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genocidio indígena en argentina


El genocidio negado, el despojo de tierras y la lucha de las comunidades indígenas son los ejes de ‘Argentina Originaria: genocidios, saqueos y resistencias’, un libro del periodista Darío Aranda.
[Darío Aranda] Argentina. Campos de concentración. Desaparecidos. Torturas. Asesinatos masivos. Robo de niños.
Las cinco acciones fueron sistemáticamente ejecutadas por el imperio otomano, el nazismo y la última dictadura militar de Argentina. Los tres, a pesar de pertenecer a distintos momentos históricos, fueron reconocidos como genocidios. No se duda de esos crímenes de lesa humanidad.
A fines del siglo XIX el Estado argentino también creó campos de concentración, desapareció personas, torturó, asesinó y robó niños. Los pueblos indígenas estuvieron, como nunca antes en su historia, cerca del exterminio. Sin embargo, aún hoy, un gran sector de la sociedad argentina niega que haya sido un genocidio. La Argentina moderna está construida sobre esa negación, la madre de todas las represiones.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se juzgó a los responsables máximos del nazismo (juicios de Nüremberg). En Argentina, en 1985, se realizó el juicio a los ex comandantes que integraron las tres primeras juntas militares de la última dictadura.
En la actualidad, tras resistir y anular las llamadas leyes de impunidad, en distintas ciudades del país están siendo juzgados y condenados los responsables militares y civiles de crímenes consumados durante la dictadura.
No hubo intención política de hacer algo similar hacia los crímenes de lesa humanidad cometidos contra los pueblos indígenas. "Nunca cayó el régimen que implementó las campañas militares de fines de siglo XIX y principios del XX que derrotaron la autonomía indígena, a fuerza de masacres, para consolidar al Estado nacional. Hay una continuidad hasta nuestro presente", explica el historiador Walter Delrío, autor de ‘Memorias de expropiación’, sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943).
Delrío es codirector de la Red de Estudios sobre Genocidio en la Política Indígena Argentina y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro. En su producción académica brinda pruebas de cómo, luego de la conquista militar, el Estado construyó un discurso de negación de la realidad indígena del país, donde "el crisol de razas" negó lo originario. Detalla que la invisibilización fue una estrategia de dominación, que permitió el desarrollo de distintas prácticas genocidas, como el traslado masivo de personas, la separación de familias y la supresión de la identidad de menores, la utilización de prisioneros como mano de obra esclava y la reducción en campos de concentración.
Diana Lenton –doctora en antropología, especialista en temas de política indígena y codirectora de la Red de Estudios sobre Genocidio– llama "pecado original" al nacimiento de Argentina sobre un engranaje jurídico que negó los derechos de los pueblos indígenas y, además, ejecutó la muerte y desaparición de la población originaria. La conformación del Estado nacional, a fines del siglo XIX, coincidió con un tipo de discurso autoritario que luchaba por hegemonizar el cuerpo de discursos sobre la población.
Luego de la campaña militar al Sur sobrevino la avanzada sobre el Norte, también llamada Conquista del Desierto Verde. Las poblaciones indígenas eran sometidas, obligadas a ser mano de obra esclava en las plantaciones de caña de azúcar y en los algodonales. También se los obligó a incorporarse al Ejército. Los niños y mujeres fueron repartidos para el trabajo domiciliario.
La isla Martín García, ubicada en la confluencia de los ríos Uruguay y De la Plata, se transformó en un gran campo de concentración. En sólo un año, 1879, fueron apresados (y luego bautizados) 825 indígenas, según consta en un trabajo en desarrollo de los investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Alexis Papazian y Mariano Nagy, que analizaron archivos de la Armada y el Arzobispado.
Los registros dan cuenta de 363 hombres, 132 mujeres y 330 niños.
Los investigadores explican que la población era más numerosa, sobre todo porque muchos prisioneros no figuran en los registros clericales de Martín García, ya sea porque habían sido bautizados con anterioridad o porque murieron antes de recibir la bendición del cura.
Papazian analizó los archivos oficiales que dan testimonio de lo sucedido en Martín García. No tiene dudas de que se trató de un campo de concentración que funcionó antes, durante y después de la Campaña del Desierto (desde 1872 hasta 1886), donde se practicó una rígida coerción sobre los cuerpos indígenas.
No hay cifras oficiales de la magnitud del campo de concentración. Papazian y Nagy son muy cautos en cuanto a números, sobre todo porque los registros son desordenados e imprecisos, dado que muchas veces no se contabilizaba a niños y mujeres. Sin embargo, y en base a pruebas documentales, los investigadores afirman que por la isla Martín García pasaron al menos 3000 personas, privadas de su libertad, sin derecho a defensa alguna y a las que se les negó todo derecho.
La isla no sólo recepcionó a habitantes originarios, sino que también funcionó como punto de reparto hacia todos los puntos cardinales del país.
El destino de los presos era diverso. Podían permanecer como detenidos, ser enviados a canteras, a estancias, o a formar filas del mismo ejército que los había atacado. Los documentos oficiales dan cuenta de que familias acomodadas de Buenos Aires pedían mujeres y niños para trabajar en las tareas hogareñas e incluso en el campo. "Fue claramente un mecanismo de control social enmarcado en un proceso mucho mayor: el del genocidio", precisa Papazian, que también forma parte de la Red de Estudios sobre Genocidio. Explica que en 1890 ya no quedaban indígenas en Martín García. El destino no daba muchas opciones: Ejército o Marina, trabajo esclavo para empresarios, labores domésticas en casas de familias o la muerte.
La provincia de Mendoza también supo de campos de concentración y trabajo esclavo.
Diego Escolar investiga desde hace diez años lo sucedido con el Pueblo Huarpe y los prisioneros de las campañas militares. Investigador del Conicet en Mendoza y profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, confirma que en la provincia se concentraron grandes contingentes de personas que fueron repartidas en estancias, en propiedades de los altos mandos militares y en las familias acomodadas de la región. Casi siempre pasaban a ser trabajadores esclavos, condición que padecieron hasta, al menos, la década de 1890.
En base a diarios de la época, partidas bautismales, memorias orales y entrevistas de principios del siglo XX se establece que, entre 1879 y 1886, fueron repartidos en Mendoza al menos 3000 indígenas. Escolar y su equipo de investigación –Leticia Sald y Carla Rigió– estiman que el número es mayor. Los lugares de detención ya comprobados fueron al menos seis, ubicados en los departamentos de Maipú, Malargüe, Santa Rosa, San Rafael, Rivadavia y en la capital provincial.
Junín de los Andes (Neuquén), Chinchinales y Valcheta (Río Negro), Carmen de Patagones (Buenos Aires) y el barrio de Retiro (Ciudad de Buenos Aires) también contaron con campos de concentración, como los seis de Mendoza y el de la isla Martín García. Allí eran confinadas familias enteras, sin diferencia de sexo y edad. Su mayor crimen era ser indígenas y habitar un territorio preciado.
El investigador del Conicet y director del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, Daniel Corach, afirma que, en base a partes del Ejército, la avanzada militar del siglo XIX dejó una cantidad de víctimas estimada en un número inquietante: "30 mil desaparecidos".
A 28 años del golpe de Estado de 1976, el gobierno nacional decidió que la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los mayores centros clandestinos de detención, pasara a manos de los organismos de derechos humanos, que erigieron allí un espacio para la memoria.
A 130 años del inicio de la Campaña del Desierto, los pueblos indígenas no tienen ningún espacio similar. Al contrario, el emblema principal de aquel avance militar, Julio Argentino Roca, cuenta con calles, escuelas y monumentos. Uno de ellos llega al colmo: en el centro de Bariloche, pleno territorio mapuche, una estatua de Roca se erige desafiante. Es imposible imaginar una estatua de Jorge Rafael Videla en Plaza de Mayo.
En 1994 se sancionó la Ley 24.411, que obliga al Estado a pagar a los familiares de los asesinados y desaparecidos una indemnización por cada víctima del terrorismo de Estado. Ninguna reparación económica se debatió jamás en ámbitos institucionales para las víctimas del genocidio indígena.
Tampoco, como en todo lo referido a pueblos originarios, existen datos oficiales sobre los asesinados y desaparecidos durante la Campaña del Desierto, pero algunas investigaciones dan idea de su magnitud: Diana Lenton señala que en 1883, a sólo cinco años de iniciada la avanzada militar, 20.000 prisioneros habían sido trasladados a Buenos Aires. Luego serán asesinados, desaparecidos o esclavizados.
El profesor de la Universidad de Buenos Aires Mariano Nagy, en base a ‘Estado y cuestión indígena’, de Enrique Mases, precisa que habitaban la Patagonia 25.000 indígenas. En el primer año de la Campaña del Desierto hubo 1300 indígenas muertos "en combate" y 13.000 prisioneros que pasaron a quedar bajo tutela del Estado.
En la actualidad, la sistemática violación de derechos humanos de pueblos indígenas no escandaliza a la opinión pública. Incluso es negada por un sector de intelectuales, comunicadores y referentes de opinión.
Las víctimas del genocidio no fueron sectores urbanos, ni clase media.
La negación tiene raíces étnicas y de clase social. Y, sin duda, económicas: los distintos modelos productivos del último siglo y medio –agroexportador, petrolero, forestal, minero– tuvieron y tienen como escenario gran parte de los ancestrales territorios indígenas.

‘Argentina Originaria’ (lavaca-IGWA) se presenta mañana en Hipólito Yrigoyen 1440, ciudad de Buenos Aires, a las 19, con la presencia del periodista y escritor Osvaldo Bayer.

18 de octubre de 2010
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roberto y ana, desaparecidos


Habla la familia de Roberto de Vicenzo y Miriam Moro, desaparecidos en la dictadura. El dolor es de Ana, la hermana melliza de Miriam cuyos restos aún no fueron identificados. Sí se pudo establecer la identidad de su esposo Roberto por el trabajo del Equipo de Antropología Forense. El sábado que viene será sepultado en Baigorria.
[Sonia Tessa] Argentina. Roberto De Vicenzo compró facturas y preparó el mate en la mañana del lunes 27 de septiembre de 1976, para esperar a su esposa, Miriam Moro. Los dos eran militantes montoneros, y estaban en la clandestinidad. Ella había salido la noche anterior a repartir volantes contra la dictadura, pero fue secuestrada en Villa Diego, cerca del frigorífico Swift. Cuando pasaron las horas, él empezó a desesperarse, llamó a Ana -la hermana gemela de Miriam , para que se movieran y se fue a esconder en la casa de unos amigos, Zuni y Miguel, que le brindaron cobijo. Las facturas quedaron allí, intactas. Esa misma tarde, Roberto concurrió a una cita, y lo secuestraron, en la zona de El Reloj, en Villa Gobernador Gálvez. Tenían dos hijos y uno en camino. Darío, de un año y nueve meses y Gustavo, de siete meses, que tomaba la teta, quedaron al cuidado de tíos y abuelos. A Miriam la tuvieron secuestrada un par de días, la mataron, y la dejaron en Casilda, donde fue enterrada como NN. Su cuerpo se arrojó a una fosa común donde sería muy difícil encontrarla. Roberto tenía 24 años. Fue llevado al Servicio de Informaciones, y continuó desaparecido hasta marzo pasado, cuando el Equipo de Antropología Forense identificó que era de él uno de los tres cadáveres que habían aparecido en un camino, a la altura de Barrancas. El sábado próximo, 23 de octubre, de 11 a 15, en el local del Movimiento Evita (Rioja 1065), será el acto de despedida del militante, cuyo cuerpo se trasladará al cementerio de Granadero Baigorria.
"Mi gran dolor es que no los puedo tener juntos, con todo lo que se querían", lamentó Ana Moro, la gemela de Miriam. Es que identificar los restos de Miriam es una tarea improbable, de modo que no podrán enterrarlos en el mismo lugar. Para Gustavo y Darío, la recuperación del cuerpo de su padre tuvo un altísimo valor simbólico. "Fue una emoción muy grande, nunca esperábamos encontrarlo, a pesar de que habíamos ido a dar sangre para el ADN. Por eso queremos agradecer al Equipo de Antropología Forense, al gobierno provincial y al nacional porque ellos lo hicieron posible", afirma Darío, que dirá muy poco durante la entrevista. Padre de dos hijas, a la mayor -de 12 años le puso el nombre de su madre, Miriam. La más pequeña de llama Sofía. Gustavo también tiene dos nenas, Abril, de 10 y Lara, de 4. Cuenta orgulloso que la más chica fue la primera beba que nació en 2006. "Para nosotros es muy importante recuperar la identidad de mi papá. Estamos muy contentos y quisiéramos que toda la sociedad nos acompañe el sábado, porque no es una causa nuestra sino de toda la comunidad", dice Gustavo, con un entusiasmo contagioso.
Los dos saben desde pequeños lo que significa la pelea por los derechos humanos. Iban a las marchas por justicia en Rosario y Buenos Aires, incluso participaron de un escrache frente al Servicio de Informaciones, sobre el fin de la dictadura. También fueron a manifestarse contra el indulto que firmó Carlos Menem en 1990. La mamá de Miriam, Nélida Moro, y la de Roberto, Noemí Johnston de De Vicenzo, formaron parte de las Madres de la Plaza 25 de Mayo. Noemí sigue en pie, con sus dificultades. Concurre a los juicios, cuando puede, con su pañuelo blanco. Espera con fervor la despedida de lo poco que le devolvieron de su hijo.
Gustavo y Darío también esperan ese día. La elección del lugar donde se realizará el acto no fue azarosa. "Estamos seguros de que Miriam y Roberto apoyarían este proyecto nacional y popular. Allí están sus compañeros", dice Ana. Uno de los presentes será el diputado provincial y dirigente del Movimiento Evita, Gerardo Rico, que estudió, jugó al rugby y militó con Roberto.
Unos minutos antes, una compañera le acercó a Ana la ampliación de una foto de su hermana y su cuñado, para usar el sábado próximo. Ella mira la imagen, la toca. Miriam tiene una sonrisa contagiosa. El parecido con su hermana es asombroso, aún 34 años después. Se acercan también tres de las Madres, interrumpen la ronda durante unos instantes para posar con la foto de aquellos que no son sus hijos pero podrían serlo. Todos lo son. Norma Vermeulen, Matilde Chocha de Toniolli y Elsa Chiche Massa iluminan la imagen. La tarde es desapacible, parece que va a llover, refrescó. Ellas están ahí como siempre, desde hace 34 años, dando testimonio.
Gustavo las trajo en el taxi. Es su tarea. Fiel a su historia, milita en el espacio Juicio y Castigo. Siempre honró aquella militancia. Cuando comenzó la secundaria, en la escuela Las Heras, contó su historia, quiénes eran sus padres. Fue elegido delegado tres veces, también como presidente del Centro de Estudiantes. Impulsó la exhibición de la película ‘La Noche de los Lápices’. Siempre le tocaba discutir con algunos compañeros, pero él insistía. Participó en la formación de la ESU, Estudiantes Secundarios Unidos, que en 1991 y 1992 organizó marchas contra la ley federal de educación. "Todo eso me hacía acercar a la militancia de mi papá", dice ahora, orgulloso de seguir la línea. Después, fue a los escraches organizados por Hijos, aunque participaba poco de las reuniones. Llegó un momento en que perdió el rumbo, anduvo por la calle, consumía sustancias que lo dañaban. Hace unos años decidió recuperarse, y recuperar más activamente la historia de sus padres. Ahora estudia Historia, donde también planteó su propia historia. Le agradece a su mujer, Cintia. El jueves, como todos los jueves, está en la plaza, ansioso por el acto del sábado.
Darío y Gustavo son querellantes en la causa Díaz Bessone, ex Feced, donde se juzga el asesinato de Roberto. "Para mí, los juicios tienen un valor muy grande, porque creemos que es importante que los genocidas vayan presos, no sólo para que paguen por lo cometido, sino para que la sociedad sepa que cuando se comete un crimen, hay castigo, para que no haya impunidad", dice Gustavo.
Ana es, además, testigo. Como fue testigo del amor y la militancia de Miriam y Roberto. Miriam jugaba al hockey. Ana todavía lo hace. Roberto también era deportista. Rugby, fútbol, también hockey. "Era una persona sincera y transparente. Quería tanto a mi hermana", dice Ana.
18 de octubre de 2010
17 de octubre de 2010
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cs verá caso de jueces torcidos


Consejo de la Magistratura pide a CSJ intervenir por caso de jueces que obstaculizan realización de juicios por derechos humanos.
Argentina. El Consejo de la Magistratura resolvió en su reunión plenaria de ayer solicitar una audiencia pública urgente a la Corte Suprema de Justicia para tratar la situación de "extrema gravedad institucional" que reina en la Cámara Federal de Mendoza. El organismo tomó la decisión luego de escuchar al titular de la Procuración General de la Nación, Esteban Righi, quien desmenuzó las maniobras del tribunal cuyano para obstaculizar las investigaciones por delitos de lesa humanidad durante la dictadura. Righi destacó en particular el rol del camarista Otilio Roque Romano, imputado por encubrir secuestros y torturas hace un tercio de siglo, y respaldó la actuación del fiscal general Omar Palermo, coordinador de la Oficina de Asistencia a las causas vinculadas con el terrorismo de Estado en Cuyo, que fue amenazado de muerte luego de pedir la citación a indagatoria de Romano. El tribunal mendocino, mientras tanto, marcó ayer otro hito en la historia de la impunidad en Cuyo, al excarcelar a los oficiales Jorge Antonio Olivera y Eduardo Vic, imputados por torturas en el Regimiento de Infantería de Montaña 22 de San Juan y ex prófugos de la Justicia.
La decisión de solicitar la intervención de la Corte es un último recurso ante la situación caótica que atraviesa la Justicia Federal de Cuyo. Excepto un juicio en curso en San Rafael, las causas de lesa humanidad en Mendoza y San Juan, jurisdicción de la Cámara, están paralizadas y con todos los imputados libres. La Cámara tiene dos lugares vacantes: el primero desde hace un año, tras la renuncia de Carlos Pereyra González, investigado por delitos de lesa humanidad cuando era secretario de la Justicia puntana; el segundo, tras la renuncia de Luis Francisco Miret, imputado por idénticos delitos en Mendoza, como juez federal.
A diferencia de Miret, que antes de renunciar ejerció su derecho de defensa ante el Consejo y ante el juez federal Walter Bento, su colega Romano logró evadir ambas instancias. Para no presentarse ante el organismo que evalúa la conducta de los magistrados interpuso una acción de amparo que le concedió el conjuez Carlos Parellada, cuestionado por su antiguo vínculo personal con Romano y padre de una de sus empleadas. Para evitar tener que prestar declaración indagatoria utilizó dos vías: alegó "graves razones de salud" y recusó a Bento, que también fue amenazado luego de citarlo. Cuando logró el segundo objetivo y ya no había juez para indagarlo, la salud de Romano mejoró súbitamente: interrumpió la licencia de sesenta días que le habían otorgado sus colegas, retomó sus funciones y se abocó de lleno a cuestionar la legitimidad del fiscal que lo acusó. El procurador Righi pidió ayer que se evalúe el parte médico que había presentado Romano, ante la sospecha de que se armó a pedido de Su Señoría.
La recusación también está plagada de irregularidades. Julio Demetrio Petra, Leopoldo Rago Gallo y Miguel Angel Gálvez se sustrajeron a cualquier tipo de control de legalidad por parte de quienes impulsan las causas. Petra rechazó el pedido del fiscal Palermo, negándole que fuera parte interesada. El representante del Ministerio Público Fiscal cuestionó entonces su intervención, argumentando que Petra es compañero de Romano desde 1993 y que ya fue apartado para intervenir en las causas de lesa humanidad. Pero el tribunal hizo oídos sordos y rechazó la recusación, tal como había hecho con las querellas. Petra no cuestiona su inhabilidad para juzgar a autores de secuestros y torturas, pero resiste cuando le toca analizar la conducta de Romano, su compañero de trabajo desde hace 17 años, acusado por encubrir los mismos delitos.
El juez Bento, que sí fue aceptado como parte en el expediente, recusó sin éxito a los tres camaristas que accedieron al pedido de Romano. El caso más curioso es el de Rago Gallo. Mucho antes de que trascendiera su complicidad con el terrorismo de Estado, Romano se inhibió de intervenir en una demanda promovida por Rago Gallo por la "amistad íntima" que los une. Como en las familias judiciales todos se conocen, Bento recordó esa confesión y le pidió que se dignara a no intervenir. Tampoco tuvo suerte: Rago Gallo desestimó su propia recusación, asegurando que ya no es amigo íntimo de Romano.
15 de octubre de 2010
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amenazas tras condena


Tras condena de los funcionarios de la Unidad 9 por secuestros y homicidios, testigos y activistas reciben amenazas y símbolos nazis.
Argentina. A menos de un día de conocerse la condena a los catorce penitenciarios que trabajaron en la Unidad 9 de La Plata durante la dictadura, un integrante de la agrupación Justicia YA! y una estudiante de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata denunciaron haber recibido amenazas. Hoy realizarán la denuncia ante la fiscalía.
En una conferencia que se realizó ayer en la sede local de la Asociación de Trabajadores del Estado, el integrante de Justicia YA!, Carlos Zaidman, contó que cuando llegó ayer a la mañana a la inmobiliaria donde trabaja, en La Plata, encontró que en la pared y sobre la ventana había inscripciones en aerosol que decían "U9". Agregó que las mismas fueron hechas en la noche del miércoles, "mientras estábamos festejando la condena" dictada por el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.
Horas más tarde se realizó otra conferencia, en la Facultad de Trabajo Social, para denunciar que cuando la estudiante Dana Belardez volvió a su casa, luego de escuchar la sentencia, encontró abiertas de par en par las dos puertas que dan al frente y la luz cortada. Más tarde, y durante más de una hora, recibió a su celular reiterados llamados de un número no identificado. "Me llamaban y cortaban todo el tiempo sin parar, alrededor de una hora y media", contó.
En un breve discurso y rodeado de integrantes de agrupaciones políticas y sociales, Zaidman recordó que no es la primera vez que esto pasa: "Hace poco aparecieron pintadas con simbología nazi en ‘La Cacha’ y en un local del MAS". Además, hizo referencia a las amenazas que meses atrás denunciaron ante la Justicia los testigos Juan Scatolini, Eduardo Caldarola, Eleonora Guillermo Mogilner y el psicólogo del Comité de Defensa de la Salud, la Etica y los Derechos Humanos (Codesedh) Enrique Fidalgo. En el encuentro realizado en la facultad, la decana de la institución, Verónica Cruz, destacó que "ésta no es la primera vez que nos pasa" y agregó que "es un claro mensaje a los universitarios que nos comprometemos con esta lucha".
[La foto la encontramos en el blog U9 de La Plata].
15 de octubre de 2010
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camión detrás de la comisaría


El camión celda estacionado en la comisaría.
Argentina. Raúl Alberto Marciano da clases en una escuela que años atrás era parte de un terreno baldío, en un predio abandonado de Escobar, donde compartió el trabajo de militancia social con Gastón Gonçalves. "Muchos de los padres –dijo ayer– eran personas que nosotros conocíamos durante esos años." Marciano estuvo secuestrado en el celular donde estuvo Gonçalves, detrás de la comisaría de Escobar. "Gastón –explicó ayer al declarar como testigo– era la cara visible de nuestra actividad, trabajaba en prensa, en difusión, frecuentemente estaba él a la vista de todo el mundo." Antes del secuestro, recordó, tuvo un "apriete" de parte de (Luis) Patti que fue bastante serio. "Patti lo amenazó y le dijo que si seguía en lo que estaba iba a terminar mal, y le aconsejó que se quede tranquilo, que no aparezca en Escobar." El 29 de marzo de 1976 lo secuestraron a él y a su mujer de una casa en Pilar. Les robaron los electrodomésticos, pero dejaron tirado en el suelo al hijo de ambos, de poco más de dos años. Pese a estar vendados, ellos notaron que los llevaban a Escobar porque "el camino era un subir y bajar de la Panamericana, curvas, y cuando llegamos nos introducen en un camión celular con celdas chiquitas, individuales, donde había mucha gente". Tomaron contacto con Gastón, pudieron hablar con él. Y con otro detenido, Tomanelli. Había dos o tres personas más que conocían o iban a conocer más tarde durante el tiempo de cautiverio en otros centros clandestinos. "Gastón me dice que estábamos en la comisaría de Escobar", un dato que luego le confirmó otro detenido. "Estaban muy golpeados y muy torturados, cruzamos algunas palabras con Gastón, nos dimos mensajes para las familias y nos dimos la promesa de tomarnos unos vinos juntos si quedamos en libertad, pero eso no fue posible." El celular salió con ellos hacia la zona de Zárate-Campana, pero en el camino, dijo, dejó de escuchar a Gonçalves.
[La foto la encontramos en el blog de Marta Zabaleta].
15 de octubre de 2010
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secuestro de gastón gonçalves


Declararon los hijos y el hermano de Gastón Gonçalves en el juicio contra Luis Patti, Reynaldo Bignone y otros dos represores. Los primeros testigos del juicio contaron el secuestro de Gastón, las denuncias, el hallazgo de sus restos y el encuentro de Manuel, que recuperó su identidad en 1995.
[Alejandra Dandan] Argentina. "A fines del año '95 supe que mi papá era Gastón Gonçalves, soy uno de los nietos recuperados", se presentó Manuel Gonçalves ante el tribunal. "Supe que el 24 de marzo de 1976, sabiéndose perseguida, mi mamá dejó de tener contacto con su familia, estaba embarazada y pasó a la clandestinidad; después de varios meses, tuvo el parto, sé que no estaba en las mejores condiciones, con lo cual no sé donde nací." A partir de 1995, Manuel reconstruyó esa historia que ayer intentó explicar a los miembros del Tribunal Oral Federal de San Martín, en la primera audiencia de testigos del juicio contra Luis Abelardo Patti y otros tres represores. Después hablaron su hermano Gastón y otros familiares. También se escucharon dos testigos clave: ex compañeros de militancia que narraron su encuentro con Gastón Gonçalves mientras todos permanecían secuestrados en las pequeñas celdas de un camión celular estacionado en el predio de la comisaría de Escobar.
El anfiteatro municipal del descampado de José León Suárez recibió a los familiares de las víctimas e impulsores de las investigaciones sobre los crímenes de Campo de Mayo. Las miembros de organismos de derechos humanos, partidos políticos y organizaciones sociales se acomodaron en las sillas, cubriendo el auditorio por donde H.I.J.O.S. comenzó a distribuir copias en blanco y negro de una foto mil veces repetida con la cara de Gastón. Su presencia quedó así esparcida en toda la sala. Adelante sólo se sentó el ex comisario Fernando Meneghini. Reynaldo Bignone, Santiago Omar Riveros y el propio Patti, los otros tres acusados del juicio, permanecieron en una sala contigua porque se negaron a ingresar.
La presidenta Lucila Larrandart abrió el debate a las diez de la mañana. Manuel comenzó a ordenar los pedazos de esa historia que empezó a entramar en el ’95. Contó la muerte de su madre. Manuel ya había nacido. El 19 de noviembre de 1976, dijo, estaban refugiados en una casa de San Nicolás con un matrimonio que huía de Capital Federal con dos niños. En la madrugada, un operativo de unas 40 personas, integrado por las fuerzas de seguridad conjuntas, rodeó la casa y la destruyeron. Dijo: "El único sobreviviente de ese episodio fui yo".
Permaneció aislado en un hospital durante cuatro meses, seguramente trasladado por el responsable del operativo. El juez a cargo de su caso no hizo nada para devolverlo a su familia. "Perdí mi identidad", y creció sabiendo sólo que era hijo adoptivo. En 1995 conoció a su abuela y a su hermano Gastón. "Y empecé a encontrarme con toda esta historia, parte de ella es la que se va a contar en esta causa."
En ese camino necesitó acercarse a los lugares por los que habían pasado sus padres. Volvió a la casa de San Nicolás, a los lugares de militancia en Garín, Maschwitz y Escobar. Al año siguiente, el testimonio de una empleada del cementerio de Escobar permitió localizar tumbas de NN con cuatro personas, entre las que estaba su padre. "Nos ofrecieron ver los restos, pero yo intentaba recuperar la historia y me resultaba raro encontrarme con los huesos, a los que finalmente vi involuntariamente hojeando las páginas de Crónica."
"Lo que más me acuerdo –dijo– es de una frase que el juez le dijo a mi abuela: ‘Señora, ahora usted va a poder hacer su duelo’. Poco a poco entendí que eso era fundamental." Tras la exhumación, la madre de Gastón quiso cremar sus restos. Manuel intentó convencerla de no hacerlo. Pero ella tenía miedo de que alguien los levantara y volvieran a ser tirados en algún lugar. "Mi abuela me había buscado a mí, a mi papá, a mi mamá, había motorizado todo, con lo cual no podía pedirle mucho más." Manuel la acompañó porque la imaginó sola. Cuando llegó, ella estaba con una bolsa en la mano. Le pidió ayuda y él la llevó a los bosques de Palermo. "Ahora finalmente son libres", le dijo Matilde cuando todo terminó.
La noticia de su restitución reactivó los primeros tramos de la investigación que empezó para saber qué había pasado con sus padres. Conoció a Eva Orifici y a Raúl Marciano, dos compañeros de militancia de Gastón, que declararon poco más tarde y que estuvieron secuestrados con su padre. "Ellos son los primeros que nos dicen que mi papá estuvo en la comisaría de Escobar", dijo.
Empezó a descubrir a Patti. "Para mí era muy llamativo –dijo–. Patti era una figura pública porque era intendente; era la persona que había ido a esclarecer el caso María Soledad mandado por el presidente de entonces en base a sus poco felices antecedentes. Para mí ése era Patti, no tenía idea de cuál era la relación con los desaparecidos, con mi papá, pero empecé a escuchar que había sido oficial de calle, su nombre aparecía como una referencia directa a él, era joven en ese momento como ellos, era ‘el loco Patti’ y sabían que con él iban tener problemas." Lo misma confirmación obtuvo su abuela Matilde en una marcha. La mujer de otro de los secuestrados se acercó a decirle que a Gastón y a su marido se los había llevado Patti.
Su abogada, Ana Oberlin, guió las primeras preguntas. Manuel explicó que el 24 de marzo, luego de la detención de Gastón, fueron a la casa, ataron a la abuela, la encapucharon y se la llevaron a un lugar que otro testigo identificó como la comisaría 21ª de Capital Federal. "Mi abuela tenía la fantasía de que en realidad mi papá estaba ahí y, por lo tanto, hacían eso para que él la escuchase." Cuando salió, se dio cuenta de que estaba a unas cuadras de la casa, de donde le habían sacado todo, hasta las gaseosas. "Encontró el departamento destruido, y se fue a la misma comisaría para decirles: ‘Ustedes me robaron todo’. Pero no le tomaron la denuncia."
Su hermano Gastón, integrante del grupo Los Pericos, se sentó poco después en esa misma silla. También él contó esa historia dividida con datos que habían quedado en otro lugar. Hijo de la primera esposa de Gastón, con la que había militado, vivía para la época del golpe en una casa de Belgrano. Gastón situó a su padre como trabajador del Banco Nación, echado luego de un reclamo por una guardería. Y la persona que se había dedicado a hacer trabajo de base en Garín entre la Juventud Peronista. Veía a su padre dos veces a la semana. El resto del tiempo estaba en el territorio. "Era su lugar –dijo–. Hacía trabajo de alfabetización, caminos, escuelas, guarderías, un lugar al que yo iba, un lugar de mucha alegría."
Al poco tiempo, dijo, "dejé de ir; mi papá tenía problemas con la policía. El día del golpe no lo vi. El llegó tarde a casa, escucharon el golpe con mi madre, y él se dirigió temprano a su zona de militancia".
Al día siguiente los llamó su abuela. Su abuelo fue a la comisaría. La abuela presentó un hábeas corpus. A los seis meses, Emilio Grasselli, de la vicaría castrense, les dijo que no lo busquen más, que había muerto.
Madre e hijo se exiliaron en Brasil, sin contactos ni dinero. Estuvieron unos meses hasta que los expulsaron porque no tenían permiso de trabajo. Se instalaron en Villa Gesell. "Mi madre cargó sobre las espaldas la viudez, a su hijo, sola; yo supe de mi hermano veinte años después –dijo–-. Pensé que no era factible encontrarlo." También mencionó la recuperación del cuerpo de su padre. "No fue fácil –dijo–, no hubo predisposición de la intendencia: irónicamente era Patti el intendente. Sabemos que del libro de ingresos faltaban las hojas del 2 de abril de 1976", el día que apareció el cuerpo carbonizado de Gonçalves. Los restos de "mi padre no tenían forma de esqueleto, eran como pedacitos de madera balsa con partes esponjosas; uno espera de alguna manera ver a su padre y ve algo que no es; a mí, como víctima, me produce una cosa extraña", explicó. "Este genocida se presentaba para decir abiertamente que había realizado una serie de homicidios y apremios ilegales, la gente lo votó y yo espero que la Justicia repare."
Antes de terminar le pidió a Larrandart permiso para leer algo. Era una poesía escrita por su padre. Que era militante, dijo, pero también era poeta. Y luego afirmó: "Esto era mi padre, al que extraño todos los días".
Siguió el testimonio de Jorge Gonçalves, que describió la desaparición de su hermano y las búsquedas. Su hermano había estado detenido varias veces, explicó: una en la Regional de San Martín y otra en la comisaría de Escobar, a fines de 1975. "Fui a preguntar por mi hermano –contó– y me dijeron que no estaba." Pidió por el oficial. "Ya le van a dar la libertad a su hermano", le respondió. Entonces le preguntó a esa persona por qué siempre detenían a Gastón, lo tenían dos o tres días y lo largaban. "Lo que pasa con su hermano –le respondió ese oficial– es que es un avivagiles." Jorge aseguró que con el tiempo se dio cuenta de que esa persona era Patti.
15 de octubre de 2010
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condenas por unidad 9


Penas de entre diez años y perpetua para los acusados por los crímenes cometidos en la U9 de La Plata. Fueron juzgados catorce ex penitenciarios que trabajaron en la Unidad 9 durante la última dictadura militar. Se ordenó investigar "la continuación de las autoridades militares que habrían participado de estos hechos y los jueces mencionados en las audiencias".
[María Laura D’Amico] Argentina. Prisión perpetua y entre diez y veinticinco años fue la condena que dictó ayer el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata a los catorce ex penitenciarios que trabajaron en la Unidad 9 durante la última dictadura militar. La resolución que leyó el juez Carlos Rozanski calificó los hechos que se juzgaron como "delitos de lesa humanidad" que fueron cometidos "en el marco de un genocidio" que hubo en Argentina entre 1976 y 1983.
Cientos de militantes de organizaciones políticas y sociales que desde temprano aguardaban en las afueras de la ex AMIA la lectura del veredicto escucharon y aplaudieron, adentro de la sala y, a través de una pantalla, en la vereda, la condena a prisión perpetua al ex director del penal, Abel David Dupuy, quien fue encontrado autor de los delitos de "tormentos en perjuicio de 57 personas; homicidio calificado por alevosía reiterada en cinco oportunidades en concurso real; autor de tortura seguida de muerte en infracción por omisión en perjuicio de Alberto Pinto; privación ilegal de la libertad agravada en tres casos".
El segundo jefe de la Unidad, Isabelino Vega, y quien se desempeñara como jefe de Vigilancia y Tratamiento, Víctor Ríos, recibieron la misma pena por ser autores de tormentos, comisión por omisión del homicidio calificado por alevosía en perjuicio de Marcos Ibáñez Gatica; comisión de torturas seguidas de muerte en el caso de Pinto y privaciones ilegales de la libertad.
Acusados de numerosos casos de tormentos, el ex director de Seguridad del Servicio Penitenciario Bonaerense, Elvio Osmar Cosso, y el ex agente penitenciario Ramón ‘El Manchado’ Fernández fueron condenados a 25 años de prisión. A Fernández, además, se lo condenó por "infracción del deber de torturas seguidas de muerte en el caso Pinto".
Raúl Aníbal Rebaynera, alias ‘El Nazi’, también fue condenado por unanimidad a prisión perpetua por ser "autor de tormentos y por el homicidio calificado por alevosía en perjuicio de Ibáñez Gatica". En tanto, Catalino Morel fue encontrado responsable de "tormentos en el caso Arnaldo Arqués" y de "tortura seguida de muerte en perjuicio de Pinto", y recibió una pena por unanimidad de 25 años de prisión.
José Luis Peratta, conocido como ‘El Vietnamita’, era adjuntor de la U9 y fue condenado a catorce años por ser "autor de tormentos en seis casos". Héctor ‘El Oso’ Acuña, quien fuera subalcalde del SPB, fue acusado de "tormentos en perjuicio de Eduardo Zabala" y condenado a diez años de prisión, un año menos de los que recibieron por tormentos Segundo Andrés Basualdo y Valentín Romero. Estas condenas fueron efectuadas por mayoría de los jueces Mario Portela y Roberto Falcone, con disidencia de Rozanski en todos los casos.
Las últimas penas en conocerse fueron las de los médicos. En medio de un clima tenso provocado por cruces verbales entre integrantes del público y familiares de los imputados, Rozanski continuó con la lectura del fallo y señaló que Carlos Domingo Jurío, Enrique Leandro Corsi y Luis Domingo Favole fueron condenados, con su disidencia, a trece años de prisión por ser autores "del delito de infracción del deber en comisión por omisión de tormento agravado por resultar la muerte de la víctima en perjuicio de Pinto". El tribunal ordenó que se mantuviera su detención preventiva, mientras que ordenó revocar las domiciliarias de las que gozaban Vega, Cosso, Fernández y Romero y su inmediato traslado al penal de Marcos Paz. Sobre el final del veredicto, Rosanzki señaló que "todos los delitos por los cuales se rige esta condena son crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar durante la última dictadura cívico-militar en Argentina". Además, indicó que durante la inspección ocular se pudieron observar las "condiciones inhumanas de detención que padecen las personas alojadas en las celdas conocidas como Pabellón de separación del área de convivencia (ex chanchos)", y solicitó que se oficie a las autoridades provinciales acerca de esta situación. Asimismo, ordenó investigar "la continuación de las autoridades militares que habrían participado de estos hechos así como también de los jueces mencionados en las audiencias".
Al salir de la audiencia, entre los cánticos de la multitud que aguardaba afuera de la sala, los abogados querellantes Marta Vedio (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) y Marcelo Ponce Núñez (Central de Trabajadores Argentinos) destacaron la "excelencia" del fallo y la importancia de discriminar la responsabilidad que cada imputado tenía en los delitos de los que se los acusó. Por su parte, el abogado Carlos Pinto calificó al fallo de "equilibrado" y dijo que "las penas son ejemplares pero podrían haber sido mayores, especialmente en el caso de los médicos por el nivel de participación que tuvieron".
Por su parte, el abogado y testigo en este juicio, Carlos Slepoy, dijo que el fallo es "reparador", aunque consideró que "la calificación de crímenes de lesa humanidad en el marco de genocidio es errónea porque acá hubo un genocidio" y agregó: "Que un tribunal lo diga nos ayudaría para demostrar que no sólo los que están siendo juzgados son responsables, sino el bloque social que llevó adelante este exterminio, como los sectores económicos".
14 de octubre de 2010
©página 12
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mujeres presas publican revista


Mujeres detenidas crearon una revista que incluye una fotonovela. La semana que viene saldrá el primer número de la revista ‘Mariposas libres’, realizada por las propias internas de la Unidad 5, de la cual muchos rosarinos desconocen su existencia.
[Lorena Panzerini] Argentina. El 70 por ciento de los rosarinos no sabe que existe una cárcel para mujeres en la ciudad. Para revertir esa situación, el colectivo femenino Las Juanas lanzará la revista ‘Mariposas libres’, realizada por las propias internas de la Unidad 5. La penitenciaría está ubicada en Pasaje Thedy al 300 bis, en la zona norte de la ciudad, a pocas cuadras del parque Scalabrini Ortiz. "La cárcel las daña, y en el Estado no hay políticas de género pensadas para aplicar en estos casos", apuntó Gabriela Sosa, coordinadora de Las Juanas. Además, señaló que dentro de la unidad de detención, "no hay un fortalecimiento de sus derechos ni aportes de capacitación para que cuando salgan puedan insertarse en el mercado laboral actual. Eso sumado al prejuicio social contra las chicas jóvenes que salen con marcas de cortes, quemaduras y tatuajes, hace que sea muy difícil su regreso a la vida social en libertad y fomenta la reincidencia", aseguró. Por eso, los textos y fotografías de las presas, plasmadas en esas páginas, serán también una excusa para crear un espacio de expresión en un lugar de encierro.
Angustia, soledad, búsqueda de reconocimiento, contención, aceptación, arrepentimiento, deseos y sueños de familia, son algunos de los temas que las mujeres privadas de su libertad plasmaron en esta primera edición de la revista, que promete repetirse a fin de año. Además, una fotonovela con matiz carioca mostrará una faceta creativa de todas ellas, y un suplemento futbolístico marcará la diferencia en una publicación hecha por mujeres para la sociedad.
Sosa adelantó a Rosario/12 algunos de los detalles que podrán verse en la edición que se lanzará en una semana. "La fotonovela ‘El brazuca de mi vida’, con fotografías que ellas mismas tomaron en el penal, contará con imágenes y pocas palabras, la historia de una madre con varias hijas, con una carga muy pesada a la hora de desarrollar las tareas del hogar. En un momento determinado del relato, aparece un amor; y surgen muchas discusiones intrafamiliares. La idea es replantear el concepto de la familia. Se plasman además historias vividas por las propias internas, porque entre todas armaron el guión", comentó.
En otra parte de la publicación, las mujeres hablan de fútbol y posan, como los grandes jugadores de la historia, para lograr imágenes de las jugadas más recordadas. "Les llevamos a las pibas pelucas de Maradona y camisetas para que ellas mismas se fotografíen", comentó Sosa, quien agregó que "al principio había mucha timidez, pero después las chicas se fueron desenvolviendo, y las que no querían salir en las fotos, descubrieron que les gusta la idea de fotografiar, y trabajaron en eso".
La publicación es el fruto del trabajo de las integrantes de Las Juanas, durante tres años, dentro de la cárcel de mujeres. Ellas, junto con estudiantes del ISET 18, desarrollaron el proyecto que "busca ser un espacio de participación y expresión que aporte a fortalecer los derechos de las mujeres", apuntaron. En el trabajo de las internas, participaron más de 20 mujeres, de entre 19 y 30 años; a excepción de la protagonista de la fotonovela: una señora de más de 60.
En cuanto a la periodicidad con la que saldrá ‘Mariposas libres’, la representante de Las Juanas señaló que "la idea es sacar otra edición a fin de año". Sobre el financiamiento, Sosa comentó: "La primera se hizo de manera gratuita, porque está dentro del proyecto; pero para las próximas ediciones probablemente salgamos a buscar publicidad y apoyo económico de diferentes organizaciones interesadas en que la revista se siga haciendo".
Sosa recuerda que al principio y durante dos años, Las Juanas pudo trabajar "solamente con el grupo de las mujeres condenadas, dentro de la unidad, pero no con las procesadas". En las reuniones de los sábados, las mujeres analizaron la idea de fortalecer sus derechos, y así surgió la posibilidad de las internas de incursionar en la fotografía, la poesía y los relatos. Esa idea cobró fuerza cuando analizaron los resultados de una encuesta, desarrollada por Las Juanas, en las manzanas lindantes al penal, cercana a uno de los centros comerciales de Rosario. "Entrevistamos a la gente que entraba y salía del shopping ubicado frente al parque Scalabrini Ortiz, y a quienes rondaban la zona. Como resultado, surgió que el 70 por ciento de los consultados no sabía de la existencia de la cárcel de mujeres", comentó Sosa. Por eso, "en 2009 se armó el proyecto de la revista y fue presentado en la Secretaría de Cultura". Cuando se aprobó, comenzaron a trabajar en la edición que podrá leerse desde la semana que viene.
El colectivo de mujeres tiene una mirada crítica sobre la situación de encierro en la unidad 5. "Muchas de las chicas vienen con historias que no empezaron a ser complicadas desde que están en la cárcel, sino que las acarrean desde que eran adolescentes. Sus sueños son tan simples como tener una familia", relató Sosa. "La cárcel las daña porque no hay políticas aplicadas al género, y éste (el taller de los sábados, donde se hace la revista) es nuestro pequeño aporte", dijo. "Tampoco hay condiciones edilicias adecuadas para las madres que están con sus hijos dentro de la unidad", señaló y remarcó que en la actualidad son tres los niños que viven dentro de la penitenciaría con sus mamás.
La presentación de la primera edición se realizará dentro de la unidad, el martes 19, desde las 14.30, donde se festejará con una kermés el lanzamiento de la publicación, que incluye notas de la periodista de Rosario/12, Sonia Tessa.
14 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
©rosario 12
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