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el lugar exacto del horror


Inspección en el predio donde funcionó el centro clandestino El Campito, en Campo de Mayo. El EAAF logró determinar la estructura y ubicación exacta de dos quinchos, dos galpones grandes, dos piletas y la maternidad clandestina que allí funcionó. Buscarán restos óseos en un área de 350 por 320 metros.
[Adrián Pérez] Argentina. Sin duda, el testimonio de Juan Carlos ‘Cacho’ Scarpatti fue vital para determinar su ubicación en el gigantesco predio militar de Campo de Mayo. Después de un allanamiento ordenado por el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 2 de San Martín, a cargo de Juan Manuel Yalj, El Campito, uno de los mayores centros clandestinos que existió en Argentina durante el terrorismo de Estado fue señalizado días atrás por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Ayer, por primera vez, se organizó una visita al lugar. Si bien aún no se encontraron restos óseos humanos, Marcelo Castillo y Juan Nóbile, miembros del EAAF, lograron determinar su estructura y la ubicación exacta de dos quinchos, dos galpones grandes, dos piletas y una maternidad clandestina que allí funcionaron.
En función de los testimonios que señalan posibles lugares de inhumación de cuerpos, con la primera etapa de excavación finalizada –que comenzó el 14 de septiembre y demandó ocho jornadas–, comenzará el trabajo de búsqueda de restos humanos en un área de 350 por 320 metros. "La idea es cercar el perímetro para hacer el trabajo de manera más controlada, en términos de la superficie que tiene el predio", destacó Castillo. Hasta el momento, se excavó en una zona de 80 por 100 metros.
"Esta primera etapa no estuvo orientada estrictamente a la búsqueda de restos óseos humanos, sino que las denuncias de posibles inhumaciones están vinculadas con las estructuras, y a partir del reconocimiento de esas estructuras vamos a comenzar con la búsqueda de restos óseos", destacó Nóbile en diálogo con Página/12. "Que pueden llegar a corresponder o no a (Mario Roberto) Santucho no es exclusivo de la búsqueda de sus restos." La segunda etapa de búsqueda prevé un trabajo de desmonte y preparación del terreno.
En el estacionamiento del Hospital Militar de Campo de Mayo, el transporte del Ejército esperó bajo el calor del mediodía a periodistas, familiares y miembros de organizaciones de derechos humanos para trasladarlos hasta El Campito. El ómnibus se abrió paso entre la arboleda, por una calle interna del destacamento militar, hasta el polígono de tiro. Allí giró a la izquierda. Un sendero de tierra de un kilómetro y medio separaba al ómnibus del ex centro clandestino de detención. En un paraje rodeado de frondosa vegetación, a ochocientos metros de la pista de aterrizaje desde donde partían los "vuelos de la muerte" (en sus testimonios, Scarpatti reconoció que vio salir en esos vuelos entre 400 y 500 personas) y a un kilómetro y medio del polígono de tiro, esperaban el juez Yalj y sus colaboradores.
También Castillo, Nóbile y Luis Fondebrider, titular del EAAF. El predio fue delimitado, entre excavaciones y zanjas señalizadas, por las cintas blancas y rojas que se utilizan en los procedimientos judiciales. Durante una hora y media, los especialistas del equipo de antropología condujeron al contingente de treinta personas que llegó hasta El Campito y señalaron con paciencia cada punto identificado. El reconocimiento del terreno se apoyó en fotos aéreas del predio tomadas en 1974 por el Instituto Geográfico Militar, y otras de agosto de 1979, donde se observa la demolición del centro clandestino. Esa información se cruzó con el testimonio y un plano aportado por Cacho Scarpatti, quien estuvo detenido en El Campito. Según el testimonio de los sobrevivientes que por allí pasaron, se estima que albergó entre tres mil y cinco mil presos políticos durante la dictadura militar. Sólo habrían sobrevivido poco más de cien.
Scarpatti fue uno de esos sobrevivientes. La vida del Loco César –tal su nombre de guerra– es merecedora de una película. Detenido el 28 de abril de 1977, llegó al centro clandestino herido de nueve disparos después de tirotearse con una patota que lo emboscó en una cita fraguada. Allí estuvo secuestrado aproximadamente cinco meses hasta que, durante un traslado a otro centro clandestino, logró desarmar a uno de sus captores y se arrojó del auto donde viajaba. Luego de recuperar a su hija viajó rumbo a Brasil y posteriormente a Europa. En julio de 1979 atestiguó por primera vez, en Ginebra, ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El jefe montonero falleció en agosto de 2008. Antes aportó información vital que contribuyó a la identificación de El Campito. "Este es el sitio donde es traído Cacho." Castillo apuntó sobre uno de los pozos y señaló el lugar donde se confinaba a los detenidos. Allí los niveles de destrucción para borrar las pruebas fueron más altos. Giró para mostrar el espacio destinado a la primera maternidad clandestina, y la "veterinaria", donde Silvia Quintela y Yoli curaron las heridas de Cacho. "Nosotros suponemos que por la condición de la tierra, las zonas más húmedas y enterradas, el nivel de demolición se produjo en la zona más alta –graficó Castillo–. Se verifica la superficie donde estuvieron apoyados los pisos del lugar y algunas líneas de cimientos donde todavía no hemos terminado de excavar." La zona donde funcionaron los piletones es uno de los sitios que todavía no ha sido examinado, donde los represores practicaban las sesiones de tortura. "La idea es continuar con los caños hasta poder identificar todas las estructuras que nos quedan", agregó.
Al final de la visita, Facundo Juan Scarpatti, hijo de Cacho Scarpatti, consideró que se está viviendo "un momento importante para todos". "Junto con la alegría del pueblo, Argentina está recuperando un montón de cosas que hacen a su historia reciente", concluyó.
13 de octubre de 2010
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cuchillo en el corazón


Chicha Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, declaró por el plan sistemático de robo de bebés. Fue una audiencia anticipada del juicio que comenzará en marzo. Mariani pidió declarar por temor a no poder hacerlo en ese momento. Habló de la posibilidad de que Marcela Noble sea su nieta Clara Anahí, secuestrada durante la dictadura.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Uno de los grandes miedos era que pasara el tiempo y no encontráramos a los chicos –señaló María Isabel Chorobik de Mariani–. Son treinta y tres años de incertidumbre. Es una tortura continua. Nosotros lo sabemos, es un cuchillo en el corazón, hasta que un día quizás en este camino encuentre a mi nieta."
Chicha Mariani abrió en los hechos con su testimonio la etapa oral del juicio contra los jefes de la última dictadura por el robo y apropiación de bebés. El juicio oral cuyo comienzo fue postergado el último 20 de septiembre pasado se iniciará formalmente el próximo marzo. Lo de ayer fue un anticipo de ese debate. A los 86 años, la fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo le pidió al Tribunal Oral Federal 6 adelantar su testimonio, temerosa en cierta forma de no estar en condiciones para declarar en marzo.
En su relato, la mujer que aún sigue buscando a su nieta Clara Anahí habló del secuestro de su nuera, de la muerte de su hijo y de la desaparición de la niña. Enumeró las incontables gestiones que llevaron adelante las primeras mujeres que iniciaron las búsquedas de sus nietos. Habló del primer antecedente de Abuelas, como Asociación de las Abuelas con nietitos desaparecidos; de los avatares para encontrar en cualquier lado del mundo las formas para poder comparar las huellas genéticas de sus sangres con las de los niños robados. Y también del caso Noble Herrera, y de las señales que a ella le permiten sostener las sospechas de que Marcela Noble podría ser su nieta: "Yo leía todos los días varios diarios. Una vez supimos en Abuelas que los hijos de Noble eran adoptados. Yo pensé: ¿por qué Marcela no podría ser Clara Anahí?".
Como otros familiares, había ido a ver a representantes de la Iglesia Católica. Entre ellos, a monseñor José María Montes, en la catedral de La Plata, y luego a Emilio Grasselli a la capilla Stella Maris. Les pidió ayuda, les dio los datos, y cuando regresó a buscar información, ambos, en oportunidades distintas, le respondieron más o menos lo mismo. Montes la recibió enojado diciéndole que estaba entorpeciendo la vida de la gente que tenía a la nena, que no lo molestara más y le cerró la puerta en la cara. Grasselli fue más directo. "Me dijo –indicó Chicha– muy enojado, que mi nieta estaba con gente de mucho poder y que no se la podíamos sacar."
Cuando las Abuelas supieron de la adopción de la dueña de Clarín, Chicha fue al juzgado donde estaba el expediente, y se quedó buscando hasta tarde información. Allí vio que las fechas no coincidían (Marcela fue supuestamente adoptada en mayo de 1976) y se dijo a sí misma que no iba a seguir con el caso, que lo dejaba en manos de otras abuelas.
La búsqueda sin embargo no terminó. Cuando se enteró de las irregularidades del expediente de adopción, volvió a pensar en la posibilidad de que Marcela fuera Clara Anahí. Chicha aseguró en la audiencia que Juan Fiorillo, el policía que sacó de la casa de su nuera a Clara Anahí, fue "el mismo que la llevó a la casa de los Noble". Camps, dijo, "le ordenó a Fiorillo que pusiera a la nena en el auto" con el cual primero la llevaron al Hospital Italiano de La Plata para una revisión. El jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires había dirigido personalmente el operativo en la casa de su nuera, Diana Teruggi, en la calle 30 de La Plata, el 24 de noviembre de 1976.
Una y otra vez habló de Marcela. Ya había dicho que durante muchos años las abuelas habían ido encontrando caminos alternativos para tratar de identificar a sus nietos. Que cuando todavía no estaba la posibilidad del ADN, aprendieron que había ciertos rasgos que podían heredarse. En la audiencia se acordó de las imágenes del casamiento de Felipe Noble, y de cómo había logrado ver la imagen de la mano de Marcela, convencida de que es como la de ella.
Antes y después, explicó cómo nacieron los primeros datos de los análisis genéticos. En los años de la dictadura, ella había leído algo en un diario sobre la posibilidad de obtener información a partir de análisis de sangre, pero sin la presencia de los padres biológicos. Llevaba ese papelito en la agenda. Viajaron a Suecia a preguntar si eso existía, se reunieron con el director del Instituto de Sangre, que al escucharlas se puso tan nervioso, recordó, que se pasó toda la entrevista arañándose el cuello. Viajaron al Hospital de la Piedad en París, pero tampoco sabían absolutamente nada de lo que ese papelito decía. Fueron a Alemania, donde les dijeron que era absurdo y que de dónde habían sacado la noticia. Viajaron a Finlandia, convencidas de que podían encontrar a uno de los chicos porque tenía una marca en el esternón. "Buscábamos a ciegas –dijo–. Nada se sabía, nos mentían", hasta que llegaron al banco de sangre de Nueva York y de allí a California, donde les dijeron que sí, y empezaron a trabajar en lo que luego se conoció como el "índice de abuelidad".
En la audiencia, Chicha enumeró los hábeas corpus, los contactos con referentes de la Iglesia Católica, el intento frustrado de una entrevista con el papa Juan Pablo II. Las entrevistas con líderes de otras Iglesias. "La Iglesia argentina nos cerró la puerta –dijo, cansada–. Entonces yo necesitaría tener tres vidas más para seguir buscando a mi nieta. Como dije, me enojo también ahora."
13 de octubre de 2010
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padres de la plaza


Este jueves se estrena ‘Padres de la Plaza, 10 recorridos posibles’. El documental de Joaquín Daglio recorre, a través de los relatos de diez padres de desaparecidos, la búsqueda, la militancia de los hijos y el duelo. Testimonios que dan cuenta de un compromiso menos orgánico que el de las Madres, pero digno de ser conocido.
[Ana Bianco] Argentina. El documental ‘Padres de la Plaza 10 recorridos posibles’, del director debutante Joaquín Daglio, muestra a hombres que estuvieron a la altura de las circunstancias. La Plaza de Mayo es un lugar simbólico, del que las Madres se apoderaron. Pero los hombres las acompañaban en las proximidades de la plaza y además realizaban otras tareas que les permitían ir llenando el agujero producido por la desaparición de sus hijos/as. La película recorre a través de los relatos de diez padres, la desaparición, la búsqueda, la militancia de los hijos y un duelo inconcluso, inevitable cuando no existe un lugar para inscribir la muerte. Tres padres de desaparecidos, convocados por Página/12, comparten sus opiniones sobre el film que se estrena este jueves.
"Los padres nunca estuvimos ausentes –dice el abogado Rafael Beláustegui–, sino realizando otras tareas: averiguaciones ante las autoridades militares, judiciales (presentación de hábeas corpus) y eclesiásticas. En cuarteles, comisarías, hospitales, cementerios, y en cuanto lugar teníamos la esperanza de encontrar respuesta a la falaz iniquidad de que nuestros hijos estaban ‘desaparecidos’. Yo perdí a tres hijos con sus parejas, y dos nietos en gestación. Martín y Cristina el 26 de julio de 1976, día del cumpleaños (20) de mi hijo, que ese mismo día, por carta recibida en Brasil, me escribía que esperaban mi primer nieto; mi hija Valeria y Ricardo, el 13 de mayo de 1977 y José y Cristina el 30 de mayo, del mismo año. Era el día en que mi hijo José cumplía 23. Mis tres hijos eran militantes sociales activos, del ERP. La película nos muestra presentes, no orgánicamente, como las madres con sus simbólicos ‘pañuelos blancos’, pero sí cumpliendo otras funciones riesgosas y acompañando a nuestras mujeres en la Plaza. Algunos eran militantes, o participaban en los organismos de derechos humanos. Otros no, como yo, que vivía en Brasil y participaba en alguna marcha, aun en plena dictadura, cuando volvía en busca de mis hijos. Matilde, mi esposa, en permanente comunicación conmigo, vivía en Francia. Mis hijos se nutrieron de mis ideas políticas de juventud y de los libros marxistas que me ‘sustraían’ de la biblioteca. No me arrepiento de ello, a pesar del trágico final que tuvieron. Daglio y su equipo merecen reconocimiento; la película quedará como un aporte para la verdad histórica del tenebroso período militar que pretendió hacer ‘desaparecer’ a esa juventud y, en realidad, los mataron para darles vida eterna en las futuras generaciones."
"En el campo de concentración de Treblinka una frase dice: ‘Escribid, que eso queda’ –afirma Marcos Weinstein, quien con su 82 años continúa ejerciendo como psiquiatra–. Y como el cine es literatura en imágenes, acepté participar para dar difusión a la temática de los derechos humanos, con la que estoy comprometido. Mi hijo Mauricio era militante de la UES, fue secuestrado el 19 de abril de 1978, a los 18 años. A partir de ahí consulté con la APDH y con las Madres. Declaré en el ’85 en el juicio a las Juntas. Comenzamos a planificar la creación de la Fundación Memoria Histórica y Social Argentina, con otros afectados que no coincidían con los organismos, que se seguían dividiendo. Con Mauricio Brodsky trabajamos en la Asociación de Familiares de Desaparecidos Judíos. La película aporta el mensaje del compromiso de los familiares durante el período de la dictadura y después en las organizaciones. Son fracciones de historias de vida, de tantos argentinos que fuimos víctimas de la dictadura. Las historias muestran un perfil diferente de cada uno de nosotros y asimismo del desaparecido, como una forma de preservar su identidad y no sólo la figura, como se hacía al principio en las marchas: un cuerpo vacío."
Oscar Hueravilo es chileno, mapuche, se reconoce marxista de toda la vida y dice: "Los padres nos automarginamos por el temor a caer presos. De los padres de la película me duele nombrar a Mario Belli, un gran luchador y compañero que ya no está. Nos conocemos desde la época en que íbamos a la Liga Argentina por los Derechos Humanos y después a Familiares, del que soy uno de los fundadores. Me encantó que Joaquín, el director, se preguntara qué pasaba con los padres, dónde estaban, y empezara a investigar, a buscar a los viejos militantes hasta llegar a mi casa en Berazategui. Relato el secuestro de mi hijo ‘Taro’ y de mi nuera y la historia de mi nieto recuperado. Cuando la vimos con mi nieto en una privada, me emocioné y lloré durante toda la película. No por cobardía, sino por dolor e impotencia ante los genocidas. Me fui del PC en el ’79. Me dolió la posición de los dirigentes del PC, que fueron poco solidarios con sus desaparecidos. Mi hijo era un cuadro político, estaba estudiando Derecho y mi nuera era maestra. Los padres de la película reivindican la lucha popular de sus hijos/as o yernos antes y después de la dictadura. Además exigen que los gobiernos de turno sigan haciendo juicios. El sufrimiento que sentimos es similar. Emiliano nació el 11 de agosto en la ESMA. Mirta lo amamantó durante 22 días y después la ‘trasladaron’. Mi esposa y yo militábamos y además yo era delegado en la construcción. Mi hijo de chico no tenía con quién jugar y en mi casa yo escondía los libros, folletos y los diarios del partido para que él no los viera. Estaba terminando la primaria y un vecino me dijo que lo había visto a ‘Taro’ en la marcha de los docentes con su maestra. El había leído todos los libros que yo escondía. ¡Qué chico! Antes me enojaba y ahora me río".
13 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
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pj expulsa a condenados


Cancelan afiliaciones a dos condenados por crímenes de lesa humanidad. Con los símbolos del peronismo, Facino ganó dos elecciones comunales en San José del Rincón, mientras Ramos fue candidato a concejal en 1991 y luego a diputado nacional. El pedido de expulsión lo hizo el vice del PJ, Jorge Fernández.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El PJ santafesino podría ser el primer partido político de la provincia y posiblemente del país que cancelará la ficha de afiliación de dos condenados por crímenes de lesa humanidad. El Tribunal de Disciplina partidario ya tiene lista una resolución que se conocería esta semana y aconsejará la expulsión del ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino y del ex agente de inteligencia de la Policía de la provincia, Eduardo Ramos, quien durante la dictadura operó como infiltrado en la Universidad Nacional del Litoral. Facino cumple dos condenas: una, a 20 años de prisión por secuestros y torturas a detenidos políticos y otra, a 23 años por el homicidio de una militante de las Ligas Agrarias, Alicia López, en 1976, mientras que Ramos fue sentenciado a 23 años de cárcel por privación ilegítima de la libertad y tormentos. "Hay razones políticas, éticas y jurídicas que justifican esta medida", dijo el vicepresidente del PJ, Jorge Fernández, quien solicitó la expulsión de ambos represores a principios de julio. Con los símbolos del peronismo, Facino ganó dos elecciones en la localidad de San José del Rincón, donde la mayoría lo consagró presidente comunal y hasta intentó una segunda reelección en los comicios de 2005, pero fue impugnado por la diputada del Frente Progresista, Alicia Gutiérrez; en tanto que Ramos fue candidato a concejal en 1991 y luego a diputado nacional.
Fuentes consultadas por Rosario/12 revelaron que la decisión del Tribunal de Disciplina del PJ de recomendar la expulsión de Facino y Ramos fue adoptada la semana pasada. Ahora, falta que el dictamen sea comunicado al consejo ejecutivo provincial que preside el senador Ricardo Spinozzi y eso podría ocurrir entre mañana y el jueves.
El trámite no resultó tan lineal como se especulaba después de las condenas. El doctor Fernández pidió la expulsión de ambos represores a principios de julio. El Tribunal de Disciplina le dio curso a comienzos de agosto y hasta tenía previsto pronunciarse sobre el tema el 20 de agosto, pero el planteo de algunos integrantes del cuerpo postergó la resolución. "Hubo demoras porque algunos miembros del Tribunal sostuvieron que las sentencias no estaban firmes y que había que escuchar a las partes. Un artilugio para demorar el proceso", dijeron las fuentes.
Finalmente, la semana pasada, la mayoría del Tribunal consideró que la expulsión de Ramos y Facino era factible por la gravedad de los delitos que se les imputan, y a pesar de que las condenas no están firmes. Ese fue uno de los argumentos que esgrimió en su petitorio el doctor Fernández al recordar el caso del represor Luis Patti, quien fue expulsado de la Cámara de Diputados de la Nación sin sentencia firme. En el escrito del vicepresidente del PJ trabajaron la doctora Fernanda Llobet, especialista en Derechos Humanos y el doctor Leandro Bussatto, coordinador provincial de la juventud del Frente para la Victoria que le dio forma definitiva al escrito.
La primera que solicitó la expulsión de Ramos del PJ fue una de sus víctimas, Anatilde Bugna, ex detenida política y querellante en el juicio al ex juez Víctor Brusa en el que Ramos y Facino fueron condenados a 23 y 20 años de prisión, respectivamente, en diciembre último. Bugna hizo el reclamo hace trece años, en abril de 1997 -que fue publicado por Rosario/12 porque su victimario aparecía "en el informe de la Conadep Santa Fe del año 1984 como uno de los torturadores de la dictadura". "La violación de los derechos humanos durante el terrorismo de estado y la impunidad posterior -a través de las leyes de punto final y obediencia debida y los indultos han generado consecuencias profundas en el conjunto de la sociedad, han impedido el castigo a los culpables y la posibilidad de definir en el plano social qué es lo permitido y lo prohibido, qué es lo lícito o lo ilícito, lo ético y lo que no lo es", escribió Bugna.
El 23 de junio de este año, en el juicio a Facino por la desaparición de Alicia López, otro ex detenido político, José Schulman volvió a denunciar que Facino y Ramos seguían afiliados al PJ. "Lo más irónico de la situación por no decir trágico es que el PJ permitió que este Facino fuera presidente comunal de San José del Rincón. Quiero denunciar a la sociedad santafesina que Facino y Ramos siguen siendo afiliados al PJ de la provincia de Santa Fe. Un partido que alberga en sus padrones a personas que han sido condenadas por crímenes tremendos", dijo en la sala del juicio.
Dos semanas después, el vicepresidente del PJ, se hizo eco de las denuncias de Bugna y Schulman y formalizó el pedido de expulsión de Ramos y Facino por estar condenados por delitos de lesa humanidad. Y lo justificó "en razones políticas, éticas y jurídicas. Ya hay condenas judiciales y son por delitos gravísimos".
13 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
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marcela es clara anahí


Chicha Mariani: "Para mí, Marcela es mi nieta Clara Anahí". La fundadora y ex presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobik, denunció este mediodía ante el Tribunal Federal 6 que el policía que se apropió de su nieta, Clara Anahí, fue el mismo que "llevó a Marcela a los Noble desde La Plata".
Argentina. Al declarar como testigo en una audiencia anticipada en el juicio contra el dictador Jorge Rafael Videla y otros ex jerarcas militares por el "plan sistemático" de apropiación de bebés durante la última dictadura militar, Mariani identificó a Juan Fiorillo, de cuya muerte dudó, como el policía "que tuvo a Clara Anahí en el auto" cuando su nuera, Diana Teruggi, fue asesinada en noviembre de 1976.
Mariani aseguró que la hija adoptiva de Ernestina Herrera de Noble, Marcela Noble Herrera, "es mi nieta", secuestrada en noviembre de 1976 a los tres meses de edad. "Siempre lo creí posible pero cuando vi las fotos del casamiento de Felipe, hay muchos rasgos de la cara que son de nuestra familia y la mano, la tiene así como yo ahora", dijo Mariani.
La fundadora de las Abuelas y presidenta del organismo desde 1977 a 1989 fue autorizada a brindar su testimonio en una audiencia especial antes del inicio formal del juicio, el próximo 7 de marzo, en el cual están imputados Videla y Reynaldo Bignone, junto con los represores Santiago Omar Riveros, Jorge Eduardo Acosta, Cristino Nicolaides, Antonio Vañek y Rubén Oscar Franco.
Al relatar el operativo en las casa de las calle 30 de la Plata donde el 24 de noviembre de 1976 fue asesinada su nuera Diana Teruggi junto con otras cuatro personas, ‘Chicha’ evocó que el entonces jefe de la Policía bonaerense, Ramón Camps" estaba en el lugar y ordenó que la pequeña Clara Anahí, rescatada con vida, fuera sacada. "Camps le ordenó a Fiorillo que pusiera a la nena en el auto", el mismo auto con el cual fue llevada primero al Hospital Italiano de La Plata para una revisación, agregó. Relató que durante las gestiones realizadas para obtener la devolución de la bebé por un funcionario de la Universidad de La Plata, donde tanto ella como su marido trabajaban, Camps le transmitió que a la niña "no debían buscarla más porque estaba muerta".
"Cuando nos llegó a las Abuelas la información de que la hija adoptiva de Ernestina era hija de desaparecidos, yo pensé que podía ser mi nieta, pero luego abandoné esa pista porque había otras pistas mucho más seguras que nos permitieron recuperar a los primeros chicos robados", evocó. "Cuando vino la democracia, la señora de Noble se fue con sus hijos adoptivos a Suiza y los puso en un colegio, y yo creo que lo hizo porque pensó que nosotros íbamos a hacer algo con los datos que teníamos", dijo en otro momento.
El robo de Clara Anahí Mariani Teruggi, quien ahora debe tener 33 años, fue uno de los primeros denunciados a la Justicia y la propia OEA lo citó como su caso 2553 en la visita de la CIDH de 1979.
13 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
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el cardenal no quiere hablar


Bergoglio, citado por las víctimas de la ESMA, pidió declarar por escrito. Francisco Jalics y Orlando Yorio fueron dos jesuitas secuestrados mientras Jorge Bergoglio dirigía la congregación.
Argentina. Jorge Bergoglio se negó a comparecer oralmente en el juicio de la Escuela de Mecánica de la Armada. El jefe de la Iglesia argentina había sido convocado para declarar como testigo por el secuestro de los jesuitas Francisco Jalics y Orlando Yorio, que pertenecían a su congregación. La semana pasada, en una audiencia, el Tribunal Oral Federal Nº 5 notificó a cada una de las partes que, amparándose en el artículo 250 del Código Procesal Penal, el cardenal se negó a concurrir a la audiencia aunque acepta contestar las requisitorias por escrito. Los representantes de las víctimas de la Marina rechazaron el planteo: pidieron al TOF 5 que lo convoque o, tal como lo dispone ese mismo artículo, se traslade al lugar físico donde se desempeña el cardenal. Ahora, aguardan la resolución del Tribunal.
Bergoglio fue convocado a Comodoro Py a raíz del testimonio de María Elena Funes de Perinola, una catequista a la que secuestraron con los dos sacerdotes en la villa del Bajo Flores, donde hacían trabajo social. En su declaración, María Elena contó que el jefe de la congregación quitó a los jesuitas su respaldo por "razones ideológicas". Recordó que les pidió irse de la villa y que esa misma semana los secuestraron en "un gigantesco operativo". Ella también recordó que Bergoglio había mandado una nota al entonces obispo de Morón, Miguel Raspanti, advirtiéndole que los dos jesuitas "eran algo así como malisísimos" y que "estas dos personas no deberían ser aceptadas".
Desde aquel día quedó abierta la posibilidad para que el cardenal primado de la Argentina se presente a dar su testimonio en el juicio oral por los crímenes de la última dictadura en la ESMA. Pero el jueves de la semana pasada esa opción quedó en duda. Durante el debate, los integrantes del TOF 5 comunicaron la decisión del cardenal de ajustarse al artículo que prevé las condiciones de los tratamientos especiales. Ahí se indica que no están obligados a comparecer presidente, vicepresidente de la Nación, ni gobernadores o vices, ministros, legisladores, miembros del Poder Judicial y altos dignatarios de la Iglesia.
Sin embargo, recordó en la audiencia Luis Zamora –representante de una de las querellas– que el artículo no sólo prevé la opción del escrito, también dice que "según la importancia que el juez le atribuya a su testimonio y el lugar en el que se encuentren, aquellas personas declararán en su residencia oficial", hasta donde se trasladará el Tribunal.
Más temprano, por la sala había pasado Roberto Moreno, un vecino de la última casa de San Vicente en la que vivió Rodolfo Walsh. Operario, fue testigo de la explosión con la que los militares destruyeron la casa del periodista, escritor y militante el 26 de marzo de 1977. Moreno nunca había declarado, no conocía siquiera a Walsh, al que sólo reconoció leyendo un diario veinte años más tarde. Antes de retirarse, sin embargo, dijo al Tribunal que estaba dispuesto a volver todas las veces que hiciera falta. Zamora recordó justamente esa disposición cuando tuvo que replicar la posición de Bergoglio.
"Más allá de que ese vecino ni siquiera conocía a Walsh –dijo–, se acercó a relatar lo que había ocurrido por una cuestión solidaria con la sociedad." El cardenal, en cambio, debe declarar sobre cosas que sí conoció, como es el caso de esas dos personas que dependían de él y, según un testimonio, de las que tuvo conocimiento. En ese sentido, recordó en plena audiencia las opciones que puede evaluar el Tribunal para obtener su testimonio en vivo. No porque haya que hacer cumplir la ley, dijo, "sino porque esas condiciones permiten repreguntas, pero además evaluar la espontaneidad de un testimonio, por alguna razón se hacen los juicios orales". Agregó que no hacerlo es demostrar que "hay desigualdad ante la ley".
El pedido de Zamora recibió el respaldo unánime de los organismos de derechos humanos que integran las querellas en el juicio. Y además, de la fiscalía. En el otro extremo de la sala, los abogados de los represores rechazaron el planteo del cardenal pero por razones distintas. Los abogados de los acusados pidieron citar a Bergoglio y que se declare "inconstitucional" el artículo.
13 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
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no se sabe qué pasó con pablo


Testimonio por la desaparición de Pablo Miguez, secuestrado en 1977, a los 15 años. En la causa que investiga los crímenes cometidos en El Vesubio, Lila Pastoriza relató su encuentro con Míguez en la ESMA: "Me contó que lo habían torturado delante de su madre para que ella diera los datos de una hipoteca o una casa que tenían", dijo.
[Alejandra Dandan] Argentina. "No es que haga diferencias pero es un caso especial", dijo Lila Pastoriza. "A 33 años no se sabe nada de lo que pasó con Pablo, nunca nadie dijo nada. No sé por qué razón lo llevaron por distintos campos, si es que estaba tomada una decisión, si la estaban retardando. Lo sometieron a un deambular por los centros clandestinos, hay puntas para investigar qué pasó con él, hay gente que lo decidió y gente que lo ejecutó, que eran los dueños de la vida. Que hablen, no porque eso vaya a resolverlo, sino que permitiría avanzar con el conocimiento de la verdad. Si la conciencia les pesa, decirlo los va a aliviar."
Lila Pastoriza es una de las sobrevivientes de la ESMA. Ya había declarado en el juicio por los crímenes en el centro clandestino de los marinos, pero el miércoles pasado la convocaron como testigo en la sala donde se investigan los crímenes del Vesubio. Pablo Míguez es el adolescente de 15 años secuestrado el 12 de mayo de 1977, a la madrugada, de una casa de Avellaneda. Lo secuestraron con su madre Irma Beatriz Sayago o Violeta como la llamaban en el centro, y Jorge Antonio Capello, su compañero. Pablo pasó varios meses en El Vesubio, y seguramente después del 10 de agosto, tras un traslado masivo, lo llevaron a la ESMA, dijo Lila. Ahí estuvo aproximadamente un mes y medio en Capuchita, al lado de Lila, y frente a los gritos de la sala de torturas.
Capuchita era el espacio de los secuestrados del GT3 de la ESMA y de los grupos operativos que estaban vinculados con ellos. Lila era una secuestrada de la Marina y había sido detenida por el SIN, estaba ahí con otros compañeros. En un lugar bastante precario, dijo, con veinte cuchetas, tabiques con colchonetas y dos cuartos de interrogatorios o torturas. Cuando no estaba en funcionamiento, es decir, cuando, como ellos decían, "no estaban trabajando", los cuartos se usaban para que los detenidos sometidos como mano de obra esclava hicieran trabajos de archivo con los diarios. Lila era una de ellos. El 10 de agosto, contó, hubo un gran traslado que por diversas razones no va a olvidar. Llegaron otros grupos con detenidos de la Aeronáutica, en un escenario "terrible con situación de constantes picanas", picanas móviles y el guardia que trajo a Pablo se paró delante de Lila, frente al cuartito, y le dijo algo así como: "Mirá a lo que hemos llegado". Le levantó la capucha a Pablo. "Era flaco, alto, esmirriado, y estaba con ropa un poco rosa, por eso al principio pensé que era una chica."
En ese mes y medio Pablo habló mucho. En general lo dejaban hablar, explicó, le pusieron un tabique blanco, y decían que eso era de la gente que iba a ser liberada. No lo torturaron, no lo interrogaron. En verdad nadie habló con él en todo el tiempo que estuvo, señaló. "No tenía interrogador, aunque siempre era mejor tener a alguien, aunque más no sea para hablar. Bah, teníamos dueño."
En la ESMA, Pablo hablaba con alguno de los guardias. Entre ellos, Lila mencionó a Chispa. "Lo que pedía –dijo– era que lo lleven con su papá, que no era un militante político."
Durante la estadía, cuando podían hablar, Pablo le contó a Lila de El Vesubio. De su secuestro, del hermano del compañero de su madre, también de apellido Capello, que había sido uno de los militantes del ERP ejecutados de Trelew. Le contó, además, que tenía otros dos hermanos. Que el día del secuestro habían levantado a la madre y su pareja, pero que luego también volvieron por él, que estaba más arriba. Apenas llegaron a El Vesubio, recordó, estaban torturando a su madre, a Capello y a Luis, otro secuestrado con ellos.
Además, le dijo, lo dejaban andar por ahí, aunque no sabía por qué. Le dijo que no se despidió de su mamá, que la madre estaba en la cocina donde se hacía el café a los represores. Sí le contó que "la tortura era constante", que la comida era muy mala. "No sé si era flaco porque siempre fue flaco o porque estaba mal. Me habló de la enfermería, que era un lugar en el que torturaban, que había más de una casa y me dijo: ‘A la gente la matan’." En ese momento, Lila le preguntó cómo lo sabía, y él le dijo que era porque había leído en un diario la noticia sobre los muertos en el falso enfrentamiento de Monte Grande. Y le aclaró que eran todos los que estaban con ellos.
"Era un chico muy alegre, tremendamente vivaz", dijo. "Sabía dónde había estado y dónde estaba, a mí nunca me contó detalles de lo que había vivido ahí adentro, lo que sí me contó es que lo habían torturado delante de su madre para que ella diera los datos de una hipoteca o de una casa que tenían. Yo me puse tan mal que me dijo: ‘Calmate, no me dolió tanto...’."
Pablo tenía pesadillas, soñaba con la madre. "No había visto yo casos de este tipo –dijo–, uno se acostumbra a muchas cosas, pero ésta era una situación de un chico que además aparecía más chico."
Un día de finales de septiembre la levantaron para llevarla al baño. Estaba tabicada. A la vuelta vio que se abría una puerta y uno de los "Pedros", los encargados de la seguridad, alguien que en este caso mencionó como "Pedro Willy", se lo llevó de la mano con el tabique puesto. Fue la última vez que lo vio. "Era un día de varios traslados, pero no era un día de traslado masivo, como alguna vez creí, porque esos días no me llevaban al baño, se habían llevado a tres o cuatro, y generalmente era para llevarlos a otro centro clandestino o iban a ser liberados, pero nosotros nunca lo sabíamos."
Lila quiso pensar que lo habían liberado, contó, pero el día antes de declarar ante la Conadep, alguien le dio un volante con la cara de Pablo que decía que no había aparecido nunca.
En la audiencia, mientras los querellantes le preguntaban, Lila, que investigó qué pasó antes y después con la vida de Pablo, señaló otros detalles de la estadía de él en El Vesubio. Entre otros casos, que a la noche lo llamaba el jefe para jugar al ajedrez. "Que los guardias eran muy bravos, después supe que había visto cuando violaban a su madre y, por comentarios del GT3, supe que había un lugar terrible que le decían La Ponderosa, por las cosas que pasaban ahí adentro, y mucho tiempo después supe que La Ponderosa era El Vesubio."
Otro sobreviviente del centro clandestino ubicado cerca del cruce entre Camino de Cintura y la Ricchieri ubicó a Pablo más tarde en la comisaría de Valentín Alsina, en Lanús. El ex secuestrado era Juan Farías, a quien terminaron legalizando más tarde en la cárcel de La Plata. El ingreso de Pablo en Valentín Alsina coincidió con la legalización de otro detenido que estaba ahí. La comisaría aparentemente era eso, uno de los lugares que se usaban para blanquear detenidos. Juan Farías tiempo después le contó a Lila que a Pablo lo llevaron ahí, que estaba muy bien, muy entero, convencido de que iba a salir en libertad y que cuando él se fue todavía estaba adentro.
Entre las personas a las que Lila dice que todavía hay que buscar está el cabo Pino, de la comisaría de Alsina. Era una de las personas que más los maltrataban, contó; en ocasiones los hacía comer con las manos atadas en la espalda mientras él les ponía la comida en la boca.
11 de octubre de 2010
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laura bonaparte


La historia de una Madre de Plaza de Mayo que perdió a tres de sus hijos fue escrita primero por la periodista francesa Claude Mary para el diario francés Libération. Esta nueva versión en castellano de la vida de una madre, que además es psicóloga y feminista, lleva prólogos de Tununa Mercado y Marta Vasallo. Página/12 publica este capítulo como adelanto del libro de la editorial Marea.
[Claude Mary] La Plaza. Los jueves a la tarde nos encontramos en la Plaza de Mayo. A medida que pasa el tiempo, alguna de nosotras falta a la cita. Casi todas hemos superado los ochenta años. Los empleados de ese barrio de ministerios y de bancos cruzan la Plaza en forma rápida, ya acostumbrados a nuestra presencia.
Siempre nos acompañan personas solidarias, ya sean militantes de la agrupación HIJOS, algún periodista extranjero, o turistas que no dejan Buenos Aires sin pasar por la Plaza. También llegan del interior del país familias que les explican a sus hijos el significado de las siluetas blancas pintadas en el piso.
En la Plaza, la ronda empieza a las 15.30. Yo tomé como costumbre llevar mi pañuelo blanco y el cartel sobre el cual pegué las fotos de mis hijos, de sus parejas y del padre de mis hijos.
Nuestro movimiento tiene una trayectoria muy amplia. Pero siempre insisto en recordar que los protagonistas de la historia, los que lucharon, pagando el precio con su vida, a favor de la justicia legal y social, son los desaparecidos. Fueron ellos quienes sembraron las semillas de cómo pueden desarrollarse las luchas populares en nuestro país. Preservar sus nombres, sus historias de vida, es lo que más importa.
A medida que pasaba el tiempo, me fui preguntando dónde nos ubicó la sociedad. Algunos argentinos dicen que no se atreverían a dirigirles la palabra a las Madres, que no sabrían qué decirles. Como si hubieran delegado en nosotras la tarea de "hacer algo a favor de los desaparecidos".
En definitiva, ¿no habrá sido más sencillo hacer recaer todo sobre nuestras espaldas? Como si acaso esta tragedia concerniera solamente a las Madres, a las Abuelas, a los Familiares, a los jóvenes de HIJOS.

Madres de la Plaza
Quedan vacíos enormes en la historia de nuestro país. Un solo desaparecido es una pérdida irreparable para la sociedad en su conjunto.
Pero al mismo tiempo, me pregunto si las Madres no nos apresuramos en ocupar ese primer plano. Cuando volvió el régimen democrático, tomamos conciencia de la notoriedad que fuimos adquiriendo: tuvimos acceso a un lugar de poder, después de haber sido la esposa de, la madre de... Resulta que todo lugar de poder transforma las actitudes, el modo de actuar, de pensar, de hablar.
De la misma forma que la Virgen María ha trascendido por la inmolación de su hijo, la muerte de sus hijos arrancó a las Madres del anonimato, del modo más brutal. La mayoría de ellas no poseía otra identidad social que aquella que la relacionaba con los comerciantes del barrio, sus amigas, sus vecinas.
Al principio, cada una salió a la calle, sola, para buscar un hijo, una hija. En la mayoría de los casos, no estaban al tanto de las actividades de sus hijos. Una le creyó a su hija cuando le dijo que "enseñaba el catecismo" en una villa. Pero se fue dando cuenta de que se trataba de otra cosa, que sus hijos estaban comprometidos en una lucha política. Otras aseguraban que sus hijos "no tenían nada que ver". Otras esperaron meses antes de presentar un habeas corpus, porque tenían la impresión de que hacerlo era una manera de denunciar a sus hijos, o de acusarlos. Cuando viajaban al exterior, algunas madres se sentían paralizadas por el miedo a las represalias si hablaban de lo que ocurría en la Argentina.
Otras creyeron el rumor según el cual las Madres en el exilio escondían a los desaparecidos. Otras fueron víctimas de alucinaciones. Me pasó a mí también, en Suiza, cuando vi a una jovencita muy alta y flacucha, atrás de quien salí corriendo. Durante algunos segundos, me pareció reconocer la silueta de Irene. Hace poco tiempo hablé con madres que me dijeron que habían pasado por experiencias parecidas.
A pesar de esas similitudes, nos cuesta mucho hablar entre nosotras. Algunas madres lo justificaban diciendo que no pueden pensar solamente en la muerte. Cuando pensaban en su hijo, su hija, los imaginaban vivos, felices, y ponían un cubierto en la mesa para su cumpleaños. Será amor, o la consecuencia de la ausencia; tan insoportable que se termina inventando un fantasma con quien hablar.
Nosotras, que luchamos para que por fin se conozca la verdad, ¿no tendríamos que empezar por hacer conocer nuestra propia verdad? La verdad de nuestra lucha, por supuesto, pero sin ocultar nuestras dudas, nuestras debilidades, nuestros temores. Eso nos haría más humanas. Poco importa si éramos ricas, pobres, católicas o ateas, si estábamos de acuerdo o no con nuestros hijos, si teníamos o no un compromiso político.
Conozco muy bien las dificultades de ese camino, que mi formación y mi profesión me han ayudado a transitar durante tantos años. Quizá algunas madres, solas, no lo pueden hacer.
¡Conozco tanto la alteración que conlleva una desaparición! Cada madre reacciona según lo que ha vivido. Muchas veces, nos ponemos a hablar de los hijos como si fueran chiquitos. ¡Cuántas veces me pasó! Y cuando me doy cuenta, me digo a mí misma: "¿Pero por qué no hablé de otra cosa?"
Y resta también esa dificultad de todas las madres del mundo para separarse de los hijos. Esa ambivalencia entre dos metas: que despliegue sus propias alas, o que ese tesoro tan precioso nos pertenezca para siempre.
¿Por qué seríamos nosotras, Madres de la Plaza de Mayo, la excepción a esa tendencia? Infelizmente, con el pasar del tiempo, puede ocurrir que ese deseo de posesión crezca. Y a veces, la Madre no resiste la tentación de transformarse en la última heroína. Al dolor de la desaparición del hijo se contrapone el goce del papel de Madre, del deber de la Madre de alzarse al máximo de su omnipotencia, al punto de dejar más allá, en la sombra, a los hijos desaparecidos.

Genealogía de una Madre
Trascender el mundo de la familia o del barrio siendo arrasada por la muerte de un hijo, de una hija, lleva consigo consecuencias negativas para la mujer, en ese entonces llamada "madre de desaparecido".
"Desaparecido", "madre de desaparecido", son expresiones completamente ambiguas, inventadas por la crueldad de esos criminales.
La desaparición para un ser humano es una dimensión inalcanzable. Más allá de toda comprensión. Algo impensable, que alude a la invisibilidad. En la vida, nada se pierde completamente. Todo lo real se gasta, se deshilacha, se rompe, pero nada de lo real desaparece.
¿Qué queda de la identidad de una madre cuando sus hijos de desaparecen? Algunas tuvieron el dolor de padecer la desaparición de todos sus hijos. Es el caso de René Epelbaum, fallecida sin nunca haber sabido algo del destino de sus tres hijos secuestrados.

¿Puede Desaparecer la Genealogía?
En mi caso, ¿me considero madre porque Luis está vivo? Pero ¿cuál es mi papel de madre con respecto a mis otros hijos desaparecidos? Quiero que me entiendan bien, estoy hablando de una función materna, y no de la lucha que llevaré hasta mis últimos días para aportar mi testimonio, para intentar saber cuál fue el destino de mis hijos y el de los treinta mil desaparecidos.
Sé que cuesta mucho escucharlo, pero no hay madre si no viven más el hijo o la hija.
Es el/la hijo/a quien significa a la madre. La madre cuyos hijos desaparecieron se encuentra expulsada del significante. Se vuelve el espectro de lo que ha sido. Se la llama "madre del desaparecido" en un lenguaje que la nombra al mismo tiempo que la despoja. Un lenguaje que borra lo que fue y la nombra por lo que ya no es.
Es el motivo por el cual hablo de la crueldad que esos canallas han incrustado hasta en el lenguaje.
Recuperar nuestra capacidad de pensar en medio de tanta brutalidad quiere decir recuperar nuestra dignidad.
Quisiera que estas palabras lleguen a las mujeres que en todo el mundo están viviendo situaciones parecidas a las nuestras. El surgimiento del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo, su fenomenal continuidad hasta hoy en día no se deben a heroicas cualidades propias, de nosotras, madres argentinas.

La Solidaridad de las Madres
En julio de 1996 fui invitada por el Partido Verde y el Parlamento Europeo a participar en Tuzla, Bosnia, en un encuentro de Mujeres solidarias con las mujeres de Srebrenica. Las similitudes eran asombrosas.
Una noche de 1995, soldados y policías serbios –y algunos bosnios– irrumpieron en la ciudad de Srebrenica y se llevaron a todos los hombres. Del mismo modo que las Madres, esas mujeres fueron golpeando las puertas de las comisarías, de los tribunales, del Parlamento Europeo, hasta de las Naciones Unidas.
Igual que nosotras, se encontraban y pronunciaban las mismas palabras: "¿A usted también?". En el Tribunal Internacional de La Haya fueron recogidos numerosos testimonios siguiendo el fundamento del artículo, "la voz de las víctimas". Esas voces revelaban los crímenes atroces cometidos y reclamaban que nunca se olvidara Srebrenica.
En Tuzla, una tarde me encontré con un grupo de enfermeras y de médicos catalanes. Estábamos con una mujer bosnia que se negaba a hablar. Lo único que hacía era tejer. Con la ayuda de una intérprete, le pregunté si quería enseñarme cómo se hacía su trabajo. Me senté en un banquito, cerca de ella, con la precaución de no tocarla. Me mostró cómo se pasaba la aguja entre los hilos de la trama. Fue mi turno de probar, pero no lo logré en el primer intento. De repente, la mujer se dio vuelta y con rudeza me trató de torpe, y de repente se puso a sollozar sin poder parar. Lo único que hice fue tomarle la mano. Algo en ella se soltó. Creando esta situación, la ayudé a salir de su "lugar" de víctima a buscar el "tercer lugar", el que permite seguir viviendo.

La Vida Es Más Fuerte
Nosotras, madres de desaparecidos, somos muy similares a todas esas mujeres. No queremos ser reconocidos como madres míticas. No somos seres de excepción, solamente mujeres desesperadas que llegaron a los derechos humanos por sufrir un dolor sin nombre. En la historia de la humanidad no hay una madre que se haya consolado de la muerte de un hijo. ¿Acaso las representaciones de la muerte de Cristo no muestran a María sollozando, desconsolada?
Somos parecidas, y también distintas unas de otras. Las diferencias son las características de todo grupo humano y no resulta fácil hermanarlas. Nuestro grupo tampoco es una excepción en este sentido. Porque somos distintas, la organización de Madres tiene un modo de funcionamiento horizontal. Cada una tiene su propia palabra y su propia voz, sin una presidenta que tenga autoridad sobre las demás. Cada una tiene su conciencia por guía.
Quisiera remarcar que, de modo absoluto, uno quisiera defender los derechos humanos las veinticuatro horas. Pero debemos autorizarnos –sobre todo las personas directamente afectadas– a hacer otra cosa.
Y si bien nunca dejaré de ser una víctima del genocidio que devastó mi país, si bien mi duelo se apagará conmigo, nunca lograron encerrarme en ese espacio donde la muerte ronda la derrota.
Quiero recordar que nunca estuvimos completamente solas. Familiares, esposos, hermanos, colegas estuvieron a nuestro lado. Personalmente, tuve el inestimable apoyo recibido en México, que me salvó de la locura. Obviamente, aquí, en Buenos Aires, las condiciones eran distintas. Los partidos políticos les dieron la espalda a las Madres, pero hubo personas, abogados valientes, periodistas extranjeros dispuestos a testimoniar. Hay que recordar que las Madres fueron recibidas en el exterior donde dieron su testimonio. Y sin la Conadep y el Nunca más quizá no hubiéramos resistido tanto hasta hoy en día.
Que nuestro pañuelo blanco adquiera un sentido depende de nosotras, de nuestra capacidad de pasarlo a otras manos, como un símbolo de una lucha más amplia, para una vida mejor, más justa.
Nada se hace solo. La solidaridad, inestimable conducta humana, se construye con múltiples gestos, raramente con grandes frases. No hace falta idealizar a los que toman este camino. Todos somos capaces, con nuestros medios, sean cuales fueren nuestra religión, nuestro rango social, nuestro modo de ver el mundo. Defender los derechos humanos es acceder a la posibilidad de compartir, con otros seres humanos, la generosidad que está adentro de cada uno.
10 de octubre de 2010
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