted no desconoce es que se había producido un golpe de estado", contestó Mechetti. Sobre los interrogatorios, Mechetti puntualizó que "lo normal era la picana". Cuando terminó su testimonio, los aplausos inundaron la sala, que estaba llena de público.

- La segunda testigo de la mañana fue Laura Torresetti, que era militante de la Juventud Comunista y fue secuestrada el 12 de mayo de 1976, junto a Hugo Méndez y el padre de éste. Tres veces dijo la testigo que no quería ahondar sobre su tortura, aunque sí recordó que los compañeros decían que Lofiego quería "divertirse" en la sesión de torturas. Torresetti recordó que en agosto, cuando ya la habían trasladado a la Alcaidía, con otras prisioneras, llegó al lugar una joven que ingresó como NN, pero se identificaba como Dolores Aguirre y sufría amnesia. Estaba en muy malas condiciones. Un día fue llevada a un interrogatorio, y al volver contó que había sido torturada en presencia de sus dos hijas, Josefina -de cinco meses y Mariana, de un año. Las niñas habían recibido golpes también. En septiembre, se produjo el traslado de Ruth González, que fue llevada por Feced, Lofiego y el entonces jefe del SI, Raúl Guzmán Alfaro, en un taxi hacia la muerte. Aunque las otras presas espiaron por una pequeña ventana de la alcaidía, no alcanzaron a distinguir si Feced también subió en el vehículo. Cuando recordó la despedida de Ruth, admitió que la emoción volvía a invadirla, como le ocurrió ese día de septiembre de 1976. "Ella sabía cuál era su destino. Tenía dificultades para caminar, iba como un condenado a muerte, pero ni siquiera tuvo tanta suerte", relató Torresetti. También el final de su testimonio recibió aplausos de los presentes. Cuando la testigo salió de la sala, Josefina González -la niña golpeada por la patota a los cinco meses se le acercó. Las dos se abrazaron durante un rato, emocionadas.

- Por la tarde fue el turno de Bustamante quien narró lo vivido "desde el 24 de mayo de 1976 hasta el 11 de marzo de 1983, que es el tiempo que pasé en el Servicio de Informaciones sufriendo apremios, y en donde reconozco al Ciego Lofiego". El testigo se detuvo en narrar puntualmnte un caso que invoclura a quien hoy es una camarista federal: Laura Inés Cosidoy. "En su momento fui condenado por la justicia militar en 1976 76 y en 1979 el juez federal Guillermo Tschopp me inicia un juicio donde tenía como defensora oficial a Cosidoy, a quien no vi nunca. Sin embargo mis familiares sí la vieron, aunque no tuvieron información a través de ella, e incluso recibieron el maltrato de quien era entonces mi defensora. Mi madre concretamente fue maltratada por Cosidoy quien la amenazó con hacerla arrestar por desacato si seguía hinchándole".
"Reconozco que tal vez mi madre no haya estado con las mejores formas para tratarla -agregó-, pero no era forma de tratar a una madre que venían reclamando justicia desde hacia varios años".

- La cuarta testigo fue Ana Koldorf. "El 29 de mayo de 1976 fui a visitar a un par de amigas a una pensión de Santiago al 1200. Cuando me fui a retirar, se presenta una tormenta importante y las chicas me dicen que me quede. Mis amigas eran Liliana Paz y Elvira Marquez, me quede a dormir. A la madrugada, entre 4 o 5 de la mañana, nos despiertan golpeando y gritando ’requisa’. Entran muchas personas en patota, soldados y policías. Nos llevan a la Jefatura de policía. Me llevan al Servicio de Informaciones, a la rastra. Me llevan a una habitación o pasillo ancho, vendada y atada me ponen contra la pared. En esa situación varios me insultan, incluso uno me pregunta el apellido y al decírselo me insulta peor y me dan varios coscorrones por tener apellido judío. Paso muchísimas horas parada, a la noche, supongo que era la noche, me sacan, me encapuchan, me atan las manos, me bajan las escaleras del mismo modo en que me habían subido y me ponen en el baúl de un vehículo con una manta o frazada encima, me parece que me pusieron unas llantas encima como para que no me pueda mover. Me doy cuenta que era el baúl por las emanaciones de gas. Pasan unos 40, 50 minutos, una hora. Haciendo un paréntesis, mi detención tiene 34 años y el testimonio inicial que hice tiene 26, es muy posible que tenga lagunas en mi memoria. La memoria es muy fluida, lábil, dúctil, por lo tanto estos olvidos que tenemos son bastante sanadores. No se puede cargar con tanto dolor de manera permanente, de alguna manera la memoria nos ayuda a pasar a un lugar más profundo de la mente. Recorremos una hora y no tengo idea a dónde. Me bajan y me meten haciéndome agachar la cabeza como si hubiese una gran persiana a un espacio muy grande que supongo puede ser un depósito o galpón vacío porque retumban las voces. En ese lugar me desnuda, me suben a una mesa, me atan, me tiran agua y empiezan a torturarme con la picana en todas partes del cuerpo. Todos eran varones, uno de ellos estaba sentado en la cabecera de la mesa al lado mío que me iba preguntando mientras los demás me torturan de pie porque no había muebles. Después de una hora se detienen y dicen que tienen hambre".
"El otro episodio que quiero contar fue cuando nos quisieron sacar del pabellón para fusilarnos, no recuerdo si fue en junio o julio del 76. Una noche empezamos a escuchar mucho movimiento, entra una de las celadoras y nos grita que cerremos las ventanas y que nos acostemos. Al rato entra un tipo con uniforme, creo que era de la infantería de policía, gritándonos que preparemos a 15 de nosotras que nos iban a venir a buscar. Vimos cómo iban llegando féretros. Después nos enteramos que había habido un atentado contra Feced luego de un partido de futbol. Que la intención era duplicar el número de esos muertos con lo de las 15".
Al comenzar la audiencia, Ramón Genaro Díaz Bessone, José Lofiego y José Antonio Scortecchini solicitaron seguir la audiencia desde una sala contigua. De este modo, evitaron enfrentarse con los testigos.
19 de octubre de 2010
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declaran testigos en causa bessone


Comienzan hoy las declaraciones de los testigos de la causa Díaz Bessone. El juicio a algunos integrantes de la patota de Feced, y quien fuera el máximo responsable de la represión en la zona hasta el 11 de octubre de 1976, Ramón Genaro Díaz Bessone, entra en su etapa crucial. Contarán lo ocurrido 160 testigos.
Argentina. Después de largas semanas de lectura de las requisitorias de elevación a juicio, y luego de las indagatorias, hoy comienza la etapa de la declaración de los testigos en el juicio contra la patota de Feced en la causa caratulada Díaz Bessone, que se tramita en el Tribunal Federal Oral número 2. Por eso, acompañados por el Espacio Juicio y Castigo, testigos y querellantes convocaron -entre otras actividades-, a una conferencia de prensa que se realizará a la 11 en Oroño al 900, frente a los Tribunales Federales. Además, habrá un almuerzo comunitario y una radio abierta, para acompañar a los testigos en este difícil trance.
Desde hoy, relatarán los delitos de los que fueron víctimas los sobrevivientes del centro clandestino de detención del Servicio de Informaciones de Rosario, que funcionó en la ex jefatura de policía, en San Lorenzo y Dorrego. La causa tendrá 160 testigos. El juicio investiga una parte de los hechos ocurridos en ese lugar. Hay cinco imputados juzgados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. El ex general Ramón Genaro Díaz Bessone, que fue Jefe del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército hasta el 11 de octubre de 1976, los ex policías José Rubén Lofiego, Ramón Rito Vergara, Mario Alfredo Marcote y José Carlos Scortechini, y el civil Ricardo Miguel Chomicki, que fue secuestrado pero se convirtió en colaborador de la patota. Todos están acusados de privaciones ilegítimas de la libertad, tormentos y asociación ilícita. Díaz Bessone y Lo Fiego también están procesados por 17 homicidios ocurridos en el primer año de la última dictadura.
"¿Y saben lo que pasó?", es la consigna con la que el Espacio Juicio y Castigo Rosario invita a acompañar a los sobrevivientes que comenzarán a declarar este lunes. "Es la hora de escuchar la palabra de los compañeros y todos los que puedan tienen que estar para hacerles una aguante y para escuchar la verdad que tienen para arrojar sobre lo que vivió nuestro pueblo durante el terrorismo de estado", señaló Gerardo Fernández, de la agrupación HIJOS Rosario, que integra el Espacio.
Asimismo, Florencia del Negro, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos dentro del Espacio, adelantó que durante toda la jornada habrá una radio abierta que se iniciará a las 11 horas. En tanto, "cuando salgan los compañeros de declarar haremos un almuerzo colectivo sobre el bulevar", anunció. La militantes agregó: "Con un grupo de artistas saldremos señalizar todo el camino que va del tribunal hasta la ex jefatura de policía, y finalmente, después de varias suspensiones, tocarán los muchachos de El Popular, una banda de cumbia de zona sur".
El juicio contra Díaz Bessone se inició el 21 de julio pasado. Luego de la lectura de las requisitorias de elevación a juicio, el proceso debió suspenderse por tres semanas debido a una cirugía programada de uno de los acusados, Scortecchini. El 4 de octubre pasado comenzó la etapa de indagatorias, y en la última audiencia, el miércoles 6, hizo su exposición Ricardo Chomicki, que encierra la doble condición de víctima y acusado. En su indagatoria, relató las circunstancias de su secuestro y dijo que siempre había sido "un secuestrado más". El TOF 2 está integrado por Otmar Paulucci, Jorge Benegas Echagüe y Beatriz Barabani. Los fiscales de la causa son Gonzalo Stara y Mario Gambacorta.
18 de octubre de 2010
©rosario 12
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